Aaah, dude bastante para subir este capitulo despues de cierto rvw que me pedia que no continuara escribiendo junto con lo dificil que me ha resultado obtener tiempo para escribir gracias a la universidad. Realmente no quedo como yo creia que iba a quedar... E, ironicamente, Felíz Día del Padre xD

Muchas Gracias a:

yuuki-chan

Ever hrdz (XD Espera espera, que Esallama esta a otro nivel muy distinto a mi XD Y siento todos los traumas causado y que pueda causar por ahora)

Koisshi Saotome Ackerman

Aoi-kun (Lo siento, la sensualidad de Levi trasciende generaciones y sangre (?) XD A mi tampoco me gusta el incesto, pero me parecio buena idea escandalizar a todos así, huehuehue ¡POLÉMICA!)

Guest (Intento tener una escritura tan limpia como la habitacion de Levi, aun no lo logro, pero en eso ando (?))

YaJo (XD tambien bienvenida al espiral de perdicion, nunca es tarde para entrar y odiar o amar a la escritora)

Annie

AlesiLeon1009 (Gracias, bienvenida al espiral de perdicion, nunca es tarde para unirse (?))

srayt

Yue (Si, ahora explicaremos como es posible que Levi rompa los ovarios de dos generaciones seguidas (?))

Yuno Otonashi (Eh, creo que no seran 50 capitulos -no doy para tanto xD-)

Guest

Atzuko-san (Tus rvws son como para sacar fanfics, lo juro! XD)

NinaCakes (Me gustaria saber que era lo que estabas esperando en el epilogo, ¡Me da mucha curiosidad saber lo que los lectores piensan! Y esperaba hacer este epilogo de tres capitulos maximo, todo dependerá de como terminen saliendo los capitulos)

Y a toda la gente buena que deja favoritos y follows :)

ACLARANDO CLARESAS CLARAMENTE (?):

"blablabla" son pensamientos

-blblblblaaaa- son dialogos

-..., fue a casa de pedro.- estan diciendo el nombre o el apellido del lector.

"-jhjklla-" flashback

Espero les guste este capitulo!

Disclaimer: Shingeki No Kyojin NO ES MIO, es de Hajime Isayama!

Advertencia: Lenguaje Vulgar, OOC.


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-Mira eso, Heichō.

Levi detuvo su camino, dirigiendo la mirada hacia donde el dedo índice de la niña indicaba, apuntando hacia las puertas de una iglesia del otro lado de la calle. Bajo el marco, una pareja de recién casados era bañada con arroz mientras bajaban las escaleras del portal, sonriendo de oreja a oreja mientras sujetaban fuertemente sus manos.

-¿Qué está pasando allí?

-Un matricidio, al parecer.- fue la seca respuesta del moreno, reanudando su paso por la calle al estar desinteresado de ver aquella escena. Sin embargo, para la niña de apenas seis años que llevaba de la mano pareció ser mucho más llamativo de lo que a él le pareció.

-¿Matricidio?

-…Matrimonio, Dánae. Ellos se están casando.- tuvo que corregirse a sí mismo, sabiendo que no era muy buena idea confundir a la niña con sus términos sarcásticos. Eso habiéndolo aprendido por las malas. -Al menos sabes qué es eso, ¿No?-

La niña negó lentamente con la cabeza y Levi se preguntó qué demonios le estaban enseñando Eren y Mikasa entonces. Soltando un bufido, utilizó su mano libre para peinarse el cabello negro hacia atrás antes de que este regresara a su sitio original.

-…Cuando dos personas se "aman", deciden "estar juntos por siempre" así que van a una iglesia y se prometen "fidelidad" y toda esa mier-…coles… L-Luego viven juntos y forman una familia. Eso es un matrimonio.- explicó antes de susurrar un "Al menos en teoría" para sí mismo, frunciendo el ceño al tener que censurarse de decir groserías por estar frente a la niña, que estaba en esa etapa de repetir como una cacatúa TODO lo que él decía, tanto fuera bueno como malo.

Los ojos platinados de la pequeña se abrieron curiosos, frunciendo los labios hasta formar una "O" que indicaba una mediana comprensión de lo que él había dicho. -¿Mamá y Papá hicieron eso? ¿También estaban vestidos como esos señores?-

-Sí. Eras muy pequeña y por eso no lo recuerdas, pero también se casaron en una iglesia y todo eso.- respondió mientras miraba por el rabillo del ojo como la pareja de recién casados se besaba cariñosamente, dándole nauseas.

-Oh…- Escuchó a la niña exclamar a su lado. -¿Yo también puedo hacer eso?-

-Cuando cumplas cincuenta años.

-Pero mamá y papá no tienen…

-Cincuenta años, dije.

La niña se quedó en silencio por un largo rato, sabiendo que cuando él decía cosas así era mejor obedecerle. Sin embargo, no habían caminado más de un par de cuadras lejos de aquella iglesia cuando la voz de la niña volvió a alzarse, esta vez con una nueva pregunta.

-…¿Tú también te casaste, Levi-Heichō?

El paso del ex-capitán se detuvo en seco, sus ojos grises abriéndose ligeramente mientras miraban hacia la nada frente a él. Sintió como si el anillo negro que colgaba de su cuello, oculto tras su ropa, comenzara a tornarse al rojo vivo, quemándole la piel. Un cumulo de memorias llegó con la fuerza de una bola de demolición a su cabeza, y lentamente soltó la mano de la niña antes de elevar la mirada desde el suelo hasta el frente de nuevo, comenzando a caminar.

-No.

Fue la seca respuesta del hombre, dejando a la niña detrás. Mas esta no tardó nada en chillar que la esperase, corriendo detrás de él hasta que se sujetó de la manga de su camisa.

-¿Por qué no? ¿Nunca has amado a nadie?- Las cejas negras se fruncieron ligeramente, comenzando a impacientarse por aquel interrogatorio. Sin embargo su expresión se relajó tras un minuto, girándose para ver a la niña desde su altura con mirada suave, usando una mano para acariciar el largo cabello negro de la pequeña.

