Capítulo 2
La ruta del cadáver I
«¿Quién anda ahí?»
Uno de los thestrals recibió a Hagrid junto al camino. El semigigante le ofreció algunas de las galletas que le quedaron del viaje a Londres. Contento de volver a su cabaña, no vió las tres sombras que corrían desde el huerto.
En la mañana, se dio cuenta de que andaba corto de leña, para prepararse un té antes de la comida. El hacha necesitaba urgentemente otra agarradera, pero aún se podía usar con la vieja si se tenían algunas precauciones. Las cuales olvidó al segundo hachazo contra el tronco caído. La cabeza del hacha salió volando, y aterrizó con un ruido seco detrás del huerto.
Con la agarradera en mano, Hagrid caminó al bosque. Fang ladraba enloquecidamente a unos metros de donde se suponía estaba el resto del hacha.
«¿Qué ocurre, Fang? Oh...»
El profesor Gilderoy estaba tendido a un metro del hacha. Quizá salió a caminar temprano, con la mala suerte de que el hacha lo golpeó. Hagrid se agachó a disculparse, pero el hombre no reaccionaba. No podía oirlo. No tenía pulso.
El semigigante entró en pánico. Mató un profesor. Lo regresarían a Azkabán. Si lo encontraban...
Puso a Gilderoy sobre sus hombros, y con las zancadas que solo un semigigante en apuros podía dar, alcanzó la cancha de Quiditch en unos minutos. Mientras pensaba en algo mejor, la parte de atrás de las gradas estaría bien. Para sacarlo disimuladamente después, lo envolvió en un saco con algunas escobas viejas.
De regreso se topó a Filch, que tenía que arreglar la cerradura del armario de Quidditch antes de que Hooch enloqueciera. Hagrid estuvo tentado a pedirle que le ayudara a abrir un pequeño compartimiento en el suelo de la cabaña.
Desafortunadamente para Hagrid, para cuando terminó el compartimiento, Gilderoy ya no estaba bajo las gradas... Los alumnos de Gryffindor ensayaban en la cancha, pero según Wood, no había pasado nada raro (excepto que Harry salió temprano). Ahora sí que estaba en un problema peor que la acromántula...
Sinceramente¿no pudo Hooch hacer un alohomora y abrir el maldito armario? Noooo, tenía que llamar al prefecto, que si una bruja no podía con una puerta cerrada, un squib quizá se encargaría. Los leones ensayaban en sus escobas pero ni siquiera notaron a Filch.
Le costó un poco de trabajo forzar la cerradura. Filch sonrió ante un trabajo bien hecho. Se dio una vuelta por el campo, para ver si podía reportar a alguno de los Gryffindors rezagados, pero solo encontró un costal de escobas bajo las gradas. Lástima. Aventó el costal al armario sin poner mucha atención, y salió a buscar a la profesora para avisarle que su cerradura estaba destrabada
Hooch volvió al campo un rato después de que los Gryffindors terminaron la practica. En la mañana le pidió a Filch que destrabara la llave del armario, pero no lo encontraba por ninguna parte. En el castillo le dijieron que salió a buscarla al campo, pero tampoco estaba ahí.
No del todo resignada, Hooch intentó por última vez con las llaves. Para su sorpresa, la puerta cedió. ¿quién hubiera pensado que la puerta iba a arreglarse sola, como si el prefecto la hubiera arreglado? Tal vez tuviera algún peso mal apoyado y por eso no abría. Quizá ese saco de escobas desacomodado. Oh, claro, también el cadáver de Gilderoy.
El armario era muy pequeño, lo suficiente para asfixiarse en unas horas. ¿Cuánto tenía cerrado el armario? Desde la noche anterior. ¿Quién lo cerró? Ella misma. ¿Qué hacía el profesor ahí? No importaba. ¿Avisar? No. Calificaba como homicidio imprudencial. ¿Esconderlo? En una escuela con tantas personas, alguien se iba a dar cuenta, lo pusiera donde lo pusiera. Necesitaba a alguien con más contactos.
Poppy. La entrenadora le había ayudado una vez con su embarazoso asunto de las esposas¿no? (n de a: Oo). La enfermera sabía guardar secretos, cuanto más un muerto.
La entrenadora tenía muy buena condición física, o no habría podido cargar un bulto de ese tamaño. Creía haber visto a Potter, Granger y Weasley agazapados en alguna parte, pero no identificaba donde, así que tuvo que dar un enorme rodeo antes de llegar al castillo. Con los alumnos cenando, nadie se interpuso entre ella, Gilderoy y la enfermería. Puso al profesor sobre una de las camas. Esperaría a Poppy sentada ahí mismo, si es que tardaba.
