Cambios inesperados:

Sumary completo: Lord Voldemort ha descubierto que la muerte no es después de todo tan mala, y más si como es el caso no existe el tiempo y el espacio.

Sus fieles mortífagos no han cometido el error del pasado y cuando lo supieron muerto, en lugar de abandonar, recuperaron dos de las reliquias de la muerte.

¿Qué podría hacer Lord Voldemort del pasado con los conocimientos de su yo futuro ahora que también posee los secretos de la muerte?

¿Y si encima el único que pudiese acabar con ellos se encontrase en sus filas sin memoria?

31 de Octubre 1979:

—Llámale.

Una voz fría y distante, rompió el silencio de la oscura sala, donde se reunían varios jóvenes con sus respectivos padres. Era una especie de reunión de selectos, muy pocos entraban en semejante club, e incluso había algunos que habían comenzado a lamentar el haber pertenecido a este en un principio.

No era difícil entrar en el círculo, más bien, solo precisabas unos cuantos requisitos indispensables. Ser de sangre pura, tener clara aberración a los muggels y los sangre sucia, y por último, ser capaz de lanzar las tres maldiciones imperdonables.

La lealtad y obediencia corrían por medio de otros factores.

Y Lord Voldemort sabía inculcarlos muy bien, primero les hablaba de lo perfecta que era la utopía que él proponía, de las ventajas que conseguirían y de la clara libertad e independencia con que el mundo mágico conseguiría al fin contar.

Después venían las promesas de riquezas, aunque algunos ni las precisaban, se ganaba su apoyo con cierta facilidad, sobre todo de aquellos que habían sido discriminados y tratados de menos por muggels o algún sangre sucia subido en un pedestal por gente tan vulgar y de tan poco sentido común como Albus Dumbledore.

Después venía la promesa de venganza, de darles el lugar que les correspondía, aceptaba a toda clase de gente entre los suyos, después de todo, no podías menospreciar una buena varita en su exclusivo círculo, y mientras mostrara lo preciso para pertenecer a él, podía excluir algún requisito, como era el de pertenecer a una familia enteramente mágica. Sin ir más lejos, él mismo era mezcla, pero su mitad mágica, era tan antigua que suplía con creces la poca y despreciable sangre Muggle que corría por sus venas.

Es por ello, que Severus Snape, pese a su sangre mestiza, podía y de hecho pertenecía a ese exquisito círculo, y más aún, al círculo más cercano a Lord Voldemort, en el cual no entraba cualquiera.

Tenía diez destacados, a cada uno de ellos le había dicho lo mismo, que era especial y que era su mano derecha, que eran indispensables para sus planes. Esos diez, no precisaban riquezas, no, ya contaban con eso por familias propias, esos diez le proporcionaban a él todo lo que precisaba.

Contactos en el ministerio, dinero para actuar y comprar lo que precisasen, controlar la prensa y el ministerio. Un ojo en el mundo Muggel, en la prisión de Azcaban y dentro de todas las familias de renombre del mundo mágico.

Solo había una familia que se le escapaba, una familia que todos sus miembros se habían propuesto ser firmes en su oposición a su mundo perfecto.

La familia Potter, no había encontrado un eslabón débil en la misma, ni los padres ni su hijo. Era una familia de tres miembros, pero los tres confiados, respetados y leales a Albus Dumbledore y su estúpida política de amistad y protección a los muggels, sangre sucia o sangre mezclada.

Por ello estaba desesperado intentando encontrar un maldito risco en tan fortaleza, un pequeño agujero por el que penetrar. No podía permitirse no tener acceso a los movimientos de los Potter, aunque una sola familia no sería gran diferencia realmente, pero él no dejaba ningún cabo suelto.

Y por ello se pasaba el tiempo buscando información sobre los amigos de la familia y de más, tenía controlado al joven Sirius Black, la oveja negra de una ancestral familia de magos mágica que en su totalidad lo apoyaban a él y su proyecto.

Pero él había resultado ser un incondicional de Potter, y por consiguiente de Dumbledore, su mayor opositor.

Sin embargo, el chico Potter conseguía mantener fuertes sus barreras y se rodeaba de gente leal, pero sabía que si seguía buscando, localizaría al fin lo que precisaba.

Para ello, debía hacer gala de lo que mejor se le daba, y de la manera con la que conseguía la lealtad y obediencia que antes mencionaba, a través del miedo y el dolor. Esas dos armas lo llevaban a conseguir todo aquello que deseaba y se proponía.

Pues si no servían las riquezas y promesas de un mundo mejor, el dolor a uno mismo o a algún ser querido, hacía un detonante bastante fuerte, y el miedo a la muerte, bien, ese era aún más poderoso.

Por ello, y pese a lo sencillo que era pertenecer a su club selecto, solo existía un medio de abandonarlo, consiguiendo que las bajas en su equipo fueran escasas, pues abandonar sus propósitos, significaba un pasaje de visita a la mujer de la guadaña de ida y ningún regreso.

—Aquí lo tiene mi señor.

La voz de su lacayo lo obligó a levantar la vista de la llama que proyectaba el extremo de su varita, la cual se mantuvo encendida en todo momento, al fijar sus ojos negros en él, este, se apartó dejando a sus ojos a Severus Snape:

¿Me mandó llamar mi señor?

Su voz era fría y arrastraba las palabras, era un joven que se le parecía en ambición, había obtenido unas calificaciones bastante reconocidas en sus Éxtasis, sobre todo en Defensa contra las artes oscuras y Pociones.

Tenía la mirada que cualquiera de sus mortífagos debía tener, y no precisaba de mucho para ganarse el odio de los que le rodeaban, pero también el respeto de los mismos.

No contaba con carisma, y mucho menos con don de gentes, pero él no precisaba un publicista, precisaba su fría lógica y su fría forma de ser, pero sobre todas las cosas, precisaba sus contactos, contactos que no habría buscado sino fuera porque lo conectaban directamente con James Potter.

Lilian Evans, una muchacha hija de muggels, que estaba dispuesta a manchar el intachable árbol genealógico de la familia Potter, y no podía permitir semejante estupidez por el más joven de los Potter, debía conseguir que esa sangre sucia desapareciera del mapa, y si no era posible, debía atraerla hacía él, si la cambiaba a ella, lo cambiaba a él. Severus podía ser la clave para llegar a la pelirroja, y ella la que llegara al fin a Potter.

—Así es, quiero que busques a esa mugrienta sangre sucia, que la traigas a mi presencia.

Severus levantó su mirada hacía él, había duda en sus ojos negros:

—Temo no comprender a quien os referís mi señor.

—Es muy sencillo, conozco tus cuestionables amistades del colegio Snape, algo que decidí pasar por alto cuando acudiste a mí y quisiste que colocase mi marca en ti. Recuerdo haberte advertido que si sabía del más mínimo contacto entre tú y esa despreciable ladrona, las consecuencias serían considerables para ti.

—Mi señor, os puedo garantizar que en los últimos años no…

—No te he llamado para que me mientas Snape, y te rogaría que no lo hicieras, pese a que fui claro en mis advertencias, preferiste pasarlas por alto, creí haber sido muy específico, pero pasaré por alto semejante atrevimiento por tu parte, con la condición de que conciertes un encuentro entre ella y yo.

—¿Mi señor?

Era claro el nerviosismo en la voz del chico, pero más aún su curiosidad, no podía comprender semejante petición por su parte, no parecía comprender que debía hacer sacrificios si deseaba vencer, aunque uno fuese el de permitir a semejante escoria entre los suyos.

James Potter, se dejaba influenciar mucho por ese estúpido sentimiento como era el amor, y era sabido por todos, que James Potter se creía ciegamente enamorado de Lilian Evans.

—Creo haber sido lo suficientemente claro en esto. Espero que no te demores demasiado en tu labor. Puedes retirarte antes de que considere oportuno darte un recordatorio de lo que puede sucederte la próxima vez que decidas desobedecerme.

Snape no precisó más para salir de allí como alma que llevaba el diablo, dejando a su señor en soledad.

Sus pasos apresurados lo llevaron fuera de la residencia que su señor ocupaba y le hicieron recibir el frío aire del exterior en su rostro. Este consiguió despejarlo lo suficiente para intentar aclarar sus ideas y pensar cuál sería su siguiente paso.

Era cierto que no había podido dejar de mantener un contacto con Lilian, después de todo, una amistad de años no podía echarse a perder con tanta facilidad, no obstante nadie sabía de su contacto, ni siquiera el despreciable de Potter sabía del mismo. Lilian lo había mantenido todo en el más estricto secreto, sabía que Potter no lo admitiría.

Lo suyo había sido odio casi desde el principio, cuando con once años se conocieron en el tren que los conducía a Hogwarts, su primera desavenencia había sido sobre las opiniones opuestas sobre la mejor casa a escoger.

Lilian había terminado en una casa diferente a la suya, pero ellos demostraron que un Gryffindor y un Slytherin podían ser amigos pese a todo, aunque estaba claro que sus caminos se habían visto separados y habrían sufrido sus subidas y bajadas a lo largo de los años, pero aún y pese a todo, ahí estaban.

Siendo inseparables, amigos eternos, aunque para él eso significase ser un mudo espectador de su vida y decisiones.

Suspiró y observó el cielo gris que había sobre su cabeza, era evidente que estaba a punto de llover. Miró su reloj de pulsera, las cinco y media, en media hora había quedado con Lilian en un bar Muggle cerca de la casa de los padres de ella, cerca de su lugar de residencia actual.

Prefirió caminar, necesitaba despejarse y averiguar cómo conseguiría lo que su señor le había solicitado. Y más importante que eso, el por qué su señor quería semejante encuentro.

No conseguía encontrar una lógica a esa petición, Lilian era extraordinaria, una bruja como pocas, con inteligencia casi insuperable, fortaleza envidiable, y una Gryffindor en todos los aspectos importantes, pero eso no dejaba de importar ante la escasa, por no decir insignificante, pureza de su sangre.

Algo que su señor valoraba por encima de todas las cosas.

Sus pasos resonaban por la soledad de la calle que transitaba, se apretó más en su gabardina negra, el frio era considerable. Apretó sus manos en sus bolsillos, y giró en la siguiente calle encontrándose en un callejón bastante oscuro y algo escalofriante.

Se había adentrado, para desaparecerse, estaba algo alejado de su casa, y con semejante frío, lo mejor era aparecerse cerca del lugar en que habían quedado.

Al cerrar los ojos para imaginarse el lugar exacto donde aparecerse, un ruido casi ensordecedor y una ola expansiva lo hicieron volar lejos del lugar donde se encontraba a la calle principal, mientras dos personas que pasaban por allí se detenían en el acto viendo al joven que había salido disparado del callejón golpeándose contra el suelo, cayendo en mitad de la carretera.

Asombrados por tremendo golpe corrieron en dirección del joven que se estaba recuperando y negaba con fuerza.

Snape recibió la ayuda de la pareja y juntos miraron al callejón de donde se desprendía una humareda negra, el olor que les llegó a todos, era como de carne quemada, lo que les hizo sospechar que alguien podía estar gravemente herido.