-Te amo a ti, Dánae. A nadie más.- masculló suavemente, despeinando un poco su cabeza antes de notar como las mejillas de la niña se tornaban de un adorable color rosa por sus palabras, apartando la mirada lejos de él y deteniendo la ronda de preguntas. Levi sabía que con solo decirle eso era suficiente para hacerla obedecer su voluntad.

"Tch, al parecer le dejaste de herencia muchas cosas, Diamant D'Hiver…" pensó mientras regresaba la mirada hacia el frente, retomando su expresión dura y asumiendo que era el fin de la conversación…

-…Entonces… ¿Cuándo cumpla cincuenta años… Tu y yo nos podemos casar, Heichō?- Los ojos grises volvieron a abrirse, sorprendidos por un instante, pero esta vez no dejó de caminar.

"Es solo una niña, todas dicen lo mismo." Se recordó a si mismo.

-No.- espetó con firmeza, comenzando a cansarse de tener que mentir. Esta conversación estaba demasiado cerca de aquel tema que nunca debía ser tocado. Sin embargo, al notar el rostro decepcionado y triste que comenzó a formarse en la pequeña que sujetaba su mano, se arrepintió de haberle respondido de esa manera.

No podía soportar verla poner esa cara, pues le recordaba demasiado a cuando aquella mujer entristecía…

-P-pero…

Deteniéndose en mitad de la calle, Levi se dio media vuelta y enfrentó a la niña al agacharse hasta quedar a su altura, notando que esta parecía a punto de llorar. -…¿Es eso lo que quieres, Dánae?-

-¡Si! ¡Quiero estar con Levi-Heichō siempre! ¡Siempre!

"-No quiero morir… Quiero estar a tu lado, quiero seguir amándote siempre… Siempre, Levi…-"

-…Tch… Solo si te has portado bien hasta esa edad… Tal vez nos casemos.

Las lágrimas que habían comenzado a inundar sus ojos repentinamente se secaron, siendo sustituidas por una enorme, radiante sonrisa. El frío corazón de Levi comenzando a derretirse por ello.

-¡Esta bien!


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Steel Blue

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-Quiero unirme a la milicia como mamá y tú.

Eso había dicho la niña cuando cumplió los doce años de edad. Sus padres, al contrario de enojarse, la apoyaron en su decisión. Ya no había nada que temer cuando después de todo el vasto horizonte que en antaño solo podía divisarse por encima de un muro ahora pertenecía enteramente a la humanidad sin que esta tuviese miedo a ser devorada por aquellos enormes monstruos que pasarían a la historia solo como simples leyendas. Además, se notaba la sed por conocer que era lo que había más allá de aquella población en donde vivía dentro de los ojos grises de la chiquilla.

¿Y qué mejor forma de cumplir su deseo que unirse a aquella fracción de la milicia que aun realizaba expediciones, no para intentar estudiar a aquellos monstruos, sino para realmente explorar lo que había más allá de aquel sitio a donde las aves volaban?

-Sin embargo serán tres años en donde solo podrás vernos un par de días. Así que será mejor que comiences a despedirte, será un tiempo duro.- Había dicho su padre en aquel momento.

Y lo primero que vino a su mente tras esas palabras, fue la imagen de cierto hombre de cabellos negros y de frío mirar. Aquel que todo se lo daba, que todo lo perdonaba y escuchaba. Aquel que siempre tenía un gesto amable para ella, su guardián, su mejor amigo. Sin duda tres años sin verle seria duro, pero… Pero quería llegar a ser alguien capaz de hacerlo sentir orgulloso.

-Tch, mocosa idiota… Yo ya estoy orgulloso de ti.- Había respondido entonces, cuando ella le confesó ese deseo durante la última tarde que pasaría en Shiganshina, antes de que tuviese que partir hacia la Academia de Cadetes en la lejana ciudad de Trost.

-Aun así, Levi-Heichō… ¡Yo quiero crecer y llegar a ser tan fuerte como usted!

"-¡Quiero demostrar que soy fuerte! ¡Que no necesito que cuides de mí! ¡No soy ninguna niña ya!-"

Ella pudo notarlo, como los ojos de Levi se abrían de pronto mientras la miraba antes de bajar hacia el suelo de madera bajo sus pies, como si estuviese recordando algo que había olvidado… Una media sonrisa comenzó entonces a formarse en su rostro, asombrando a la niña de cabellos negros frente a él…

Ella jamás lo había visto sonreír.

-¿…H-Heichō?

-Mi mala. Solo… Me hiciste recordar a alguien.- Afirmó tras unos segundos, su voz volviéndose ligeramente más suave, melancólica mientras se levantaba lentamente de una de las silla que siempre mantenía en el porche de su casa, acercándose entonces hacia donde la niña permanecía parada, ella observándolo turbada. Él seguía sonriendo mientras extendía entonces su mano hacia ella, sujetando la parte posterior de su pequeña cabeza para luego atraerla suavemente contra su pecho, acariciándola suavemente. -Está bien. Ve y haz lo que deseas hacer… Pero quiero que recuerdes esto bien: ...Digas lo que digas, tengas la edad que tengas, para mí siempre serás alguien a quien debo cuidar… Así que no hagas estupideces mientras estés allá. ¿Entendido?-

Demasiado asombrada como para siquiera responder con un monosílabo, Dánae asintió ligeramente con la cabeza, levantando la mirada del pecho fuerte de Levi para verle al rostro, sus ojos grises perdiéndose en el crepúsculo que rodeaba a la escena.

-Ya está obscureciendo.- Fue lo siguiente que le escucho decir, dando una última caricia a su cabello largo y negro antes de alejarse de ella, mirándola con los orbes derretidos como la plata fundida. –Deberías regresar a casa.-

Pero ella estaba demasiado ocupada observándolo como para prestarle atención a sus palabras.

