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Los pasos se oían desde la lejanía, uno tras otro, los sonidos golpeaban en su cabeza como los martilleos de clavos tan sonoros que cristo hubiera llorado al verla. Sufrir por cada sonido era común y cuando se acercaban a su cabeza ella lograba en un intento desesperado esconderse en el único rincón de la habitación.

Todo estaba oscuro, negro, por lo que muchas veces tropezó con su letrina en busca de un escondite. Tiritaba, rogando al cielo que cuando esa puerta se abriera no la tomaran, que la dejaran libre que nunca más le pusieran corriente o la quemaran.

Abrazó su delgado cuerpo, los brazos eran cubiertos por simple cuero que las personas llamaban piel. Todo lo demás había desaparecido. Ella sabía que tenía los ojos abiertos pero no podía ver nada, movía sus globos esperando ver una luz pero no existía nada en esa habitación.

Las pisadas se hacían aún más fuertes, sabía que estaba afuera. La puerta se abrió lenta, el crujido chirriante apretó sus dientes. Sin embargo, esta vez no escuchó nada y eso sólo podía significar una cosa. Él estaba ahí.

"Kakashi…"comenzó a gatear con desesperación, intentó mantener su frágil cuerpo en pie. Corrió por ese hombre.

Sin embargo, cuando se acercó sólo pudo percibir el hedor a sangre y alcohol. Un fuerte dolor apretó su pecho y comenzó a sollozar en silencio. Puso sus manos en la cara, quería gritar, maldecir a todo el mundo. La habían engañado, había roto el secreto. Lloraba con tanta desesperación que aumentaba aún más con esa risa burlona y asquerosa que ese hombre poseía. Nunca lo había visto pero con sólo escucharlo era horrible para ella.

"¡Kakashi, Kakashi, Kakashi!"el hombre se burlaba con aún más poder, el mismo que ejercía sobre ella y los demás "Él no está aquí ¿verdad? ¿lo puedes ver?"

Negó con su cabeza gacha, sus lágrimas brotaban descontroladas por sus huesudas mejillas. Una risa estruendosa sonó por toda la habitación.

"¡Por supuesto que no, Hija de Puta! Por qué eres una maldita ciega" tomó su cabeza con tanta fuerza que la pudo haber aplastado "¿Ves esto? ¡¿Eh?!"

Se apoderó grotescamente de su seno maltratado y lo comenzó a aplastar. Gritó en un inicio pero las reglas son de que no puedes gemir por tu vida.

"Gritaste pequeña zorra" tomó la cabeza rapada de la chica. Ella se aferró a su enorme brazo desesperada sin saber a dónde mirar, lo apretó con sus delgadas manos llorando, suplicando misericordia.

"Por...favor...puedes tocarme pero no me lleves…" se ahogaba en llantos "No me lleves…te lo ruego"

"Ya es tarde...hija de puta" y con una sola mano se la llevó fuera de esa habitación iluminada con la luz artificial.

Sin embargo, ella que lo veía todo en negro que esta ausencia del color la perseguiría aún en sus sueños.

Sus ojos se abrieron de golpe, todo era un sueño o un mal recuerdo que aparecía en su cabeza. Sin embargo, no podía ver otra vez.

— No… — ¿estaba otra vez en ese lugar? Comenzó a tocar su rostro, su cabeza, sus brazos. Palpar si estaba en esas horribles condiciones pero no, estaba con su cabellera larga, sus pómulos redondos y extremidades en completa sincronía.

— ¿Tuviste un mal sueño otra vez? —escuchó al hombre entrar, tintineos resonaban y sabía que traía una bandeja con comida—Te traje el desayuno.

— Lo sé… — logró sentarse en su mullida cama y se mantuvo cautelosa con la mirada en el vacío. — Al final...me operaste.

— ¿Es necesario hablar de esto ahora? — el hombre tomó una silla y se sentó junto a la cama de la chica. — Es mejor que comas...no siempre está el privilegio de probar mi comida.

— Me operaste…— apretó su mandíbula con fuerza. Dirigió su mirada hacia el hombre. No lo veía, otra vez estaba todo en negro. — ¿Cómo pudiste?

— Hinata, por favor — Kakashi comenzó a masajear su cabeza con fuerza, sabía que debía responder por sus actos. — Sabes que tenía hacerlo…

— ¡No! — gritó en dirección al hombre. — Yo no quiero volver a ser ciega...quiero ser libre...y sabes por qué lo digo.

— Lo sé — suspiró agotado, cada vez que la intervenía eran las misma discusiones. Le agobiaba ver a Hinata tan desprotegida, no le gustaba ser odiado, le cansaba todo esto.

— ¡No lo sabes! — por sus mejillas las lágrimas comenzaron a trazar su rostro. — ¡Tú no vas a estar en esa habitación! ¡Ya no quiero seguir en este estúpido juego!

Incrustó sus uñas en la venda y de sólo un movimiento arrancó toda la prenda que cubría sus ojos. Kakashi inquieto se mantuvo en su lugar mirando la estupidez que había hecho la chica.

Hinata no vio nada más que una potente luz que encandiló sus ojos. Se tapó con sus sábanas pues las luces comenzaron a quemar su vista. Pequeños gemidos de dolor hicieron que Kakashi rodara sus ojos aburrido. Se acercó a al bulto que estaba enrollado entre las sábanas y tomó otra vez las vendas.

— No vuelvas a hacer algo tan estúpido como eso — con agilidad el hombre cubrió los ojos de la chica. Hinata se mantuvo boca arriba sin mirar al hombre. — No sabes lo caro que sale mandar hacer este tipo de prótesis.

— Pues a ti no te sale caro...tú mismo las fabricas — giró la cabeza en dirección a Kakashi, sin poder ver nada otra vez. Su pecho se apretaba de rabia al estar cerca de este hombre, que la engañaba por caprichos de grandeza, por sus temores al futuro.

— Los materiales son caros — respondió ofendido, se cruzó de brazos esperando otra reacción y nada, sólo se quedó con la mirada hacia él. — Será mejor que comas.

No hizo ningún movimiento, él simplemente la observaba como había mejorado. La carne era cubierta por una suave piel, estaba más sana y cada día se volvía más hermosa. La protegía como un perro guardián y nadie podía hacerse de ella sin que él estuviera vigilando. Constantemente se aísla en su propio trabajo para acallar sus deseos y sentimientos que sabe, por las miradas de la chica que no son correspondidos.

— Quiero estar sola — fue un pequeño susurro escondido entre la tristeza y la rabia. Suficientemente sonoro para que Kakashi escuchara.

— Hinata...yo quería desayunar contigo — habló en una suerte de puchero que a Hinata no agradó tanto. La chica apretó aún más los dientes con rabia hacia el mundo, a él y a ella. De su brazo comenzó a brotar una poderosa ráfaga de viento incontrolable, suficientemente fuerte para cortar a alguien.

