Hola, sé que tardé. Lo siento, tengo esa super mala costumbre ;_; tienen todo el derecho de apedrearme si quieren. Espero que les guste :)
Título:Volviendo a empezar
By:Lucrecia Arctica
Disclaimer:The hunger games no es ni de chiste mío, si lo fuera estaría lleno de romanticismo PeetaxKatniss jojo
Dedicado:A mi adolescente interior obsesionada con Josh Hutcherson y a todas las personas que me hicieron feliz dejándome un review :D
Advertencia:Este fic se sitúa prácticamente en el final de Sinsajo el tercer libro, así que si no quieres que te arruine partes de esta maravillosa saga mejor no leas.
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Capítulo 2:About Baker
No sé cómo explicarlo, pero algo en mi cambia cuando estoy cerca de él.
Dormir en el pecho de Peeta siempre fue fácil. Cuando él se acomodó junto a mí, me estremecí, fue como si mi cuerpo tuviera memoria y se acoplara instintivamente al suyo. Quería dormir pero a la vez no quería, sabía que entre ese par de fuertes brazos sería capaz de dormir tranquila pero, realmente deseaba verlo descansar. Escuchar su respiración acompasada arrullarme, sus ojos entornados y sus labios entreabiertos… A pesar de todo lo que había pasado Peeta lucía exactamente igual que antes (bueno lucía cicatrices como todos) y fui hasta ese instante consciente de lo mucho que lo había observado con el pasar del tiempo, lo mucho que él siempre había sido en mi vida.
Su respiración me hacía pensar que se encontraba dormido, así que moviéndome poco a poco logré erguirme para mirar su rostro. Tenía la mala costumbre de fruncir el ceño cuando se confundía, lo cual le había generado una arruga adorable en su frente notable cuando estaba preocupado, su cabello rubio como el sol, como el de Prim…
-Creo que los rubios son mi debilidad- pensé
En ese momento sentí el gran deseo de despertarlo, para poder hundirme en sus profundos ojos azules, pero eso sería pedir demasiado, ya bastante atrevimiento era el pedirle que durmiera a mi lado y contemplarlo mientras dormía.
Lancé un largo suspiro a la nada, regresé a mi posición inicial y me acuné entre sus brazos, sonreí ante ello. Era como volver a atrás de algún modo, había perdido todo lo que amaba pero, tenía la oportunidad de comenzar de nuevo, de volver a empezar.
-Estoy tan feliz de estés aquí –susurré. Más atrevimiento que no tenía idea de donde había salido.
Cerré los ojos imaginando un "yo también", que no llegó pero que esperaría con paciencia que un día llegaría. Un día.
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Cuando desperté después de una noche de inmensa tranquilidad, Peeta no estaba ahí. Eso ocasionó una punzada gigantesca en mi corazón ¿Por qué se había ido? ¿Habría tenido un ataque? Quizá y al final, mi cercanía le resultó incomoda…
-Cállate Katniss –me dije.
Intenté no caer en pánico, respiré hondo múltiples veces hasta que el aire me supo mal. Miré la hora, Sae ya debería haberse ido y me resultó extraño que no me despertara, bajé las escaleras lanzando un gran suspiro. Tendría que hablar con Peeta y pedirle disculpas, decirle que no quise obligarlo o presionarlo con mi compañía ¿Qué haría si no aceptaba? ¿Podría seguir viviendo?
Una nota blanca doblada sobre la mesa me obligó a despabilarme, parpadeé varias veces intentando creer que era real ya que sin quererlo al verla refugié grandes esperanzas y sí, grandes desilusiones: ¿Explicación? ¿Confesión? ¿Despedida? Hasta que el demonio oculto entre mis tripas me obligó a matar la expectativa, tomé la nota y leí lo que había en ella:
Panadería. –P.
Me quedé ensimismada momentáneamente para luego empezar a reír como tonta, no era que la nota adquiriera sentido y por eso me causaba gracia, era que todos mis sentimientos parecieron acumularse y explotaron de esa manera, o era la felicidad que sentía por no ver una nota excusándose para no verme nunca más.
