Parte dos
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Kise resoplo molesto y frunció los labios en una mueca. Esa mañana se había levantado con un buen humor a pesar de las circunstancias que lo llevaron a donde estaba, no había tenido náuseas y había sonreído sin problemas. Había ido a desayunar aun pequeño restaurante y cuando agarro el periódico para buscar empleo y cuartos, lo abrió y la sección de espectáculos apareció primero y el encabezado del día le hizo perder el ánimo.
De nuevo Haizaki con otro escándalo.
Se mordió el labio inferior al dudar en leer la noticia y luego frunció el ceño molesto consigo mismo. No podía creerlo, había considerado leer la noticia de Haizaki. Si seguía así, pensando en Haizaki, jamás lo iba a poder superar aunque con él haya pasado sus mejores años de vida pero los había arruinado de un momento a otro. Pero era extraño. Haizaki jamás había hecho algún escándalo que lo llevara al periódico que no fuera relacionado con algo relacionado al deporte o algo al negocio de su familia, ni siquiera su relación había llamado tanta atención en el periódico aunque Kise siempre intuyo que eso era debido a la señora Haizaki.
Kise sacudió la cabeza ligeramente y soltó todo el oxígeno que había retenido en sus pulmones. Suspiro, necesitaba despejar su cabeza de pensamientos negativos. Cambio la sección del periódico, marco varias opciones de trabajo y luego miro los cuartos. No conocía muy bien la ciudad pero se podía guiar con el mapa que compro. Se levantó de su lugar, dejo dinero en la mesa con un pequeño extra como propina para la mesera y salió de la cafetería, fue directo a un departamento cerca del hotel en donde estaba en esos momentos y hablo con la dueña del edificio.
Primera decepción en busca de un hogar.
No podría pagar una renta de ese tamaño, no sin tomar el dinero que prometió no usar para él y aun no tenía un trabajo. Sonrió a la señora y se fue. Se dirigió a otro, donde un joven buscaba compañero para dividir la renta pero tan solo el hombre a abrió, Kise salió corriendo. Ni loco, parecía un violador. Llamo a las opciones de trabajo para solicitar entrevistas y suspiro cuando se hizo tarde y le entro hambre. Compro comida y regreso al hotel donde vomito durante unos minutos, espero un rato a que se le pasara la sensación y luego comió mirando la televisión.
Se acostó en la cama y al cerrar los ojos, se quedó dormido. Despertó antes de que anocheciera al sentir antojo de comida. Se terminó lo que compro, saco uno de sus libros que logro llevarse con él y leyó un poco antes de decidir bañarse y volver a dormir. Al sacar ropa de su maleta, su celular cayó al suelo y Kise lo miro absorto. Lo había apagado por miedo desde que había entrado al tren y aun sentía un poco de miedo.
Una parte de él quería prenderlo y mandarle un mensaje a Kasamatsu para decirle que estaba bien, el pelinegro era quien más le preocupaba, era su familia pero el miedo de que alguien lo lastimara, sobre todo a su bebe, lo carcomía del miedo. Se sentó en la cama y se abrazó en posición fetal, sintiendo las lágrimas resbalar por su rostro.
-¡¿Qué es lo que debo de hacer?!
El de verdad no se quería derrumbar, no quería llorar, no quería ser débil pero las cosas no eran fáciles, sobrepasaban sus límites y realmente le dolía. Se limpió el rostro y rio divertido cuando su bebe reclamo comida. Necesitaba ir de nuevo a la tienda, no tenía ya nada de comer en su habitación. Fue al baño para lavarse el rostro, se vistió correctamente, tomo sus cosas y salió del hotel.
La noche era algo fría y Kise se encogió en busca de calor. Entro a la cafetería por un cappuccino de moka y un brownie. Gimió ante el delicioso sabor del chocolate y cerró los ojos para disfrutarlo mejor. Camino hacia al parque y se sentó en una de las banca de las canchas de basket para mirar a unos adultos, quizá unos años más grandes que él, jugar un partido. Kise tenía que admitir que eran buenos pero no se podían comparar a todos sus amigos y compañeros cuando él fue un jugador de basket en su adolescencia pero era entretenido mirarlos a ellos jugar, parecían realmente disfrutarlo. Y de nuevo, sin poderlo evitar, lo recordó a él.
