Primero, espero que todos hayan visto los ultimos capitulos de glee, creanme es realmente maravilloso ver como ahora despues de ¿cuanto? ¿tres años?, Brittana es por fin oficial, si es verdad faltan besos y mas escenas, pero son canon, y yo nunca pense que llegaria ese momento.
Ahora si volviendo con el fic...luego de mucho tiempo, aqui esta el segundo capitulo, los siento por la demora, pero la universidad me tenia hasta el cuello. Gracias por la respuesta al primer capitulo es un buen impulso para seguir escribiendo. En fin aqui el segundo capitulo, ojala les guste y eso, disfruten
-Sanny despierta- grito Brittany mientras se abalanzaba sobre una morena durmiente.
-Hmmmm…jummm…iughhh…assddmmmm-fue lo que contestó la morena, la rubia la quedo mirando por unos segundos antes de largarse a reír.
-Creo que tienes tu propio lenguaje de mañanas San-dijo la rubia a la aun durmiente morena. Al ver que esta no tenía intenciones de despertar tomo las tapas de la cama de la pelinegra, las levanto y se metió debajo abrazando a la otra chica, dejo un tierno beso en su mejilla y le dijo- vamos San despierta ya, tenemos que ir a la escuela.
La morena lentamente abrió los ojos para encontrarse con la cálida sonrisa de su amiga.
-Mmmmm…buenos días Britt-le dijo con voz rasposa y somnolienta.
-Buenos días Sanny-contesto la rubia.
Brittany la abrazo fuertemente, y luego se paró de la cama.
-Si no te levantas, no alcanzaras a tomar desayuno San-dijo con una sonrisa.
-Hey eso es chantaje-protesto la morena.
-No para nada, de hecho si no te apresuras papa se comerá todo-y con esto salió de la habitación de la morena. Ante lo último Santana reacciono y salto de la cama corriendo hasta llegar a la cocina, donde estaba Anne cocinando algo, mientras Maurice leía el diario y Brittany alimentaba a Lord Tubbington.
-¿Queda algo para comer?-pregunto la morena con cara de susto.
-Tranquila Santana, aun queda comida, todos en esta casa saben de tu apetito, no dejaremos que mueras de hambre- contesto sonriendo la rubia mayor.
-Sabes deberías confiar un poco más en mí, no me comeré tu comida, no podría comer tanto-contesto riendo Maurice.
-Hey no como tanto-protesto la latina, ante esto los tres rubios dejaron su quehacer para levantar una ceja a la latina, la cual rodo los ojos y agrego-está bien puede que coma más que ustedes, pero solo porque, ya saben estoy en crecimiento.
-Lo sabemos pequeña, ahora siéntate y come-dijo Anne dejando dos platos en el lugar de la latina y acariciando la cabeza de esta.
Una vez la latina termino de comer observo que frente a ella habían 4 platos vacios, vaya si que como, pensó, obviamente esto se debía a su condición, ella no era normal, era una hombre-lobo y a pesar de verse como una chica normal de dieciséis años no lo era, era más rápida, mas fuerte y mas ágil, que cualquier hombre normal sobre la tierra y con creces.
-Vamos Sanny llegaremos tarde a la escuela-dijo Brittany sacándola de sus pensamientos.
-Humm, claro Britt- dijo la morena levantándose de su asiento-bueno nos…
La pelinegra se quedo paralizada frente al calendario en la pared de la cocina, mostraba con grandes números rojos que día era. Ante esto Maurice y Anne compartieron una mirada de preocupación, mientras Brittany miraba tristemente a la morena, deseando que la morena no se diera cuenta que día era hoy, el corazón de la rubia le dolía cada vez que veía a la morena triste y definitivamente este era el día del año en que la morena más deprimida estaba.
-Santana-llamo suavemente Anne-cielo, si quieres puedes quedarte en casa hoy, yo llamo a la escuela no hay problema.
-Si pequeña, un día de descanso, podríamos quedarnos todos en casa hoy, o ir todos al lago, faltar un día al trabajo o a la escuela por un día no le hace daño a nadie-dijo Maurice tratando de aligerar el ambiente.
Ante esto la morena desvió su mirada del calendario y observo a los tres rubios frente a ella, Maurice y Anne eran como unos padres para ella, desde que la encontraron la cuidaron y protegieron, como si fuera su propia hija, aun así ella se acordaba de sus verdaderos padres y sabía que ellos también la protegían de algún modo. Finalmente su mirada cayó en Brittany, la rubia enfrente de ella, la misma rubia que diez años atrás cambio su mundo, la misma que ahora portaba una mirada de tristeza y preocupación, no, no puedo dejar que Brittany este triste solo porque es un mal día para mi, pensó la morena.
