Unos días más tarde, España espera a las puertas de su palacio en Burgos junto a Romano a que lleguen los carruajes de su prometido, con la lengua fuera mientras trata de arreglarse el pelo y el pañuelo del cuello.

Romano, con el ceño fruncido y de mal humor, se rasca el culo porque los pantalones que le ha puesto España le pican, mientras mira hacia las puertas pensando que es idiota, que no tiene NADA que hacer aquí y que preferiría azotes en los calabozos antes de venir a ver a este LADRÓN de España...

—Quiero ir a mi cuarto.

—Ya sé que quieres ir a tu cuarto, pero yo quiero que estés aquí conmigo, así que sonríe y se amable.

—No quiero.

—Romano, Austria va a vivir con nosotros y preferiría que empezarais con buen pie —le mira de reojo.

—No quiero que viva con nosotros —lleva dándole la lata con esto desde hace días.

—Ya me lo has dicho y ya te he explicado muchas veces que vamos a casarnos y no hay forma que no lo haga...

—Pues tú serás tonto, pero YO no tengo por qué aguantarle.

—Tú también vivirás con nosotros, así que no tienes más remedio... ¿Tengo bien el pelo?

—Quiero ir a mi cuarto —se gira a mirarle y niega con la cabeza señalándole en dónde es que no tiene bien el pelo.

—Luego irás, ahora quiero que le recibas conmigo y seas amable —negocia intentando arreglárselo otra vez.

El italiano se cruza de brazos pensando que puede obligarle a estar ahí, pero no puede obligarle a ser amable. El español suspira y sonríe otra vez... dos segundos más tarde el mechón que se ha arreglado vuelve a levantársele cuando aparecen los carruajes al final de la calle.

Romano da un pasito atrás, nervioso. Le parece que los carruajes se ven grandes e imponentes y majestuosos (las otras veces que venía los ignoraba). El español sonríe ampliamente al ver al austríaco bajar del primer carruaje, cuando le ve, el recién llegado sonríe también y se sonroja un poco al notar como el latino le abre los brazos para recibirle.

Romano mira de reojo a España y hace los ojos en blanco, apretando más los brazos y echando vaporcito de agua de la cabeza. El español abraza efusivamente al austriaco y le da un beso del que no consigue escaparse, riendo.

Una nubecita se forma encima de la cabeza del romano, sonrojándose un poco con el beso, arrugando la nariz. Con el beso, Austria evidentemente se sonroja y cuando acaban los saludos, por fin España se vuelve a Romano como manda el protocolo.

Romano voltea la cabeza, frunce el ceño y hace como que no sabe de qué le hablan. (¡Es rebelde Romanito!)

—Romano, por favor, acompaña al señor Austria —España le guiña un ojo al sajón—. A su cuarto, anda.

El austriaco POR FIN deja de mirar a España y nota al italiano.

—Che cosaaa? —protesta Romano girándose a España y levantando las cejas, porque definitivamente NO se esperaba eso. Mira a Austria de reojo y vacila un poco, porque una cosa es no saludarle y otra era definitivamente negarse a llevarle a algún lado. No era que le importara un pepino el ser grosero con el ladrón, pero no sabía qué tanto iba a enojarse el español.

—Por favor —insiste inclinando la cabeza y mirándole con intensidad, luego se vuelve a Austria—. Yo me ocupo del resto de la comitiva, mi amor, tú relájate y si necesitas cualquier cosa pídesela a Romano.

—Spagnaaaa! —protesta frunciendo el ceño, sonrojándose y enfadándose con que le diga "mi amor". Fulmina a Austria y este asiente suavemente sonriéndole un poquito a España y se vuelve a Romano esperando.

—Romano —responde el español para el italiano frunciendo el ceño con cara de "no me hagas quedar mal".

—Te odio —declara hacia España en un susurro mirando a Austria de reojo y haciendo un gesto muy suave de que le siga.

