Hola de nuevo n.n

Les dejo el primer capitulo del fic, me di cuenta de que se llama igual que un capitulo de Eclipse, que coincidencia :/

CDLA: ¿Coincidencia? ¡Pero si lo has buscado!

Laali: Mentira ¬¬ Me fije en el libro para ver lo que decían en ese capitulo y tú lo sabes, tenía pensado hacer la trama en base a él.

CDLA: Embustera.

Laali: ¬¬

CDLA: ¿No vas a presentarme?

Laali: Mis queridos lectores, esta es mi molesta conciencia que se mete a comentar tonterías ¬¬

CDLA: ¿Tonterías? ¬¬

Laali: Si, tonterías. Ya, deja que lean el capitulo.

CDLA: Justo eso te iba a decir.

Laali: ¬¬

Aventuras en el extranjero

Capítulo 1:

Apuesta

–Oh Edward, ¿cómo pudiste pensar...? No puedes ser tan modesto, te lo digo de veras, ¿cómo es posible que no te percataras? –me castigaba Alice con enojo.

Estábamos sentados en el suelo de mi habitación. Eran las tres de la mañana, y Alice había llamado al clan de Denali para informarles sobre mi casamiento, que se celebraría en agosto.

De verdad había pensado que Tanya se había resignado y había entendido por fin que Bella era mi verdadero amor, pero sólo cuando Alice la llamó para avisarle a su clan de la ceremonia me di cuenta de que ella había esperado con ansias el momento en el que decidiera dejar de resistir la tentación de su sangre y la atacara, cosa que no pasaría. Se puso histérica y se escapó de su casa; Kate tomó el teléfono y nos informó de la situación, y luego Alice le explicó qué era lo que había logrado que su hermana perdiera el juicio de esa forma.

Pero no era ese hecho en sí lo que me hacía temblar, sino que esa reacción era la definición del ganador –o los ganadores– de cierta apuesta...

----------------------Flash Back----------------------

–¿Quién está de humor para una apuesta? –preguntó Emmett con alegría, irrumpiendo en la sala de estar. Allí solo estábamos Jasper y yo. Era uno de esos escasos días soleados en Forks, por lo que no habíamos asistido al instituto.

Jasper intercambió una sonrisa de complicidad con él, y ambos me miraron a mí. Yo estaba ansioso por estar con Bella, y no podía concentrarme en nada más, ni siquiera en la leer sus mentes.

–¿Qué dices, Edward? –me preguntó Emmett con esa gran sonrisa en el rostro.

¿Te sumas o no?, preguntó mentalmente.

–¿De qué se trata? –le pregunté. Era mejor asegurarse antes.

–Tengo dos proposiciones –aclaró.

Uno es sobre tu noviecita y otro, sobre las consecuencias de tu relación con ella... no escuchaste eso, ¿verdad?, pensó Emmett, asustado al final.

Puse los ojos en blanco.

–¡Suelta ya! –exigió Jasper, impaciente.

–Bueno –dijo Emmett, mirándonos a ambos con excitación–. La primera es sobre la vampirización de Bella –me miró y esperó un par de segundos mi reacción a sus palabras, pero decidí mostrarme sereno hasta terminar de escuchar su proposición.

Espero que no se lo tome a mal, repetía en su mente. Era una tapadera; estaba ocultando sus verdaderos pensamientos a fin de que recibiera todo el impacto cuando me contara de qué iba la cosa.

–¿A cuántas personas cree que matará? –preguntó con diversión.

Abrí los ojos con desmesura. ¿Se le ocurría apostar por eso?

–¿A cuántas crees tú? –preguntó Jasper.

–Más de siete –dijo Emmett, extendiendo su mano hacia nosotros con la palma boca abajo.

–Menos de cinco –anunció Jasper, extendiendo su mano de la misma forma y posicionándola sobre la de Emmett.

Ambos me miraron expectantes.

–No me sumo –dije con determinación.

