Capítulo II

Todos los Ángeles tienen su Estrella.

Pasaron seis años desde esa fiesta y a la princesa Rachel ya no le celebraban el compromiso, sino el cumplir sus siete años de vida con otra celebración en su honor que se realizaba a las afueras del palacio. La fiesta era perfecta, tan solo faltaba un detalle: "la invitada de honor", a la cual su nana se proponía despertar para que bajara al festejo.

La niña se encontraba hecha un bojotico en su enorme cama y dormía plácidamente en la oscuridad de su habitación hasta que Sizta, su nana, abrió las cortinas para dejar entrar la luz del sol al cuarto, acto seguido fue y zarandeo a Rachel para que despertara. Por toda respuesta Rachel solo se coloco una almohada en la cabeza, demostrando su incomodidad.

—¿Qué quieres Sizta? que no ves que estoy durmiendo —dijo con la cara enterrada en el colchón, malhumorada.

—¡Princesa despierte!, ya es tarde y tiene que bajar al festejo de su cumpleaños por lo cual la felicito mi niña Rachel —habló y felicitó la criada.

Rachel se quitó la almohada de la cabeza y se sentó en la cama.

—No quiero bajar, odio esas fiestas, mis padres no saben hacer otra cosa que fiestas ¡Ash...! —Se quejó la princesa — ¿Y qué si es mi cumpleaños? No le veo sentido a celebrar que estoy un paso más cerca de morir.

—Mi niña Rachel ¡No diga eso! Que los dioses me la amparen y me la favorezcan —pronunció Sizta acalorada.

Rachel simplemente se volvió a tirar en la cama y se subió las mantas.

—Princesa Rachel esa no es la conducta que debe tomar ante estos asuntos, ahora se me para o le hecho un balde de agua fría encima —dijo Sizta autoritariamente.

Rachel se incorporó rápidamente.

—No te atreverías —Se atrevió Rachel a poner en duda.

—Sabe que yo si lo hago, no soy cualquier sirvienta a la que puede manipular mi niña, soy su cuidadora y usted va a bajar a esa fiesta —argumentó la mujer con dulce firmeza, colocando los brazos en jarra.

—Esta bien, Nana —murmuró Rachel cruzándose de brazos molesta.

Sizta le sonrió y la cargo hasta el baño, traía una cara de fastidio de aquí a pequín. Le quito el camisón de dormir y la metió en la gran bañera del baño llena de burbujas y luego le hecho un poco de agua encima provocando que Rachel tiritara de frío.

—¡Esta helada! —exclamó Rachel.

—Estaría caliente si se hubiera levantado temprano —resolvió Sizta mientras le lavaba el cabello.

Después del baño Sizta seco a la niña y le coloco la ropa, un lindo y muy, pero muy abultado vestido color azul celeste. Por supuesto primero le coloco un fondo y un armador. Rachel odiaba los vestidos de fiesta. Luego le coloco las zapatillas del mismo color del traje, le recogió el largo cabello en dos colitas como siempre lo hacia, las colas tenían pequeños diamantes. La maquillo levemente y por ultimo ubicó la corona de la pequeña en su cabeza. Sizta la saco a arrastras del cuarto y la llevo a las afueras del palacio en un carruaje.

Cuando llegaron al hermoso prado donde se celebraba el cumpleaños de la princesa, bajaron del carruaje agarradas de la mano y fueron directo hacia los padres de Rachel, pero obvio, tuvieron que primero pasar por una multitud de personas a la cuales Rachel tuvo que detenerse a saludar educadamente, otra cosa que no le gustaba hacer para nada.

—Salude, sonría y asiente con la cabeza —Le susurraba Sizta de manera que solo ella pudiera escuchar, mostrando ella una amplia sonrisa.

—Si sonrió más mi cara se deformara —dijo Rachel usando el mismo tono que su niñera.

Cuando por fin logran llegar ante los padres de Rachel, El Emperador y La Emperatriz de Menchi, Trigon y Arella, Sizta se arrodilla y hace una alabanza mientras que Rachel hizo una menuda reverencia alzando las puntas de su vestido.

—Hija, hasta que llegas te estábamos esperando desde hace tiempo —habló su madre con su habitual tono sereno, recibiéndola con un beso en la mejilla.

—Fue mi culpa mi señora, no la quería despertar —Se echó la culpa Sizta para que Rachel no tuviera problemas.

—Mal hecho Sizta, se ve mal que la princesa no llegue a tiempo a los eventos sociales en su honor —La reprendió Arella sin levantar la voz.

—No se repetirá mi señora Arella —dijo Sizta bajando la cabeza obediente.

