Andrómeda gruñó con frustración para ocultar el bostezo que escapó de su garganta. Bellatrix tenía razón, debería aprender a no desvelarse tan a menudo. Pero es que, en honor a la verdad, sólo en la noche era seguro leer esos libros de literatura muggle que tanto le gustaban. Andy deseaba estar leyendo en ese momento.

En su lugar, la niña pequeña estaba en el techo de la mansión Black, bajo una manta, observando el techo estrellado con el telescopio mágico que le había regalado su tío Alphard en su último cumpleaños. No podía decirse que la estuviera pasando bien. Tenía los nervios a flor de piel, segura de que en algún momento sus padres la descubrirían, y entonces vendría el castigo. Pero Andrómeda tenía que intentarlo.

Estúpida tía Walburga.

Estúpidos padres, estúpidas costumbres purasangres, estúpidos nombres galácticos. ¿Por qué tenían que excluír a Cissy de esa estúpida costumbre familiar? Así podrían ser estúpidos todos juntos. Su padre no debería haberle negado a su hija menor un nombre como el del resto de la familia (pero para eso, el hombre debería haber sido prudente o al menos un poco amable, cosas que Andy sabía muy bien, no era). Narcissa era un bonito nombre, pensó Andy. Cissy tenía un bonito nombre. No se imaginaba que en lugar de "Bella, Andy y Cissy" fueran "Bella, Andy y Sirrah". Para nada.

Pero no era un nombre de estrella y ahora Cissy lo odiaría por culpa de su odiosa tía.

"Pensar que el pequeño Sirius crecerá con Walburga como madre. Pobrecito".

Sin embargo, la lástima a su primo se vio interrumpida por el sonido de la puerta al abrirse. Andrómeda intentó por todos los medios agacharse para no ser vista, con un creciente pánico en su pecho.

-Si estás intentando ocultarte, no lo haces muy bien.

Bellatrix caminó hasta su hermana menor y la observó con una mezcla de curiosidad, diversión, y reproche. Tenía puesto el pijama y su pelo se veía más negro y desarreglado que un gran borrón de tinta.

-¿Qué haces despierta?- susurró Andy, aliviada de que fuera su hermana y no su padre.

-¿Qué haces despierta? Son casi las dos de la madrugada. Si normalmente tienes sueño, mañana serás un inferi –dijo Bella sentándose a su lado.

Inmediatamente, Andrómeda extendió la manta que tenía en sus hombros para cubrirlas a ambas. Bella estaba teniendo problemas para controlar que sus rizos no le taparan la cara.

-Cualquier día de estos voy a cortarme todo este tedioso pelo.

-Si hicieras eso, la gente volvería a confundirnos. Sabes que yo lo tengo corto por una razón.

-¿Para no eclipsar mi belleza? Lo sabía. Y no pongas esa cara, tienes suerte de ser tan bonita como yo. Aunque la desventaja es que nos parecemos a tía Walburga. Casi me da lástima el bebé – Bella tomó el telescopio.

-¿Qué haces aquí, Bella?

-Te hice la misma pregunta.

-Sí, pero tú primero, por favor.

Bellatrix frunció la boca y apartó la mirada.

-No podía dormir y fui a tu cuarto. Y como no estabas, salí a buscarte. Tu turno.

-Estoy buscando una estrella.

-¿Por qué estás buscando una estrella a las dos de la mañana? ¿Y cuál buscas?

-Una nueva.

Bella dejó el telescopio y miró a su hermana.

-Buscas una estrella nueva…

-…Para llamarla Narcissa.

Andy se rodeó con sus brazos, para mantener el calor.

-La estúpida de Walburga tiene el corazón tan negro que ni se dio cuenta de lo que le hizo a Cissy.

Bella se encogió de hombros. –Técnicamente, la culpa es de Padre.

-Da igual de quien sea la culpa. –Andy tomó el telescopio otra vez. –No pueden hacerle eso a Cissy. Tu y yo somos grandes y sabemos cómo son, pero Cissy es pequeña, y es quien más se esfuerza porque Padre y Madre la aprueben. Es injusto.

-¿Crees que descubriendo una estrella nueva las cosas cambiarán, Andy, en serio?

-Claro que no. –soltó el telescopio. –No para ellos, pero ellos no me importan.

-¿Y entonces?- Bellatrix comenzaba a perder la paciencia.

-Es por nosotras, Bella, por supuesto. –su hermana la miró. -¿Desde cuándo importa algo que no seamos nosotras tres? Pero tú eres Bellatrix, yo soy Andrómeda, y ella es Narcissa. Y sé que es una tontería, pero quiero ver el cielo y vernos a las tres, juntas, como debemos estar. Así que encontraré una estrella nueva y le pondré Narcissa.

En la oscuridad, Andy vio a Bella sonreír un poco.

-Sigo creyendo que es una tontería darle tanta importancia a un estúpido nombre.

-Y lo es, Bellatrix. Pero como no podemos cambiarle el nombre a Cissy, entonces, hay que encontrar una nueva estrella.

-"Si Merlín no va a la montaña, la montaña va a Merlín".

-Algo por el estilo.

Andrómeda siguió escrutando el cielo ansiosamente. Tener a Bella ahí era algo positivo, ahuyentaba el frío y el miedo a estar sola en la oscuridad.

-Sí sabes que encontrar una estrella desconocida con un telescopio para niños es casi imposible, ¿verdad?

-Con ese casi me basta.

Bella no dijo nada, pero supuso que si alguien podía hacerlo, era una Black, por supuesto. ¿Acaso los Black no lograban cosas que los demás no podían, como vivían diciendo todos en la familia? Y tampoco se le ocurría, por el momento, otra idea para que Cissy dejara de llorar. Sus murmullos se oían desde su cuarto. Ya había intentado que Cissy entrara en razón sobre lo tonto que era llorar por una estupidez ocurrida hace tanto tiempo, pero su hermana más pequeña asentía, le daba la razón, y luego volvía a llorar minutos después. No había forma y Bella no confiaba en su propia paciencia. Andy era mejor consolando.

Con el tiempo, Andrómeda fue sintiendo más y más pesados los párpados.

-Vamos a dormir. Mañana las estrellas seguirán en el mismo lugar.

Tenía tanto sueño que siguió a Bella sin discutir demasiado.

Lo que sí, le pidió dormir con ella esa noche. Le extrañó cuando Bella no se hizo rogar (usualmente le tomaba más tiempo convencerla, entre quejas y protestas falsas). En la cama, rodeó a su hermana con el brazo y sintió las cosquillas de su pelo rebelde.

De repente había sentido la necesidad de recordar que no estaba sola.

Bella también.