Kise sabía que nunca iba a poder perdonar lo que Haizaki le había dicho pero aprendería a vivir con ello, una cicatriz permanente con la cual cargar. Y a pesar de todo el dolor y enojo que sentía hacia Haizaki, Kise no podía odiarlo, no como le gustaría y si su bebe en un futuro quería conocerlo, lo dejaría, no le hablaría mal de su otro papá aunque una parte de él quería que su hijo o hija nunca preguntara por él.
Mañana definitivamente tenía que ir a la fundación para pedir asesorías, ayuda de qué hacer porque se sentía perdido y necesitaba un consejo. También tenía que ir a una entrevista de trabajo a las doce en un restaurante como mesero, algo es algo. Tan sumergido estaba en sus pensamientos que cuando menos cuenta se dio los que jugaban basket ya se habían ido y ya era más noche, estaba haciendo más frio. Se cerró el suéter y se levantó para irse. Avanzo a paso rápido, no quería ninguna sorpresita pero parecía que el destino quería seguir haciéndole daño.
Sintió que alguien lo miraba pero por miedo siguió avanzando y antes de poder salir del parque, sintió que lo tomaron del brazo y lo arrastraron. Intento forcejar y gritar pero le habían tapado la boca y dos personas lo detenían. Presa del pánico tiro golpes a diestra y siniestra sin embargo lo único que ocasiono fue que a él lo golpearán y se abrazó el vientre para proteger a su bebe.
-Cálmate dulzura o te ira peor. Solo queremos divertirnos un poco-dijo una rasposa voz al oído
"No, otra vez no". Esta vez no lo iba a permitir, no lo iban a lastimar a él ni mucho menos a su bebe. Mordió con fuerza la mano de su boca y lanzo una patada a los bajo del otro.
-¡Ayuda!-grito con todas sus fuerzas
Kise no sabía pelear pero había aprendido unas cosas de Yukio. Se defendió como pudo y no dejo de pedir ayuda, alguien tenía que venir a ayudarlo. Sintió que lo golpearon en la cara pero no cayo y el lanzo otra patada.
-¡Oigan, déjenlo! ¡Policía!
Kise escucho la voz de un hombre gritar pero sintió un golpe en la nuca que le doblo los sentidos y cayó al piso de rodillas al sentir como todo dio vueltas a su alrededor. Miro como el hombre alto que vino a rescatarlo, logro noquear a sus atacantes y luego sintió que se acercó para ayudarlo a incorporarse pero Kise sabía que de un segundo a otro iba a perder la consciencia.
-Oye, ¿estás bien? ¡Te voy a llevar a un hospital!
Kise sacudió la cabeza y se alejó de el por el miedo.
-¡No, no, no! ¡Un hospital no!
Solo dijo esas palabras cuando todo se volvió negro y perdió la consciencia.
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Un olor a comida lo hizo despertar. "¿Comida?". Pero si Haizaki no sabía cocinar más que cereal y un miserable sándwich de puro jamón y el aroma era realmente delicioso. Abrió los ojos y se asustó al reconocer que no era su habitación. "¡¿En dónde estoy?!". Al quererse parar, su cuerpo fallo y cayo de nuevo a la cama. Se llevó las manos a la cabeza al marearse y miro a un lado de la cama un balde donde vomito.
Miro el cuarto. Era algo pequeño, solo tenía la cama, un ropero, una silla en una esquina y una televisión. Kise frunció el ceño y se sentó. La ropa que llevaba puesta no era la misma de ayer, el pans y la camiseta eran unas medidas más grandes que él. Su cuerpo protesto y se revisó. Tenía una pomada en varios moretones a lo largo de su cuerpo y la mano derecha vendada donde uno de sus atacantes le había cortado.
¿En dónde estaba? Era claro que no era un hospital, al menos su salvador había respetado su decisión antes de desmayarse pero lo más importante era saber quién fue el que lo ayudo, Kise no había alcanzado a verlo.
Llevo sus manos al vientre y acaricio, estaba vez había hecho todo para proteger a su bebe, no volvería a cometer el mismo error que con Haizaki, ya nadie iba a lastimar a su bebe, él no lo iba a permitir y era una promesa y Ryota jamás rompía una. Sin embargo, su cuerpo dolía horrores y las lágrimas recorrieron por su rostro.
¿Cuándo las cosas por fin mejorarían? ¿Cuánto más tenía que sufrir? ¿Cuánto más tenía que llorar? ¿Por qué la vida era así con él? Definitivamente había sido una mala persona en su vida pasada para que el karma le estuviera golpeando de esa manera.
Se limpió el rostro cuando escucho una voz masculino fuera de la habitación, al parecer hablaba por teléfono. La curiosidad le gano y armándose de fuerza, logro levantarse y caminar hacia la puerta. Frunció el ceño y mordiéndose el labio, se atrevió a abrir la puerta y salió. Camino hacia donde se escuchaba la voz y miro que se encontraba en un departamento, no era muy grande y en la cocina, un hombre hablaba por celular mientras buscaba algo en el refrigerador.
En la mesa había comida servida y a Ryota se le hizo agua la boca, tenía un hambre atroz y sentía que era capaz de comerse todo. Y sin ser consciente de sus acciones, se fue acercando a la mesa y tomo un poco con las manos.
-Oh, ya estas despierto. Mejor siéntate para comer
Kise levanto la mirada y sonrojo violentamente. Su salvador estaba a un metro de él y le sonreía divertido. Era tal vez un par de años más grande que él. Era unos centímetros más alto pero un poco más ancho, de piel morena. Tenía un cabello azul oscuro corto que hacia juego con su par de intensos ojos. El hombre era realmente atractivo y Kise tenía que admitirlo, era caliente. Y tenía el presentimiento de haber visto su rostro en alguna parte.
Kise aparto la mirada cohibido.
-Yo…bueno-No sabía que decir
El joven hombre rio ligeramente y sacudió la cabeza sin perder la sonrisa.
-Siéntate, hay que desayunar antes de que se enfrié la comida, ¿bien?
Kise asintió porque realmente tenía hambre y su bebe también. Se sentó y comenzó a comer arroz blanco.
-Me llamo Aomine Daiki, soy policía
Kise sintió un escalofrió por todo su cuerpo y levanto la cabeza. Abrió la boca para decir su nombre pero la cerro rápidamente al recordar de donde lo conocía y tuvo miedo de que Aomine lo reconociera a él. Aomine también había sido jugador de basket y uno realmente bueno pero no le toco jugar contra él ya que era 3 años mayor que Kise. No, no podía decir su nombre verdadero.
-Reiji Tsukishima
Aomine solo asintió y comenzaron a comer en silencio por unos minutos hasta que Aomine le pregunto por qué no dejo que lo llevara a un hospital. Kise había suspirado profundamente y dejando de comer, le conto casi toda la verdad pero transformada para evitar preguntas que no quería contestar, principalmente para proteger su identidad. Su novio lo maltrataba y le había sido infiel, Kise no lo soporto más y tomo la decisión de huir lejos, sabía que era mentir pero era mejor así. No menciono que estaba embarazado, después de todo no lo volvería a ver.
Aomine lo miro a los ojos de una manera tan intensa y profunda, que Kise sintió que miraba dentro de él, que miraba su alma.
-Tomaste una buena decisión Reiji, no debes de permitir eso aunque creo que debiste mejor a ver ido con la policía inmediatamente, incluso puedo llevarte yo pero no soy nadie para juzgar. Desgraciadamente se lo que es eso y las grandes tragedias que pueden ocurrir, después de todo soy policía y está en mi labor proteger a todos y si necesitas ayuda, te puedo apoyar, tengo unos amigos que podrían ayudarte a buscar un lugar donde vivir y de empleo
Kise asintió con las mejillas coloradas y después de unos minutos siguieron comiendo en silencio, en uno que no era para nada incómodo. Solo esperaba que como Aomine había dicho, había tomado la mejor decisión.
Se sentó en el sillón y dejo la taza de té en la mesa antes de prender la televisión como Aomine le había pedido mientras este lavaba los trastes y llamaba a sus amigos. Hacia unos minutos habían terminado de almorzar y Kise se había colocado en la sala a esperar.
Miro a su alrededor con curiosidad. Noto que había varios juguetes y películas infantiles, pero solo había una fotografía. Se levantó y se acercó para verla. Se trataba de un cuadro con dos fotografías. La más grande era un collage de varias fotografías más pequeñas de un precioso niño de unos 6 años con una pelota de basket, de cabello castaño, piel clara y grandes ojos azul oscuro, con una amplia sonrisa y mejillas rosadas. La otra era de un Aomine más joven y un doncel castaño y embarazado sentado en sus piernas.
-Oh
Aomine no era soltero, estaba casado y tenía una hermosa familia. Era obvio, Aomine era un hombre demasiado guapo y ardiente como para que estuviera disponible y Kise sacudió con furia la cabeza al notar hacia donde iban sus pensamientos. Dejo la foto y volvió a sentarse.
No estaba seguro de que decir después, de que iba a pasar. Era claro que tenía que dar las gracias pero se sentía nervioso. Lo había salvado, lo había curado, lo había cuidado, lo había dejado dormir en su casa, no lo había llevado a un hospital y lo había alimentado. Aomine era una buena persona.
Su mente estaba en otro lado que no prestaba atención a la televisión ni a su alrededor así que no se dio cuenta cuando Aomine se había sentado a su lado hasta que sintió su penetrante mirada azulada sobre él y volteo encontrándose con la sonrisa del peliazul.
-¿Cómo te sientes Reiji?
Kise frunció el ceño y lo miro confundido pero rápidamente recordó. Él era Reiji. Sonrojo y sacudió ligeramente la cabeza.
-Estoy bien, gracias-suspiro-Creo que es mejor que me vaya
Aomine ahora el sacudió su cabeza suspirando.
-No creo que sea conveniente Reiji, no soy médico pero sé que es mejor que descanses. Pasa la noche aquí, no hay problema, mañana te vas…Y contacte una amiga, ella vendrá en par de horas para traer posibles lugares
-¡No! Ya has hecho mucho por mí y te lo agradezco de todo corazón, pero solo esperare a tu amiga y me voy, no quiero ocasionar más inconvenientes a tu familia y a ti-y al notar que Aomine iba a decir algo, continuo-Por favor
Aomine volvió a utilizar su intensa mirada ocasionando que se incomodara pero asintió y solo miraron la televisión y de vez en cuando hablaban de trivialidades cuando la televisión los aburría. Aomine se fue después del mediodía por una emergencia en su trabajo y Kise se tuvo que quedar en su casa esperando a la amiga de Aomine pero no tuvo que esperar mucho porque una hora después de que él se fue, la puerta se abrió y la voz de un niño se escuchó.
-¡Papa! ¡Ya llegue!
Kise se levantó como si de un resorte se tratara y sintió las mejillas ruborizarse cuando los ojos del menor se colocaron sobre él.
-¿Quién eres y dónde está mi papá?-interrogo el menor con ojos lagrimosos
Kise abrió mucho sus ojos al ver las lágrimas en los ojos del menor pero una mujer pequeña y de pelo rosada hablo primero.
-Tranquilo Dai-chan, es un nuevo amigo de tu papá, ve a tu cuarto para quitarte tu uniforme mientras hablo con ¿Tsukishima-san, verdad?
Kise solo asintió automáticamente y miro como el niño de la fotografía se limpiaba el rostro y corrió hasta entrar a un cuarto, luego regreso su mirada a la mujer. Ella saco unas hojas de una mochila y se las extendió.
-Me llamo Satsuki Momoi y esto fue lo que pude conseguir
Kise los tomo e hizo una leve inclinación. –Muchas gracias, yo me retiro. Por favor, agradécele de mi parte a Aomine-san y dile que le regresare el favor que me hizo
Momoi solo asintió y Kise salió de la casa. Busco un taxi y unos minutos después Kise estaba de regreso a su habitación del hotel. Tenía que recuperar el tiempo perdido. Antes de irse a dormir, vómito y luego se acostó. A la mañana siguiente, fue a las entrevistas de empleo y fue a ver más departamentos que Momoi le había conseguido. Encontró un pequeño departamento no muy lejos de un posible trabajo, era lo suficiente para él solo, contaba con lo necesario y la renta era accesible, así que lo agarro.
Esa tarde agarro todas y en la noche ya estaba instalado en el departamento. Kise sonrió con ganas, sentía que las cosas iban mejorando poco a poco, las cosas se iban acomodando. Un paso a la vez, como decía su abuela. Su nuevo hogar necesitaba cosas y estaba emocionado de empezar con los arreglos.
Saco su dinero y lo conto. Aún tenía bastante pero tendría que ir al banco y retirar todo su dinero ahorrado, todo lo que había ganado como modelo. Hizo la cena pero no pudo terminar de comer al sentir náuseas y mejor se fue a dormir. Despertó pasadas de las 10 de la mañana cuando su celular sonó, había comprado una nueva tarjeta y así cambiar de número de celular pero había guardado los números de sus amigos más cercanos incluso ya había hablado con Kasamatsu para no preocuparlo más.