— ¡Fuera! — su brazo se dirigió a la bandeja que tenía en la mesita de noche. La energía proveniente de su brazo levantó los trastes dirigidos en un ataque de ira hacia el hombre. Kakashi logró esquivarlos con precisión.

— Está bien — suspiró, se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta, sin antes observar a la chica que se deshacía en lágrimas. Era terrible para él sentir como la culpa lo acechaba por todas partes pero no podía hacerla entender que tenía las manos atadas con toda esta situación. — Lo siento Hinata...sé que en algún momento me entenderás.

No respondió, sabía que si continuaba en el juego de Kakashi todo se distorsionaría hasta el punto en que ambos se destruirían del dolor. Escuchó cuando la puerta se volvió a juntar y sabía que estaba sola de nuevo. Se estiró boca arriba en la cama y empezó a imaginar, a recordar que era estar ciega. Cada vez que se miraba al espejo veía el extraño color de sus ojos, eran blancos como la mirada de un lobo.

Palpó sus ojos cubiertos por la venda, su preciada vista que un hombre decidió curar. Kakashi siempre señaló que sus ojos no cambiarían pero que volvería a disfrutar de los colores de vida.

"Sólo veo esta casa ¿cuándo veré los verdaderos colores?" Sólo podía observar de su ventana las praderas fuera del muro de la casa, sin embargo, no se podían tocar y sentir en la piel. La sensación de libertad que anhelamos los humanos, esa libertad espiritual estaba privada desde lo físico a una mujer de veinte años.

Decidió dormir a pesar de recién haber despertado prefirió seguir en el letargo del día. De esta manera podría la jornada acabar más rápido. Abrazó su almohada y gracias a no ver nada comenzó a dormitar otra vez, como en esas cálidas tardes de verano donde seguimos durmiendo a pesar de la hora.

Estaba tirada en el piso, como era de costumbre después de haber destruido su ser. No podía moverse, las lágrimas brotaban pero ella no hacía ningún gesto o alguna expresión de dolor. Se sentía humillada, ultrajada, violada. Tomaron su ser y lo rompieron en pequeñas partes esparcidas por esa sala.

Llevaba la misma ropa, una bata naranja que ella no podía ver. Su intimidad sangraba por los maltratos recibidos y ¿qué podía hacer? Sólo rogar su muerte, implorar para que su existencia se acabara, ya no le quedaba nada.

La puerta sonó otra vez, se abrió lentamente pero no se escucharon pasos. Gimió como único comunicado de temor. Su cuerpo estaba explotado y venían nuevamente por ella. Por fin pudo sentir los pasos cerca de ella, sus huesudas manos se enterraron en el suelo y como pudo intentó arrastrarse lejos de quien la seguía. Cada lamento que caía de su boca era la súplica de la salvación, sabía que si giraba hacia la izquierda podría esconderse bajo su catre.

"No te haré daño" una voz resonó más cerca de su cabeza y pudo sentir la presencia del hombre, con su débil mano pudo palpar un zapato de cuero que había a su derecha. Las experiencias le gritaban que se escondiera aunque fuera en vano por la supervivencia de su raza que rogaba beatitud. Intentó con todas sus fuerzas alcanzar el catre pero no pudo.

Suavemente, el hombre la tomó en brazos y la recostó sobre la cama. Ella sólo gemía de dolor, su cara toda magullada de golpes le impedían formular alguna palabra.

"Vine a curar tus heridas" su voz era cálida, ella solo seguía los sonidos y ese olor a bosque que él expelía. "¿Tienes nombre?"

Fue la pregunta más difícil de responder, pues ya no sabía quién era. En un intento de lucidez pudo responder lo primero que su cabeza llamó.

"Hina...Hi...Hinata" no tenía fuerzas para responder, su aliento era lo único que podía determinar su existencia.

"Hinata…" él repitió casi como un susurro. El hombre era tan silencioso que prefirió tener la mirada en el vacío pues era como el soplido del viento sobre las hojas, resonaba por toda la habitación. "Estoy aquí para ayudarte"

No sabía si creer aquello que decía, le estaban enseñando a no confiarse de los favores, a no confiar en los demás. Sintió una cálida mano en su huesuda rodilla que lentamente comenzó a abrir sus piernas para mostrar aquella intimidad dañada.

"N-no...n-no" empezó a desesperarse otra vez, con miedo a la violación o mutilación. Intentó mover sus piernas pero no había fuerza en ella, apretó sus ojos esperando lo peor.

"Tranquila, soy doctor" la chica aún tensa dejó que el hombre abriera sus piernas en busca de su intimidad. El sonido del metal comenzó a sonar cerca de él. "Voy a limpiar la zona, así que puede que te sientas incómoda"

Su voz era como el viento entre los pinos, tenía miedo que toda esta tranquilidad comenzara a ser de nuevo un espectáculo sangriento como hace unas horas. El doctor acercaba un utensilio que producía ardor en la parte dañada, Hinata comenzó a quejarse.

"Sólo un poco más, estoy desinfectando" intentó morder su boca para aguantar el dolor. "Te pondré gasa para que las paredes puedan cicatrizar mejor...esto puede que esté helado"

Un grito de dolor llenó la habitación, podía sentir como su zona la arrancaban de raíz. El hombre comenzó a acariciar el muslo de la chica, mientras seguía trabajando.

"Sé que es doloroso...sólo resiste un poco" Hinata se apoderó de la mano del hombre y la apretó con la poca fuerza que tenía. Poco a poco comenzó a sentir aliviada su zona, sin mover ningún músculo pudo relajar su intimidad. "Hay que dejar que las heridas pasen un poco ¿si?"

No respondió nada, sólo podía sentir un poco de alivio dentro de su sufrimiento. El doctor se sentó en la pequeña cama, junto a ella y acarició su rostro dañado.

Ella sólo podía gimotear sonidos sin ningún sentido, como pudo buscó la mano del hombre sólo para apretarla con cariño y agradecimiento. Sentía alivio de que alguien pudiera cuidarla aunque sea por un momento. El doctor se mantuvo por un momento sentado a su lado, sin decir o hacer algún gesto que ella pudiera percibir. Pronto comenzó nuevamente a acariciar su magullado rostro y una extraña sensación la embargó, él la estaba tallando con sus manos.

"Tengo que irme" sin levantarse, Hinata pudo sentir el tintineo del metal que guardaba. "Trata de descansar ahora, vendré a verte más seguido" Pudo sentir que el peso desapareció aunque el olor a pino seguía por la habitación, juntó todas sus fuerzas para emitir sóla una simple palabra.

"Nom...n-nombre…" por largo tiempo no tuvo respuesta y era porque la sensación de la partida ya había comenzado. Su pecho se apretó en la tristeza y pensó lo peligroso que había sido esta situación, vendrían pronto por ella, no podría decirle a esa gente que lo que acaba de pasar sólo era una ilusión.