Busqué algo que comer en el camino y fui hacia la antigua panadería, era increíble como todo había cambiado. Años atrás lo único para lo cual me servía la panadería era para pintar de colores un poco la vida de Prim, quien no paraba de hacer berrinches hasta que íbamos a ver esos magníficos pasteles y tartaletas decoradas de un modo ingenioso, siempre debo decir que me impresionó la habilidad del decorador, pero siempre era tal mi necesidad de huir de aquel lugar que me recordaba una deuda implícita que nunca me pregunté quien lo había hecho.
Peeta. Siempre Peeta, recordaba haberlo observado en algún momento mientras realizaba la labor de camuflaje en nuestros primeros juegos, el grado de concentración, la seriedad, era unos pocos momentos donde parecía que Peeta solo se pertenecía a si mismo y a la obra que creaba. Era lógico que él terminara siendo pintor y recordé el retrato de Prim y sonreí a la nada de una forma tímida.
¿Qué hubiera pasado si Peeta me hubiera hablado después del incidente del pan? Es por demás obvio que sé que yo nunca le hubiera hablado, era tan orgullosa. Nunca se me cruzó por la mente que una persona pudiera ayudar a otra sin tener que darle algo a cambio, porque yo nunca lo había hecho, nunca se me ocurrió pensar que el hijo del gentil panadero pudiera ayudarme solo por desearlo, porque quería hacerlo y mucho menos porque me quería.
"Quería" Pasado. Él pensamiento de eso me revolvió el estómago ¿Qué hubiera hecho si hubiera sabido de los sentimientos de Peeta antes de los juegos?
La pregunta quedó al aire porque me encuentro ya frente a la panadería o lo que queda de ella. El sitio realmente fue afectado por la guerra pero aún se mantenía de pie, lo suficiente como para distinguirlo. Al entrar, el gran chirrido de la puerta anunció mi llegada. Vacío. Vacío excepto, por Peeta sentado apoyándose de una de las paredes mirando hacia la pared opuesta, él no volteó su cabeza para verme, quizá sabía que yo era la única que sabía que se encontraba ahí o era tal su tristeza al ver el sitio en donde nació que no le importaba. Me senté junto a él, cerca pero no muy cerca, desdobló las piernas y apoyó su cabeza en la pared oblicuándola, lanzó un pequeño suspiro. Lo miré.
-Ahí estaba el horno –me dijo señalándolo sin mirarme –El pan lo hacíamos allá, había una mesa donde alguno de mis hermanos ponía la mezcla preparada para que alguno le diera forma. Me gustaba preparar la mezcla, me permitía experimentar algunos sabores si podía robarme un poco sin que mi madre me viera. Mi madre era la que solía decorar los pasteles al principio en esa esquina –señaló la esquina contigua a su lado derecho –pero con el tiempo sus muñecas comenzaron a tener cierto reumatismo y se decidió que yo la ayudaría, a ninguno le gustaba pasar tiempo con mamá –tragó saliva tan hondo que el sonido fue perceptible para mí –entonces mis hermanos y yo hicimos un juego, yo perdí…
Su voz se quebró y miraba al suelo buscando la fuerza para seguir hablando, tomé su mano instintivamente y volteó sorprendido, alcancé a asentir con la cabeza y le lancé una pequeña y tímida sonrisa, volvió de nuevo su mirada a la pared.
-Cuando no había pan para decorar entonces me gustaba hornear, mi padre siempre nos enseñó sus trucos para evitar que se quemara, era su primera lección antes de acercarte al horno –sonrió –nunca se me quemó alguno, bueno, hasta ya tú sabes.
