Capítulo II: Estás aquí

Grantaire despertó sin Enjolras a su lado, lo cual no suponía un buen comienzo. Supuso que habría ido a desayunar algo, porque ya parecía bastante tarde. No le dio importancia al asunto, y se levantó de la cama para arreglarse un poco y bajar a comer algo también.

Encontró a sus amigos comiendo algo, entre risas.

-¡Ya era hora! ¿Qué tal has dormido?-preguntó Courfeyrac alegremente.

-Pues… eh… bastante bien. ¿Dónde está Enjolras?-preguntó.

-Se fue hace un rato; no dijo a donde. Supongo que habrá ido a vigilar a los policías, a saber que están haciendo y ayudar a los de los barrios más bajos-dijo Joly, en un tono algo burlón-Está hecho todo un justiciero.

Todos rieron con él. De todos modos, Grantaire quería saber donde estaba, así que comió lo que pudo a toda prisa y se marchó.

La calle estaba muy alegre, era día de mercado. Había puestos de todo tipo. Había verduras, plantas aromáticas, telas, especias… Era un espectáculo precioso. La gente gritaba promocionando lo que fuera lo que vendiese. Los niños corrían y jugaban alegres, se perseguían unos a otros y gritaban. Cosas propias de niños. A Gavroche le habría gustado jugar con ellos, pensó Grantaire.

Ya prácticamente había olvidado que había ido a buscar a Enjolras. Tanta alegría lo distraía, no era algo normal. Paseaba, por pequeñas calles, observando a la gente pasar. Muchos no llevaban ropas lujosas, pero parecían mucho más felices que los burgueses, porque apreciaban lo poco que tenían. Unos días atrás, Grantaire habría envidiado esa felicidad, pero ahora él era mucho más feliz que ellos.

Oyó algo de revuelo en unas calles cercanas, pero no sabía por qué. Por pura curiosidad, se acercó a ver lo que pasaba, esas son las cosas que hacen las personas.

Al parecer, había una pelea. La gente estaba alrededor de las dos personas que peleaban, empujando por conseguir un sitio mejor que el suyo.

Poco a poco, Grantaire consiguió avanzar hasta que llegó a delante del todo, para poder ver bien lo que pasaba.

Sí, ahí estaba Enjy… Al parecer, por lo que había conseguido escuchar, el hombre con el que peleaba había intentado robarle a un comerciante. Enjolras lo descubrió, y el hombre, enfadado, comenzó la pelea.

Tendría que habérselo esperado; ya conocía a Enjolras. Creía ser una especie de héroe del pueblo, pero muchas veces sin juicio. Pelear no era lo suyo, pero algo hacía. Al menos, entretenía a la gente.

El ladrón golpeó fuertemente a Enjolras y lo tumbó, para luego salir corriendo.

Al irse uno de los que peleaba, la gente perdió el interés y poco a poco se fue dispersando, hasta que solo quedó Enjolras sangrando tirado en medio de la plaza.

Grantaire se acercó corriendo para saber lo que le pasaba, preocupado. Levantó la cabeza de Enjolras como pudo, para poder hablarle mejor. Observó que la sangre venía de una pequeña brecha en la frente.

¿Qué podía hacer Grantaire? No era suficientemente fuerte para cargar con él hasta el café, ni sabía curarle la herida. En un desesperado intento, lo cargó a sus hombros.

No se imaginaba que podría pesar tanto. No creía que aguantaría demasiado con él, pero lo intentó. Poco a poco, fue avanzado. Cada paso le daba más fuerza, porque sabía que si lo conseguía, Enjolras estaría bien.

Un rato después consiguió llegar al café, jadeante, y dejó a Enjolras en el suelo.

-¡Rápido, que alguien lo cure! ¡Tiene una brecha en la frente!-gritó Grantaire, nervioso.

Rápidamente, sus compañeros lo llevaron a una habitación. La gente entraba y salía, salía y entraba… Mientras Grantaire solo podía esperar sentado en una silla, impotente.

Pasaron varias horas antes de que pudiera entrar para ver como se encontraba.

Estaba sentado en una silla, al lado de la ventana, con una venda alrededor de la cabeza.

-¿Enjy?-dijo Grantaire.

-Al fin has venido-dijo Enjolras, sonriente-Creí que te habías olvidado de mí.

-Por supuesto que no. Me decían que aún no estabas bien del todo, y no me dejaban pasar. Estaba deseando verte.

-Me alegra saber eso. ¿Parecía muy idiota en la pelea?-preguntó Enjolras, suspirando.

-Pues…-pensó un momento-Sí, bastante-rió-No pasa nada, lo olvidarán pronto.

-Eso espero-dijo Enjolras, más relajado-Esto va a dañar mi imagen.

-¿Qué imagen?-dijo Grant burlón-¿La de héroe justiciero?

Enjolras intentó fingir enfado, pero se notaba que eso le divertía.

-Ja-ja-ja. Qué gracioso.

-Gracias, gracias-Grant hizo unas falsas y exageradas reverencias

-Estoy hambriento… Voy a tomar algo-dijo Enjolras y se levantó.

Grantaire bajó también.

Todos se alegraron de ver recuperado a su amigo, aunque eso no quitaba que le reprocharan su actuación en la plaza.

Pronto olvidaron el asunto, y todos volvían a reír y a beber.

Se hizo de noche y, nadie sabe en qué momento, Enjolras se fue.

-¿Dónde está Enjolras?-preguntó Grantaire.

-Creo que fue al tejado-le respondió Combeferre, sin hacerle mucho caso.

Grantaire subió al tejado, preparado para echarle la bronca a su compañero por salir en su estado.

Lo encontró con un aspeto de calma total, mirando las estrellas. Parecía feliz.

Mientras Grant seguía observándolo, se percató de su presencia.

-Hola, Grant-dijo Enjolras-¿No te sientes genial aquí? Es un sitio fantástico. Vamos, siéntate conmigo.

Grantaire fue a su lado y se sentó. Ahora comprendía lo que decía. Se podían observar todas las luces de París, era una sensación maravillosa.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó Grantaire.

-Nada en particular. Tan solo observo las estrellas. Pero bueno, eso ahora no importa-lo miró-Lo que importa es que estás aquí, y eso me hace feliz.

-Me encanta escucharte decir eso-dijo Grantaire sonriendo-A mí también me hace feliz estar a tu lado. Muy feliz.

Se acercó más a Enjolras, y se abrazaron mientras observaban juntos las estrellas.