Varitas y besos robados

Lunes 8 de diciembre de 1996
Sala de los Menesteres, Colegio Hogwarts.
7:00 horas.

Draco Malfoy

A Draco le traían sin cuidado los lunes. De hecho las semanas enteras estaban empezando a ser solo un continuo pasar de días sin sentido.

Había pasado la noche en aquella condenada Sala. Por fin había encontrado el armario pero no tenía ni la más remota idea de por dónde empezar a arreglarlo. Se había dedicado a deambular por los pasillos de aquel enorme lugar, preguntándose cuantos siglos habían hecho falta para que los alumnos de Hogwarts dejaran tanta mierda allí.

Algunas cosas podrían serle útiles pero casi todo lo que había era pura basura, un vertedero en lugar de un sitio donde guardar secretos o artículos viejos.

Sabía que debería haber vuelto a la Sala Común, pero no estaba de humor para aguantar a nadie. Últimamente no tenía ganas de estar con los demás, Crabbe y Goyle atacaban sus nervios ¿Siempre habían sido tan idiotas? Blaise era buena compañía pero cada día estaba más raro y distraído, Nott… en fin, ni siquiera sabía si era capaz de hablar porque nunca le había prestado demasiada atención.

Aquel año estaba siendo una auténtica mierda. Con su padre en Azkaban y su casa invadida de mortífagos, Hogwarts y el viejo senil al que tenía que matar empezaban a parecerle el paraíso.

Es un honor, le había dicho la demente de su tía Bella con los ojos brillando de orgullo. Que bien, siempre había soñado con acabar tatuado por un híbrido de serpiente de sangre mestiza que le mandaba a morir en su nombre con una sonrisa esperando que él se suicidara para cumplir su sagrada voluntad…

Lo peor de todo, lo más denigrante del asunto es que eso exactamente estaba haciendo él, lo que aquel mago desquiciado le estaba ordenando como si él fuera un mero elfo doméstico. Claro que lo hacía porque tenía miedo de que su madre pagara las consecuencias ya que el amor fraternal no era algo que su tía hubiera heredado en demasía.

Después de decidir que pasaría la tarde en la biblioteca antes de volver a intentar algo con el armario, bajó a desayunar. Sus tripas rugían hacía rato y además era el mejor momento para que sus compañeros de casa no le vieran en el Gran Comedor y le dejaran en paz con sus pensamientos.

Se fijó en Granger nada más entrar, claro que solo se permitió un par de miradas de soslayo para que la chica, que le contemplaba abiertamente con la misma sutileza de un escreguto de cola explosiva en una biblioteca, no se diera cuenta de que él también la había observado.

Lo cierto es que era una lástima que ella fuera una sangre sucia y que él estuviera ocupado en asuntos más importantes, porque si no… Al darse cuenta de la aberración que estaba pasando por su cabeza se sirvió más café y se lo bebió de un trago deseando que fuera whiskey de fuego. ¡Merlín! ¡Solo le faltaba tener aquella clase de pensamientos con Granger! Definitivamente estaba perdiendo la cabeza a un ritmo preocupante.

Cuando unas cuantas imágenes de la sangre sucia en situaciones también muy sucias pero placenteras pasaron por su mente Draco se levantó y salió del comedor dispuesto a volver a centrarse en lo correcto y arreglar aquel armario. Bastantes dificultades tenía ya para cerrar su mente como para encima tener que suprimir escenas subidas de tono a Snape o a Él.

Pese a lo perdido que estaba en sus pensamientos la escuchó ir tras él ¿De verdad creía que estaba siendo sigilosa? Esperaba que no tuviera sus miras en el departamento de aurores entonces porque por más que dijeran de ella que era la bruja más inteligente de su generación, desde luego no era la más silenciosa.

Se planteó la posibilidad de salir corriendo y esconderse para huir de ella, incluso se metió en aquel escobero para librarse de su mugrienta presencia, pero, al escucharla maldecir la curiosidad fue más de lo que pudo soportar. Al fin y al cabo aquel curso estaba resultando una mierda y tal vez un poco de discusión con Granger haría que aquel día fuera algo interesante, más entretenido de lo que había esperado.

Pero ahora que estaba encerrado con ella en aquel minúsculo armario sucio y polvoriento, sin varita y con sus hormonas bullendo por el olor a violetas que la chica desprendía, empezaba a darse cuenta de que había sido un error. Sobre todo cada vez que recordaba los pechos de Granger aplastados contra su torso. ¡Merlín! ¿Pero cuando le habían crecido las tetas? Desde luego aquel verano que él se había pasado recibiendo maldiciones de su tía Bella y clases particulares de Artes Oscuras, la sangre sucia se había dedicado a inflarse en los lugares correctos, maldita fuera. Tampoco ayudaba su celibato autoimpuesto ni que el estrés al que estaba sometido necesitara una via de escape con urgencia.

