Oola!
Estoy algo triste en estos momentos, y es que mi historia no ha recibido ni un solo review. . .
Pero aún así no me voy a desanimar tan pronto!
Es por eso que ahora les traigo el segundo capítulo de este "cuento"
Aquí presento nuevos personajes, ustedes saben, Blanca Nieves al fin llegará a aquella curiosa casa en el bosque, ¿Qué encontrará?
Por favor! Aunque sea un solo review, ustedes saben cuánto levanta el ánimo.
Sin más, les dejo la historia.
Capítulo 2: Nuevos amigos.
Ahora estaba la pobre niña en medio del bosque totalmente sola, decidió comenzar a caminar antes de que anocheciera, sacó el mapa que le había dado Richard, pero cuál fue su sorpresa al comenzar a leerlo:
~ Una docena de huevos.
~ Harina.
~ Jugo de naranja.
~ Ejotes.
- ¡Ese tonto me dio su lista del mercado! – gritó furiosa Blanca Nieves.
Así, sin más por hacer, la princesa tuvo que caminar sin rumbo fijo toda la tarde hasta que le dolieron los pies y justo cuando se iba a dar por vencida. . . ¡TAN TAN! El lugar del que le había hablado Richard se encontraba frente a ella.
- ¡Sí! Lo logré - dijo dando saltos de la emoción – muy bien, muy bien, toquemos la puerta y veamos quien abre.
. . . TOC - TOC. . .
- ¿Qué? ¿Nadie piensa abrir?
cri. . . cri. . . cri. . .
- ¡Ya me harté! - Gritó exasperada.
Y Blanca Nieves tumbó la puerta. Entró sin hacer ruido, - algo extraño ya que había hecho bastante ruido al tirar la puerta de esa forma - y buscó una lámpara que pudiera encender para iluminar la casa, al observar mejor el lugar pudo notar que todo estaba tirado y fuera de lugar, en la cocina había trastos sucios sobre la mesa, la sala estaba hecha un desastre y en las habitaciones, que eran siete, había espadas, escudos y armas de combate tiradas por todo el suelo y ropa sucia sobre las camas y las repisas.
- ¡Uff! Qué horror, mejor veamos si encuentro algo comestible y después iré a dormir en la alcoba más ordenada que me encuentre.
Cuando el Sol estaba por ocultarse llegaron los amos de esa sucia pocilga ¡puaj! . . . .quiero decir, ejem, los amos de esa linda casa. Eran siete estudiantes de preparatoria que asistían a la mejor escuela de caballería de todo el reino, y tal vez hasta de todo el continente, La preparatoria Camelot. Entraron haciendo un gran alboroto, cosa que no despertó a Blanca Nieves porque ella siempre dormía con sus orejeras para no escuchar ruido alguno; de alguna forma, no me pregunten cómo, los chicos se dieron cuenta de que alguien había entrado a su casa.
- ¿Quién destrozó la puerta al entrar? – dijo un chico pelinegro con mechones de color rojo, arqueando una ceja.
- Más importante, ¿Quién se sentó en mi lado del sofá? – dijo el que había entrado después del pelinegro, un rubio alto.
- Ese fui yo - dijo un tercero con una gran sonrisa en el rostro. Un muchacho de cabellos azules.
- ¡Me las vas a pagar! - gritó el rubio.
- ¡Nooooo! ¡Aléjate de mí! – dijo mientras salía corriendo por el recibidor.
- Ya dejen de pelear, romperán algo – dijo algo preocupado otro joven, este tenía el cabello castaño largo y lo llevaba recogido en una coleta baja.
- Como si se pudiera hacer más – agregó sarcástico uno de sus compañeros, un joven pelinegro.
- O-oigan, no deberían. . . – habló un joven de ambarinos ojos, pero fue interrumpido por un chico pelirrojo.
- Ya. No te preocupes por ellos, luego se les pasa. Ahora, si me disculpan, iré a buscar algo de comer – y se fue directo a la cocina a buscar comida en la alacena.
