Disclaimers en el capítulo 1
¡Que obedientes mis lectoras! Entonces, como prometí, aquí otro capítulo completamente porno! A petición de Melissa Swan tendremos un Wicked Wolf. Si siguen así les doy más de lo que quieren, aprovechen que esto recién comienza, pidan su ship favorito, luego se hace difícil darles en el gusto porque iré haciendo la trama más complicada.
Capítulo 2: Confía en tu Domina
La fiesta aún seguía en el castillo de Maléfica, grupos donde se divertían haciendo relucir los mejores dotes de dominación con las nuevas jóvenes, bebiendo y comiendo, disfrutando de la música, charlando de políticas y de cómo se llevaban a cabo algunas cosas en sus respectivas tierras.
Regina por su cuenta se divertía paseándose entre las Dominas novatas, enseñándole cómo usar la fusta, o cuan fuerte debía ser proporcionada una nalgada. Lo que más le preocupaba a la morena era que a ninguna de las esclavas se les hiciera daño, era algo que le nacía hacer por sí misma, no había ninguna obligación en ello. Para ella, esto no era un castigo, era una instancia de aprender a ser humilde. La obediencia no era mala, ella sacaba mucho provecho de entender cuándo era necesario dejar de lado el orgullo. Para una esclava o una criada, quizás esto era más fácil de entender, pero para una princesa era totalmente distinto ¿Qué caso tiene aprender la obediencia si se va a ser reina en un futuro? Pues la lógica de Regina tenía mucho peso. No se puede gobernar de forma justa si no se aprende lo que viven día a día los plebeyos, entendiéndolo así esto que ocurría cada año en el reino Púrpura era beneficioso tanto para la realeza como para el pueblo. Ella bien sabía de la mano de la experiencia que esto era cierto, si no fuera por Maléfica todo lo que se habla de ella en los reinos anexos sería muy verdadero, ella le enseñó, ella la doblegó.
Luego de varias horas divirtiéndose en la fiesta, Regina recordó que Emma estaba en su habitación esperándola, y ya con el tiempo que había pasado debía estar hambrienta y muy incómoda con la posición encadenada en que la dejaron. Le había dado libertad a Mulán y Eric hace algunos momentos atrás para divertirse y dejaran de hacerle guardia, a estas alturas ya no había peligro para Regina, Zelena y Ruby eran sus mayores amenazas pero ya en el castillo simplemente evitaban encontrarse, eso era más de lo que podría pedir. Mientras caminaba por el salón vio que Mulán estaba animadamente bebiendo con Phillip y Aurora, los cuales ya estaban bastante mareados y sueltos de labia. Al pasar cerca de ellos Regina le hizo un gesto a Mulán tomándose el parpado inferior de uno de sus ojos, dándole a entender que la estaba vigilando, para luego reírse discretamente y seguir con su rumbo hacia su habitación. Sabía perfectamente en qué terminaría esa animada conversación entre los tres. Unos pasos más allá se llevó una sorpresa, su dulce y refinado Eric estaba muy cerca de la princesa Ariel. Claramente fue una sorpresa, porque hasta ahora Eric no había demostrado ningún interés por ninguna mujer desde los siglos que lo conocía, si bien Eric era uno de sus mejores espadachines, no era de temer por su presencia, actuaba más como un príncipe que como el soldado de elite que era, no era que le importara la opción sexual de sus tropas, pero hasta ahora siempre pensó que a Eric le gustaban sólo los hombres. Lo que ahora le preocupaba era que la princesa Ariel aún no estaba casada, ni siquiera prometida en matrimonio, como fuera mancillada estaría en grandes problemas. Si la reina Ursula se enteraba no sólo iba a querer la cabeza de su querido Eric, sino que también la de ella.
Lo llamó hacia un costado haciéndole un gesto amable a Ariel y guiñándole un ojo, Regina sabía lo curiosa que era y que luego llenaría de preguntas a Eric, así que trató de ser lo más despreocupada que pudo antes de entablar conversación con su caballero.
—No cometas ningún error Eric, Ariel aún es doncella. ¿Entiendes? No quiero problemas.
—Pierda cuidado mi reina –Eric le tomó la mano y la besó en su anillo real- Estábamos recién hablando de ello.
—No es que te prohíba que te diviertas con ella, pero está prohibido usar –Regina tomó firmemente el bulto de Eric por sobre el pantalón- esto que tienes entre las piernas dentro de Ariel. ¿He sido clara?
—Entendido –Apenas dijo con un susurro, quedándose perplejo ante el toque de Regina.
—Ten cuidado –lo soltó y le acomodó bien el cinturón donde descasaba la espada del joven- Ariel es un poco ingenua, quizás creas que le faltan algunos tornillos en la cabeza, o que no tiene cabeza, pero no te engañes. No le hagas daño, la estimo mucho –Le dijo Regina relajando su rostro.
