Terapia de parejas.

Segunda pareja: Hirako Shinji y Sarugaki Hiyori. Amigos.

-Así que… ¿Qué los trae por aquí?- preguntó amablemente Hanayaka Lois a la pareja que le tocaba recibir ese día.

No es como si esperara que ellos le contestaran, pues llevaban los dieciocho minutos que habían estado en su presencia discutiendo y peleando en el piso jalándose de los cabellos y las mejillas como si fueran niñas.

-¡Suéltame, maldito pelado!- gritoneaba la pequeña chica rubia mientras jalaba la cara del rubio de modo que hasta se le veían las últimas muelas de su dentadura.

-¡No hasta que tú me sueltes!- llegó a gritar el hombre antes de que ella lo pateara en la cara, mandándolo a volar al otro extremo de la habitación, estrellándose contra unas macetas.

-Umm… ¿va a estar bien?- preguntó insegura la terapeuta.

Su paciente femenina, que sabía se llamaba Hiyori, se levantó sacudiendo sus ropas.

-¿A quién le importa?- fue lo único que contestó a su pregunta, dejándose caer en uno de los sofás de cuero.

-¿Pero quién va a pagar por esas macetas?-

-¡Oye, pelado!- llamó sin prestarle la más mínima atención. -¡Deja de dar lástima ahí y ven aquí para que podamos terminar con esto de una vez!-

Algo tambaleante, Hirako Shinji se irguió nuevamente en sus dos pies, caminando hacia el sofá junto a la rubia violenta y sentándose como si nada.

-Pues empecemos.- ambos rubios la miraron expectantes.

Lois tragó saliva, obviamente estaba en presencia de personas muy hiperactivas.

Carraspeó.

-Y… ¿Qué trae a tal linda parejita a mi consultorio?- inquirió tan solo por ser cortes, mientras en su libreta escribía "abuso conyugal".

-¡Nosotros no somos pareja!- saltaron ambos a la defensiva de inmediato.

La terapeuta se ocultó detrás de su libreta, mientras escribía ahora la palabra "negación".

-Bueno, pues ¿qué los trae por aquí?- trató de ocultar el miedo que le daban, en especial la pequeña rubia.

-¡Este pelado se atrevió a decir que yo estaba celosa de unas de sus zorras!- rugió Hiyori parándose en el sofá y tratando de patear a Shinji, que bloqueó su ataque con su muñeca.

-¡Mi teniente no es una zorra! ¡Ni la teniente de la cuarta división tampoco!- trató de hacer su pie a un lado, pero la chica seguía tratando de impactar dicho pie en su ojo.

-¡¿Estás tratando de decirme que soy irracional?! ¡YO NO SOY IRRACIONAL!- ante su furia explosiva, finalmente logro patearlo, haciendo que de nuevo se fuera de cara contra unas macetas.

-Esas fueron un regalo de mi madre…- lloriqueó Lois.

-¡Deja de llorar y soluciona nuestro problema!- Hiyori brincó hacia ella, tomándola del cuello de su vestido chino y zamarreándola de un lado a otro. -¡Dile a ese pelado que yo tengo razón de una vez para que podamos irnos!- siguió sacudiéndola.

-¡Lo que va a decir es que YO tengo razón y tú eres una exagerada! ¡Y una celosa irracional!- Hirako la señaló, a lo que ella finalmente soltó a la terapeuta y se lanzó sobre él, volviendo los dos a pelearse revolcándose en el suelo, destruyendo más macetas.

Lois suspiró, decidiéndose por anotar en su libreta lo que pensaba que esos dos necesitaban con urgencia para resolver sus problemas.

Arrancó la hoja en la que había escrito la solución y se las tendió frente a sus rostros mientras seguían tirándose de las narices y los flecos, haciendo que ambos se congelaran en sus lugares y la miraran expectante.

-Aquí.- les dijo. –En esta hoja está escrito lo que necesitan para resolver todos sus problemas.-

Los rubios tomaron la hoja con cuidado, como si fuera algo precioso y frágil que resolvería los misterios del universo.

Tan ensimismados estaban con la hoja, que no notaron como Lois se escabullía fuera de la habitación disimuladamente, sabiendo que debía escapar lo antes posible.

Shinji y Hiyori leyeron en la hoja lo que se suponía era la solución a sus problemas.

"¡SEXO!"

"Y urgente."