-¿Si? ¿Hola?
-Oh…hom, ¿Tsukishima Reiji-sama?
Kise frunció el ceño pero luego sus labios se extendieron por todo su rostro en una amplia sonrisa. Colgó y no se aguantó las ganas de gritar de la emoción. ¡Había conseguido el trabajo! Trabajaría en una florería, Ryota amaba las flores, su abuela le había heredado ese gusto por las flores y cuando había sido niño habían hecho mucha jardinería.
Además sentía que de esa manera estaba con su abuela, conectada con ella. Empezaba en la semana que seguía, en tan solo dos días. Su horario seria de lunes a sábado, de 9 de la mañana 6 de la tarde con una hora libre. No estaba mal y la paga era buena, suficiente para lograr mantenerse y a su bebe.
Un paso a la vez.
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Kise entro a su departamento y corrió al baño, se arrodillo en el escusado y vomito. Se lavó la boca y salió del baño directo a la cocina por un vaso con agua. Se había cumplido exactamente dos meses desde que huyo de Haizaki, tres meses de embarazo y su vientre apenas comenzaba a notarse un poco hinchado, había subido un par de kilos pero solo se notaba si se levantaba la camisa y se ponía de perfil.
En su trabajo se llevaba bien con su compañero y su jefa y hasta el momento no había recibido queja alguna o un regaño, más bien Airi Haruno había dicho que desde que comenzó a trabajar ahí, había más clientela femenina que en realidad venían por él. Su compañero era Kouki Furihata, un joven de 23 años que por problemas no había podido terminar la universidad y trabajaba para ayudar a su madre con sus hermanos menores. Kise no sabía mucho de él pero por lo poco que Airi le había contado, su padre había muerto en un accidente dejando varias deudas que el intentaba pagar y por ello tenía dos trabajos y había desertado en la universidad.
Furi le caía realmente bien y con el poco tiempo que llevaban conviviendo le había cogido cariño pero ¿quién no lo haría? Era adorable y Kise no desperdiciaba oportunidad alguna para abrazarlo y restregar su mejilla contra el cabello castaño de Kouki. Si tuviera que describirlo con una sola palabra, sin duda seria chihuahua. Furihata parecía un perrito chihuahua pero uno lindo.
Airi era una mujer cincuentona, de ojos y cabellos negros, era guapa y se conservaba joven, no aparentaba su verdadera edad. Había enviudado hace unos 5 años y no tenía hijos. Era una mujer fuerte, amable, divertida y servicial con todo aquel que necesitaba ayuda, era una persona admirable.
Durante esos días se había atrevido a mantener contacto con Kasamatsu, después de todo era como un hermano para él y única familia que tenía al momento. También se había atrevido también ir con un doctor, de la confianza de su jefa después de que se había desmayado en su trabajo y habían descubierto su embarazo. Su bebe estaba bien pero le había recetado unas vitaminas y recomendado evitar el estrés porque tenía ligeramente un poco alta la presión y eso podía afectar al feto. Al final, les había contado su historia a su jefa y a Furihata pero sin decirles todo por completo y la verdad, como a Aomine a quien no había vuelto a ver.
Ese día se había levantado temprano, se había bañado y desayunado antes de irse a su trabajo. Llego al mismo tiempo que Furihata quien había abierto la tienda, Airi había salido de emergencias y le había dejado las llaves al castaño. Fue un día tranquilo y habían cerrado un poco más temprano de lo habitual. Había ido a cenar a un Magi Bumger con Kouki y luego cada uno se retiró a sus casas.
En su departamento se había sentado en su sillón para ver un poco de televisión y unos minutos después volvió a comer algo ligero. Se fue a su cuarto donde se sentó en una cama con un libro de maternidad que Airi le había regalado y se puso a leer cuando sin darse cuenta se había quedado dormido.
Se había despertado por el fuerte olor a humo, todos los gritos a su alrededor y al sentirse sofocado. Se estaba incendiando el edificio. Kise tocio y se levantó de un salto para guardar en una mochila todas sus cosas de valor y el dinero. Al salir de su departamento, los ojos le picaron por el humo y su respiración se cortó por unos minutos.
