Titulo: Vínculos

Autor: Chiby-kitsune

Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen, todo es propiedad de Hidekaz Himaruya.

Advertencia: Universo Alterno. Bastante OCC. Mi ortografía es horrible y Word no corrige todo. Creo que es todo.

No hago esto con fines de lucro.

Nota: No profundizo demasiado en el lugar en donde están, y los lugares que llegan a visitar salieron de mi extraña imaginación. Tampoco profundizo en la descripción de los personajes ya que la mayoría sabe como luce.


Capítulo II

Despertó cuando Ennis le hablo suavemente desde la puerta, se sentó intentando poner orden a sus pensamientos y alejar el sueño, observo su reloj, que había dejado la noche anterior en el mueble junto a la cama: «06:03am», era temprano, se levanto, se estiro y fue directamente a tomarse un baño. Dejo que el agua corriera hasta que tuviera la temperatura adecuada y después se mantuvo bajo el chorro de agua caliente, perdido en sus pensamientos, se sentía bastante relajado, por fin había podido descansar después de días de insomnio, por estrés, por emoción, que importaba ahora.

Al salir encontró sus maletas y el uniforme de su nueva escuela sobre la cama, se vistió con tranquilidad, tenía tiempo de sobra, al terminar hizo la cama y coloco las maletas en un lugar donde no estorbaran. Encontró una mochila gris con diseños de piratas, su secreta obsesión, junto a varios cuadernos y plumas sobre el escritorio, tomo algunas cosas y las metió en la mochila, se miro por última vez en el espejo de cuerpo completo junto a la cama, del lado izquierdo, y salió de su habitación.

Cuando llego a la cocina sus hermanos ya desayunaban, bebió un poco de café después de que Ulster le prometiera que compraría té cuando saliera del instituto. Decidió que iría solo hacia la escuela, estaba bastante cerca y de esa forma no retrasaría a sus hermanos, quienes intentaron convencerle de lo contrario, no pudieron. Cuando estos se fueron paso cerca de media hora observando la tv, nada fue de su interés, solo había programas para niños, noticias, propaganda y demás cosas aburridas, se alegro cuando dio la hora que había elegido para salir hacia la escuela, al mal paso darle prisa.

Salió temprano de casa, era su primer día de clases y no deseaba llegar tarde, lamentablemente para él, era finales de enero, el curso ya iba a la mitad, tan solo lo aceptaron por sus buenas calificaciones y buen comportamiento, –si claro, como si su apellido no hubiese tenido algo que ver–. El día era agradable, al menos a su gusto, hacia un poco de aire y el sol se escondía detrás de las nubes, no había rastro del mal tiempo del día anterior, camino tranquilamente, no conocía el lugar pero Ulster le había explicado la dirección con bastante detalles e incluso le había dibujado un mapa, bastante infantil cabe decir, el cual por razones obvias no utilizaría, de solo recordar el dichoso dibujo le daba vergüenza.

Le fue fácil localizar la escuela, varios chicos con el mismo uniforme caminaban hacia ella, solo les siguió. El instituto en si no parecía una escuela, de haber pasado solo nunca sospecharía que lo era, incluso al parecer llevaba un rato caminando junto a ella y no lo había notado, la entrada estaba en una especie de callejón, y el pensando que era otra calle. Entro sin mucha ceremonia, solo había una persona que parecía ser un profesor inspeccionando con la mirada a los que entraban. Entro e inmediatamente se sintió perdido, una pequeña oleada de nerviosismo le invadió, respiro profundamente esperando que eso le calmara, no funciono del todo, camino a paso lento pero firme, prometiéndose que si se perdía pediría instrucciones, continuo así hasta que encontró lo que parecía ser "Control escolar", para su suerte estaba en lo correcto, sonrió y se dirigió hacia allá.

La oficina tendría aproximadamente el mismo tamaño que un salón de clases, tenía una pequeña sala de espera, varios premios y diplomas, que seguramente pertenecían a las secretarias, distribuidos por las paredes color crema, en la parte de atrás había dos escritorios llenos de papeles, con una computadora cada uno. Solo había una joven mujer detrás del escrito de la izquierda, se acerco a ella.

― ¿Necesitas algo? ―le dio una gran sonrisa.