Pero qué aburrido eres, pensaron ambos al unísono.

Los fulminé a ambos con la mirada.

–Bueno, como quieras –dijo Emmett con un mohín de contrariedad. Luego se volvió hacia Jasper–. ¿Qué apostamos? –le preguntó con emoción.

Qué divertido... le pediré a Bella que mate a siete personas, pensó Emmett.

–Pues no creas que cederá fácilmente –repuse–. Bella odia la muerte, no matará a nadie por ti.

–¿Y por ti? –preguntó Emmett con malicia.

Qué buena idea, se felicitó mentalmente.

Le gruñí.

–Esme te mataría –le recordó Jasper–, y además no se permiten trampas en las apuestas a menos que la mayoría este de acuerdo, y aquí hay un cincuenta por ciento en cada postura, por lo cual la opción queda sin efecto –le recordó Jasper, muy pagado de sí mismo.

–¿Estás seguro de que no quieres agregarle acción? –le preguntó Emmett, instándolo a que aceptara usarme de señuelo para someter a Bella, entre otras cosas que podían llegar a ser mucho peores.

–Seguro –dijo Jasper con seriedad.

¿Y a este qué bicho le picó?, se preguntó Emmett, frunciendo el ceño.

No pienso arriesgarme a perder ahora que tengo el pago perfecto de la apuesta... pensó Jasper con petulancia.

Me agarró el ataque de la risa histérica al escuchar el pago que debería efectuar Emmett si perdía. Su ceño se profundizó más al ver mi ataque.

–¿Qué es tan divertido? –preguntó.

¿Qué se traen entre manos ustedes dos?, preguntó mentalmente.

–Nada, nada –le dije mientras intentaba calmarme. Hacía bastante rato que no me reía tanto.

–Bien, entonces ¿qué apostaremos? –le preguntó Emmett a Jasper.

Esta vez me fue más fácil contener la risa, dado que estaba preparado y, además, causaba más gracia al escucharlo por vez primera.

No sabes la que te espera... pensó Jasper con malicia.

Era cierto; si perdía, lo iba a lamentar. Pero ya no se podía echar atrás una vez que había puesto la mano en el centro; esa era una de las reglas.

–Tú primero –le cedió Jasper con un matiz de esa pasada petulancia en la voz.

Mmm, ¿qué puedo pedir? , se preguntó Emmett, ¡Ya se! Le voy a pedir ese collar que Rose me exigió el otro día; ya gasté bastante en el anillo, los pendientes, las pulseras, las tobilleras, los adornos para el cabello... se quejó mentalmente, recordando a Rosalie con el rostro apretado contra el vidrio del local de la joyería, mirando con codicia el collar que adornaba el cuello del maniquí. De él colgaba una esmeralda con forma de romboide que brillaba tenuemente.

–Tendrás que darme el dinero para comprarle a Rosalie un collar que vio el otro día en una joyería –le anunció.

–¿Cuánto cuesta? –preguntó Jasper con miedo.

Que no sea muy caro, que no sea muy caro rogaba mentalmente.

Emmett le dijo la cifra, y los ojos de Jasper –y también los míos– se abrieron con horror a causa del asombro.

–Lo prometido es deuda –le recordó con una sonrisa triunfal–. Además, aunque el dinero no sea problema para ninguno de nosotros, Alice es la más dotada de la familia para conseguir más en el caso imposible de que nos quedemos sin ahorros.

Además del dinero que gana Carlisle en su trabajo, la mayor fuente del mismo es Alice, por lo que el más capacitado para pagar semejante cantidad de dinero eres tú. Pídele que vaya y apueste todo en las carreras, seguro que gana fortunas y al final de la tarde consigue tres collares como ese, pensó Emmett.

–Bueno, ahora es mi turno –anunció Jasper con malicia, preparándose para devolverle el golpe a su hermano. Envió una ola de tensión y nervios hacia él para que sufriera más el suspenso–. Si yo gano, tendrás que...