Luego de advertirlo siguió su camino tomando algunas cosas para darle de comer a Emma, pensando en qué pasaba en la cabeza de Ursula al no prometerla a algún príncipe, quizás eran celos, o quizás estaba tan sola en su reino que no quería dejar partir a su hijastra. En fin, Ariel había sido una de las más peculiares princesas esclavas que alguna vez haya tenido que dominar, era como un bebé recién nacido cuando llegó a estas tierras, jamás había estado aquí, tratar con ella era como tratar con alguien de otro mundo, Ariel era la ignorancia y la curiosidad hecha persona, cosa que muchos podrían confundir con falta de sesos. Ingenuidad por falta de entendimiento de las cosas de estas tierras, pero por sobre todo era curiosa y ante las suplicas de la sirena por conocer el mundo exterior Ursula la envió al castillo de Maléfica, creyendo que después de eso quedaría espantada y no iba a querer salir de su reino, y no pudo estar más equivocada. Ariel lo quería todo, lo aceptaba todo y se maravillaba con todo, al año pasado había sido la esclava más complaciente que alguna vez haya pisado el castillo, y por cierto también la más graciosa, no tardó en ganarse el cariño de todas, incluso de las otras esclavas.
Ser encadenada en la habitación de una Domina era solo privilegio de las princesas, si bien algunas esclavas podrían pensar que era injusto que prácticamente se llevara la sumisión de ellas en las cuatro paredes era un pensamiento totalmente errado. A las princesas se les dejaba salir muy poco, pero el trato era mucho más exigente que el de las esclavas y criadas, y como Emma demostrara ser obediente sería mostrada y compartida entre las demás, pero primero debía demostrar respeto ante su Domina.
Emma esperaba ya muy cansada y aún despierta en el centro de la cama de Regina, se encontraba de rodillas, con esposas de cuero que afirmaban cada una de sus muñecas con uno de sus muslos, estos últimos con cadenas hacia los cuatro postes de la cama, lo que hacía que la rubia solo pudiera equilibrarse en sus rodillas, su cabeza tenía una máscara de cuero, la cual tenía otra cadena que tiraba su cabeza hacia atrás. Estaba totalmente inmóvil, sus piernas la estaban matando.
Regina casi pudo escuchar un gemido de alivio de la rubia al cerrar la puerta tras de ella, lo que hizo que los ánimos de dominación de la morena se encendieran aún más.
—Al fin te dignas a venir, pensé que me dejarías aquí toda la noche –dijo Emma a través de la máscara.
—¿Acaso no debería hacerlo? –Regina dejó la comida en la mesita de noche y comenzó a soltar la cadena de la cabeza, sobando el cuello de la rubia- No me gusta esta máscara, no me deja ver tu rostro ¿Mejor así?
—Mucho mejor ¿Qué haces? –Emma se molestó al ver como Regina cambiaba la máscara por una correa que comenzó a abrochar alrededor de su cuello sosteniendo firmemente la cadena de ésta en su mano izquierda- ¿No piensas soltarme del todo?
—Ni lo pienses –Regina se rio entretenida por la cara desencajada de la rubia.
—Pero dijiste que si te obedecía… -no pudo terminar la frase porque Regina tiró fuertemente de la cadena haciendo que su cuerpo perdiera el equilibrio.
—Dije que si me obedecías te iría mejor, y que confiaras en mi –el rostro de Regina quedó muy cerca de los labios de la princesa, la cual quedó en silencio, sintiéndose ingenua por creer que se había librado pero también bastante atontada con la cercanía de Regina- ¿De verdad pensaste que podrías escapar de esto? Me sorprendes, como si no supieras a qué vienes ¿Nadie te lo explicó? –el rostro de Emma se giró para no mirarla, cómo si escondiera algo- Espera un momento ¿Tus padres no te dijeron nada? Contesta –volvió a tirar de la cadena- pobre criatura –masculló entre dientes al no tener respuesta.
La Domina soltó las cadenas de atrás de los muslos de Emma, para permitirle un poco de movilidad, pero sin soltar las delanteras, la rubia podía acercarse pero no escaparse. Sin soltar la cadena del cuello de Emma, tomó la comida que le había traído, se sentó en el respaldo de la cama, abrió sus piernas y dejó el plato entre ellas, mirando a su esclava deseosa de querer saber a qué cosas estaba dispuesta la rubia ahora que sabía que no era libre, sino que toda suya.
—Puedes comer princesa –le dijo mientras comenzó a tocarse el sexo por encima del pantalón de cuero, era imposible no mirar el plato y el centro de Regina al mismo tiempo- No te quedes ahí sólo mirando, si eres obediente puedo permitirte verme cómo me doy placer a mí misma –Emma volteó la cabeza en signo de rebeldía, provocando que Regina nuevamente tirara de la cadena.
—No pienso comer de ahí, ni siquiera tengo mis manos libres para poder apoyarme –trató de mover sus manos pero fue inútil, incluso trató de zafar del agarre de Regina pero estaba firmemente tomada.
—Princesa, esto no está bien. Te dije que confiaras en mí –ahora Regina se erguía y tiraba fuertemente de la cadena haciendo que Emma cayera en sus brazos- creo que hay algo que estas esperando desde que me viste en la recepción.
