El Potterverso es de Jotaká.
Este fic forma parte de "¡Desafía a tus musas!" del foro Amor de Tercera Generación.
«TODO POR UN MILAGRO»
Por Victoire Black.
II. El dibujo.
—No sé a qué se refiere, señorita. —El profesor Dumbledore no dejaba de mirarla a los ojos, escéptico. Sybill sabía bien que no creía en absolutamente nada de lo que le acababa de contar con todo detalle—. ¿No hay posibilidad de que todo haya sido un sueño? ¿O quizá el efecto producido por una poción que sus compañeros le hayan hecho consumir como broma?
La chica sintió cómo las lágrimas volvían a caer por sus mejillas, pero intentó secárselas al instante. No le hacía gracia que el director del colegio y dos profesores la vieran llorar como una niña.
—Le juro que no, profesor. En las vacaciones, cada vez que veía eso que le conté estaba despierta. Y desde que llegué al colegio, no he tomado nada. Ni siquiera bajé a almorzar.
—Alucinaciones por falta de alimentos, entonces —resolvió el director con ademán despreocupado—. Suele suceder, señorita Trelawney. No se preocupe.
Sybill gimió con rabia, comprendiendo que Dumbledore estaba decidido a no creerle.
—Si un chico muere a manos de un hombre lobo en el correr de este año —comenzó a decir la chica—, espero que recuerde que se lo avisé con anticipación.
Y acto seguido, salió del despacho con aire desolado. Si las propias autoridades del colegio no la tomaban en serio, ¿qué cosa podría hacer para evitar que todo lo que había visto pasara?
—Creo —dijo el profesor Flitwick una vez que su alumna se hubo retirado del despacho del director—, que no demorarán en saber el secreto de Remus Lupin si la señorita Trelawney decide hablar.
—No te preocupes, Filius. —Dumbledore sonrió—. No hablará.
—¿Y cómo estás tan seguro? —se asombró McGonagall.
—Esta chica no querrá que sus compañeros se enteren de que tiene visiones, lo podría jurar.
El silencio se instaló en la sala durante unos momentos.
—¿Así que crees en ella, Albus?
—¡Por supuesto que no! —exclamó sin dejar de sonreír—, pero sí creo que su abuela hizo un buen trabajo en su cabeza en las vacaciones de invierno.
•••
Sybill caminaba por el segundo piso sin rumbo alguno. ¿Por qué todo se había vuelto tan complicado de un día hacia el otro? ¿Por qué el propio director del colegio la tomaba en chiste, como si fuera una niña idiota con ganas de molestar? Las preguntas eran infinitas, pero esta vez no tenía respuesta alguna.
Comenzó a llorar. Temía que alguien la viera, así que se metió al baño menos usado de todo el castillo: el de Myrtle la Llorona. ¿Qué más daba? Hasta podrían llorar juntas, pensó con una sonrisa imaginaria que enseguida se desvaneció. Ya en el baño, secó el suelo con la varita y se sentó allí.
Tenía una idea para probar que, aquello que hipotéticamente sucedería en un futuro quizá no tan lejano, ella lo había anticipado. No iba a permitir que el mismísimo director de Hogwarts se burlara de ella gratuitamente. Sacó un pergamino de su bolso, y una vieja pluma que siempre llevaba con ella. Estaba decidida a dibujar sus visiones.
Así fue como comenzó. Cerró los ojos pensando en la probable secuencia de sus visiones. Primero, el chico de cabellos negros señalando algo por una ventana a otro llamado "Quejicus"; lo dibujó en la esquina superior izquierda del pergamino. Luego, ese mismo chico pálido y desgarbado dando vueltas alrededor del Sauce Boxeador quedó plasmado a la derecha de la escena anterior. Y finalmente, el joven transformándose en lobo ocupó toda la parte inferior de la hoja.