–¡Ya vale! ¡No es necesario que me hagas sufrir! –le espetó Emmett, dándose un puñetazo con la mano derecha en la izquierda.

–Es parte del juego, hermano –le conminó Jasper con petulancia.

Emmett cerró los ojos, inspiró profundamente y, luego, exhaló con fuerza. Al abrirlos, estaba más sosegado; Jasper había relajado la atmósfera un tanto, y lo que quedaba del recargado ambiente de hacia unos segundos no era suficiente para alterar al integrante más impulsivo e inalterable de la familia.

–¿Decías...? –le instó Emmett con una sonrisa arrogante.

¿Podían desmayarse los vampiros? Si la respuesta era afirmativa, mejor llamaba rápido a Carlisle.

–Si yo gano, tendrás que... –Jasper inspiró hondo al tiempo que cerraba los ojos, disfrutando de la tensión y los nervios que, esta vez, se habían instalado por su cuenta en Emmett. Aún sin leer su mente me percataba del placer que le daban esas sensaciones– deberás pagar la cuenta de la tarjeta de Alice durante un mes.

Emmett abrió los ojos con desmesura y miró a Jasper completamente aterrado.

¿¡QUÉ!?, pensó el aludido, aterrado ante la idea, Alice compra cinco vestidos por cada día del mes y en los lugares más caros, no le importa el precio, y menos le va a importar si sabe que yo soy el que va a pagar la cuenta... Ya bastante tengo con Rose... ¡No puedes hacerme esto!

–No... no estarás hablando en serio... –balbuceó con pánico. Su voz mental era muchísimo más firme, aunque ese sentimiento se matizaba también en cada una de sus palabras.

–Claro que sí, hermano; hablo completa y absolutamente en serio –le dijo Jasper.

Ah, qué dulce es sentir el pánico de Emmett, pensó con alegría. El terror era muy poco habitual en nuestro hermano, y Jasper se sentía eufórico al haber logrado que lo padeciera.

Emmett intentó ocultar ese sentimiento tan inusual en él, e intentó sacar a relucir su habitual sonrisa confiada, aunque falló en el intento.

–Y, más o menos, ¿cuánto gasta en un mes? –preguntó intentando controlar su miedo.

–Pagarás la cuenta de este mes –le anunció Jasper–, por lo que también estará incluido el pago del vestido de novia de Bella además de los gastos habituales.

La mandíbula de Emmett cedió ante la noticia y quedó colgando allí.

Oh no, Alice se sobrepasa con todo; si tengo que pagar este mes eso significa...

Yo también lo sabía: significaba que tendría que pagar, además de los gastos habituales, todos y cada uno de los gastos de mi boda.

–No tienes por qué pagar mi boda –le dije a Jasper.

–Es nuestro regalo –se limitó a contestarme mi hermano, aún disfrutando del espectáculo que ofrecía Emmett a nuestros ojos.

...adornos, vestido de novia, maquillajes y demás productos de belleza, pastel de boda... las alianzas las compra Edward, gracias al cielo eso es una tradición, pensaba Emmett.

–Y, ¿ya sabes el precio del vestido de novia? –le preguntó Emmett, ya sin intentar enmascarar su pánico.

–Había que dejar una seña, ya que el diseñador quería que lo viese la novia antes de vendérselo a Alice, así que sólo debes pagar el resto...

–Y ¿cuánto es él...?

Al escuchar el precio en la mente de Jasper –segundos antes de que lo dijera en voz alta– lo miré arqueando una ceja, pensando que nos estaba jugando una broma a ambos. Emmett, al escuchar la cifra, soltó el aire de golpe y los ojos se le desorbitaron de puro desasosiego, sorpresa y terror.

No es una broma Edward, sale eso más la seña de cinco mil dólares que dejó Alice en su momento, me dijo Jasper con seriedad.

