Nos fuimos a dormir. Por primera vez miré intencionadamente a mi hermano mientras se cambiaba, y lo que vi me gustó. Se agachó para recoger algo del suelo llevando solo puesta la ropa interior. Merlín, que culo. Entonces se giró rápidamente y me pilló deleitándome con las vistas. Aparté la vista sonrojado, pero aún pude ver cómo me guiñaba un ojo.
Me metí en la cama y me dispuse a dormir. Pero el sueño no llegaba. Eran ya las dos de la madrugada, y seguía a dando vueltas. Hacía un poco de frío, pero no me apetecía ponerme a rebuscar en el baúl una manta.
Me levanté y me acerqué sigilosamente a la cama de mi hermano. Si no podía conciliar el sueño, al menos lo observaría a él dormir.
Abrí la azulada cortina de su cama con cuidado, y pretendía tumbarme a su lado para verle dormir. Pero al abrirla me encontré con un par de ojos iguales a los míos mirándome atentamente.
- No puedo dormir – susurré bajito.
Él se hizo a un lado dejándome un hueco y me tumbé. Enseguida me rodeó con los brazos y se abrazó a mí.
No era la primera vez que dormíamos juntos, pero después de lo sucedido esta tarde le veía a todo un doble significado entre nosotros.
- Yo tampoco – susurró Lys contra mi cuello. Me estremecí por su cálido aliento.
Me tensé cuando comenzó a acariciarme el costado hasta la cintura.
- Estar nervioso, y tenso -advirtió él.
- ¿Sabes? Después delo que ha pasado esta tarde, le veo a todo un doble sentido – le confesé enrojeciendo.
- ¿Y si lo tiene? – murmuró atrapando mis labios y rodando hasta quedar encima mía.
Con delicadeza mordió mi labio inferior, como pidiéndome permiso para entrar. Enseguida separé los labios, dejando que su lengua me recorriera por dentro. Lysander estaba totalmente pegado a mí. Se levantó un poco, separando nuestras bocas, para comenzar a desabrocharme la camisa del pijama, acción que rápidamente imité en él.
Cuando nos quedamos sólo con el pantalón, Lys comenzó a besarme el cuello con lujuria.
- ¿Sabes lo fácil que sería… – susurró entre besos – … insonorizar la cama y hacerlo aquí… contigo… ahora?
Gemí al imaginarme la situación. Rápidamente tapó mi boca con la suya para que no hiciera ruido y despertase a los compañeros de cuarto. Instintivamente froté la cadera contra él. Lysander entendió qué quería, y metió una pierna entre las mías presionando intencionadamente mi entrepierna.
Joder, me estaba frotando con mi gemelo. Y era la mejor sensación que había tenido hasta el momento.
Nuestras bocas ahogaban los gemidos, pero aun así sabíamos que tendríamos que parar de hacer ruido… o insonorizar la cama. Y no habría vuelta atrás, no podríamos parar.
- No, Lorcan – dijo Lys con la voz ronca. – Estás tenso conmigo así. No quiero que nos acostemos por un calentón. Quiero que sea porque me desees de vedad.
- Te deseo- dije, no quería parar.
- No lo suficiente – respondió. Me dio un último beso y rodó hasta tumbarse en la cama.
Me giré y me quedé mirándole a los ojos. Comencé a acariciarle el torso y la cintura, provocándole cosquillas. Seguí bajando la mano hasta su trasero, acariciándolo. Lys comenzó a respirar más rápido. Bajé la vista, y se podía apreciar claramente el bulto de su entrepierna.
- Para – me advirtió con los ojos en blanco.
- Sé que hoy no vamos a hacer nada. Pero déjame disfrutar un poco más. – susurré mientras me acercaba lo suficiente para besarle el cuello y le acariciaba la entrepierna por encima del pantalón.
Jadeó fuerte, y le tapé la baca con la mano libre un momento.
De pronto se incorporó, soltándose de mí.
- ¿Quieres diversión? – Preguntó sarcásticamente – Pues la tendrás.
Se tendió medio aplastándome, me cogió por las muñecas y las sujetó con una mano por encima de mi cabeza. Con la lengua fue besándome el cuello, y coló la mano libre un mis pantalones. Antes de tocarme, tapó mi boca con la suya para ahogar el gemido que sabía que emitiría. Me siguió torturando, acariciando de arriba abajo, un rato más, y me soltó de golpe. Le miré cabreado porque me dejar así. Al ver mi mirada, me dijo susurrando:
- Tú empezaste. Ahora no te quejes y vuelve a tu cama. No quiero que pregunten por qué hemos dormido juntos, por si han escuchado algo. Se dio la vuelta dándome la espalda.