—¿Cómo sabes lo de Lunático? —preguntó una voz a sus espaldas, y Sybill intentó no gritar a pesar de la sorpresa. Hubiera jurado que no había nadie con ella en el baño, y esa voz no se parecía en nada a la de Myrtle. ¿Por qué un chico le preguntaba cosas en clave en un baño de chicas? Se volteó despacio.
—No sé de qué me hablas —espetó, doblando el pergamino y metiéndoselo en un bolsillo de su túnica—. Y no deberías estar en este baño —añadió, levantándose del suelo.
—Déjame ver el dibujo —exigió él, y Sybill retrocedió. Si dejaba que lo viera, y luego se cumplía, quedaría en evidencia delante de todos los chicos a los que el gryffindor que tenía delante se los pudiera contar. Y eso no sería bueno.
—No.
—Por favor.
—No.
—Te doy cinco galleons.
—No.
—Juro que no se lo diré a nadie.
Y a partir de esa frase, Sybill comenzó a evaluar la situación. ¿Tanto mal haría mostrándole el dibujo a ese chico? Al parecer, había reconocido a uno de los adolescentes de su visión. ¿Y si eso ayudaba a evitar las cosas? ¿Y si podía tener la oportunidad de hacerlo parte de un milagro casi imposible al impedirlo?
—Toma —susurró ella, sacando el pergamino del bolsillo y tendiéndoselo al gryffindor.
Éste lo miró con asombro durante unos segundos, murmurando palabras ininteligibles en voz baja. Pero, al mismo tiempo, parecía asustado por algo. ¿Acaso por el hombre lobo? ¿O quizá porque uno de sus amigos probablemente era la víctima? Minutos después, levantó la vista.
—¿Esto es un cómic?
Sybill se sintió perdida por unos instantes.
—¿Un cómic? —repitió—. ¿Cómo va a ser un cómic? —Hasta parecía que el chico se estaba burlando de ella.
—No entiendo qué es, entonces —replicó él.
—No te lo diré —decidió Sybill. Había sido mala idea mostrarle el pergamino; se lo sacó de las manos, volvió a guardarlo, y le dio la espalda para comenzar a lavarse las manos, que le habían quedado llenas de tinta.
—¿Al menos me dirás por qué dibujaste a mis amigos, y cómo sabes lo de Lunático? —Sybill no respondió—. ¿Cuándo entraste a la Casa de los Gritos? —Ésto último lo dijo con más suavidad, comprendiendo que la chica de anteojos con cara de confundida que tenía delante poco sabía de lo que le estaba hablando... Y de lo que ella misma había dibujado.
—Jamás —dijo extrañada—. ¿A quién se le ocurriría entrar ahí? La he visto desde afuera, por supuesto, pero... ¿Por qué lo preguntas?
—¿Por qué dibujaste eso?
—¿Por qué me respondes con una pregunta?
—¿Por qué tú me respondes con una pregunta?
A Sybill le había comenzado a doler la cabeza. ¿Por qué ese chico tenía que hacerle preguntas extrañas sin relación aparente con el dibujo y sus visiones? No le volvió a contestar.
—No sé si te estás burlando de mí o no, pero la estancia de un amigo en este colegio depende de ese dibujo y si lo esparces por el colegio...
—¡La vida de alguien depende de esto! —exclamó ella, un poco molesta por el hecho de que el chico creyera que era todo una broma—. Si esto sucede, el tal Quejicus morirá. —Al oír eso, él empalideció.
—Y echarán a Lunático del colegio de igual modo... —dijo, o al menos eso creyó entender Sybill—. Por favor —le pidió—, ve a las nueve de la noche a la entrada de la torre Norte, en el séptimo piso.
—¿Para qué? —preguntó ella, sintiendo el corazón latirle a más velocidad de la que hubiera creído posible.
—Para resolver de una buena vez por todas esto —explicó, dándose la vuelta para irse—. ¡Ah! —Se detuvo—. Mi nombre es James.
Ajá. Finalmente le voy dando forma a una historia que se planteó en los libros, pero que decidí que protagonizará la futura profesora de adivinación. ¡Gracias por leer! :)
