Como ven, este tuvo lugar antes que el primer capítulo. Yo quiero creer que pasaron un par de semanas entre uno y otro, pero pudo haber sido tanto un día como una vida completa.


Fuego y Hielo
By: Kailey H. S.

-¿Qué me harías si te disparo, Nakano?

Al manager le fascinaba fastidiar al pelirrojo, y ahora que el aburrimiento le mataba oyéndolo repetir una secuencia de acordes, era el momento perfecto. Se complació al ver cómo sus mejillas se tornaban adorablemente rojas de indignación, sus ojos empezaban a arder, congelados. Y cómo dejaba de tocar su guitarra abruptamente para centrar su atención sola y exclusivamente en él.

No es que el joven despreciase a su querida mágnum. Al contrario, parecía tenerle cierto aprecio. Pero sí le molestaba que usase a su Nikki como método de persuasión,

-No te atreverías –El menor lanzó una sonrisa ladeada, sin sonar tan trastocado como se veía.

K le miró inquisitivamente, también con su sonrisa más brillante. A veces tenían pequeñas peleas donde él terminaba apuntándole con Nikki, y solo ahí Hiroshi parecía satisfecho.

Entonces el rubio sacó el arma, apuntando al guitarrista y ladeando la cabeza.

-Son balas falsas. Si te llega al hombro desde esta distancia quizás te haga algún hematoma. En la cabeza sí sería algo más fuerte. Sólo son para asustar y causar daños menores, realmente.

-No te atreverías… La distancia, aunque estés al otro lado del cuarto, es corta –bajó la cabeza y tocó algunos arpegios, antes de añadir-: Además, tú a veces cargas esa mágnum con balas de metal para amenazar realmente a fanáticas desquiciadas. No creas que no sé.

K frunció levemente el entrecejo. Sí, el a veces cargaba a Nikki con balas más peligrosas. Aquello había comenzado cuando una "fanática desquiciada" se le había lanzado a él al cuello para besarlo. Sí, hasta él tenía una legión de admiradoras que morían por su personalidad agresiva y –rió al pensarlo- su cabello.

Pero fue con ese incidente que comenzaron sus problemas con Judy. A su mujer le había molestado enormemente que él ni siquiera lo justificara, y descubrió su no tan oculta faceta celosa-homicida. Le notaba alejado, decía. Como si ya no la quisiera.

Ya el daño estaba hecho, pero aprendió la lección a su retorcida forma y desde ese momento se resolvió a espantar realmente a las fanáticas. Pero una cosa muy dentro le decía que su "alejamiento" nada tenía que ver con sus admiradoras, y también sabía que era por eso que le ponía tanta seriedad al tema.

-No estamos expuestos al público últimamente, así que debo haberla cargado con balas falsas.

Apuntaba al pecho de Hiroshi, que sobresalía un poco por encima de la guitarra, con diversión marcada en sus ojos azules. Pensaba dispararle, no dolía más que un balín de paintball a esa distancia. Podía dejarle un hematoma como máximo. Y conocía al guitarrista, primero se alteraría, pero luego se reiría del asunto.

Pero al ver los suaves ojos grises clavados en las cuerdas, sus manos recorriéndolas y un poderoso sonido llenando la habitación… Quizás fuese divertido picar al pelirrojo, pero K jamás querría hacerle daño.

Desvió la pistola del pecho hacia el hombro, y al apretar el gatillo subió un poco el arma de modo que la bala pasó milímetros por encima del mismo. Ambos se sobresaltaron por el ruido, y desviaron sus miradas hacia un hueco en la pared ocasionado por la bala.

Las balas falsas no dejan hueco, sino que rebotan, pensó K. Eso quiere decir… que Nakano tiene razón. Estaba cargada con balas reales. Si le hubiese disparado al pecho lo habría matado.

La realización le hizo dejar caer el arma en sorpresa. Y fue cuando los ojos grises buscaron los suyos.

-Con que balas falsas¿eh?. No entiendo¿Qué acaso pretendías matarme?

-Nakano…

El joven dejó su guitarra a un lado y se levantó, dándole la espalda. K no creía que realmente supiese que había estado a instantes de matarlo, pero la duda le asaltó.

-Hiroshi... –dijo el nombre del joven como un susurro-. Perdón.

Él seguía dándole la espalda, y K entendió que algo no estaba bien. Durante un segundo pensó que lloraba. El guitarrista era más frágil y sensible de lo que aparentaba bajo su aura de calma, control y su extraño… cómo llamarle…

K podía haber jurado que Hiroshi era el hombre más atractivo que había conocido. Entre sus cabellos de fuego, ojos de hielo y complexión y rasgos delgados, delicados pero bien formados, era bastante masculino en su inusitada sencillez.

Incluso había notado unas minúsculas pecas en sus mejillas, que lo hacían verse tierno.