Iba a matar a Blaise Zabinni en cuanto saliera de allí.

Porque si algo conocía Draco eran las voces de sus amigos y aquel amigo en particular iba a arrepentirse de haberle encerrado en aquel puto armario con aquella Gryffindor que seguramente le volvería loco antes de conseguir volver al corredor.

—De verdad Malfoy no sé en que estabas pensando para ir por ahí sin varita. ¿Es que acaso no eras prefecto de tu casa? No puedo creerme que esté aquí encerrada contigo, tengo que entregar el trabajo de Artimancia… ¡MacGonagall pensará que me he saltado la clase! Y todo por tu culpa.

Draco se tocó la sien con las yemas de los dedos deseando con todo su ser que aquella repelente leona se quedara afónica.

¿Había dicho que le traían sin cuidado los lunes? ¡Já! Aquel lunes iba a ser el jodido infierno.

Lunes 8 de diciembre de 1996
Sala Común de Slytherin, Colegio Hogwarts.
7:00 horas.

Blaise Zabinni

A Blaise le daban igual los lunes.

Se estiró sonriendo cuando escuchó la puerta cerrarse tras Theo y se levantó de un salto. Ahh iba a ser un día estupendo. Había quedado por la mañana con una rubia de Ravenclaw antes de ir a desayunar y no pensaba llegar tarde porque, si se esforzaba lo suficiente, para el fin de semana habría llegado a coger la snich.

Su sonrisa se amplió al recordar a la chica, Rina… Trina…¿Angina?... En fin, no recordaba su nombre pero eso era lo de menos, tenía técnicas infalibles para que ella se lo dijera de nuevo, lo importante era usar todo el encanto Zabinni para que cayera en sus redes antes del viernes o sería un fin de semana terriblemente aburrido.

Hurgó en su baúl, sacó una enorme toalla verde y su gel de ducha y se alejó cantando.

—Oooooooo sooooole míooooo, stá ´nfronte a teeeee —Comenzó a elevar el tono de voz con la cabeza bajo el agua, mientras frotaba con la esponja enjabonada sus axilas —Luceeeno é llastreeeee dá fenesta toiiiaaa na nannaaaa nananaaaaa naaaaa Ooooo soooole miiiiioooooo

—Deja de cantar tío —La voz pesada y monocorde de Crabbe rompió el momento pasional de Blaise que se quedó en silencio mirando con frustración la puerta del baño, como si pudiera atravesarla con la mirada y descargar su ira en aquel idiota redomado que no sabía siquiera apreciar la buena música.

Inspiró hondo y se enjabonó la cabeza en silencio para no ahogarse. Bien, no iba a consentir que Crabbe le fastidiara el día. La mañana iba a ser fantástica y él iba a estar más que perfecto para Caterina… ¿Catrina? Estaba seguro que era algo terminado en ina.

Bueno, se enjuagó bien y se enrolló en la toalla frotándose las manos.

Aquella semana comenzaba de forma prometedora.

Cuando salió de las mazmorras pasó de largo del Gran Comedor y se decidió a esperar a Marina, Lina o como quiera que se llamara, en las escaleras. Iba a sentarse allí cuando algo le llamó la atención.

¿Dónde iba Draco a aquellas horas? ¿Y por qué Granger le seguía? Se mordió la lengua intentando mantener a raya su insana curiosidad pero cada vez que subían un escalón Blaise se agitaba nervioso y daba un pequeño bote en su sitio. ¿Cómo iba a pasar el día con aquella intriga? Si la leona seguía a Draco él, como buen amigo, debería avisarle ¿Verdad? O al menos ir a enterarse de lo que estaba sucediendo.

Sí, se levantó y subió de dos en dos las escaleras detrás de Granger. Lo haría en aras de la amistad.

Pero entonces algo sucedió, vio como Draco arrastraba a la chica dentro de un armario que había medio oculto por una armadura y la conversación que había mantenido con Theo dos noches atrás mientras se sentaban frente a la chimenea con dos cervezas de mantequilla, pasó por su cabeza en aquel instante.

Lo que Draco necesita es una chica Dijo Theo mirando fijamente las llamas.

Blaise bufó.

Me parece, amigo mío, que si no se deja enganchar por Pansy lo tiene difícil.

Theo se encogió de hombros aunque sabía que Blaise tenía razón porque el carácter del rubio no era lo bastante encantador para tener demasiadas admiradoras fuera de la Sala Común de Slytherin. Y dentro, con Parkinson marcando territorio como una gata salvaje, ninguna se atrevía a jugarse la piel por acercase al heredero de los Malfoy.

Necesita distraerse, está más insoportable que nunca.

Y ha dejado el quiddich Colaboró de nuevo Blaise dando un trago a su bebida.