España se ríe nervioso hacia Austria antes de irse a organizar el resto de cosas. El austriaco va detrás del italiano.

Romano le mira de reojo… de hecho le fulmina de reojo, caminando unos pasos adelante de él, pensando que es alto y extraño y que querría revisarlo de arriba a abajo. Está vestido elegantemente al menos... trae piedras encima y es muuuuuy blanco. ¿Venía siempre igual? Nunca se había fijado siquiera...

Austria mira a Romano de arriba abajo andando tras él y considera que se parece bastante a su hermana. El italiano se rasca el culo otra vez sin poder evitarlo y se sonroja un poco al notar que lo está haciendo, quitando la mano de ahí.

—Spagna dice que vivirás aquí —murmura con el ceño fruncido, un poco acojonado, quiero decirlo, porque es que Austria se ve bastante imponente con tanta ropa y el caminar.

Austria bufa cuando le ve rascarse con tan poca decencia frente a él.

—Después de la boda, ja —asiente levantando la barbilla. Romano entrecierra los ojos subiendo las escaleras corriendo un poco y girándose a mirar al austriaco cuando está hasta arriba.

Austria frunce un poco el ceño porque de nuevo no aprueba que vaya por ahí correteando, sube un escalón tras otro andando leeeentamente. Romano se sienta en el último escalón a esperarle, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

El sajón pone los brazos en jarras y frunce el ceño deteniéndose al verle. El latino le mira y se acojona más, quiero decirlo, encogiéndose un poquito. El mayor levanta una ceja y le echa una MIRADA. El pequeño traga saliva porque Austria de señorita Rotenmeyer lo hace perfecto.

—C-Che cosa? —susurra acojonado sin estar seguro del motivo por el cual lo está acribillando con la mirada.

—En un periodo corto de tiempo vas a ser un niño de la casa de Österreich. Spanien es muy blando contigo y te permite comportarte como un salvaje, pero yo no, que te quede muy claro —sentencia—. No querría empezar así contigo, pero no me dejas más remedio con este comportamiento.

El italiano le mira un poco desconsolado.

—¿Qué comportamiento? —pregunta descolocado de que le esté riñendo...

—Ponte en pie, háblame con respeto y no corras por la casa —enumera.

Romano se levanta mirándole y frunce un poco el ceño. Traga saliva. En cuanto se levanta, Austria vuelve a subir las escaleras.

Le mira hacerlo sin moverse más ni saber cómo comportarse, odiando a España por mandarle solo. El mayor llega a su lado y le mira. Él baja un poco la cabeza mirándose los pies acojonadillo.

—Spagna también me quiere aunque vaya a casarse contigo —susurra frunciendo el ceño, más como consuelo para sí mismo que para agredir al austriaco.

—No debería, tú eres un sirviente. Spanien está por encima de ti —ay, Austria...

Romano levanta la vista y le mira completamente desconsolado por un instante, con la boca abierta y el corazón encogido.

—Él te protege a cambio de tu servicio y por eso puedes pensar que te quiere, pero no te confundas... tienes que ser grande y fuerte si quieres de verdad estar a su nivel, así que más vale que te esfuerces por aprender deprisa.

El italiano traga saliva y da un pasito atrás, pegándose al barandal de la escalera, mirándole con mucha mucha atención y el corazón acelerado.

—¿Entiendes de lo que estoy hablando?

—P-Pero... Spagna... —susurra muy quedito porque hasta ahora nunca había dudado que España le quisiera, quizás pensaba que podría dejar de quererle, pero no de que le quisiera. Pero hay algo en el tono de solemnidad y seriedad con que dice las cosas este hombre que hace que le crea... y que se acojone en serio.

—Spanien was? —se cruza de brazos.

Romano cambia de peso del pie y baja un poco la cara, frunciendo el ceño. Aprieta los tubos del barandal con su mano.

—Spanien was, Römer? —insiste en su tono inflexible.

—Él me ha dicho que sí me quiere, soy yo el que le odio —responde reuniendo todas, TODAS las agallas que tiene. Que no son muchas en realidad. Todo en un susurrito. Austria pone los ojos en blanco.

—Te querrá más si haces lo que te ha pedido.

Italia baja la cara y asiente desengarrotando los dedos del barandal.

—Bien —sentencia Austria cuando nota la actitud de cooperación.

Romano se arrastra hasta la habitación que tiene que asignada Austria... bastante desolado en realidad.

—He traído conmigo a tu hermana, vendrá a vivir con nosotros también así que podrás verla mucho más a menudo —le informa en un tono un poco más conciliador.

Le mira de reojo, pensando en Veneciano... ¿cómo puede Veneciano vivir con alguien así de HORRIBLE y MALIGNO?

—Ehh... —sin saber qué decir para que no le riña ahora por algo.

—La respuesta es "ja, Herr Österreich". Cuando no tengas ninguna aportación di eso para que sepa que has escuchado y entendido lo que he dicho.

—Eh? —en serio Romano estas cosas... aún no...

—Ja, Herr Österreich. Creo que en tu idioma se dice cómo "Se, sengor Austrreich" —intenta el italiano.

—S- Signore... Austria? —dubitativo.

—Ja, eso mismo, muy bien —asiente.

El italiano vacila un poco señalándole la puerta del cuarto.

—Ja?

—Ese es... El... Tu... Su... Cuarto.

—Su —decide—. Danke —espera a que le abra la puerta.

Romano se la abre cauteloso, mirándole con el ceño fruncido, listo para salir corriendo.

—Puedes retirarte por hoy —se mete al cuarto haciendo un gesto con la mano para que se marche.

El italiano, que ya estaba con un pie afuera, sale corriendo de ahí... casi no va a hablar, medio pálido, TOOOODA la cena. Aunque ni se nota porque España habla sin parar de cualquier chorrada (relacionada con unos güebitos) Cuando van por el postre, entra un hombre anunciando a Francia.

Aprovechando el despiste de los otros dos, Veneciano mira a su hermano y le pregunta suavemente si está bien. Romano asiente mirando a España de vez en cuando un poco tristón y le pregunta a Veneciano como es que puede vivir con Austria que es tan horrible.

—Frankreich a estas horas? —pregunta Austria a España cuando este le ha dicho al hombre que le haga entrar.

Justo al tiempo en que se abren las puertas y un Francia, vestido un poco ecléctico, pero de manera despampanante, muy bien arreglado y sonriente entra por la puerta.

—Supongo que ha venido en cuanto se ha desperta... ¡hola! —saluda España sonriendo, poniéndose de pie. Veneciano le susurra a Romano que en el fondo no es tan malo como parece aunque sea muy exigente y severo.

—Espaaaaagne! —le saluda Francia abriendo los brazos para que venga a abrazarle.

—Francia! —se ríe y le abraza efusivamente.

Beso uno, beso dos, beso rápido en los labios, abrazo efusivo y palmada en el culo. Risas varias. Fruncimiento de ceño en la mesa.

—¿Cómo estaaaaaás? ¿Por qué tan guaaaapo? —le pasa una mano por el pelo para arreglárselo antes de abrazarle de los hombros y caminar hacia la mesa.

—Es que... mira —el español hace una risita tonta y señala a Austria tomándole de la cintura.

—OHHH! ¡El futuro novio! —le sonríe a Austria cerrándole un ojo—. No sabía que estabas aquí, cher, ¡me alegra verles!

—Hallo, Frankreich —saluda suavemente.

—¡De haber sabido traía un barril de champagne para celebrarlo! ¿Ya le dejaste cruzar una frontera más ya que están comprometidos? —pregunta a Austria, riendo.

—Eso no es un asunto de tu incumbencia —se sonroja un poco, menos agresivo de lo que parece, mientras España se ríe sonrojadito también.

