CAPÍTULO 2
- Shannon, cariño, despierta.
- Mami...mami...hace frío.
- Lo sé mi vida, pero pronto pasará, estarás bien, no voy a abandonarte nunca.
- Y papi?
- Shannon...papi no vendrá...ya sabes que no...que no va a venir nunca más.
Estaba jadeando cuando despertó, tenía el cuerpo sudado y dolorido. Intentó incorporarse pero fracasó, no sabía decir si fue a causa del dolor o de la sensación de que algo muy fuerte la sujetaba.
- Está despierta. Avísala. Rápido.
No reconoció la voz, no estaba en la cueva, eso seguro, porque el murmullo del agua y el eco habían desaparecido.
Alguien entró en la sala acercándose cada vez más a Shannon. Ahora estaba asustada. No sabía que pasaba, pero algo la mantenía alerta. Aunque por lo menos, fuera quién fuera, se había dado cuenta de que estaba viva.
Una luz muy suave, de tono anaranjado iluminaba la sala parcialmente. Era de agradecer pues sus ojos no se habían acostumbrado a la luz natural ni a la de los fluorescentes que apenas se distinguían en el techo.
De pronto sintió una mano acariciar el inicio de su cabello, era un tacto agradable, suave, casi maternal.
Shannon cerró los ojos instintivamente, por alguna razón se sintió segura y protegida.
Poco a poco fue abriendo más los ojos hasta vislumbrar una cara de mujer que la miraba amorosamente. Parecía que iba a llorar.
- Quién eres?. La voz parecía que se le iba a romper. Quizás llevaba mucho tiempo dormida y tenía la garganta muy seca.
- No hables. Te traeré un poco de agua. Más adelante podrás comer algo si todo va bien.
La mujer habló con un tono dulce. A Shannon le pareció que aquella voz si que la conocía. No estaba segura pues su cabeza era un mar de pensamientos pero sabía que había algo conocido en aquella mujer.
Intentó hablar de nuevo, Quería saber donde estaba, que había pasado con su estómago y sobretodo porque Sayid no estaba a su lado, pero aquellas preguntas fueron cayendo en cuentagotas, entre sorbo y sorbo de agua, detrás de pequeñas cucharadas de caldo, y cada respuesta parecía más escurridiza que la anterior.
Aquella mujer la cuidaba con esmero, la peinaba, le mojaba la sien con una toalla húmeda y esperaba a que volviera a caer dormida tras vigilar como le sentaba la comida.
Cables y tubos salían y entraban en su cuerpo, algunos directamente a las venas a través de agujas y otros enganchados a ventosas en su cabeza y su pecho. Shannon ansiaba quitarse aquello, saber si padecía algún mal grave y por encima de todo algo que no entendía y preguntaba una y otra vez, donde demonios estaba Sayid.
- Ahora no es momento de hablar. Todos están bien. Tú debes descansar, cuando estés más recuperada podrás levantarte y ver un poquito más del mundo. Te prometo que te gustará.
Mientras le hablaba seguía acariciando su cabello y Shannon, de nuevo volvió a dormirse muy tranquilamente.
- Buenos días bella durmiente
- Buenos...días. La garganta de Shannon se aclaraba cada vez más, y el sonido de su voz la alegró.
- Vaya!. Ya tienes mejor voz.
La mujer traía el desayuno. Shannon vio que sobre la bandeja había un pequeño maletín. Tras tomarse casi toda la comida que le habían traído, la mujer abrió el maletín y sacó diversos objetos de higiene femenina.
Un ratito después Shannon ya estaba lista, aunque aún no se había mirado en ningún espejo.
- Vamos a levantarte de la cama. Primero te sentaremos en esta silla. Lo haremos con mucho cuidado.
Entraron dos hombres, enfermeros seguramente pensó Shannon, y la colocaron con mucha delicadeza sobre una silla de ruedas.
- Querida, aún no te has mirado al espejo. Pero antes debo explicarte algo. Has estado mucho tiempo en coma. Dijo la mujer cogiendo las manos de Shannon.
- Mucho...tiempo...Cuánto?.
Shannon empezaba a tener miedo. Esa pregunta podía tener una respuesta sorprendente, y así fue.
- Cinco años.
No era capaz de mediar palabra. Se quedó mirando a la mujer con la boca y los ojos abiertos de par en par.
Lentamente fue tranquilizándose. Volvió a recordar su asma, pero por algún motivo y a pesar de estar nerviosa no había tenido ni un sólo signo que evidenciara la aproximación de un ataque de asma.
La mujer movió la silla hasta el baño. Era una sala amplia, con mármoles rosados y un fresco aroma a cítricos. Shannon recordó el baño que tenía cuando vivía con Sabrina y Boone. Aquel recuerdo le inundó los ojos de lágrimas.
- Estás preparada querida?
- Supongo que sí.
Su imagen era casi como la recordaba. Sólo que ahora tenía veinticinco años y su rostro estaba más afinado, pero su cuerpo también había adelgazado, la habían alimentado con sueros durante mucho tiempo, quizás demasiado.