"Me llamo Kakashi" su voz resonó en la habitación, no supo en donde se encontraba, sólo pudo sentirla. "Por favor Hinata...no mueras" Esa frase se mantuvo por mucho tiempo en su cabeza, la muerte la acechaba constantemente y pedía pudrirse en las fosas comunes donde muchos murieron y jamás volvieron a sus tierras.

Despertó pasadas las cinco de la tarde, sabía que el borde de su cama daba hacia el gran ventanal de su habitación pero no había nada que pudiera apreciar. Muchas personas suelen soñar y crear mundos a través de su subconsciente, otras como Hinata, recuerdan constantemente aquellas vivencias que rompieron sus almas.

— No morir… — esa lucha logró que ella estuviera hoy día aquí, gracias a él que con paciencia pudo sacarla de ese lugar. — ¿Debería ser agradecida?

Giró su cuerpo para estar boca arriba, constantemente reflexionaba sobre aquellas visiones sobre lo ocurrido y antes de que todo se tornara negro. Jugueteó con sus manos mientras imaginaba el techo de su habitación, planteándose su relación con el hombre, si debía demostrar gratitud o seguir con aquella indiferencia por sus experimentos caprichosos. Ella sólo vivía en una constante utopía creada por un hombre solitario, Hinata lo sabía y no estaba de acuerdo, tratar de cambiar era toda una proeza.

"Tengo que ir por él" Suspiró derrotada, sus pies tocaron el alfombrado piso. "Cinco pasos hacia adelante". Su cuerpo comenzó a acostumbrarse nuevamente a la oscuridad "Ocho hacia la izquierda y ahí está el armario". Los dedos comenzaron a acariciar la madera hasta encontrar las manillas, buscó su ropa. "Giro, treinta y cinco pasos hasta el baño" Entró en la habitación, nunca sacó sus pegatinas de las cosas, todo en braille para poder leer y saber. Cualquier persona que la hubiera visto no creería que hasta ayer podía ver.

Se alistó con un chaleco que ella misma tejió, unos jeans y sus tenis. Caminó con cuidado por todo el tercer piso hasta que llegó a la escalera. El olor a madera quemada le dio a entender que no estaba sola. Con mucho cuidado intentó mantener el silencio mientras bajaba por las escaleras hasta llegar a la sala de estar. El sonido de las chispas en la chimenea dispuso que Kakashi se encontraba sentado leyendo.

— Yo… — llamó sutilmente, no sabía a donde mirar, sólo se mantuvo en el centro de las escaleras esperando respuestas. — Kakashi-san.

— Hinata-san — respondió igual que ella, sin embargo, burlándose de aquella chica que temblaba en la escalera. — ¿Vienes a disculparte por haber desperdiciado mi comida?

— ¿Qué? — aquella pregunta la ofendió tanto que los colores comenzaron a subir por su rostro. Respiró profundo y se planteó mentalmente que no seguiría el malvado juego de ese hombre. —Vine a conversar.

—¿En serio? Yo pensaba que te habías arrepentido de ser tan grosera, pero bueno, no todos los seres humanos son humildes de corazón, por lo menos deberías dar las gracias por haber limpiado el desastre de la mañana — espetó con gracia. Su tono de voz era un dardo al orgullo de la chica, que había juntado todo su valor para acercarse ese hombre.

— Eres un … — podía sentir como la sangre comenzaba a subir a sus mejillas como la lava que sale del volcán, empezó a apretar su mandíbula con fuerza, forzando a no gritar. — Eres un imbécil.

— Vamos Hinata… no me digas que sólo viniste a insultarme — Kakashi se encogió de hombros, aburrido por toda la situación. El hombre estaba cómodamente sentado en el largo sillón con su famoso libro que nunca terminaba de leer.

Hinata no pudo más dentro de su rabia, una extraña pero vitalizadora sensación inundó su pecho. Se lanzó hacía el hombre con la intención de golpearlo, sin embargo, su puño se detuvo a pocos centímetros del rostro de Kakashi. Él siempre estuvo apacible, a pesar de que la chica se le tiró encima para lastimarlo.

— ¿Qué es esto? — su cuerpo comenzó a temblar levemente, la boca seca de la impresión y sus parpadeando constantemente detrás de la venda. —¿Puedo...ver?

Todo estaba negro, sin embargo, las luces destellaban tenue y todo se cubría por una delgada línea blanca que lograba delinear todos los contornos. Hasta su puño estaba demarcado por esta visón. Palpó sus vendas esperando que no sea una simple ilusión, podía ver a través de las gasas que cubrían su bello rostro.

— Kakashi…¡puedo ver! ¡Puedo ver a través de la cosas!— saltó emocionada, comenzó a girar, a recorrer todo el salón con su nueva visión. El hombre se levantó de su asiento perezoso pero feliz. Se cruzó de brazos observando complacido su creación.

Hinata comenzó a examinar todo con su nueva visión, podía detallar aún más los objetos, observaba los aspectos de creación y el deterioro de las cosas. Se volteó a ver al hombre, que sonreía con cariño, acercó las manos a su rostro y talló en él las hermosas facciones.

— ¿Es bueno ver otra vez? — habló con su timbre cálido, Hinata simplemente asintió mientras que con sus manos seguía recorriendo la parte superior del cuerpo del hombre. Kakashi se apoderó rápido de la pequeña cintura y comenzó a besar las palmas de chica. —Es decir que todo funcionó.

Quedó paralizada, hubiera sido menos terrible sin ver y sólo sentir caricias pero presenció cómo los penetrantes ojos del hombre la atraparon. Soltó el tacto de inmediato, los colores bailaban por sus mejillas que se iluminaban tenues en la habitación. Escondió su rostro en el flequillo, Kakashi comenzó a acariciar suave su rostro y con cuidado la acercó a su pecho. Cuando logró apartarse de él su mente se iluminó en el recuerdo y todas las palabras se acumularon en su boca.

—Yo...Kakashi...lo siento— comenzó a jugar con sus dedos, los colores bailaban por sus mejillas y Kakashi sonreía divertido por todo lo extraño que le parecía la chica. — No quise ser...no quise grosera, sólo estaba...estaba molesta...tampoco quise lastimarte…¡oh! ¿Te hice daño? Lo siento mucho...yo.

Sólo recibió las caricias en su cabeza, igual que los perros. Una cálida risa salió de los labios del hombre. Hinata se mantuvo estática en su lugar, su pecho se apretaba al intentar de comprender todas estas emociones.

—Está bien — Kakashi comenzó a detallar la casona, una divertida idea llamó su atención.– juguemos a las escondidas.