- Yo, yo iré a buscar mi armadura para mañana – el muchacho de orbes color ámbar se fue a su habitación.
- ¡Quien fue el gracioso que se comió mi pan con mermelada! – gritó molesto desde la cocina el pelirrojo.
- Ni creas que fui yo – se defendió el de azulada cabellera aún huyendo de su compañero.
- ¡Yo sigo queriendo saber quien tumbo la puerta! – exigió el que había sido primero en entrar.
- ¡Aaahh! ¡Auxilio!
- ¡Vuelve aquí! – gritaba el rubio molesto.
- ¡Ya cállense todos! – dijo irritado el azabache.
- ¡Cállate tú! – le respondió el pelirrojo enfadado.
- ¿Tú no te habías ido por tu armadura? – preguntó el joven pelinegro de mechones rojos.
- Esto, es que hay alguien en mi habitación – se excusó el muchacho.
- ¿¡Qué! – exclamaron sus compañeros al unísono, dejando de lado lo que hacían.
Todos se dirigieron a la habitación del muchacho de rubia cabellera, no el más alto, que seguía molesto con su compañero de azules cabellos; armados con sus espadas y con cacerolas y ollas en la cabeza a manera de casco entraron para ver que sucedía, pero se sorprendieron al ver a Blanca Nieves tendida sobre la cama durmiendo a pierna suelta. Al parecer no había ningún peligro, era tan solo una muchacha.
- Si no me equivoco. . . – hablo el de cabello negro.
- Tenemos visita – completó el de cabello largo.
- Es una chica – habló el pelinegro de rojizos mechones, quien parecía ser el líder.
¡- Ya sé que es una chica! – gritó el azabache quien se encontraba detrás del "líder".
- No grites, la despertaras, a nadie le gusta ser despertado. – habló el rubio alto reprimiendo un bostezo.
- ¿Seguro que es una chica? – inquirió el pelirrojo.
- ¿Cómo no voy a estarlo?
- No lo sabemos, solo míranos, somos unos perdedores, díganme, ¿Cuál fue la última vez que estuvieron cerca de una muchacha? – comentó el de larga cabellera.
- . . . – el de azulada cabellera levantó la mano.
- Lady Magnolia no cuenta tonto – le dijo el pelirrojo.
- . . . – baja la mano.
- Debe. . . deberíamos dejarla dormir – dijo el más tímido de todos, es decir, el dueño de la habitación.
- Si, mañana averiguaremos quien es ella – sentenció el líder, luego, dirigiendo la mirada al rubio tímido, agregó – tu puedes dormir en la alfombra.
- Pero mi habitación no tiene alfombra.
- Busca bajo la ropa sucia – comentó el pelinegro algo fastidiado.
- Yo no quiero dormir ahí – se quejó el joven, pero ya todos se habían retirado y nadie lo escucho.
Y el pobre chico tuvo que dormir en la alfombra de su habitación porque una niña usurpó su lugar y sus amigos no quisieron aceptarlo en sus recámaras.
Cuando a la mañana siguiente despertó Blanca Nieves y se dio cuenta de que 14 grandes ojos la observaban fijamente con mucha curiosidad, se asustó tanto que comenzó a gritar como loca y los golpeo a todos con un mazo que se encontró bajo su almohada, ellos fueron, sin embargo, amables con ella y en cuanto le quitaron el mazo de las manos y la hubieron amarrado con una cuerda, le preguntaron…
- ¿Tú eres una chica? – inquirió el de azules cabellos sosteniendo una bolsa de hielos en su cabeza.
- Aammm. . . eso me parece – le contestó arqueando una ceja – porque si no soy eso entonces no se que debería ser.
- ¡Vez! ¡Te lo dije! – hablo el de mechones rojizos.
- No le hagas ese tipo de preguntas a la muchacha – el de larga cabellera reprendió a su amigo, al de cabellos azules me refiero, por haber sido tan grosero.
- ¿Podrían dejar de mirarme como si tuviera tres ojos o me faltase la nariz?
