Capítulo 2
Marmóreo
Empecé a abrir los ojos y vi que estaba echada en la cama de mi habitación en Marmóreo, el castillo de la Reina Blanca. Los abrí completamente y me incorporé en la cama, tenía la ropa del viaje puesta y húmeda pero menos mojada que antes.
De pronto, llamaron a la puerta:
-Adelante – dije.
La puerta se abrió y vi una figura que entró grácilmente en la habitación.
-¿Cómo te encuentras, Alicia? – preguntó la Reina Blanca acercándose a la cama.
-Mejor, gracias, alteza. ¿Cómo me encontró? – pregunté.
-Estaba dando un paseo por la playa a caballo con mis guardias reales, cuando te vi en la orilla del mar del sur asiur. Así que te cogí con la ayuda de mis guardias y te subí a mi caballo. Después, te traje aquí.
-No sé cómo he ido a parar hasta aquí.
-¿Qué ha pasado antes de que te desmayaras?
-Pues, estaba en el barco Wonder y ya llevábamos una semana de viaje hasta China para comerciar allí, cuando un día mientras el mar se agitaba, me resbalé y caí al mar. Luego, una fuerza me atrajo hasta el fondo y me desmayé – le expliqué a la Reina.
-Creo que el poder del País de las Maravillas te trajo porque te necesitamos.
-¿Ese poder fue el que me arrastró?
-Sí, queríamos ponernos en contacto contigo, por eso el poder del Submundo te trajo y te trajo hasta su mar porque fue la única entrada por la que pudiste venir.
-Y, ¿para qué me necesitáis?
-Mejor te lo digo mañana. Es muy tarde y necesitas descansar.
-Está bien – dije, y me volví a recostar en la cama.
-Buenas noches, Alicia – se despidió Mirana, saliendo por la puerta.
-Buenas noches – le respondí.
A la mañana siguiente, me levanté y me puse el pijama y la bata blanca que solía ponerme en Marmóreo. Bajé la escalera y fui al comedor, allí estaba Mirana desayunando:
-Buenos días, Alicia, ven a desayunar.
Me acerqué y me senté a su lado.
-La liebre de marzo te traerá el desayuno – me dijo.
-¿Ya le habéis dicho a mis amigos que estoy aquí?
-Sí, esta mañana, menos a Tarrant (el Sombrerero) porque está en el viejo molino con Mally y Chessur a los que tampoco se lo he dicho.
De repente, se abrió la puerta y entró la liebre dando trompicones:
-Buenos días, cara de gelatina, ¿has dormido bien? – me preguntó.
-Sí, gracias por traerme el desayuno.
-No hay de que – contestó y entró de nuevo en la blanca cocina.
Unos minutos más tarde, entraron en el comedor mis amigos: Nivins McTwisp (el conejo blanco), los Tweedles y Bayard con su esposa y sus cachorros.
-Buenos días, Alicia – me saludaron todos.
-Hola, chicos, ¿cómo estáis?
-Pues, no muy bien, tenemos un grave problema – dijo McTwisp.
-¿Qué problema? – le pregunté a Mirana.
- Te lo contaré cuando estemos todos juntos, mejor – respondió.
-De acuerdo.
Empecé a desayunar y comí tostadas con leche y mantequilla del Submundo que estaba deliciosa.
Después le pedí a Mirana ir al viejo molino a ver al Sombrerero:
-Alteza, ¿podemos ir a ver al Sombrerero, al Mally y a Chessur?
-Claro que sí, querida.
Me puse la ropa del viaje ya seca y bajé del castillo con Mirana. Ella fue en caballo y yo en el Magnapresa. Aunque yo nunca había montado a caballo, no lo hacía tan mal montando sobre el Magnapresa.
