CAPÍTULO 1 - LA BIENVENIDA

Tras arrebatarme de los brazos a la sangre sucia de Granger, me desarmaron y llevaron hacia una mesa sentándome en una silla rodeado de encantamientos inútiles para mantenerme sujeto, sin saber que con un simple encantamiento verbal podría deshacerme de ellos de la manera más simple posible y no pude evitar reírme.

-Entra en su mente Harry, tú puedes hacerlo Snape te enseñó, veremos lo que trama la serpiente.

-Vamos Potter, inténtalo, al fin y al cabo eres el elegido ¿no?

-¡No! –Entró en escena la oveja negra de los Black, el traidor a la sangre, Sirius, el padrinito del cara rajada, a cada cual más patéticos.-Empieza por el principio Draco, y sin mentiras.

-Me he enamorado locamente de vuestra asquerosa sangre sucia y no pude evitar salvarla, como un buen caballero, sería una pena que hubiera ardido en las llamas, yo la salvé mientras tú Weasley ¿qué hacías? Sin duda estarías comiendo sin preocuparte de ella en lo más mínimo, la dejasteis sola e indefensa en aquel bosque.-La risa se escapó de mis labios al ver cómo se ponía del color de su pelo, lleno de furia, a pesar de mi clara ironía, una parte de él sabía que llevaba razón.

Estaba provocando al pobretón Weasley y lo conseguí, necesitaba quedarme a solas con Sirius, mi madre siempre me habló de él, era débil a pesar de todo, al que primero debía ganarme para poder mantenerme aquí, si él le decía a Potter su opinión, éste no hará nada en contra de su querido padrino.

Le pidió a todo el mundo que le dejaran a solas conmigo, incluso a Potter que tuvo que ir en busca del pelirrojo menor para calmarle tras mis palabras.

-Deja de fingir, sé que puedes deshacerte de esos hechizos con magia verbal.

Lo hice, moví mis manos para hacer correr la sangre de nuevo por ellas, noté su mirada en mi antebrazo izquierdo, le di lo que sus ojos anhelaban ver, pero para su sorpresa no había marca alguna ahí, no aún, aunque ni yo mismo en ese momento fuera consciente.

-¿Buscabas algo Sirius?

-¿Por qué?

-¿Me cansé de obedecer?

-No cualquiera se atreve a desafiar a Voldemort, ¿qué te ha llevado a abandonar tu acomodada vida?

-Busco refugio, por un tiempo hasta que pueda huir.

-¿Por qué debería creerte? Te has criado rodeado de violencia, estrategia, maldad, no podemos confiar en ti, al fin y al cabo eres un Malfoy.

-Todos merecemos una nueva oportunidad, los Potter te la dieron a ti, a pesar de haberte criado rodeado de violencia, estrategia, maldad, ¿cómo pudieron confiar en ti? Al fin y al cabo eres un Black, ¿no? Quiero recuperar mi vida, les he abandonado, júzgame por lo que soy solamente, por mis actos ¿o piensas condenarme por algo que yo no cometí?

Era muy fácil entrar en su mente, saber sus miedos, sus anhelos, siempre temió que Potter lo rechazara por su familia, por su pasado, incluso cuando fue condenado por actos que nunca cometió, él se veía en mí, y eso era suficiente para convencerle, al menos por ahora.

-Está bien, reuniré a la Orden, someteremos a votación tu estancia, porque has salvado a Granger, acompáñame.

-¡¿Qué hace aún aquí?!

-Ha salvado la vida de uno de nosotros, y ha pedido refugio, debemos votar todos por la aprobación, dejad que se exprese simplemente.

Recorrí mi mirada por la mesa, observando, analizando todo lo que encontraba a mi paso, necesitaba al menos cinco votos para quedarme, sin duda contaría con el de Sirius, y Snape que no sabía dónde se había metido, sería complicado.

-¡No podéis permitirle quedarse, es un asqueroso mortífago!

-¡Ronald Weasley, y los demás chicos, fuera!

-¡Muy bien Ron! Nos han expulsado…

Mis antiguos ``compañeros´´ de Hogwarts abandonaron la sala, no eran miembros de la Orden y si molestaban menos les querían allí, me golpearon al salir con sus hombros.

Dumbledore rompió el silencio, imponiéndose ante todos, como siempre hacía, con falsa humildad, totalmente Gryffindor todo lo contrario a mi casa.

-Me alegra verte Draco, te agradezco personalmente que salvaras a la señorita Granger.

Me limité a asentir, impaciente por dentro, esperando una decisión que marcaría mi futuro de una vez por todas, sólo pensaba en mi madre y en su seguridad.

-Toma asiento por favor.

- Albus no podemos permitir que se quede junto a nosotros, ya tenerle aquí es peligroso, tiene la marca, está conectado con ya sabéis quién.

- Remus, el chico no la posee, yo mismo lo comprobé antes.

-He salvado a vuestra querida amiga, no os pido que me perdonéis ni siquiera lo busco, sólo quiero un lugar donde alojarme hasta que pueda irme.

-Hay millones de lugares, no te queremos aquí mortífago, tú y tu asqueroso padre nos habéis humillado a mi familia desde hace años, no pienso quedarme a ver esto, mi voto es ¡No!, lo siento Albus.

El mayor de los hijos Weasley ya había tomado su opción de voto, y como era de esperar, había dicho no, frente a mi propuesta, todos murmuraban, y discutían, menos Dumbledore, hasta que mi padrino entró por la puerta, dándome una esperanza, pero antes necesitaba comprobar algo, la busqué con la mirada pero detrás no había nadie.

-Lamento la tardanza, tenía asuntos pendientes a resolver, tranquilo está sana y salva, como prometí.

-Ha llegado el momento de la votación señores, os iré nombrando y daréis vuestro voto, buena suerte Draco, ya contamos con el voto en contra del joven Bill Weasley.

-Sirius: Sí.

-Charlie Weasley: Nunca. No

-Remus: No.

-Nymphadora: Sí, nunca fallaría a mi sangre.

-Severus: Sí

-Molly: Es sólo un niño atormentado que necesita a su madre, Sí.

Tras su declaración no pude evitar dirigir hacia ella su mirada, algo se revolvió dentro de mí, ¿cómo diablos? Me sonrió y a pesar de la diferencia en ella pude ver a mi madre, aparté la mirada rápidamente.

-Arthur: Lo siento, No.

-Fleur: Sólo traerá problemas, No.

-Kingsley: Podría servirnos frente al ejército de Voldemort, Sí.

-Nunca le negaría las puertas de mi casa a uno de los mejores alumnos de Hogwarts, Sí, bienvenido Draco.

Estaba dentro, aún no podía creerlo, Dumbledore levantó la sesión y sólo quedamos en la sala los Weasley, Sirius, Snape y yo.

Abrieron la puerta y descubrimos a los más jóvenes con la boca abierta, sorprendidos por mi permanencia en la estancia, la señora Weasley los mandó a su dormitorio, tras despedirse el director me dijo que todo estaba bien que mi madre era fuerte y yo debía serlo, ganarle la batalla al mal.

No esperaba que me dejaran dormir junto a ellos, todo lo que me ofrecieron fue el granero, no tenía mi varita de nuevo, sin duda no podría hacer mucho aquí dentro, intenté varias veces la magia verbal pero sentía un escudo.

Que irónico, los Weasley tratando a un Malfoy cual animal, rodeado de paja, y animales, decidí investigar un poco y definitivamente la pequeña planta de arriba sería mi ``cama´´, debía aguantar por ella, sólo espero que Snape sepa cuidarla, no creo que el Lord aceptara más de dos meses de espera para empezar a buscarme.

Oí la puerta abrirse y me hice el dormido, ahora mismo no quería saber nada más de ninguno de estos ingratos, oí mi nombre de boca de la señora Weasley, no le fue muy difícil encontrarme mi platinado pelo se reflejaba con la luz lunar que entraba por la ventana.

-He traído unas mantas, un colchón algo mullido, y una ración de cena, sé que no será a lo que estás acostumbrado pero es todo lo que aquí puedo ofrecerte, yo sé que eres un buen muchacho, no le hagas caso a mi hijo, espero que pronto te permitan instalarte dentro, buenas noches Draco.

En cuanto escuché cerrarse la puerta miré hacia las pertenencias que me habían traído, una parte de mi decía que me vendría bien alimentarme y dormir en un colchón, la otra sin embargo se negaba a aceptar cualquier ayuda de los Weasley.

Y así sería durante los primeros días, me negaba a probar bocado y mi cuerpo se resentía cada vez más, y como cada día allí se encontraba esa mujer persistente, y yo sin prácticamente mirarla, por no hablar del insufrible de Kreacher, nunca le soporté.

-Amo Draco, puede estar tranquilo, estos traidores a la sangre no han infectado la comida.

-Kreacher, fuera de mi vista, los dos.

-¿Sabes? Nunca conocí a tu madre, sólo aquello que leía en el periódico, mujer elegante y sofisticada, pero me llamó la atención escucharla decir que lo que más adoraba era ver a su pequeño heredero de apenas siete años jugar en su escoba y tomar su plato favorito, no será igual, he intentado con los ingredientes que teníamos recrear esa receta. Así algo de ella estará cerca de ti.