- ¿Quién eres tú? – preguntó el pelirrojo.
- ¿¡Cómo que quien soy! ¿Qué acaso no me conocen? ¿Es que nunca han oído hablar de la princesa Blanca Nieves?
- . . . – todos los presentes negaron con la cabeza.
Blanca Nieves dio un gran suspiro y después intentó preguntándoles otra cosa.
- ¿Conocen a Richard?
- ¡Oh! ¡Sí! ¡Richard! – todos asintieron y comenzaron a hablar al mismo tiempo.
- Claro, ¡a él si lo conocen! ¿verdad? – dijo molesta.
- ¿Tú eres amiga suya? – inquirió el pelinegro líder.
- Sí, bueno, algo así, nos conocimos hace poco, él me envió aquí, dijo que ustedes podrían ayudarme, pero no veo como, sí son unos alfeñiques – se detuvo y luego continuó – Además, ¡me amarraron! ¡Eso no se le hace a una princesa!
- Tu nos estabas golpeando – se defendió el pelirrojo.
- Además. . . no somos unos alfeñiques – se quejó el peliazul.
- Entonces. . .
- ¡Somos caballeros! – menciono muy orgulloso el castaño de larga cabellera poniendose en pose guay junto con los otros.
- Apenas y somos aprendices – lo corrigió el rubio.
- Pero los mejores de la clase – mencionó el azabache.
- ¿Sí? ¿Y eso en qué mundo? - volvió a objetar el rubio.
- Pues, pronto lo seremos – se defendió el pelirrojo.
- Si, esto, una pregunta.
- ¿Qué ocurre Blanca Nieves? – preguntó el pelinegro ese de los mechones rojos.
- ¿¡Cuando me sueltan de aquí! – gritó histéricamente.
Como tenían miedo de que Blanca Nieves se impacientara y terminara por liberarse ella sola y que les diera una brutal paliza por haberla tratado así, la liberaron ellos mismos no sin antes hacerla prometerles que no les haría nada.
- Muchas gracias, ammm. . . ¿A quienes debería agradecer?
- ¡Oh! Es muy cierto, pero que modales los nuestros, no nos hemos presentado todavía. Mi nombre es Lancelot. – habló el muchacho, haciendo una reverencia.
A criterio de Blanca Nieves, Lancelot era un joven muy apuesto, de cabello negro, con varios mechones de color rojo. Le pareció reconocer un gesto de decisión en su mirada, ojos grandes y negros, nariz larga, poseía una linda sonrisa que dejaba ver una hilera de blancas perlas. De piel trigueña y estatura media. Le pareció que era de mala educación preguntarle su edad, así que simplemente estimo que tanto él como el resto tendrían la edad de Richard.
- Mi nombre, es Lamorak de Gales – el joven rubio, imitando a su compañero hizo una reverencia frente a la princesa.
- Lamorak era un muchacho alto, más que el resto de sus amigos, pero no demasiado, 1.82, le pareció a la princesa, de cabello rubio y ojos color azabache, muy atractivo, su nariz es recta un poco respingada, le pareció a Blanca Nieves que era una de esas personas que suele sonreír mucho, aunque lo hacía como si estuviese cansado.
- Yo – habló para hacerse notar y empujo a Lamorak del camino para poder postrarse frente a la princesa – soy Dagonet – terminó la oración y se acercó para besarle la mano a Blanca Nieves.
Dagonet, le pareció, era un chico muy especial, y no lo decía solo por el tan peculiar color de su cabello, que era azul oscuro al igual que sus ojos, era de la misma altura que Lancelot, y tenía un semblante de curiosidad en su rostro y una sonrisa burlona. No sabía si realmente así era su expresión o si es que ella tenía algo en el rostro.
- Percival de Gales – dijo inclinándose con algo de fastidio.
Es un chico de piel pálida, fina y, a los ojos de la princesa, suave, pues claro, ella es la experta en esas cosas. Sus ojos de un color muy peculiar, morado, con un brillo que le hacía ver lleno de vida. Cabello negro absolutamente, ondulado y algo largo. Delgado, pero no exageradamente, alto, aunque no tanto como Lamorak. En cuanto le vio, le llamó la atención, parecía ser muy serio, pero había algo en el que le atraía.
