FIC

Mi princesa del mar

Por Mayra Exitosa

Una niña

Candy estaba asustada, no había mujeres en el barco, solo hombres de mal aspecto, el único atractivo, era el capitán y resultaba ser el más rastrero. Amarrada como si fuera súperman, como podía trataba de liberarse, pero entraba un hombre y la desataba, después sin esperarlo la lanzaba al agua, dejándola ahí, estaba fría, tenía que moverse, miro a las estrellas, tratando de buscar guiarse para regresar al menos al último lugar del que zarpaban, el cansancio la vencía, y notaba que se acercaba nubes, no podía quedarse dormida, tenía que continuar hasta donde pudiera, tal vez ya no tenía pruebas, pero jamás olvidaría los rostros de esos hombres.

- ¡Dios! ¡No me abandones!

En la playa, todo era un éxito, los chicos estaban fungiendo bien su papel, lucían atractivos, atraían a las chicas, se vendían más bebidas, estaban realmente funcionando las cosas, deberán contratar modelos para después de los salvavidas que había, pues ahora estaban mejorados, la piel bronceada de Niel era una de las más atractivas de la bahía, su sonrisa de satisfacción al notar como las huéspedes se lo comían con la mirada.

- Creo que esta noche, dormiré muy bien. Comentaba con doble intención Niel, a Tony, viendo a una joven bronceada que se mordía el labio, coqueteándole.

- Ya veo, a Tom le va mejor, al parecer está pasando desapercibido con el sombrero y nadie lo reconoce.

- Por favor, este es nuestro nivel, quien va a conocer a un ranchero en este lugar.

- Pues tiene más éxito que tu. Al menos el dormirá más acompañado. Dos modelos se unían a él siguiéndolo por el pasillo, dejando a Niel con las quijadas sueltas, este agregaba,

- ¡Falta que pueda!

- Te aseguro que tiene fama en el rancho.

En la entrada del hotel, se reportaba Elisa Legan, pidiendo hablar con su hermano o su tío, venía a unirse verlos. William fue avisado y sonreía moviendo su cabeza de un lado a otro, pensaba que Sara no confiaba en él y ahora mandaba a Elisa para que le pasara comentarios del trato que le daban a su hijo. Sin embargo, aun así la recibía y explicaba detalladamente la situación, que ella no podía unirse debido a la capacitación que ya habían tomado, pero que disfrutara de las vacaciones.

- Muchas gracias, Tío William, tu eres todo un caballero, pero si llama mi madre, dile que estoy trabajando junto a mi hermano, no quiero tener problemas.

- No voy a mentir por ti, Elisa, dile tu lo que desees, no hablare ni explicaré nada.

Al salir del pasillo, Elisa reconocía a Tom, con su mirada expresiva, veía como dos mujeres con sonrisas traviesas lo tomaban de la cintura, Elisa sentía un rayo atravesarse en su interior, no comprendía porque, pero miro con molestia a Tom, quien al sentir su reproche este como todo un caballero, les pedía a las señoritas que continuaran y que él, las alcanzaría, así después saludaba a Elisa,

- Buenas noches, señorita Legan.

- Tu ¿qué haces aquí?, ¡Porque estás con esas mujeres? No te harán nada bueno, puedo asegurártelo.

- ¿Ah sí? Y… ¿Quién haría algo bueno por mí? ¿Usted?

- Yo… yo… solo te advertía, Tom, esas mujeres pueden… no sé… abusar de ti.

- ¿En serio? Preguntaba divertido y pícaro Tom, lo que le extrañaba era como lo miraba Elisa, quien siempre lo trataba mal, ahora parecía preocupada.

- Si. Ella hablaba nerviosa, no entendía porque se preocupaba por ese ranchero, pero… era su conocido y esas mujeres no se veían bien, al menos no sus intenciones.

- Creo que, eso no debe preocuparla ¿O si, le preocupa?

- Es que… Tom, nunca has estado aquí… ese tipo de mujeres pueden, no sé, quitarte el poco dinero que tienes y… te dejaran sin nada, con que volverás al rancho, no creo que puedas venir a buscarme y… pedirme dinero a mí, ese no es tu estilo ¿O si?

- Por favor, Señorita Elisa, me cree tan poco hombre.

- No, pero… Elisa miraba su pecho bronceado, sus abdominales marcadas, se le secaba la boca, Tom estaba notando que Elisa lo apreciaba, al menos le atraía y ahora no podía disimularlo, estaba con la mirada fija en su entrepierna, a ella si le hacía falta usar lentes de sol. El vio que su vestido corto mostraba una mujer bastante hermosa, pero jamás se rebajaría a estar con un hombre como él, ¿o si?

- Bueno, para que no me hagan daño, esas señoritas, le parece si me doy una ducha y… la invito a cenar, cuando la vean a usted, se irán.

- ¿Se irán?

- Si usted quiere ayudarme.

- Bueno, bueno…

Stear miraba a una chica tímida, haciendo platica con ella, esta no era igual que las demás y él se daba cuenta, así la invitaba a salir en su día libre,

- ¿Una cita?

- Por supuesto, solo si aceptas, será una cita.

- Nunca he tenido una cita.

- Pues será un honor, ser el primero.

- Este bien. Será una cita.

