En cuanto colocó la cabeza sobre la almohada se dio cuenta de que, como le pasaba cada noche, no podía dormir, y menos después de lo que había pasado minutos antes con Scorpius. Entonces decidió que debía seguir el consejo de Faith y comenzó aquel examen introspectivo que había pospuesto desde hacía mucho tiempo.
La primera vez que se había sentido un poco confundida (y herida) fue cuando dos años antes, Scorpius había ido de visita a la Madriguera, dos semanas antes de entrar a su cuarto año en el colegio. Él, Albus, James, Fred y Hugo salieron a jugar un partido de Quidditch. Les faltaba un jugador y todos a coro la llamaron.
—Juega, serás nuestra cazadora –ofreció Albus. James objetó inmediatamente.
-Rosie es una niña, se puede lastimar y no quiero morir en manos de mi tío –dijo.
Rose no quería ser la razón por la que los hermanos Potter riñeran durante quince minutos más antes de comenzar a jugar, así que incluso antes de que le preguntasen, ya había decidido que no jugaría si eso los mantenía a raya, pero entonces Scorpius intervino.
-Yo no le veo el problema, James, Rose es buena jugadora –comenzó, antes de que Rose pudiera agradecer el comentario, el rubio había hablado de nuevo -,además es una de nosotros.
Ella había fruncido el ceño, no comprendía exactamente si "ser una de ellos" era algo bueno o la convertía en un chico. Esa noche no pudo dormir y a la mañana siguiente fue con su padre y le pidió una razonable cantidad de galeones para costear un poco de maquillaje, ropa con encajes y zapatos que hacían juego con aquella ropa que lo único que le trajeron fueron burlas que al final concilió con un equilibrio logrado entre su personalidad y un estilo femenino.
Y ahora sentía ganas de llorar, Scorpius la veía como una de los chicos, una amiga con el cerebro suficiente como para salvarle de sanciones por entregar tareas incompletas, con la paciencia que se requería para escuchar sus problemas y además resolvérselos…Ya no le parecía suficiente.
Se negaba a aceptar que ser su amiga le molestaba por las limitaciones que el título conllevaba, todo lo justificaba –incluso cuando esa vocecilla molesta la contradecía –con el simple argumento de que Scorpius era in insensible egoísta y que era hora de que ella pidiese algo a cambio…Como un buen encierro con él en algún armario del quinto piso.
Sacudió su cabeza con la esperanza de borrar aquella imagen mental. No lo logró, frunció el ceño antes de cubrirse completamente con las sábanas de su cama.
Scorpius rodó por enésima vez en su cama. Aunque había sido capaz de completar su ensayo de pociones sin la ayuda de su pelirroja y aparentemente voluble amiga, la discusión de antes no abandonaba su mente.
Jamás creyó que Rose lo confrontara de esa forma, mucho menos que se sintiera de esa forma. Pero si debía ser honesto (característica que no definía a los Slytherin, precisamente) la chica tenía algo de razón. No podía pensar en una sola ocasión en que él hubiese solucionado algo por ella, terminado algún deber o, por lo menos, reservar un lugar en la mesa de su casa durante el desayuno…No que él pudiese despertar antes que Rose…Aún así, reconocía que si algo había hecho mal, había sido no corresponder las buenas obras de la "pequeña Weasley", como su padre la llamaba.
Como era de esperarse, la dinastía Weasley/Potter no mantenía con la familia Malfoy una relación estrecha. De ahí que, cuando Rose anunció que era su deseo invitarlo a él a pasar la Navidad en la Madriguera, el señor Weasley hubiese pegado el grito en el cielo al tiempo que su piel se tornaba roja, casi morada…según palabras de Albus Potter (el único familiar de Rose con quien mantenía una relación más o menos estrecha), un Gryffindor bastante admirable, respetable y modesto como su famoso padre.
El sueño lo invadía poco a poco y antes de caer completamente en los brazos de Morfeo, un nombre escapó inconscientemente de sus labios: -Rosie…
-Lo de ayer…
La frase murió antes de que el rubio pudiera hablar completamente. Rose había levantado una mano para detenerlo. Cerró la boca y concentró toda su atención en los ojos azules de Rose. Se sumergió en una serie de pensamientos que lo llevaron a notar el aro color miel que rodeaba las pupilas de su amiga, de una manera tan exacta y casi imperceptible…
-¿Escuchaste algo de lo que acabo de decir? –inquirió ella, por supuesto Scorpius no sabía de qué coño le hablaba y se le ocurrió que la mejor salida era encogerse de hombros. La joven se llevo una mano a la frente, negó con la cabeza y se dio media vuelta para dirigirse a la mesa de Gryffindor, donde todos, absolutamente todos sus primos la esperaban.
Scorpius la sujetó por la muñeca y con voz implorante le pidió que no se fuera, le había reservado un asiento junto a él y esperaba que esa fuera el primer paso hacía…lo que fuera, esperaba que ella lo perdonase por ser tan cabeza dura con eso de los sentimientos.
La comisura de sus labios dudaron un poco antes de convertirse en una linda sonrisa. Ella asintió y se sentó junto a él, poco a poco volviendo a las charlas sin sentido y las miradas cómplices que compartían.
-¿Qué fue lo que dijiste antes? –preguntó, refiriéndose a lo que no había escuchado por estar…distraído con los ojos de sus amiga, mientras salían del Gran Comedor para dirigirse a su primera clase: Pociones.
