—Entonces… ¿Qué negocios manejabas en Alaska, Padre? —los mayores dentro de aquella sala, sintieron la sorna con la que la palabra "Padre" fue pronunciada por Anthony.
Edward estaba recordando rápidamente, los negocios que Carlisle había manejado cuando vivían un tiempo por aquellos lugares, de hecho tenia un gran historial para contestarle al pequeñazo y dejarle la boca y mente déspota cerradita, sin tener la necesidad de mentir.
—Veras...
—¡Ya cállate, Anthony! —pero Edward fue interrumpido por Alice —No molestes a papa con esas cosas, lo importante es que esta en casa.
Alice observo el rostro de su padre, era tan hermoso. Parecía un dios griego. Casi podía imaginarse la envidia y sensación que causaría si su padre aceptaba llevarle el primer día de clases. Pero lo más importante, es que Alice les dejaría la boca cerrada a todas las niñas del curso que se atrevían decir que su madre era amante de su tío.
Edward sonrió ante el pensamiento de la chica.
—No vas a irte de nuevo, ¿Verdad, papa?
Ante la pregunta de Alice, Edward levanto el rostro hacia su amigo, que lo contemplaba desde una esquina. Con ese movimiento de cabeza no necesito ni siquiera leer su mente. Pero Edward no estaba dispuesto abandonar de nuevo a Bella y mucho menos a esos pequeños niños que le llamaban padre y le veian con tanta adoración, como hace algunos años le había visto su adorada oveja.
Y es que Edward no podía negar que jamás se había sentido, tan amado, venerado e idolatrado como en ese momento, ni siquiera con Bella. Amaba demasiado a Bella, y su afán de sobreprotegerla le había llevado a ser cosas estúpidas. Pero el no solo quería proteger esta vez, también quería querer, ayudar, sentir.
Por que solo al ver a esos cuatro niños sentados frente a el, llamándole padre, habían descubierto algo en Edward que no conocía. Además era como si se hubiera enamorado cuatro veces más de Bella, una cada vez más fuerte que la otra.
—Claro que va irse, si ya lo hizo antes que lo detendrá ahora
—Anthony —le reprendió su madre
—No. Déjalo —hablo Edward —Entiendo, yo tampoco creería en mi padre.
—Pero ya no vas a dejarnos, ¿Verdad papi?
La pequeña Nicole le contemplaba con esperanza.
—No por supuesto que no
Edward no tenía el don de Jasper, pero pudo sentir toda la tensión en el cuerpo de su amigo.
—¿Que hay en esta caja, papa?
—Su padre les ha traído un obsequio. —hablo por primera vez el tío Andre
—¡Un obsequio! —corearon los pequeños
Alice con sumo cuidado abro la caja, dejando salir, aun pequeño felino de pelaje dorado, hermosos ojos grises, un cachorro gatuno único en su especie.
—¡Es que no puedes decirles a mis hijos que no vas a dejarles! —mascullo con desespero en su voz entrando al despacho —Edward, esto es solo momentáneamente, ¿Entiendes? —le explico Andre, tratando de mantener su auto control para no gritarle. —No se que pase contigo Edward, pero se que hay algo que no es normal contigo. Pero no es algo que deba discutirte. Solo quiero decirte que por eso utilice tu nombre, por que sabia que no ibas a necesitarlo demasiado.
Edward le vio, pero el humano no supo si le veía con burla o furia. Y el vampiro lo supo de inmediato, lo supo justo cuando Andre llevo la mano a su corbata, intentando aflojarla.
—Solo quiero que me ayudes con lo que te eh pedido y después te vayas, ¿De acuerdo?
Edward no asintió, ni hablo. Solo observo al nervioso hombre frente a el con una envidia que jamás imagino tener.
Levanto la sabana de princesas hasta llevarla al hombro de la pequeña Nicole y se permitió depositar un beso en su mejilla, sintiendo como la pequeña se estremecía ante el contacto frió de su piel, mientras la veía sonreír entre sueños.
Apago la lámpara del cuarto de los pequeños y camino hacia el pasillo de la casa, donde una voz impidió que siguiera caminando, haciendo lo que nunca, escuchar a hurtadillas.
—… habías mencionado que era apuesto, mama —escucho suspirar a Alice —Pero nunca imagine que tanto.
—Nunca exagere, ¿ya te diste cuenta? —Edward casi sintió la sonrisa de Bella, casi.
—Nunca he dicho que exageras mama.
Las dos mujeres rieron.
—Pero por que tardo tanto en volver, se que habías dicho que fue en un intento de protegernos pero…
Edward se quedo pasmado ante ello.
Según el trato que el tenia con Andre, Edward había quedado en la quiebra antes de siquiera tener su imperio. Así que unos parientes que tenia en Alaska le habían ofrecido una vivienda y buen trabajo, siempre y cuando viajara solo. Para eso había tenido que abandonarles. Pero toda su vida había esto al pendiente ellos.