La puerta se abrió, pero no era Poppy sino el joven Longbottom, que de alguna manera se las arregló para trampar su puño en un estrecho vaso para jugo. ¿Por qué nadie le hacía el favor de matarlo de una vez?. Hooch cerró las cortinas de la cama de Gilderoy rapidamente. Esperaba lo suficiente para que el alumno no distinguiera quién estaba acostado.
«Ah... ¿la señorita Pomfrey?»
«Vendrá en un momento»
«¿Usted también se accidentó?»
«Esteee... creo que iré a buscarla»
La entrenadora corrió a buscarla. Con tal de que Longbottom no abriera la cortina...
«Neville¿Qué haces de ese lado? Hace seis meses que dijiste que tu cama era la de allá»
La enfermera regularmente no se tomaba esas libertades con el alumnado, pero Neville pasaba tanto tiempo en la enfermería que estaba tentada a designarle también un casillero para su ropa.
«Es que...» Longbottom le mostró triste su mano atrapada en un vaso.
«Oh, Neville, trae acá» La señorita Pomfrey examinó la mano de su alumno preferido (gracias a él, Dumbledore por fin iba a traerle una ayudante) «Al menos no es el telescopio de antier» Conjuró un hechizo de fragmentación muy suavecito, para no quebrarle la mano al accidentoso Gryffindor. «¿No se te quedó ningún vidrio?»
«No... muchas gracias» Neville corrió, a ver si todavía alcanzaba el resto de la cena
Poppy fue a poner un poco de orden. Había alguien en la cama del fondo. Apenas levantar su mano supo que estaba muerto. Muy, muy muerto.
¡Santo Merlín¡Perdió un paciente solo por no verificar¡Eso simplemente no era tolerable! Ahora tendría que dar muchas explicaciones. ¡Las fanáticas de Gilderoy iban a lincharla¡Ella quisiera lincharse, en ese momento!
No merecía un problema así. ¿Quién merecía, en verdad, un desastre de esos?. Humm, ahora que recordaba, le debía una linda venganza a cierta profesora de Herbología que un buen día la dejó esposada en circunstancias que no venía al caso recordar. Apoyó el cadáver en la ventana.
«¡Inverso Accio!»
El profesor voló como una escoba, totalmente rígido. Afuera del invernadero, la profesora Sprout gesticulaba amenazante hacia la ventana de la enfermería. Poppy, satisfecha con su trabajo, cerró las cortinas y bajó al comedor por dulces para rellenar el refractario de la entrada.
El gran bulto aterrizó delicadamente por una ventana abierta en el invernadero. Si algo había que reconocer de Poppy es que era tiernísima hasta para las venganzas. Seguramente la muy perra todavía estaba enojada por lo de las esposas.
Pensando en un costal lleno de bludgers o alguna joyita por el estilo («Esto seguramente lo planeó con Hooch»), la profesora Sprout preparó un hechizo de escudo antes de acercarse. Sorpresa, su "regalo" ya era incapaz de atacar a nadie.
Cierto, podía avisar pero la sola idea de tener un montón de magos del ministerio hurgando en su invernadero le revolvía el estómago. No podían ser más peligrosos para sus plantas que, digamos Hagrid, pero le preocupaban los otros... "regalos" que en un par de ocasiones había usado para fertilizante. Lo peor es que no era época de preparar abono al aire libre, y su bodega estaba llena.
Llegaba a su mente un solo lugar perfecto para eso. Bajo la sala común de Slytherin había una cava en desuso, que nadie tocaba desde las épocas de los Merodeadores. Solía ser la reserva de licor de las serpientes, pero gracias a una remodelación involuntaria (una explosión o algo así) quedó incomunicada con la casa. Recordaba lejanamente que el profesor Snape le comentó que había una entrada desde las cocina pero los elfos no solían entrar. Podía cargar a Gilderoy en el carrito donde regularmente les llevaba raíces a los elfos.
Dicho y hecho. Todavía había algunos alumnos caminaban por el pasillo, pero no dieron problema. Los elfos preguntaron que llevaba, a lo que solo respondió "patatas", y les pidió que no las tocaran. La puerta apenas estaba trampada. En un sitio tan oscuro que igual hubiera dado tener los ojos cerrados o abiertos, solo se preocupó por cerrar bien la puerta. Poppy iba a tener una muy seria conversación esa noche...