Regina tomó el rostro de Emma y la besó firmemente, pero los labios de la rubia estaban por completo cerrados, sin embargo a medida que la morena iba saboreando aquellos suaves labios con su lengua poco a poco dejaba que entrara y la llenara con su calidez, dejándose llevar por los labios de su Domina, permitiendo que la penetrara del todo, embriagándose con el sabor de la boca húmeda de Regina. Incluso pudo animarse a corresponder el beso, ella misma comenzó a introducir la lengua en la boca de su Domina, hasta que algo la alarmó por completo, había rozado sus dientes, que para su gusto eran demasiado alargados.
—¿Qué demonios pasa con tus dientes? Ohhh Dios –vio como Regina sonreía y dejaba ver sus largos y filosos colmillos- Eres un…
—¡Un vampiro! –le dijo Regina tomándose el pecho sobreactuando sentirse ofendida.
Regina debía sobreactuar y tomarse este hecho con calma. Y es que a ella también se había alarmado ante lo que había pasado. Sus colmillos habían cobrado vida propia, porque al besar a Emma le pasó lo que nunca había imaginado que podía suceder solo con un beso. Sintió el sonido de su corazón, la sangre correr por cada vena de la princesa, el calor de la vida y el sabor de la muerte, sí porque mientras la besaba sintió que ya nada podría importarle, que se estaba tirando en picada hacia el infierno y en cambio lo que sentía era que aterrizaba en el paraíso. Regina esta confundida y preocupada a la vez. Había ciertos recuerdos de una sentencia a una larga vida en solitario, de una antigua profecía que hacía que este simple acto no fuera fortuito.
—¡Ustedes están todos locos, los vampiros no existen! –Interrumpió Emma en los pensamientos de Regina. Su rostro comenzó a cambiar a uno de pánico al ver que en realidad la habitación de Regina no tenía ninguna ventana- Mierda… ¿Vas a morderme? No me mates por favor, lo siento, comeré del plato, te obedeceré pero no me mates.
—¡Oye, oye! Cálmate un poco –Regina se puso más seria- Nadie aquí va a morderte, nadie va a matarte ni hacerte nada malo.
—Tú eres esa reina de la que todos hablan por mis tierras ¿Verdad? Si no vas a matarme entonces ¿Qué? ¿Tienes esos colmillos por adorno?
—Escúchame niñita, no me importa qué cosas se hablen en tu mundo, pero si te vas a asustar por sólo ver un par de colmillos entonces no quiero ni pensar cuando veas otras cosas más. ¿Por qué crees que esta tierra está oculta? Aquí hay magia Emma, aquí nacen todos los cuentos de horror que alguna vez escuchaste, pero que están muy lejos de la realidad.
—Aún no me dices por qué tienes esos colmillos ¿en realidad eres un vampiro? –Emma iba calmándose al ver que en realidad Regina no le haría daño.
—Haces muchas preguntas para estar esclavizada en este reino –Regina aflojó un poco el agarre de la cadena- No, no soy del tipo de vampiros que tú conoces por leyendas, no ando alimentándome se seres humanos para seguir viviendo, esto es una maldición Emma, una muy cruel. Y no quiero explicarte más, porque… no sé ni porque me molesto en explicarte ¿Vas a comer o puedo largarme ya de aquí?
—¿Vas a morderme?
—No
—Entonces me niego.
Regina respiró profundo, no sabía si tomarlo como rebeldía o como un cumplido. Bien, a ella nunca le tocaban las difíciles, pero en este caso estaba disfrutando bastante de la rebeldía de la princesa, no pensaba bajar los brazos con ella, porque era hermosamente suya y el sólo hecho de pensar en tenerla sumisa le hacía emocionarse. Sentimientos encontrados, Regina sabía perfectamente cuál era el linaje de Emma, lo intuyó cuando se enteró que venía desde las tierras del Bosque Encantado, pero cuando Maléfica le dijo su apellido supo de inmediato que se trataba de una princesa del Reino del Fulgor. Quedarse con Emma era algo anhelado pero peligroso. Como las polillas que mueren atraídas por la luz de las llamas, eso era relacionarse con Emma.
"La luz del cisne se bañará en aguas oscuras y terminará por destruir el reino de las tinieblas"
De pronto Regina desvió la mirada ante el sonido de la puerta que sea abría, con lo más bizarro y extraño que alguna vez había visto en su vida, era Ariel entrando con un arnés en la cabeza, que tenía un dildo de cuero negro que quedaba justo en su boca, extraño, incluso divertido.
—Ariel, mi querida Ariel –parpadeó rápido- Me puedes decir ¡¿Qué demonios haces con eso puesto en la cabeza?!
—¿Por qué? –se le escuchó extraño debido al arnés- ¿No se usa así?
—Claro que no, eso se usa en las caderas mujer –se rio de ella, notando que Emma también lo hacía por lo cual no dudo en darle un tirón para que dejara de hacerlo- Ven acá, déjame ponerte esto bien ¿Quién te dio esto?