El cabello tan negro como la noche con aquellos rayos dorados que le brindaba el crepúsculo, deslizándose entre sus hebras y en su tersa piel blanca como la porcelana, los ojos azul acero volviéndose blandos para verla solo a ella, su expresión permanecía serena mientras él se embebía de la imagen de su niña por una última vez antes de no poder verla más.

"Él… Realmente es hermoso."

No era como si ella no se hubiese dado cuenta de ello antes. Muchas veces, al caminar de la mano junto a él por las calles, había escuchado a las mujeres cuchichear sobre lo apuesto y atrayente que era el Lance Corporal Levi.

Sin embargo… Era la primera vez que lo veía realmente, sintiéndose de pronto como Ícaro volando hacia el sol. Su pequeño corazón repentinamente comenzó a latir dentro de su pecho.

-Vamos. ¿Piensas quedarte parada allí por siempre?- preguntó Levi entonces, acercándose a depositar un suave beso en su frente antes de empujarla ligeramente hacia las escaleras del pórtico, sin ser capaz de notar como las mejillas de la niña se encendían en un intenso color carmín. –Buena suerte… Y no dejes que ningún maldito mocoso te haga nada mientras estés allá o yo mismo me encargare de matarlo.-

-V-v-vale…- la escuchó tartamudear mientras se tambaleaba por las escaleras, caminando rápidamente y sin mirarlo hacia el caballo en el que había llegado y que Levi le había enseñado a montar, subiéndose torpemente sobre él y balbuceando otra despedida antes de arrancar como alma que lleva el diablo, sintiendo como si todo el mundo se tambalease bajo sus pies.

¿Por qué en ese último momento había deseado que Levi, aquel que todo se lo daba, que todo lo perdonaba y escuchaba, aquel que siempre tenía un gesto amable para ella, su guardián, su mejor amigo, su confidente… Besara sus labios en vez de su frente?

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Antes de unirse a la milicia, Dánae Jäger no tenía muchos amigos. Mientras estaba en casa con sus padres había hecho uno que otro, pero normalmente las personas que se acercaban a ella solo lo hacían porque era la hija del último titán-cambiante que quedaba en la tierra y de la soldado más fuerte de la milicia, y las personas querían conocerlos a través de ella, cosa que molestaba en sobremanera a la niña. Además, la mayoría de sus "primos"; los hijos de sus tíos Jean, Sasha, Connie y Armin eran mucho menores que ella, teniendo como máximo uno o dos años más que la edad de su hermano Meer.

Solo cuando entró en la academia, ella fue capaz de librarse de la sombra de sus padres. En el Cuerpo de Entrenamiento poco les importaba si eras rico o pobre, un noble o un don nadie, ellos simplemente te sacarían la verdadera mierda hasta que fueses alguien tan duro como aquellos soldados que en antaño luchaban contra los titanes o hasta que desistieras por completo de la carrera militar. Y aunque a la mimada Dánae al principio le resultó extremadamente difícil acostumbrarse a que ya no tenía a sus hermanos, padres ni a Levi para cuidarla y consentirla, al poco tiempo aquella sangre militar que corría por sus venas tomó el mando, convirtiéndose rápidamente en la mejor soldado de su año, tal cual lo había hecho su madre, su padre y su querido guardián en años pasados. De nuevo, un nuevo soldado prodigio con la sangre Ackerman se alzaba entre las filas de la milicia, dispuesto a dar su vida y su corazón por explorar aquel basto horizonte que de nuevo pertenecía a la humanidad.

Aunque por ahora lo único que deseaba era llegar a casa y tirarse en su cama a dormir por el resto de la eternidad. La graduación oficial había sido la noche anterior y al fin era capaz de regresar a casa, con sus padres y sus hermanos… Y de ver a Levi otra vez.

Aquel último pensamiento hizo que el corazón de la muchacha palpitara con fuerza dentro de su pecho, emocionado. Al fin sería capaz de ver a aquel hombre… Aquel que se había robado su corazón, al cual había extrañado como al aire durante todos esos largos años en los que al fin había podido comprender que significaban todos esos sentimientos extraños que él le causaba.

Porqué ella estaba segura de que eso era amor, como sus amigas le habían explicado. No había otra explicación del por qué siempre rechazó a todos aquellos compañeros que intentaron declarársele, del por qué ninguno de los soldados le llamó nunca la atención, siempre comparándolos con lo fuerte, listo y apuesto que era el ex-Lance Corporal, y del por qué casi todas las noches se iba a dormir pensando en él, fantaseando con el día en que por fin podría volver a verlo…

Tal vez incluso decirle que ella estaba enamorada de él.

Subiendo aquel grupo de escaleras que daban a la entrada de su hogar, Dánae dejó a un lado todo su equipaje, arreglándose la ropa antes de tocar la puerta con los nudillos. Fue capaz de escuchar entonces como pasos apresurados se acercaban a la puerta antes de que esta se abriera lentamente. Ella esperaba que tal vez sus hermanos o padres abriesen la puerta, llorando o abrazándola como en un reencuentro común y corriente.

Pero lo siguiente que pudo ver cuando la puerta se abrió fue a una tropa de personas atropellándose bajo el marco antes de abalanzarse sobre ella, llenándola de besos babosos y lágrimas. Como si se hubiese montado en una especie de carrusel, todo pasó demasiado rápido como para ser capaz de recordarlo todo con exactitud a pesar de que transcurrieron varias horas, confundida entre el montón de rostros familiares y desconocidos de sus padres, hermanos, tíos y primos que la felicitaban por su logro, que aclamaban lo grande que estaba ahora y cuanto la habían extrañado, contándole todas las cosas que habían ocurrido durante sus tres años de ausencia.

Si algo podía decir ella era que jamás había estado completamente sola en su vida, pues su familia era muy grande y unida a pesar de que la mayoría de los integrantes ni siquiera tenían la misma sangre que ella. Desde que tenía memoria, sus tíos siempre se preocupaban en extremo por ella, siempre llevándole regalos, consintiéndola y ayudándola en todo, como si quisieran asegurarse de que ella siempre estaría a salvo, feliz y acompañada por el resto de su vida.