El hombre que lo había ayudado a levantarse, se acercó con él hasta el callejón, ambos con cuidado, por si había una nueva explosión.

No obstante, antes de que la humareda se disipara, varios de sus compañeros aparecieron en el lugar, Lucius estaba alterado:

— ¿Qué demonios ha pasado aquí?, ¿acaso han decidido los Aurores hacer su movimiento?

—Si ese es el caso, les ha salido mal, pues no he sido yo el herido.

Inquirió, mientras sacaba su varita de su gabardina. Él y Lucius caminaron hacia el interior del callejón, mientras escuchaban a Nott hablar con los muggles que le habían ayudado a él.

No estaba muy seguro de cuál sería el destino de ambos, pero realmente le daba igual, podrían ser dos menos a tratar cuando todo cambiara, o simplemente desmemoriados, fuera cual fuera el caso, no era importante.

Con un movimiento de su varita la nube desapareció dejando solo el rastro del olor, y ante los ojos grises de Lucius y negros de Severus quedó el cuerpo de un muchacho que debía contar con su misma edad, o incluso y si se dejaban guiar por su cuerpo, podría resultar más joven que ellos.

Ambos se miraron uno al otro, este estaba de espaldas, sus ropas estaban medio consumidas por las llamas, y había quemaduras alrededor de su espalda y no dudaban que en otras partes de su cuerpo.

— ¿Qué se supone que hagamos con este?

Preguntó Lucius sin estar muy seguro de cómo actuar, Severus frunció el ceño desconcertado también.

—Realmente no estoy muy seguro, por lo visto es mago como nosotros. –señaló la varita que portaba en su mano y que lentamente cayó al suelo rodando: —Quizás sería bueno mandar a Nott a avisar al señor tenebroso, le encantará saber sobre este incidente.

No puede permitirse ataques cerca de su residencia, sería como dar a entender que es fácil de alcanzar.

—Eso es cierto, quizás a lo mejor solo deberíamos acabarlo aquí y ahora, nos ahorraríamos problemas y además dejamos claro un mensaje, nadie que se acerque a más de diez metros de la casa del señor tenebroso saldrá con vida.

Severus frunció el ceño para nada conforme, a su parecer lo mejor era averiguar primero con qué propósito se había atrevido este a acercarse tan cerca y con qué intenciones había provocado semejante explosión en el lugar.

—Nott. –su voz no se alzó ni un poco, pero Nott no tardó en encontrarse a su lado en unos instantes: —Ve a buscar a nuestro señor, esto hay que reportárselo cuanto antes.

Nott no protesto, tan solo corrió a obedecer, era el más joven de todos y sabía que precisaba méritos con todos. Lucius y él eran pertenecientes al círculo interno, y Nott era consciente de ello.

— ¿Estás seguro de esto Snape?, ya sabes que no le agrada que se le molesto con pequeñeces.

—Di que todo fue idea mía y ya. Pero ciertamente pienso que esto es lo acertado.

Su respiración era entrecortada, y sentía que su cuerpo estaba a punto de romperse en mil pedazos. ¿En qué demonios estaba pensando para realizar semejante locura?

Nunca antes se había arriesgado de la manera en que en esa ocasión lo había hecho, y todo porque se quedaba sin tiempo para actuar. Debía plantearse seriamente su situación, sino acabaría muerto sin ninguna duda.

Abrió los ojos y se encontró en un claro, ¿cuánto tiempo había dormido?, no, más importante que eso ¿cómo demonios había terminado allí?, juraría que él se encontraba en el departamento de misterios, luchando con Bella, ¿cómo había terminado en un jardín?

Se incorporó llevando hasta su nuca una mano al sentir una punzada que provocó que se mareara y tuviera unas inmensas ganas de vomitar todo lo que había comido en Grinmauld Place.

—¿Qué demonios me pasó?

Miró a su alrededor intentando averiguar donde se encontraba con exactitud y se quedó congelado. ¿Cómo había terminado en Hogwarts? ¿Estarían todos bien?, no, al diablo con todos, ¿dónde se encontraría Harry?

Con mucho esfuerzo se puso en pie y comenzó a caminar hacía el colegio, se agarró con fuerza las costillas al sentir un fuerte dolor, al mirarse el lugar, descubrió una fea cicatriz en el costado.

¡Maldita Bella!, atacó con saña la muy perra.

Caminó a paso presuroso, maldiciendo con cada uno de ellos a Bella hasta la eternidad, al llegar a la entrada principal, suspiró y se apoyó en el marco de la misma.

—Maldita sea, como duele.

—Perdone, ¿le puedo ayudar en algo?

Miró a quien acababa de hablarle y se encontró con los ojos azules y astutos de Dumbledore fijos en él:

—Por Merlín, por supuesto que puedes Albus, no sé qué demonios me hizo esa maldita de Bella, pero por los mil infiernos, esto es…—dejó de hablar al sentir una nueva punzada en la cabeza que le obligó a llevarse ambas manos a las cienes.

Albus Dumbledore se acercó a él para sostenerlo, escuchó como llamaba a más gente, y que otros brazos lo sostenían, en su inconsciencia, escuchó que Dumbledore llamaba a Harry y sonrió de medio lado.

—Seguro que ha sido cosa de esos malditos mortífagos Albus.

Sonrió de medio lado al ver lo que la voz de Harry había cambiado y antes de caer en una oscuridad absoluta susurró:

—Definitivamente cada día te pareces más a tu padre, Harry.

Albus Dumbledore se encontraba sentado en la silla que Madame Pomfrey solía utilizar cuando la enfermería se encontraba en el estado que se encontraba en esa ocasión, es decir, repleta.