-No, umm…yo estoy bien, solo…solo, no me di cuenta en qué fecha estamos, yo…no puedo creer que ya hayan pasado diez años-contesto distraídamente la morena.
-San ¿estás segura? Podemos quedarnos si quieres-le aseguro la rubia menor mientras caminaba a su lado y le tomaba la mano.
-No, no…esto bien, enserio. Este último tiempo he estado tan ocupada con la escuela, los entrenamientos, los partidos y el Glee Club que no me di cuenta que la fecha se acercaba. Me tomo por sorpresa eso es todo-contesto con firmeza la latina, no quería preocupar aun mas a los Pierce, ellos ya habían hecho demasiado por ella, para que además tuvieran que confortarla solo porque hoy no se sentía bien.-Vamos Britt, llegaremos tarde.
Brittany manejo a la escuela, mientras Santana miraba distraídamente por la ventana. La rubia había tratado de hacer hablar a la latina más que monosílabos, o tratar de alegrarla un poco, pero siempre era lo mismo este día del año, nada hacía que la latina saliera de su tristeza, lo único bueno era que al otro día volvía a ser la misma Santana de siempre, pero aun así, aunque fuera un solo día la rubia sufría por la tristeza de Santana, desde ese día en el bosque la rubia sabía que había formado un vinculo con Santana, un vinculo que crecía día a día uniéndolas cada vez mas.
El resto del viaje la rubia siguió hablando tratando de distraer a la latina, quien seguía sumida en sus pensamientos. En un momento en que Brittany se quedo en silencio, Santana giro su cabeza para mirar a la rubia, esa rubia de ojos azules quien le devolvió la esperanza y alegría a su vida diez años atrás. Desde la primera vez que se vieron Santana sintió que la rubia cambiaria su vida y vaya que si la cambio, después de todo cuando los Pierce la encontraron aquel día en el bosque ella había estado huyendo durante casi dos semanas...
Mario López entro a su casa a rastras, solo llevaba puesto unos pantalones, o más bien lo que quedaba de ellos y sobre sus hombros tiras de género que en algún momento fueron una camisa, todo su cuerpo estaba cubierto de rasguñones y heridas, su mano derecha sujetaba su costado de donde no dejaba de salir sangre.
-¡Carmen! ¡Carmen!-dijo el hombre apoyándose en la puerta, tratando de mantenerse de pie.
Del pasillo apareció una mujer de pelo oscuro, piel tostada y ojos verdes, quien apenas vio al hombre tan herido corrió a su lado.
-Por dios Mario ¿que paso?-pregunto preocupada mientras trataba de examinar rápidamente al hombre frente a ella.
-Ellos…ellos están aquí, llegaron unos pocos pero vendrán más, detuvimos al primer grupo, pero no podremos detenerlos cuando lleguen todos…agh-se quejo mientras se sentaba en el piso.
-Voy a buscar el botiquín-dijo Carmen parándose rápidamente.
-¡PAPA! ¡PAPA!-grito una pequeña morena desde el fondo del pasillo- ¿que te paso papi?-pregunto la pequeña mientras sus ojos se llenaban de lagrimas al ver a su padre en ese estado.
-Los malos nos encontraron lobita-dijo su padre mientras le sonreía tristemente a su pequeña hija-pero no llores, si lloras tu voy a llorar yo también.
-Pero papi…-trato de decir algo la pequeña pero no pudo solo lloraba en silencio.
-¿Qué vamos a hacer Mario?-pregunto Carmen que venía con una caja en las manos, mientras se arrodillaba al lado del moreno.
-Nos iremos de aquí, todos, todo el clan. Mañana a primera hora partiremos al sur, nos iremos donde el clan de allí, ellos son muchos, mas todos nosotros seremos suficientes para que esos malditos no traten anda contra nosotros-respondió el hombre mientras Carmen comenzaba a curar sus heridas.
-¿A dónde vamos? ¿Quienes son los malos?-pregunto la pequeña morena.
-Santana, recuerdas que hace un tiempo te dije que hay gente a quien no les caemos bien-comenzó a explicarle Mario, mientras trataba de no pensar en el dolor que producía la curación de sus heridas.
-Si, me dijiste que por eso no le podía decir a cualquiera que nosotros somos lobos-contesto la pequeña.
