Después de vivir 1500 años cualquiera pensaría que habría perdido la habilidad de sorprenderme. Era realmente gratificante darme cuenta de que no.
Tras la muerte de Arturo todo cambió. Llegó la paz en Albión como se predijo, la llamada Época de Oro, solo que no liderada por Arturo como siempre creí. A pesar de todo Gwen fue una reina buena, justa, respetada y muy amada por todo su reino e incluso más allá de este, pero los años fueron pasando y todos fuimos envejeciendo.
Gaius fue el primero, todavía recuerdo el dolor por el hombre que fue como un segundo padre. Decían que con el tiempo desaparecería, pero yo supe que no era verdad, porque el dolor por la muerte de mi mejor amigo nunca desapareció, solo me acostumbré a él.
Percival murió en una batalla no mucho después. Desde la muerte de Gwaine no había sido el mismo, parecía más temerario, se tiraba de cabeza a la batalla sin pensarlo, parecía que no apreciara para nada su vida... y puede que fuera así.
León, quien lideraba a los caballeros desde la muerte del Rey, murió retirado de la batalla, de anciano, rodeado de amigos, su esposa y sus cuatro hijos. Cerró los ojos susurrando "por el amor a Camelot", y durmió para siempre, llevándose el respeto que todo gran caballero y gran persona como era él había ganado.
Ahí empezaron los problemas. Gwen era ya muy mayor, sin descendientes, las disputas por el trono cada vez eran más, hubo incluso intentos de asesinato, por suerte todos fracasaron. Llegó un momento que solo le quedé yo, solo confiaba en mí, quien había sido su consejero desde que falleció Arturo. Al principio solo le ayudaba con los temas de hechicería, poco a poco me fue consultando hasta que el título de "Consejero Real de Hechicería" pasó únicamente a "Consejero Real". A Uther le habría dado una embolia si hubiera visto que durante años su amado reino fue dirigido por dos personas que en su momento no fueron más que simples sirvientes, pero lo hicimos bien, la gente vivió feliz y en paz.
Aún pasaron años hasta la muerte de Gwen, y después de eso todo fue un caos, disputas por la corona que desembocaron en una guerra, siendo el pueblo quien pagó la avaricia de los más poderosos. Finalmente la corona la consiguió un pariente lejano de los Pendragón, actualmente no recordaba ni su nombre, porque yo me fui lo más lejos que pude. No quedaba nada para mí en lo que una vez había sido el reino más grandioso de todo Albión. No volví nunca más… nunca más, hasta este momento.
Me di cuenta de que no moriría pronto cuando, en lo que yo creía que serían los últimos días de mi primera vida, me acosté más cansado que nunca, creyendo que había llegado mi momento, solo, en un pueblo de Europa, ya ni recordaba cuál. Pero no fue así, me desperté con mejor salud de la que había sentido en años.
Fue cuando me miré al espejo cuando casi se me paró el corazón. Me vi a mí mismo con el mismo aspecto que la primera vez que fui a Camelot. No sé cuánto estuve mirándome, pero al final conseguí reaccionar y me puse a buscar información. Durante meses no encontré nada sobre humanos ni hechiceros que rejuvenecían espontáneamente. No sabía qué hacer, así que recurrí a Kilgharrah. Desde Arturo no había vuelto a hablar con él, no estaba seguro ni de que estuviera vivo, pero acudió a mi llamada como tantas veces antes lo había hecho.
- Joven hechicero, has olvidado nuestra última conversación- dijo con voz monótona. Pero eso no era verdad, recordaba cada una de las palabras que me había dicho ese día- Arturo es el Rey del presente y del futuro, volverá a alzarse y tú estarás para guiarle en su camino. Tu destino no ha terminado, viejo amigo.
- ¿Qué? Pero…
No pude terminar, porque alzó el vuelo y se alejó. Esa fue la última vez que le vi.