Lo más curioso de la situación, era que estaba llena sí, pero ni una sola era ocupada por un alumno de Hogwarts, no, todas estaban ocupadas por personas a las que no conocía de nada, y sin embargo ellos a él sí.

Tenía sus manos entrelazadas y observaba las siete camas con curiosidad e intentando acertar de qué conocía a todos ellos.

Había dos pelirrojos, que podía aventurar que al igual que el resto de presentes exceptuando uno de ellos, debían contar con una edad comprendida entre los diecisiete años y los veinte. La pelirroja aparentaba ser la más pequeña del grupo, diecisiete o dieciocho años, no se atrevería a darle más edad.

Había un muchacho de cabellos rubios y rostro redondeado, parecía algo rellenito, pero afable, junto a él, una muchacha de cabellos rubios, de un largo considerable, lo más curioso de esta era su peculiar juego de joyería, sin duda toda una revolucionaria respecto al asunto en sí.

Unas camas más allá se encontraba un muchacho de cabellos rubios platinos y cara afilada y alargada, era de tez pálida, alto y delgado.

Enfrente de este, se encontraba otra joven, contaba con cabellos castaños, enmarañados y rizados, delgada, con algunas cicatrices curiosas, en especial la que rezaba en su antebrazo, cuando Madame Pomfrey la había visto profirió un gritito y no tardó en llamarlo.

Era evidente que había sido infringida con magia y además de la duradera, pues las palabras habían sido grabadas con el único propósito de que perduraran.

"Sangre Sucia", una marca para toda la vida, algo que todo el mundo mágico comprendería enseguida.

Apretó sus manos fijándose en esa joven, ¿por qué diantres tenían que hacer semejantes barbaridades?

Suspiró y centró su vista en el hombre que él mismo había recogido a las puertas del castillo. Este sin duda era de mayor edad que todos ellos, pero no dudaba que había sobrevivido a un ataque, pues tenía todo lo preciso para proceder de una dura batalla.

Y el único punto en común que había encontrado entre todos ellos, era que por lo visto todos lo conocían a él. Al grupo de chicos los habían encontrado James Potter y Remus Lupin cuando se dirigían a reunirse con él en su despacho, habían aparecido de la nada provocando un gran estropicio en su despacho.

Sirius Black había aparecido trayendo entre sus brazos al joven rubio platino, el cual había susurrado su nombre y algo relacionado a un desastre.

Y por último el hombre que había intercambiado unas palabras con él seguro de conocerlo desde hace años, pese a que por más que buscaba en su memoria no localizaba al tipo en ningún lado.

—Harry.

El susurro provino de la cama de la muchacha de cabellos castaños, la vio moverse en la cama y girarse, no se perdió detalle de ella, decidido a localizar a alguno en sus recuerdos.

Siempre había sido muy bueno en recordar rostros, lo consideraba algo de importancia, pues así nunca podrían engañarlo.

—Arg.

Rápidamente fijó sus ojos azules en la cama del hombre, este se había incorporado al fin y respiraba con cierta dificultad, Madame Pomfrey corrió a socorrerlo:

—No haga esfuerzos innecesarios, o será peor para usted.

—Déjate de formalidades Popy, ambos sabemos que no me retendrás en una cama por mucho tiempo.

Madame Pomfrey se quedó estática en su sitio mirando al hombre ante ella sin saber cómo responder a sus palabras. Miró hacía él con cierto miedo, como respuesta a su muda súplica asintió y se puso en pie decidido a averiguar quién era tan singular personaje, que les hablaba a todos, como si los conociera de toda la vida.

—Puedes retirarte Popy, ya me hago yo cargo.

—Como gustes Dumbledore.

Esta se alejó de allí a toda prisa, él por su parte caminó hasta situarse a una distancia adecuada para poder charlar sin problemas con el tipo:

—Cualquiera pensaría que la edad no importa para estar en este lugar, aunque uno esperaría algo que disfrutar mientras se encuentra aquí. Los chicos deberían saber eso, deja que los pille.

—Disculpe mi ignorancia, o mi mala memoria, pero ¿podría decirme de qué nos conocemos usted y yo caballero?

El tipo alzó la vista hasta él sorprendido de su pregunta, era evidente que no comprendía la misma, formó una sonrisa torcida en sus labios. Tenía el cabello negro azulado y con un largo considerable, era evidente que no se lo había cortado en bastante tiempo. Sus ojos eran grises y parecían ocultar una carga considerable de dolor tras ellos, su rostro estaba repleto de arrugas que escribían una historia cargada de pesares y penalidades.

—Sé que no soy muy apuesto para los hombres, pero consideraría que mi rostro al menos deja alguna marca en ellos. Sobre todo en aquel que se pasó más de la mitad de mi infancia y juventud castigándome día sí día no.

Debió ser evidente su desconcierto, pues este perdió su sonrisa y frunció el ceño molesto:

—Venga ya Dumbledore, es cierto que no puedes permitir que el ministerio se entere de tu relación conmigo, pero tampoco es para que aquí me trates como un maldito desconocido.

Bien, el ministerio tenía asuntos con él, eso era un dato.

—Sinceramente, no tendría inconveniente en ofrecer mi ayuda si me refrescase algo la memoria, temo realmente no recordarle.

El tipo apretó molesto los puños, retiró las mantas y con cierto esfuerzo se puso en pie:

—Esto es de locos, si no quieres que permanezca aquí, perfecto, me largo, pero no me vengas con estupideces, llama a Harry, al menos espero poder despedirme de él. Quiero asegurarme de que se encuentra en perfecto estado antes de largarme de aquí.