-Bueno pequeña, de esa gente a la que no le caemos bien, hay un grupo el cual quiere hacernos daño, por ser quienes somos. Hoy uno de esos grupos llego a la ciudad y querían hacernos daños así que tuvimos que detenerlos, por eso estoy así, pero vendrán más y no podremos detenerlos. Por eso nos vamos al sur, recuerdas que el año pasado fuimos a visitar al clan de allá, y tú hiciste muchos amiguitos, ¿lo recuerdas lobita?-pregunto mientras acariciaba la mejilla de la pequeña.
-Si papi
-Bueno mañana iremos para allá, así que quiero que vayas a tu habitación y empaques tu ropa, además saca el libro que siempre te leemos antes de acostarte, está en el mueble del comedor, y déjalo en tu habitación, ¿puedes hacer eso por mi lobita?-le pregunto el hombre dulcemente a su pequeña hija, ante lo cual la pequeña asintió y corrió a su habitación.
Carmen pauso la curación de las heridas de su esposo un momento para observar el pasillo, el lugar por el cual su hija había desaparecido.
-No debería enfrentarse a esto todavía, es tan pequeña-se lamento Carmen.
-Lose, pero ella es fuerte, es una López después de todo-comento Mario, pero aun así compartía la profunda preocupación de su esposa, por la seguridad de Santana.
-San, San, ¡SAN!-levanto la voz la rubia, sacando a la latina de sus recuerdos al sacudirla delicadamente.
-Ah… ¿Qué paso Britt?-contesto distraídamente la latina.
-Ya llegamos San, te lo he tratado de decir desde hace cinco minutos pero no me escuchabas, parecías en otra parte; ¿segura que quieres ir a la escuela hoy? Aun podemos volver sabes-pregunto la rubia con clara preocupación por el estado de su amiga.
-No, estoy bien Britt enserio, solo estoy algo cansada, eso es todo si. Vamos, tú tienes practica con las cheerios y yo tengo entrenamiento, si llegamos tarde nos pondrán a dar vueltas durante horas- y con eso la morena salió del auto.
La rubia la siguió de cerca hasta que llegaban al punto donde debían separarse, Brittany tenía que ir al campo de futbol para la práctica de porristas y Santana hacia el gimnasio para su entrenamiento de basquetbol; ambas estaban en los respectivos equipos y eran de las mejores, Brittany era la mejor bailarina de las cheerios y muchas veces era la encargada de hacer las coreografías también, por otro lado la morena era la mejor jugadora del equipo, también la capitana, después de todo su naturaleza la hacía ser mas ágil y rápida por lo que debía controlarse para no levantar sospecha.
-Nos vemos en un rato San-dijo la rubia abrazando cariñosamente a la latina y antes de separarse le susurro tiernamente-te quiero San.
Ante esta demostración de cariño espontanea una pequeña sonrisa apareció en la cara de la morena, Brittany era la chica más tierna y especial del mundo, era maravillosa y ella tenía suerte que fuera parte de su vida.
-Yo también te quiero Britt-le respondió la latina aun con esa pequeña sonrisa y tomando la mano de la rubia y besando suavemente el dorso de esta. Ante esto los ojos de la rubia se llenaron de alegría, si bien la sonrisa de la morena era pequeña, había conseguido una sonrisa y eso era un avance.
-Hasta luego Sanny-y con eso beso rápidamente la mejilla de la morena y se fue hacia el campo de futbol, de donde se escuchaban explosiones, seguramente del nuevo cañón de confeti de la entrenadora Sylvester.
Apenas llego al campo vio que Quinn, la capitana de las porristas y una de sus amigas cercanas ya estaba allí.
-Hola Britt, llegas algo tarde-comento la rubia ojimiel
-La práctica no empieza hasta dentro de diez minutos-contesto lago confundida la rubia más alta.
-Si pero tú siempre estás aquí media hora antes de que comience.
-Oh…si tienes razón-contesto Brittany, su tono era extraño, se escuchaba algo triste, algo rarísimo en la feliz y energética rubia.
-¿Estas bien Britt?-pregunto preocupada Quinn frente al estado de la bailarina.
-Si, si solo estoy algo preocupada por Santana, hoy no es un buen día sabes.
Quinn era amiga de Brittany desde que ambas tenían cerca de 5 años y cuando Santana llego a la vida de Brittany las tres forjaron una bonita amistad, por supuesto que la relación entre la morena y la ojiazul era mucho más estrecha debido a ese extraño vinculo que las unió desde un principio; e incluso en un principio Quinn sintió algo de celos, después se dio cuenta que la relación entre Santana y Brittany era única, pues ambas se complementaban perfectamente y funcionaban en sincronía, cuando supo aceptar esto encontró en ambas a las mejores amigas que pudiera tener.
