Con el segundo episodio. Conforme voy leyendo voy recordando xD en fin. No esperen el mejor resultado, nada más les digo para que no queden decepcionados. No es una historia con un final feliz... 'feliz', es una historia con un final aleccionador, esperando que la consciencia pese más que, a veces, las relaciones mal fundamentadas. Pero siempre pueden saber más de esta historia en la segunda temporada de "De la Teoría a la Práctica", claro... LUEGO de leer éste porque sino se llenarán de spoilers.
Suerte con todo muchachos =) y gracias por todas sus visitas, comentarios y lectura.
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Nota IMPORTANTE: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
La Práctica hace al Maestro
El dilema de Shino
Por Clarisce
Capítulo 2: " ¡Viernes de Soltero! "
Entrenamiento y más entrenamiento, no le cansaba pero le parecía, en ese momento, tan aburridor, la sensación de que su ropa era demasiado pesada al igual que caliente, no había nadie alrededor podría sacarse la gabardina o al menos bajar la capucha.
- ¡Ehhhhhh! –dijo Kiba.
Volteó a verlo y era su compañero, la misma sonrisa, una camiseta sin mangas y delgada… vaya que lo envidiaba. No sonrió ni le mostró ningún gesto y simplemente fue a su encuentro.
- Te buscaba, Shino –volvió a decir Kiba dándole una palmada en el hombro.
- Siempre llegas en el momento menos adecuado –dijo cortante Shino.
- No me quieras tanto, ¿eh? –el sarcasmo resaltó en tono de broma- como decía, me gustaría que vinieras conmigo a la piscina. Kurenai-sensei también ira, no sabes lo que me costó convencerla, aunque me dijo que solamente tomará el sol, no quiere dejar a su hijo solo mucho tiempo.
- No –volvió a decir cortante Shino dándole la espalda y caminando hacia el lado contrario.
- ¿Qué demonios te pasa? ¡Vuelve!
Gritaba como loco mientras Shino se alejaba y perdía de su vista. Por lo visto Kiba no entendía mucho las posibilidades de su compañero, hacía mucho tiempo que deseaba hacer cosas que, sinceramente, mucho antes no le importaban. En una ocasión incluso se quitó la capucha que lo hacía ver misterioso, iba a encontrarse con Hinata y Kiba en un restaurante juvenil, se sentó en un lugar pidiendo solamente un vaso de agua, unas chicas entraron… muy parecidas a sus compañeras de la academia, ruidosas, coquetas y expresivas.
No sabía aún por qué las relaciones sociales le eran tan complicadas, en un momento se clasificó a sí mismo como "tímido" pero no era así, simplemente no tenía motivación de ser como los demás, volviendo a la historia de las muchachas… una de ellas se le acercó, trató de flirtear con él, le lanzó unas miradas que no eran respondidas, finalmente la joven se cansó de ser ignorada y fue directa, se sentó en su mesa y mirándolo fijamente le habló coquetamente preguntándole su nombre.
Flash Back
- ¿Cómo te llamas? Siempre te he visto aquí y… -de pronto la joven se quedó callada.
- ¿Uh?
Sin darse cuenta un insecto caminaba sobre sus mejillas e iba directamente hasta uno de sus oídos para esconderse. La muchacha simplemente cambió su rostro de coquetería a uno de "asco", lentamente se levantó de ahí y se fue con sus amigas. Ellas murmuraban y alguna se rió.
Final Flash Back
Como siempre creyó y supo, nada le molestaba, las mujeres no le llamaban la atención pero sin duda pasaba por una etapa complicada en su crecimiento, su padre alguna vez le dijo algo de la "adolescencia", imaginaba que algún día le interesarían las mujeres y esas cosas que él consideraba poco importantes.
Nunca se había quitado la ropa, nunca había pisado una piscina, jamás… jamás en compañía, alguna vez fue con sus padres a una posada con aguas termales pero ellos mismos pedían una de esas piscinas privadas, no era conveniente y la gente, regularmente, sentía repulsión hacia sus insectos; vivían dentro de él desde que tenía memoria, eran sus únicos mejores amigos, confiaba en ellos y pasaba mucho tiempo a su lado, debido a los entrenamientos.
- Shino –dijo su padre llamándole la atención.
