Y bien, aquí otro pequeño fragmento del pasado que nuestra chica Malfoy, el inicio de todo incluido su mal humor... Pronto espero escribir algo de su primer encuentro con Sirius o Lily, quizá su relación con Lucius, aun no estoy segura, tal vez algo de cuando entró a Hogwarts, acepto sugerencias(?). Si les gustó por favor compartan, apoyen a esta pobre y frustrada intento de escritora porque es horrible ser la única que shippea una pareja y escribe de ellos al menos en español... Por un mundo con más Blackfoy.
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— Ama… — Susurró con voz suave, los ojos de la elfina se llenaron de lagrimas al verla así. Pequeña y sola, tan frágil que pensaba que podría romperse en cualquier momento al llorar de aquella manera tan desconsolada. Observó en silencio como la delicada figura de la niña se convulsionaba por los sollozos hecha un ovillo en la esquina de la oscura habitación. Los Señores Amos podían llegar a ser muy crueles, Gingles simplemente no lo entendía, la ama Roxanne solo tenía ocho años ¿Qué de malo había en que tuviera un perro? La elfina aun recordaba la brillante sonrisa de su ama cuando encontró aquel pequeño cachorro mientras jugaba en los limites de la mansión con el bosque. La imagen de la niña corriendo alegremente con el perro en sus brazos y una sonrisa ilusionada a pedir permiso para conservarlo ahora parecía tan lejana.
Gingles aún podía rememorar la expresión de horror en el rostro de la su ama cuando el Señor Amo Abraxas se deshizo del perro con un movimiento de varita. La pequeña platinada había salido corriendo hacía su habitación con los ojos llenos de lagrimas y la mejilla enrojecida por un golpe después de eso. Gingles había querido seguirla de inmediato, consolarla, pero la elfina pasó parte de la tarde limpiando la sangre del animal de la costosa alfombra importada de Francia. Apretó los puños sintiéndose impotente, no podía hacer nada más que verla llorar desde su lugar, esperando que se durmiera para acomodarla en la cama como tantas veces antes había hecho. Ni siquiera podía llevarle algo de comer, le habían prohibido alimento alguno hasta la mañana. "El hambre le hará reflexionar" Había dicho el Señor Amo Abraxas.
Gingles permaneció en su lugar, inmóvil, largo tiempo hasta que los sollozos fueron apagándose quedando casi completamente en silencio. La elfina entonces se acercó a su Ama, tomándola con la misma delicadeza que trataba a los juegos de té de porcelana fina de la Señora Ama. El pequeño cuerpo estaba demasiado frío, el rostro bañado en lagrimas y un horrible tono violáceo adornaba su mejilla izquierda haciéndole ver aún más demacrada y frágil. Gingles la depositó en el mullido colchón con sumo cuidado antes de arroparla. Su Ama dormía un sueño inquieto en el que parecía sufrir, murmurando palabras incoherentes, una que otra lagrima aún escapando de la prisión de sus parpados. La elfina sintió su corazón estrujarse, quizá el Señor Amo Abraxas no lo hubiera notado, pero aquel día su Ama se había roto. Lo supo al mirar sus brillantes orbes oscuros vacíos cuando salió corriendo a su habitación, lo supo mientras le escuchaba llorar de aquella desgarradora forma, lo supo ahora que le veía dormir atrapada en tormentosos recuerdos. Gingles sabía que no podía reparar a su Ama y se sentía impotente, después de todo solo era una elfina domestica, aún así aquella noche rezó para que su querida y pequeña Ama no terminara de romperse, para que fuera fuerte, pero… ¿Qué tanto podía pedir de una niña?
Gingles en ese entonces no lo imaginó, ese día Roxanne Malfoy no solo se había roto, se obligó a si misma a dejar detrás a la frágil niña que buscaba la aprobación y el cariño que siempre le fue negado. Finalmente había decidido que no valía todo el sufrimiento, sus intentos hasta ese entonces solo le habían valido golpes y miradas cargadas de frío, noches de llanto silencioso. Si ellos iban a despreciarla de todos modos entonces ella se encargaría de ser merecedora de su odio. Forjaría su propio camino, encontraría un lugar en el que el peso de un apellido no la encadenara a un destino que ella jamás quiso...
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