No se miraba mucho. Se había dado la vuelta listo para irse y ponerse a salvo lejos del edificio cuando unos llantos lo hizo detenerse y recordar a su vecina. Orihime era una mujer pasando de los treinta, con un niño de 5 años, con un bebe casi a punto de dar a luz y su esposo había tenido que salir de la ciudad por su trabajo y regresaba la siguiente semana por lo que estaba sola con el niño. Y si escuchaba llantos solo significaba que aún no habían salido del edificio.
Kise tenía que hacer algo y eso hizo. Corrió hacia la puerta e intento abrir pero estaba cerrado así que tomando distancia, se impulsó hacia la puerta y la abrió de una fuerte patada, no era débil físicamente. Se asustó al ver a Orihime inconsciente en el suelo y a Kazui intentando hacerla despertar. Kise entro en pánico al notar que las fuertes y gigantes flamas se acercaban pero de algo estaba seguro, iba a sacar a Orihime y al menor de ahí aunque no estaba muy seguro de cómo.
Se acercó a los niños y les sonrió para tranquilizarlos y revisar el pulso de la mujer.
-Kazuicchi, los voy a sacar de aquí pero tienes que hacerme caso, ¿de acuerdo?
Kazui lo miro sin dejar de llorar pero asintió. Ryota tomo a la mujer en brazos e hizo que Kazui se agarrara de una de las correas de la mochila y que no la soltara en ningún momento hasta que estuvieran a salvo lejos del fuego. Al salir al pasillo el fuego ya había llegado hasta ellos y Kise corrió como pudo con la mujer en brazos y no tan rápido para que Kazui pudiera seguir su paso.
Sus ojos picaban y su garganta la sentía seca, sentía sudor recorrer por su cuerpo y sentía miedo. Una parte de su mente le pedía que los dejara para que se salvara él y su bebe pero simplemente no podía dejar a Orihime embarazada e inconsciente y Kazui a su suerte. Sus ojos se llenaron de lágrimas y rápidamente recorrieron por su rostro.
-Por f-favor… ¡Ayuda!
"¡Que alguien nos ayude!". Sus pies comenzaron a flaquear y su vista se hizo borrosa, y en su mente comenzó inmediatamente a rezar a todos los dioses que conocía para que los salvara a todos. Sollozo al escuchar el llanto desesperado y asustado del menor, sintió sus respiraciones se volvían dificultosas y el pulso de Orihime se iba volviendo lento. "Por favor…"
Fue cuando escucho un sonido, la voz de un hombre y sintió un poco de esperanza que comenzaba a evaporarse. El teñido intento gritar pero de su boca ni una sola palabra salió, su garganta le dolía y trago saliva. No soporto más sus piernas y cayo de rodillas. Pero Kazui al escuchar la voz, comenzó a gritar con la garganta irritada pidiendo ayuda.
De pronto, de entre las llamas pareció un bombero, de complexión alta y corpulenta, no podía ver su rostro por el casco que llevaba. Kise casi sonrió y se echó a llorar al sentirse aliviado. La ayuda había llegado. El bombero se acercó y le ayudo tomando a la mujer inconsciente, Ryota se levantó pero no lograba entender lo que el bombero decía, su cabeza daba vueltas y su todo era borroso hasta que el bombero le dio una suave patada que le hizo reaccionar y mirarlo.
-¡Sígueme y ayuda al niño!
Kise tosió pero asintió. Tomo una mano del Kazui y jalo de él, bajaron dos pisos por las escaleras ya que vivían hasta el último piso que era el quinto pero las llamas no los dejaron continuar más. Escucho que el bombero hablaba posiblemente por radio pidiendo ayuda para salir del edificio porque el fuego no los dejaba avanzar más y estaban en el tercer piso.
-¡Vamos!
Ryota volteo y lo siguió. El bombero caminaba sin miedo y sin esfuerzo. Miro con admiración como el bombero aun con la mujer en brazos, de una patada tiro una puerta que les impedía continuar. Ryota a pesar de todo el ruido que había de sirenas y el fuego consumiendo cosas, alcanzo a escuchar el crujir de la madera y levanto la mirada. Con los ojos muy abiertos noto como un pedazo de techo de desprendía y su cuerpo reacciono rápidamente. Se dio media vuelta cubriendo con su cuerpo a Kazui. Al caer al piso, sintió que su frente golpeo contra el piso y la madera caer a sus pies apresándolos. Kise no pudo mantenerse consciente.