Ya había un boquete en esa parte de las escaleras, pero cuando Crabbe y Goyle cayeron juntos, abrieron la ruta al paraíso. Los vinos más nuevos llevaban veinte años de reposado. Y claro, un Malfoy tenía que administrarlo
Esa noche, la cava estaba apartada para las chicas de segundo y sexto. Una pijamada o algo así, el caso es que la cava no podía quedarse sin vigilancia y el "pobrecillo" Draco se "sacrificaría" a cuidar a las chicas de las botellas y a las botellas de las chicas. Blaise se ofreció a cuidar a Draco de las chicas y las botellas (o para cuidar a las chicas y las botellas de Draco) pero el rubio valientemente apechugó con toda la responsabilidad (n de a: Oh, si pudiera estar ahí... momento, puedo! ) aunque seguía preocupado porque una psicópata rubia de sexto amenazaba con ponerlo ebrio (n de a: y no lo compartiré:p)
Draco bajó las escaleras para asegurarse de que todo estuviera en su lugar. Mientras el jóven Malfoy arreglaba el champagne esmeralda por estricto orden de cosechas, Pancy dio un grito especialmente agudo
«¡Ahhhhh!» Parkinson agitó los brazos como si Draco no estuviera a dos metros «Alguien... alguien... ¡alguien fastidió mi crema de mandrágora!»
«Uh, que contingencia» Draco se refería más al escurrimiento del fabuloso cosecha 1764 que al dip
«Drakie, ven y arreglalo¿si?»
Cara perro se podía poner muy necia y no embriagarse si Draco se negaba, así que el rubio fue a ver que se podía hacer, cuidando de no desacomodar las bolsas de dormir que esperaban a sus dueñas
«Pancy...»
«Porfa, porfa, porfa, arréglaloooo»
«Pancy, hay un muerto en tu salsa»
Un cadáver sería razón suficiente para cancelar cualquier actividad, pero una pijamada en una cava abandonada no era cualquier actividad. Draco lo puso bajo una de las mesas que las de segundo insistieron en llevar para poner comida.
De todas maneras, en cuanto la primera de ellas fue a visitar el suelo, vieron al profesor. Si Gilderoy se hubiera limitado a servir de decoración, no habría problema, pero de repente a todas las chicas les afloró la necrofilia. Así que era urgente botarlo a un sitio seguro, donde ellas no se atreverían a buscarlo¿pero donde?
Sin más remedio, Draco fue a preguntarle al gran experto en desaparición de cadáveres: Su padre. La red de polvos flu estaba bastante despejada esa noche, y la recepción era clara como si no hablara de larga distancia. Lo encontró trabajando en el escritorio de la biblioteca
«Hijo¿que hemos dicho del flu después de las doce?»
«Es una emergencia. El profesor Lockhart esta muerto en la cava»
«Felicidades, pero creo que hablar de tus recientes triunfos pudo esperar después de la supervisión de departamento»
«¡Padre¡Las de sexto ya están casi ahogadas y ni siquiera me miran!»
«Draco, tienes edad de deshacerte de tus muertos por ti mismo»
«¡Y están tratando de revivirlo con uno de los cosecha 1410 que tienen tu nombre!»
«¿Intentas presionarme, jovencito?»
«No, de verdad tienen tu nombre» El rubio aprovechó para mostrarle a su padre las palabras "Propiedad exclusiva de Lucius M" con impecable caligrafía en una botella. Su padre la miró como a un antiguo anuario rescatado de un incendio.
«Primero, ve a quitarles las botellas. Luego, saca la Mano de la Gloria, despierta a Gregory y cruza los dedos para que sea tan bueno adivinando contraseñas gryffindor como su padre... »
Desafortunadamente para Draco, Gregory Goyle no iba a despertar tan fácilmente. De hecho, hubiera sido más sencillo despertar a Lockhart
«Padre, Goyle no despierta»
«Entonces escoge a las menos concientes, porque tienes un fardo grande que mover»
Minutos después, Draco, Pancy y otra chica de segundo cargaban a Lockhart por el pasillo. El plan de su padre era tratar de colarse a la sala común de los Gryffindors. El problema es que ya todos estaban adentro, cómodamente dormidos, así que tendrían que esperar un prefecto. Milagrosamente, la puerta se abrió. Draco se las arregló para movilizar a su escolta tras una cortina. No le importaba que hiciera el trío afuera a esas horas, pero aprovecho su discusión para colarse. Craso error. Sabía cerrar la puerta pero no abrirla por dentro. Los tres (los cuatro...) se escondieron tras el sillón, a la espera de alguien más abriendo.
Llegó la mañana. Con un maldita sea, ese tipo de cosas solo le ocurrían a él. La primera en abrir fue McGonagall y les dijo algo a los leones pero Draco apenas pudo escuchar, primeramente porque estaba lejos y en segundo por que estaba crudo
En cuanto todos los Gryffindors se largaron a almorzar, Draco sentó a Gilderoy en el sillón. Pancy, ya sobria, se las arregló para abrir la puerta. En la sala de Slytherin ya no había nadie, pero la cava parecía haber sufrido otro derrumbe
«Vaya noche asquerosa» Ya no sabía que era peor: la resaca o el resto del alcohol que no bebió...
Solo por aquello de los despistados: Las letras en cursiva van a ser siempre que no sea del punto de vista del trío. Ya corregí el asunto de los separadores (por alguna razón los míos no entran) Respuesta a reviews en reviews