Siempre dándole una familia a donde pertenecer si se sentía sola y un hogar al que regresar si estaba perdida.

Sin embargo, ella fue capaz de captar cierto detalle… La ausencia de esa persona que ella deseaba ver más que a nadie. ¿Por qué Levi no estaba allí como siempre lo había estado? ¿Acaso no le había avisado de su regreso? ¿O tal vez estaba ocupado en una de esas reuniones con la Comandante de la Legión de Exploración o incluso con Su Majestad la Reina? No podía ser ninguna de las dos, pues tanto la comandante como la mismísima reina se encontraban allí, una habiéndose escapado de sus deberes en la base de la Legión y otra habiéndose disfrazado de plebeya para poder llegar a aquella reunión…

¿Por qué entonces la persona que afirmaba quererla más que a nadie no había llegado a darle la bienvenida?

Entre esos pensamientos no fue capaz de darse cuenta de cuando la mañana y la tarde habían pasado, dándole paso a la noche y al comienzo de las despedidas de sus tíos y primos. Uno a uno fueron pasando por el portal de la puerta, hasta que solo Mikasa, Eren y sus hijos quedaron junto a la chimenea. Aquel fue el comienzo de las memorias nítidas de Dánae.

-Iré a lavar los platos.- Había dicho la madre tras cerrar la puerta cuando se aseguró de que Armin Arlett, su esposa y su hijo se habían alejado lo suficiente en la calle. Dándose la vuelta y dedicándole una caricia suave en la cabeza a su hija mayor, se dirigió a la cocina.

-Y ustedes tres deberían ir a dormir.- El padre a su vez miró a los otros tres niños que jugaban en el suelo, los cuales lo miraron con ojos suplicantes a su vez.

-¡Pero papá…!- había lloriqueado Meer, aquella copia exacta de Eren Jäger cuando tenía los mismos doce años de edad que él tenía ahora.

-Dánae aún no se va a dormir. ¿Por qué nosotros sí?- preguntó a su vez Sora, estando en la edad de preguntar el por qué de todo con sus nueve años, dando ver una versión masculina de como se había visto Mikasa Ackerman cuando había comenzado a vivir con los Jäger.

-Papá malo. ¡Yo quiero quedarme con Dadé-Nee-chan!- Carla, a su vez, abrazó a Dánae del cuello. Aunque Dánae había vivido con su hermana por un tiempo considerable, Carla apenas tenía cuatro años de edad y no recordaba para nada el rostro de aquella "hermana mayor" que se había ido a unirse a la milicia cuando ella apenas tenía un año, por lo que su regreso significaba para ella algo así como la primera vez que era capaz de conocer a su hermana en persona. Dánae a su vez, notó que aquel bebé calvo y que no hacía más que llorar, comer y dormir que ella había dejado atrás ahora se había convertido en una adorable niña de ojos dorados y cabello como el chocolate fundido de su padre, junto con la piel pálida de su madre y sus mismas facciones delicadas y hermosas. Al parecer había sacado todo lo bueno que podía sacar de ambos padres.

-Nada de eso. Tú tienes que ir a entrenar mañana con tu tío cara de caball-... Jean si no quieres reprobar el examen de admisión del Cuerpo de Entrenamiento, Meer. Y tú, Sora, tienes lecciones de Caligrafía y Matemática con Armin y tu prima Marina. – Eren se levantó del sofá que compartía con su hija mayor, quitándole (o arrancándole, para ser más apropiados) a Carla del cuello antes de mirar severo hacia sus otros dos hijos, quienes uno entre pataleos y berriches y el otro entre suspiros amargados se encaminaron tras su padre hacia la habitación que los tres niños compartían. –En un momento regreso.-

Pero Mikasa regresó primero que él, a pesar de que había una pila enorme de trastes en la cocina. Dejando una taza de humeante té negro en la pequeña mesa de café que había en la sala y con otra en sus propias manos, la mujer se sentó a la izquierda de su hija en el sofá de tres puestos, dándole un sorbo a su té con un suspiro y sin darse cuenta del hilo de pensamientos en la mente de la niña, la cual había ignorado por completo toda la escena que sus padres y hermanos habían hecho antes de desaparecer.

-Ya está.- unos segundos después, Eren lograba salir de la habitación de los niños, cerrándola con sumo cuidado detrás de si antes de pasarse una mano por el rebelde cabello castaño, mirando a las dos mujeres sentadas en el sofá con una suave sonrisa, ocupando el último puesto restante junto a Dánae y tomando su taza de té. –Ambas lucen muy cansadas.-

-Ha sido un día ajetreado.- afirmó la mayor, sonriendo ligeramente a su taza de té antes de girarse hacia la chica. -Seguro más para ti. ¿Has venido todo el trayecto desde la academia a caballo?-

La jovencita apenas asintió con la cabeza, mirando su regazo con aire ausente. No estaba realmente prestando atención mientras su cabeza aun le daba vueltas a aquel asunto. Mas aquello no pasó desapercibido por los dos padres, mandándose miradas preocupadas entre ellos antes de que el padre pusiera una mano sobre el hombro de su hija, recibiendo la mirada confusa de esta a cambio.

-¿Pasa algo malo, Dánae?

Ella bajó la cabeza de nuevo hacia su taza, intentando ocultar la decepción que sentía. -…Levi-Heichō…-

Ah. La comprensión pasó fugazmente por los ojos de los dos Jäger mayores, las cejas de la mujer hundiéndose ligeramente con pena al entender lo que estaba sintiendo su hija. –Él no pudo venir… Es esa época del año…-

Los ojos grises de la chica se ensancharon ligeramente.

Ah. Esa época del año.