Sus problemas van a terminar haciéndole estallar… No sé como lo llevaría yo, marcado tan pronto Theo suspiró ¿Sabes que es un suicidio, verdad? La misión…

Lo es Blaise dejó la cerveza cuando perdió las ganas de seguir bebiendo Además empieza a volverse loco, creo. Le he visto hablar solo en varias ocasiones y o tiene un amigo invisible oculto por una capa o toda esta mierda le empieza a pasar factura.

Podríamos buscarle una chica o algo Propuso Theo

¿Qué? Blaise soltó una carcajada ¿Me ves cara de celestina o qué? Bastante tengo con buscarme mis propios ligues como para ponerme con los de Draco.

Theo bufó y se cruzó de brazos.

Pues habrá que pensar en algo.

Y como si de una epifanía se tratara, Blaise lo vio claro ante sus ojos. Aquella era la solución que se les había ofrecido en bandeja. Encerraría a Granger con Malfoy y cuando los dejara salir de allí, al final del día, seguramente Draco habría se habría desahogado aunque fuera a gritos con ella.

Fermaportus —Susurró.

Y esperó con los dedos cruzados a que Malfoy no saliera de allí lanzándole algún maleficio por traidor. Con suerte no llevarían sus varitas. Sabía que Draco solía olvidarsela en la mochila y no la llevaba puesta, lo mismo que Granger. Era un lanzamiento a ciegas pero merecía la pena probar. Sobre todo cuando vio el pomo de la puerta agitarse.

Aquello era genial.

Con una enorme sonrisa extendiéndose en su cara Blaise apuntó de nuevo hacia el armario y murmuró.

—Protego Totallum —No quería que alguien les sacara de allí antes de tiempo.

Silbando felizmente volvió hacia las escaleras cuando algo lo atropelló literalmente chocando contra él mientras huía en una loca y desesperada carrera.

—Lo siento, lo siento, lo siento —dijo la chica agarrándose a él mientras caían

Se dieron contra el suelo con un golpe seco y Blaise cerró los ojos un instante sacudiendo la cabeza para comprobar que aquella animal no le había desnucado y cuando abrió los ojos vio unos orbes castaños que le miraban muy abiertos.

—¿Estás bien?

Blaise parpadeó y una lenta sonrisa se dibujó en sus labios mientras la pequeña de los Weasley se retorcía sobre él para intentar ponerse en pie. ¿Cuándo había crecido tanto? ¿Y por qué nadie le había avisado de ello?

—Perfectamente, pelirroja —Susurró en un tono seductor que no pudo reprimir.

Ella alzó una ceja al escucharle y se levantó alisándose la túnica sin dejar de mirarle.

—¿Te has golpeado la cabeza, Zabinni? —Preguntó

El asintió levantándose con cuidado.

—Ya veo.

—¿Ginny? —La chica se giró de golpe cuando oyó que la llamaban y después volvió a mirar a Blaise con ansiedad.

—Maldita sea…

—¿Ginny?

Le miró de arriba abajo y, tomando una rápida decisión agarró su manga y tiró de él arrastrándole por el pasillo mientras corría.

—¡¿Se puede saber qué haces?!

—¿Ginny? —los pasos eran cada vez más cercanos y rápidos.

—Oh Merlín.

La pelirroja se paró, se apoyó en la pared y, agarrando la túnica de Blaise por el pecho le atrajo hacia ella y le beso.

En el momento en que sus labios se tocaron, Zabinni olvidó que era una Weasley, olvidó a Nina y todo lo que no fuera esa boca avasalladora que parecía querer devorarle. Ella gimió y el sonido le volvió loco, agarró su cintura y la pegó a su cuerpo con rudeza.

—¿Ginny? ¿Qué diablos estás haciendo?

Cuando Blaise la soltó, indignado por la interrupción, la segunda del día a decir verdad, se dio la vuelta dispuesto a mandar a la mierda a quien fuera que estuviese detrás. Pero un puño en su ojo derecho le impidió hacerlo.

Dean Thomas acababa de reventarle un ojo y se ponía en guardia de nuevo, dispuesto a darle una vez más.

¿Le daban igual los lunes? Pensó mientras sentía su ojo inflamarse. Pues aquel en concreto estaba empezando a aborrecerlo.


Como ya avisé no espereis grandes cosas de este fic, es simplemente algo entretenido sin pies ni cabeza pero que espero os haga sonreír.

Besos

Aj

mariapotter: Naaa, igual un poquito xD

El review anónimo no lo he entendido pero me parece que has pensado que no iba a continuar esta historia y sí, aquel era solo el primer capítulo.

Duhkha: Si, esta es mi recompensa para ese personaje ;)

Andromeda Demeter: Si, yo también les apoyo con eso jajaja