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LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI, LA HISTORIA EN CAMBIO, ES MÍA.
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CAPITULO II
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—Es un cerdo asqueroso.
—¿Por qué tanto coraje con él?— preguntó Sango al resultarle extraño… ¿sería que en secreto le gustaba?
—¿Quién es un cerdo y por qué le tienes coraje, primor?— la voz y el brazo de Kouga rodeándole los hombros, paralizaron a Kagome.
Sango volteó a ver al recién llegado —Hola— saludó fingiendo naturalidad. Kouga le devolvió el saludo con un movimiento de cabeza.
—¿Y bien?¿De quién hablabas, preciosa?— le preguntó a su novia al verla hacia abajo por la diferencia de estaturas.
Kagome no alzó su vista a verlo y tragó dificultosamente —Un profesor— mintió y Sango sonrió mientras se giraba y comenzaba a caminar, dándoles espacio, la castaña sabía que en cualquier segundo Miroku saldría de ese gimnasio a alcanzarla.
—¿Cuál de todos?— preguntó el curioso chico que portaba pantalón deportivo negro y una camiseta del mismo color que acentuaba su mirada celeste. Él motivó a Kagome a caminar mientras esperaba su respuesta.
—A decir verdad, son varios, pero no importa ahora— continuó mintiendo y suspiró al desviar su mirada de los ojos celestes de Kouga que la analizaban.
El chico se encogió de hombros al seguir avanzando y Kagome se tensó al encontrarse con la frialdad de los ojos de Bankotsu puestos en ellos, mientras él mismo también salía del gimnasio y caminaba a un par de metros de distancia en la misma dirección; él los veía de medio lado y aparentemente desinteresado, y Kagome supuso que lo ocurrido entre ellos momentos antes, fue lo que la hizo sentir que su piel se erizó cuando mantuvieron contacto visual por un par de segundos.
—Y, ¿quieres comer algo?— habló Kouga haciéndola romper el contacto visual con el chico de larga trenza que no tardó en adelantarlos, Kagome lo vio con recelo mientras se alejaba con su mochila al hombro.
—En realidad no tengo hambre.
Kouga alzó ambas cejas —¿En serio?, y yo muero de ella— comentó con la simpleza de siempre.
Kagome suspiró, desde hace quince días que ellos dos habían intimado, Kagome ya no se sentía tan cómoda a su lado, posiblemente porque no lo amaba. Creer que lo amaría si ambos daban el siguiente paso, había sido un error, aunque no por eso Kouga había dejado de gustarle, sólo no quería imaginar qué ocurriría si él llegaba a pedirle otro encuentro, de esos, carnales.
—Quisiera estudiar un poco, he tenido días fatales— mintió mientras avanzaban bajo los árboles de uno de los jardines de la universidad.
El chico de ojos celestes se rascó incómodo la nuca.
—¿No será que te sientes abrumada?— preguntó sorprendiéndola, Kouga era todo, menos tonto.
A ella la traicionaron los nervios al jugar con sus dedos en la correa de su mochila.
—Qué cosas dices— trató de no darle importancia.
El chico suspiró —Hay un nuevo restaurant, es pequeño pero acogedor, ¿por qué no vamos?— sugirió intuyendo que sí se sentía abrumada y él intentaba que las cosas siguieran siendo espontáneas, como tanto trabajo le había costado que fueran.
Kagome se mordió el labio inferior antes de bajar su mirada a su uniforme deportivo.
—Seguro tendré que moler a golpes a cualquiera que volteé a verte, pero lo vale— aseguró el chico con una sonrisa radiante, al pretender deshacerse de otra posible excusa de su novia.
Kagome no pudo evitar sonreír, él siempre lograba eso.
—Bien.
—¿Sabes? Justo ahí me encontré con una vieja amiga, no tenía idea que ese restaurant era de sus padres.
—¿En serio?— preguntó al fruncir el ceño. Era raro que Kouga hablara de otras chicas… ¿se estaba poniendo celosa?
Antes de salir en el viejo auto de Kouga de la universidad, Kagome volvió a sentir ese malestar en su estómago, al ver los ojos dorados de Inuyasha puestos sobre ellos, mientras éste salía del campus en su motocicleta.
"Por si no ha sido suficientemente malo el día" pensó al verlo salir solo y no con su inseparable chica.
No supo si el nudo en el estómago fue por una frustrada emoción o qué otro sentimiento lo causaba, el punto fue, que no pudo estar muy atenta a la conversación que tuvo con su novio.
—Maldición—mencionó entre dientes cuando Kouga se levantó a pagar la cuenta. Se sentía infiel y eso que no había pasado nada con Inuyasha, pero definitivamente, tener sensaciones por un chico que no es tu novio, estaba mal.
¿Tal vez era karma?... pero no para ella, sino para él, porque, después de todo, Kouga sí provocó celos en Inuyasha y eso a la larga resultó en el rompimiento de ambos… cosa que ahora los tenía juntos.