Y así pasaron los años, y los años y los años. Viajé por todo el mundo, no estaba seguro de que me quedara actualmente algún país por visitar. Estuve esperando cada vez que parecía que el mundo iba a sumirse en el caos, cada guerra que hubo… creí realmente que con la Segunda Guerra Mundial Arturo volvería, pero no lo hizo, lo que por una parte me daba miedo, porque significaba que iba a pasar algo peor que todo lo que en esos siglos había llegó a pasar. En esa época fue donde se dio a conocer el primer gran experimento de guerra creado por los humanos, el "suero del súper soldado", pero terminó con Steve Rogers desaparecido en el mar. Le dieron por muerto, aunque yo siempre supe la verdad, podía sentir su energía todavía ligada a la Tierra. Sí, mis poderes habían crecido mucho con los años, como era de esperar, y también aprendí a controlarlos mejor.
Yo iba pasando por lo que llamaba "mis ciclos". Vivía una vida entera y como la primera vez, cuando parecía que todo iba a terminar, me despertaba como si nada con unos 16-17 años aproximadamente. En el 2006 sentí que la Tierra tiraba de mí hacia mi primer hogar, a ese que, como he dicho, no había vuelto a pisar desde la muerte de Gwen y lo que para mí fue el fin de Camelot, aunque la verdadera desaparición de este no puedo decir cuándo fue porque nunca me molesté en buscarlo, era demasiado doloroso. Solo sabía que actualmente Camelot, Arturo y yo mismo, no éramos más que leyendas para los humanos.
En el 2006 estaba al final de mi décimo séptimo ciclo cuando, con mi gorro de invierno, pasé otra vez por Ávalon. No era que hubiera olvidado a Arturo, ni mucho menos, no había ni una semana de mis vidas que no pensara en él, en todos esos años nadie había podido sustituir la amistad que tuve con Arturo, pero sabía que en el momento de su regreso me llamaría de alguna forma, y yo estaba más que preparado para su vuelta.
A mitades de ese año acabó el ciclo, tuve que fingir para la gente del pueblo que se encontraba al lado de Ávalon que era mi propio nieto. Así pasaron los meses y los años. Cuando habías vivido tanto como yo, el tiempo no pasaba de la misma forma, los días parecían horas y los meses parecían días.
Llegó el 2008, y con él Iron Man y Hulk, dos de las mentes más brillantes del mundo en ese momento. Todo eso me daba miedo, no por lo que pueda parecer, me daba miedo que la Tierra empezara a tener tantos superhéroes, tantos protectores con esa tecnología tan avanzada, porque entonces podía significar que Arturo no era tan imprescindible, que con tantas personas mejoradas era más que suficiente. Pero no podía pensar así, no ahora que después de tantos años había sentido una llamada de ese lugar... pero habían pasado ya casi dos años y todo seguía igual ¿me lo habría imaginado? ¿Kilgharrah mintió y había estado tantos años esperando para nada?
Siguieron pasando los años, y las cosas siguieron poniéndose más extrañas, Thor, al que en la Tierra se le reconocía como a un dios nórdico, llegó a nuestro planeta, sin poderes, desterrado de su mundo. A finales de ese mismo año, sacaron al Capitán América del hielo.
Todo esto tuvo algo en común: SHIELD. No me fiaba de esa organización, había estado siguiéndoles desde sus inicios, nunca les perdí la pista, y era por eso que sabía que Hydra seguía con vida en el mismo corazón y cerebro de SHIELD, a pesar de que todos creyeran que habían desaparecido junto con Steve Rogers en el fondo del mar. "Corta una cabeza y aparecerán dos más", lo habían estado cumpliendo con creces.
También sabía sobre el Teseracto, y lo que era realmente este. Uno no vive tantos años años y no conoce las gemas del infinito. Había buscado todo lo que había podido durante muchos años, reuniendo información poco a poco. Encontré una especie de comunidad de gente que aprendía a manipular la energía mística, no eran hechiceros como yo ni como los que existieron en mis primeras vidas, aunque se hicieran llamar de la misma forma, pero eso no les hacía menos interesantes. Así conocí al Anciano, protector de la gema del tiempo, y que me explicó todo lo que yo actualmente sabía de las gemas. Era una persona sumamente interesante, no me había sentido tan cómodo hablando con alguien en años.
¿Que por qué me mantenía al margen de todo? Después de tantos años, a base de caídas y más caídas, aprendí a no inmiscuirme. Las cosas seguirían su curso, lo sabía, la Tierra me lo contaba, me guiaba, y sabía que no tenía que meterme por medio hasta que fuera llamado.
