Pues bien, como lo prometido es deuda, aquí les dejo el segundo cap de Silver... Espero y sea de su agrado 8D Eso sí, una pequeña advertencia: Este cap no tendrá comedia como el anterior, pues será más para meter algo de "suspenso" a la historia.

¡Muchas gracias por los reviews!


2. No te fíes de las palabras de una criatura que sangra durante cinco días y no muere

A pesar de que la luz del sol no podía pasar directamente por culpa del papel de arroz del shoji, el cuarto permanecía con una tenue iluminación.

Unas voces provenientes del lado de afuera lo estuvieron incomodando al punto de hacerlo finalmente salir de aquél estado somnoliento y abrir los ojos, encontrándose con el techo de madera de su habitación.

Tardó en reaccionar, pero cuando finalmente hizo el intento por sentarse, un fuerte dolor en sus costillas lo hizo caer nuevamente y soltar un grito adolorido. Quitó las sábanas que lo cubrían, para contemplar a través de la abertura de la yukata como su torso, brazo y hombro derecho se encontraban cubiertos de vendas ligeramente ensangrentadas.

Y fue gracias a eso que recordó.

—Sougo— Lo llamó Kondo, quien entró a la habitación tan pronto oyó el quejido de su subordinado. —Quédate recostado, con esas heridas no debes moverte mucho. El médico dijo que mantuvieras reposo por lo menos durante una semana— Le informó con cierto alivio de encontrarlo de alguna forma bien.

El comandante se sentó junto a él, viendo como la sangre volvía a manchar los vendajes.

—Kondo-san… ¿Qué sucedió?— Quiso saber, sin poder ocultar un deje de sufrimiento en su voz a causa de las heridas. —¿Qué pasó con la misión?

—Con todos esos daños, bajas y heridos, tuvimos que suspenderla— Contestó cruzándose de brazos. —Ahora nosotros tenemos un buen argumento contra los Amanto, ya que ellos invadieron nuestro territorio, asique el gobierno de Oriente ha pedido una explicación a la parte occidental, y hasta que no den la cara nos han ordenado vigilar la zona limítrofe y atacar a cualquier Amanto que intente invadir el territorio.

—Ya veo… ¿Y la niña?— Preguntó finalmente, yendo directo al grano.

—Pues… la tenemos en el cuarto de interrogatorios, pero se comporta de una manera algo extraña… además, no ha dicho ni una sola palabra desde que despertó… no hay forma de hacerla hablar, ni siquiera pudimos hacer que nos dijera su nombre.

El castaño rió un poco ante aquella respuesta.

—No me sorprende, si yo no estoy ahí no pueden hacer hablar ni a una niñita, ¿Verdad?— Se jactó. —¿Quién la está interrogando? ¿El inútil de Hijikata?

—No… no es eso— Suspiró. —No hemos podido hacerla hablar porque no la estamos torturando. Por ahora son solo amenazas verbales.

—¿Cómo que no la están torturando?— Exclamó con asombro, como si acabara de oír la confesión de un grave delito. —Kondo-san, sabes que el hecho de que tenga forma de niñita no la hace ser inocente, no te dejes engañar. ¿Tengo que recordarte quién fue la que dejó fuera de combate a la mitad de mi escuadrón? ¡Solo mira lo que me hizo a mí! Y de un solo golpe… ella no es una niñita— Intentó hacerlo entrar en razón.

—Lo sé, Sougo, todos estamos conscientes de que no es lo que parece, pero no podemos torturarla. Le hicimos análisis de sangre, y concluyeron que sí era humana después de todo.

—¡¿Cómo?— Gritó ahora incorporándose de un tirón, haciendo que sus heridas se abrieran nuevamente y tuviera que reprimir el quejido adolorido. —Es una broma de mal gusto. Ella no es humana. Ninguna humana… no, ninguna chiquilla es capaz de hacer todo eso.

—Nosotros también pensamos de la misma manera, pero no se puede hacer nada… hicimos tres veces los análisis para estar seguros y las tres veces dieron que ella es humana— Explicó con cierta resignación, aún sin poder asimilarlo él mismo del todo. —No podemos aplicarle tortura si es así. Es una niñita aún.