-Hoy es "el día"-pregunto en un tono más bajo la ojimiel
-Si, siempre es lo mismo todos los años y se que mañana estará mejor, pero no puedo evitar preocuparme por ella, yo solo quiero…quiero…no verla triste sabes, quiero que se a feliz-contesto Brittany mientras sus ojos se ponían brillantes con lagrimas no derramadas.
-Ella es feliz Britt, solo es un día difícil para ella- la rubia ojimiel sabia vagamente la historia de la latina, no sabía de su condición de lobo, pero si le habían contado vagamente que la latina no tenía padres pues habían muerto diez años atrás y que desde entonces los Pierce se habían hecho cargo de ella.
-MM.…-contesto vagamente Brittany mientras silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas.
-Hey Britt, tienes que estar feliz si, tu eres la única que puede conseguir alegrarla, pero no lo lograras llorando-le dijo Quinn amorosamente mientras la abrazaba.
-¡ATENCION PEREZOSAS! ¡ES HORA DE EMPEZAR CON ESTO, RAPIDO AL MEDIO DE LA CANCHA, NO ME HAGAN PERDER EL TIEMPO, VACAS FLOJAS!- Se escucharon a través de un megáfono los gritos de la entrenadora, interrumpiendo el consuelo de Quinn hacia Brittany. Se separaron y corrieron al centro del campo, no querían que su entrenadora se enojara aun más y terminar pagando por el extraño humor de esa mujer.
Santana observo a la rubia caminar hacia el campo de futbol, aun no se había movido, realmente hoy era un día nefasto para ella y aun así la rubia le había sacado una sonrisa, cuando se dispuso a caminar hacia el gimnasio escucho ruidos fuertes, como de explosiones, ruidos que hicieron que su mente volviera años atrás, disparos, explosiones, gritos…
BUM BUM
La pequeña Santana despertó sobresaltada, su madre estaba sacudiéndola con una mirada llena de miedo, un miedo que nunca pensó ver en los ojos de fuerte madre.
-Santanita despierta-le susurro rápidamente-tenemos que irnos-se dio vuelta y tomo algo que al parecer tenia al lado-toma ponte este abrigo y levántate cariño.
BUM BUM
Se escuchaban más ruidos, a pesar de su corta edad Santana reconoció los ruidos, parecían disparos y se escuchaban bastante cerca para su gusto.
-¿Qué está pasando mami?-pregunto asustada la pequeña morena.
-Tranquila lobita, se que estas asustada, pero todo saldrá bien si. Nos tendremos que ir antes, las cosas se complicaron un poco, solo hazme caso ¿bueno pequeña?-ante esto Santana solo pudo asentir obedientemente mientras se levantaba de su cama y se ponía su abrigo, cuando Carmen comenzó a ayudarle a ponerse sus zapatillas su padre entro a la habitación.
-¿Están listas?-se veía asustado, ante esto Santana sintió el miedo recorrer su pequeño cuerpo, nunca había visto a su padre así, si lo había visto preocupado, especialmente cuando ella estaba en algún tipo de riesgo, cuando se caía o se lastimaba; pero asustado, nunca. La pequeña volteo a ver a su madre que portaba la misma expresión y en ese momento sintió algo extraño, como si algo dentro de ella le estuviera avisando que cosas malas pasarían, a lo mejor eso era lo que sus padres se referían como el lobo interno, esa parte de cada hombre-lobo que estaba más allá de su control, sus instintos.
-Vamos, es hora-dijo su padre, sacándola de sus pensamientos-Hey lobita, toma-dijo dirigiéndose a ella y tendiéndole su mochila-adentro esta el libro y un poco de tu ropa, necesito que cuides el libro por mi ¿bueno?, ese libro es muy especial para nosotros, confió en ti para que lo cuides lobita-Santana nuevamente asintió mientras su padre acariciaba amorosamente su mejilla.
-¿Como lo haremos Mario?-pregunto Carmen
-Tenemos que ir al bosque, nos encontraremos con los otros el pie de la cascada. Raúl, Tomas, Manuel y Marisol se quedaran atrás para distraerlos y cuando puedan se juntaran con nosotros-explico rápidamente Mario mientras salían de la casa y se dirigían a la entrada del bosque.