—No le estoy echando de Hogwarts, tan solo preciso su nombre caballero, no pido nada más, ¿es acaso que el decírmelo le aseguraría que lo llevara hasta el ministerio?

El tipo lo miró estupefacto y casi blanco como una pared, evidentemente era una posibilidad muy factible que si él reportaba sobre este tipo, él terminaría en Azcaban.

—Si esto es una broma, créeme Albus, no está teniendo ninguna gracia.

—Temo estar hablando muy en serio.

El silencio se instauró en el lugar durante un buen rato, el tipo retrocedió unos pasos chocando contra la cama que ocupaba la muchacha de cabellos castaños, en ese preciso instante la puerta de la enfermería se abrió:

—Albus, tenemos problemas, un ataque en el callejón Diagon.

El recién llegado venía colocándose una camisa blanca sobre una camiseta de color negro, portaba un pantalón vaquero y unas zapatillas de deporte, iba puramente al estilo Muggle, su cabello negro le caía sobre sus gafas redondas.

—Por fin Harry, menos mal que estás bien.

El tipo dio unos pasos para acercarse al recién llegado, pero se paralizó cuando este levantó el rostro y fijó sus ojos café en él, café, no verde, se mezclaron con los grises del tipo, quien retrocedió como si hubiese visto un fantasma.

El recién llegado lo miraba sin comprender, evidentemente confundido e intentando descifrar quien era él.

—¿Quién es usted?, mi nombre es James, no Harry.

La respiración del tipo ante ellos se paró en seco, retrocedió con tal brusquedad que chocó con fuerza contra la cama de la muchacha una vez más, y terminó por caer de culo al suelo, el alboroto provocó que la muchacha despertara.

Mientras que Dumbledore y James miraban sin comprender al tipo que parecía sumamente desesperado y fuera de sí.

—¿Qué demonios…?, ¿dónde estoy?, ¿La enfermería de Hogwarts?

La muchacha de cabellos castaños miraba todo con interés, hasta que sus ojos se fijaron en el tipo que se encontraba en el suelo. En cuanto sus ojos y los del tipo se encontraron, fue el turno de ella de saltar de la cama.

Dumbledore y James miraban la escena sin poder comprender que se supone que estaba pasando.

El tipo al verla, miró de regreso a ellos y seguidamente a la muchacha:

—Dime que no me estoy volviendo loco, Hermione.

Esas palabras produjeron un curioso efecto en la chica, que cayó al suelo cerca de él y extendió su mano hacía el tipo:

—Es imposible, tú, tú estás muerto, tú…

—¿De qué está hablando señorita?

Escuchar esa voz obligó a la muchacha a detener su mano antes de acariciar el rostro del hombre y girarse a mirar a las otras dos personas ante ella, Albus Dumbledore y Harry.

Tragó en seco recibiendo en su mente todo lo sucedido y el viaje que habían emprendido, recordando en el acto que no debía dejarse llevar por sus impulsos, que se encontraba en Hogwarts sí, pero en un Hogwarts que seguía contando con Albus Dumbledore, no uno como el de su época, donde este ya no existía.

Pero si habían terminado haciendo el viaje en el tiempo, ¿qué se supone que significaba?, miró de regreso al hombre sentado en el suelo ante ella, era sin duda Sirius, el mismo Sirius que había caído tras el velo del ministerio tantos años atrás, el mismo Sirius que había provocado un agujero en el corazón de Harry.

Una de las pérdidas más dolorosas de su mejor amigo.

¿Qué se supone que está sucediendo aquí?

Lo escuchó decir, ella como única respuesta le susurró:

—Año mil novecientos setenta y nueve.

Dumbledore y James no comprendieron el motivo de que dijera el año, pero el tipo pareció comprenderlo porque cerró la boca en el acto y miró hacía ellos de vuelta sin terminar de perder el brillo de miedo que había aparecido en ellos hacía unos instantes.

Hermione terminó de alargar la mano hasta rozar al fin el rostro del hombre ante ella, como acto reflejo, Sirius apresó su mano contra su rostro, como si quisiera cerciorarse de que era real y no un sueño.

Ella sintió su piel caliente, su pulso acelerado y el rastro de una barba que comenzaba a nacer.

—Estás bien, realmente lo estás.

Su voz salía sola, deseando poder constatar todo, Sirius solo fijó sus ojos grises en ella antes de que esta saltara contra él y lo abrazara con todas sus fuerzas. En cuanto sintió sus brazos alrededor de su cuello sintió un escalofrío, hacía años que nadie lo abrazaba de esa forma, y al único que se lo había permitido era a Harry.

—Yo, bueno, es evidente que no es el mejor momento para esto, pero precisaría un poco de su tiempo.

Interrumpió Dumbledore, Hermione se separó lo justo de él para mirar a Dumbledore sin comprender:

—Esperaba que ya estuviese al tanto de todo, después de todo Harry es quien debía informarle.

Ella fijó sus ojos en el muchacho que acompañaba a Dumbledore quien los miraba sin realmente comprender nada de nada.

—Bien, sin duda me encantaría conocer a ese Harry del que todos hablan, pero temo que no es el caso.

—Pero si lo tiene al…

—Ese es James, Hermione, James Potter.

Cortó Sirius susurrándole al oído intentando evitar que ella metiera la pata, esta al fin se fijó mejor en el chico y se quedó estática, miró de regreso a Sirius:

—Es increíble el…

—Lo sé, créeme que lo sé.

—Pero si ese no es Harry, ¿dónde está Harry entonces?