Ella era capaz de recordarlo claramente. Había cierta época del año, al final del invierno, en la que Levi Ackerman simplemente desaparecía de la faz de la tierra. No iba a visitar la casa de los Jäger, no se le veía en las calles de la ciudad, mucho menos en la Legión y nunca abría la puerta de su casa ni porqué intentasen tumbarla a patadas. También se escuchaban rumores que decían que él tomaba esa época del año para ir de viaje a cierto lugar cercano a Karanese, desapareciendo por varios días, pero nadie sabía la razón de aquellos viajes.

Dánae nunca fue capaz de comprender por qué el Lance Corporal hacía eso todos los años. Y aunque más de una vez intentó pedirles explicaciones a todos los adultos, ninguno era capaz de darle una respuesta concreta, y Levi… Este jamás quiso abrir la boca ante ese tema.

"Ahora que lo pienso… Yo realmente no conozco a ese hombre."

A pesar de estar completamente segura de estar enamorada de él, también estaba muy consciente de que no lo conocía. A pesar de que él le contaba historias de cuando luchaba junto al antiguo Comandante de la Legión a ella y a sus hermanos para entretenerlos, a pesar de que le había hablado de sus amigos de la juventud, de sus camaradas del Escuadrón de Operaciones Especiales y de cómo eran Eren, Mikasa y los demás cuando tan solo eran novatos quinceañeros, siempre había una laguna en cierta parte de la historia, obscura y misteriosa que él siempre lograba evadir en sus historias…

Una laguna que, ella sospechaba, eran capaz de explicar todos los secretos que envolvían a aquel extraño y solitario hombre: ¿Por qué él no tenía su propia familia, como todos sus demás compañeros?

La Comandante Hange Zoe, por ejemplo, tenía ella entendido que había sido la mujer del antiguo Comandante de la Legión por mucho tiempo antes de que este falleciera en la batalla que decidió el futuro de la humanidad, unos catorce o trece años atrás, decidiendo permanecer en su estado de viuda desde ese entonces. Sus padres y tíos, que habían formado sus propias familias después de acabar con los titanes… ¿Y él, qué? ¿Es que jamás se había enamorado?

¿O tal vez…?

Levantándose repentinamente del sofá, Mikasa y Eren miraron confundidos como la muchacha se arreglaba fugazmente el uniforme que aun llevaba puesto, caminando hacia la puerta y tomando su chaqueta beige para ponérsela de una vez. -¿Dánae?-

-Iré a verlo. Regresaré pronto.- fue lo único que dijo mientras se encaminaba hacia la puerta, dejando a sus padres anonadados por un segundo antes de que al fin lograsen reaccionar, levantándose de golpe al mismo tiempo.

Ellos no podían permitir que ella lo viera en ese estado.

-¡Espera, Dánae!- Eren gritó mientras alcanzaba la puerta, logrando ver que la muchacha ya había desatado a su yegua y comenzaba a montarse en ella. –Ir tu sola hacia allá, a estas horas. ¿Acaso estás loca?

-¡No se preocupen por mí! ¡Recuerden que soy una militar ahora, al igual que ustedes!- fue lo único que dijo antes de aplicarle las espuelas al animal, arrancando la cabalgata hacia las afueras del pueblo, ignorando los gritos de sus padres. Había decidido aclarar eso de una vez por todas. Por el bien de Levi, y por el suyo propio.

Mientras estaba en la academia, ella había sido capaz de hacer cierto grupo de amigos. Una de ellas May, era su mejor amiga. Solo ella sabía con claridad que ella era la hija de Eren y Mikasa Jäger, y solo ella sabía de aquel flechazo que tenía por el "Soldado Más Fuerte de la Humanidad". Dánae solo había sido capaz de contárselo a ella, pues siempre había sentido que eso último estaba terriblemente mal. Desde que se había dado cuenta de aquel sentimiento extraño floreciendo dentro de ella con cada gesto amable que él le dedicaba, como si una parte de ella gritara que estaba comprendiendo mal las cosas, que sus gestos no debían ser interpretados de esa manera. Pero… ¿De qué otra manera podía interpretarlas cuando él no era siquiera de su familia? Él mismo le había dicho más de una vez que no le llamara tío o hermano.

"Levi. A secas." Le había dicho él, mas luego se le había contagiado el rango con el cual su madre y su padre le adjudicaban. Pero ella en ese entonces ni siquiera era una militar para llamarle así.

Algo básico de los seres humanos era el sentido de pertenencia. Era una de las cosas que era capaz de guiar los sentimientos y pensamientos de una persona hacia otra, pero en el caso de Levi… Ella no estaba para nada segura de en qué sentido él le pertenecía. Sin embargo, cuando fue capaz de describir la clase de emociones que ella sentía al estar cerca de él, su amiga May pareció estar completamente segura de saber el nombre de aquel sentimiento que se desataba en su inocente amiga.

Amor. La clase de amor que uno sentía hacia un compañero de vida. La clase de amor que unía a las parejas.

May le explicó que, según aquellos ambiguos "síntomas" como ella le había colocado, Dánae veía a Levi no como a su familia o como su amigo, sino como una mujer podía ver a un hombre que le atraía. Poco después Dánae le había explicado que existían al menos veinte años de diferencia entre ellos. La explicación de May tambaleándose ante ese nuevo dato.

"¡Para el amor no hay edad!" ella había dicho en respuesta. Y Dánae estuvo de acuerdo con su afirmación. No por nada sus padres la habían tenido a ella cuando apenas tenían quince o dieciséis años, siendo apenas unos niños como ella lo era.

Con eso en mente, Dánae se había decidido que era hora de aceptar los sentimientos que acarreaba por ese hombre. Y con ello, el deseo de conocerlo más, y de llegar hasta lo más profundo de su corazón se volvieron su norte, el mismo norte que en ese instante veía mientras cabalgaba velozmente hacia el hogar del ex-Lance Corporal.

Ella lo amaba, y ella averiguaría que era aquello que tanto le afectaba y tanto se empeñaba en ocultar como para hacerlo encerrarse por tanto tiempo. Ella lo ayudaría a salir.