—Eric, pero no entendí bien, me dijo que le gustaban las pelirrojas, y que tenía un regalo para mi cabello, me dio esto –le mostró un bello prendedor para el pelo- pero luego me dio esto otro y luego de seguir hablando no me quedó claro qué cosa me tenía que poner en la cabeza –Ariel se dejaba poner el arnés en las caderas como quien vestía a una niña- Pero bien, sólo venía a pedirte permiso para ocupar a Eric, sí, quiero ocuparlo ¿Puedo?
—Claro que puedes, solo mantén esas piernas bien cerradas, no quiero que tu madrastra ande por ahí persiguiéndome ¿Vas a irte con esto puesto? –Regina aún seguía riéndose pero entendía que a Ariel no le importaba mucho lo que dijeran de ella.
—Me gusta, se ve divertido –ahora Ariel entendía para qué era el arnés- Ok, ¡Tengo pene! Adiós Regi –la besó rápido para irse pero mientras lo hacía entraba por la puerta ahora Aurora.
—Ariel, te buscaba, con Phillip y Mulán nos vamos a divertir un rato en la alcoba de la reina, ¿te apuntas con nosotros?
—Claro, ahora tengo pene –tomó el dildo con su dedo moviéndolo graciosamente- le diré a Eric, nos vemos.
Aurora venía por lo mismo, a pedir permiso a Regina para poder llevarse a Mulán a la alcoba, y cómo no también a invitarla a ella no conforme con el encuentro que acababan de tener en la mañana.
—Lo siento Aurora, ahora mismo no puedo, estoy tratando de que Emma pruebe su comida. Pueden empezar sin mí, luego si puedo me uno a ustedes –le dijo mientras Emma volvía a tirar con su cuello de la cadena.
—Princesa –Aurora se dirigió hacia Emma- esto es muy fácil, déjame enseñarte.
Regina volvió a su posición con las piernas abiertas con la comida entre ellas, mientras Aurora ponía sus manos en los muslos, simulando estar esposada. Se inclinó hacia el plato tomado un bocado y volvía a erguirse para seguir masticando la comida, recibiendo una caricia en su cabeza como si de una cachorrita se tratara. Emma, al ver esto, sintió ganas de gritarle que saliera de su comida, pero eso era demasiado degradante para ella, así que simplemente guardó silencio y siguió viendo, sólo que aún no entendía como una princesa podía rebajarse a hacer esas cosas.
—¡Ves princesa? no es tan difícil –Regina la tomó por la barbilla y le besó dulcemente.
—¿Todo el mundo anda besándose aquí y haciendo orgía con todos?
—¿Desde cuándo tus esclavas hacen tantas preguntas Regina? –Aurora la miró extrañada viendo como a la morena le cambiaba el semblante del rostro– Contestando a tu pregunta, no, aquí las muestras de cariño son reales, sólo besamos cuando queremos - nos vemos Regi.
Emma entendió bien, Regina le había besado, y no era aprovechándose de su poder ante ella en estos momentos, lo que Aurora le había dicho era que Regina sí quería besarla, de otro modo no lo habría hecho, y es que ella sintió como se le aceleraba el corazón al sentirla cerca, al besarla, era mutuo. Regina por su parte sintió que la habían dejado al descubierto, pero no era culpa de Aurora, era verdad, simplemente había sentido la necesidad de besar a Emma, quería hacerlo, era como amor a primera vista.
—Emma tan sólo como tu comida, no digas nada, ya me harté de que preguntes tanto. Otro día si es que te lo mereces podremos hablar si tienes tantas dudas, realmente no entiendo cómo es que tu madre no te explicó nada. Come Emma, te lo estoy ordenando –le dijo suavemente pero aún con la cadena afirmada con fuerza.
—Hablas de mi madre como si la conocieras –la miró extrañada pero sin ánimo de seguir con la discusión.
Así lo hizo la rubia, obedeció, se inclinó, tomó un bocado y masticó, pero sin dejar de ver la mirada penetrante y seria de su Domina. Ambas estaban un poco confundidas con el beso que se habían dado, ambas escondían no sólo sentimientos del momento sino que muchos secretos. La pregunta de Emma era ¿Podía confiar en ella?
Al terminar de comer, Regina la acarició en la cabeza, y volvió a inmovilizarla, pero esta vez tirando de la cadena de su cuello hacia adelante, sin poder erguirse, con la espalda recta. La princesa no entendía bien qué era lo que pretendía su Domina en estos momentos, pero simplemente quiso confiar en que nada malo le pasaría. Tan sólo pudo seguirla con los ojos y pudo ver que sacaba una pequeña pero gruesa vela roja, la cual encendió con sólo un movimiento de manos, dejándola en su espalda.
—No te muevas Emma, o te quemarás con la esperma. Volveré antes que eso pueda ocurrir ¿Confías en mí?
—Mierda… lo único que me faltaba –masculló Emma entre dientes.