Cuando habían avanzado unos cuantos metros escucharon ruidos, alguien se aproximaba. Se detuvieron, Carmen rápidamente rodeo a Santana con un brazo mientras Mario se ubicaba frente a las dos, ambos adultos en posición defensiva. De pronto alguien salió de detrás de unos matorrales, cuando Mario se disponía a saltar sobre la persona que había aparecido, esta hablo
-¡No! Tranquilo, soy yo Matías, me quede atrás- explico un muchacho de pelo cobrizo, apenas los López lo distinguieron relajaron sus posiciones.
-Por dios Matías, nos asustaste- contesto Carmen poniéndose una mano en el pecho.
-¿Estas bien chico?- pregunto Mario tratando de observar algún rastro de alguna herida en el joven.
-Si, estoy bien alcancé a escapar, solo que me perdí luego que nos encontraran.
-Bueno, movámonos mejor, no estaremos seguros hasta estar muy lejos de aquí-dijo Mario retomando su andar.
Luego de casi una hora llegaron a su destino, había cerca de 20 personas reunidas. Mario se alegro de ver las caras conocidas pero aun así faltaban, esperaba que llegaran en algún momento, tenían que llegar en algún momento. Apenas se acercaron al grupo toda la gente se acerco a abrazarlos, después de todo eran un clan muy unido.
-Hey Billy, aun faltan unos pocos-comento Mario a un hombre grande de poblado bigote.
-Si, pero no podemos esperar toda la noche Mario, después tendremos que movernos, de todas formas todos conocen el plan y si no nos encuentran aquí, irán directo hacia el sur donde espero que todos nos encontraremos.-explico Billy.
-Está bien –aprobó Mario- pero necesitamos montar guardia, tomaremos turnos y de a dos vigilaran el perímetro, necesitamos estar alerta-finalizo el hombre.
-Claro, le diré a Esteban para que tomemos el primer turno.
La pequeña Santana se encontraba al lado de su madre, junto a los otros niños con sus respectivas madres o padres. A pesar de su corta edad sabia que algo malo estaba pasando, y aunque estaba asustada como nunca antes no había llorado, quería ser fuerte para sus padres, tenía que ser fuerte era un López después de todo.
Durante cerca de una hora, la pequeña Santana estuvo sentada entre sus padres, quienes conversaban preocupadamente con otros padres; mientras otros se paseaban, cada cierto tiempo salían del bosque un pareja para cambiar el turno de guardia. Mientras otros se paseaban, otros lloraban, otros solo estaban ahí sin decir nada, pero todos se mantenían cerca.
En un momento un fuerte ruido se escucho y luego una luz apareció entre los árboles. El resto fue confuso para la pequeña Santana gritos, disparos, explosiones, un grito de dolor de su padre quien la tomo en brazos y corrió, no sabía hacia donde iban hasta que su padre se detuvo, cayó al piso y la envolvió con su cuerpo para protegerla de la caída.
-LLEVATELA, LLEVATELA CARMEN- escucho que su padre gritaba, lo miro y vio que sangraba profusamente por el abdomen- YO LOS TRATARE DE DETENER.
-Mario no puedo dejarte, vamos párate, salgamos de aquí-le rogo su madre llorando.
-Mi vida, tú y yo sabemos que es la mejor opción, tenemos que hacer esto por nuestra lobita- contesto el pelinegro.
De pronto una motocicleta apareció, un hombre bajo de ella e inmediatamente su padre se levanto y se puso en posición de ataque.
-VETE AHORA CARMEN-grito su padre, a pesar de la situación su voz sonaba como si le rogara, como si le implorara que se fuera, que se salvara.
-No podrán escapar para siempre malditos perros- fue lo último que escucho Santana antes de ser tomada por su madre quien se largo a correr.
No habían pasado ni cinco minutos, cuando algo brillante cayó del cielo, tenía el porte de un pelota de tenis y apenas toco el piso comenzó a brillar aun mas fuerte emitiendo un agudo sonido que hizo que cayeran al piso, Santana no entendía que pasaba pero su cabeza dolía, dolía como nunca antes había dolido, cuando sintió que sangra caía de su nariz el ruido comenzó a debilitarse.
-Vaya, vaya, vaya, mira que tenemos aquí, una loba y su lobita-escucho Santana que alguien decía, no pudo levantarse sin embargo, el dolor de cabeza se había extendido por todo su cuerpo. Sintió el brazo de su madre cubrirla y un gruñido de esta.