Me levanté y volví a mi cama. Mi hermano era un jodido cabrón. Apostaría lo que fura a que no podría dormir hasta aliviar tanta tensión sexual y esa simple idea, sumada a lo que acababa de pasar, hacía que yo tampoco pudiese. Así que me masturbé sin hacer ruido, aunque supongo que Lysander me escucho o lo imaginó, porque cuando acabé me susurró ''pervertido'' en la oscuridad. Me dormí con una sonrisa en los labios, porque yo lo era y él también.
A la mañana siguiente nos despertamos, y bajamos a desayunar. No nos habíamos quedado solos en ningún momento, pero yo ya lo estaba planeando. Al acabar de desayunar, Lily y Hugo nos dijeron que fuéramos con ellos a la Sala Común. Lysander iba a responder cuando me adelanté.
- No podemos ir – mi gemelo me miró extrañado. – Vamos a ir a estudiar a la biblioteca, ¿verdad?
- Emmm, sí, supongo – titubeó Lys.
- ¿No acabasteis ayer los deberes? – preguntó Hugo.
- No, falta buscar cosas para la redacción de Historia de la Magia – mentí.
- Bueno, cuando acabéis, ya sabéis donde estamos – dijo Lily.
- Vale, luego iremos.
Cogí a Lysander del brazo y me lo llevé a rastras por el pasillo.
- ¿Pero qué haces? - preguntó molesto.- ¿A dónde vamos?
- Calla, ya lo verás.- dije.
Lo llevé a un aula vacía y cerré la puerta.
- Quiero hablar contigo – le dije insonorizándola estancia y encarándome a él.
No dijo nada cuando le acaricié la mejilla y me acerqué e él para besarle. Lo empujé suavemente hasta un pupitre y lo senté en él mientras cedía su leve resistencia y me dejaba profundizar el beso.
- Solo dijiste hablar – dijo separándose de mi unos centímetros
- Sí, sí… - suspiré – Mira, sabes que quiero hacerlo contigo. – Me lanzó una pícara mirada – pero no quiero hacerlo aquí. Prefiero que sea en casa, en nuestra habitación, lejos de miradas indiscretas y sin tener que preocuparnos si preguntan por nosotros.
- ¿Y papá y mamá qué? – Preguntó – Y sabes que el abuelo lo venía venir desde hace tiempo.
-Sí, pero tengo una idea. Mamá nos dijo que este año nos quedábamos en Navidad aquí en Hogwarts, porque ella y papá se van de viaje. Algo así como una segunda luna de miel. Bien, pues en vez de quedarnos volvemos a casa, y estará vacía para nosotros. – sonreí triunfante por mi buen plan. Pero Lys no lo tenía tan claro.
- Pero si no nos apuntamos en la lista de la profesora McGonagall para quedarnos, Lily y Hugo van a sospechar. Ya les dijimos que nos quedábamos. – objetó.
- Pues les decimos que sí nos hemos apuntado y ya está. Además, como ellos se van, no tienen por qué saber que en realidad no nos quedamos. Basta con que nos vayamos después de ellos y volvamos un poco antes. – Lys me miró ausente, buscando los pros y los contras de mi idea.
- Y además, quedan poco más de dos semanas para las vacaciones. No habría que esperar mucho… - ronroneé besándole el cuello.
- Pueden salir muchas cosas mal, pero... está bien. – dijo él aceptando mi idea y besándome con fiereza.
Pasamos las dos últimas semanas perfeccionando el plan, haciendo comentarios oportunos para que Lily, Hugo y nuestros compañeros de cuarto creyeran que nos quedábamos. Averiguamos que se irían la mañana del día 20 de Noviembre, y volverían el 2 de enero. Nos venía bien, así saldríamos por la tarde y volveríamos el día 1.
Llegó el día de la partida, y esperamos a la tarde. Cuando todos se fueron, cogimos los baúles con lo mínimo y nos fuimos hasta Hogsmeade para llegar con la red flu a casa.
¡Hola! Aquí llego con el segundo capítulo, espero que os haya gustado.
Recordad, pequeños amigos, dejadme vuestra opinión. Ya que somos pocos los que leemos y/o escribimos sobre estos gemelos, hagamos acto de presencia, para bien o para mal.
¡Un beso a todos! :D