—Oh, soy el padrino... Esas cosas se pueden hablar conmigo... —sonríe el francés dándole un beso a España en la mejilla antes de acercarse a Romano y darle un beso en la cabeza y otro por igual a Veneciano, en lo que terminan de ponerle su lugar en la mesa—. Sea lo que sea que le hayas hecho, Autriche, conseguiste que Espagne se sonrojara, lo que ya es DIFIIIICIL!

—Ah, que tonto eres —se ríe el español—. No le molestes, venga.

—Eso no vaaaale, no hasta que no se sonroje al menos tres veces... Con lo bien que se ven sonrojados a juego —comenta sentándose en su lugar y pidiendo que le llenen la copa de vino.

—Eres terrible —niega con la cabeza el español aun riéndose.

—¿Y a qué debemos el placer? —pregunta Austria un poco más tenso, mirando a España sentarse de reojo. Francia le cierra un ojo a España y mira a Austria.

—Pasaba por aquí y no había visto como le iba después del acontecimiento. Quería cerciorarme de que aún estuviera entero y vivo.

—¡No seas dramático! ¡Te escribí una carta de como cinco cuartillas! —protesta el español riéndose aun.

—Unas horas interesantes de llegar para semejante fin —comenta el austriaco un poco viperino.

—Pudo haberlas escrito él, yo no sé si ya aprendió a imitar tu letra —se ríe y mira a Austria encogiéndose de hombros—. Más horas viajaría sólo para ver que lo estés molestando lo suficiente. Cuéntame, Autriche... ¿Cómo se porta?

—Es... encantador, como siempre —confiesa sonrojándose un poquito de nuevo y España a coro—. Italien y yo recién llegamos hoy también, en realidad.

—Encantador —repite Francia en un tono que es imposible saber si es burla o no. Mira a España de reojo—. Ya te he dicho yo que más le vale seguir siendo perfectamente encantador... Y atento y apuesto y dulce y delicado... Que si no le recordamos que lo tiene que ser.

—De momento no hay problemas al respecto, me parece —se ríe el español.

—Eso es lo que parece, al menos, pero déjale hablar, hombre... Que con lo que tú hablas casi no le hemos escuchado más allá de decir que eres encantador —se ríe.

—¿Pues qué es lo que quieres que hable? —pregunta Austria mirándole de reojo.

—Todo, cher... Tengo que saber TODO de ti, ¡vas a casarte con Espagne! —se le acerca por encima de la mesa mirándole con intensidad, baja el tono—. Mira que él me ha contado un montón de cosas, pero no es lo mismo que me las cuente él a que me las cuentes tú, a saber qué cosas puede haberse inventado.

—¡Ninguna! Más bien creo que no le he hecho bastante justicia y me he quedado corto de halagos —el español le guiña un ojo al austriaco, quien sonríe y vuelve a sonrojarse un poco.

—Sigues sin dejarle hablar, voy a empezarme a preocupar porque le dejes mudo después de una semana de vivir juntos... —riñe un poco Francia, en broma, sonriendo—. Y no me refiero a por lo impresionante que eres en la cama...

—Me gusta oírle hablar —sonríe Austria.

—Mon dieu! Ese es un gran cumplido, Espagne... Claro que si no le gustara como hablas estaría en enooormes problemas —valora Francia extendiendo una mano hacia España en la mesa—. ¿Y qué te pareció la sorpresa de pedirte que te casaras con él a media plaza de toros?

España se ríe de buen humor dándole la mano a Francia sin pensar... detalle que Austria no ignora.

—Eso fue... todo un espectáculo, no sé cómo pude no esperarlo —responde Austria no tan sonriente.

—¿Espectáculo bueno o espectáculo no tan bueno? —pregunta Francia acariciándole la palma de la mano al español que le aprieta la mano un segundo en tensión con esa pregunta.

—... Bueno —responde Austria tras unos instantes pensando que la corrida en sí es algo que no... pero ¿alguien se ha fijado en cómo se le ve el culo con el traje de luces?