Esa era la historia que se suponía que todos debían saber, por la que Anthony le odiaba, por la que Nicholas y Nicole le idolatraban y por la que se suponía Alice debía quererle como le quería.
Justo cuando se suponía que todos dormían, Edward salio de la casa que según era su hogar desde hace años, no se explicaba la actitud de Bella, no podía leerle el pensamiento y ni tampoco hablar con ella, siempre estaban rodeados de los niños y del mismo Andre, pero lo que mas cohibía a Edward era con la facilidad que actuaba como si lo que estaba pasando, no pasaba en verdad, distraído en sus cavilaciones, como si fuera un mortal normal iba reflexionando ese día. Pero algo detuvo sus caminos.
Respiraciones agitadas y forcejeos se escuchaban tras los botes de basura del callejón a dos calles de la casa de Bella y sus hijos. Imaginando a alguien en peligro se acerco un poco más a echar un vistazo.
—Basta, Damián —escucho la voz sofocada de Anthony entre la oscuridad —Esto no esta bien.
Imaginando lo que estaba pasando camino un poco mas y los vio.
Anthony, estaba contra la pared, agitado y sudoroso. Mientras un chico, que se suponía que era "Damián", trataba de devorar su cuello, pero no a como Edward solía llamar la decoración de cuellos. Aquel muchacho estaba violando a quien según a los ojos del mundo era su primogénito.
Edward carraspero tratando de llamar la atención de los jóvenes, lo cual no servio de nada. Volvió a serlo y obtuvo el mismo resultado.
—Anthony —le llamo
Al escuchar la voz de su padre, solo pudo aventar a Damián contra lo que fuera. El objetivo era retirarle de su persona, en su mente no cabía otro pensamiento más que "Estoy enmierdado"
—Mierda —escucho a Damián murmurar.
El chico se levanto de inmediato limpiando sus ropas.
—Mire señor no es lo que parece.
—Papa —escucho la voz de Anthony
—No hacíamos nada de lo que parecía, señor
—Yo solo… papa
—De todos modos no iba a pasar nada, yo no me aprovecharía. Señor Masen.
—No se lo digas a mama
—Anthony ni siquiera quería.
—¡cállate quieres! No ayudas Damián.
Al ver la cara de diversión en el rostro de su padre, Anthony sintió tanta rabia que solo quiso huir de ahí, había sido un idiota en seguir sus instintos, en creer en las palabras de Damián con que lo que hacían era normal y no era una aberración o sinónimo de burla, como le habían enseñado. Tomando su chaqueta, salio del callejón, salio caminando ignorando los llamados de un incomodo Damián.
Sintiendo los pasos tras el, sabia que nada iba a quedarse así, ¿Por qué su vida era tan difícil?
—Si quieres que me vaya de la casa, para no decirle a mama, dilo de una vez —para enfrentarle —Pero de una vez te aviso que negare todo y voy a quedarme.
—¿Piensas negar lo que eres solo para complacer a los demás?
—Es para complacerme a mi mismo.
—No Anthony — le aclaro poniendo una mano en su hombro —Lo que acaba de pasar no tiene nada de malo
—Por favor —bufo el chico —No te burles de mí
—Tu madre sabe de esto.
—Me mataría si lo supiera
—No lo haría.
—Claro que si —le miro con furia —Ella lo pensaría, pero el tío Andre la acabaría convenciendo como todo el tiempo. Estaría en una clínica para sanar mi enfermedad.
Edward estaba seguro que si Esme hubiese escuchado a Anthony y pudiese llorar lo abría hecho.
—Amar no es una enfermedad, hijo —se sintió extraño, ladrón al pronunciar la ultima palabra. —Amar es lo único que salva este mundo.
—Dos hombres no pueden amarse papa —las lagrimas salían de sus ojos, que aclamaban cariño y comprensión —Es una aberración, soy un mounstro.
Las últimas palabras calaron fuerte en Edward que sin poder evitarlo, tomo al chico de sus hombros zarandeándolo
—Tu no sabes que es ser un mounstro, ni que es vivir en la oscuridad —Anthony no dejaba de verle anonadado —Así que no puedes venir y lloriquear que lo eres.
Como pudo el chico, se soltó de su agarre, y ahora en su mirada no había nada más que odio.
—Tu no me conoces —le grito —No te me acerques, no se a que volviste
Dándose media vuelta, Anthony salio huyendo de ahí
Edward se pateo mentalmente al ver actuado así, nunca había sido homo fóbico, por el simple hecho de que sabia que no había mas aberración que su propia especie, sin embargo jamás imagino lo que un chico como ellos podría sufrir, lo que los humanos podían sufrir.
Suspiro, esta nueva vida era muy difícil, no solo tenia que aguantarse las ganas de hablar con Bella. debía mentirle a cuatro niños, fingir ser su padre para después desaparecer o idear un plan para llevarse a la familia entera sin matar a su amigo y ahora, se enteraba que su hijo mayor estaba descubriendo su sexualidad de la peor forma.
¿Cómo iba a salvarlos? Solo esperaba que pudiera salvarles a tiempo.