- Yo soy Galahad – se anunció con una gran sonrisa en el rostro.
Esbelto, de cabello castaño oscuro, tan largo que le llega casi hasta la cintura, Blanca Nieves pensó que no había visto a ningún chico usar el cabello tan largo, ni siquiera ella lo llevaba tan largo, Galahad lo usaba amarrado con un listón por lo bajo, sus ojos eran de un color azul, casi cristalino. Su piel es blanca, él no era tan alto como los otros
- Gawain – dijo uno de los que faltaba por presentarse, simplemente alzó la mano para hacerse notar.
- Pudiste al menos ponerte de pie – comentó Lamorak.
El joven ni se inmutó por el comentario de su amigo.
El chico era pelirrojo, de cabello corto y alborotado, a Banca Nieves le dio la impresión de que nunca encontraba el peine por las mañanas, sus ojos son de color verde jade opaco y su piel era blanca como la de sus compañeros, y era unos centímetros más alto que Galahad, aunque la princesa no sabía si eso se debía a su cabello alborotado.
- ¿Y quién es el de allá? – preguntó Blanca Nieves viendo a el chico que aún no se había presentado.
- El es el dueño de la habitación en la que dormiste es algo tímido con las chicas, normalmente no se comporta así cuando estamos solos en casa – le explicó Lancelot.
- ¡Hey! ¡Ven aquí y preséntate! No vamos a estarte esperando todo el día – le dijo Percival molesto, como siempre.
- Yo. . . este. . . me llamo, mi nombre. . soy Tristán de Leonis – pudo decir al fin, completamente sonrojado.
- ¡Ay! Eres tan lindo – dijo Blanca Nieves con una gran sonrisa en el rostro.
Tristán es el segundo mejor guerrero de entre sus compañeros, por detrás de Lancelot y pasando a Lamorak, o eso fue lo que afirmaron los chicos. Es un chico muy apuesto, claro, igual que todos sus amigos, pensó Blanca Nieves para sus adentros, y al igual que todos ellos su piel es blanca, su cabello es rubio y tiene unos bellos ojos ambarinos y una nariz un poco respingada.
- Bueno, cuéntanos… ¿Qué fue lo que te ocurrió? – le preguntó Galahad intrigado.
- No mucho, solo que mi madrastra la malvada reina Monique, ha intentado asesinarme, enviando al cazador a hacer el trabajo sucio por ella, y bueno, como el cazador no se encontraba, fue Richard quien intentó hacerlo. . . vaya, y yo que creí que era una buena persona y que al fin nos llevábamos bien, bueno, la verdad creí que mi padre la había convencido para que pasáramos tiempo de calidad juntas, pero en fin, al final terminó enviando a Richard para asesinarme.
- Por lo que veo se acobardo – mencionó Percival.
- ¿¡Que acaso querías que yo muriera! – gritó ofendida la pelinegra.
- Solo fue un comentario – se defendió el de orbes morados.
- El punto es que me perdonó la vida y me dio un mapa para llegar hasta aquí, pero resultó ser su lista del mandado.
- ¡Ja ja ja ja! Eso mismo me hizo a mí la primera vez que vine para acá - dijo Dagonet realmente divertido.
- Eso mismo nos hizo a todos – dijo Lamorak más dormido que despierto, quien se encontraba tumbado sobre un montón de ropa sucia.
- Levántate de ahí Lamorak – dijo Lancelot y luego volteó a ver a Blanca Nieves y le dijo – si te quieres ocupar de nuestra casa, cocinar, hacer las camas, lavar, coser, tejer, afilar nuestras armas, sacarle brillo a nuestras armaduras y tenerlo todo en orden y limpio te puedes quedar con nosotros y no te faltará nada.