Llegó el 2012, y los Vengadores aparecieron con la llegada de Loki, una simple marioneta, pero una marioneta muy peligrosa que tenía controlada a gente importante. Al final todo salió bien. Como buenos héroes los seis vengadores consiguieron desarmar a Loki y hacerse con el Teseracto, que fue llevado a Asgard, mientras que el cetro de Loki, con la gema de la mente, lo custodiaba "SHIELD".
Fue poco después de todo eso, solo unos días después, cuando lo sentí ¿pero cómo no sentirlo? En todas mis vidas nunca había sentido una energía como esa.
Después de vivir 1500 años cualquiera pensaría que habría perdido la habilidad de sorprenderme. Era realmente gratificante darme cuenta de que no…
Arturo había vuelto.
...
Todo estaba calmado en el mundo en estos momentos. Me gustaba la calma, pero a la vez me ponía nervioso, porque siempre que había calma, llegaba una tormenta, y cada vez la tormenta parecía mayor.
Me tranquilizaba que tener ahora a los Vengadores a una llamada de distancia si el mundo los necesitaba, excepto a Thor, claro. Mucha gente pensaba que mi propuesta de los Vengadores no funcionaría, hasta yo lo llegué a pensar cuando la batalla de testosterona entre el Capitán y Stark parecía que no tendría fin, pero al final con la "muerte" de Coulson conseguimos darles un objetivo común. Estaba realmente orgulloso, ahora todos los mundos sabrían que la Tierra no era cualquier lugar para atacar a la ligera.
Fue cuatro días después de que Thor y Loki se fueran, con este último como prisionero, cuando Gil entró corriendo a mi oficina.
- Señor, tiene que venir, es urgente.- su voz sonaba calmada, pero yo le conocía mejor que eso, podía ver que estaba nerviosa, tenía la cara tensa y en su voz había una ápice de nerviosismo. Pocas veces le había visto de esa forma, así que sin preguntar nada más le acompañé. Cuando llegamos a los ordenadores Alexander Pierce, un buen amigo y agente, ya estaba ahí, parecía tan confundido como yo.- Miren esto,- dijo la agente Gil señalando la pantalla de uno de los ordenadores.- es el pico de energía más grande que se ha registrado en… bueno, nunca, nunca se había visto un pico así de energía.
- ¿De dónde viene? - pregunté.
- Según las coordenadas viene de una pequeña isla, al lado de un pueblo no demasiado grande de Inglaterra.
Como había dicho, después de la calma, llegaba la tormenta, pero no imaginaba que fuera tan pronto ¡Por todos los infiernos! Si no había pasado ni una semana.
¿Qué debería hacer? Dejarlo pasar por supuesto que no, esa energía sobrepasaba con creces a la registrada de Loki hacía unos días, no podía ser cualquier cosa. Podía ser algo bueno, en cuyo caso era mejor controlarlo, dado que, aunque no fueran las intenciones, podía desatarse. De todas formas, algo con semejante poder no podía existir en la Tierra sin vigilancia de ningún tipo, y menos ahora que la gente seguía asustada por lo ocurrido en Nueva York.
Y si era algo malo… tenía todas las papeletas de ser peor que Loki, y en ese caso no valía con que fuéramos a comprobar el peligro e intentar controlarlo con agentes comunes, no iba a enviarles a una posible pelea contra algo que sabía que no podrían vencer.
Solo me quedaba una opción.
- Agente Gil, reúna a los Vengadores.
...
Llevaba horas esperando enfrente del lago, me estaba empezando a plantear que no pasaría nada, que todo habían sido imaginaciones mías, pero no podía ser, había sido un poder demasiado grande.
Me había preguntado durante siglos cómo sería ese momento, cómo volvería Arturo ¿caminando por encima del agua? ¿surgiría a la superficie y nadaría hasta la orilla? ¿volvería en la barca en la que le dejé? y con eso más preguntas ¿qué le diría? ¿hasta dónde recordaría? ¿había visto algo después de su muerte o habría sido como un sueño del que parecía que nunca se despertaría? ¿había llegado a morir de verdad en algún momento?
Solo sabía que nada de lo que me imaginé se parecía a esto. No pasaba absolutamente nada, veía el lago ¿a qué jugaba el destino conmigo? Me sentía como un chiste andante.
Entonces todo pasó de repente. Sentí muchas presencias por mi alrededor, venían de todas partes, me rodeaban… SHIELD… o mejor dicho, Hydra ¿qué se suponía que tenía que hacer? No me podía ir, Arturo estaba a punto de volver, no podía dejarle a merced de Hydra, estaba seguro de que le verían como una amenaza… e Hydra no trataba con las amenazas, las destruía directamente. No, definitivamente no podía permitirlo.
Y entonces vi, no muy lejos de la orilla, como surgía algo de las profundidades del agua. Era una persona… no, no era una persona sin más, era él. El corazón me dio un vuelco cuando vi su cabeza rubia, la habría reconocido en cualquier parte, y a un lado podía ver el mango de la que ahora se conocía como "Excalibur". Me quedé así, mirando, esperando a que Arturo se moviera y empezara a nadar hacia la orilla… hacia mí… pero no pasó, Arturo no se movía. Pasaron los segundos y nada cambiaba, las presencias a mi alrededor no se iban y Arturo no nadaba.
No lo pensé mucho más. Eso era algo que creo que por muchos siglos que pasaran no cambiaría nunca, si tenía que proteger a alguien que me importaba actuaba sin pensar dos veces. Y eso no quería decir que no midiera las consecuencias, era que las consecuencias no me importaban con tal de mantener a salvo a esa persona.
Me tiré al agua y nadé y nadé hasta llegar a él. Le cogí como pude, al fin y al cabo siempre había sido más grande que yo. Estaba frío, tan frío que la idea de que no estuviera vivo se me pasó por la cabeza durante una milésima de segundo, pero la aparté rápidamente cuando noté su energía. Una persona muerta no podía desprender esa energía. Estaba inconsciente, así que como pude nadé hasta la orilla..
Después de un siglo y medio sabía nadar bastante bien, aunque la verdad es que habían pocas cosas que no supiera hacer. Habría sido más sencillo sacarlo con mi magia, era más que suficientemente poderosa como para haberlo conseguido, pero con tanto agente secreto alrededor no me pensaba arriesgar a que tuvieran la más mínima pista sobre nosotros.
Cuando llegamos a la orilla lo tumbé en la tierra y vi por primera vez su cara, no había cambiado absolutamente en nada, bueno, estaba más pálido de lo que le había visto nunca, con los labios ligeramente morados y seguía congelado, pero suponía que cuando volvías de entre los muertos no se podía esperar un mejor aspecto. Respiraba, flojo, pero respiraba. Llevaba la misma malla que cuando murió, lo sabía porque estaba rota exactamente en el mismo lugar en el que Mordred la había atravesado, y su espada colgaba de su cintura… me detuve un segundo cuando vi algo brillar del mango de Excalibur ¿qué era eso? no recordaba que la espada tuviera nada similar.
La giré con delicadeza. En el mango había incrustada una piedra anaranjada muy brillante, pero no era una piedra normal, el poder que transmitía no era parecido a ningún otro que hubiera visto antes, no porque fuera más o menos fuerte, simplemente... era diferente.
- Levanta las manos y aléjate despacio.- dijo una voz a mi espalda.
Levanté las manos y giré la cabeza despacio, pero no me alejé, nada podría conseguir que me alejara. Reconocí inmediatamente a las personas a mi espalda ¿quién no hubiera reconocido a Iron Man? Pero no estaba solo, delante mío apareció la figura de Steve Rogers, luciendo su uniforme y escudo de Capitán. Si estaban ellos estaba seguro de que la Viuda Negra y Ojo de Halcón estarían escondidos por alguna parte entre los árboles.
Los Vengadores… si les habían llamado es que la energía que había desprendido este lugar con la vuelta de Arturo había sido definitivamente llamativa ¿estaría Hulk también escondido? No lo creía, lo reservarían por si no colaborábamos.
¿Qué narices iba a hacer ahora?
...
No había esperado para nada esta misión. No había pasado ni una semana del ataque a Nueva York ¿no nos podían dejar ni unas semanas para descansar? Todavía me dolían partes del cuerpo que no sabía que podían llegar a doler.