Por la noche, Albert caminaba en la playa dando ya el último turno para ver que todos se alejaran, cubriendo a dos de sus sobrinos que ya se habían retirado. A lo lejos vio a una niña, boca abajo. Corría con toda la velocidad que podía abriendo sus largas piernas, hasta llegar a ella.

- ¿Pequeña? Al girarla,

No era una niña, era una joven estaba fría, pero aun respiraba, la tomaba en sus brazos y la llevaba al primer puesto que encontraba, la cubría de inmediato, tratando de que tomara calor, se quitaba la camisa, y le quitaba la ropa húmeda, la abrazaba y sobaba tratando de darle calor con su cuerpo. Apenas y abría sus ojos, la luz escasa, no podía hacer más. La envolvía con una manta uniéndola a él. Subía a un jeep y se iba con ella en su pecho. Hasta el hospital más cercano.

- Estaba en la playa, se encuentra muy fría, tal vez tenga hipotermia

Albert se quedaba ahí como si fuera un familiar, en la misma habitación de ella, sentado tomaba un poco de descanso, ella despertaba y lo veía.

- ¡Hola!

- ¡Hola! ¿Cómo te sientes? ¿Te encuentras mejor? ¡Llamaré al médico?

- Espera, ¿cómo llegue aquí? ¿Quién me sacó del mar?

- Te encontré en la playa, estabas boca abajo, soy… salvavidas y… estaba en mi último rondín.

- ¿Salvavidas? ¡Qué bien! Me arrojaron de un barco, un yate, robaron especies de varios tipos, se dirigen a Europa, fui… yo…

Candy se desvanecía, el de inmediato la revisaba, aplanaba el botón de enfermeras, pero el ahora la admiraba más, estaba salvando especies, debía ser alguien de Greenpeace.

De inmediato se comunicaba dando su descripción, efectivamente era una activista de Greenpeace, ellos le pedían, más bien le rogaban protección para ella, había grabado y enviado a esos hombres, sabían quiénes fueron y estos ya tenían una ubicación, ahora lo único era proteger a Candy y que nadie la viera.

- Me hare cargo de eso, dile que estaré personalmente cuidándola, no me alejare de ella.

- Es hija de un empresario muy importante, si algo le pasa, nos la quitaran para siempre.

- No te preocupes, me la llevare en estos momentos al hotel, estará conmigo y veré que mi personal la cuide.

- William, en la grabación que ella envío, se veía tomando dinero a Walter Crawl.

- ¿Qué dices? ¡Eso es imposible! El recauda dinero para salvar a las especies.

- Si, y es probable que diga que estaba salvando especies, pero la chica que está contigo, es hija de uno de los empresarios norteamericanos que más cuida de las especies en toda América, así que ya te imaginas, de donde la pasión de ser activista, es muy valiente, no sé como lo logró pero envió el video no solo a nosotros, lo envió a muchos lugares, dijo que nos mandaría otro video si podía, pero la atraparon y mira las consecuencias.

- Está muy débil, debe ser falta de alimentos, veras que me hare cargo de ella, no le faltará nada, te doy mi palabra que estará junto a mí.

- Imagina que hubiera caído en manos equivocadas.

- ¡Dios! Esto será un escándalo enorme.

Albert con la advertencia y conocimiento de lo que probablemente había visto la joven, no la dejaba en el hospital, se la llevaba de inmediato al hotel y la llevaba a su suite privada, ahí pedía servicio trayendo alimentos y cuidando hidratarla.

- No te preocupes por nada, mi nombre es William Albert Andrew. Cuidaré de ti.

- Tengo que comunicarme.

- La grabación que enviaste a Greenpeace, ese hombre que grabaste era uno de los recaudadores de ingresos para salvar especies, es muy poderoso y… temen por tu vida. Lo mejor será que no hables con nadie, sin embargo, este es mi celular, puedes hablar a tu familia y decirles que estás protegida y que te encuentras bien, aquí no diremos tu nombre, nadie sabrá de ti, te ocultaré todo lo que pueda.

- ¿Estás seguro? No creí que fuera… personas tan importantes yo…

- Lo es, mande tu descripción cuando me dijiste, me comunique con las personas adecuadas y… me alegro de haberlo hecho, pudiste estar en peligro si alguien más te hubiera encontrado.

- ¿Estas a favor de salvar a las especies en extinción?

- Por supuesto, cada año organizamos eventos para la recaudación de ingresos para Greenpeace, conozco a todos los jefes importantes y quienes realmente están protegiendo que esos ingresos sirvan para ese fin.

Candy cerraba sus ojos, la cama bullida y suave, la hizo quedarse de inmediato dormida, había nadado y flotado lo más que podía, no sabía como, pero Dios la había ayudado y ahora todo decía que se encontraba a salvo, su agotamiento no la dejaba comer, Albert se preocupaba, traía líquidos y la levantaba poniéndolos directamente en su boca, a lo que ella despertaba y se veía en una bata de hospital y preguntaba,

- ¿Mi ropa?

- Estabas mojada, tuve que quitarte las prendas, te comprare otras.

- ¡Tu! ¡Pervertido!


Bueno gracias a Paula que cumplirá años el lunes subo otro capítulo para ustedes, deseando sea de su agrado, espero que lo disfruten ;)

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa