Hola chicos y chicas traigo la conti de este ffc xD

Muchas gracias por sus reviews! me alegro de que hasta ahora les guste este ffc =D aquí empezaran a aparecer nuevos personajes y caras que ya conocemos... y que amamos mucho *-*

Aproposito, en este capítulo hay referencias a los Gaidens y también del final del manga de SSTLC, así que los que no se lo hayan leído tengan cuidado... ¡Porque hay Spoiler! :3

ACLARO: los personajes de SSTLC no son míos, son de Masami Kuramada y Shiori Tenshirogi... sin embargo la trama es completamente de mi invención xD

Cinn tambien es todo mio. :3

Disfrute y espero mas reviews!


Capítulo 2

Grecia, Santuario

Albafika, Santo Dorado De Piscis acababa de llegar de una misión desde las costa de España, y en ese momento se dirigía al templo del Pope, para entregar su informe, sus largos cabellos azul claro se mecían suavemente con la brisa al igual que el sobretodo, su piel blanca y ojos azul cobalto brillaban con los rayos del sol, y colgado de un hombro estaba la caja que contenía su armadura, ya que una vez realizada su tarea no vio porque debía seguir usándola y llamar aun más la atención sobre sí mismo. Se extraño, al pasar por la aldea de Rodorio, que su joven amiga Agasha no saliera a saludarlo, de hecho ella no parecía estar por ningún lado alrededor. Aun recordaba la cálida bienvenida que ella y su otro amigo Pefko le habían dado luego de que hacía un año volviera a la vida junto con sus compañeros de armas gracias a la Diosa Athena, que decidió sus santos merecían una nueva oportunidad.

—Hey, Albafika... — lo llamo una voz masculina, muy conocida por el de cabellos azulados.

Deteniéndose justo a las afueras de la aldea Rodorio, Albafika se giro para ver a uno de sus compañeros aproximarse a él, al igual que el de cabellos azulados, este iba vestido con sobretodo, camisa blanca y pantalones negros, sus cabellos cortos castaño claro tenia destellos miel por el sol, su piel blanca estaba saludables y los ojos azules como el cielo poseían una calma y sabiduría que siempre lo clasificaban a él en particular.

—Sisyphus... — asintió a modo de saludo, al Santo Dorado de Sagitario. Al estar este a su lado, Albafika noto que también portaba la caja con su armadura dorada.

—Aparentemente ambos hemos regresado al mismo tiempo— comento Sisyphus cuando reiniciaron la caminata hacia el Santuario.

—Sí, así es... —asintió él, por alguna razón había comenzado a tener una sensación extraña, como de inquietud... a la espera de que sucediera... algo. Frunció el ceño desconcertado.

—¿Algo en particular te molesta?— interrogo su compañero de armas, notando obviamente que algo rondaba la cabeza del Santo de Piscis.

Albafika hizo una mueca, sabiendo que probablemente su descuido era lo que había hecho percibir a Sisyphus que algo sucedía, pero no es como si de todas formas él pudiera ocultarles algo a sus compañeros por mucho tiempo; luego de ser revividos todos habían adquirido un sexto sentido que les hacía saber si a alguno de ellos estaba preocupado o inquieto por mucho tiempo. Sobre todo si rondaban cerca de alguno de ellos.

—Realmente no lo se... es como... — dudo un poco, considerando realmente que era lo que percibía con exactitud, al no encontrar nada concreto, se encogió de hombros. —Una sensación extraña... no sé que es.

Sisyphus lo observo en silencio por unos minutos, sus ojos azul cielo tranquilos analizaban lo dicho por Albafika, pero justo como el de cabellos azul, llego a la conclusión de si bien no sabían de que se trataba, tampoco debían descartar los presentimientos tan a la ligera... hicieron el resto del camino hasta la casa del Pope en un silencio agradable, ambos perdidos en sus propios pensamientos. Los únicos que estaban en sus respectivos templos eran, Asmita Santo Dorado de Virgo, que como siempre estaba meditando en su templo de Virgo, y Degel Santo Dorado de Acuario... el cual se encontraba esperándolos en la entrada de su templo.

—Buenos días, Degel... pedimos permiso para pasar por tu templo— informo Sisyphus deteniéndose frente al Santo de hielo.

Degel los observo con tranquilidad, de cabellos verde, piel blanca y ojos azul oscuro era una de los Santos más inteligente del Santuario, pero nunca era engreído o actuaba superiormente.