—Se que puedo contar con eso, Sizta —concedió sin mostrar molestia alguna. —Mira hija, todos han venido a festejar tu cumpleaños —dijo La Emperatriz a su hija alegremente.

Trigon tomó a su hija en brazos y se la colocó en el hombro. Él era un hombre grande y fuerte al que el peso de su hija le era insignificante.

—Gracias a todos por haber venido a la fiesta de mi única y querida hija, Rachel, y también quiero agradecerles por sus magníficos regalos —Se dirigió Trigon a toda la raza de buena cuna que estaba presente.

El Emperador giró sobre sí mismo y dejo ver a Rachel la montaña de cajas con envolturas brillantes, cada una más grande que la otra, que conformaban su montón de presentes.

—Los nuestros están en casa hija, ahora diles a los demás lo feliz que estas —Le dijo en voz baja a Rachel.

Rachel contorsiono su cara en una sonrisa nerviosa, no le gustaba hablar en publico, además que tenía un encuentro de emociones por dentro, la primera, era el trauma de ver tal exageración de regalos y la segunda el hecho de que esperaba que alguno le gustara.

—Este... gracias...este... son lindos...grandes... y brillantes...gracias por venir a mi fiesta y... que la disfruten —habló entrecordamente por buscar las palabras adecuadas y finalizó mostrando su mejor sonrisa, la cual la hacia verse más atemorizante que linda.

De cualquier forma todos la aplaudieron como si acabara de pronunciar un inspirador discurso.

—Debes mejorar tu dicción, hija —sugirió el padre a su hija bajándosela de su hombro. —Tendré que decirle a Sizta que lo hable con tu maestro de oratoria —pensó en voz alta —Ahora ve con tu madre, que yo debo atender algunos asuntos con los reyes de Sagostia —La deja luego de darle un beso en la frente.

Arella tomó de la mano a su hija y se la llevó caminando hacia tres personas.

—Te quiero presentar a unos amigos hija —informó Arella.

—¿A quienes esta vez mamá? —preguntó Rachel sin mucho animo, a cada momento le presentaban gente nueva.

—Al Barón y La Baronesa de Tamaran, el estado de mayor producción de gemas que tiene Menchi, soy muy amiga de La Baronesa desde hace mucho tiempo, además vinieron con su hija, te caería bien una amiga con quien jugar para que no te aburras en las fiestas —manifestó La Emperatriz con tranquilidad.

—¿Amiga? ¿Qué es eso? —inquirió la niña burlándose de su madre.

—¡Rachel! —exclamó Arella mirándola reprobatoriamente.

—Disculpa madre, solo era una broma —Se excusó la princesa recobrando la compostura.

Su madre simplemente rodó los ojos y le sonrió, mostrándole que no estaba molesta.

Llegaron y se encontraron cara a cara con los tres individuos, muy bien vestidos, ambos adultos portaban anillos idénticos en su mano izquierda, de oro macizo y con una gran piedra roja.

—Hola Arella, tanto tiempo sin verte, te presento a mi esposo, Myan —saludó la mujer de larga cabellera negra, alta y de esbelta figura señalando con ambas manos a su marido, el cual era pelirrojo y corpulento.

—Mucho gusto Mi Emperatriz, es un honor haber sido invitados a tal evento —agradeció Myan reverenciando a Arella.

—El honor es mío de que hayan venido, veo que la gitana ya es toda una señora de sociedad —dijo usando un tono misterioso, mirando a su amiga con complicidad.

Ambas rieron armoniosamente.

—Sí, hace tanto que me separé de mi comuna —expresó la eludida en un tono un tanto nostálgico. —Pero yo por Myan hubiera dejado cualquier cosa —admitió mirando con cariño a su marido. —Mira Arella, te presento a mi hija —indicó la pelinegra con orgullo.

—Ustedes platiquen mientras yo saludo al parlamento de Menchi, discúlpenme —inclinó la cabeza a su esposa —Querida —Luego se inclinó hacia adelante completamente para Arella —Su Majestad —Y dicho eso se marcho a donde estaban reunidos un grupos de hombres mayores charlando con copas en mano.

—Para ver a la niña, debe ser tan hermosa como tú —dijo Arella amablemente.

Una niña, bastante alta para su edad se ocultaba tras el vestido de su madre.

—Ella es tímida —explicó la mujer algo apenada —Su nombre es Korian, entre mi gente ese nombre significa "Estrella de fuego" pensé que la dotaría de carácter en un futuro, por favor hija saludo a La Emperatriz, se educada —ordenó a su hija.

Con eso Korian salió de su escondite, llevaba puesto un vestido igual de abultado que el de Rachel, tenía guantes hasta los codos de color lila igual que su vestido, el largo cabello rojizo suelto adornado con un bonito cintillo de zafiros, la niña sonrió.