—Esa boquita –Regina tomaba una cinta de cuero para amordazarla- vamos a solucionar eso también en un rato más. Aguanta en esa posición, iré a vigilar a mis soldados y vuelvo. Lo prometo.
Zelena se paseaba por los pasillos del castillo, buscando alguna entretención fuera de la muchedumbre de la fiesta, y es que después de la vergüenza que le había hecho pasar Regina no quería dar la cara, era demasiado para ella. Entró en la que debía ser la habitación de una de sus primeras esclavas y la única princesa que alguna vez se le haya asignado, la ahora hermosa reina Ruby. Pensó que podría esperarla ahí para pasar un buen rato cuando volviera, pero para su sorpresa la loba estaba en su alcoba cambiándose de atuendo con no muy buena cara.
—Ruby querida –la saludo con un par de besos haciendo que la cara de la loba se relajara- Pensé que estarías con alguna esclava ahora mismo.
—Zelena, no tengo ganas, de verdad que este año no estoy de ánimos para nada. Vine a ponerme un poco más cómoda, creo que este año sólo quiero mirar y disfrutar de la fiesta con alguna buena charla.
—¿Y si recordamos viejos tiempos mi cachorrita? –le dijo Zelena susurrándole al oído, con el adjetivo que le había dado hace muchos años atrás- Podríamos pasar un buen rato aquí las dos solas mientras las demás juegan a que tienen el poder.
—Podría ser, no lo sé –Ruby pasó los brazos por la cintura y disfrutó del beso que Zelena le daba en el lóbulo- aunque sé que contigo nada es gratis ¿Qué quieres a cambio de tus caricias Zelena?
—Lo de siempre Ruby, información –pasaba una de sus manos por detrás hacia la espalda, bajando hacia sus nalgas, apretándolas fuertemente- ¿Cómo esta Glinda? ¿Ya se acostumbró al frío?
—Sabes que no puedo hablarte de ella –se separó y volvió por la ropa que se estaba colocando anteriormente- Debes aprender a perder querida, la rubia no quiere nada contigo. Y además le prometí darle un seguro asilo en mi reino, me es fiel y servicial ¿Por qué tendría que romper mi palabra? Le harás daño como la última vez Zelena.
—Ni siquiera sabes qué fue lo que ocurrió Ruby, hablas de más –Zelena se contoneaba al caminar, y comenzaba a subirse la falda mientras lo hacía sin que la loba se percatara.
—No me hace falta, tampoco se lo he preguntado. Ella simplemente…
A Ruby se le fueron las ideas, al voltearse para enfrentar a Zelena sólo pudo ver como la bruja se apoyaba en uno de los pilares de su cama mientras se tocaba su húmedo centro mientras mantenía la falda plegada en su otra mano, siseando ante su propio toque, tentando a la loba, sabía que no había mejor manera de contentar a su cachorrita que con su imagen disfrutando del placer.
—¿Qué pasa mi lobita? ¿No vas a beberte mis placeres como siempre lo haces?
Ruby no pudo contenerse, soltó la prenda que estaba por ponerse y se fue de forma frenética hacia ella quedando de rodillas frente a su sexo. Su boca se hizo agua, podía ver los delgados, largos y elegantes dedos de Zelena jugando con su clítoris, como sus fluidos eran esparcidos con gracia y deleite. La loba acarició los muslos de la bruja, sintiendo el temblor de ellos ante su tacto, notando inmediatamente como eso provocaba más excitación y humedad en el masaje auto propinado.
—¿Puedo tocar tus dedos? –le dijo Ruby mientras se lamía los labios tentada por probar sus fluidos.
—Claro mi loba, también puedes tocarte, tienes mi permiso –Zelena gemía levemente mientras la miraba desde arriba.
Ruby rozaba con la yema de sus dedos la mano de Zelena que se movía en círculos sobre su clítoris, viéndolo hincharse y tomar más color. Sin pensarlo, Ruby metió su mano en el pantalón recién cambiado y notó que ahí abajo ya estaba todo arruinado, estaba tan húmeda como su objeto de deseo. La loba comenzó a tocarse al mismo ritmo de Zelena, imitando perfectamente cada movimiento.
Zelena abrió sus labios, exponiendo cada centímetro de su sexo, dejando a la vista y disposición su clítoris henchido y palpitante. Los ojos de Ruby clamaban por probar su néctar.
—Pruébame Ruby, sólo una vez –le indicó Zelena adelantando un poco sus caderas hacia el rostro de la loba.
La loba no dudó en obedecerle, abrió su boca y bebió aquellos jugos que tanto la estaban llamando, luego se retiró, dejando un pequeño hilo entre el sexo de Zelena y su boca.
—Delicioso ¿verdad? –Ruby asintió mientras la miraba desde abajo con ojos de total súplica para poder seguir bebiéndola- Puedes hacerlo… pero –la detuvo antes de que pudiera arremeter- no antes de que me regales tu propio orgasmo. Tócate Ruby, tócate mientras me miras –Zelena volvió a acariciarse, jadeando y gimiendo, esperándola para poder alcanzar el orgasmo junto con Ruby.