Rose dudó un poco antes de repetir el monólogo que tenía preparado a manera de disculpa. El chico escuchó todo con atención y sin más pasó un brazo alrededor de los hombros de Rose y la apretujó levemente, sin notar el ligero sonrojo de ésta (imperceptible ya que, afortunadamente, no había heredado esa vergonzosa característica Weasley).
-Yo debo disculparme también –sonrió de lado antes de liberarla -,debí darme cuenta antes de mis tonterías ¿por eso has estado tan distante?
-Mmm, –dudó y por respuesta sólo le dio un ambiguo encogimiento de hombros que él interpretó como pudo o como quiso.
¿Qué demonios? Pensó cuando Scor invadió su espacio personal, algo que no hacía desde que tenían catorce y en la Navidad Weasley, como el rubio la había bautizado, habían quedado atrapados bajo un muérdago cortesía de los hermanos Potter…los TRES hermanos Potter.
El recuerdo era vergonzoso y a la vez provocaba en Rose algo de anhelo por aquella relación menos complicada, en la que ese simple beso navideño había sido precisamente eso: simple.
Le agradó entrar a su primera clase y no pensar en nada más que en ingredientes, causas, efectos y totalmente predecibles y dentro-de-su-control, resultados. De hecho en todo el día no tuvo razones para molestarse, excepto tal vez la guerra de comida que algún imbécil de quinto había organizado en la mesa de su casa.
Al ver el alboroto, ella y Scorpius habían corrido hacía la mesa donde Albus, James, Lily, Fred, Roxanne, Louis, Molly, Lucy y los gemelos Scamander, les dieron asilo y comida.
-Sí, nada como una cena con los Gryffindor –dijo Scorpius antes de abalanzarse sobre el puré de papás y un estofado de agradable aroma. En cuanto probó el primer bocado no pudo reprimir un gemido de satisfacción que provocó serios cambios en el pigmento de las mejillas de Molly y Lucy, quiénes, contrario a Rose, eran terriblemente Weasley.
James rió por lo bajo, Albus rodó los ojos y Rose casi se ahoga con el jugo de calabaza.
-Disculpen mi despliegue de sensualidad, jóvenes damas –bromeó Scorpius con las menores del clan Weasley. Con doce y catorce años respectivamente, las hijas de Percy eran fácilmente impresionables…gracias a las estrictas normas de su padre, claro. A veces Rose se preguntaba cómo esas niñas sobrevivían a la vida cotidiana que en su opinión, se asemejaba al entrenamiento militar que veía en películas norteamericanas –,pero por alguna razón, la comida en esta mesa siempre sabe mejor.
-Algo de relación tendrá con que en esta mesa sirve una ferviente fan de Dobby "El elfo libre" –explicó Fred, su hermana gemela asintió vehementemente.
-Aunque también puede que tenga que ver con aquella elfina que es admiradora de Hermione Weasley, liberadora de los elfos -,corrigió Hugo, quien acababa de llegar corriendo desde nadie sabía dónde.
-No –intervino Lorcan Scamander
-Será que hay algún elfo seguidor incondicional de "El quisquilloso"-completó Lysander, con tono burlón.
Rose rodó los ojos y sonrió un poco. Lysander guiñó un ojo en su dirección, entonces rió abiertamente y golpeó suavemente el antebrazo del mellizo que no era rubio ni tenía ojos verdes.
De hecho, si no eras buen observador no podías percatarte de que eran gemelos. Lysander de complexión robusta y unos centímetros más alto, cabello castaño y ojos color miel contrastaba con el delgado y rubio ojiverde que era Lorcan, sin embargo, el resto de sus facciones eran idénticas: la forma de la nariz, los ojos, los labios prominentes y "besables" como Lily sutilmente lo ponía.
En ese momento, la imagen de dos niñas rubias, pecosas e idénticas, exceptuando el color de los ojos, atravesó su mente y dirigió una mirada perturbada hacia su amigo que ahora charlaba animadamente con James, Fred y Roxy.
Prefiriendo ignorar las nauseas y el nudo que se le había formado en el estómago al notar que esas niñas se parecían demasiado a Scorpius, sonrió: ¿quién hubiera dicho que un Malfoy, y además Slytherin, se convertiría en parte del reducido círculo de amigos de la familia Weasley-Potter?
Una semana después el nudo en el estómago no había desaparecido y las náuseas en lugar de disminuir, habían aumentado, no dejaba de vaciar el contenido de su estómago cada vez que ingería alimento. Todos sus primos lo habían notado, ¡demonios! Incluso la odiosa de Priscila Parkinson lo había notado, y contando con que la estúpida pelinegra tenía como misión en la vida ignorar a Rose…
-Ya –espetó Scorpius, sobando la espalda de Rose y sosteniendo su cabello, mientras ella sujetaba el inodoro con el que mantenía una relación bastante estrecha desde ese jueves en la mañana –ahorita mismo iremos con Madame Goliat
-Tal vez muera como yo –celebró Myrtle.
-De todos los baños teníamos que terminar en éste –murmuró el chico antes de mirar a la fantasma con desprecio
-No es necesario que…
Lo que Rose consideraba innecesario se volvió enigma cuando una nueva oleada de jugos gástricos amenazó con abandonar su sistema. Scorpius suspiró y se puso de pie tras asegurarse de que su amiga estaba bien.
Tenían un periodo libre y, a pesar de las quejas de Rose, lo pasarían en la enfermería y no en la biblioteca. Al llegar ante Madame Goliat, la enfermera de mediana edad, arrebató a Rose de los brazos del muchacho y la arrastró hacía una de las camas.