Sin darse cuenta se había quedado pensando en esas cosas tan "poco importantes" a la hora de la cena, era de noche ya.
- ¿Si? –contestó Shino.
- La comida se enfría –agregó seriamente su padre y procedió a comer.
Sentado en el piso, con las manos sobre la mesa y su mirada fija en el plato humeante, no deseó comer, apartó su plato y esperó un momento hasta poder pedirle a su padre el permiso para ir a su cuarto.
- ¿Podría ir a mi cuarto? –preguntó el joven.
- ¿Sucede algo? –contestó su padre antes de probar bocado.
- Es… sólo una duda que se me ha presentado en la mente, padre.
- Hablemos –contestó el padre de Shino y volteó levemente hacia él.
- ¿Cómo se fijó mamá en ti? –preguntó.
- Hump, es una historia complicada y difícil. Supongo que a la edad en que la conocí era una etapa en la que no era tan popular con los demás; por si lo has notado, hijo, la gente le huye a nuestro poder no por miedo sino por que no nos conocen. Tu madre al principio no quería tocarme, le aterraban los insectos, pero aprendió a aceptarme, en seguida supe que era una mujer especial –sonrió enternecido-. Nada es fácil, en verdad la quería, me esforcé y lo logré. Claro que… no hay muchos incidentes que quiera guardar en mi memoria –dijo recordando un poco algunos malas citas y gritos seguidos de golpes por parte de su esposa, en algunas ocasiones los insectos paseaban por su mano o su rostro.
- La gente no me acepta, para ellos puedo ser un buen ninja, tener habilidades, ser uno de los pocos domadores de insectos pero… -dijo Shino mostrando sus debilidades, su padre y su madre eran los únicos que lo conocían tan cuál era.
- Las cosas cambian –agregó y se dispuso a comer.
Se puso de pie y fue hasta su habitación sin cenar. Se acostó en su cama sin apagar sus luces, aquellos lentes oscuros no dejaban ver las luces como lo que eran realmente, brillantes y cegadoras como el sol. Se levantó y fue hasta un espejo largo que tenía al fondo de su habitación, posó sus manos sobre sus lentes y se los quitó, abrió uno a uno los botones de su gabardina y soltó en el piso su ropa mientras observaba su cuerpo.
Ése era él, ojos simples y pequeños, un rostro de tez impecable, una boca que jamás había hecho lo que los demás adolescentes harían normalmente… como besar, un cuerpo… igualmente blanco, sus pectorales duros por el entrenamiento al igual que sus abdominales, un cuerpo definido y más abajo… temía sentirse así pero le había dado curiosidad, lentamente quitó sus pantalones dejándolos caer junto a sus demás cosas y se vio a sí mismo desnudo. No se sentía orgulloso o decepcionado, era un hombre más. Algunos insectos caminaron por su cuerpo recorriéndolo por todas partes creaban caminos y volvían a entrar por sus oídos dentro de él, insectos alimentándose de su chakra… quitaban un poco de él para vivir, ¿pero ese poco realmente era poco?
Tomó su miembro entre sus manos y lo apretó con suavidad, volvió a hacerlo, al sentir vergüenza debido al placer que se esparcía en él cerró sus ojos y siguió acariciándose más, la masturbación era un nuevo episodio para él y se resistió a hacerlo, acabó con eso en ese instante. Buscó en su armario algo de ropa de dormir, se la puso y finalmente se acostó, dormir era lo único que calmaría esas ansias ciegas que tenía, ansias por algo que realmente no existía, no sabía que era y tampoco le sería fácil saber.
Y luego la noche se hizo madrugada y la madrugada se convirtió en mañana, había dormido con los brazos fuera de su manta, un dolor parecido al entumecimiento se sintió en sus extremidades, se levantó de la cama y procedió a vestirse, tenía muchas cosas que hacer.
- ¡Mierda! –gritó Kiba tratando de sacar una botella de soda de una máquina expendedora, la moneda estaba atorada- ¡Maquina de mierda! –le dio una patada.
La gente lo miraba sin decir nada pero él seguía insistente en su meta, sacar esa lata de soda. Un golpe más se vio ir a la máquina y finalmente tras varios minutos una lata salió se fue rodando por la calle.
- Grrr… ¡Akamaru, ve! –ordenó Kiba a todas voces mientras el cachorro lo miraba tiernamente y movía la cola- grrrr… ¡Esta bien! Voy yo –agregó furioso.
La lata rodó y rodó hasta llegar a los pies de alguien, la misma persona levantó la lata y esperó a ver quién iría por ella, nadie se acercaba.
- ¡Ahhhh! ¡Detengan esa lata! –gritaba como loco corriendo entre la muchedumbre.
- ¿Eh? ¿Kiba? –dijo suavemente Ino mientras el muchacho se acercaba a ella estrepitosamente- ¿esto es tuyo? –preguntó la joven.
El muchacho no respondió y la miró con atención, ¿realmente era Ino? Los ojos los tenía enmarcados por unas ojeras, traía puesta una ropa que no iba con ella, cuello cerrado, pantalones largos y el cabello suelto.
- Si –respondió vacilando- que gusto verte –le sonrió.
Asustada la joven le devolvió rápidamente su lata de soda y se fue corriendo en lado contrario.
- Espera Ino, ¿dije algo malo? –se quedó quieto viéndola irse- ¿Cuál es su problema? –puso su mano cerca a su boca e intentó sentir su aliento- no, no es eso.
En algunas ocasiones su aliento fue la causa de que las chicas huyeran de él, pero esa no era la ocasión, la noche anterior se había cepillado, le faltaba el de la mañana pero no era para tanto… eso pensaba él.
- Se ve linda hasta cuando corre –dijo sonriendo para sí mismo.
Pero luego reaccionó, tenía muchas cosas que hacer además de quedarse mirando como tonto a Ino. Levantó la mirada y luego abrió su soda para irse al encuentro de su compañero de equipo; esa noche era especial ambos irían a divertirse por ahí, el dinero que ganaron con su última misión haría posible eso, aunque conociendo a Shino no querría salir a ningún lado.
- Buenas noches –saludó Kiba a la madre de Shino.
- ¿Deseas pasar? –le contestó la señora Aburame.
- Claro –entró pasado de lado a la madre de Shino- ¿puedo subir a su habitación? –preguntó Kiba.
- Ten cuidado con las…
El sonido de Kiba cayendo por las escaleras alertó a todos los habitantes de esa casa; sin amarrar bien las agujetas de su zapato se tropezó con una tabla crujiente de la escalera y lamentablemente perdió estabilidad.
- Sube con cuidado, tenemos una tabla suelta –agregó la señora Aburame y desapareció.
- Maldita tabla… -decía Kiba tendido en el piso, unos pies se mostraron cerca de él, eran los de Shino- ¡Shino! ¿Viniste a ayudarme? –preguntó con alegría.
- Rompiste la tabla –suspiró con resignación y pasó por encima de su compañero subiendo al piso donde se encontraba su habitación.
- ¡Maldito Shino! –gruñó mientras veía como su amigo lo dejaba ahí.
Estando ya en la habitación del joven Aburame, Kiba fue directamente hacia su cama acostándose en la misma, tenía un dolor terrible en la espalda por los repetidos golpes que se dio.
- … si pudiera decir algo más que… ¡ERES UN MALDITO DESCONSIDERADO! Te lo diría –dijo cambiando de tono, era como si tuviera una doble personalidad- pero vine a llevarte de paseo, a pesar de que te has sido tan mal amigo.
- Repetí que no quería ir.
Y tras un largo momento de conversación, gritos, emotivos sobresaltos y amenazas finalmente Kiba obtuvo lo que había deseado por tanto tiempo.
- ¡TENDREMOS EL MEJOR VIERNES DE SOLTERO QUE JAMÁS HAYAS IMAGINADO!
Sí, lo que deseaba Kiba era poder salir, no a cualquier lugar sino a esa clase de sitios en los que sólo se puede entrar acompañado, no porque así lo exijan las normas sino porque a él le daba vergüenza ir solo; los compañeros de equipo no sobraban, además Shino siempre había tenido un mal humor, era serio y hasta mordaz y sarcástico en muchas situaciones, Kiba tenía pensado quitarle ese "malhumor" y divertirse con él.
Finalmente llegaron a un local, tenía luces brillantes y varios anuncios en la puerta de bailes exóticos, bebidas a buenos precios y compañía excelente.
Halando por la fuerza a Shino lo metió dentro de ese lugar, pero de algo debía estar seguro es que si no le pagaba TODO a su compañero gustosamente él se iría y lo abandonaría, todo era oscuro y algunas mesas tenían todos los lujos que cualquier muchacho podría imaginar, sillones suaves de terciopelo rojo. Una joven mesera de muy buen aspecto se les acercó y los guió, yendo delante de ellos, hacia una mesa. Tenía una falda muy corta que no dejaba nada a la imaginación, Kiba simplemente había quedado atontado, en el camino chocaba contra casi todas las sillas que se ponían delante de él, mientras que Shino mantenía su seriedad, nada de eso le llamaba la atención, para él ver una par de pechos descubiertos o unas nalgas era como ir a clase de biología, ver el cuerpo humano no le daba ninguna vergüenza en absoluto y podía estar ahí sin ningún problema.
- ¿Qué desean, guapos? –preguntó la muchacha en ropas menores ya teniéndolos sentados y a su merced.
- Un par de… eeee… -dijo quedándose viendo los descubiertos senos de la camarera.
- …un par de vasos de agua –completó la frase sin mucho ánimo su compañero.
- En un momento vuelvo –contestó con una voz sensual después de tomar su pedido.
- No puedo creer que al fin estemos aquí –dijo lleno de emoción Kiba.
- Ni si quiera somos mayores de edad, si nos detienen será tu culpa, te aseguro que me apartaré de ti y dejaré que te apresen –agregó Shino totalmente aburrido.
- Diviértete, no seas idiota, hay muchas mujeres aquí. Si alguna quiere hasta te puede llevar… -hizo una pausa dándole emoción a lo último de la frase- al cuarto del fondo.
- ¿Qué clase de conocimiento tienes acerca de estos lugares? –preguntó curiosamente Shino.
- ¡Ja! No sabes con quién hablas, yo he tenido que espiar a mi padre cuando sale con sus amigos, ahora sigo la tradición –agregó con orgullo Kiba.
Un grupo de mujeres con minifaldas y tragos llegaron para acompañar a Kiba y a Shino, se sentaron a su lado mientras que otra muchacha traía los tragos, se acostaba sobre la mesa y colocaba los pequeños vasos sobre ella para que los demás bebieran. Beber cualquier trago sobre el cuerpo de una mujer era un gusto extraño que habían adquirido algunos clientes por ello mismo se decidió hacer un número especial a los clientes nuevos.
- Jajaja ¡Genial! Nosotros si que tenemos suerte –decía Kiba ya con las hormonas muy alteradas, por alguna razón no hacía falta que bebiera un solo trago para enloquecer.
- ¿Cómo te llamas, hermoso? –dijo la coqueta mujer que acercaba sus labios a los de Shino.
- Debería decírtelo, pero no lo haré porque prefiero la calma y aguda constancia de ser anónimo –dijo Shino.
- Mmmh… -gimió complacida- todo un poeta, me gustan los poetas… ¿quieres acompañarme?
El muchacho de los lentes oscuros se quedó sorprendido esperando que su compañero dijera algo pero él estaba perdido, entre tantas mujeres, mimos y tonterías de la famosa noche de solteros. Cabe decir que fue una decisión difícil, pero tenía tanta curiosidad de saber que es lo que pasa en el cuarto del fondo.
Aceptó ir con la mujer aquella… quizá haría algo como mostrarle más partes del cuerpo femenino que él nunca había visto o tal vez le daría verdaderas razones para interesarse en todo aquel "asunto femenino".
- ¿Te gustan los juguetes? –preguntó la muchacha antes de abrir la puerta de aquella habitación al fondo.
- Depende… -contestó Shino sin saber muy bien a lo que se refería exactamente ella.
- ¿De qué?
- De lo resistentes que sea –dijo fríamente, claro que lo que él pensaba no se aplicaba a lo que la mujer deseaba que pasara.
- Ahhhh –gimió la joven excitada por su comentario- eso me gusta… -abrió la puerta y metió dentro a Shino para luego entrar ella y cerrar la puerta tras ella, con seguro.
Fin de Episodio