La loba apresuró sus movimientos, su masaje era frenético y su mirada lujuriosa, no tardó en sacar los primeros gemidos que regaló con gusto a Zelena, que la miraba sonriente y divertida por la obediencia de quien ya no era su esclava, cómo le divertía poder degradar a una reina, poder manipularla de tal forma. Los ojos de Ruby se tornaron blancos, un sonido gutural salía de su boca ante el climax que estaba alcanzando, cuando quiso soltar su último y desbocado gemido al alcanzar el orgasmo, Zelena tomó su cabeza y la acercó violentamente a su sexo, sintiendo como los gemidos se ahogaban en su centro, jadeante y excitada ante la voz ahogada de la loba.
Ruby soltó sus propias caricias y enterró sus uñas en el trasero de Zelana, la cual ahora no solo tomaba la cabeza de ella sino que también balanceaba sus caderas para aumentar el movimiento desenfrenado, los sonidos de Ruby eran casi animales que se combinaban con los gemidos de Zelena que ya casi culminaba.
—Mi loba, no pares, no pares por favor –Zelena hacía una mueca y entre cerraba los ojos, estiraba su cuello y se dejaba llevar por sus propios gemidos.
Los espasmos del cuerpo de la bruja no tardaron en aparecer, los gemidos y jadeos eran un festín para los oídos de Ruby, que no pretendía sacar su boca de su centro. Lamió y succionó cada lugar, bebió, mordió y siguió lamiendo, a Ruby no le quedaba ninguna señal de cordura, sentir como podía beber no solo su néctar sino que también embriagarse con sus gemidos era el paraíso mismo. No contenta con eso, Ruby introdujo un par de dedos en el interior de Zelena, provocando otro ruidoso gemido al sentir a la loba dentro. Ruby entraba y salía lento, después rápido, rotaba sus dedos, volvía a penetrarla con rapidez para luego no parar, no la dejaría, las embestidas con su mano no sólo eran rápidas sino que firmes, decididas y fuertes. Zelena no lo soportaría más, su orgasmo estaba próximo.
Las piernas de Zelena flaqueaban, se doblaban solas, comprendiendo que la loba no la dejaría en paz tan fácilmente. Su cuerpo casi convulsionaba, sus gemidos se convirtieron en quejidos, y ya no era responsable de sus actos, se encorvó hacia adelante, tratando de alejar sus caderas del rostro y dedos de Ruby pero fue en vano. En un acto desesperado la levantó con todas sus fuerzas, elevándola hacia el cielo volando con ella por los aires, estrellándola contra el techo de la habitación, aprisionándola contra ella, respirando al mismo tiempo de forma cansina y dificultosa.
—¡Quiero más! –Le exigió Ruby con voz ronca.
Las uñas de Ruby se transformaron en garras, y tomando a Zelena por la solapa del vestido la empujó hacia una de las paredes golpeándola fuertemente mientras rasgaba la tela de su traje. Al mismo tiempo Zelena hacía desaparecer la poca ropa que Ruby llevaba con un movimiento de manos esfumándose en una nube verde.
—Lo quieres todo pero no tengo nada a cambio loba –ambas se iban calmando mientras iba cayendo poco a poco al suelo- Déjame ir a tu reino y probar suerte con Glinda, no te pido nada más que eso.
Ruby mordió la mandíbula de Zelena y luego se le acercó al oído.
—Déjame explicarte por qué no puedo. Y si me das una solución puede que te lo permita.
—Sé perfectamente que es por Regina y lo que le hizo a Graham, no tienes que explicarme nada. Las atrocidades de Regina se esparcen por todo Occultus Terra. ¿Pero qué tiene que ver Glinda en todo esto?
El cuerpo de Ruby se hizo peso muerto y sus ojos agua cuando Zelena le nombró a quien había sido su compañero por tantos años, y que por culpa de Regina ya no estaba a su lado. El lobo ahora caminaba errante por su propio reino en forma animal, un ermitaño y enemigo de la compañía. Nunca pudo entender bien qué le había pasado, pero sí tenía claro que Regina había sido la última persona con la que Graham se había reunido. Tampoco nunca entendió la amistad que ellos tenían ni como era que aquello les beneficiaba mutuamente, pero eso ya no importaba, para Ruby algo le había hecho Regina para alejarse de su reinado y vivir en solitario.
Zelena la tomó en sus brazos y la depositó en la cama, comenzó a besarla tiernamente siendo correspondida por la loba, siguieron así por largo rato, mientras se frotaban contra sus cuerpos ya sudorosos por la anterior lucha. Entre besos y jadeos Ruby fue contándole la historia, de cómo Glinda primeramente había llegado a su reino pidiendo protección y paz, y como después se transformó en la protectora y guardián de Graham sin que él se diera cuenta. La única forma que Ruby tenía de saber de su amado era atreves de la bruja blanca. A Zelena también se le soltaron algunas lágrimas mientras le contaba su historia con Glinda, la cual le prometió que jamás le dejaría, la que le prometió amor eterno, hasta que un accidente y una falta de cautela hizo que la rubia pensara de ella atrocidades que no había cometido, sin embargo, todo apuntaba hacia ella. Para Glinda, Zelena había sido la causante de que su hija Dorothy muriera en un pantano a causa de la envidia y los celos.