-Wow, y aun da pelea, esto será entretenido chico- escucho nuevamente a esa voz- vamos aun están muy adoloridas por ese ruidito, es tu oportunidad hijo de matar a tus primeros perros, ven aquí, solo apunta y dispara-escucho unos pasos y trato de levantar la cabeza un poco sin poder, solo sabía que su madre estaba frente tratando de protegerla.
-Eso es hijo, ahora dispara, un tiro limpio en la cabeza y eso es todo, estas nuevas tecnologías realmente son sorprendentes.
Santana escucho un disparo, seguido de eso un fuerte gruñido y un grito.
-Ahhh, ¡Maldita perra!
Luego de eso todo es confuso y borroso, solo sabe que ahora está frente a un gran lobo de pelaje oscuro, quien rápidamente da paso a su madre. La pequeña se asusta al ver una profunda herida, cerca de su hombro, que no para de sangrar.
-Santanita, mi lobita-susurra su madre mientras acaricia amorosamente la frente de la pequeña- necesito que me hagas un favor lobita- la mira con sus ojos verdes, los cuales han perdido el brillo, y lo pierden a cada segundo como si estuvieran por pagarse.
-Tienes que irte de aquí lobita, tienes que correr, correr lejos y no dejar que te encuentre lobita- le dijo Carmen a su hija.
-Pero mami…-trato de decir algo la pequeña.
-Sin peros lobita, yo no puedo ir contigo, ya no me queda mucho tiempo hija, necesito que seas fuerte, y corras, y no mires atrás hasta que estés lejos, muy lejos de aquí pequeña-continuo Carmen.
La ojiverde llevo sus manos hasta su cuello, el movimiento provoco un pequeño quejido de dolor; tomo la cadena que siempre llevaba consigo, esa que tenia colgando la silueta de dos lobos aullando, y se la saco. La miro y luego la paso por el cuello de su hija, fijando sus ojos en los oscuros de Santana.
-Me la dio tu padre mucho tiempo atrás, cuando descubrimos que éramos almas gemelas, desde entonces nunca me la he sacado-explico a la pequeña, respirando lentamente-tu padre y yo no podremos estar más a tu lado lobita, pero siempre te cuidaremos y siempre te amaremos.
Carmen abrazo a su hija, con todas las fuerzas que le quedaban mientras lagrimas caían sin control de sus mejillas. Cuando se separo se tomo un momento para apreciar la cara de su hija, sus facciones, una mezcla perfecta de las suyas y las de su esposo, su cabello, negro y brillante como el suyo y finalmente sus ojos oscuros, los ojos de Mario, con la misma mirada fuerte y determinada de este, pero ahora sin la alegría de siempre, cubiertos de lagrimas. Se acerco y beso su frente tiernamente, apenas se separo su dolor se hizo aun más fuerte y cayo completamente al piso incapaz ya de moverse.
-Es hora de que te vayas lobita, no mires atrás y no pares hasta estar muy lejos. Te amo lobita-susurro Carmen mientras cerraba lentamente los ojos, las fuerzas ya la abandonaban.
-Yo también te amo mami-dijo la pequeña a través de sollozos, abrazo por última vez a su madre y cuando la miro esta ya tenía los ojos cerrados, luego de eso comenzó correr, lagrimas caían por su rostro pero no se detuvo, tenía que hacerle caso a su madre, no se detendría hasta estar muy lejos…
-¡LÓPEZ!- un grito la devolvió a la realidad, la latina levanto su mirada y vio que todo su equipo la observaba.
-Vamos Capitana, andas lentísima hoy- se burlo una de las chicas.
-Mmm….-fue toda la respuesta de la latina, ante esto la entrenadora Beiste se acerco.
-Hey López, se puede saber que pasa hoy contigo-le dijo una vez estuvo a su lado.
-Yo…-no pudo seguir, no podía explicarle que le pasaba hoy, claro podía decirle que se cumplían diez años desde que sus padres fueron asesinados, pero no estaba de humor para contar su triste pasado- yo…no me siento muy bien-finalizo.
Ante esta respuesta la entrenadora supo que algo andaba mal con su capitana, usualmente la latina era con creces la más ágil y rápida del equipo, sin mencionar que no aceptaba burlas de nadie, sin embargo hoy pareciera como si ni siquiera estuviera presente.
-Sabes que, tomate el día- le dijo a la morena.
-¿Qué?-cuestiono la latina
-Si, tomate el día, se que hoy es lunes y eso es doble entrenamiento, pero tómatelo por hoy, eres lo suficientemente buena y además debes estar estresada con la competencia de coros, el campeonato que se viene y los exámenes, descansa hoy- finalizo Shannon Beiste con una pequeña sonrisa.