—Una niñita monstruosa que por poco me mata— Agregó Okita con cierta molestia, mirándolo fijamente.

Kondo soltó un gran suspiro. No podía contestarle, ya que tenía razón. Pero tampoco podía ignorar los resultados. Si a pesar de todo ella era humana, no había nada que hacer. Sus propios principios le impedían hacerle daño a una niña.

El comandante se puso de pie, siendo seguido por la vista de Sougo hasta llegar nuevamente a la puerta, donde volteó para mirarlo por un momento.

—Ya es la hora del almuerzo, ¿Quieres comer?— Quiso saber Kondo.

—No tengo hambre— Contestó sin más, retornando su vista hacia las sábanas.

—De acuerdo… entonces regresaré en algunas horas y te traeré algo de comer. Mientras tanto, descansa y no te muevas a menos de que sea necesario— Y con un ademán de su mano, se despidió, cerrando la puerta tras de sí.

¿Descansar? Sí claro, sobre todo teniendo a semejante monstruo en el cuartel.

Al diablo con los análisis, esa cosa jamás podría ser humana. Ella era un Amanto, estaba seguro de eso. Y la haría hablar… sea como sea…

Él era el maestro de los interrogatorios, su naturaleza sádica lo hacía perfecto para esa tarea, y ganas de torturarla no le faltaban.

Se levantó con mucha dificultad, intentando reprimir al máximo los agónicos quejidos de sus graves heridas. Sabía que si iba a ver a esa cosa, era ahora o nunca. Debía aprovechar que todos se encontraban en el comedor almorzando, por lo que tendría el camino libre por lo menos durante unas dos horas.

Caminó con dificultad hacia una esquina, donde se encontraba su katana, para posteriormente salir sigilosamente de su habitación. Usaba su espada como bastón para sostenerse mientras caminaba hacia la sala de interrogatorios, en el ala oeste de la base.

Fue un arduo recorrido para alguien en sus condiciones, pero finalmente lo logró. Abrió con cuidado la puerta y de inmediato se apresuró a entrar, sin dejar ninguna pista detrás suyo que pudiera delatarlo. Dos horas era más que suficiente para hacerla hablar…

Tuvo que esperar a que su vista se acostumbrara a la oscuridad del lugar, pero finalmente pudo verla. Allí en el fondo, completamente amordazada, con cadenas, debido a su fuerza monstruosa. Ella se encontraba arrodillada, con los ojos cerrados, probablemente se encontraba durmiendo.

Caminó de forma lenta hasta finalmente quedar frente a la pelirroja, dándose cuenta con un ligero asombro, que la herida de su cabeza ya no estaba. Ni rastros quedaban de ella. ¿Qué otra prueba necesitaba? Estaba claro que ella no era humana, ningún humano podría tener tal capacidad de regeneración.

La chica abrió los ojos de un momento a otro, encontrándose con la mirada fija del capitán. En aquél largo y silencioso duelo de miradas, Sougo pudo notar que sus ojos habían cambiado. Ya no llevaba aquél brillo asesino ni aire inexpresivo que tenía la primera vez, ahora podía apreciar unos ojos vivos e inocentes, como si se tratara de otra persona completamente diferente.

Sin prestarle mayor atención a aquel insignificante detalle, el oficial entrecerró los ojos. Hora de comenzar con el interrogatorio.

Ignorando el dolor de sus huesos rotos, se agachó a su altura y con una mano la tomó bruscamente de las mejillas, haciéndola enfadar, a juzgar por la mirada que acababa de mostrarle.

—Escucha, pequeña zorra, ¿Te crees que vas a librarte así de fácil del castigo solo porque juegas a ser humana?— Habló el muchacho, haciendo que tanto su voz como sus ojos se tornaran macabros a causa de la ira, expresando claramente su sed de sangre. —Tu suerte se acabó. Yo no soy como los demás. Ya verás cómo te saco las palabras— Amenazó, saboreando el momento.

Ella frunció su ceño, haciendo que sus facciones se tornaran más perecidas a las de una niña enfadada. Tal vez esa táctica de niña inocente le había servido con Hijikata y los demás, pero no con él.