—¿Nos vamos?— cuestionó el chico de ojos celeste al regresar a su lado.
Kagome respingó y asintió nerviosa. ¿Sería eso posible o sólo era su confundida conciencia que ahora intentaba no hacerla sentir tan mal?
—Ahora sí necesito ir a mi casa, de verdad, tengo tarea— dijo y sonrió sin mucho ánimo, esta vez, dijo la verdad.
Kouga la abrazó y besó su frente antes de decirle que no había problema, que en seguida la llevaba a su casa y que él mismo también tenía deberes que cumplir.
Kagome se sintió peor.
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O.O.O.O.O
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El móvil de Kagome vibró, y una tenue e insistente luz parpadeó en la parte baja del mismo, anunciando una llamada, por el color violeta, Kagome supo exactamente quién estaba llamándola. En silencio agradeció la distracción, pues estaba volviéndose loca en un mundo de números y letras frente al computador.
—Hola— respondió con media sonrisa en sus labios, luego de estirarse a alcanzar el delgado aparato.
—Vayamos al cine— escuchó la propuesta de Sango, que seguramente se encontraba igual de fastidiada que ella.
Kagome sonrió desanimada —Juro que no puedo— respondió con desgana.
La castaña bufó fastidiada del otro lado—¿Por qué?¿Mucha tarea?
La azabache asintió al ver la pantalla de su portátil —Sí, y complicada— mencionó al tamborilear sus dedos sobre el teclado sin la fuerza necesaria para escribir algo.
—Juro que me volveré loca si sigo estudiando— mencionó Sango que como estaba por presentar, al igual que ella, un examen importante, solía ponerse nerviosa.
Sango funcionaba mejor bajo presión, cosa en la que diferían, Kagome necesitaba estudiar y Sango sufrir en el examen para recordar las respuestas que debieron grabarse en algún rincón de su memoria, mientras tomaba sus clases.
—Yo de verdad no puedo— se lamentó Kagome.
La castaña negó sin darle más importancia —No te preocupes, llamaré a Miroku.
Kagome guardó silencio unos segundos considerando la oferta, pero de verdad estaba sofocándose con sus exámenes, por dicho motivo ni siquiera había vuelto a ver a Kouga después de la universidad, luego de aquella comida que tuvieron después de la práctica de voleibol.
—Lo siento.
—Olvídalo— le restó importancia —. Oye, y ¿cómo siguieron las cosas con Inuyasha? ¿Le contaste a Kouga que te ha buscado?— cambió de tema, eso también la mantenía pendiente, Kagome y ella se veían poco en el campus y ya no habían vuelto a hablar del asunto.
La azabache suspiró pesadamente —No, no le he contado nada, pero…
—¿Qué?
—No sé si lo sepa— confesó.
—¿Por qué?— preguntó curiosa.
Kagome mordió su labio mientras recordaba lo ocurrido dos semanas atrás — Hace tiempo los vi charlando.
—Eso es extraño— mencionó la castaña, pues ese par no charlaban nunca, generalmente se liaban a golpes y se repartían insultos.
La azabache asintió —Justo después de eso, él comenzó a buscarme y Kouga comenzó a actuar extraño.
—¿Extraño?
—Sí— dijo y lo meditó preocupada en un pequeño grado —. Comenzó a besarme frente a todos, a abrazarme con más fuerza y a buscarme más.
—¿Eso es raro?
Kagome asintió —Supongo— dijo para luego de morder su labio mientras veía sin interés el cursor parpadear en la pantalla de su portátil —… en ese entonces creí que era algo como… ¿posesión?, no sé— confesó —, días antes lo… lo… ya sabes— añadió con pena y volteando a la puerta cerrada de su habitación —… lo acabábamos de hacer— soltó en un susurro.
Sango estalló en una carcajada —¿Y creíste que te estaba como marcando o algo así?— preguntó divertida.
—¿Qué?... pues sí— dijo la otra con un sonrojo que por suerte Sango no vería —. Inuyasha solía ser así.
—Pero Kouga es diferente— le recordó.
Kagome dejó caer su frente en el escritorio justo frente a su teclado y suspiró desanimada.
—El punto es que no se me quita de la cabeza esa charla, porque era charla— aclaró — la que tuvieron esos dos.
—¿Y qué temes?— preguntó sin entenderla.
—No sé.
—¿Qué Kouga le dijera que ustedes dos…?
—No, por supuesto que no— interrumpió —, Kouga jamás sería capaz, de hecho— dijo y se rascó su flequillo —, no sé ni porqué lo estoy pensando— finalizó para negar abrumada.
Sango se burló —Te digo, tanto estudiar terminará por volverte loca— dijo y volvió a reír.