― Soy Arthur Kirkland ―le informo, vio a la secretaria tensarse, ponerse pálida y mirarle con genuina sorpresa y algo que parecía miedo u horror, o ambos, en cuestión de segundos, ignoro ese detalle, tal vez había visto mal.

― O-oh, claro ―dijo.

Busco, con bastante torpeza, entre los documentos de su escritorio hasta encontrar los que buscaba, era bastante obvio su nerviosismo, ambos ignoraron aquello. Le entrego su horario de clases y un plano de la escuela. Deseaba preguntarle algunas cosas, pero decidió no hacerlo, era notable que la pobre mujer se sentía incomoda con su presencia, le agradeció y se encamino hacia la puerta.

― Rayos, otro Kirkland ―le escucho murmurar antes de salir, sintió sus mejillas arder intentando no imaginar lo que habían hecho sus hermanos. ¡Eran demonios! Menos mal que no estaban todos juntos.

Siguió a los alumnos hacia los edificios de clases, reviso su horario, Informática en el edificio "N", metió el horario en la mochila y acomodo nuevamente el lazo de está en su hombro, los edificios resultaban bastante fáciles de localizar ya que había grandes letras pintadas con negro sobre el fondo blanco de las paredes en la entrada de cada uno, y lo más seguro es que todos llevaran una secuencia, estaba frente al edificio "D", así que debía seguir de frente. Camino un tanto fastidiado, ¿por qué su primera clase tenía que estar tan lejos?

Bonjour ―se detuvo cuando un chico, de larga cabellera rubia que sobre el uniforme llevaba una chamarra de un color bastante llamativo, se interpuso en su camino entregándole una rosa, la cual tomo solo por inercia―, ¿eres nuevo? Yo podría mostrarte el lugar por completo.

Aquello último parecía más una proposición indecorosa que otra cosa, sobre todo por el tono que empleo para decirlo, ¿porque tenía que pasarle justo a él y en este momento? ¿¡Por qué tenía que ser un francés!

― Si…y no.

Intento continuar con su camino pero nuevamente el chico se interpuso, Arthur le miro con una ceja alzada, comenzaba a molestarse y no desea tener problemas en su primer día de clases, aunque podría pensárselo un poco.

― Soy Francis Bonnefoy ―le sonrió coqueto―, ¿y tú?

― ¡Quítate Frog!

― ¡Hieres mis sentimientos! ¡Cejon!

― ¿¡Cejon! Tu…

Pero fueron interrumpidos por un chico albino que paso su brazo detrás de los hombros de Francis y les sonrió, le dedico una mirada a Arthur que este no supo interpretar, entrecerró los ojos mirando con molestia a los dos chicos frente a él.

― Deja tranquilo al chico nuevo, Fran.

― ¿Te sientes bien Gilbo? ―comento Francis―, además tú tienes a…

― Si, si ―le resto importancia―, yo lo decía porque el chico maple te está observando.

La cara horrorizada de Francis causo las risas de Arthur y Gilbert, la cual aumento al verle buscar desesperado a alguien con la mirada, cuando pareció encontrarlo salió corriendo hacia él, empujando en su carrera a Gilbert y después a los desafortunados que se cruzaron en su camino.

― Gracias, supongo ―dijo Arthur.

― Na, no fue nada.

Comenzó su camino, una vez más, a su clase, quedaban pocas personas en los alrededores por lo cual apresuro el paso. ¡Maldito salón que tenía que estar tan lejos! Por suerte, cuando llego a este, la clase todavía no comenzaba, pasó en silencio a sentarse en uno de los pupitres vacios del fondo. Nuevamente fue el blanco de las miradas, sus compañeros casi se contorsionaron para verle desde sus lugares, sobre todo de las chicas, les ignoro y clavo su mirada en su horario de clases, como si este tuviese todas las respuestas.

El profesor llego minutos después, dejo sus cosas sobre el escritorio y comenzó a hablar, computadoras, computadoras y computadoras, se aburrió a los pocos minutos, abrió su cuaderno y se puso a garabatear, normalmente no hacia eso, incluso en su antigua escuela era el primero de la clase, pero ahora no estaba de humor, pondría atención en la siguiente, no es como si se fuera a perder de mucho por no prestar atención a esta. Tan perdido estaba en sus pensamientos que incluso se asusto cuando sonó el timbre anunciando el final de la muy aburrida clase. En la siguiente se vio rodeado de chicas con muchas preguntas, casi lloro de agradecimiento cuando entro el profesor y puso orden, fue otra clase un tanto aburrida, lo único que tuvo que hacer es escribir lo que decía el profesor, el cual no parecía saber que era un resumen.