—Si no me das muchos problemas y me cuentas todo lo que sabes puede que no vayas a sufrir… mucho— Finalizó con una sonrisa sádica. Debía de asegurarse de intimidarla lo suficiente como para poder sacarle alguna palabra. —Considérate afortunada, rara vez soy piadoso con alguien… aprovecha y dime de una vez lo que…- Pero su amenaza esta vez se vio interrumpida gracias al escupitajo que la chica le arrojó en la cara.

A pesar de que mantuvo una expresión seria para cubrir su fastidio, ella pudo percibirlo perfectamente, por lo que esbozó una sonrisa triunfante y retadora, casi como si estuviera desafiándolo a un juego.

Pero Sougo no se quedó atrás. No iba a permitir que dominaran sobre su terreno, y rápidamente se formó una ligera pero macabra sonrisa en su rostro. Quería iniciar con una pequeña tortura psicológica para hacerle caso a Kondo y no maltratarla mucho físicamente, pero si esa mocosa quería guerra, guerra le daría.

—Qué interesante… parece que aún no entiendes la situación en la que estás…— Y era precisamente el tono de voz que empleó el que anunciaba perfectamente la calma antes de la tormenta…

Sin previo aviso, le propinó un fuerte golpe con su puño en el estómago, haciéndola reprimir un quejido.

El hecho de que pudiera aguantar uno de esos golpes de Sougo ya era digno de admiración, pero por más que se haya tragado el grito, se le notaba en las facciones el dolor que le causó.

—Duele ¿Verdad?...— La tomó con fuerza de sus cabellos, para luego hacerle chocar la cabeza contra el muro de cemento. —Pero te aseguro que no duele tanto como el golpe que me diste a mí.

Nuevamente, ella se tragaba sus quejidos, en un intento por frustrarlo… pero más bien, eso lo alentaba a continuar. La tomó del cuello de su ropa de forma brusca, sin poder llegar a levantarla completamente en el aire debido al peso extra que suponían esas cadenas y a sus propias heridas que le impedían moverse como quería.

—Sé que ninguno aquí ha logrado hacerte hablar… Me pregunto si será porque eres muda o es pura actuación…

Tan pronto terminó de hablar, atravesó la parte baja de su costado derecho con la katana, haciéndola soltar finalmente un grito desgarrador. Sonrió ante los resultados, para luego retirar su espada ensangrentada y soltarla, dejándola caer al suelo como un costal de papas.

Comenzaba a retorcerse de dolor en el piso, hasta quedar en posición fetal, sobre un enorme charco de su propia sangre, que se expandía cada vez más.

—Una estúpida actuación— Concluyó, guardando su espada nuevamente en la funda. —Veamos, señorita Kagura, si no mal recuerdo… ¿Aún quieres seguir jugando a la niña muda?... porque si es así, te aviso que yo también tengo muchos juegos para hacerte hablar…— Se agachó nuevamente a su altura.

Aún con todo ese horrendo dolor, luchó para abrir uno de sus ojos celestes y observarlo. Fue todo lo que hizo durante unos tres minutos sin que ninguno dijera algo o moviera un músculo.

—¿Cómo sabes mi nombre?— Habló de una vez por todas, reprimiendo el dolor para que no se expresara en su voz.

Sougo no esperaba obtener cooperación de su parte tan pronto. Pero disimuló bien su ligero asombro.

—Los Amanto que te perseguían la vez pasada lo dijeron unas mil veces— Contestó, restándole importancia a la mirada confusa que ella acababa de mostrar. —Ahora bien… ¿Puedes decirme cómo rayos llegaste aquí? ¿Qué hacías en medio del bosque, y por qué esos malditos te perseguían?

—¿De qué rayos estás hablando, bastardo?— Preguntó a la defensiva, recibiendo como respuesta un puñetazo justo donde anteriormente había clavado su katana, haciéndola gritar nuevamente.

—No te hagas la que no sabes. ¿Podrías al menos ser más original? ¿Sabes cuantos de los sujetos que traemos aquí nos dicen eso?... Vamos, sé un poco más ingeniosa. Si nos puedes decir la verdad sería mucho mejor.