Dolor, venganza, frustración, odio, tristeza, ternura, desamor y placer. Una combinación peligrosa y altamente viciosa. En resumidas cuentas, ambas tenían algo que sacar de sus heridos corazones, ambas se complementaban en su desdicha. Solo les bastó un par de lágrimas más para que decidieran que esta noche se amarían sin importar que había pasado en el ayer, y sin importar que iba pasar por la mañana. Nadie podría entender lo que era ser rechazados por quienes más amaban.
Cuando Regina entró en la enorme alcoba real, lo primero que había imaginado era que había tremenda orgía, pero estaba muy lejos de ello. En cambio vio a una entretenida Ariel, aun con su arnés puesto, haciendo mímicas con los dedos en su boca de tener colmillos mientras Maléfica descansaba en un sillón tentada de la risa.
—¡Yo ya adiviné! Esa soy yo –Dijo Regina mientras entraba en la habitación
Simplemente estaban entreteniéndose y bebiendo vino mientras jugaban a darse penitencias porque a Ariel se le había ocurrido un entretenido juego llamado verdad o penitencia. Maléfica no jugaba, simplemente se deleitaba con lo infantiles que podían ser y se reía de sus ocurrencias. Regina disfrutó un momento del espectáculo, dirigiéndose hacia la rubia, sentándose en sus piernas, porque ahora a Phillip le tocaba darle nalgadas a Eric, eso fue lo que terminó por hacer estallar en risas a todos, aunque a Ariel se le ponían los ojos brillantes ante lo que veía, definitivamente quería a Eric para ella, lo quería con todas su ganas, esta noche o la que fuera.
Regina se dio cuenta de inmediato, así que antes de retirarse le encargó insistentemente a Maléfica que no pasara nada más que juegos entre ellos dos, por lo cual la rubia le prometió que nadie saldría de la habitación hasta que amaneciera, en el caso Eric, un poco antes para que no se topara con la luz del sol.
Después de un par de copas Regina decidió volver a su oscura habitación y volver por la vela que se estaba consumiendo en la espalda de Emma. Ya bastante más despreocupada debido al alcohol acumulado de toda la noche, entró muy sonriente en la habitación, cerrando la puerta de golpe y tomando su fusta graciosamente.
La rubia no pudo emitir ninguna queja debido a que estaba amordazada, pero en sus mejillas se mostraba claramente que había estado llorando, probablemente su cuerpo ya no estaba aguantando más la posición, y tenía miedo de que si se llegara a mover no solo se quemara sino que también provocaría un gran incendio.
Regina se lamentó, y movió su cabeza en signo de negación bastante disconforme con la actitud de la princesa. Sacó la vela que estaba rebosante de esperma, casi a punto de salirse por los bordes y la colocó en la mesita noche, mientras con un movimiento de los dedos hizo encenderse todos los candelabros de la habitación. Antes de sacarle la mordaza, le propino una par de golpes con la fusta en el trasero, para luego comenzar a liberarla tanto de las esposas como de las cadenas que la mantenían en la cama. Solo se quedó con la cadena del collar, la tiro fuerte hacia ella y la abrazó apretadamente.
—¿Por qué demonios lloras Emma? Te prometí que volvería a tiempo, sin embargo estas aquí lloriqueando porque pensaste que me había olvidado de ti –la sacó la mordaza con brusquedad.
—Gracias, mi cuerpo ya no daba más, tenía miedo –Dijo Emma en un suspiro aliviado por poder estirar su cuerpo.
Regina la levantó y la condujo hacia el centro de la habitación.
—Quiero que cada vez que entre por esa puerta, me agradezcas y estés feliz, pero no por librarte de tu dolor o sufrimiento, quiero que estés feliz por verme Emma, porque soy yo –Regina tomó una manivela que estaba a su alcance y comenzó a darle vueltas, con ello unas cadenas desde el techo comenzaron a bajar- Quiero que cada vez que me veas te pongas contenta porque te haré gozar, te daré placer, quiero que anheles tenerme en tu presencia –le puso los grilletes que venían en las cadenas y volvió a darle vueltas a la manivela, haciendo que Emma se elevara unos centímetros del suelo- Luego de esto podrás descansar princesa, debes cambiar tu sueño, porque no volverás a ver la luz del día hasta que te libres de mí.
A Emma no le quedaban más fuerzas, no tenía ánimos de quejarse ni reclamar ni discutir, simplemente se dejó hacer por Regina lo que ella quisiera.
—Esto que te voy a dar ahora, quiero que lo entiendas como un regalo, no como una tortura –Regina colocó una vara metálica entre sus rodillas, afirmada con un par de correas, provocando que las piernas de la princesa no pudieran volver a juntarse- vas a pronunciar mi nombre al final. Mi nombre es Regina, pero para ti, soy tu Domina.