En clase de Literatura se acerco a él un japonés que se presento como Kiku Honda, bastante amable y silencioso, le agradaba. La profesora bastante seria le obligo a presentarse, como si a alguien le importase, tuvo que hacerlo, antes de que fuese a sentarse esta le dio una lista de los libros que estaban utilizando: Shakespeare, Wilde, Poe, etc. A todos los había leído como mínimo unas tres veces.

Fueron juntos a la siguiente clase y al final de esta caminaron juntos hacia la cafetería, en donde se sentaron en una larga mesa junto a los amigos de Kiku, un alemán que le saludo demasiado formal y un italiano bastante alegre, a quien había visto en clase de literatura. Olvido sus nombres de inmediato.

Intentaba comer y responder las preguntas de un curioso italiano cuando se armo un gran alboroto, el italiano se escondió debajo de la mesa y el alemán intento convencerlo de que saliera, observo a Kiku quien le sonrió, lo cual le hizo saber que aquello era normal. Por curiosidad miro hacia donde venia el alboroto, había un chico rubio de ojos azules, que en ese momento se veía bastante amenazante, gritándole al chico francés que había conocido antes de entrar a clase de informática, Francis, quien le respondía escondido detrás de un español que solo sonreía, al lado de ellos Gilbert, ajeno a la pelea, buscaba a alguien con la mirada. Detrás del chico de ojos azules, había un chico más pequeño, ambos eran muy parecidos, seguramente eran hermanos.

― ¿Y eso? ―le pregunto a Kiku, quien continuaba comiendo ignorando su alrededor.

― Alfred-san es alguien muy amable mientras nadie se meta con su hermano ―le respondió con una sonrisa.

― Ya veo.

Opto también por ignorar su alrededor, continuo comiendo, el alemán consiguió hacer que Feliciano, recordó el nombre, saliera de debajo de la mesa una vez que le prometió que saliendo de la escuela irían a comer toda la pasta que este quisiera.

― Veo que ya conociste a Francis ―comento Feliciano sonriente, como si la escenita de la mesa no hubiera pasado, al ver que no entendía le señalo la rosa que tenia sobre sus cosas, no había podido tirarla, era linda sin importar quien se la hubiese dado.

― Tuve la desafortunada experiencia de conocerle…

― Y ahora eres la causa del problema ―le interrumpió una chica sentándose enfrente de él junto con un chico que parecía un poco, muy, fastidiado―, soy Elizabeta y este estirado de aquí es mi novio, Roderich.

― Soy Arthur.

― Lo sé ―le guiño.

― ¿A qué te refieres a que es el causante del problema?

― Pues veras mi muy querido Ludwig, al parecer Francis, como siempre, intento flirtear con el chico nuevo, ósea Arthur ―le dedico una gran sonrisa―, sin notar que el lindo Mat estaba presente, cuando Bonnefoy se dio cuenta intento explicarse, Matthew le dijo que no era necesario ya que no tienen ninguna relación o algo parecido, pero como todo el mundo sabe Francis quiere cambiar eso, lo siguió y siguió hasta que se topo con Alfred ―Arthur le miro sorprendido más por el hecho de que se las había arreglado para decir todo de una sola vez, que por lo que les decía.

― Ve~

― ¿Y cómo supo todo eso, Elizabeta-san?

― Tengo mis fuentes.

― Indecentes ―comento Roderich sin apartar su mirada de la pelea que continuaba y parecía más acalorada, Arthur noto cierta tristeza en su mirada, pero pudo equivocarse.

― Rod para ti todos son indecentes ―le sonrió―, Francis no entiende, algún día Alfred lo agarrara solo y no lo contara.

― No creo que Alfred-san le haga algo.

― Alfred es todo un salvaje cuando se trata de Matthew, ¿verdad Ludwig?

― ¡Aquello fue un malentendido! ―se defendió con un ligero sonrojo.

― Ya lo recuerdo ―reacciono Kiku―, no esperaba eso de usted Ludwin-san, cambio radicalmente la imagen que tenia sobre usted.

― Fue un malentendido. ¡Un malentendido!