Cuando dijo eso mi mente rememoró un poco de aquel día: los gritos de su madre, yo incapaz de sostenerme, el pan quemado cayendo hacia a mí, el golpe en su rostro…
-Yo amaba este lugar –dijo después de una pequeña pausa, su voz se quebró al terminar la oración, mis manos apretaron fuertemente las suyas para intentar transmitirles que estaba a su lado, que lo apoyaba, que podía decir lo que sea –puede sonar mediocre pero nunca sentí disgusto por este destino, yo quería heredar la panadería, quería seguir haciendo pan para todo el distrito, seguir aprendiendo de mi padre, mi madre, mis hermanos…
Entonces él soltó mis manos tan enérgicamente y las puso en mis hombros que por un segundo pensé que tenía un ataque, pero al mirarle a los ojos algo se quebró en mi cuando vi su expresión.
-Ellos ya no están Katniss –su rostro era la clara definición del dolor en ese instante, sus ojos eran incapaces de cerrarse por las lágrimas fluyendo y su boca hacia muecas mientras intentaba continuar –ellos ya no están, se han ido…
No tuve que idear nada para consolarlo porque apenas hubo concluido él me abrazó, acomodé su cabeza en mi pecho y lo abracé protectoramente, eso le dio confianza para sacar todo lo que llevaba cargando ya por mucho tiempo. Lloró un largo rato y su llanto me hizo llorar, nunca había visto a Peeta así y nunca se me ocurrió pensar en lo doloroso que podía ser ver a la persona que amas quebrarse. Me sentí culpable, todos esos malos ratos que había hecho pasar a él con mis actitudes, mi desconsideración, siempre pensé que Peeta había llorado en soledad lo de sus padres, todos decían que yo era la fuerte pero realmente el fuerte era él, él era el que podía aguantarlo todo no yo, él también tenía grandes pérdidas. Él era mi levantar de algún modo y yo, era momento de que le devolviera todo eso.
-Ellos están aquí, contigo –comencé a hablar sin saber a dónde iba lo que decía –a donde vayas, cuidándote y sintiendo felicidad porque aún estás aquí. Eres un panadero, un excelente panadero, tu padre está feliz de haberte heredado ese legado, podrás hornear para todos y sonreír amablemente como él lo hacía –podía seguir mi respiración mientras pausaba, Peeta no decía nada, se mantenía en mis brazos pero ya no sollozaba –tu madre, ella te enseñó a decorar pasteles, ella no lo diría pero habrá pensado indudablemente que lo tuyo era un talento, por eso te dejaba decorar a ti, porque era más tu don que el de ella, era una mujer orgullosa, era su forma de admitir que lo hacías mejor que ella –sentí que se abrazó más a mi pecho y pude seguir hablando –tus hermanos también te amaban Peeta, la camarería todo eso, puedo ver todo eso aquí, puedo verlos jugando decir chistes, todo está aquí Peeta –comencé a acariciar lentamente sus mechones rubios –Toda esa vida aún está aquí, ellos te aman y están orgullosos de ti.
-¿De verdad lo crees Katniss?
-Sí, es momento de resurgir ¿no crees? Es momento de volver a vivir por ellos y para nosotros, mientras sigamos con vida no todo está perdido –me sorprendí de mis propias palabras, lo decía la que había estado catatónica hasta su llegada. Pero ya no era momento de eso, debía ser fuerte por Peeta y por mí.
Peeta se acurrucó aún más en mí, la cercanía no era incómoda, un calor protector se colmó en mi pecho y lo entendí: Prim ya no estaba aquí, ella estaba en un lugar mejor pero no significaba que no tenía razón por vivir, la razón estaba aquí en mis brazos, quiero vivir por Peeta, para proteger a Peeta.
Él susurró un leve gracias y cerró los ojos mientras yo aún acariciaba su cabello intentando tranquilizarlo, una leve sonrisa se dibujó mientras dormía, la tranquilidad y la paz que sentí al verlo me llevó a dormirme también.
Cuando desperté yo tenía la cabeza recostada en uno de los muslos de Peeta, volteé y él estaba mirándome con una sonrisa.