Antes de verlo, K se juraba completamente heterosexual, pero aceptó después de un tiempo sentirse fascinado por el físico del pelirrojo. Había visto hombres más guapos, sí, pero ninguno había producido ese efecto en él… era muy difícil disimular el hecho de que su mirada siempre estaba sobre Hiroshi, y que a veces incluso había imaginado y soñado cosas…

Todo esto apareció casi al tiempo que sus problemas con Judy. Le había gustado tenerlo ahí para evadirse, y mientras peor era la situación con su mujer, la atracción mutaba más y más hasta que se volvió algo profundo y personal. Admiraba el temple del joven, su calidez y su inocente malicia, comparable a la de un niño. Toda la personalidad de Hiroshi era un elemento intrigante e interesante, que le mantenía atento y entretenido.

En resumen, mientras peor iban las cosas, más evidente se le hacía que no era precisamente heterosexual. Sí, reconocía la belleza en especimenes de su mismo sexo, pero nunca se considero bisexual, y menos completamente obsesionado (a falta de mejor palabra) con un hombre hasta que se sorprendió con una interrogante.

Había estado observando a Hiroshi tocar en un concierto. Shuichi Shindo, el vocalista, era mucho más carismático, pero él no podía quitar la vista del guitarrista. "Si sus ojos son hielo, y su cabello es fuego", se planteó, "¿Entonces qué son sus labios?".

Y ahí admitió, cursilerías aparte, que moría por besarlo. Y que mientras él quisiera estar con Hiroshi en lugar de con Judy, no le importaba que ella dijese el nombre de Ark cuando tenían relaciones.

Se sentía libre.

-No hay nada que perdonar, K –dijo finalmente el menor, interrumpiendo su hilo de pensamiento. No, no lloraba, y K se sintió idiota por solo pensarlo.

El joven se volteó. Sonreía, y sus mejillas estaban coloreadas, contrario a lo que esperaba. Lo dicho: Su Nikki le emocionaba, y eso solo le hizo obsesionarse más con él.

-Estuve a punto de dispararte al pecho, Nakano. Pude haberte matado. Y aún si no, pude haber apuntado mal y darte en el cuello o en el hombro.

Dio unos cuantos pasos al frente hasta quedar a un metro de su manager, como para hacer énfasis en sus palabras. Se agachó, levantó la mágnum entre las manos y se ofreció al mayor. K sonrió ligeramente, la tomó y la guardó

-Pero no lo hiciste, entonces no tengo nada qué perdonar –Hizo una pausa, donde lo miró con intensidad. Se levantó, y sus rostros quedaron casi a la misma altura-. No seas idiota. Realmente confío en ti.

K sabía que no era la intención, pero aquello sonó dulce y relajante a sus oídos, como un calmante. Mejor que cuando Judy decía algo del estilo…

Sin pensarlo demasiado, el rubio envolvió al guitarrista en un abrazo suave, que pretendía ser breve, de consuelo y disculpa. Vamos, nada sospechoso o no en exceso. Pero se encontró a sí mismo sin ganas de aflojar… Hiroshi estaba bastante calmado, era él quien necesitaba el consuelo.

Y es que si no hubiese movido el arma, lo hubiese asesinado. Y lo siguiente que hubiese hecho era cometer suicidio. A estas alturas, tres años después de que todo había empezado, no hubiese podido soportar un mundo sin Hiroshi. Sin sus sonrisas que significaban todo y nada a la vez. Sus ojos de hielo, pero cálidos bajo la superficie. Su sensibilidad, transparencia, calma, ternura y sencillez.

Iba ya a soltarle cuando sintió los brazos del joven tensarse en torno a su cintura. Su corazón se agitó, sintió su cabeza ligera, y su reflejo fue apoyarla en el hombro del menor. Aspiró su aroma, que le resultaba muy parecido al del eucalipto. Sentía sus cabellos contra su mejilla, y podía jurar que sonreía. Él también lo hacía.

-Te tomaste la situación muy en serio –susurró el pelirrojo-. No es nada que no te haya pasado antes.

Con un rayo revelador caído a su memoria, notó que eso era verdad. Incluso una vez había disparado realmente a Ryuichi, y no se sentía ni la mitad de culpable e impotente que en el momento presente. Pero tratándose de Hiroshi… No quería perderlo. Nunca.

Supo también, en otra revelación hecha al perder la noción del tiempo y espacio, al saber únicamente que tenía aquel cuerpo y alma entre brazos y no querer soltarlo, sino protegerlo, que "obsesión" no era la palabra correcta para definir sus sentimientos.


Notas: Ahora vemos una situación desde el punto de vista del manager. K siempre me pareció tiernísimo debajo de esa coraza de tipo duro. Espero haberlo retratado bien.

¿A que la imagen de Hiro con pecas es lo más kawaii que hay? n.n yo desde el comienzo me lo imaginé así P

Hay otro fic de estos dos en camino. No creo que lo haga con pairing, por diversas razones, pero tengo varias opciones para poner en práctica esa idea que tengo y una de ellas incluye slash. Ese sí es más seguro que quede como independiente. Si quieren leer más, pendientes n.n

Besos,

Kayi.