conste que solo hago por ti Sol besos!
es una adaptacion, ni la trama ni los peronajes me pertenecen por mas que yo quiera a Edward ¬¬
espero que les guste!
Capitulo 2
Una vez más Bella se encontraba sola. Miraba fijamente las paredes, lastimada por que Edward la hubiese dejado de aquel modo. Caminó hasta el estante, cogió una botella del bar y se preparó un whisky doble. Nunca lo había hecho antes, pero, deprimida, juzgó que la bebida le haría bien.
Con el vaso en la mano, fue hasta la ventana, desde donde podía observar el movimiento de las personas que corrían de un lado a otro y el tráfico congestionado del viernes por la tarde en Londres.
La oficina de Edward quedaba en el decimosexto piso del edificio donde funcionaban todas las oficinas ejecutivas de su empresa. Bella había comenzado a trabajar en el sector de mecanografía, como secretaria júnior hacía seis meses, cuando sólo tenía veinte años.
Edward solía visitar todos los sectores de su compañía, y fue en una de esas visitas que había conocido a Bella.
-Todo bien -la chica había respondido medio sin gracia, pero muy feliz y orgullosa de haber sido notada por el jefe.
Entusiasmado por aquella chica joven, morena y sensual, Edward pidió que la promovieran al puesto de la srta. Parker, su secretaria, que estaba por irse a Canadá.
Cuando Bella supo del nuevo cargo que ocuparía, quedó radiante.
Edward era codiciado por todas las chicas, no sólo porque era el dueño de la empresa sino también por su encanto seductor. Era muy atractivo, con un rostro de trazos firmes, labios bien formados y cabellos cobrizos, cortados de un modo al mismo tiempo moderno y elegante.
Siendo así, no fue difícil para Bella enamorarse de él. Después de un mes de trabajar juntos, Edward la invitó a cenar a un restaurante muy romántico. A la luz de las velas, Bella no pudo dejar de fijar la mirada en aquella sonrisa encantadora y sensual que la atraía como nunca. Edward se había comportado como un verdadero caballero durante la cena.
Al llegar frente al edificio donde Bella vivía, Edward la abrazó firmemente, cogió su barbilla y la besó, como jamás había sido besada antes.
-¿No vas a invitarme a conocer tu apartamento? -susurró ansioso al oído de Bella, apenas contiendo el deseo que sentía desde que la había conocido.
-No sé si debo... -respondió casi sin voz, sofocada por el beso de Edward-. De verdad me gustaría mucho que subieras para que tomemos un trago juntos.
Edward entró e inmediatamente se sentó cómodamente en el sofá de la sala de estar.
-Tu apartamento es encantador, exactamente como la dueña -dijo Edward sonriendo.
-Gracias. Eres muy gentil, Edward -Bella agradeció-. Me gusta mucho. Vivo aquí de pequeña, y este lugar ya forma parte de mi vida.
-¿Sería muy indiscreto preguntar si vives sola o... será que alguien puede aparecer en cualquier momento? -habló, mirando a su alrededor.
-Mira lo que gustes. Mi padre falleció hace cinco años, y Renné, mi madre, y yo, continuamos aquí, viviendo juntas, hasta que hace dos años se casó nuevamente. A pesar de las protestas de mamá decidí continuar viviendo sola. Sabe... ciertamente que yo me sentiría una intrusa...-explicó Bella, entregándole el vaso de licor.
-Entonces puedo besarte una vez más, lo deseo... -murmuró Edward, abrazándola.
Continuó besándola y acariciando su cuerpo. Al poco rato le quitó la ropa e inmediatamente estaban desnudos, con los cuerpos entrelazados. Ella nunca antes se había ido a la cama con un hombre, y cuando Edward lo percibió, ya era demasiado tarde. Al principio se enojó por que Bella no le hubiese avisado, pero después le acarició el rostro tiernamente.