- ¡Si claro! ¡Ni que fuera su criada! – se levanta de la cama y comienza a caminar hacia la entrada, aún destrozada – Si tengo que hacer todo eso para poder quedarme, prefiero volver al castillo.
- ¡No te vayas aún! – le suplicaron todos interponiéndose entre la puerta y la princesa.
- ¿Realmente crees que es mejor volver ahí que quedarte en el bosque con nosotros? – dijo Gawain.
- Anda, Lancelot solo bromeaba – aclaró Galahad.
- No-no nos molestaría tu presencia – dijo Tristán algo avergonzado.
- No, para nada, de hecho, sería un honor – comentó Lamorak entre bostezos.
- De acuerdo, me quedare – aceptó gustosa la pelinegra – pero desde ya les digo que tienen que hacer algo para mejorar este lugar. Tu plancha, – le ordenó a Galahad – tu lava, – le indicó a Dagonet – tu ordena – le dijo a Tristán – tu friega, – le apremió a Lamorak – vosotros, haced la cena – le gritó a Gawain, Lancelot y Percival.
- ¿Y que harás tu? – se quejaron los caballeros.
- Yo me sentaré aquí a descansar que con tanto mandar ya hasta me fatigue.
- No es justo – lloriquearon antes de ponerse a trabajar.
- Después de ese episodio, decidió que estaba siendo algo malvada con ellos así que accedió a ayudarles en la limpieza del hogar, hacia lo que podía con la casa, y la verdad no era mucho teniendo en cuenta que los que ahí habitaban no podían mantener la casa en orden por mucho tiempo. Por la mañana ellos se iban a la preparatoria, así que Blanca Nieves se quedaba gran parte del día sola.
- Prométeme que cuando vuelva mi ración de mermelada estará intacta – menciono Gawain algo receloso.
- Como la dejaste – le prometió Blanca Nieves y seguido de eso le dio un beso en la mejilla.
- Sí, bueno. . . ejem, ¡Andando! – sonrojado por el beso.
- Te-te extrañaremos – le dijo Tristán mientras jugaba nerviosamente con un extremo de su capa.
- Yo también – la muchacha abrazó a Tristán y después le besó la mejilla.
- Adiós princesita – dijo Galahad sonriente – te cuidas.
- Lo haré Galahad, te lo aseguro, igual tú te cuidas – se acerca a él y lo besa.
- No cometas ninguna tontería niña – le dijo Percival en tono serio.
- No soy tonta – se defendió la niña, y le besó la mejilla igual que al resto.
- Buena chica – le respondió Percival con una sonrisa de lado.
- Compermiso – Dagonet empujo a Percival y lo hizo a un lado – es mi turno – dijo y después paro los labios para que Blanca Nieves lo besara.
- Ni creas que soy tonta Dagonet – dijo la ojinegra y seguido de eso tomo el rostro de Dagonet entre sus manos y le beso la nariz.
Dagonet se alejó haciendo pucheros.
- Oye – dijo Lamorak y después bostezo – recuerda ser cuidadosa, no hables con extraños – concluyo y volvió a bostezar.
- Ya despierta Lamorak, no querrás que te reprendan – y seguido de eso beso al de rubia cabellera.
- Sabes que soy de los mejores – se defendió Lamorak.
- Aún no logras superarme – comentó Lancelot con una sonrisa en el rostro – Cuídate mucho Blanca Nieves, no quisiera que te ocurriese algo, temo por ti. . . todos lo hacemos.
- No se preocupen tanto, se cuidarme sola – besó a Lancelot y le sonrió – o por lo menos lo intentó – completó.
Todos los días era lo mismo, ellos se paraban haciendo una hilera frente a ella y ella le daba un beso en la mejilla a cada uno, y después de decirle que tuviera cuidado se iban con su morral al hombro y su espada en el cinturón.
Y aquí termina el capítulo de hoy. . .
tenía planeado que los fans de la historia hicieran preguntas a los personajes, ya saben, para conocerlos aún mejor, pero en vista de que aún no tiene fans la historia eso tendrá que posponerse.
Nos leemos! '.^