Kagome rio con desgana al levantarse de la silla frente al escritorio y dirigirse, con el móvil en mano, a apoyar su cuerpo en el marco de la ventana abierta.
—Tal vez tienes razón y ya me estoy volviendo una loca más— aceptó con una ligera mejoría en su ánimo. Los ojos chocolates se alzaron y notaron las nubes grises vestir todo el cielo. Suspiró —. De cualquier modo, Sango, no creo que sea buena idea salir, parece que una tormenta está por caer— le informó al notarlo.
Kagome escuchó unos ruidos extraños del otro lado del teléfono —Ah, sí, tienes razón— mencionó la castaña que recién se asomaba a ver —. Entonces te dejo, debo marcar a Miroku, ni de chiste me quedo un segundo más frente a mis libros— dijo y rio con poco ánimo.
Kagome observó su móvil brillar de la pantalla y volver a apagarse segundos después, cuando luego de que le asintió a su amiga, ésta había cortado la comunicación.
—Cielos… ojalá yo pudiera ser como ella; para Sango todo es menos complicado— mencionó en el silencio de su alcoba y frunció los labios desanimada. Sus ojos siguieron un ave que huía de la ya cercana lluvia y se percató cómo un par de hojas eran desprendidas fácilmente de los árboles que se mecían suavemente.
Kagome creyó que el tiempo no era el mejor, pero que al menos la motivaría a estudiar y no verse tentada a salir, como su castaña amiga…suposición que se fue al caño en cuanto volvió a sentarse frente a su computador, pues después de ver el trabajo que llevaba, optó por dirigir el cursor en forma de flecha blanca, al pequeño círculo de colores del explorador.
—Supongo que distraerme un momento no ayuda, pero da igual— se dijo cuando abrió su red social y al hacerlo, se activó también una ventana de video llamadas, como lo tenía configurado; se recordó mentalmente cancelar esa opción pues no siempre tenía humor para charlar, a veces sólo quería vagar silenciosamente por la red social.
La azabache estaba eligiendo alguna lista de reproducción que la acompañara para cuando decidiera retomar sus estudios, cuando una ventana de chat saltó a su vista.
Los ojos chocolate se fijaron de inmediato en el nombre y la fotografía de quien le escribía.
Suspiró lamentándose —No, por favor— mencionó en medio de su suspiro. Era Inuyasha.
Estuvo a punto de cerrar la ventana y desactivar el chat, pero él volvió a escribir.
«Kagome»
«Habla conmigo»
Ella se quedó inmóvil un segundo y con el cursor en la esquina de esa ventana para cerrarla.
«Te he estado buscando. Deja de compórtate como una niña.»
Le escribió y ella ya no se aguantó. ¿Una niña?¿En serio?
«No tenemos nada más que hablar. Por favor, ya no insistas.»
Tecleó y cayó en el juego del ojidorado que sólo buscaba librarse de la lejanía que Kagome había impuesto.
«Necesito verte. Hablar contigo»
Ella leyó eso y casi responde, pero se abstuvo al sentirse extraña. Todavía lo quería.
«Sal un momento»
No hubo respuesta.
«Kagome»
La pequeña pantalla mostró cómo él aparentemente estaba escribiendo, pero luego de varios segundos, esa pequeña indicación desapareció y el texto no llegó. Kagome mordió su labio y apretó sus manos en la pequeña falda azul oscuro que la vestía, contrastando con la blusa blanca de botones y sin mangas.
Luego de un momento, sus manos volvieron al teclado, pero no lo presionaron a pesar que sus dedos amenazaron con teclear.
El sonido de un trueno la hizo llevar su atención a la ventana abierta de su habitación. La tormenta había comenzado.
—Esto no es sano, Kagome— se dijo al apretar en puños sus manos y negar en silencio. Aunque lo negara, todavía había algo que se revolvía en su estómago cuando Inuyasha hablaba, o escribía… o la veía. Y no era sano, porque ella tenía novio.
Tragó pesadamente y siguió observando la ventana del chat. Inuyasha seguía activo, pero ya no estaba escribiendo. Se decidió por fin y cerró la conversación; cuando una corriente de aire se coló por la ventana, al haber arreciado la tormenta, ella se levantó y se dirigió a la misma para cerrarla, no quería que su suave alfombra se mojara con la lluvia.
A segundos de hacerlo, ella pegó un grito al ver algo o alguien, salir de entre las ramas del árbol de ginkgo junto a su ventana.
—Muévete— una varonil voz le ordenó.
Kagome, que no daba crédito a lo que veía, negó despacio.
—Muévete Kagome, alguien va a verme— insistió el chico que estaba por fuera de su ventana.
Ella abrió más los ojos —No, ¿qué demonios haces? Vete de aquí, me vas a meter en un problema— dijo y moviendo sus manos rápidamente, buscó cerrar la ventana.
—Ah, maldición— gruñó el peliplata que se deshizo de las manos de Kagome que intentaban dejarlo por fuera, y como pudo, se coló a la habitación.