-Gracias entrenadora- contesto distraídamente la latina antes de ir hacia los camarines.
A mitad de la práctica de porristas Brittany se sintió observada, al levantar la vista se percato que Santana estaba sentada en las gradas, inmediatamente le sonrió y la morena al percatarse de esto le devolvió la sonrisa, aunque se trataba de una triste sonrisa, pero era más de lo que esperaría la rubia para un día como hoy.
Al finalizar la práctica la ojiazul se acerco rápidamente a Santana.
-Hola San-dijo mientras se sentaba y la abrazaba.
-Hola Britt, ¿Cómo estuvo tu practica?-pregunto la morena.
-Cansadora, ya sabes cómo es la entrenadora Sue-contesto la rubia con un tierno puchero- ¿te retiraste a mitad de tu entrenamiento?
-Algo así, la entrenadora me dio el día libre-contesto la latina.
-Hey, que dices si hoy después de la escuela vamos al estanque, podemos pasar por casa y llevar algunos sándwiches y galletas-dijo la rubia esperando levantar el ánimo de la latina, ir al estanque significaba ir al bosque, y desde siempre había sido el lugar de la latina para pensar y relajarse, especialmente si iba con la rubia.
-Seguro, suena bien Britt. Ahora vamos, llegaremos tarde a clases.
Al final del día Santana se encontraba en su habitación, mirando el techo y sin poder dormir, hoy, como todos los años los recuerdos de diez años atrás la atormentaron, pero a pesar de todo esa rubia de ojos azules había conseguido alegrar su día, habían ido al estanque del bosque, la rubia le había preparado su sándwich favorito, en casa habían visto la película favorita de la latina "Balto", mientras la rubia acariciaba su cabeza; lo único que pasaba por la mente de la latina era lo afortunada que fue al encontrarse con la persona más maravillosa de su mundo, Brittany.
Mientras tanto, en su propia habitación la rubia se preparaba para acostarse, se saco la parte superior de su uniforme de porristas y observo su cuerpo al espejo, en su costado derecho, en la zona de sus costillas se encontraba un tatuaje, claro no era cualquier tatuaje, era uno muy especial…
La pequeña Brittany despertó cuando los rayos de sol le daban directamente en su carita, frente a ella estaba Santana, su cara aun tenia rasguños pero ya estaban limpios, no había rastro de sangre seca y aunque aun se notaba frágil por lo menos ya no se veía tan asustada. Al percatarse de su cuerpo se dio cuenta que unos de sus brazos descansaba en la cintura de la morena, mientras que un brazo moreno descansaba a su vez en su cintura, ante esto la pequeña sonrió y abrazo a su nueva amiga aun más fuerte, provocando que la pelinegra despertara.
-Hola-susurro Brittany al ver esos ojos oscuros abrirse.
-Hola-murmuro tímidamente la morena.
-¿Te sientes mejor que ayer?-pregunto con preocupación la pequeña rubia.
-Si, gracias-dijo la morena bajando su vista.
-Chicas, es hora de levantarse-dijo Anne entrando sorpresivamente al cuarto- hola pequeña-saludo a la morena, quien solo la miro asustada, no recordaba a esa mujer-soy Anne, la madre de Brittany, ayer estabas durmiendo cuando te trajeron, pero no te preocupes no te hare daño, todo lo contrario- finalizo con una cálida sonrisa, que por alguna razón tranquilizo a la latina, o quizás era el parecido de esa sonrisa con la sonrisa de la pequeña rubia.
-Bueno el desayuno está listo, vístanse y bajen, Britt cielo préstale algo de tu ropa a Santana-la mujer acaricio las mejillas de ambas chicas y salió.
La rubia salto de la cama y se paro frente a la morena sonriendo.
-Vamos es hora de vestirse, que quieres usar un vestido, o una falda, o unos pantalones, o…hey ya se te prestare mi polera favorita-y la pequeña ojiazul se dirigió hacia un mueble de donde saco una polera blanca con un pato estampado al frente-ten póntela-finalizo extendiéndosela a la pelinegra.
-¿Estas segura?, si es tu favorita mejor úsala tu-contesto tímidamente la morena
-¡No!, yo quiero que tú la uses, eres mi mejor amiga-le explico la rubia sonriendo ampliamente.
-Bueno-contesto la morena esbozando una pequeña sonrisa.