-¡Soh!

Logrando detener a Minerva a un par de metros de la cerca que marcaba el inicio del hogar de aquella persona, Dánae prácticamente saltó desde la silla, atando precariamente a su montura de una de las cercas antes de abrir la pequeña verja blanca de un golpe, corriendo hacia la puerta con una nueva determinación palpitando salvaje en su pecho. Tal vez era aquello la emoción de ver a aquel a quien "amaba". O tal vez porqué, desde muy pequeña, odiaba aquella época del año con todo su corazón ya que siempre era capaz de arrebatarle a su persona mas preciada.

-¡¿Hola?!- dándole fuertes golpes a la puerta, Dánae gritó desde el pórtico. Era capaz de notar luces encendidas dentro de la casa. Él estaba allí. Así que continuó dándole golpes a la puerta mientras comenzaba a pensar en un plan B en caso de que él realmente se negase a abrir. Una ventana tal vez… -¡¿Hay alguien allí?! ¡Hola! ¡Por favor, abr-…!-

Pero no hubo necesidad de terminar de pulir el plan B. La puerta se abrió repentinamente mientras ella gritaba, sorprendiéndola y haciéndola retroceder cuando se encontró con la figura de aquella persona a quien buscaba. Ahora que lo pensaba, realmente no estaba lista para verlo otra vez…

Mientras los ojos como espadas de Levi Ackerman se abrían asombrados al verla, jadeando por lo bajo. Palideciendo. Su mirada soltando un fulgor repentino mientras él la miraba. -¿...Diamant D'Hiver…?

Ahora fue el turno de Dánae de mirarlo confundida, frunciendo ligeramente el ceño. ¿Diamant D'Hiver? ¿Quién…?

-Levi-Heichō…- Como si el llamarlo hubiese reactivado algo dentro de él, el moreno pestañeó un par de veces, mirándola entonces de arriba abajo, el brillo dentro de sus ojos apagándose lentamente mientras exhalaba sonoramente.

Dánae sintiéndose de pronto menospreciada al ver como él parecía lucir profundamente decepcionado de verla a ella. Como si hubiese estado esperando a otra persona con todo su corazón.

-¿Dánae?- su voz salió con un tono extraño, como si intentase forzarse a sí mismo a sonar sereno, frotándose el rostro con una mano. -¿Realmente…?

-¡S-s-si!- haciendo el saludo militar, la muchacha se obligó a retomar la compostura, pero sintiendo ahora como un extraño y terrible ardor llenaba su rostro mientras se sonrojaba al saberse de la entera atención de aquel hombre. -¡La soldado número uno del escuadrón de cadetes número ciento diecinueve, Dánae Jäger lo saluda, Levi-Heichō!

Pero no era ni siquiera capaz de apartar la mirada de él. Sintiendo como su corazón comenzaba a latir con demasiada fuerza tan solo con el tono ligeramente ronco de aquella voz, Dánae paseó la mirada por la figura de la persona a la que en secreto había estado agonizando por ver desde tres años atrás. Al parecer los recuerdos de la imagen de él que guardaba en su memoria no eran capaces de hacerle justicia al real. Siempre despidiendo aquel aroma a recién salido de la ducha, él la miraba a través de los cortos cabellos azabaches, algunos trazos blancos de canas en los finos mechones intentando fallidamente cubrir sus ojos grises y afilados que parecieron suavizarse al reconocerla al fin.

La joven quinceañera sintió como si el aire se escapara de sus pulmones con solo verlo. Tres años habían pasado…

-Tch… Jodida mocosa…- Fue lo primero que dijo tras aquel largo minuto, soltando un suspiro cansado mientras se apartaba a un lado, como indicándole que entrara. –Nadie te dio permiso de crecer tanto en tan poco tiempo. ¿Sabes?-

Y ella no pudo evitar reírse ante aquella forma tan rara de darle la bienvenida. –También me alegro de verte, Heichō.-

Los minutos pasaron. Ella tomando su pequeño espacio especial en la mesa del comedor mientras ambos intercambiaban cortas frases que le daban a saber a Levi que ella había regresado de Trost apenas en la mañana. Al parecer él seguía siendo la misma persona de la cual se había despedido antes de partir; fría, algo grosera y con problemas serios para expresarse, pero que al mismo tiempo era amable y blando con ella... Su forma de comportarse ahora no era para nada distinta al resto del año, y eso la confundía. ¿Por qué en el mundo él simplemente se encerraba y desaparecía durante esa época del año? ¿Que tenía esta de especial para él?

Dejando una tasa de chocolate caliente frente a ella, Levi tomó la suya de esa extraña forma en que lo hacía antes de darse un trago de su té negro, sentándose en una de las sillas frente a la pequeña mesa de dos personas. Dánae a su vez asintió con la cabeza, susurrando un agradecimiento mientras tomaba la taza y soplaba el líquido dentro para enfriarlo antes de beberlo. Por unos minutos hubo un silencio que le resulto incomodo mientras lo veía beber discretamente por encima de su taza, sintiendo sus mejillas arder ligeramente. A pesar de todo el tiempo que había pasado –mostrándose en la cantidad de canas que habían aparecido en su cabello gracias a sus cincuenta años de edad-, él seguía luciendo aquel rostro terso y atractivo que siempre le había caracterizado. Con facciones suaves sin dejar de ser masculinas y aquellos ojos suyos que parecían ser capaces de atravesarla y mirar dentro de su alma, tan solo algunas arrugas comenzando a mostrarse en los rabillos de sus ojos, pero que ni siquiera eran capaces de restarle belleza.