No nos habían dicho mucho, solo nos enseñaron varias pantallas con unos gráficos y tablas que dejaron asombrados a Bruce y a Tony. Natasha y Clint simplemente no mostraban ninguna emoción, como siempre. Todo eso en un quinjet de camino a Inglaterra, que se ve que era de donde había venido esa fuente tan grande de energía. Sí, al parecer todo había sido por eso, habían detectado una fuente de energía más grande que la que había desprendido el mismo Loki hacía unos días, lo que pensándolo bien, era bastante impresionante, podía entender por qué nos llamaban a nosotros.
Así que ahí estábamos, todos con nuestros trajes, sin saber muy bien qué nos tocaría hacer, al parecer la improvisación estaba en el menú del día. No estábamos solos, nos seguían varios quinjets más llenos de agentes, Furia había preferido prevenir, y visto lo visto no me parecía ninguna exageración.
No tardamos demasiado en llegar. Ya habíamos detectado una presencia que no pudimos identificar cerca de lo que parecía un lago. Dejamos el quinjet con Banner dentro, en contacto por si al final nuestro amigo verde era necesario, alejado del punto en el que se encontraba esta persona para no perder el factor sorpresa, con los demás quinjets y agentes en posición.
Nos acercamos discretamente entre los árboles. Lo que encontramos cuando llegamos era algo que definitivamente no esperaba. Era un chico joven, de unos veinte años, muy flaco, no parecía ninguna amenaza. Miraba al lago que se encontraba delante de él, estaba tenso, parecía ansioso.
- No parece gran cosa.- reconocí la voz de Natasha por el pinganillo.
- ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo es?- se escuchó a Bruce desde el quinjet.
- Loki tampoco parecía gran cosa, y todavía tengo migrañas de ese cetro.- respondió Clint ignorando a Banner.
- Parece humano.- dije- Quiero decir, que no parece que ningún alienígena ni nada por el estilo esté detrás de esto.
Todavía me resultaba extraño hablar de extraterrestres. Si antes de sumergirme en el hielo me hubieran dicho que había vida más allá de la tierra, hubiera tachado de pirado a quien fuera, y eso que Johann Schmidt parecía de todo menos humano.
- Jarvis, haz un reconocimiento.- escuché decir a Stark.
Estábamos Romanoff y yo cubriendo el flanco derecho, y Stark y Barton cubriendo el izquierdo cuando vimos movimiento en el agua.
- ¿Qué narices es eso?- susurró Clint para sí mismo.
Nadie respondió, la verdad es que ninguno habríamos sabido qué responder. Había aparecido una persona en la superficie, boca abajo, solo se veía pelo rubio.
El chico que estaba en la orilla se quedó mirando la figura del agua unos segundos, como si estuviera esperando algo. No tardó en correr al agua y nadar hacia ella cuando se dio cuenta de que no iba a reaccionar.
- Es un hombre.- dije.
- Gracias, Sherlock.- me respondió Tony, con su simpatía habitual.
- Muy gracioso, Tony.- contesté de mal humor, pero en verdad estaba orgulloso de mí mismo, no demasiadas veces entendía las referencias que hacía la gente en este tiempo.
El chico ya estaba llegando a la orilla con la otra figura. Tumbó al otro en el suelo, por fin le pudimos ver la cara. Era definitivamente atractivo, no es que me gustaran los hombres, pero cualquiera con ojos podría verlo, a pesar de lo pálido que se encontraba, hasta los labios los tenía morados. La malla que llevaba era como las de los caballeros que veía en los dibujos de cuentos que me leía mi padre cuando era pequeño. Llevaba una espada, lo que llamó mi atención… o más bien el brillo que surgía de ella.
- No está nada mal.- dijo Tony.
- Stark, concéntrate.
- ¿Os habéis fijado en la espada?- interrumpí.
- Que tenga una espada es lo que llama mi atención ¿de dónde ha salido ese hombre?.- dijo Barton.
- Basta de hablar, caballeros, tenemos que intervenir ya.-cortó Romanoff.
Al parecer no era el único al que ese brillo le había llamado la atención, el chico que le había sacado del agua también lo miraba. Giró la espada para verlo mejor. Había una especie de piedra incrustada.