-Yo nunca estuve con una chica virgen en toda mi vida -dijo en voz baja, cogiendo a Bella en sus brazos.
Edward podía no amarla tanto como Bella lo amaba, pero ese día la hizo sentirse bella y deseada. Besó cada centímetro de aquel cuerpo bien formado y sensual con tanta intensidad que Bella llegaba a sentir temblores. Edward sabía como hacer a una mujer sentirse mujer y salvaje en la cama.
Sin conseguir controlar el fervor que recorría su cuerpo lleno de deseo, Edward la penetró nuevamente. Bella, ansiosa por tenerlo otra vez dentro de sí, ardía de placer mientras sus cuerpos se movían frenéticamente.
En esos momentos de amor intenso, de entrega total, Bella conseguía llegar al ser íntimo de Edward. Aquello lo atormentaba, pues era muy cerrado y siempre había intentado mantener a las personas que lo rodeaban a una confortable distancia.
El barullo del personal de limpieza, trajo a Bella de vuelta a la realidad. Ya estaba bien oscuro y pocas personas podían ser vistas por las calles.
Vamos allá, no vas a adelantar nada quedándote aquí recordando el pasado, pensó Bella, mientras bebía el último trago de whisky.
En el camino a casa se sentía un poco más tranquila, pero aún perturbada. El incidente con Edward no se le salía de la cabeza. Él explotaba con cualquier cosa que lo contrariara, por menor que fuese. ¿Qué sucedería cuando supiera del embarazo? Era posible saberlo.
Al llegar a casa, Bella se sentó en el sofá, se quitó los zapatos de taco alto y colocó los pies encima, consiguiendo, finalmente, relajarse. Se quedó así por algún tiempo, pero antes que comenzara a pensar en Edward de nuevo, se levantó y fue hacia el cuarto.
Mientras se quitaba la ropa para tomar un baño, se miró en el espejo y pensó: ¿por cuánto tiempo voy a continuar así... delgada, con el cuerpo apretado y bonito? Bella ya estaba en el segundo mes de embarazo y no continuaría esbelta por mucho tiempo más.
Embarazada, mi Dios, embarazada... pensaba Bella. Sí, Edward había plantado dentro de ella su semilla que se haría un bebé. Probablemente sería un niño, hermoso, fuerte y de ojos verdes, como su padre.
Jamás se haría un aborto, eso estaba fuera de cuestión, pero tampoco se casaría con Edward.
Él nunca pensó en casarse, pero ciertamente, ahora que estaba embarazada, insistiría para que se casaran. Era un hombre responsable y no permitiría que Bella criara a aquel niño sola.
El asunto era exactamente ese, Edward se casaría con ella por el bebé y no por amarla. De ningún modo aceptaría tenerlo a su lado solamente porque estaba embarazada. Tenía su propio apartamento, su dinero y lo había decidido: criaría a su hijo en aquel apartamento, el bebé crecería allí, exactamente como su madre.
El mayor problema sería su empleo: tendría que irse de ahí. No soportaría ver a Edward todos los días, y a él ciertamente no le gustaría verla tampoco. Sería muy desagradable ponerse más gorda cada día, teniendo que usar ropas anchas y nada atractivas. Bella se había puesto muy vanidosa desde que había conocido a Edward. Había gastado mucho dinero en ropas, y ya no había más lugar donde colocarlas.
Salió del baño un poco más aliviada, se peinó los cabellos aún mojados, se vistió sólo con un albornoz y pantuflas, pues no pretendía salir. Quería quedarse sola y hacer lo que deseara. Fue a la cocina con la intención de preparar algo para comer. Se acordó entonces que había congelado pizza la semana anterior, y trató de calentar algunos pedazos.
Apenas había empezado a comer, cuando el teléfono sonó. Bella se pasó la mano por los cabellos y pensó: discúlpame mamá, no voy a atenderte, prefiero que pienses que no estoy en casa.