—¿Qué? ¿Escondidas? — Hinata estaba confundida, no sabía lo que eran las escondidas y tampoco comprendía por qué podía ver. — Espera, quiero saber qué pasa con mi vista.

—Lo sabrás cuando me atrapes — dijo juguetón, Kakashi comenzó a alejarse y a buscar rincones. —¡Rápido Hinata! No querrás perder.

—¡Pero yo no sé jugar! No es justo — observó como el hombre caminaba por la casa y comenzó a seguirlo.

—Cuenta hasta diez y después tienes que encontrarme, no es la gran ciencia— escuchó la voz del hombre a la lejanía.

—Está bien...— bufó cansada. –1...2...3...

Al llegar al final, algo había ocurrido, ya no podía ver. La presión en su sien dejó de existir y ahora todo se había nublado. Su respiración se agitó, la sensación del vacío le empezó a atormentar. Caminó por sala, con sus manos en alto buscando las paredes. Chocó con un pequeño jarrón que logró atajar.

"Vamos Hinata...no te desesperes…" trató de calmar su conciencia. "Si este es el jarrón...a mi izquierda debe estar el marco de la otra sala" Palpó el pilar "podría ver si me concentro", centró su mirada y comenzó a visualizar la imagen, los colores, las texturas y tamaños. Una leve presión ejerció sobre su vista, la misma cuando las personas quieren ver a la lejanía. La obstrucción de las venas alrededor de sus ojos comenzaron a pesar y leves siluetas se empezaron a detallar.

"Vamos Hinata...sólo un poco más" ya podían distinguirse un poco más las imágenes. Una exuberante energía recorrió desde sus pies hasta su cabeza y todo se aclaró "¡Lo logré!"

Saltó feliz y comenzó el juego, detalló toda la habitación, poco a poco la visión comenzó a agudizarse y se enfrentó a atravesar las paredes con sólo concentrarse. No fue difícil encontrar al hombre escondido en el ropero.

— Te atrapé — río feliz mientras abría de par en par el ropero. Kakashi sólo sonreía. —¿Ahora qué?

—Tú te tienes que esconder — hablo simple. Hinata no se había divertido en varios meses, corrió enérgica por otro escondite, como una niña se reía entre dientes por el nervio de ser descubierta. Jugaron por un buen rato hasta que ambos terminaron cansados ¿ambos? A Hinata sus ojos le pesaban con tanta energía que gastaba en ver a través de las cosas, pero Kakashi no tenía excusa, un pensamiento sobre la vejez logró soltar pequeñas risas.

—¿De que te ríes? — preguntó, la madera crujía enfrente, cálida iluminaba el íntimo ambiente. Ambos sentados en el suelo apoyados en el sillón juntos pero a la vez separados por las inseguridades.

— De nada — comentó graciosa, jugó con sus pies colocándolos con junto a los del hombre. —En una película que vi el otro día había un juego, donde se hacen preguntas, pregunto yo y preguntas tú.

— ¿Qué clase de película? Esas del siglo pasado para adolescentes reprimidos— río irónico.

—¡Yo! Yo sólo quería hacer algo diferente — respondió ofendida, giró su vista hacia el fuego. Una cálida mano acarició su cabeza.

— Sólo bromeaba — Hinata siguió la voz que le hablaba y se mantuvo en su dirección. A pesar de ver sólo unas vendas podía sentir la mirada de la chica sobre él, sus hermosos labios rosa teñidos intensos por el fuego que se reflejaba. — Parte tú, no soy bueno con los juegos de niños.

—Acabamos de jugar a las escondidas.

—¿Cómo sabes que es de niños y no es adultos? — preguntó con ese típico timbre sabelotodo que a veces lo caracterizaba mucho. —Nunca has jugado a las escondidas.

Una divertida expresión nació del hombre al ver cómo Hinata abría su boca buscando alguna respuesta coherente ante este reto. La chica sacudió la cabeza en un intento de alejar todos los malos pensamientos. Suspiró derrotada.

—Bueno...mi primera pregunta es ¿siempre fuiste oftalmólogo? — abrazó sus piernas y dirigió la mirada al hombre.

— Algo así, soy médico cirujano pero después estudié oftalmología — explicó.

—¿Y por qué? — habló ansiosa.

— Alto ahí, ya hiciste tu primera pregunta — recriminó divertido. Moría por tener una cámara y grabar todas las expresiones de la chica.

— Pero...—

— Formula mejor tu pregunta para próxima — otra vez Hinata quedó con la boca abierta buscando las palabras. Kakashi tomó su barbilla en actitud pensante. — Ya se…¿te gusta vivir aquí? Debes explicar.

—¡Eso no es justo! — exclamó, escuchó las pequeñas risas de Kakashi. — Sí y no.

— Te escucho — esperó las palabras de la chica, una extraña sensación lo embargó, quizás el miedo a la verdad o felicidad, esa pequeña parte en el breve espacio que puede ser completado. — Parte por lo malo.

—Está bien — habló juguetona, dio un pequeño empujón pues sabía lo ansioso que se ponía con estos temas. — Quiero salir, conocer lugares y estar con más personas, estar encerrada aquí me hace sentir de nuevo en ese lugar…la incertidumbre de saber que morirás sin haber conocido el mundo.

—Te ayudé a recuperar la vista y estás pensando en morir, vaya…que agradecida — respondió falsamente ofendido, sin embargo, esta vez no logró su cometido. Hinata sonreía, cálida con sus mejillas rosadas, esa maldita expresión que comía a Kakashi desde lo profundo de sus entrañas, tragó profundo. —Y lo bueno.

—Es que tengo una familia, a pesar de todo, estoy segura con personas que se preocupan por mi — su voz era suave, como el arrullo del viento. Ella era feliz a pesar de las extrañas situaciones que vivía con ese hombre que muchas veces sacaban lo peor de ella. Habían personas en quien confiar. — Me toca ¿por qué te hiciste oftalmólogo?

—Para ayudar a un amigo que quedó ciego — explicó.

—Me imagino que lo lograste — Hinata se comenzó a concentrar en la madera. — ¿Lo conoceré pronto?

—Lo más probable, es mi colega — Kakashi sonrió ante tal pregunta, las respuestas maliciosas peligraban por salir. —Con él te operé ayer.

—¿Ah? — fue la única expresión que logró salir de su indignado ser. Hinata comenzó a maldecir en silencio, buscando fuerzas para no lanzarse otra vez a lastimar al hombre. Suspiró nuevamente.

—Mi última pregunta ¿qué sientes por mi? — preguntó pícaro, enderezó su espalda y observó detenidamente a la chica. Los colores comenzaron a subir rápidamente por esos pómulos de porcelana y una temblorosa voz se precipitaba por salir.

—Yo...emm...b-bueno— tragó saliva, una enorme disyuntiva comenzó a luchar en su ser. Le gustaba la calidez del hombre y se sentía agusto con él pero temía a las constantes caricias, acercamientos típicos que Kakashi hacía normalmente. Lo odiaba por sus caprichos y su carácter indiferente. Ella era un manojo de confusión en este momento. —Siento afecto...m-me importas.

—Es bueno saberlo — de un momento a otro la voz de Kakashi se tornó cálida e íntima, podía sentir al hombre más cerca que de costumbre. Ansiosa comenzó a amasar la alfombra de la sala.

—Me importas...tanto...tanto como me importa Kurenai-san — fue un gran balde de agua fría, el hombre tosió intentando distraer la atención de Hinata, a pesar de que esperaba esa respuesta su pecho se apretó en una dolorosa contracción. Ella comprendió el poder de sus palabras, suavemente se apoyó en el hombro de Kakashi y con su rostro se restregó por esa sedosa camisa. — ¿Te gustan la mujeres?

—¿Qué? Vaya, no era la pregunta que esperaba— río divertido, su cabellera negra lucía hermosa en el brillo del fuego. Con delicadeza inspiró su aroma de lavanda, buscaba las palabras correctas para no espantarla con su realidad masculina, su cabeza se junto con la de ella. — Sí, tengo inclinación por las mujeres.

—¿Y por qué no tienes novia? — fue otra pregunta innecesaria, Hinata lo sabía pero el masoquismo del ser humano en indagar en situaciones incómodas llamó su atencion. Nunca lo había visto con alguna mujer o esas situaciones que hablan los libros, "enamorado".

— Porque si tuviera novia una cierta chica con la que vivo no me miraría— su tono era insinuante, Hinata se encogió con aquella respuesta. Una mano tomó su pequeño rostro y lo acarició, suavemente el pulgar rosó por la tersa piel. Kakashi buscaba la manera de acercarse, ser bueno y atento, buscar el tacto preciso que eriza su textura. — Si tan sólo pudiera llegar a ti...

Sus labios tentadores, le hubiera encantado ver sus cálidos ojos pero con esas mejillas encendidas comprendía que sentía su presencia. Soltó el tacto y se mantuvo en silencio, esa tranquilidad que la mató pues no saber a dónde mirar la dejó a la deriva, sentía a Kakashi cerca y su corazón no dejaba de golpear en su pecho ¿miedo? ¿Ansiedad? No sabía qué emoción causaban estas vibraciones.

Estaba ahí, a su lado, confundida. Si tan sólo pudiera acercarse, si tan sólo ella lo aceptara en su vida. La madera se comenzó a consumirse rápido y ya no crujía con tanta fuerza. Un pequeño impulso audaz llamó a Kakashi y se acercó lo suficiente para poder rozar la respingada nariz de la bella chica. Respirar su aliento que se detuvo en el tacto. Tan cerca para que la oportunidad que ha estado soñando se cumpla.

—¡C-creo que iré a dormir! — se volteó rápida, nerviosa se levantó como pudo. Kakashi se mantuvo en su posición distante en las mil y un cosas pasando por su mente. — Buenas noches...Kakashi.

—Te puedo llevar a tu cuarto — se levantó para llegar a la chica, sin embargo, ella retrocedió aún agitada. Kakashi suspiró derrotado.

—Lo siento… — dijo tímida, abrazó sus manos y las llevó a su pecho en un pequeño intento de calmar todo el remolino de su ser. Hinata sintió la decepción como una forma de ocultar la culpa. Sus ojos le comenzaron a picar y los pensamientos le seguían y seguían. — Que descanses...

La chica se desvaneció por la habitación, acostumbrada a su ceguera. Kakashi se mantuvo de pie, odiándose, acunó sus manos en los bolsillos y suspiró cansado. Buscaba alguna esperanza, algo que le diera fe en todo lo que estaba pasando, todo lo que estaba logrando. Lo único que necesitaba en estos momentos era el corazón de Hinata, ella lo tenía en sus manos, si quisiera podría matarlo con sólo palabras. Pero ella era buena, tenía un alma pura que había sido torturada, no obstante la esencia nunca cambia porque es una pequeña luz con la que nacemos. Envidiaba esa pureza que había perdido al momento de nacer, tenerlo en sus manos quizás lo salvaría de su autodestrucción a la cual estaba destinado.

Había llegado tan lejos "no hay vuelta atrás" pensó cansado, el fuego comenzaba a apagarse delante de él y lo único que quería saber era si en ella se había prendido algo.

Intentó conciliar el sueño rápido pero lamentablemente la siesta en la tarde logró disminuir sus ganas de dormir.

Aún podía sentir el tacto del hombre, su respiración y ese aroma a pinos, a esos bosques que rodea la casa. De cierto modo extrañó a Kurenai, ella lograba alejar a Kakashi cuando existían esas situaciones. Le destrozaba saber que su timidez destruía a ese hombre que con tanto esmero la cuidaba.

Su mullida almohada comenzó a darle una buena excusa para dormir y sus ojos se cerraron. Sin embargo, las ganas de ir al baño no perdonan ni al soldado peleando en las trincheras. Se levantó y vio su reloj.

—3:16…— bufó aburrida, se estiró buscando ganas para levantarse. — Sólo dormí dos horas...que mal.

Contó nuevamente los pasos en dirección al baño y comenzaron nuevas ganas, pero de tomar un té de hierbas. Más que ánimos era la necesidad de beber algo que le ayudase a conciliar el sueño.

—Podría probar esta nueva habilidad — volvió a concentrarse en sus pantuflas, la energía la rodeó y pudo visualizar todo nuevamente.

Bajó hasta la cocina y se preparó una infusión del recetario que le regalaron. Gracias a ese libro ha podido curar sus malestares al tomar medicamentos muy fuertes para su estómago. Apoyada en el mesón comenzó a jugar con su nueva visión y ver la mercadería del refrigerador. Sin embargo, sonidos la desconcertaron.

Eran pequeños pasos, no los de Kakashi que son silenciosos ¿Kurenai? Imposible pues ella vive en su casa y trabaja hasta las diez. Tomó la posible arma más cercana, un tenedor, escondido detrás de ella esperando que el intruso se acerque. Pronto la tetera hirvió y un pequeño salto le sacó el aliento, los pasos se hacían más sonoros. Apagó la cocina rápidamente para poder escuchar mejor.

—Hola — chilló asustada y cuando volteó no esperó encontrarse con esa persona. —Lo siento…¿te asusté?

—Yo...— ¿quién era ella? Una mujer notoriamente mayor que Hinata, tenía un lunar en la mejilla, cabello negro y largo, ojos marrones. Lo más inquietante era ver que lo único puesto sobre su cuerpo era una camisa enorme. —¿Cómo...cómo entraste?

—¿ah? — la mujer vio a Hinata un poco desconcertada, comenzó a agitar su mano sobre las vendas de la joven. —¿Puedes ver?

Hinata se alejó ofendida, sólo observaba como un felino a aquella mujer. De dónde había salido ¿Kakashi la dejó entrar? ¿Será un paciente? Muchas preguntas se aglomeraron en su cabeza, sin embargo, la mujer tomó la iniciativa y le tendió la mano con una radiante sonrisa.

—Soy Hanare— saludó amistosa pero Hinata continuó su indiferencia, observando cada expresión y detalle. Hanare recogió el gesto incómoda sonriendo por simple cortesía. —Bueno...Vine a preparar un poco de café, compermiso.

Hinata llegó hasta la tetera y sirvió el agua, con cautela tomó su tazón, observando cada movimiento que daba esa mujer. Se dirigió rápidamente a su cuarto y se encerró, sin embargo, un mal presentimiento creció en ella. Utilizó su visión para rastrear en la habitación de Kakashi pero sólo había un ¿cuerpo? No lo distinguía bien, las paredes contenían algún material que dificultaba su vista.

"¡Kakashi!" Su mente gritó ante esta imagen, corrió hasta la puerta del hombre, buscó a quien debía ͍ser la intrusa que estaba recién llegando a la planta superior. Sentía como su cuerpo le empezaba a quemar con tanta energía despedía por sus poros. Estaba preparada para enfrentarla, se mantuvo erguida y desafiante.

— ¿Qué le hiciste a Kakashi? — espetó y se cruzó de brazos. Hanare llegaba con un tazón de café. A pesar de intentar ser intimidante la mujer se mantuvo serena e ignoró a Hinata lo cual logró que toda esta energía comenzara a fluir descontroladamente por sus venas. — Responde...

— ¿Por qué hacen tanto ruido?— la puerta se abrió de golpe tras de Hinata, dando a luz al doctor con su torso desnudo y bastante molesto, miró a su joven paciente con la misma expresión de siempre...nada.— Hinata.

— ¿Qué está pasando aquí?— la joven comenzó a mirar desesperada a ambos adultos, Hanare comenzó a reirse, por primera vez en su existencia Hinata detestó la expresión de alguien. Kakashi suspiro cansado y se encogió de hombros.

— Hanare, ella es Hinata— fue una de las situaciones más extrañas que ha vivido. —Hinata, ella es Hanare, me alegro que se conozcan.

— Es un gusto poder conocerte. Kakashi siempre habla mucho de ti— estaba petrificada, la mujer se había tomado todas las confianzas con ella, parpadea totalmente indignada. — Siempre habla de su pequeña hermanita.

— ¿Qué? — se dirigió al hombre que trataba esconder todas sus emociones, pensaba en la posibilidad de ocupar una máscara y así nadie sabría qué expresión tenía. Hinata estaba a punto de protestar cuando Kakashi tomó de la mano a la mujer y la haló dentro de la habitación.

— Fue una linda reunión pero Hinata tienes que ir a dormir, adiós — cerró la puerta en su cara. Se mantuvo en ese lugar por un tiempo, el dolor subió nuevamente por su pecho. Era una situación que desde fuera era bastante ridícula y graciosa, sin embargo, sintió que muchas palabras del hombre eran mentiras.

Caminó de regreso a su habitación pensando en aquellos cumplidos y gestos que tenía hacía ella. "Eres hermosa", "que linda sonrisa", "quiero que seas feliz", "te protegeré" y muchas cosas más que volaban por su mente. Esa mujer era preciosa, una mirada profunda y una seguridad envidiable que notaba que nada la derrumbaba. Pero Hinata, tenía unos ojos vacíos ya que eran blancos, indecisa y con poca determinación.

"No soy fuerte…" abrazó su cuerpo no busca de consuelo ¿Por qué le dolía todo esto? ¿Quería que ese hombre fuera solamente para ella? Eso era injusto, no le podía dar una respuesta clara a Kakashi y tampoco poder corresponder a los gestos de cariños. "Soy lo peor" y su mente comenzó a sufrir, las tímidas lágrimas brotaron por sus ojos.

— ¿Hermana? ¿De dónde sacaste eso? — tomaba el café que Hanare le había preparado, estaba molesto y buscaba la mejor forma de mantener su ser en total control. Masajeó su rostro y se sentó en el borde de la cama.

— Claro ¿Qué querías que dijera? Hola, soy Hanare, la mujer que se acuesta con Kakashi porque tú no le das ni bola — la mujer dramatizó todo pero era cierto, saciaba todos esos pensamientos con otras mujeres y siempre trataba de ser lo más cuidadoso posible en que Hinata nunca se enterara pero ahora se dio cuenta por un torpe descuido.

— ¿Por qué tuviste que salir de la habitación? — no volteó a ver a Hanare, su voz era tensa y dura. La mujer no respondió, bajó la mirada dolida pues sabía las reglas pero ver al hombre descansado a su lado logró despertar una pequeña ilusión de un sueño, de aquellos que eliminan la soledad. Hanare salió de sus pensamientos al escuchar el sonoro suspiro de Kakashi — Necesito que te vayas.

El hombre se levantó, tomó un sorbo de café y se dirigió hacia la mujer que aún tenía puesta su camisa. Kakashi fijó su mirada en ella pero sabía que estaba vacío, no existía nada en esos ojos. Sus grandes manos comenzaron a soltar cada botón, exponiendo una bella desnudez y que lograba que Hanare suspirara al sentir la tensión de ser deseada. Con cuidado deslizó la tela por los brazos, ella estaba completamente desnuda frente a él pero no era la persona que anhelaba sentir.

"Hinata…" apretó sus ojos y suspiró, deseando que cuando abriera los ojos ella estaría ahí frente a él pero no, la realidad era cruel. Tomó el rostro de la mujer y besó suave sus labios, bajó hacia su cuello imaginando que su adoración lo había recibido. Hanare gimió ante tanta tensión.

— Si...si tanto la deseas...deberías acostarte con ella — se detuvo en seco y se alejó lento, le hervía la sangre cuando las personas se entrometían en asuntos ajenos. Hanare sólo observaba desafiante.

— Ese tema no te incumbe — su voz era filosa y tétrica. Se vistió con una remera gris, dejando la camisa en un pequeño cesto que se encontraba en el baño. Llegó a la puerta y se detuvo sin voltear. — Iré por tu auto, vístete rápido.

Por alguna extraña razón no podía espiar en la habitación de Kakashi ¿existían algún material especial que cubría la habitación? Era imposible ver si estaban juntos, sólo le quedaban sus oídos que rastreaban los movimientos.

"¿Por qué me importa esto?" era el intento número treinta, había probado muchas veces contar ovejas que repetía constantemente cuando un pensamiento la distraía y la mantenía despierta. Sin embargo, el crujido de la puerta la mantuvo en alerta nuevamente. "Hinata, no debes...es su vida y que haga lo que quiera", se auto convencía pero lamentablemente su cabeza gritaba por saber lo que ocurría realmente.