—Si, Albafika, Sisyphus pueden pasar... el Pope los está esperando— comunico él, con un libro grueso y grande bajo el brazo y sus usuales lentes sobre su nariz. Asintiendo hacia la salida, se dio la vuelta y continuo hacia la biblioteca que estaba en su casa.

Ninguno de los dos dijo una sola palabra, aparentemente su nuevo Pope quería hablar con ellos, así pues no se hicieron esperar más tiempo y emprendieron la subida, hasta la Casa de Piscis, donde Albafika dejo su armadura, igual que previamente había hecho Sisyphus cuando pasaron brevemente por Sagitario; seguidamente subieron el resto de las escaleras hasta alcanzar el templo del Pope.

Dentro en la silla con su túnica negra y el casco dorado, estaba sentado Shion, antiguo Santo Dorado de Aries, y en ese momento actual patriarca designado por la Diosa Athena. De largos cabellos rubios, piel blanca y ojos rojos como rubíes, Shion era la perfecta imagen de la raza Lemurian. Ambos Santos Dorados se adelantaron lo suficiente hasta estar frente a él y luego se arrodillaron en señal de respeto.

—Sisyphus... Albafika... bienvenidos— comento Shion cálidamente a ambos.

Luego de una breve platica sobre las dos misiones, en donde cada uno de ellos entrego un informe detallado y explicito sobre lo que consistió su deber. Ninguno de los dos había tenido problemas, ni ningún inconveniente.

—Albafika... ¿Hay algo que te preocupe?— interrogo Shion con preocupación, observando el rostro de su amigo.

Albafika suspiro, si bien se lo había esperado aun no se acostumbraba del todo a que los demás percibieran cosas sobre él, luego de tantos años manteniéndose alejado de las personas tanto física como emocionalmente le estaba costando horrores interactuar con los demás y dejar que estos se acercaran a sí mismo.

Abrió la boca empezando a decir lo mismo que le había comentado a Sisyphus, cuando fue interrumpido por un golpe en la puerta principal del templo del Pope. Los tres se miraron entre sí, algo confundidos, al mismo tiempo que los dos Dorados se levantaron y pusieron derechos viendo hacia la entrada.

—Adelante— dijo Shion, dando permiso a la persona para pasar.

Al instante un mensajero entro en la sala, su uniforme era igual al de los aprendices de Santo pero este tenía el distintivo de una paloma tatuado en el hombro, haciéndoles saber que pertenecía al grupo de mensajería de Palomas Blancas, un medio de comunicación que no era usado mucho últimamente, pero que en la antigüedad era el principal método de comunicación.

—Siento mucho la interrupción, Pope... pero traigo un mensaje codificado como urgente— se inclino el hombre, arrodillado cerca de los tres de más alto rango.

Hubo un silencio, luego Shion tomo la palabra de nuevo.

—¿Para quién va dirigido?

El hombre levanto la cabeza, antes de pararse por completo.

—Para el Santo Dorado De Piscis.

Tanto Shion como Sisyphus fijaron sus mirada en su compañero de cabellos azulados, recordando claramente que Albafika previamente había tenido un presentimiento. Una vez entregado el pergamino en manos del santo, el mensajero se retiro un poco para darles privacidad.

Lo primero que noto Albafika es que el sello del pergamino era una paloma blanca con una rama de olivo, distintivo de las islas cercanas al Santuario, pero el color verde de la piedra que portaba el animal en la boca, le dijo de que isla en especifico era... La Isla de los Curanderos. Aun mas confundido porque solo conocía a una persona de allí, y esa en particular era muy versada en hierbas, venenos y medicinas, como para requerir de su ayuda en nada. Decidido a averiguar de qué trataba eso, deslizo el sello del pedazo de pergamino, y lo desenrollo para leer el contenido.

Levanto la vista con brusquedad, mientras fruncía el ceño sin comprender del todo, las letras de lo que había leído le bailaban en la cabeza, así pues dirigió de nuevo la mirada a hacia el pergamino y a medida que leía su expresión se volvió más oscura.

"Islas de los Curanderos

Albafika-sama se le ha hecho llegar este mensaje por pedido de Pefko, debido a que este tiene bajo su cuidado a una paciente que presenta extraños signos de envenenamiento desconocido hasta ahora por el curandero en cuestión... la paciente, una joven mujer originaria de Rodorio, Grecia, llamada Agasha, se encuentra en grave estado de salud que va deteriorándose poco a poco.

Se le agradece al Santo Dorado de Piscis, Albafika, que responda con la mas pronta celeridad posible. "

Girando fijo la mirada azul cobalto sobre el mensajero, haciéndole un gesto algo brusco para que se acercara, lo cual hizo a todo velocidad.

—Envía una respuesta ya mismo, que diga que estaré allí en dos días a partir de hoy.

Los tres vieron desaparecer al mensajero por la puerta principal.

—¿Que ha sucedido?— Interrogo Shion, con voz y rostro serios, algo preocupado por la expresión del rostro del de cabellos azules.

Albafika respiro hondo antes de responder, cada instinto de su cuerpo le decía que saliera corriendo de ese lugar de inmediato para llegar al lado de la joven Agasha, pero habían cosas por hacer para poder ir sin complicaciones, así pues se forzó a quedarse.

—Se ha requerido mi presencia con urgencia en la Isla de los Curanderos.

Para Albafika no era ningún secreto que sus compañeros sabían a quien frecuentaba el Santo Dorado de Piscis, aparte de ellos mismos, solo interactuaba con Pefko, el joven que conoció hacía muchos años hijo adoptivo de el hermano gemelo de su maestro y la joven ciudadana de Rodorio.

—Aparentemente, alguien ha sido envenenado y Pefko, el curandero de la isla con toda la experiencia de sus años, no ha logrado determinar qué clase de veneno es— comunico con voz sombría. —Es todo muy extraño... el debería ser capaz de diferenciar los venenos y hacer una cura... ¿pero uno desconocido?

Sisyphus asintió en acuerdo con su compañero de cabellos azules.

—Sí, es extraño que un curandero con tanta vasta experiencia como el joven, no pueda resolver este dilema.

—En efecto... A demás... — Shion hizo una pausa que llamo la atención de ambos Santos. —Hace poco Degel me informo de que ha habido movimientos extraños en las estrellas...

—¿Que quiere decir, Pope?—inquirió con desconcierto, Sisyphus.

Aunque habían sido compañeros de armas, ahora que Shion era el nuevo Pope del Santuario, los Santos lo llamaban como tal por respeto, aunque cuando estaban fuera del Santuario se tuteaban como amigos.

—Aun no hemos podido descifrar de donde proviene o qué es, pero sabemos que se acerca a nosotros y no es amigable— contesto levantándose de su silla, camino con ellos hacia la salida del templo. —Puede que esto tenga algo que ver... o simplemente puede ser casualidad, y no esté relacionado para nada con ese asunto, pero como todos hemos aprendido... hay muy pocas probabilidades de que así sea...

Ambos estuvieron de acuerdo con él.

—Partiré en lo que acomode algunas cosas— informo Albafika, ya haciendo cálculos mentales de lo que iba a hacer.

—Espera, Albafika— al este darse la vuelta para encarar al Pope, Shion continuo. —Me parece que sería prudente que Sisyphus te acompañara en este viaje... si resulta no ser nada, bueno... entonces está bien, pero si ocurre un imprevisto estarán preparados.

A Albafika realmente le traía sin cuidado eso, pero si de verdad lo que le había pasado a Agasha estaba relacionado con un posible ataque al Santuario, era sabio tener a otro Santo Dorado alrededor, en especial si era para proteger a las personas ya que como su sangre era venenosa no se atrevía a tocar a nadie por miedo a hacerles daño o peor, matarlos.

—Sí, por mi está bien... — Albafika se volvió hacia su acompañante. —¿Estás de acuerdo en esto?

Sisyphus no tuvo que pensarlo mucho, no tenía nada que hacer en su templo ya que hacía poco tiempo había terminado las reconstrucciones, y tenía esa sensación extraña que le decía que debía ir, y el siempre confiaba en sus instintos ya que muy rara vez se equivocaban.

—No tengo problema con ello— fue todo lo que él dijo.

Así pues ambos Dorados se encaminaron hacia sus respectivos templos luego de quedar en el muelle para abordar el barco que los llevaría a la isla. Se asearon, y pusieron una ropa parecida pero limpia, y tomaron sus armaduras en las cajas. Media hora más tarde, Sisyphus y Albafika se encontraron en el puerto, el barco ya estaba preparado para partir en lo que el capitán diera la orden; por orden de el Pope, ese barco en particular que ya tenía curso para la Isla de los Curanderos, había retrasado la partida media hora para así esperar a ambos Santos de Athena.