Dánae sintió sus mejillas enrojecer aún más, pero le era imposible dejar de mirarlo, más aun cuando por fin era capaz de tenerle cerca cuando había estado tres años sin saber de él más de lo que podía hacer su subconsciente durante las pocas horas de sueño en la academia, o de su propia imaginación cuando esta volaba sin que ella se diese cuenta, fantaseando con el cariño de aquel hombre. Cuanto deseaba decirle lo mucho que lo había extrañado, pero… Pero él no parecía estar siquiera consciente de su presencia. Mirando hacia la ventana que había junto a la mesa, ella sentía como si él, a pesar de estar a tan solo un metro de distancia, estuviese muy, muy lejos de ella.

-Así que fuiste la numero uno de tu año…- la voz del hombre fue casi un murmullo, pero hizo saltar a Dánae en su asiento, estando a punto de soltar su taza.

-A-ah… S-si…- ella afirmó velozmente, intentando encubrir su nerviosismo. –Dijeron que yo era una prodigio…-

-Tch…- Dánae no podía asegurarlo, pero le pareció ver una fugaz sonrisa cínica pasar por el rostro de Levi ante sus palabras. –Al parecer también has heredado la fuerza de los Ackerman a pesar de todo.-

La niña movió sus ojos grises hacia la madera de la mesa. Se sentía de pronto muy extraña. –U-uno de los instructores dijo que ya lo esperaban. Dijo que solo la sangre Ackerman era capaz de dar tantos "supersoldados"…-

-No necesariamente.- Levi refutó repentinamente, ganándose una mirada confusa de parte de la muchacha. –Hace mucho tiempo hubo un soldado que también fue llamado prodigio sin ser un Ackerman.-

Los ojos grises se abrieron con asombro. Eso ella no lo sabía, los instructores solo habían nombrado a los dos soldados que valían más que una tropa entera, Levi y Mikasa Ackerman. –Jamas escuche de otro prodigio. ¿Cómo…?-

-Tch, es simple. Esa persona desarrolló esa ridícula cantidad de fuerza por sí misma. Sin "Sangre Ackerman" ni "Inyecciones locas que te convierten en titán-cambiante" ni nada de esa mierda…- la voz del ex-capitán volviéndose algo parecido a un murmullo mientras volvía a llevarse la taza de té a los labios. –Ella en verdad era una soldado prodigio.-

"¿Ella?" Dánae se preguntó en su mente mientras notaba como la mirada del hombre volvía a perderse en la ventana. Por un momento, el recuerdo de aquellas palabras que él había dicho cuando la había visto una hora atrás regresó a su mente, pero eliminó esa extraña asociación absurda.

-¿Acaso la conocías, Levi-Heichō? ¿Alguna vez la viste?- ella preguntó inocentemente, aun incapaz de creer algo como eso. Todos en la milicia estaban completamente seguros de que no había forma de ser tan fuerte como los Ackerman sin tener su sangre…

-¿Crees que te contaría algo que no he visto con mis propios ojos, mocosa idiota? ¿O crees que las historias de mis camaradas son solo inventos?

Así fue capaz de captarlo en seguida. Él hablaba de una de sus compañeras, pensó la jovencita mientras sujetaba su taza con emoción. Las historias de aquellos héroes que habían sido capaces de soportar a Levi sin intentar matarlo o suicidarse en el intento eran unas de las favoritas de Dánae desde que era muy pequeña, acercándose un poco más hacia el borde de la mesa para poder escucharle mejor al ver que él abría la boca para continuar. El brillo soñador que siempre se instalaba en sus ojos cuando él hablaba surgiendo del interior de los irises grisaseos, tornándolos de un peculiar color azulado.

-Ella tenía una banda de amigos que eran casi tan fuertes como ella. Todos habían salido de un pueblo que estaba en el culo congelado del mundo, por eso eran tan fuertes. Incluso lograron ocupar los seis primeros puestos del top diez. Siempre estaban juntos y trabajaban como si todos pudiesen pensar lo mismo que el otro pensaba… Ella era la líder. Tenía talento para eso.

Emocionada con aquella nueva historia, Dánae dio otro sorbo a su chocolate sin dejar de mirar a su narrador con emoción mientras este miraba ahora hacia la nada por encima de ella, frunciendo ligeramente el ceño como si recordase alguna de las tonterías que aquellas personas hacían. Comenzó a contarle como una vez esos seis "mocosos idiotas" junto con él habían logrado desenmascarar y acabar con una red de traficantes de personas –de forma accidental-, el increíble desempeño de ellos en las expediciones, la forma particular en la que elegían a su líder cada año y de como ella había ganado por varios años consecutivos, como esa misma mujer había logrado convertirse en capitana con solo dieciocho años de edad, y por ultimo le contó la más grande de las proezas de esa joven desconocida, siendo ella capaz de vencer completamente sola a un grupo de tres titanes sin gas y con solo un par de cuchillas.

Cada historia que pasaba por los labios de Levi lograba asombrar cada vez más y más a la jovencita, incapaz de creer que alguien tan increíble fuese capaz de hacer todas esas cosas siendo tan joven. También fue capaz de darse cuenta en la forma en que el gran Lance Corporal Levi hablaba de esa persona, pudiéndose comparar con las veces en las que él había relatado las historias del antiguo Comandante de la Legión de Exploración: Retratándolos como verdaderos héroes legendarios, valerosos guerreros que habían entregado sus corazones a la humanidad y que habían guiado admirablemente a sus camaradas hacia la victoria a pesar de todos los sacrificios que habían tenido que hacer para llegar hasta su meta. En el caso de esta soldado desconocida, Dánae creó una imagen fantasiosa de una mujer guerrera, una valkiria valerosa y extremadamente fuerte, que incluso había sido capaz de arrebatarle el puesto al "Más Fuerte de la Humanidad" aunque solo hubiese sido una vez.

Era inaudito que la gente no conociera a esta persona, que creyeran que los más fuertes solo eran su madre y él… Ella no podía compararse ni por asomo con esa persona de la cual el Más Fuerte de la Humanidad hablaba con tanta admiración. Por un segundo, incluso sintió una punzada de celos al ver la clase de reacción que aquella persona desconocida era capaz de crear en aquel hombre que siempre se obligaba a permanecer estoico.