—Un placer conocerla, Mi Emperatriz —saludó haciendo una elegante reverencia, colocando un pie frente a ella y agachándose un poco.

—Que linda es tu hija Luany, ella es la mía, Rachel, la cumpleañera —presentó Arella.

—Mucho gusto a ambas y gracias por asistir a mi celebración —dijo Rachel rápidamente, mostrando educación.

—Es tan segura cuando habla, debe de tener un carácter fuerte —observó La Baronesa.

—Ni te lo imaginas —soltó Arella suspirando resignada.

—Ojalá mi hija fuera un poco así, Kory es tan dulce —confesó Luany con fingida preocupación.

Ambas mujeres rieron, Korian le dedicó una sonrisa a Rachel, la cual le respondió levantando una ceja extrañada del gesto.

—Dejemos que se conozcan, mientras hablamos, te tengo que contar muchas cosas —propuso Luany colgándose del brazo de Arella.

—Yo igual, sabes que la inundación del año pasado causo... —Se fueron hablando animadamente.

Las niñas se quedaron ahí, paradas y mirándose.

—Hola —habló primero Korian.

—Hola —respondió Rachel cautelosa.

—¿Cuántos años estas cumpliendo? —Se aventuró a preguntarle la pelirroja sin dejarse intimidar por aquella seriedad que mostraba Rachel.

—Siete ¿Y tú cuántos tienes? —devolvió Rachel siguiendo la conversación.

—El mes pasado cumplí siete, que lindo somos de la misma edad —saltó Korian emocionada, pero inmediato se cubrió la boca y se sonrojó un poquito por haber tenido tal arranque.

Rachel le mostró una sonrisa de lado, esa niña... le agradaba, o algo así, le provocaba curiosidad, porque era más espontanea que los pocos niños que había llegado a conocer hasta ese momento, normalmente eran todos muy rígidos, parecía que ensayaran todo lo que decían y se la pasaban mirando para atrás a ver que les indicaban sus padres. Eran aburridos y faltos de carácter.

—Me gusta tu vestido —Halagó Rachel a Korian, ella era una niña de pocas palabras, así que la hija del Barón y La Baronesa debería sentirse de verdad reconfortada.

Rachel era una princesa, por lo tanto, se estaba criando en un mundo donde todo lo que salía de su boca era digno de aplaudir.

—Es tafetán y a mí me gusta el tuyo —Fue la simple y amable respuesta de la niña, sin agradecimientos de más y sin parecer una aduladora desesperada.

—Es de ceda.

—Me encanta la ceda, pero a veces me da picazón —admitió Korian haciendo un gestó muy gracioso.

—Yo estoy aguantando las ganas de rascarme en frente toda esta gente —reveló Rachel riendo un poco.

—Eres muy graciosa —dijo a Korian a Rachel.

—Eres la primera que lo dice —expresó la princesa, algo agradada —¿Sabes? Como soy la princesa por lo general las personas suelen ser extremadamente respetuosas conmigo, me tratan de superior, pero tú te comportas con mucha naturalidad y me tratas de igual, y admito que eso me resulta refrescante, no tengo que ser hipócrita contigo —comentó extendiéndole confianza a la pelirroja.

—¿Quieres jugar? —propuso Korian de repente, sin decir nada sobre lo que Rachel le acababa de decir.

—¿Cómo jugar?, si con este armador no me puede ni mover —dijo fastidiada.

—Yo tampoco, pero si nos alejamos un poco nos los podremos quitar para jugar, por allá, debajo de las mesas —insinuó la hija del Barón de Tamaran.

—Me gusta como piensas, niña —Se animó Rachel mostrando una sonrisa maliciosa.

—Ya sabes que me llamo Korian, pero dime Kory, suena mejor.

—De acuerdo, Kory —dijo Rachel conforme.

Así las dos traviesas se escabulleron de la fiesta hasta otro prado cercano, aunque antes se escondieron bajo una mesa de largo mantel para despojarse de las zapatillas, los armadores y los adornos en el cabello. Se dedicaron a correr por el amplio campo de flores silvestres, descalzas, con el cabello suelto, rasgando y ensuciando los vestidos, pero entre tanta diversión, ensuciarse no les preocupaba mucho. En un invento de Rachel, agarró y se montó en una gran roca. Todo parecía inofensivo y Kory se disponía a subirse con ella, pero inesperadamente Rachel perdió el equilibrio con un poco de brisa que sopló y se fue de espaldas por el risco hasta que cayó en la laguna que había abajo, de inmediato Kory se alarmo toda y salió corriendo a buscar ayuda deseando que a Rachel no le hubiera pasado nada.