—Ah, mierda, Inuyasha— se quejó la azabache al girarse y poner seguro a su puerta —. Mi mamá está en la casa, ¿sabes lo que pensara si te ve aquí?— reclamó en voz baja.
Él la vio severamente —Ambos tendríamos problemas y no me diste otra opción— aseguró alzando un poco su voz.
Kagome se molestó —¿Quieres callarte?— por su tono de voz el ojidorado entendió que estaba muy molesta.
Él se llevó la mano a su mojado flequillo.
—¿Te acostaste con Kouga?— su voz roncamente amarga y ese cuestionamiento le provocaron un dolor agudo en el pecho a Kagome, que abrió ligeramente más los ojos y labios, notoriamente sorprendida.
—¿Qué?— mencionó apenas con aliento.
Él apretó en puños sus manos. Entonces aquella vez que habló con Kouga, y en la que el imbécil le aseguraba que no sería nunca el único amor de Kagome sí era por eso.
—Maldita sea, Kagome— mencionó molesto al interpretar su silencio, él avanzó el par de pasos que los separaban y ella tragó pesadamente cuando apretó su brazo con su fuerte mano —¿En qué mierdas pensabas?— reclamó.
—¡Cállate!— mencionó también ella dolida, en ese momento no quería silenciar su voz por temor, sino por su debilidad —¿Con qué derecho me reclamas?¿Acaso no te has acostado tú con otras?, además, esto ya no es tu asunto— dijo y se tironeó.
La tormenta incrementó y un viento frío con unas apenas perceptibles gotas de agua, llegaron a su rostro.
—Dijiste que siempre serías mía— le recordó al verla con sus ojos dorados derretidos en desprecio.
—Y tú dijiste que nunca te irías.
—Y no lo hice— su tono seguía siendo amargo y la fuerza de su agarre no disminuía.
Kagome sonrió amargamente y sin dejar de verlo a los ojos —No, pero te acostaste con Kikyo— reprochó.
—¡Joder!¡Qué no me estaba acostando con ella!— alzó la voz y Kagome sintió las mismas ganas de llorar que en aquél entonces, pero las soportó.
—Te estabas besando con ella— le recordó en voz baja y con toda la pasión guardada que siempre le tuvo.
—No dejabas de coquetear con Kouga, de dejarte tocar y abrazar— ahora fue el turno del dolido ojidorado de reprochar.
—Nunca me dejé tocar, ni hacer nada— aseguró al verlo a los ojos, eso él debía de saberlo —… no mientras tú y yo éramos…
—¿Ah, no?— interrumpió —Y entonces, ¿por qué no tardaste tanto en volverte su novia, o salir con él, da igual?— le preguntó al acercarla más a él.
Para ese entonces Kagome ya poco pensaba en su madre que debía encontrarse en la planta baja, ocupada en alguna tarea.
A ella se le inundaron los ojos al percatarse que a pesar del tiempo que había pasado, él no había intentado comprenderla, él seguía creyéndola falsa y traidora; su pecho le dolió al no entender entonces qué hacía ahí buscándola, ¿sólo quería reclamarle?¿por qué?
Kagome negó en silencio al dejar de verlo —Vete— pidió ofendida.
Él sonrió amargamente —¿Lo amas?— le preguntó al usar su otra mano para obligarla a verlo.
Los ojos de ella pasaron de un ojo dorado, al otro.
La sonrisa de él se tornó molesta —Dime que no te acostaste con él por amor— pidió hablándole sobre los labios.
—¿Qué?
—Dímelo, Kagome— volvió a pedir al dejar su dolorido brazo y deslizar su mano a su cintura, para apresarla en un posesivo abrazo —. Dime que no fue por eso.
El cuerpo de la azabache que se relajó automáticamente, cuando él la soltó, se quedó inmóvil entre su abrazo. Tembló sin poder evitarlo, no supo si por el aire frío que ondeaba su falda o por la profundidad de esos ojos dorados que siempre habían sido su debilidad.
—No te amo— quiso convencerlo. Decir que no amaba a Kouga era traición, y eso nunca lo haría.
Él sonrió con soberbia —No te pregunté eso.
—Vete— ordenó y quiso zafarse.
—Mph, no quiero— dijo y apretó su abrazo para besarla.
La azabache abrió los ojos sorprendida al reconocer esos labios que buscaban abrir los suyos, los mismos que tanto conocía. Inuyasha había sido su primer novio.
—Déjalo— suplicó en medio de su beso mientras más la apretaba contra su cuerpo, el mismo que comenzaba a alterarse.
Ella se estremeció cuando él por fin dejó sus labios, pero siguió besándole el cuello. Tembló y apretó sus piernas y manos que se apretaban al pecho del chico, buscando apartarlo.
