Hoy hace una tarde soleada y el sol brilla en los cielos que coronan los reinos de Etsilium y Camelot. Ente toda la gente que camina despreocupada por la plaza, se distingue un pequeño grupo de niños y niñas de seis a nueve años que escuchan con admiración e interés los relatos fantásticos que les cuenta un viejo y sabio dragón negro de ojos rojo bermellón. Han pasado diez años desde que el erizo Sonic eliminó de una vez por todas al rey Etüs y desterró al príncipe Marcus de sus dominios para siempre.

Ahora, y para beneficio de todo el pueblo, Sonic reina en Etsilium al lado de su esposa Elise. Mientras, en el reino de Camelot, Ser Gawain, después de intentarlo varias veces, ha conseguido dejar embarazada a su mujer Amy Rose de un príncipe heredero, lo que representa una gran alegría para todos.

Pero regresemos a Etsilium...

El enorme dragón que se dedicaba a contar historias a los inocentes niños, alzó la vista al cielo un momento al percatarse de que un zorrito de dos colas se dirigía, probablemente a hablar con él.

- ¡Eh, Zafiro! - saludó el zorrito amarillo.

- ¡Hola, Tails! Hace un día precioso, ¿verdad? Parece mentira que estemos finalizando el otoño.

- Sí, es cierto, está bastante soleado. Oye, ¿Has visto a Sonic?

- A esta hora, supongo que estará en la playa, pasando la tarde con la pequeña Elise.

- Bueno, ya no es tan pequeña. En fin, me tengo que ir, debo darle a Sonic un mensaje importante. ¡Nos vemos, Zafiro! - se despidió Tails.

En la playa de Etsilium, el arrullo de las olas fue interrumpido por un fuerte estruendo que provenía del galopar de dos caballos negro azabache. Uno de ellos, el más esbelto, le llevaba una gran distancia al otro, más robusto, debido a que era un caballo frisón, de raza más pesada.

- ¡Ya es suficiente, Elise, deja descansar a Lancelot! - dijo el erizo mientras intentaba alcanzar la posición de su hija.

- Qué lento eres, ya es la tercera vez que te gano - respondió la niña dejando a su caballo estirar el cuello y poniéndolo al paso.

- Sabes muy bien que te estoy dejando ganar.

Estuvieron un rato compartiendo risas hasta que el escudero de Sonic, Tails, les interrumpió mientras volaba hacia ellos.

- ¡Sonic! - gritó desde el aire.

- ¡Hola, Tails! - saludó el erizo azul, levantando el brazo - ¿Qué te trae por aquí?

- Es Gawain - anunció, una vez aterrizó en la arena - Quiere verte ahora.

- ¿Ahora? - preguntó Sonic al ver que su hija bajaba la cabeza decepcionada por el poco tiempo que pasaba con su padre.

- Sí, ahora. No tardes, ¿vale? - y dicho esto, el escudero Tails alzó el vuelo y se alejó de regreso al castillo.

- Nunca tienes tiempo para mí - refunfuñó Elise al cabo de un rato, rompiendo el incómodo silencio.

- Tengo que ocuparme de los asuntos del castillo - se excusó Sonic - dentro de poco seré el rey de Etsilium.

Aquella coartada no parecía convencerle a la pequeña.

- Jugaremos luego - continuó el erizo.

- Eso es lo que dices siempre.

El puerco espín se dio por vencido e hizo trotar a su caballo en dirección al castillo sabiendo que su hija tenía toda la razón.

Como Sonic mencionó anteriormente, todavía no era rey. En teoría, él era el único e indiscutible heredero al trono. Pero en la práctica, hasta que la madre de la princesa Elise no muriera, ésta seguiría reinando y Sonic continuaría con su rango de príncipe.

Actualmente, la reina era víctima de una terrible enfermedad de la cual no se conocía cura alguna. Esto explica que, los días del erizo como príncipe, estaban contados.

El castillo tenía una sala especial sólo para tratar cuestiones sobre el reino. Era amplia y las paredes estaban decoradas con estandartes tanto del reino de Etsilium como del de Camelot, ya que, hace diez años, los dos reinos se unieron para formar uno solo con el fin de ser más fuerte y estar más protegido. Gawain, actual rey de Camelot, convocaba reuniones constantemente debido a su enfermiza obsesión de no estar preparado para recibir a su primer hijo que le sucedería en el trono. Mientras su esposa Amy intentaba tranquilizarle, Sonic echaba un vistazo a la gran plaza del reino donde unos niños jugaban despreocupadamente. Entonces sintió una profunda nostalgia pensando en lo poco unido que estaba a su hija. Cuando Elise era más pequeña, los dos solían jugar y divertirse más a menudo. Pero, conforme fue creciendo, se fueron distanciando más y más.

- ¿Tú qué opinas, Sonic? - preguntó Gawain - Sonic... ¡Sonic!

- ¿Eh?... Sí, sí, muy bien - dijo el erizo, volviendo a la tierra.

- ¡No, nada de eso! ¡No me escuchabas, estabas mirando por la ventana!

- Vamos, Gawain, intenta calmarte... - le intentó tranquilizar su esposa.

- ¡No todo en la vida es diversión, Sonic! - rugió el equidna, levantándose de la silla - ¡También hay responsabilidades! ¡Así que intenta centrarte por una vez en tu vida de que estoy a punto de ser padre!

- ¡Gawain! ¡Ya es suficiente! ¡Siéntate! - gritó Amy.

- Sí... perdonad. Es sólo que... no me siento preparado para este gran paso.

Amy seguía alentando a su marido mientras Sonic regresó de vuelta a sus pensamientos, ya que tenía claro que, seguramente, eran más importantes que aquella estúpida reunión.

Al llegar la noche, todo el reino se reunió en el castillo para disfrutar de una suculenta cena. Cuando los sirvientes hubieron repartido todos los platos a sus respectivas personas, el rey Gawain se levantó y, alzando su copa, se dirigió a las gentes para recitar unas palabras. Habló sobre lo orgulloso que se consideraba al esperar un niño, sobre lo mucho que su corazón ansiaba ser padre y sobre lo emocionado que estaba de sentirse tan vivo. Por último, dio las gracias a todos los que le habían ayudado en esos momentos tan duros, entre ellos su esposa Amy y su amigo Sonic. La enorme sala quedó inundada por el sonido de los aplausos y, una vez hubo cesado, empezaron a cenar.

Mientras comían, un trovador cantaba y recitaba historias para deleite y entretenimiento de todos. Normalmente, Sonic nunca escuchaba a los trovadores: le parecía una forma un tanto patética de perder el tiempo. Pero aquella noche, esas historias captaron su interés: todas ellas hablaban sobre Andros, una especie de dragón mágico al que, los pocos que habían tenido la oportunidad de conocerlo, le consideraban el dios de dioses. También decía que ese dragón vivía alejado de los dos reinos, en el interior de un volcán que se encontraba más allá del horizonte.

- Gawain, ¿todo eso que cuenta es cierto? - preguntó Sonic, muerto de curiosidad.

- Palabra por palabra - respondió éste.

Desde luego, a Sonic lo que más le interesaba era reentablar su relación con su pequeña hija. Pero, desde aquella noche, hizo un hueco en su mente para Andros, dragón mágico, dios de dioses.