—Oye, desgraciado…— Le costaba trabajo hablar, ya comenzaba a sentirse mareada por la pérdida de sangre. —No sé de qué hablas… ¿Cómo pretendes que te diga cómo llegué?... Tú dime… Cuando desperté ya me encontraba aquí…— Respondió con un gran esfuerzo.

Sougo sabía que un golpe más a su cabeza u otra parte vital harían que se desmayara, por lo que usó la katana en su funda y con todas sus fuerzas le partió por lo menos unos tres dedos de un solo golpe.

Otra vez, los agónicos gritos de la niña resonaron por el lugar.

—No intentes hacerte la lista, pequeña… ¿No te das cuenta de que solo empeoras tu situación? Dime de una vez qué sucedió, ¿Por qué te perseguían esos Amanto? ¿De dónde vienes?... ¿Qué eres?— El tono de odio que expresó en aquello último fue perfectamente notorio, haciendo que ella se sobresaltara un poco ante esa pregunta.

Sentía como las lágrimas se acumulaban en sus ojos por culpa del dolor, amenazando con caer en cualquier momento, pero no lo permitiría, no le daría el lujo a ese pequeño bastardo de mostrar debilidad. Sonrió con cierta altanería.

—No tengo por qué contárselo a un pequeño gusano como tú— Respondió con insolencia, ganándose un nuevo golpe en sus dedos.

—Como quieras. Mientras más te resistas más te torturaré. Haré que me pagues por lo que me hiciste, niñata estúpida— con su mano, presionó sobre la herida del abdomen para hacerla gritar nuevamente.

—Maldito— Escupió un poco de sangre. —Ahora te vienes con excusas para buscar pelea… ¿No te da vergüenza aprovecharte así?... No eres… más que un cobarde— Se sentía cada vez con menos fuerzas, y fue por eso que por más que intentó, no pudo romper las cadenas.

—¿Excusas?— Inquirió Sougo con cierta incredulidad en su tono de voz. —Primero te haces la muda y ahora la que no sabe nada… Tal vez unos golpes más te refresquen la memoria… ¿Así es como me agradeces que te haya salvado de esos Amanto? ¿Rompiéndome las costillas?

La duda una vez más se vio reflejada por un momento en las facciones de Kagura.

—¿De qué hablas, pequeño gusano?... Eres patético, yo no tengo la culpa de que seas paranoico y te imagines cosas— Murmuró aquello último, para luego escupirle sangre en el rostro.

Él ni se inmutó. Permaneció serio en todo momento, repasando cuidadosamente aquellas palabras. ¿A caso ella…?

—De nada te servirá hacerte la inocente, ¿Qué a caso no lo recuerdas? Ayer casi me matas, junto a esos Amanto— La siguiente respuesta sería decisiva. Hundió uno de sus dedos en la herida que le había hecho en el abdomen, arrancándole otro grito de agonía.

Ella respiraba agitadamente, y sin poder evitarlo, una pequeña lágrima comenzó a escapar sin su permiso. Enseguida lo miró con unos ojos llenos de odio. Sentía como su sangre comenzaba a hervir, y un profundo dolor punzante en su cabeza se hacía cada vez más fuerte. No aguantaría mucho más.

—Ya te dije… que no sé de qué me hablas…— Afirmó cada vez con menos fuerzas. Quería librarse de esas cadenas y molerlo a golpes. —Si pudiera romperte las costillas, como dices… lo habría hecho hace mucho… gusano asqueroso— Terminó con una nueva sonrisa retadora, dejándole en claro que no importaba cuanto la torturara, ella mostraría sus colmillos hasta el final.

El castaño imitó esa misma acción, desenvainando su espada nuevamente para darle otra lección y dejar en claro quién era el jefe.

Lo cabreaba de sobremanera el hecho de que no pudiera descifrar del todo su mirada. Siempre había podido distinguir entre los ojos de alguien que miente y alguien que decía la verdad, era un maestro en esa área… pero los de ella eran diferentes. Estaba seguro de que por lo menos en la última parte no estaba mintiendo… pero tampoco parecía estar diciendo la verdad.

En ese caso, se la sacaría a golpes.

—¡Sougo!