—Esto es… p-porque Kikyo… te… dejó, ¿verdad?— preguntó dolida y él sonrió sin que ella lo viera.
—Kikyo no me ha dejado— se sinceró —. Lo nuestro nunca ha sido formal— añadió al tiempo que resbalaba una de sus manos de la espalda, al trasero de Kagome.
—Basta— suplicó sintiendo cómo él comenzaba a endurecerse, su cuerpo la traicionó temblando.
—Vuelve conmigo— suplicó al hablarle sobre los labios. Los ojos de Kagome lo miraron sorprendida —. Por eso he estado buscándote, Kagome— informó, su cuerpo se había calentado y su aliento escapaba por sus labios, golpeando el rostro femenino —. Regresemos.
Luego de unos instantes en silencio, ella tragó pesadamente.
—¿Para qué?, tú y yo no podemos estar juntos, tú no confías en mí y yo… yo tampoco en ti— reconoció.
Inuyasha dejó de escucharla y no pretendió seguir dejándola hablar, cuando la sujetó del rostro y la besó, esta vez se aseguró de introducir su lengua dentro de su boca.
Kagome gimió compungida.
—Deten-te— ordenó con voz baja y sólo por un segundo, mientras él cambiaba de ángulo para besarla.
El ojidorado estaba ardiendo, deseaba tanto a Kagome, a esa tonta niña que estaba lejos de ser la más atractiva que había conocido, pero que lo hacía sentirse él estando a su lado, la chica que con su lejanía y su desprecio despertaba lo peor de su persona; porque a veces la odiaba por no ser sólo de él y la deseaba sólo para intentar lo contrario.
—Inuyasha— jadeó Kagome cuando él deslizó dos de sus dedos entre los costados de sus bragas y comenzó a bajárselas, luego de alzarle su falda —, basta— suplicó y su piel se erizó cuando él comenzó a caminar, retrocediéndola hasta su cama.
A Kagome casi se le escapa un gritito de sorpresa al caer con él encima, sobre su colchón.
—Ni se te ocurra— amenazó ofendida cuando él se elevó sobre ella, seguramente buscando desnudarse, como varias veces antes lo había hecho de esa forma.
—No lo amas y él lo sabe— le aseguró y la vio molesto, él estaba seguro que si Kagome lo amara, Kouga no se esforzaría tanto por dejarle saber que ellos dos estaban juntos, siempre la veía a su lado, buscándola y abrazándola… Kagome nunca iba a aceptar que no se alejaba para no dañarlo y eso, incluso el apestoso de Kouga lo sabía.
—Eso no te importa— dijo ella buscando levantarse.
"Mierda" pensó el ojidorado al apoyar su mano en su hombro y devolverla al colchón. Kagome lo vio recelosa.
—Eres únicamente mía— le dijo ahí, montado sobre una de sus desnudas piernas, a causa de la falda que estaba enredada en su cadera.
Ella negó. No era un objeto, y era esa posesión por parte de Inuyasha lo que no la hacía sentir bien; ella lo amaba, pero él no sabía hacerlo de la forma correcta.
—Basta— suplicó viéndolo a los ojos cuando él comenzó a bajarle las delgadas bragas rosas que usaba, Inuyasha jadeó cuando al moverse, su miembro erecto y dolorido se apretó contra una de los muslos de la chica.
—No pienso detenerme— su voz fue tan profunda y ronca, que Kagome no supo si estaba enojado cuando ella le sujetó la mano para evitar quedar expuesta ante él.
—¿Qué quieres?— susurró al verlo a los ojos.
—Ya te lo dije— aclaró al bajar sus labios a su cuello, impidiéndole moverse mientas la desnudaba —. Quiero que vulvas conmigo, y en este preciso momento, lo único que deseo es tu cuerpo. Te he extrañado.
Kagome apretó las piernas, pero aun así, sus bragas fueron jaladas entre las mismas.
—Justo ahora… ¿Kikyo está ocupada?— preguntó humillada.
Él sonrió de medio lado al verla a los ojos —No tengo ni idea— le dijo al momento de alzar su mano y colar cuatro de sus dedos entre sus senos, jalando la blusa y desabrochando los inútiles botones que poca resistencia presentaron. Kagome tembló cuando al mismo tiempo, él le separó las piernas.
—No hagas esto, Inuyasha— pidió ella ignorando por completo la mirada dorada clavada en sus senos, mientras ella lo veía a la cara.
—Ya no lo resisto, Kagome —confesó al bajar a besar sus labios—, desde hace tiempo que he venido deseándolo— volvió a decir en medio de sus besos.
Kagome gimió cuando Inuyasha posó una de sus palmas en su seno izquierdo.
—No quiero— dijo cuando él dejó de besarla y llevó sus besos húmedos por su cuello, directo a ese seno que masajeaba y que no tardó en exponer para él. Ella apretó piernas y ojos al contener las sensaciones que el contacto de los labios calientes y la humedad de la boca del ojidorado, le hicieron recorrerla.