—Claro que bueno, ¡si con el traje de luces se te ve un CULO! —tiene bien a exteriorizar lo que todos piensan Francia haciendo un gesto con la mano y mirando a España, riendo, que suelta una carcajada también.

—Ah, tú eres el único pervertido que se fija en eso —le molesta. Austria carraspea.

—Yo soy el único que lo dice en voz alta, pregúntale a él si no se ha fijado en ello, si te dice que no... Miente —se descojona Francia.

—Claro que no, es todo un señor —se ríe España igual mientras Austria les mira a uno y otro sin intervenir, tenso con este tema.

—Es todo un señor que quizás quiera casarse contigo en una gran proporción por ese culo que tienes —Francia se gira a Austria—. El traje de luces es trampa, no me dirás que non.

—En realidad me parece bastante elegante el traje de luces —di que sí, Austria, tú y la ostentación... seguramente es hasta sobrio. Francia sonríe de lado.

—Elegante —responde—, elegante, macho cabrío enfrentándose a un señor toro y luego mostrándote el culo. Insisto que es trampa.

—No hay trampa alguna. ¡Un servidor, que sabe jugar sus cartas! —replica el español fingiendo ofenderse.

—Y vaya que las juegas muy bien para el deleite de todos los presentes.

España... claro, se ríe otra vez. Francia le sonríe a Austria y le cierra un ojo, quien se incomoda un poco más aún.

—Aún así, sabedor de jugar sus cartas y todo, es muy buen muchacho y me lo tienes que cuidar muy bien, Autriche...

—Descuida, Frankreich, no tienes de qué preocuparte —toma la mano del español haciendo que suelte a Francia y se la dé a él, un poco preocupado de que le apriete demasiado.

—Claro que tengo que preocuparme —le suelta el francés y se pasa la mano por el pelo sonriendo, mirando a Austria—. Es dulce y jamás lo había visto tan completamente volado por NADIE...

España le sonríe un poco tiernamente a Francia acariciándole la mano a Austria.

—¡No estoy tan volado! Solo un poquito —se sonroja de nuevo.

—Completamente volado —asegura el francés mandándole un beso y cerrándole un ojo—. Lo mínimo que quiero es asegurarme que él lo este de menos igual, si no es que más.

España se ríe y mira a Austria, quien parpadea mirando a uno y a otro y se sonroja de nuevo. Francia mira al austriaco también sonriendo al ver que se sonroja. Se humedece un poquito los labios sin poder evitarlo.

—Casi puedo asegurar sólo con verle que lo está bastante... —suspira—, pero no puedo asegurarlo hasta que no lo diga.

—Creo que estoy un poco cansado, Spanien —cambia de tema Austria para huir del juego de Francia.

—Oh... claro, es tarde y el viaje ha sido largo —sonríe levantándose—. Te acompaño a tu cuarto.

—Uhh... Creí que esas cosas estaban prohibidas hasta la boda —comenta Francia sonriendo.

—Dormimos en cuartos separados, por supuesto —responde Austria. España mira a Francia con cara de circunstancias y resignación.

—¿Tú qué haces, te quedas a dormir? —pregunta España a Francia.

—Por supuesto —repite Francia a Austria medio en broma medio formalmente, haciendo un gesto con la cabeza. Se gira a España—. Non, iré a espiarles mientras se besuquean y luego a asaltar tu cava y dar una vuelta por ahí. ¿Bajas después de despedirle?

—Claro —asiente sonriendo, a lo que Austria frunce el ceño, pero no hay forma en que pueda impedirle ir... Francia sonríe.

—Autriche. Una vez más, muchas felicidades —le sonríe ampliamente.

—Ja, danke... —tira de la mano de España.

—No lo calientes demasiado que luego lo pasa mal... —agrega en un susurro cerrándole un ojo al español y tomando un sorbito del vino.

—Franciaaa —protesta España sonrojándose otra vez, muerto de risa.