—Precisaría que primero me explicaras el cómo estamos aquí y ahora, quizás el resto sea más fácil de averiguar sabiendo esos datos.

—Sé cómo llegué yo aquí, pero sintiéndolo mucho, desconozco como es que tú llegaste aquí.

Sirius frunció el ceño desconcertado, y al no comprender para nada lo que estaba sucediendo en esos momentos, James suspiró cansado e inquirió:

—Iré primero, espero que los refuerzos no tarden mucho.

—No es aconsejable que hagas eso James, espera a alguien más de la orden, no podemos arriesgarnos, no cuentan con moral ni escrúpulos, no tendrán reparos en acabarte.

James se encogió de hombros con indiferencia:

—Es posible, pero para ello tendrían que pillarme, y no es tarea fácil como bien sabes. Además, Canuto no tardará en llegar.

Para Dumbledore no pasó desapercibida la manera en que las dos personas que escuchaban en la enfermería se estremecieron e intentaban no mirar hacia ellos. El comportamiento de estos le pareció demasiado curioso.

James palmeó con despreocupación el hombro de Dumbledore y tras darle una última mirada a la pareja salió de la enfermería.

El silencio se instaló mientras las tres personas se miraban sin saber si sería buena idea o no romper el mismo, Hermione se mordió el labio inferior en un gesto de inseguridad y cuando Dumbledore fijó su mirada en ella sintió un escalofrío.

Recordó de inmediato todo lo que había leído sobre Dumbledore en el libro que habían escrito de él y sintió un escalofrío recorrerla, cerró su mente apresuradamente. No es que no desease confiar en Dumbledore, pero era consciente de que si los consideraba enemigos podría ser uno formidable e imbatible.

—Bien, ¿hablarán ahora conmigo?

—Lo que tengo para decirle no será algo muy grato de escuchar, ni tampoco es fácil de explicar.

—A la vista de que varios de sus compañeros siguen en la inconsciencia, creo que podremos contar con el tiempo preciso para una larga explicación sobre el asunto.

Hermione miró a Sirius y seguidamente a Dumbledore.

—Yo no sé realmente gran cosa, la persona que debía hablar con usted es mi mejor amigo, Harry. Él se supone que debía proporcionarle toda la información necesaria para que comprenda sin problemas.

Nosotros estamos aquí para ayudarlo en sus propósitos. No somos gente peligrosa en su significado más literal, pero sí que es cierto que nuestra presencia aquí podría traer serías consecuencias.

Mi nombre es Hermione, y solo puedo decirle que venimos del año mil novecientos noventa y nueve, que estamos aquí porque un grupo de mortífagos de nuestro tiempo ha viajado hasta aquí con algún propósito que desconozco y nosotros debemos detenerlos.

—Eso es…

—¿Mil novecientos noventa y nueve?, ¿de qué estás hablando Hermione?, se supone que estamos en mil novecientos noventa y cinco, estás en tu quinto año de Hog….

Al verla negar, Sirius se detuvo y frunció el ceño:

—Tu caso es especial Sirius.— lo miró fijamente sabiendo que Dumbledore acababa de quedarse traspuesto en el sitio y los miraba sin comprender: —Desapareciste en mil novecientos noventa y cinco, Sirius, hace cuatro años que todos te creíamos muerto, Harry, te creía muerto.

Aclaró con cierto énfasis, Sirius abrió los ojos al máximo sin poder creerse ni una sola palabra, ¿de qué estaba hablando?, ¿muerto?

—¿Sirius?, ¿Es posible que usted sea Sirius Black?

Hermione y Sirius fijaron sus miradas en Dumbledore, quien por lo visto no daba crédito a lo que escuchaba.

—Un tanto mayor pero sí, así es Dumbledore, soy Sirius Black.

—Alguno de los dos me puede explicar, ¿qué enfermedad me llevó a la locura más absoluta, para permitir que siete personas del futuro viajaran al pasado?

—En realidad solo deseaba que viajara uno, no siete, y para ser más concisos, el viaje de Sirius es completamente una sorpresa inesperada, como ya habrá escuchado, llevaba cuatro años, dado por muerto.

—Pues bien, me sería de mucha utilidad que me dijeran sus nombres y ya que están identifíquenlos.

Dumbledore señaló a cada una de las camas que quedaban ocupadas en la enfermería, Hermione suspiró y se puso en pie, comenzó a recorrer todas y miró a sus integrantes, según avanzaba iba diciendo el nombre de pila de cada uno, pero al llegar a la última se quedó paralizada.

—¿Qué significa esto?

—¿A qué se refiere señorita?

—Él no viajaba con nosotros, en todo caso vendría con el otro bando, ¿cómo llegó a Hogwarts?

Inquirió molesta señalando a Draco Malfoy en su cama completamente dormido.

—A él lo encontramos cerca de la entrada de Hosmeade, estaba bastante grave, no pudo decirnos como llegó aquí, pues se desmayó en los brazos de uno de los ex alumnos de esta institución.

El silencio se hizo en el lugar durante unos instantes hasta que Sirius repasó las camas con ella y al llegar a la misma en la que ella se encontraba frunció el ceño, perdido se acercó a las camas contiguas, comenzó a descorrer todas las cortinas para encontrarse que todas las camas restantes estaban vacías.

—¿Dónde está Harry?

Preguntó sumamente curioso, Dumbledore los miró a ambos y Hermione se unió a revisar las camas vacías:

—¿Solo estamos nosotros en la enfermería?

Cuestionó ella, Dumbledore asintió:

—¿Dónde está Harry entonces?, ¿ya despertó?