La azabache no tardó en ser presa de su conciencia y manoteó buscando escapar de sus manos, pero Inuyasha, excitado y urgido de ella, le sujetó ambas manos y se las pasó por detrás de su espalda para sujetárselas con una sola, logrando en el acto, hacer más grandes y redondos los senos de Kagome ante sus ojos.
Era perfecta en esas situaciones. Su miembro duro palpitó.
Ella lo vio con desconfianza, tal vez, en el fondo de su ser ansiaba volver a ser tocada por él, por verse bajo su cuerpo, pero no en esas circunstancias; ella tenía un novio, que si bien no amaba con locura, era su novio, además, estaban en su habitación con su madre rondando.
—No te atrevas— le dijo con toda la seriedad que pudo reunir al verse prácticamente expuesta a él, sus piernas estaban separadas, albergándolo, y sus bragas tiradas en algún lugar del suelo, sus senos también estaban casi expuestos con su sostén mal colocado y su blusa abierta.
—Perdóname— suplicó con voz ronca, los ojos de Kagome temblaron, por un momento creyó que por su traición, pero cuando lo vio llevarse una mano al cierre de su pantalón y bajar el mismo, supo que lo decía porque no pensaba detenerse.
—…No.
—No quería que pasara así— confesó el ojidorado que presionó más las manos de Kagome al apoyar su peso sobre el agarre para, mientras terminaba de exponer su miembro, bajar a besar sus labios —. Debiste haberme dicho que lo dejarías— le dijo sobre sus labios, él estaba seguro que así ocurrirían las cosas. Kagome era suya—… y entonces, volverías a rendirte a mí— finalizó y apenas lo hizo, volvió a besar los labios de Kagome.
—Inuyasha eres…— dijo al sentirlo deslizar su miembro entre los pliegues de su intimidad, que traidoramente, comenzaba a humedecerse —¡Ah!— gimió dolorida cuando él se enterró de una sola y fuerte estocada en ella.
—Agh… maldición— gimió roncamente el ojidorado que tuvo que apretar sus ojos al soportar la presión inmensa a la que su miembro se vio expuesto.
Kagome tembló y rogó porque su madre no hubiese escuchado eso.
—Inu…yasha— jadeó su nombre al reconocer la sensación de su cuerpo lleno de él —… quí-quítate— suplicó, ya le había fallado completamente a Kouga, pero aun así…
Él negó todavía disfrutando esa sensación de cálida estrechez. Jadeó en su oído.
—¿Kagome?— la voz de su madre casi le paralizó el corazón, ella ladeó el rostro buscando los ojos de Inuyasha, él giró a verla despacio —¡Kagome!
Los ojos de ella temblaron de miedo.
—Contesta— la voz de él escapó ronca por el placer, al hablarle sobre los labios.
Kagome negó al todavía ser recorrida por sensaciones de extraño placer que comenzaba a apagarse.
—¡Por Dios, Kagome, responde!— la voz que ahora sonaba fuera de su puerta la hizo tensarse.
—Contesta— insistió él que parecía tranquilo. Ella negó al verlo a los ojos y cuando él bajó a besarle el cuello, tragó pesadamente.
—¿Si?— su voz logró salir clara.
Un suspiro se escuchó del otro lado —Iré a recoger a Souta, la tormenta parece que sólo empeorará y no encontrará transporte de vuelta— informó la mujer que giró la perilla —¿Estás dormida?— preguntó entre molesta y extrañada.
Kagome se aclaró la garganta —S-sí mamá… e-estoy acostada— le dijo e Inuyasha sonrió, él comenzó a moverse disfrutando volver a penetrarla; ella por su parte, apretó los ojos y luchó por controlar su voz.
—Por Dios, Kagome, estás en exámenes, esfuérzate más— regañó y Kagome gimió cuando Inuyasha comenzó a incrementar la fuerza y ritmo de sus embestidas, para él eso era excitante; para fortuna de la azabache, su madre estaba más concentrada en escuchar los truenos sobre su casa —. Debo irme, levántate y ponte a estudiar— dijo como despedida.
Ninguno la escuchó retirarse, pero pudieron ver como la sombra de su silueta bajo la puerta desaparecía.
—Estuviste muy bien, mi amor— jadeó el joven que sólo pudo responder a la privacidad que les dieron, moviéndose más, apoyando su peso sobre sus palmas, al ya haber liberado las manos de Kagome.
Ella mordió su labio y contuvo los gemidos que estaba arrancándole, ladeó su rostro y sus ojos se cristalizaron, tal vez en pasión, tal vez en dolor… Inuyasha no sabía amarla, no como ella quería.
—Detente— suplicó y dejó escapar su aliento por sus labios, sus gemidos escaparon al mismo tiempo.