Eso sí que era vender vestidos a un precio exagerado. Aunque claro, a nosotros el dinero nos alcanzaba y nos sobraba, por lo que esa suma no era demasiado comparado con todos nuestros ahorros. Éramos millonarios, y podríamos tener aún más dinero si lo deseáramos, pero estábamos bien. Cuando fuera necesario, lo ganaríamos.

–¿Lo viste? –le pregunté a Jasper.

Lo cierto era que el pequeño misterio de cómo sería el vestido de Bella me tenía bastante intrigado. La única que lo había visto era Alice, y no pensaba en eso cuando estaba cerca de mí, para mi gran frustración.

–No, Edward; el otro día fui al armario a cambiarme de ropa y vi una bolsa. Al parecer. Alice tuvo una visión en la que me vio mirándolo, por lo que salió disparada hacia la habitación y me sacó de allí rápidamente, amenazándome con no volverme a hablar jamás si le echaba un vistazo.

–Pues sí que se ha puesto paranoica con eso del impacto que debemos recibir –le comenté.

A todo esto, Emmett seguía con los ojos desorbitados y con expresión ausente, mirando sin ver todo el dinero que invertiría si no ganaba esa apuesta.

–Ya vale Emmett, no tienes que preocuparte de hacer cuentas si ganas la apuesta; se supone que estabas confiado de ganar –le dijo Jasper, ya cansado de ver esa expresión en su rostro.

Vale, tiene razón, yo ganaré, se aseguró Emmett a sí mismo.

Sonrió con seguridad de nuevo, librado ya de cualquier preocupación que las recompensas de la apuesta le hubieran causado.

–Y bien, ¿cuál era la segunda apuesta de la que hablabas? –le pregunté.

Ah, ¡la otra apuesta!, recordó.

–Sí, la otra apuesta –le dije, poniendo los ojos en blanco ante su evidente intento de hacerme rabiar.

–La otra apuesta se trata sobre la respuesta de Tanya al enterarse de tu casamiento –expuso Emmett con alegría. Su voz destilaba un matiz de superioridad muy propio de cuando se creía que iba a ser el ganador sin ningún género de duda.

¡A que no se la esperaban!, pensó.

Tanto Jasper como yo lo miramos con interés.

–Pero Emmett, todos coincidiremos en la respuesta –le dijo Jasper.

–No estoy del todo seguro de eso –dijo él, mirándome de reojo.

Sé que tú no coincidirás.

¿Qué no coincidiría? ¡La respuesta era obvia!

–A la cuenta de tres cada uno dice su opinión, ¿vale? –preguntó Jasper. Tanto Emmett como yo asentimos–. Uno, dos, ¡tres!

–Se volverá loca por los celos –dijo Emmett.

–Se pondrá histérica –dijo Jasper, coincidiendo con Emmett.

–Ya lo superó, no le importará –dije.

Los tres habíamos dicho nuestras opiniones al mismo tiempo, pero habíamos podido escuchar las de los otros con igual claridad que si hubiéramos hablado uno por uno en una habitación en completo silencio.

¡Te advertí que no estarías de acuerdo!, pensó Emmett, triunfal.

Tanya había superado lo que sentía por mí, ¿no es cierto? Yo había dejado las cosas claras en todo momento, nunca le proporcionado falsas esperanzas pues ella era como una prima muy querida para mí. Pero nunca había sido mi tipo, por más que fuera muy buena persona. Ella estaba al tanto de que mi relación con Bella era completamente verdadera, que ella era la persona destinada a estar a mi lado por el resto de mi vida. Y ella lo había comprendido, ya lo había asumido, ¿verdad?

–¿Quieren apostar? –preguntó Emmett, nuevamente entusiasmado.

–¿Nosotros dos contra él? –preguntó Jasper.

–Exacto –dijo Emmett con alegría.

–Hecho –acepté, poniendo mi mano en el centro. Los otros dos se apresuraron a hacer lo propio.