Unos minutos después de embarcar, levaron anclas y zarparon rumbo a la isla, los dos Santos estaban en la proa del bote, mirando a mar abierto. Albafika portaba una camisa blanca, un sobretodo borgoña, pantalones negros con botas altas de igual color. Por el contrario, Sisyphus llevaba una camisa blanca, un sobretodo color chocolate, pantalones negros y zapatos del mismo color.

—¿Quien es el paciente de la carta?— pregunto Sisyphus, recostado de espaldas contra la baranda de madera del barco, tenía la mirada fija en el rostro de su compañero.

Albafika suspiro, ya sabía que a Sisyphus le rondaba aquello por la cabeza desde que él había dicho el contenido del mensaje. Por un momento se permitió pensar en la jovencita, Agasha era una de las pocas constantes en su vida, siempre tenía una sonrisa que ofrecer a los demás y en el tiempo que él no estuvo, ella junto con la joven pupila de Aldebaran Santo Dorado de Tauro, Serinsa, habían ayudado a reconstruir la aldea de Rodorio y cuidado y protegido a huérfanos sobrevivientes de la Guerra Santa contra Hades. Hizo una mueca de disgusto, ella no merecía estar en aquella situación, y si él podía hacer algo para ayudarla, como el infierno que lo haría.

—Agasha.

Sisyphus se tomo unos segundos para que el nombre hiciera conexión, e inmediatamente trajo un rostro a su mente. Ahora no le extrañaba para nada la prisa de su amigo para ir de inmediato, si se trataba de ella, lo más seguro es que fuera algo grave... el de cabellos azul no se tomaba la seguridad de sus más allegados a la ligera, la verdad es que ninguno de los Santos lo hacía.

—La jovencita que siempre había ido a llevar ofrendas al Santuario, vive en Rodorio— relato Sisyphus, pero al llegar a esa última parte hizo una pausa. —¿Todavía vive allí, no?

Cuando Albafika asintió, el ceño de Sagitario se frunció ligeramente.

—¿Entonces porque esta ella en las Islas de los Curanderos?

El de cabellos azul respondió mecánicamente.

—Desde hace cuatro años, ella hace viajes de vez en cuando fuera de Rodorio por una semana o así... lleva flores para vender en las islas cercanas y también lleva medicamentos, debido a que su padre ya no puede hacerlo porque se lesionó cuando Minos de Griffo ataco la aldea cuatro años y medio atrás— hizo una pausa, y se recostó de la baranda de madera apoyándose en los codos con la vista fija en el mar tan azul, como sus ojos cobaltos que brillaba por el sol de principios de mediodía. —Pero últimamente, desde hace un año, aproximadamente desde que revivimos, una vez al mes durante una semana entera viaja lejos de Rodorio... nunca le he preguntado a donde va, siempre supuse que visitaba a Pefko, ya que también es uno de sus amigos.

Su compañero asintió, todo tenía sentido... salvo, ¿porque viajaba tanto en el último año y tan seguido? Seguro se enterarían al llegar. Ambos se quedaron en silencio, perdidos en sus propios pensamientos, pero en lo que concordaron fue en que sea lo que sea lo que encontraran en la Isla, seguramente no les gustaría.

Exactamente dos días luego de haber recibido el mensaje, los Santos Dorado avistaron tierra al amanecer, aunque ambos habían dormido y realmente el viaje no había tenido ningún contratiempo, a medida que las horas habían pasado el presentimiento que sentían sobre lo que encontrarían al llegar, se transformo en un nudo en el estómago. Al bajar del barco los estaba esperando un hombre de cabellos rubio ceniza y ojos marrón, que Albafika reconoció de sus visitas a la Isla de los Curanderos, pero la expresión sombría del hombre le puso los bellos de punta a ambos. Con las armaduras en sus cajas, se acercaron a él.

—Me alegro que haya podido venir, Albafika-sama— fue el primer comentario de Cinn, pero su expresión aunque se aligero, no dejo de ser sombría. —Por favor, por aquí.

Sin otra palabra más que para presentar a Sagitario, los tres hombres se encaminaron con paso veloz atreves del pueblo en silencio, siendo seguidos por las curiosas miradas de los aldeanos, y no fue sino hasta que salieron por completo del pueblo que Albafika hablo.

—¿Cuéntame que ha sucedido, Cinn?

—Yo... Albafika-sama, la joven Agasha no está bien— aunque trato, Cinn no pudo evitar que en la voz se traslucieran las lágrimas. —Pefko ha hecho cuanto a podido por ella, pero simplemente nada ha mejorado su salud...