Las risas invadieron el lugar, incluso Feliciano reía aunque no había entendido de lo que hablaban, Arthur tampoco entendía del todo la conversación y no estaba seguro de querer hacerlo.

― Pero Francis tuvo mejor suerte ―comento Roderich―, el vio a Alfred y tuvo tiempo de salir corriendo.

― Si, y alcanzo a Antonio y a Gilbert antes de que lo atrapara ―termino Elizabeta.

Roderich se tenso ante la mención del último, mantuvo la mirada fija en su comida como si esta fuese a darle una respuesta, Elizabeta le miro de reojo seriamente antes de centrarse otra vez en el tema, el cual parecía entusiasmarle en demasía.

― Maldición ―soltó Ludwig.

― Ve~ ¿Qué pasa?

No le respondió, todos siguieron su mirada hacia la pelea, donde ahora se veía a Gilbert en medio de Alfred y Francis intentando calmar al primero. Mathew se veía bastante apenado y parecía que también ayudaba en la muy difícil tarea de calmar a Alfred, Francis continuaba asustado y Antonio, él solo sonreía. Cuando Alfred consiguió mover a Gilbert, el cual no puso real resistencia, y se puso enfrente de Antonio este se quito dejándole el camino libre hacia Francis, quien se puso pálido, pero antes de que pudiesen hacer nada, tres profesores llegaron al lugar y comenzaron a dispersar a los alumnos, discutieron un poco con los involucrados y al final se hartaron, todos hablaban a la vez, decidieron que lo mejor era llevarlos junto con algunos testigos a la dirección. Todos regresaron a lo que hacían, acostumbrados a que cosas así pasaran.

Tuvieron que irse de la cafetería cuando un profesor les amenazo con llevarles también si no se apresuraban a llegar a su próxima clase, varios minutos atrás había sonado el timbre anunciando el final del almuerzo, el cual ignoraron por completo. La siguiente clase, Historia, la tomaría junto a Elizabeta y Roderich, los cuales caminaban a su lado tomados de la mano, se sentía incomodo, como el mal tercio, que en realidad era. De camino al edificio, bastante lejano de la cafetería, se dedico a mirar a su alrededor intentando ignorar a la pareja que caminaba a su izquierda, pero no pudo, su atención recaía en ellos ya que tenían un ambiente un tanto raro, incluso parecían incómodos y estaba seguro que no era por su presencia. ¡Maldita curiosidad!

Al entrar al salón, un poco retrasados, tuvieron que sentarse en las bancas de enfrente, Arthur maldijo por ello, ya que le toco sentarse frente al profesor, la única banca de dos puestos vacía, la pareja prefirió separarse a sentarse en ella. El profesor comenzó a dar las indicaciones del trabajo cuando la puerta se abrió de nuevo, era el chico que había visto peleando en la cafetería, Alfred, si no recordaba mal.

― Joven Jones ―comenzó el profesor, su tono parecía realmente molesto y fastidiado, Alfred le contuvo la mirada de forma insolente―, tome asiento frente a mí, junto al joven…

― Kirkland…―termino por él ya que parecía haberlo olvidado.

Solo recibió algo parecido a un gruñido, Alfred se sentó a su lado de mala gana, al parecer seguía molesto, el profesor se acerco a decirle algo pero desistió al percibir la mirada que este le recibió. La clase paso normal y sin inconvenientes, no se dirigieron la palabra a pesar de que debían de trabajar juntos, hicieron el trabajo de alguna forma, durante el transcurso de la clase pudo notar como Alfred se iba relajando, se regaño mentalmente al notar que le estaba dando demasiada atención, que importaba que su vecino estuviera o no molesto, era solo un alumno más dentro del colegio.

Cuando sonó el timbre Alfred se recostó sobre la banca, se veía un tanto deprimido, quiso levantarse e ignorarle, eso es lo que iba a hacer, pero…

― ¿Estás bien? ―se mordió la lengua, aquello no era asunto suyo, solo debió levantarse e irse, que mas daba que el chico estuviese deprimido.

― Creo ―le respondió en un susurro ahogado porque su rostro seguía oculto entre sus brazos.

Se quedaron así unos segundos, en un silencio incomodo según Arthur, que estuvo a punto de levantarse, hasta que Alfred se enderezo y le dedico una gran sonrisa, pero sus ojos se veían cansados.

― Lo siento, estaba bastante enojado y no quería ser grosero contigo ―sonrió aun más, si eso era posible―, me llamo Alfred.