Voy a proponerle que si ganamos... ¡ups! Edward y tu maldito poder para leer la mente, casi me atrapas, refunfuñó Emmett mentalmente.

–Si gano, Jasper tendrá que buscar una manera de enseñarme el vestido de novia de Bella y Emmett tendrá que convencer a Rosalie de que la trate mejor –dije, conciente de sus caras de pánico al escuchar mis peticiones.

¡Oh no! Edward, ¿eres conciente de que Alice es capaz de asesinarme si se entera de que te mostré el vestido de Bella, como de hecho, sucederá? Lo verá en una de sus visiones y, tanto si lo ves como si no lo ves, me matará. ¿Comprendes que no hay exageración en eso? Tú la conoces. No puedes pedirme algo así... pensaba Jasper, aterrado por la reacción que pudiera llegar a tener Alice.

Sé que ganaremos, no hay manera de que pase lo contrario, pensaba Emmett, muy seguro de sí mismo.

–De acuerdo, pero si nosotros ganamos –dijo Emmett con confianza– haremos algo que te acarreará consecuencias, muchas consecuencias.

–De acuerdo –acepté, sabiendo que no quedaba otra opción.

Eran las reglas, y esta velada mis hermanos se habían propuesto apostar fuerte.

---------------------Flash Back----------------------

En ese momento entró Jasper en la habitación.

–¿Qué sucede? –preguntó al percibir mi miedo y el enfado de Alice. Luego vio el móvil que esta última sostenía y empezó a sonreír–. Ah, ya. ¿Llamaste a Denali, no es así? –preguntó divertido–. ¡Emmett! ¡Me parece que ganamos! –gritó.

Segundos después, Emmett entró en la habitación con la más grande de las sonrisas.

–No había duda alguna –repuso, y chocó los cinco con el que lo había llamado.

–Ya, ¿qué debo hacer? –pregunté con recelo.

–Debemos discutirlo. Mañana por la tarde te lo diremos –le dijo Emmett.

–Y Alice, ¿puedo pedirte que, si tienes alguna visión al respecto, no le digas nada? No sería justo –le dijo Jasper.

–De acuerdo, pero si veo que se pasan... –dijo ella.

Jasper le sonrió con afecto.

Es tan buena... es difícil pensar que cuando se enoja se pone hecha una fiera, pensó con ternura.

No pienses en nada, no pienses en nada, cualquier idea la puedes maquinar en otro lado lejos de su don, por ahora no pienses en nada se decía Emmett.

¿Qué tramaran? Pensaba Alice.

Sus pensamientos eran un eco de los míos.

–Vamos a pensar al bosque. Allí sí podremos estar tranquilos –dijo Emmett, enfatizando la última palabra.

Jasper asintió y ambos salieron corriendo de la habitación. Al minuto ya estaban lo bastante lejos como para que no pudiera oír ninguno de sus pensamientos.

Suspiré, intentando no pensar en cuán malo podía ser lo que planearan.

Continuará...

Bueno, acá termina el primer capítulo n.n

Tengan en cuenta que esto transcurre después de Eclipse, es decir, que Bella y Edward están en las vacaciones posteriores a su graduación.

CDLA: ¿Sabías que hablan en inglés?

Laali: Bueno, pero yo hablo español ¬¬

CDLA: Pero ellos hablan en inglés.

Laali: Pero yo quiero que hablen español.

CDLA: Pero eso no quita que...

Laali: BASTA! Son las traducciones, ¿contenta?

CDLA: La verdad es que no, porque...

Laali: Mejor calla ¬¬

CDLA: Entonces no te traeré a Edward.

Laali: Tú no me puedes traer a Edward, ni siquiera lo conoces.

CDLA: Sí lo conozco, y te lo traeré para demostrártelo.

Vamos a ver si mi conciencia me trae a mi Edward, que divertido n.n

¡Dejen reviews plis!

Atte.: Laali Cullen