-Y yo me pondré, esta-dijo la rubia sacando otra polera, esta vez verde con un gatito encima y se la mostro a lo que la latina solo respondió con una sonrisa.
Santana se levanto la polera que tenia puesta y la dejo a un lado, mientras acercaba su mano para tomar la polera que se pondría escucho la voz de Brittany.
-Wow… ¿Qué es eso? ¿Es un tatuaje? ¿Es de verdad? ¿Qué dice? ¿Cómo te lo hiciste?-la rubia la bombardeo con preguntas.
-Amm…-la morena observo su torso ahora desnudo, en su costado derecho, donde estaban sus costillas inferiores estaba su tatuaje, no se lo había hecho nadie sin embargo, era un tatuaje especial, cada lobo nacía con uno, bueno cada lobo verdadero y ella era una de ellos, el tatuaje constaba de tres partes, el lema de su clan escrito en lengua lobezna, bajo este su propio nombre escrito también con símbolos lobeznos y el lado de este la silueta de un lobo aullándole a la luna, eran los tatuajes que la identificaban como una loba y a su corta edad entendía lo importante que eran.
-Si es un tatuaje, naci con él y son cosas de…bueno de mi familia, de mi clan, es mi nombre y el lema de mi clan, ero están escritos en nuestra lengua-trato de explicar la pequeña morena.
-Woo…eso es genial-contesto la rubia.
-Mmmm…-ante esto la morena volvió a su tarea y se puso la polera. Cuando estaba sacando la cabeza por el orificio de la prenda un gritito llamo su atención.
-Ahhh…mira Sanny…mira-la rubia saltaba alegremente, estaba ahora sin polera y apuntaba a su costado derecho, donde había una figura negra, en la misma posición en la que estaba en la latina, en el cuerpo de la rubia se encontraba en mismo tatuaje, solo que en la rubia era solo la silueta del lobo, sin nombres ni lemas, solo el lobo aullando.
-¿Qué? ¿Cómo?-cuestiono confundida la pelinegra-¿cuándo te lo hiciste?
-Yo no me lo hice, no recuerdo haberlo tenido ayer-le respondió la rubia.
-Y entonces como…como sucedió
-No se Sanny, a lo mejor quiere decir que estamos hechas para estar juntas y ser amigas toda la vida-respondió la rubia y volvió a saltar de la emoción, mientras se abalanzaba a abrazar a la morena, quien estaba aun sorprendida.
Los dedos de la rubia pasaron por su tatuaje mientras una sonrisa se formaba en sus labios, esa era la mejor prueba de su única conexión con la latina, porque ese tatuaje apareció cuando la latina apareció y nadie sabe cómo, pero la rubia está feliz de tenerlo.
En ese momento se abrió la puerta delicadamente
-Hey Britt-la latina asomo su cabeza por la puerta y al ver a la rubia desnuda de la cintura para arriba, se sonrojó profusamente- ¡Oh cielos!, lo siento Britt, yo no sabía…no sabía… lo siento…yo…-comenzó a tartamudear la latina mientras miraba hacia sus pies. La rubia se rio frente al extraño comportamiento de Santana, no era la primera vez que la veía así, muchas veces se habían vistos desnudas y no tenían problemas con eso.
-San, tranquila, deja de pedir disculpas. Pasa y tranquilízate, no es nada nuevo o que tu no tengas-contesto riendo la rubia.
Qué te pasa, porque te sonrojaste y tartamudeas, pensó la latina.
-Emm…si lo siento…-contesto la pelinegra más calmada sentándose en la cama de la rubia mientras esta se ponía una polera encima.
-Que pasa San-pregunto la rubia al ver la cara de preocupación de la morena.
-Yo… ¿puedo quedarme aquí esta noche?-pregunto viendo a los ojos azules de la rubia.
-Por supuesto Sanny, no tienes ni que preguntarme-le contesto abrazando a la morena.
Una vez bajo las tapas, Santana estaba con su espalda hacia la rubia mientras esta la abrazaba por detrás y le acariciaba el cabello, sabiendo que esto relajaba a la latina y la ayudaba a quedarse dormida después del día que había tenido.
-Britt…-se escucho a una adormilada Santana.
-Si San-contesto suavemente la rubia.
-Gracias-fue la única palabra que salió de la boca de la latina antes que se escuchara su respiración volverse más lenta y profunda.
-Siempre San-contesto la rubia antes de cerrar los ojos y abrazar aun más fuerte a la latina.
Taran...ahi esta, diganme que les parecio.
Nos leemos, sueñen con Brittana