- Me acercaré por detrás, Barton, cúbreme.- dijo Tony. Antes de que ninguno pudiéramos decir nada más, como era típico de él, se adelantó hasta quedar poco detrás del chico de pelo más oscuro.- Levanta las manos y aléjate despacio.
- Natasha, voy yo.- le dije a mi compañera.
Vi como el chico levantaba las manos, tal y como había dicho Tony, pero no se alejaba de la figura tumbada. Se giró levemente para mirar a Stark mientras yo me acercaba a él por delante. No tardó en verme.
Le miré a los ojos. Eran azules, profundos, y tenían algo… algo que no sabría describir, porque nunca antes lo había visto. Lo que sí podía ver con claridad era el desafío en su cara, y en ese momento supe que no sería tan sencillo alejarle.
- Hazle caso, chico, no tienes muchas más opciones.- intervine. Podía ver su mente ir a mil por hora, imaginaba que buscando todas las alternativas que tenía para salir de allí.- No vais a poder escapar.
...
Definitivamente no tenía muchas más opciones ¿mi magia podría con ellos? Posiblemente… o posiblemente no. Si algo había aprendido en todos estos años es que la magia y la tecnología no eran demasiado amigas, pero ¿cuál era la otra opción? Sin magia cargando con Arturo no podría escapar ni de broma.
- No pienso alejarme de él.- dije, intentando ganar algo de tiempo.
- No hagas que te tengamos que alejar nosotros.- ese fue Stark, y sabía perfectamente que sus intenciones iban muy en serio.
- No queremos haceros daño.- intervino Rogers- Solo que nos acompañéis, y haceros unas preguntas.
- ¿Qué es esto? ¿Poli bueno, poli malo?- me burlé.
- Tu amigo necesita atención médica, hasta yo puedo ver eso.- volvió a intentar el Capitán.
Ese no era problema, yo podría atender a Arturo perfectamente, llevaba listo para su llegada siglos, lo tenía todo bajo control… todo menos esto.
El problema es que si recurría a la magia no sabía hasta dónde podría llegar. Era poderoso, lo sabía perfectamente, más poderoso que cualquiera de ellos, pero esto no se trataba solo de mí, llevaba a un Arturo inconsciente, no sería tan fácil cargar con él mientras usaba la magia para huir y más con toda la tecnología que había por medio.
Otra opción era intentar teletransportarnos a mi cabaña, no muy lejos de allí, pero si habían rastreado esto, podrían rastrear los restos que dejaría ese viaje, ya que el teletransporte requería mucha energía. Me costó varios siglos perfeccionarlo solo para mí mismo, podía hasta viajar entre países si estos no estaban demasiado alejados, y definitivamente no podía entre continentes, y a todo eso añadirle cargar con otra persona y además inconsciente… no era viable.
Solo me quedaba una opción, así que intenté jugar bien mis cartas.
- No somos peligrosos, solo quiero irme tranquilamente y cuidar de mi amigo.- dije con toda la angustia que pude reunir en mi voz.
- Nosotros no queremos haceros daño.- dijo Rogers acercándose a nosotros unos pasos.
- Tenéis una curiosa forma de demostrarlo.
- Solo queremos que respondáis a algunas preguntas.- intervino Iron Man más calmado.
- Podemos ayudaros, no nos tienes que tener miedo.- volvió a decir Rogers, mirando de reojo al hombre de metal, haciéndole un gesto casi imperceptible. Noté cómo el reactor de Stark dejaba de apuntarme, lo que ciertamente fue un gran alivio.
- ¿Si vamos con vosotros ayudaréis a mi amigo y nos dejaréis ir?.- intenté que mi voz sonara temblorosa.
- Tienes mi palabra, si nos acompañáis y respondéis a algunas preguntas.
Bien. Tenía nuevo plan, meterse en la boca del lobo e intentar salir con un Arturo ya consciente desde dentro. Si todo iba bien, sabiendo cómo actuaban, nos meterían en una sala aislada de todo para prevenir que hiciéramos nada, y desde ahí cuando bajaran mínimamente la guardia tendríamos mayor margen de maniobra.
- Os acompañaremos.- dije mirando al Capitán- Pero no responderé a nada hasta que mi amigo esté despierto.