La morena tomó su fusta, acercó una silla y se sentó frente a Emma. Ahora el rostro de Regina estaba frente al sexo de la rubia, la cual no pudo evitar gemir al ver el deseo en la mirada de su Domina.
—Así me gusta princesa, parece que ya estás entendiendo –Utilizó la fusta para acariciar los vellos púbicos de la rubia, notando como se le erizaba la piel al contacto- Dejaré descansar tu trasero, debe mejorarse para mañana, porque tendremos otra sesión, te aseguro que será muy distinta a la que te enseñó Zelena, así que no te pongas triste. Ahora relájate, no te pongas rígida, o podrías arruinarlo todo.
Regina acercó su rostro al sexo de Emma y le propinó una suave y larga lamida, para luego con su fusta golpear uno de los pezones suavemente, igualmente eso hizo que la cara de Emma se contrajera.
—Tranquila pequeña –Regina se burló por la reacción- iré alternando dolor y placer, luego verás cómo estas dos cosas se funden y no notarás la diferencia.
Le dio otra lamida y golpeó el otro pecho.
—¿Ves? No es tan trágico como parece. Quiero que me dirijas Emma, no te calles, no te reprimas, si te gusta quiero saberlo. Gime Emma, eso es música para mis oídos –volvió a lamerla y a golpear uno de sus pechos.
Así siguió alternando lamidas, succiones y pequeños golpes con la fusta. Al cabo de una docena de alternancias, el sexo de Emma estaba completamente mojado.
—¿Te gusta? –Succionaba el clítoris de Emma con fuerza provocando una pequeña queja que terminó en un gemido.
—Me desespera –le dijo con la respiración entrecortada.
—¿Quieres más? –Ahora la golpeó más fuerte con la fusta.
—Por favor… mi Domina –parecía que el cuerpo de Emma trataba de moverse para calmar sus ansias de sentir aún más.
—Muy inteligente Emma –Regina alzaba la voz con una gran sonrisa en su rostro- pero no sé si creerte… veamos.
Ahora las lamidas y pequeños azotes se hicieron veloces, casi alocados, una y otra vez Regina repetía el proceso, haciendo que Emma gimiera y quejara a la vez, que su cuerpo se descontrolara mientras estaba colgando.
Regina volvió a parar, ahora Emma se movía tratando inútil y patéticamente para poder juntar sus piernas y finalmente llegar al climax. El orgasmo era inminente, el rostro de la rubia era de súplica, no podía soportarlo más.
—Dímelo princesa, dímelo y te lo daré –le dijo Regina mirándola hacia arriba, totalmente complaciente con su esclava- quiero oírlo fuerte y claro.
—Quiero… quiero acabar… -le dijo apenas con un hilo de voz.
—¿Cómo? No puedo oírte Emma –dejó su fusta al costado y acarició los muslos de la rubia que ya estaban temblando.
—Quiero acabar en tu boca mi Domina… por favor, lo necesito –dijo en un lloriqueo suplicante.
Regina no se midió en sus acciones, simplemente sintió como sus colmillos se alargaban por completo, sintiendo el sabor del centro de su princesa, era como ambrosía, la hacía más inmortal de lo que ya era, la llevaba al infierno, la devolvía la tierra, volaba por lo alto y se volvía a tirar en picada. Con cada lamida podía sentir cada espasmo, cada gemido, incluso podía sentir como se liberaba la rebeldía de Emma, podía sentir como se entregaba por completo a su boca. Enterró aún más su rostro, presionando con la lengua el clítoris, escuchándola gritar de placer, hasta que soltó su nombre, sí su nombre, Emma gritó Regina, y con eso su corazón se hizo trizas, no estaba equivocada, estaba en grandes problemas, pero qué más daba, ya era suya, Emma era suya, eso era lo único que había querido desde que la vio.
La bajó inmediatamente, notando como las lágrimas de la princesa comenzaron a aflorar y como el llanto se hizo desesperado y agotador. La soltó de toda atadura, la sentó en sus piernas y la meció en su regazo, abrazándola fuertemente, calmándola.
—Tranquila, hoy ha sido difícil, mañana te costará menos mi princesa, mañana prometo compensarte el cansancio de hoy, ahora descansa en mí. Confía en mi Emma, sólo confía en mí. Ahora duérmete, es una orden.
¿Quién dijo que esto sería fácil? Me está costando mucho escribir esto, pero sólo porque quiero que quede bien sexy.
Al final de su review pueden dejar sus ganas de ships pornosos, veré si puedo hacer algo. Si no lo hacen ahora después será muy difícil porque ya saben, me gusta complicar las historias.
Este fic trata de gente pansexual y además poliamorosa XD (eso me dijeron por ahí y no pueden estar más en lo cierto)
Escena final escrita en una sesión musical con este tema "Red Room – Sibelian", por si quieren darle una música al final con Emma colgando.
Besos, y por favor, comenten. Las necesito!