Por un momento Albafika temió haber llegado tarde, y el solo pensar que la cálida sonrisa y su hermosa presencia hubieran desaparecido de ese mundo, fue bastante para que su corazón se apretara dolorosamente en el pecho.

—Ella sigue deteriorándose y no importa que nueva medicina de hierbas trate Pefko, nada la cura, solo retrasa lo que al parecer es inevitable— ahora la pena era mucho más visible en su voz. —Debido a que no reconoce el veneno que ronda dentro de ella, no puede hacer una cura... cada cosa que ha tratado solo funciona por un día, por eso es que ha sobrevivido tanto tiempo, pero eventualmente deja de funcionar.

Ahora ambos Santos estaban preocupados, si aquello era así de grave... eso no proyectaba nada bueno para el futuro.

—¿Cuánto tiempo lleva enferma?— pregunto con seriedad Sisyphus.

—Siete días contando con hoy... si tan solo hubiera insistido en ir con ella esto no habría pasado...

Albafika frunció el ceño confundido por las palabras balbuceadas de Cinn, el hombre era marinero pero también un buen amigo del padre de Agasha, y quería a la muchacha como una hija. ¿De qué se culparía?

—¿Cómo en primer lugar, se contagió Agasha de ese veneno desconocido?— interrogo Albafika, tratando de pensar con claridad y dejar los sentimientos de lado. Debia ver todo con objetividad para determinar que hacer, si los sentimientos se involucraban algo podía salir mal y esa no era una opción. Ni remotamente.

Hubo un silencio sepulcral por unos minutos, los dos Santos se miraron desconcertados por la repentina mudez del hombre.

—¿Cinn, como se contagio la joven con ese veneno?— ahora fue Sisyphus quien repitió la pregunta.

Justo cuando divisaron el enorme jardín de flores silvestres, y más allá la cabaña de Pefko, fue que Cinn pudo pronunciar palabra.

—Fue herida en la espalda.

Ambos se tensaron al momento.

—¿Con que fue herida? ¿Un puñal?— era lo más común, y por eso el de cabellos azules opto por ella, no dejando traslucí en ningún momento sus pensamientos.

Pero Cinn negó tristemente con la cabeza, antes de detenerse para enfrentarlos. Su expresión era ahora mas lúgubre y tenía una indiscutible sombre de miedo en sus ojos marrones.

—Fue una flecha negra maldita, Albafika-sama— susurro como si temiera decirlo en voz alta. —Proviene de la misma bestia del infierno.

Ahora ambos dos estaban dudosos sobre a que se enfrentaban, los aldeanos y en especial los marineros era muy supersticiosos con ese tipo de cosas, sobre todo luego de que algunos de ellos vieran a los Espectros Malignos de Hades.

—¿Que quieres decir, Cinn?— Sisyphus estaba más que dispuesto a obtener una respuesta. Porque ese tipo de cosas eran lo que solían hacer los espectros y eso definitivamente eran malas noticias.

Pero Cinn estaba demasiado aterrorizado para repetirlo, además de que ahora parecía como si hablara mas para sí mismo que para ellos.

—Negra como el carbón, y definitivamente maldita... cuando la tocaron quemo como ácido... como un hierro al rojo vivo... —murmuro bajo, pero ellos lo oyeron con claridad.

Y eso no fue nada positivo.


Bien aquí está la tan esperada continuación xD que algunos querían... La trama empieza a tomar un giro inesperado, y nuestros Santos Dorados no saben bien ni a que se enfrenta... por ahora :3

Aclaraciones:

Se que algunos deben de estar confundidos así que aquí les pongo una pequeña información...

*Pope: es una de las formas de referirse al patriarca como muchos lo conocen, pero yo particularmente prefiero esa versión.

*Cuando Cinn hace referencia a lo de la flecha maldita y eso, deben tomar en cuanta que por aquel entonces las personas era demasiado supersticiosos sobre un montón de cosas, eso incluye: Hechicería, brujería y cosas por el estilo que indujeran a pensar que X persona estuviera relacionada con algo no explicado... como la magia y los espectros y esas cosas. De ahí el porque la reacción de Cinn ante lo visto, y tomen esto en cuenta porque haré referencia a ello en el futuro... eso es todo lo que les diré al respecto :3

Espero que sea de su agrado y también espero recibir su opinión en forma de Reviews! xD

Saludos! y nos leeremos pronto!