-¿Por qué?

- Porque aún confío en tu humanidad, hazlo por tu madre muchacho, toma algo. Saldrán en unos minutos, aprovecha para darte una ducha caliente.

Me limité a asentir, tras escuchar la puerta cerrarse observé mi reflejo en el cristal, tenía barba de unos días, estaba más delgado, sin duda necesitaba un baño y reponer fuerzas, al fin y al cabo no era tan asquerosa la comida, al contrario sabía bastante bien.

Tras terminar o más bien arrasar con los platos, me dediqué a distribuir la cama y limpiar un poco la planta de arriba, cuando entró mi padrino.

-Es bastante asqueroso.

-¿Cuándo me dejarán bajar de aquí?

-Eso dependerá de ti, quizás podrías haber dejado antes tu orgullo atrás y haber aceptado antes la comida de la señora Weasley.

-Consígueme mi varita, debo organizar esto o la suciedad llegará hasta arriba.

-Ni siquiera sé dónde la tienen Draco, he traído unas herramientas te servirán.

-Llama a Kreacher y a los demás elfos, necesito que hagan esto ya.

-Draco, aquí las cosas funcionan de manera distinta, los elfos no son esclavos, y si te vieran ordenándoles te expulsarían. Lo lamento.

-Espero que tú al menos te encargues bien de tu única misión, sácala de allí, consígueme información de ese juramento ha de haber alguna forma de romperlo.

-Lamento interrumpir Severus, pero nos esperan todos fuera, los chicos están en el campo de entrenamiento esperando la clase.

-¿Puedo asistir?

-Por ahora dedícate a limpiar esto y cuidar del animal, ten cuidado no le gustan mucho los extraños.

Después de una hora negándome a ensuciar mis manos esperando ayuda, decidí hacerlo y ya tenía toda la parte de arriba despejada de suciedad, hasta había artefactos de los hermanos Weasley escondidos, estaba hecho un desastre, por no hablar del estado de mi túnica, sería mejor tirarla, empecé a cargar todo lo acumulado en el carro y en cinco trayectos ya tenía todo dispuesto fuera, los bloques de heno apilados y la cuadra limpia, ahora tocaba lo más difícil, tratar al animal.

Un Pegaso negro imponente, seguramente traído a manos del Weasley, de Rumanía. Veamos qué tal, desde niño me había relacionado con las criaturas mágicas gracias a mi abuelo Abraxas, o así fue hasta que desapareció y la ley de mi padre se instauró en casa y con ello la desdicha del apellido Malfoy.

-¿Cómo se siente trabajar Malfoy? ¿Ya se han roto tus uñas puras?

-No más que tu dignidad comadreja, por no hablar de tu aspecto.

-Deberías verte, Príncipe de Slytherin.

- Te equivocas Harry más bien deberías decir sucio y patético Slytherin.

Vaya, al parecer los leones se venían arriba contra mí, desarmado y sin ataque posible, o eso creían ellos, si no era suficiente apareció en escena la sangre sucia de Granger.

-Llegamos tarde a nuestro entrenamiento ¿qué ha…céis aquí?-Se quedó enmudecida por un instante, sin esperarme aquí, no apartábamos la mirada ninguno, era mi oportunidad de entrar en su mente, ver si recordaba algo, pero cortó el cruce de miradas antes.

-Admirando las vistas, no todos los días se ve a un mortífago desertor servir a mi familia. –Tiró de una patada el carro dónde estaba acumulado lo que último que había recogido, volviendo a ensuciarlo todo. Mi paciencia estaba llegando a su límite y cuando iba a maldecirlo verbalmente alguien se me adelantó.

Al final tendría buena relación con el animal, había rociado a la comadreja de barro, incluso la sangre sucia no pudo evitar soltar una risa.

-¡Heracles! Asqueroso burro.

-¡Ron! Nunca debes ofender a un Pegaso.

Si no era suficiente ahora tenía encima a la criatura, mientras chillaba como una nenaza, patético.

-¡Hermione hazle parar!

-¡Tú le has molestado antes! Llegaremos tarde por tu culpa.

Decidí intervenir era una magnífica oportunidad para comenzar a limar asperezas, todo sea por salir pronto de aquí, antes de la última batalla.

-Tranquilo Heracles, ya ha recibido bastante con ese pelo. –Heracles relinchó de acuerdo a mi afirmación.

-Gracias.

CONTINUARÁ…