La voz de Kondo irrumpió en el lugar, casi al mismo instante en que las puertas se abrieron de par en par, dejando ver al agitado comandante junto a otros cuatro subordinados.

Al ver la escena se alarmó más, y rápidamente corrió para tomar al muchacho y alejarlo de ella.

—¡¿Qué estás haciendo? ¡Te dije que no podíamos torturarla! ¡¿Qué le has hecho?— Exclamó al sujetarlo de ambos brazos para ponerlo de pie y hacerlo retroceder.

Los demás miembros de inmediato ayudaron a la chica a incorporarse, haciéndola toser sangre en el proceso.

—¡Comandante, está muy mal herida!— Informó alarmado uno de los muchachos, mientras los demás la sentaban en el suelo, recargándole la espalda con cuidado contra la pared.

—¡Sougo!— Lo regañó Kondo, claramente molesto, sin dejar de sujetarlo en ningún momento.

—¡Si no hacía esto ella no iba a hablar jamás!— Argumentó en su defensa, observando a la susodicha con desprecio.

—¡Aún así, eso no te daba derecho de torturarla! ¡Es humana!, es una niña— Intentó hacerlo entrar en razón.

—¡¿Una niña? ¡Por favor!— Exclamó incrédulo. —Kondo-san, no dejes que su apariencia los engañe. Esa cosa no es humana.

—Sougo— Pronunció nuevamente Kondo, ligeramente sorprendido ante el tono de desprecio que el muchacho había empleado.

No lo culpaba, él tenía razones de sobra para odiar a los Amanto, y lo comprendía. Pero tampoco podía permitir que torturara de semejante forma a una niña. Estaba consciente de que difícilmente podía ser humana, a pesar de lo que indicaban los análisis, pero sus propios principios le impedían hacerle daño.

—Corremos un riesgo innecesario al mantenerla aquí solo porque no quieres lastimarla. Ella puede fácilmente librarse de esas cadenas, escapar y desatar un infierno en el cuartel, o incluso en todo Edo.

Los cuatro oficiales que se encontraban cerca de Kagura retrocedieron de inmediato al escuchar los argumentos del capitán.

—Kondo-san, no puedes ser siempre amable con todo el mundo. Estamos frente a un enemigo— Prosiguió en un intento de hacer entrar en razón a su comandante.

El aludido pareció meditarlo por unos momentos, para sorpresa de Okita. Miró a la niña por unos pocos segundos, para luego centrar sus ojos en un punto fijo en el suelo.

—Sabes que no puedo hacerlo— Contestó finalmente. —No necesariamente hay que lastimarla para que nos dé información.

De a poco, fue soltando al castaño, sabiendo que en presencia de ellos no intentaría nada.

—Yo me haré responsable de ella. No voy a permitir que cause disturbios— Afirmó el comandante, dando de a poco seguridad a los otros cuatro oficiales. Posó su mirada nuevamente en la pelirroja. —Mientras tanto, todos tendrán prohibido ingresar a esta habitación sin mi autorización. ¿Entendido, Sougo?— Concluyó mirándolo de reojo.

El aludido entrecerró los ojos, claramente molesto ante aquella orden.

—¿Serían tan amables de escoltar al capitán Okita hasta su habitación?— Pidió Kondo a dos de sus subordinados, a lo que ellos de inmediato acataron la orden, sacándolo de allí.

En el trayecto, Sougo volteó para mirar nuevamente a la chiquilla monstruosa. Maldición, tan cerca de una respuesta… y justo cuando había hecho un gran descubrimiento.

Lo último que pudo ver, fue a Kondo limpiándole la sangre del rostro, tratando de hablar con ella. Hasta que otro de los oficiales cerró las puertas del cuarto de interrogatorio.

CONTINUARÁ…


So yeah... Si bien queda raro juntar en la misma oración las palabras "seriedad" y "Gintama", creo recordar que muy de vez en cuando Sorachi ponía alguna escena seria... asique se justifica DX ok, no... el próximo sí regresa al típico "humor Gintama" que todos conocen, asique mis disculpas para aquellos que querían reirse con este cap D: Será hasta el próximo, que sé que como mínimo, una carcajada les sacaré.

Nos leemos~