Salió sigilosa de la habitación, en estos momentos un intenso dolor de cabeza detuvo su marcha, su vista estaba cansada. Era feliz con poder escuchar que pasaba, sus mirada se nublaba y se precipitó a la puerta de la habitación.

"Esto está mal...muy mal" tragó pesado y entró, su visión casi se estaba cortando. Escuchó voces afuera, se acercó al pequeño balcón que había en una esquina y se sentó cansada en el suelo ¿qué estupidez estaba haciendo? Sólo esperaba que nadie pudiera verla desde arriba.

— Creo que no seré bienvenida de nuevo — se cruzó de brazos, sonreía triste ante la mirada de indiferencia del hombre.

— Ni siquiera se si viva mañana, así que no te antepongas a las cosas — Se encongió de hombros y su voz no mostraba ningún ápice de serenidad. Hanare tomó sus palabras como un pequeño destello de esperanza. Se acercó y dio un último beso a ese hombre, acarició su barbilla y se subió a su auto último modelo. — Que tengas un buen retorno.

— Gracias — el auto partió, la brisa madrugadora azotaba el bosque pero él no tenía frío, su mente estaba ocupada en todos los trabajos que tenía que realizar y sobre todo en Hinata. Seguir avanzando era peligroso pero si lograba que ella se interesara en él tanto como el sentimiento que poseía por esa joven, la podría salvar de la inminente destrucción que vendría en unos meses.

Entró a la casa y el deseo por ver a esa joven lo empezó a comer. Muchas veces pasó noches cuidándola sin dormir, noche tras noche y sólo para espantar las pesadillas que la atormentaban. Llegó a la habitación pero no encontró a Hinata, su corazón se apretó fuertemente. Corrió a su habitación buscando las cámaras de la casa, ella no podría estar muy lejos.

Sin embargo, un bulto en el balcón detuvo su carrera. Era ella, estaba dormida y lo más probable estuvo espiando su conversación ¿espiando? Suspiró cansado, las cosas no se podían poner peor. Se acercó cuidadoso de no despertarla y quedó embobado con aquella belleza a las luz de la luna, acarició su rostro suavemente temiendo en no trizar aquella hermosa piel.

"Vas a terminar matándome", sonrió nostálgico.

El olor a tabaco respingó su nariz, estaba tan cómoda pero le molestaba el humo. Poco a poco comenzó a abrir sus ojos, no sabía dónde estaba y lo único quería era seguir durmiendo. Se acomodó en el pequeño sillón.

"¿Sillón?" Se enderezó y notó que estaba cubierta por una manta gruesa, miró a su alrededor para darse cuenta que aún seguía en el balcón. Alarmada se sentó en el sillón "Kakashi sabía que estaba aquí", se sentía estúpida porque igual la descubrieron. Buscó al hombre por la terraza pero no estaba.

— Por fin despiertas — saltó al escuchar la voz del hombre. Kakashi se sentó en el sillón continuó y dejó su cenicero en el brazo, sonreía cariñoso, cosa que desconcertó completamente a Hinata.

— ¿Qué hora es? — estaba desorientada, su cabeza volvió a punzar fuertemente. Desactivó su visión.

— Hora del espectáculo de Eos — sonaba feliz, Hinata apoyó su cabeza con tal de relajar los dolores. — ¿Te duele mucho?

— Un poco — mintió y sobó su cabeza.

— Tendrás que entrenar esta habilidad, así te cansarás menos — Kakashi miraba al horizonte, había veces que no podía dormir y gustaba de apreciar el amanecer. — ¿Sabías que Eos viaja por todo el mundo para dar la bienvenida a Helios? Se conoce como el amanecer griego.

— El amanecer...—repitió, sonrió con cariño. El hombre la trajo para presenciar uno de los fenómenos más maravillosos de la naturaleza. Si tan sólo no estuviera cansada. — Gracias Kakashi.

— Es un placer — soltó una bocanada de humo, sacudió el cigarro y miró como la luz comenzaba a destellar sobre ella. Se mantuvieron en silencio cómodamente, sintiendo la presencia del otro.

— ¿De verdad le dijiste que soy tu hermana?— rompió el espacio, sin embargo, no fue desafiante sino tímido, con el miedo a ser juzgada.

— No, ella se le ocurrió.

— Hanare...es hermosa ¿no?— su voz sonaba quebrada, estaba siendo egoísta ¿quién era ella para recriminarle?

— Hinata… —volteó a ver la chica que trataba de guardar sus emociones. — Lo siento, fue una estupidez todo lo que ocurrió.

— ¿P-por qué?...— las lágrimas amenazaban con escaparse de sus cristalinos ojos y mojar la vendas. — ¿Por qué...te disculpas?

Kakashi sólo sonrió, apagó el cigarro a su lado y levantándose de su asiento llegó frente a esa hermosa mujer que apretaba la manta que cubría ese frágil cuerpo.

—N-no tienes...que dar excusas...es tu vida— no notó cuando el hombre se posó frente a ella. — Soy egoísta...que clase de persona hace eso...negar la felicidad a sus seres queridos.

Se sentía horrible, era la peor escoria creada en este mundo. Kakashi había arriesgado su vida por liberarla, se desveló noche tras noche buscando alguna solución a su ceguera y siempre la protegía, siempre le recordaba cuanto la quería ¿que ha hecho para recibir tanto afecto? No sé lo merecía, en su mente el recuerdo de ese día la perseguía y lo miraba con culpa.

"Si te dijera que me importas ¿qué pensarías tú?" Habían salido a pasear por los campos, ella llevaba un hermoso vestido blanco con flores estampadas. Corría libre por los campos pero la pregunta del hombre la desconcertó.

"No lo sé" comenzó a caminar de frente al hombre "¿Cómo una familia?"

"Como los libros que lees, esas novelas de finales felices" sonreía, ella se detuvo en seco mirando al hombre. Una leve presión en su pecho comenzó desde su garganta. Kakashi se acercó cuidadoso y tomó la mano de la chica rogando que no se alejara. "¿Qué pensarías si te dijera que te quiero?"

Sus ojos se abrieron de par en par, él la miraba serio, suplicante. Los colores comenzaron a subir por las mejillas a un intenso rosa. Su corazón se agitaba violentamente en su pecho. Comprendía lo que estaba pasando pues en las novelas que leía las propuesta de amor eran iguales ¿amor? ¿Qué era amar? Un leve apretón de sus manos sacó a Hinata de sus pensamientos.

"Lo siento…" soltó la mano del hombre y comenzó a andar lento en dirección a la casa, tenía miedo. "No creo que pueda…"

"Hinata" intentó detenerla. "Por lo menos piénsalo."