Dumbledore los miró unos instantes y suspirando negó:

—Ustedes son los primeros que han despertado, solo ustedes se aparecieron en mi despacho, como ya dije el joven de cabellos rubios platinos, al que usted ha llamado Draco, lo encontraron cerca de Hosmeade, y a Sirius, lo encontré yo en la entrada de Hogwarts. Nadie más a aparecido, ¿he de suponer que quizás haya otro de ustedes en alguna parte?

Hermione y Sirius se miraron uno al otro:

—Sí, lo más seguro es que así sea, pero él debió aparecer junto con nosotros en su despacho, desde allí es que nos trasladamos a este tiempo.

—Bien, los viajes en el tiempo no son cosa de juego, si cometieron el más mínimo error con respecto a la forma en la que han llegado hasta aquí, pudo ocasionar muchas dificultades. Incluso ese amigo vuestro, puede haber viajado a otro tiempo o incluso otro momento diferente.

Esas palabras hicieron palidecer a ambos escuchas:

—Eso es, sería realmente algo muy serio y peligroso.

—No lo pongo en duda jovencita, aún sigo sin comprender como fui capaz de hacer semejante estupidez, no parecen muy espabilados y a raíz de lo visto hasta ahora, esta no ha sido mi mejor idea.

Hermione frunció el ceño molesta pero no dijo absolutamente nada:

—Debemos averiguar cuanto antes que ha sido de Harry, no podemos permitir que esté solo por ahí.

La voz de Sirius sonó decidida y apremiante, dedicándole una mirada de alarma a Hermione que no pasó desapercibida para Dumbledore, fuese quien fuese ese muchacho, debía ser importante, la chica lo había llamado en sueños y el que ahora sabía que era Sirius Black del futuro, lo había confundido con James Potter, al igual que la chica.

No había que ser un genio para comprender que el muchacho era algo de James

—El parecido es asombroso.

—No hay duda de ello, la pregunta es, ¿será suficiente para engañarla a ella?

Severus Snape contemplaba el cuerpo ante él con desconcierto, cuando lo habían llevado al cuartel general de su señor y lo habían atado a la cama, previniendo así que si despertara fuera una amenaza para ellos, nunca se habría imaginado que tendría al clon de James Potter ante él.

Había hecho falta limpiar las quemaduras, vendar alguna que otra herida y cambiarlo de ropa para percatarse del parecido tan asombroso.

—Si no fuera porque lo he visto luchar en el callejón Diagon, aseguraría que este es James Potter realmente.

La voz de Lucius lo sacó de su escrutinio.

—Solo hay una manera de saberlo, saca las fotografías que yo las entregue, ¿ya se sabe el lugar de la cita?

—Sí, me dijo que en dos horas en el callejón knockturn.

Asintió a sus palabras, después de todo, su señor iba a sacar algo provechoso de haber curado a ese sujeto, había ciertas diferencias entre ese muchacho y James Potter, comenzando por la cicatriz que se encontraba en la frente del chico.

Además sus rasgos eran más finos que los de Potter y contaba con una nariz algo más pequeña, si se le fotografiaba solo el rostro, quizás el engaño podría ser factible, pero si la fotografía fuese de cuerpo entero, sin duda no surtiría el mismo efecto.

Era evidente que el muchacho ante ellos, había pasado hambre y estaba en un estado algo demacrado, además, su físico no era tan fuerte o alto como el de James Potter y contaba con mayores marcas de guerra.

—¿Despertó?

Inquirió la voz de su señor tras ellos, Lucius hizo la última fotografía y los tres miraron el cuerpo del chico ante ellos.

—Veo que no es el caso, las quemaduras que presentaba eran muy curiosas, sin duda tendrá mucho que explicarnos cuando despierte, comenzando por su extraña aparición a tan solo unas calles de mi casa.

—¿Qué planes tiene para él?

Cuestionó Lucius con curiosidad:

—Ciertamente no lo sé, depende de sus respuestas a mis preguntas, además de lo que su mente me revele.

Snape no te tardes con eso.

Lucius le hizo entrega de las fotografías y él las miró unos instantes:

—¿Qué pasará si ella descubre el engaño?

—Según creo es una muggle con un corazón bastante grande, hazle saber que la vida de este nos es insignificante y que depende de ella el que yo crea que puede tener algún valor.

Su señor se marchó de allí sin pronunciar ni una sola palabra más, Lucius y él intercambiaron una mirada, para después ver al muchacho descansando en la cama.

—Me da lástima el indeseable este.

Escuchó que decía Lucius, él por su parte solo se sentía algo irritado, James Potter le caía lo suficientemente mal, como para odiar al tipo ante él por el simple hecho de su gran parecido con ese indeseable.

—Será mejor que me marche cuanto antes.

—Sí, no hagas esperar a esa sangre sucia, nadie querría eso.

No hizo ni el más mínimo caso a la insinuación de Malfoy, después de todo, y si todo salía bien con Lilian, quizás ella pronto estuviese a ese lado de la línea, caminando junto con él.

Por segunda vez en ese día, se dirigió a la cita que tenía con Lilian, después de haberle avisado que se retrasaría, ella le había pedido que se vieran de todas formas, pues deseaba comprobar que estaba bien tras el enfrentamiento en el callejón Diagon.

Pese a que él le había dicho que él no había participado en ese incidente, ella había insistido, y por esa insistencia, es que ahora se tendría que enfrentar a un camino que de seguro nunca hubiese deseado enfrentar.

Echó un último vistazo a las fotos en su mano, en cierto modo le daba pena ese sujeto, había caído en un juego que ponía una soga en su cuello sin ni siquiera buscarlo, ¿quién sería el tipo en cuestión?