― Soy Arthur.

― ¿Cuál es tu siguiente clase?

― Gimnasia.

― También es la mía.

― Y yo les recomendarían que fuesen a ella en vez de estar sociabilizando ―se metió el profesor.

Miraron a su alrededor notando que eran los únicos que quedaban en el aula además del profesor, recogieron sus cosas con rapidez y salieron a los ya casi desiertos pasillos. Caminaron rápido y en silencio, para sus suerte el gimnasio estaba cerca, al llegar a este, solo encontraron a seis personas, entre ellos Elizabeta, Roderich y Feliciano.

― Ve~ ¡Arthur, Alfred!

Se acercaron a ellos, Arthur volvió a notar ese extraño ambiente entre la pareja, se sentí intrigado, pero no quería preguntar, y tal vez no debía hacerlo, centro su atención en Feliciano.

― El maestro tuvo una emergencia ―les dijo―. Iré a buscar a Lud.

Y se fue corriendo.

― Perdón por no esperarte Arthur ―comento con una sonrisa Elizabeta―, pero se veían tan a gusto que no quisimos interrumpir.

Sintió sus mejillas arder y escucho atragantarse a Alfred, Elizabeta gozaba con ello, diversas imágenes cruzaron por su mente, imágenes poco sanas, sonrió de forma rarita, Roderich solo negó, teniendo una vaga idea de lo que pasaba por la mente de su novia, había personas tan indecentes en este mundo.

Salieron del gimnasio, era agradable salir temprano de vez en cuando, más cundo era el primer día, al menos para Arthur, quien llegaría a su casa y acabaría la poca tarea que tenia e inspeccionaría con mayor detalle su habitación y la casa, Elizabeta buscaría más cosas no aptas para menores, Roderich no soltaría su piano en horas y Alfred solo pensaba en la hamburguesa que comería al llegar a su casa, incluso comenzaba a babear.

― Oye Arthur ―le llamo Alfred―, si quieres yo… ¡Lo matare!

― ¿¡Matar a quien!

Se altero un poco, ¿de qué rayos hablaba?, iba a preguntar cuando noto que este miraba furioso sobre su hombro, siguió su mirada para encontrarse con Francis, un tanto alterado, hablando con Mathew, quien parecía estar a punto de echarse a correr, cerca de la entrada, regreso su mirada a Alfred que estaba rojo de ira, Francis era un chico muerto y enterrado.

― ¡Corre Francis! ―grito alguien cuando Alfred ya casi llegaba a donde estaban, el francés lo noto y salió casi volando de ahí, Matthew tomo a Alfred del brazo y le impidió seguirlo, termino casi arrastrándolo fuera de la escuela.

― Ese Francis nunca entiende ―soltó Elizabeta―, bueno Arthur, nosotros nos vamos. ¿Vienes con nosotros?

― N-no, gracias, debo hacer algo antes de irme.

― Ok, te veo mañana.

Los despidió con la mano, se alejaron tomados de la mano y hablando de algo, Roderich se veía tenso y Elizabeta molesta, se alegro de no haber aceptado su oferta, realmente no tenía nada que hacer, pero algo le dijo que no aceptara. ¡Bendito instinto!

― Hola.

― H-hola ―contesto al sonriente español que ahora tenía enfrente.

― Soy Antonio.

― Me llamo….

― Arthur ―termino por él―. Francis me hablo de ti.

― Ah…

― Bueno Arthur te estaba observando y creo que eres lindo.

― What the fuck! ―se sonrojo.

― ¡Como un tomate!

Se estaba debatiendo entre golpearle o salir corriendo, tal vez ambas estarían bien, cuando apareció Gilbert pasando su brazo por los hombros de Antonio, la escena se le hizo bastante familiar.

― Joder Gilbert, ¿de dónde demonios sales tu?

― Soy tan awesome que estoy en todas partes ―sonrió con arrogancia―. Tranquilo Toño, solo venía a decirte que me ayudaras a buscar a Fran, todavía sigue escondido de Alfred.

― Bien.

Y se alejaron riñendo sobre algo, acaso todos en la escuela estaba mal de la cabeza o algo así. ¡En qué lugar se había metido! Bueno no importaba, ahora solo debía llegar a su casa y comer. Ah, y esperar su amado té.


Continuara…