Él llevó una de sus manos a enredarla en su cintura y siguió penetrándola, disfrutando como sus senos se movían producto de sus embistes. Kagome debía ser de él, los celos lo estuvieron quemando y se negaba firmemente a entregársela al imbécil de Kouga. ¿Cómo era posible que ella le hubiese entregado su cuerpo a aquél infeliz?
—Dime que eres mía, que siempre lo has sido— ordenó mientras hacía más larga y fuerte cada penetración, el cuerpo de Kagome se movía bajo él y eso lo excitaba como nunca, lo único que quería escuchar, era su voz jadeante diciéndole que sí, que lo era y nunca había dejado de serlo.
Kagome mordió sus labios, no quería hablar, no quería gemir y no quería confesar que la parte masoquista que guardaba en su interior, aceptaba eso.
El grueso pene del ojidorado entraba y salía de Kagome, completamente húmedo por sus sedosos fluidos, podía sentirse casi estallar, la estaba tomando con la misma fuerza con la que nunca lo había hecho, deteniéndose poco a pensar si el dolor igualaba o superaba al placer que indudablemente estaba causándole.
Pero Kagome no decía nada, no, al menos, nada que alimentara su ego y la posesión que ella misma, tiempo atrás, había aceptado darle sobre su cuerpo.
—Vamos, Kagome— insistió sin dejar de moverse, en ese momento, los gemidos de ella fueron audibles. La azabache apretó sus dedos en la dura espalda de Inuyasha, revolviendo con sus manos, el lacio cabello plateado.
—Dios, Inuyasha— gimió sin poder contenerse cuando su cuerpo comenzó a perder fuerza, producto de la fricción que cada vez se hacía más caliente entre sus sexos.
—Dilo— jadeó.
—No— respondió queriendo llorar, por pasión y dolor mezclados.
—Ah, maldición— gruñó y molesto, sólo incrementó su deseo. Sus embestidas cobraron necesidad y movió a Kagome y la propia cama, junto con él.
Ella apretó sus dedos a su espalda, sintiendo sus músculos moverse y permitirle el casi fiero embiste que le propinaba. Decir que algo de eso no le gustaba, era mentir, pero no era así como lo deseaba.
—Te deseo tanto, y sólo para mí— mencionó en medio de un grueso gemido. La piel de Kagome se erizó y su cuerpo amenazó con abandonarla cuando fue recorrido por una electrizante sensación, ya conocida, que surgía del roce constante de sus sexos.
Inuyasha comenzó a jadear insistentemente y cada vez más ronco.
—Por favor…— pidió y buscó mejor aferrarse de su mal tendida colcha —por favor, Inu-Inuyasha… sa-salte— suplicó, pero él siguió meciéndose con fuerza y velocidad, friccionando toda la longitud de su miembro contra sus paredes internas.
—Mierda— gimió roncamente al sentir a Kagome contraerse alrededor de su dureza.
Ella ya no pudo pensar mucho, volvió a pedirle que se retirara y entonces una poderosa descarga eléctrica la recorrió, haciéndola arquearse hacia atrás, apretándose más contra el sudado cuerpo masculino que no le daba tregua.
—Aggh— gruñó roncamente al dejar caer su cabeza al costado del rostro de Kagome. Ambos temblaron y ella apenas consciente de su cuerpo, supo que él no le había obedecido, al sentir el miembro de Inuyasha palpitar en su interior, mientras terminaba de derramarse en ella.
Una corriente de aire helado les enfrió la piel y ahora sí fueron conscientes de ellos.
Inuyasha quiso besarle la piel y Kagome tembló. Un peso enorme recayó en la conciencia femenina al sentir los vestigios de ese orgasmo, como también, la calidez de los labios de Inuyasha, que como todo su cuerpo, seguían sobre ella. Apretó los ojos segundos después y luego de jalar aire se tensó tontamente, evitó verlo y sus manos temblaron.
—Quítate— ordenó ella molesta.
El jadeó una última vez —¿De qué hablas?
—Quítate, qué te quites Inuyasha— ordenó llorosa mientras se revolvía debajo de él, logrando retirar su miembro de su interior.
Él gruñó —¿Qué demonios te pasa?— preguntó molesto cuando se apartó, Kagome se cerró la blusa y se sentó en la cama. Él también cerró su pantalón y la vio con recelo —¿Por qué actúas así? Te gustó, ¿no?, lo disfrutaste, antes también solías hacerlo, ¿recuerdas?
—¡Antes éramos novios!— le aclaró molesta, no se levantaba porque su cuerpo todavía estaba débil.
Él sonrió de medio lado, dolido —¿Y eso te impidió ese orgasmo?
Ella le lanzó una almohada al rostro y él se molestó.
—Ya esto no está bien.
—¿Y qué si está bien?¿Que te acuestes con aquél imbécil sin amarlo?
—¡Eso no te importa!— ella también alzó la voz y logró levantarse de la cama.