Se desapareció del lugar y apareció a dos calles del local donde él y Lilian habían quedado, fue con paso tranquilo, pese a que el frío ahora era mayor que hacía unas horas atrás.

Las tiendas en su mayoría habían cerrado y los bares estaban prontos a hacer lo mismo, eran cerca de las diez de la noche, y su señor había decidido ver a Lilian a las doce en el callejón knockturn, aún no estaba muy seguro de cómo abordar este asunto, pero de algo sí que estaba seguro, Lilian, iba a despreciarlo por ello.

En cuanto sonó el tintineo de la puerta, y abrió la misma, ella se giró a mirar fijamente a quien entraba, cuando lo reconoció sus ojos verdes brillaron, pese a todo lo que los separaba, la mirada de ella se seguía iluminando de alivio cuando veía que él se encontraba bien y con vida.

Era sin duda su mejor amiga, aunque para él era el amor que nunca sería correspondido, siempre se cuestionaba si las cosas hubiesen podido ser diferentes si él hubiese hecho otras elecciones.

—Severus.

Su voz era cálida y cargada de cariño y alivio, era un puñal pequeño clavado en lo que fuera que tuviese en lugar de corazón.

Él respondió a su llamado con una inclinación de cabeza, con su habitual frialdad y su determinación a no mostrar a nadie lo que en realidad sentía por ella. Ni ella misma era consciente de semejante sentimiento y jamás lo sería. Ella había tomado sus decisiones y no pensaba rebajarse a mostrarle algo que nunca había querido ver.

Aunque era muy consciente de que había tres personas que conocían lo que él sentía por Lilian, aunque jamás hablarían de ello, Potter y sus amigos Black y Lupin, nunca expondrían sus sentimientos por Lilian, el motivo era claro, por muy seguro que Potter aparentara sentirse, sabía que temía lo que Lilian y él tenían. Siempre lo había temido, por eso lo había odiado del mismo modo que él mismo había odiado a James Potter.

En cuanto estuvo frente a la mesa que ella ocupaba la miró fijamente, no hizo falta palabras para que ella comprendiera que algo pasaba, sus ojos verdes cambiaron a su brillo habitual de curiosidad y desconcierto.

Tras observarla unos instantes suspiró, metió su mano en su bolsillo extrajo las fotografías y las lanzó ante ella:

—Lo siento, quiere tener una entrevista contigo en dos horas en el callejón knockturn. Ha prometido no hacerte daño, pero si no asistes, él no correrá con la misma suerte.

Lilian sin comprender cogió dos de las cuatro fotografías y las miró, enseguida se percató de que ella había caído en la ilusión. Su semblante, siempre moreno, palideció en cuestión de segundos y sus ojos verdes se oscurecieron y agrandaron por el miedo.

Enseguida se puso en pie y la silla que ocupaba cayó al suelo.

—No, eso es imposible, James estaba en Hogwarts, hablé con él no hace ni cinco minutos.

Como loca se dispuso a salir del local, la siguió recogiendo las fotos, ella corrió por la calle derecha a la casa que ocupaba y él la siguió de cerca.

Sabía lo que pretendía hacer, y pese a que le debía lealtad a su señor, se lo permitió, sabía que pese a que descubriese que Potter estaba bien, no dejaría que le sucediera nada malo a ese otro muchacho.

En cuanto Lilian entró en su casa como alma que llevaba al diablo, dejando la puerta de par en par abierta, se hizo un apunte personal, reñirla por semejante descuido por su parte. Negó dándose cuenta de que no era momento de esas cosas y la siguió al interior de la casa.

Era quizás la tercera vez que entraba en ese lugar, pero seguía sintiéndose igual de incómodo que al principio.

Prefirió no entrar en la sala, ni escuchar su conversación con James o Dumbledore, realmente lo que se tuviesen que decir le traía sin cuidado, solo deseaba que eso le proporcionara algo de paz al alma de Lilian, para afrontar lo que se le venía encima con mayor fuerza y determinación.

Al cabo de unos cinco minutos ella se reunió con él, lo encontró observando una fotografía de ella acompañada de Alice, ambas sonrientes.

¿Quién es él?

¿Importa?

Cuestionó él a su vez, Lilian lo miró molesta:

—No lo sé, lo encontraron esta tarde, hubo una explosión en un callejón cercano a la mansión de nuestro señor, en cuanto él vio lo evidente, decidió tenderte una trampa, desea hablar contigo, no sé el motivo, no ha deseado compartir eso conmigo, pero tiene mucho interés en conseguirlo. –Se quedó callado unos instantes y le tendió la fotografía del chico: —No sé si tiene o no algo que ver con Potter, y si el parecido es solamente una terrible casualidad, sea cual quiera que sea el caso, el chico morirá esta noche si no acudes a la cita.

Lilian se quedó callada unos instantes:

—No sé quién es, ¿por qué habría de importarme la suerte de él?

Sonrió a sus palabras:

—Haz ese juego con alguien que te conozca menos Lilian, ambos sabemos que acudirás a esa cita, no permitirás que maten a un inocente por tu culpa.

— ¿Cómo puedo estar segura de que es cierto todo esto?, ¿de que verdaderamente él está tal y como tú dices?

—Estamos atrapados en este juego los dos Lilian, esta mañana me convocó solo para decirme que pese a que me había advertido que no deseaba que nuestra relación siguiera vigente yo había desobedecido, pero que perdonaría mi insubordinación si establecía un encuentro entre ambos.

Está muy interesado en ello, el que este chico apareciera, pareció una señal para él, como si su propósito de hablar contigo, fuese algo que debería de llevar a cabo sí o sí.