Renné tenía la costumbre de llamar a su hija todos los viernes, para saber como había pasado la semana.
Decididamente no atendería el teléfono, tendría que mentir nuevamente, decirle a su madre que todo estaba bien, cuando la verdad era que estaba horrible, como nunca se había sentido antes.
El teléfono no paraba de sonar. Cuando Bella creía que la persona del otro lado de la línea desistiría, el aparato volvía a sonar.
-Cállate, no estoy en casa -decía en voz baja, mirando el teléfono.
El ruido del teléfono resonaba en el silencioso apartamento, haciendo que Bella se sintiera aún más sola.
Nunca había percibido como las cosas de su apartamento ya pertenecían a Edward. Mirando a su alrededor podía verlo sonriendo en la foto sobre la mesita de centro de la sala. Muchas de las piezas exóticas que formaban parte de la decoración habían sido regalos de Edward.
Conocía profundamente el gusto de Edward, y desde que se había enamorado compraba todo lo que le agradaba, desde el helado al champán.
Edward, me gustaría tanto vivir toda mi vida a tu lado, pensó Bella mientras encendía la televisión del cuarto. No, no podía entregarse a aquel sueño. Decidió que pasaría el fin de semana sin pensar en él. Sería difícil, necesitaba a Edward mucho más de lo que jamás habría admitido; ahora todo tenía que ser diferente.
El teléfono sonó nuevamente. Bella no soportaría todo aquel ruido de nuevo, y de ahí que decidió atender.
-Hola -murmuró, temerosa.
-¡Bella! ¿Dónde estabas? Llamé varias veces y nadie atendía... -dijo Edward del otro lado de la línea.
-Estaba en el baño -mintió.
-Bien... ¿Estás sola? -preguntó con voz baja y tierna.
Bella buscó sentarse mejor en la cama, arreglando las almohadas para que pudiera quedar recostada. Edward raramente llamaba los viernes, en general tenía negocios que resolver.
-No estoy sola -mintió con más naturalidad esta vez-. Hay un hombre aquí conmigo, y tú nos estás entorpeciendo... -continuó Bella en tono de ironía.
-No juegues así Bella, sabes que no me gusta -protestó Edward.
-Claro que estoy sola, ¿con quién podría estar?
-Bella, no consigo dejar de pensar en ti... ¿Estás segura de que está todo bien? -preguntó preocupado.
-Sí, estoy bien, Edward. Es cierto -Bella le aseguró- sólo un poco cansada, ya te lo dije hoy. Me estaba yendo a dormir.
Edward se calló por algunos instantes y entonces prosiguió:
-¿Puedo ir para allá?
Bella se puso pálida, totalmente paralizada, con el teléfono en la mano. Edward nunca le había hablado así antes. En general, era Bella la que se insinuaba, pidiéndole que fuera hasta allá. ¿Qué podría estar sucediendo con Edward? No era del tipo de hombre que perseguía a una mujer.
-¿Qué sucede, Edward? Estás extraño -habló sorprendida.
-Bueno, Bella. ¿No te das cuenta que te necesito? No consigo ni siquiera dormirme -reveló-. Yo quiero... tú sabes qué. Voy hasta tu apartamento.
-No quiero que vengas -dijo Bella con firmeza, sorprendiéndose a sí misma. Nunca antes le había negado nada a Edward.
Bella podía oír la excitada respiración del otro lado de la línea, mientras quedaba en silencio por algunos segundos. Pero, definitivamente no cedería.
-Edward, estoy cansada, ya estaba acostada -mintió nuevamente con frialdad-. Nos veremos mañana.
Bella desconectó el teléfono inmediatamente después que acabó de pronunciar la última palabra. Si continuaba hablando con Edward, con seguridad flaquearía. Así, prefirió ni siquiera darle la oportunidad de insistir.
Aquella noche sería imposible hacer el amor con Edward. Simplemente no lo conseguiría.