—¡Por supuesto que me importa, maldita sea!¡Yo te amo, Kagome!— alzó la voz molesto al también levantarse y encararla.
Ella lloró luego de fruncir el ceño y verlo mientras sus ojos se inundaban de lágrimas. Negó dolida.
—Nunca me lo dijiste.
—Lo hago ahora. Te a-
—¡No!— interrumpió —No quiero.
Él cerró los ojos frustrado.
—Nunca antes me dijiste te amo, porque no lo sentías… no me amas, lo tuyo es posesión, es una forma celosa de querer— le aclaró, hubiese querido gritarlo, pero su llanto se lo impedía —; sólo buscas no sentirte relegado. En el fondo, en el fondo querías que yo te hubiese buscado luego de verte con Kikyo, no me perdonaste por no hacerlo— le dijo y él la vio severamente mientras la dejaba hablar —, por eso te hiciste su novio, para que me doliera como seguramente te dolía a ti que Kouga fuera mi amigo— acentuó esa última palabra sin terminar de entender tanta desconfianza que él le tuvo, y esa inseguridad de ambos, que paulatinamente quebró su relación.
—Kagome…— la nombró roncamente y tensó su mandíbula.
—No— lo interrumpió —. Era mi amigo— recalcó —… nunca pudiste soportarlo y arruinaste todo lo que teníamos— dijo y siguió llorando —. Eres un imbécil, yo te amaba tanto.
—Todavía lo haces.
Kagome negó llorosa —Ni siquiera ahora me dijiste que me amabas— dijo soportando el nudo que quemaba su garganta.
—Lo hago— le aseguró… y lo hacía, la amaba, pero así, como ella decía, con esa forma celosa que lo asfixiaba.
Ella negó —Vete— pidió. Ella desde hace tiempo había entendido que esa forma de querer… o amar de Inuyasha no era la que la hacía sentir plena, lo amaba, sí, pero no quería imaginar cada arranque de celos las lágrimas que le costarían… o peor, no quería ver su amor por él contagiado de inseguridad, y celarlo u odiarlo por esos sentimientos insanos. Se tragó el nudo de su garganta —.Vete.
Él apretó sus manos en puños —Vine hasta aquí y estuve contigo porque no me importa lo que ocurrió entre tú y aquél imbécil, porque quiero que…
—No— lo interrumpió —. Perdóname— le dijo y algo en ella se quebró por dentro, sus labios temblaron antes de proseguir —… no quiero un amor así— le dijo y llevó sus ojos a la cama.
Inuyasha, como ella, también entendió a lo que se refería, él, buscando mantenerla a su lado, se había venido en su interior… había aprovechado que ella, en su debilidad, había deseado volver a ser una con él, porque todavía había amor de por medio, pero él mismo, con sus actos se había encargado de demostrarle que las cosas, no, él no habían cambiado.
Seguir con Inuyasha iba a ser lo mismo siempre. Una relación pasional tormentosa, y esos tormentos, terminarían acabando con el buen recuerdo que todavía podía rescatar de él. No valía la pena continuar a algo más, cuando el final era inminente, dos corazones rotos, dos pasiones tan ardientes y posiblemente, después, movidos por actos tanto pasionales como atroces… posiblemente terminarían por desgarrarlos a uno o a ambos. Las relaciones destructivas no eran fáciles, todas tenían finales inminentes y dolía renunciar a ellas a tiempo. Por esa razón Kagome sentía que un nudo ardiente le impedía respirar.
—Lo siento— le dijo. Si tal vez, hace un momento, hubiese sentido una caricia amable, un beso suave, una mirada de amor, habría aceptado lastimar a Kouga a pesar de sentirse miserable… pero nada de eso hubo.
Ellos dos eran dos cuerpos que reaccionaban bien al otro… pero no había más. Él no la amaba de verdad y ella poco a poco lo superaría.
—¿Eso es lo que quieres?¿No volverme a ver?— preguntó tensando sus puños y mandíbula.
Ella se forzó a escuchar su lado racional y le quemó la garganta hablar, sus ojos ardían y su visión se distorsionó producto de las lágrimas que los aguaban.
—Sí.
Inuyasha la vio molesto por unos segundos y no dijo más. Cuando él la pasó de largo para abrir la puerta y marcharse de ahí, ella tuvo la confirmación que acababa de tomar la decisión correcta.
Él se fue movido por su orgullo herido y no se quedó a escucharla llorar, a levantarla del suelo donde se derrumbó, no hubo un abrazo, un beso, tampoco un adiós.
Continuará…
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Segundo capítulo alzado. Bueno D: la verdad este va a ser el capítulo con más drama, lo demás vendrá más relajado y con toquesitos de humor ñ.ñ
Sigo en un instante con el siguiente capítulo. Gracias a quienes anden aquí leyendo xD
Besos.