-Katniss –dijo con una voz entre formal y graciosa
-Peeta –le respondí de la misma forma haciendo una ademán elegante espontáneamente
Ante ello ambos echamos a reír a carcajadas como si hubiera sido el mejor chiste del mundo. Paramos y él continuaba con una sonrisa de oreja a oreja, como si el rato trágico de unas horas antes no hubiera ocurrido, no pude evitar preguntarle al respecto.
-¿No te das cuenta Katniss? –volteó a verme abriendo los ojos como si algo lo hubiera sorprendido.
-¿De qué Peeta?
-Estoy recordando.
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El resto del día Peeta no quiso estar solo, no es que me lo dijera explícitamente pero comentaba planes para el resto de la tarde donde nos involucraba a ambos. Estaba contenta, Peeta realmente estaba feliz y de nueva cuenta me sorprendí de la dureza de su espíritu, capaz de levantarse una vez que ha caído cada vez más fuerte.
Terminamos dando un paseo por el distrito, todos nos saludaban a nuestro paso y nos daban obsequios, parecían contentos de vernos bien o ¿quizá de vernos juntos? Ese pensamiento iluminaba mi rostro y pronto tuvimos que regresar a casa porque teníamos lo suficiente para llenar la despensa de ambos. La idea de que el distrito 12 no me viera como un paria a pesar de haber sido la principal causa de la destrucción de su hogar, me hacía sentir bien, podría contribuir quizá a que algún día ese pensamiento no me atacara como lo hacía.
Llegamos a casa y nos repartimos lo que trajimos, Peeta insistió que me quedara con la mayor parte alegando que se quedaría a desayunar todos los días en mi casa, lo cual me hizo esbozar una sonrisa que me hizo sonrojar cuando él me miró. Lo único que alcancé a decir para seguir evitando esa situación era que fuéramos a compartir un poco del botín con Haymitch. Misteriosamente este estaba en su casa despierto, no había comido en varios días y con la resaca no podía más, por lo que Peeta fue por pan a su casa para cenar y Haymitch y yo pudimos pasar nuestro irónico momento de calidad.
-Lo estás haciendo bien preciosa –dijo levantando la botella de licor para hacerme saber que ese trago iba a mi salud. No tenía que explicarme a que se refería, sonreía ¿de dónde salían tantas sonrisas? Ya parecía haber sobrepasado la cuota del día.
Pero las sonrisas del día no acabaron ahí, Peeta regresó con pan y el queso que nos habían dado ese día y cenamos como si fuéramos una pequeña familia. Peeta relataba lo nuevo que habíamos visto del distrito 12 a Haymitch que solo quería saber si había nuevos licores y hasta me causo gracia el comentario de Haymitch sobre la cara de placer que ponía al comer el pan con el queso, a pesar del gran sonrojo que me produjo; Peeta parecía halagado y a la vez no paraba de burlarse. Pensé que podría acostumbrarme a esto, Haymitch siendo como una especie de tío (seguramente si hubiera tenido algún tío cercano, sería así de loco), Peeta y yo como una familia, mi nueva familia. Aun cuando la palabra doliera recordando que mi madre me había abandonado a mi suerte.
Haymitch terminó durmiendo con la cabeza apoyada en la mesa a la cuarta botella del licor de la noche. Contemplamos a nuestro mentor con cierta ternura, a pesar de todo lo que él era (que no se podía cambiar), aún estaba con nosotros y gracias a él estábamos ahí; claro que todo se acabó hasta que el eructó entre sueños produciéndonos una carcajada que con lo borracho que se encontraba no logró despertarlo. Peeta lo llevó a su cama, para poder dirigirnos ya a casa. Peeta fue conmigo sin que yo se lo pidiera, el regocijo en mí era tal que me parecía imposible que no fuera un sueño ¿Cuándo iba a ser posible que yo tuviera un día tan feliz en el distrito 12? Peeta no regresó por sus ropas para dormir, las había traído consigo al ir a buscar el pan, chico listo.
Él se recostó y yo me acomodé a su lado, nuevamente ese cambio de perspectiva que tenía cuando estaba así tendida a su lado. De algún modo había sido un día perfecto, era increíble que pudiera estar pasando.