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Despertó en un cuarto en blanco, con suero conectado en sus venas y una mascarilla que lo ayudaba a respirar. Al comprender que estaba en un hospital, entro en pánico y se sentó para quitarse las cosas pero en ese momento, la puerta de la habitación se abrió y una joven enfermera entro.
-¡No, no se los quite! ¡Tranquilícese por favor!
Kise obedeció a regañadientes y la enfermera le reviso sus signos. Recargo la cabeza en las almohadas y suspiro. ¿Qué paso? ¿Por qué estaba en un hospital? No lo lograba recordar.
-Voy a decirle al bombero y al policía que ya despertó-Kise la miro confundido y ella sonrió suavemente-desde que lo trajeron al hospital y supo de su condición, por cierto felicidades, no se han retirado
Kise la miro sorprendido. ¿Bombero, policía? Frunció el ceño y resoplo porque seguía sin recordar, su cabeza y piernas dolían horriblemente. Entonces fue cuando cayó en la cuenta de lo que la enfermera dijo. Sabían que estaba embarazado. Volteo el rostro para verla y decirle algo pero ella ya había salido de la habitación y mejor cerro los ojos. Los volvió a abrir al escuchar que la puerta se abrió y se sorprendió de ver entrar al peliazul, Aomine, con su uniforme de policía y a un bombero moreno, pelirrojo y de la misma complexión que el policía. Sus expresiones eran de genuina preocupación.
-¿Están bien?-pregunto Aomine al acercarse
Kise sonrojo ante el plural de su pregunta y sonrió levemente.
-Sí, gracias pero-frunció el ceño-¿qué paso?
El bombero arrugo el rostro desconcertado y Ryota se mordió internamente la mejilla ante lo gracioso que se miraba sus extrañas cejas fruncidas.
-Tu edificio se incendio
Kise puso los ojos en blanco y los recuerdos regresaron a su mente con fuerza, tanto que comenzó a dolerle aún más y llevo las manos al rostro al sentir sus ojos llenarse de lágrimas.
-Sí, sí, lo rec… ¡¿Kazui?! ¡¿Orihime?!-lo miro asustado-¡¿Están bien?!
Aomine asintió. –Lo están, están bien, nada grave, solo-sus ojos azules lo miraron con gran intensidad-solo que te arriesgaste demasiado al proteger al niño lo que fue estúpido considerando tu condición pero-se rasco la nuca-fue valiente
El teñido ruborizo. Durante su vida solo una persona le había llamado valiente y había sido su abuela. El bombero, que se presentó como Kagami Taiga, amigo de Aomine le conto lo que paso. El edificio departamental había sido consumido por el fuego y muy pocas cosas habían podido salvarse, no había muerto nadie, solo heridos pero nada de gravedad.
Kise sintió su corazón volverse a romper. Todo lo que comenzaba a construir para su nueva vida se había destruido de un momento a otro. Sus esperanzas, su nuevo hogar. No pudo con todas las emociones que se le juntaron y comenzó a sollozar, rompió a llorar como había se había prometido no volver a hacerlo pero no podía soportar más.
-¡¿Por qué yo?!-grito entre lágrimas y llevo sus manos a su cabello-¡¿Hasta cuándo…?!
"¡¿…Seré feliz?! ¿Cuánto más tengo que sufrir?". Se encogió pegando sus piernas al pecho y llevando las manos a su vientre, como si con esa acción pudiera proteger a su bebe de todo, y recargo la cabeza en las rodillas sin dejar de llorar.
-Yo, hom…-escucho que Aomine trago saliva-Lo siento por todo, Kagami salvo tu mochila, aquí la tengo conmigo y no la abrí
Kise no levanto el rostro pero de reojo miro al peliazul. El policía se rascaba la nuca nervioso, como si quisiera darle consuelo, algunas palabras de aliento pero no supiera que o como y de pronto Aomine respiro hondo, se puso a su lado y con timidez pero firmemente, le acaricio la espalda sin decir nada y eso para él fue reconfortante, el saber que por el momento no estaba solo.
Duro unos minutos así hasta que se calmó y Aomine se apartó. Ninguno dijo nada. El peliazul fue el primero en romper el silencio cuando lo miro a los ojos con una expresión seria pero decidida y suspiro.
-Ven a vivir conmigo-dijo
Kise parpadeo varias veces sin despegar sus ojos dorados de los azules de Aomine, procesando lo que le había dicho.
-¡¿Qué?!
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