El francés se ríe por lo bajo acabándose su copa.

—Ahora vengo —responde siguiendo a Austria tan feliz.

Austria está a punto de mandar a dormir a los italianos cuando piensa que si están por ahí de menos les molestarán un poco. Francia se dispone a darles un poco de vino a cada uno, proponiéndoles ir a espiar a los futuros novios. Veneciano sonríe agradeciendo el vino. Romano mira a Francia con el ceño fruncido y cruzándose de brazos.

—¡YO no voy a ir a espiarles! —protesta.

—Si voy yo il signior Austria se enfadará conmigo —se excusa Veneciano, pero se bebe el vino.

—No se va a enfadar contigo, ni siquiera va a enterarse —sonríe Francia.

—Estúpido Signore Austria —murmura Romano entre dientes, estirando la mano y dándole un buen trago al vino.

—¡No le digas estúpido! —Veneciano se acojona un poco. Romano suspira un poco decaído, aun frunciendo el ceño. Veneciano le toma de la muñeca y se la acaricia un poco dándole ánimos.

—¿Qué pasa, Romanito? —pregunta Francia sirviéndoles un poco más de vino a ambos.

—¡No me llames Romanito! —chilla agradeciendo el gesto a Veneciano, pese a todo, sin quitarle la mano.

—Il signior Austria ha sido un poco duro con él, pero ya le he dicho que no le tome en serio, pero sí haga lo que dice o le castigara muy fuerte —explica Veneciano.

—¿Duro con él? —Francia levanta las cejas y mira a Romano, pasándole una mano por el pelo. Romano le fulmina y se quita, tensito—. ¿Qué te ha dicho?

Veneciano mira de reojo a su hermano, dejándole que cuente lo que quiera para no comprometerle.

—Nada que me importe, me da lo mismo si Spagna me quiere o no, ¡yo le odio! —responde Romano sonrojándose y frunciendo el ceño.

Francia mira a Veneciano y frunce un poco el ceño también.

—Yo creo que podrías hablar con Spagna, porque a mí me parece que sí te quiere mucho... aunque vaya a casarse con il signiore —comenta Veneciano.

—Claro que Espagne te quiere, Roma... ¡¿Cómo no va a quererte!? Toda la vida te ha querido desde que eras así —pone el tamaño de un bebe con sus manos. Veneciano asiente a eso.

—¡Da lo mismo, yo no le quiero, yo le odio! —más sonrojo aún, se levanta de la mesa—. Y no voy a hacer lo que me diga porque no quiero y me da igual lo que piense, odio lavar los pisos y limpiar sus cosas y... —se limpia la cara. El italiano norteño le mira un poco desconsolado y luego mira a Francia.

—Eh, eh... Calma, Romano, calma. Espagne va a quererte igual aunque digas mil veces que le odias —asegura tan tranquilo—. Y de Autriche... No te metas con él, NI LO PATEES, ni lo insultes. Seguramente con eso bastará... Claro que ayudaría que de vez en cuando fueras menos grosero con Espagne... —agrega el francés pensándoselo un poco y mirando a Romano con los ojos entrecerrados.

—Yo te ayudaré con il signiore —ofrece su hermano sonriendo un poco.

—Si le dijeras que le quieres le gustaría mu...

—¡Yo no le quiero! —chillido tsundere. Francia sonríe levemente.

—Hablaba de Espagne...

Veneciano suspira con esa reacción. Romano le mira con la boca abierta porque él, evidentemente, también. Se sonroja más.

—Vale, vale... No le digas que le quieres. Acábate el vino y suban a dormir antes de que venga IL SIGNORE y los mande a dormir él.

El menor se apresura a beberse su copa entera de acuerdo con lo que dice Francia. Romano sigue con el ceño fruncido y sonrojado, pero ¿quién es él para desperdiciar una copa de vino? Se la acaba también. Para cuando España vuelve, en su nube, corriendo tan feliz.