-Gracias por lo de hoy –susurró quitando los cabellos de mi rostro sin percatarse de que aún no dormía
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Al día siguiente me levanté y nuevamente Peeta no estaba a mi lado. Rememoré el delicioso sueño que había tenido: totalmente en blanco, mi humor se sentía rozagante, justo casi como se siente el cuerpo cuando has descansado como se debe, como hace mucho no descansaba.
Bajé para comer algo y Peeta ya había hecho el desayuno, Sae no se encontraba nuevamente, probablemente al ver a Peeta aquí la primera vez pensó que su trabajo de cuidadora ya había terminado. Debía pasar a agradecerle.
Peeta, me sirvió chocolate caliente y pan con un poco de mermelada de fresa. Comí mientras él hablaba, no hablaba de nada determinado, solo observaciones aleatorias. Fue hasta que acabé que él me miró con determinación.
-Katniss
Asentí con la cabeza ¿A qué venía esta nueva actitud?
-Quiero instaurar de nuevo la panadería
-Me parece una excelente idea, lo harás bien –le sonreí con orgullo
-Lo haremos bien
-¿Pedirás ayuda? No conozco a nadie que sepa acerca de pan
-No, tonta –dibujo una sonrisa en su rostro –tú y yo, juntos.
La idea hizo que mi corazón saltara como un loco, pero a pesar de lo fantástico que eso se escuchara no podía ser tan fácil.
-Pero yo no sé nada de pan
-Pero aprenderás, yo te enseñaré –afirmó convencido
-Pero, y tus ataques…
No era un tema que quisiera tocar, realmente estaba feliz de que me propusiera ayudarlo pero tenía que ser consciente de la situación. Él no estaba bien en su totalidad y mi presencia acosándolo solo lo perturbaría. Una nube de negatividad infundió mi rostro en esos instantes, puse mis manos sobre mis muslos y miré hacia abajo, no quería verlo cuando me diera la razón porque independientemente de que yo fuera la que se lo recordara, dolía.
Él se acercó a mí y agachándose tomó mis manos entre las suyas, tuve que voltear a verlo porque sentía su mirada sobre mí y no exclamaba nada. No quería porque sentía que podría ponerme a llorar ahí mismo y a pesar de todas las cosas que habían pasado aún me sentía demasiado orgullosa como para que otros (incluso si ese otro era Peeta) me vieran llorar.
-Katniss –asentí con la cabeza cuando dijo mi nombre –ayer tuve un momento muy difícil y tú estuviste ahí, pero eso no fue lo más importante. Tuve un lapso lleno de recuerdos del pasado y no tuve un ataque, estaba muy cerca de ti y en ningún momento salí de mi mismo. ¿Te das cuenta? No he tenido un ataque en meses, ahora mismo estoy hablando contigo y nunca me había sentido más centrado, yo creo que podría ser él mismo de antes, quiero intentar serlo, yo podría… podríamos recuperar aquello que teníamos
Él trago saliva hondo e intentaba desviar mi mirada, mientras era yo ahora la que lo miraba fijamente. Tenía razón había estado recordando, pero no creía que fuera suficiente.
-Antes de venir aquí me contaron… bueno, también pregunté, bueno aún le pregunto a veces a Haymitch –confesó avergonzado
-¿Por eso regresaste? –mi alma se iba en un hilo por esa respuesta…
-No lo sé –contestó –pero me gustaría averiguarlo.
El silencio entre los dos fue cortado por mi afirmación de ayudar con la reconstrucción de la panadería, no todo era de color de rosa, a pesar del día de ayer Peeta aún no era el Peeta de antes pero, podríamos tener esperanza, eso era más de lo que había tenido antes de que llegara.
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Continuará…
Como comentarios finales debo decir que lo de los rubios es propio de mí xD me causó gracia y quise incluirlo ¿Qué les pareció? Espero sus críticas, realmente me ayudan. Muchas gracias :D
Lucrecia Arctica~