Ella salió corriendo, tenía miedo de saber que era el amor, temía por todo lo que conllevaba ¿y si nunca podía sentir lo que quería Kakashi? ¿Qué haría con ella? Muchas preguntas se aglomeraban en su roto corazón.

Era cierto, se detuvo a mitad de camino, ella estaba rota ¿quién podría con eso?

Ahora Kakashi estaba ahí tratando de calmarla por su egoísmo, ella misma había visto su tristeza cuando lo rechazó, se encerró por dos semanas en su laboratorio. Y cuando existía la posibilidad que Kakashi fuera feliz ella lo destruía interponiéndose.

— Kakashi…— el hombre había estado acariciando sus manos con tal de tranquilizarla. —Seré feliz...si tú lo eres.

Esto le sorprendió, estaba acostumbrado a ser rechazado por Hinata pero esta declaración se llevó el broche. Sonrió enternecido y suspiró ante tanta inocencia.

—Hinata— la chica se detuvo y escuchó al hombre. —Eres muy inocente.

—¿C-cómo?— Kakashi comenzó a reír, Hinata soltó el agarre y se erizó, estaba indignada con el doctor. Estaba intentando de ser sincera, darle su bendición y así lo recibe.—Estoy...intentando decirte…cosas importantes y tú...tú...

Ya era demasiado tarde, Kakashi había alcanzado sus labios en un suave beso, apoyado en los brazos del sillón sorprendió a Hinata que estaba ya atrapada en el respaldo. Era tan cálido sentir al hombre que la mataba, ese sabor a tabaco y esos labios suaves que lograban erizar la de los pies a la cabeza, agarró la ropa del hombre desesperada. Un dulce beso la embriagaba, no era la primera vez que la besaba pero no era algo recurrente en su extraña relación.

Se separó para poder apreciar a la joven con sus colores, se estaba acercando el amanecer y sus mejillas se tornaban de tonos brillantes. Estaba feliz, había cumplido su cometido que había soñado hace semanas. Se acercó nuevamente para regalarle un beso en sus cálidos pómulos, lo que logró hacer chillar a Hinata que ya podía sentir que su corazón se le iba a salir del pecho.

—N-no vuelvas...hacer...eso —habló cómo pudo, el hombre volvió a su lugar, a su lado y con su cigarrillo. Estaba demasiado agitada intentando procesar que había ocurrido, su cabeza volvió a ser un revoltijo de pensamientos y recuerdos.

— Entonces no vuelvas a ponerte celosa— respondió tranquilo, encendió un nuevo tabaco. Hinata se alertó con sus palabras ¿celosa? ¿Qué clase de comentario era ese? De un momento a otro el cariño que nació en ella se derrumbó por completo.

— ¿Me besas pero estás saliendo con Hanare? Eso es ser infiel — se cruzó de brazos, estaba molesta con el hombre. No era justo para esa mujer que la estuvieran engañando.

—Hinata, por dios— Kakashi se apretó el tabique de la nariz rogando paciencia. — No salgo con Hanare, no salgo con ninguna mujer.

—¿Entonces qué es?— interrogó.

— Es...algo físico, no implica sentimientos— estaba bastante incómodo hablando del tema pero debía explicarle que en el mundo ocurren cosas así.

— Eso está mal, lastima el alma— poco a poco la chica comenzó a subir la temperatura de su cuerpo, estaba enojada con el tipo de pensamiento que tenía Kakashi. —Siempre dices que me quieres pero estás con otras mujeres, estás lastimando a Hanare.

—Ella está de acuerdo— extrañamente Kakashi también estaba comenzando a perder la paciencia, fumó de nuevo tratando de mantener su autocontrol.

— ¡Eres cruel! — gritó enojada, era normal que ambos pelearan, pues ambos poseían pensamientos e ideas completamente diferentes del mundo.

— ¡No quiero violarte! ¿Entiendes eso? — Alzó la voz, no estaba acostumbrado a expresar sus verdaderos sentimientos con Hinata. Se recostó cansado y suspiró cerrando los ojos, lo más probable es que ella se haya ido a su cuarto.

Pero no, ella estaba ahí, sentada intentando digerir las palabras del hombre. Era cierto, si ella no estaba dispuesta a acostarse con él eso sería considerado una violación, sabía que Kakashi no quería hacerle daño y por eso era distante, porque ella también lo rechazaba. Se acostaba con otra mujer porque no quería hacerle daño, qué tonto sonaba eso. No era un animal que deseaba tener sexo a cada rato, sin embargo, su mente recordó todas las veces que lo observó detenidamente.

"Se ve cómo un lobo de las montañas" ese lobo solitario que podía ver los libros de flora y fauna.

— Se llama Byakugan.

— ¿Qué?— estaba sorprendida, Kakashi se mantuvo con la vista hacia el horizonte y suspiró.

— Byakugan, así se llaman tus ojos— explicó.

— ¿ojo blanco? Vaya no es muy original— bromeó pero Kakashi tosió para dar a entender que hablaba en serio. — ¿Cómo funciona?

— Muchas operaciones se centran en el nervio óptico que es el que lleva la información al cerebro, pero creo que eso es innecesario pues si existiese alguna forma de vincular el lóbulo occipital con las irrigaciones del nervio se podría sanar la ceguera sin necesidad de entrar a picar mucho — explicó.

— ¿Cómo una conexión inalámbrica? — alzó sus piernas para poder abrazarlas.

— Exacto, introduciendo un nanochip en el cerebro justo en los dos hemisferios podrían reemplazar neuronas. Además, otros dos nanochips que reemplazarían al nervio óptico, de esta manera los neurotransmisores podrían detectar estos aparatos como células neuronales y lograr la sinapsis— Kakashi explicó tratando de ser lo más gráfico.— Así sólo se ajustan los nanochips y no se opera el cerebro.

—Mucha información...—estaba agotada con todo, la discusión, su vista y ahora entender el tema. Se arropó con la manta, el sol comenzaba a salir y podía sentir la calidez en su rostro entrando por las montañas. —¿Kakashi?

—Mmm.

— ¿Cómo se ve el amanecer?

Sonrió con cariño y comenzó a narrar todo el espectáculo con gran habilidad. En ocasiones trataba de coquetear con la chica pero era rechazado dulcemente, típico de ella. Estaba tranquilo a pesar de la angustia que tenía su corazón, era estos momentos donde podía olvidar sus obligaciones y ser libre junto a la dulce joven que tenía a su lado.

Sin importar los malos ratos y todos lo problemas Kakashi y Hinata comprendían algo:

Se necesitaban mutuamente.

Aaaaay ¿qué está pasando aquí? ?

Bueno la relación de estos dos es bastante extraña. Igual Hinata no es la chica tan tímida que conocemos, por estas cosas que tuvo que vivir (Qué me la guarden )

Nos leemos
Un abrazo
Lua