—Si... Pasa algo... Cualquier cosa que no les guste, hablen con Espagne, ¿vale? —pide el francés en un susurro cuando ve entrar a España, levantándose.

Romano frunce el ceño mirando a España y sonrojándose más, sin saber bien qué hacer.

—¡He vuelto! —se ríe idiotamente el español.

—A ver, déjame ver cuantos besos te han dado... —inclina Francia la cabeza mirándole las regiones vitales.

—Ah... ¡Todos los que se ha dejado! —se ríe.

—¿Y se deja? O me da la impresión que es como una tabla, cher... ¡¿Cómo vas a casarte con él sin saber siquiera si se entienden!?

—No es como una tabla... —suspira dejándose caer en la silla—. Tanto. Además no es como que tenga más remedio —le mira y sonríe de lado.

—Eso es lo que veo, que no lo es TANTO. Espero que mejore después de la boda... Como no te tenga a pan y agua después —le da un golpecito en el brazo.

—Ah, eso sí que no se lo voy a permitir... si lo que pasa es que le da miedo. Que venga, es normal porque no sabe, pero ya le enseñaré yo —le guiña el ojo y mira a Romano y a Veneciano de reojo.

Romano le mira fijamente aún de pie al lado de la mesa, con una expresión extraña.

—¿Tú que dices? —le pregunta al notar que le mira, inocente.

—TE. ODIO —suelta completamente sonrojado y pasional. España levanta las cejas y parpadea con eso.

Romano frunce el ceño más aún, le saca la lengua y sale corriendo.

—Pero, Roma... —levanta una mano hacia él desconsolado y suspira derrotado, Veneciano se va tras su hermano después de hacer una pequeña reverencia a modo de despedida adivinad aprendida de dónde.

—Mmmmm... —murmura Francia mirándoles salir, mira de reojo a España.

—No entiendo qué le ocurre, últimamente se enfada conmigo por todo... —confiesa el español.

—Mmmmmmmmmmmm

—Creía que era por el cambio y todo el asunto de la boda, pero por eso le pedí a Austria que trajera a Veneciano y parecía contento con eso...

—Creo que no la está pasando muy bien...

—Bueno, yo sé que todo esto está trayendo un montón de trabajo extra, por eso intento ser dulce con él y hacerle partícipe pero... En fin... —suspira de nuevo—. Siempre ha sido un chico problemático. ¿De qué más estábamos hablando?

—No creo que solo sea un chico problemático. Veneciano me dijo que había sido duro con él... —se encoge de hombros.

—¿Veneciano?

—El "signore Austria" —indica en burla, Francia el sencillo...

—Ah —España se ríe—. Sí, ya lo sé que es un poco severo, también lo es conmigo no te creas, aun no estamos casados y me mete unas broncas a veces...

—¿Broncas de esas que te dan ganas de saltarle encima y tirártelo ahí? —se ríe un poco recargándose en la mesa. España se descojona.

—TODO EL TIEMPO me dan ganas de saltarle encima y tirármelo ahí —responde—. Con bronca o sin ella.

—TODO el tiempo... Bien, de menos contigo las cosas funcionan bien aún. Se ve bien sonrojado... Y hay algo en ese recato exagerado que hace que... —se muerde el labio—, no te culpo.

—Bueno... ¿y tú qué? —cambia de tema sonriendo.

—Yo... Pfff... Sobreviviendo un poco, yendo de aquí para allá, viniendo a verte. ¿Sabes con quién estuve la semana pasada? ¿Te acuerdas del hermano de Belgique?

—Holanda, el de los pelos así —hace puntas hacia arriba. Francia sonríe y asiente.

—Tengo algo últimamente con los altos y guapos...

—¿Últimamente? ¡Qué sinvergüenza! —se ríe otra vez.


Aaay... España, que no te enteras de nada... Bueno, no te acostumbres a capítulos así de largos porque esta historia de repente tiene uno largo como tiene uno corto, aun así, aquí siguen las aventuras previas a la boda.