Impulsada por ese pensamiento, ella abrió la boca cuando él comenzaba a contar una nueva historia. -¿Y qué pasó con ella? ¿Por qué nadie en las tropas me contó esta historia? ¡Alguien como esa clase de personas debería ser tan famosa como tú!- fue lo siguiente que preguntó tras darle un sorbo a su chocolate que ya comenzaba a enfriarse.

Luego terminaría arrepintiéndose de haberse atrevido de preguntar aquello.

Una sombra comenzó a cubrir la mirada del hombre tras su pregunta, cerrando la boca lentamente, casi como si se hubiese dado cuenta de que había hablado de más, dándole al fin un último sorbo a su taza de té antes de dejarla sobre la mesa, sus ojos levantándose hasta perderse en la ventana mientras respondía. Gélido.

-Ella murió.

Y sin decir mucho mas se levantó de la mesa, limpiando fugazmente la taza y dejando a Dánae con el asombro de aquella dura respuesta atrás al subir las escaleras de su habitación.

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Aquella noche, ella tuvo que regresar a casa con más preguntas que respuestas. Levi no volvió a salir de su habitación y la noche se volvió cerrada, siendo ese el indicador de que era hora de regresar, pensando que tal vez al día siguiente él estaría más calmado y lograría preguntarle aquello por lo que había ido inicialmente a encontrarse con él. Sin embargo, al ir a Schnee-Madchen la mañana siguiente, grande fue su sorpresa al ver que él ya no estaba allí, y que Marte, aquel viejo caballo blanco que le servía de medio de transporte normalmente tampoco estaba en el pequeño establo en la parte trasera de la casa.

Él se había ido, como todos los años, a aquel paraje lejano que nadie además de él sabía en donde se encontraba, a hacer algo que nadie además de él conocía.

"¿Qué es aquello tan terrible que debe haber pasado durante esta época… Para que incluso se olvide de que yo estoy aquí?"

Era lo que se preguntaba la joven Dánae mientras los días pasaban y la cabaña del Lance Corporal permanecía inhabitada. La tristeza y el sentimiento de ser abandonada por aquel a quien amaba oprimiendo su pecho, arrancando la energía de su cuerpo hasta dejarla encerrada en su habitación por días.

Pero ella, a diferencia de otros, seguía teniendo personas que podían notar el cambio en su ánimo. Siendo sus padres los primeros en darse cuenta de ello. Eren y Mikasa no eran tontos, habían captado la confusión en la niña que había estado bajo sus alas durante todo ese tiempo, a la cual habían visto nacer, decir sus primeras palabras, dar sus primeros pasos y crecer cada vez más bajo sus cuidados y afectos. Eran capaces de acertar casi siempre en cada uno de los pensamientos de la niña, cuyo rostro, sin que ella lo supiera, había adoptado aquel rasgo particular que su verdadera madre había tenido en vida: La transparencia de un cristal.

Aun así, ellos no habían querido aceptar que su primera hija muy posiblemente había comenzado a desarrollar cierta clase de sentimiento hacia su antiguo Líder de Escuadrón. Porqué si aquello llegaba a trascender más allá de la confusión de una niña que no es capaz de distinguir las clases de amor que existen… Entonces ellos no podrían hacer más que decirle el porqué era imposible para ella estar junto al hombre que amaba. No por lo que los demás dirían, ni por la diferencia de edad y de pensamiento, sino por el vínculo de sangre que había entre ella y él.

Mikasa, como le había dicho a su esposo una noche antes de dormir, había advertido en las cartas que Dánae le mandaba desde la academia ciertas pistas que ella no había tomado como importantes, pero que ahora que debían ver las cosas desde este punto de vista, resultaba sospechosa la forma en que ella expresaba no estar interesada en ninguno de sus compañeros, o como ella hablaba con suma ligereza de haber rechazado a tantos jóvenes pretendientes. Sin embargo, solo eran suposiciones que no tenían verdaderas bases, a lo que ambos esposos se vieron obligados a llegar a una resolución: Preguntarle directamente a ella.

-Sabes que puedes contármelo todo. Soy tu madre, no tienes que ocultar nada de mi.

Había dicho la Ackerman cuando ella y Eren tuvieron una oportunidad de estar junto a Dánae a solas, sin los otros tres pequeños que pudiesen fisgonear en el asunto. La muchacha, a su vez, no pudo evitar removerse nerviosa en su asiento, considerando las opciones que tendría y anticipando la reacción de sus padres.

-…Yo… C-creo que estoy enamorada de Levi-Heichō.-

Ese fue el momento en que todo aquel esfuerzo de catorce años se fue por el caño, Mikasa y Eren abriendo los ojos de par en par ante esa declaración. Sin embargo, antes de que Eren, siempre impulsivo, intentase abrir la boca para soltar lo que fuese que le estuviese pasando por la mente, su mujer puso una mano en su pecho, indicándole con una de sus estoicas miradas que le dejase la situación a ella.

-…¿Es eso lo crees?

-S-si…

-¿Y por qué lo crees?

-…Cuando estoy con él… Siento como si no quisiera irme nunca. Como si yo perteneciese a ese lugar, a su lado.- ella intentó explicarse lo mejor que pudo, siendo, al igual que sus demás familiares, bastante torpe con las palabras a la hora de expresarse. –Mi corazón siempre late muy fuerte dentro de mi pecho cuando él me mira o me toca, sin darme cuenta, casi siempre estoy pensando en él… Y mientras estuve en la academia, no había un solo día en el que no lo extrañase, siempre comparaba a los demás chicos con él y los encontraba infantiles y estúpidos en comparación. ¡Y-yo al principio no estaba segura de lo que sentía, quiero decir! ...Pero… La forma en que describen el amor en los libros, la forma en que mis amigos hablaban de las personas a las que amaban… Ellos sentían lo mismo que yo siento ahora hacia él.-

Mikasa se mantuvo en silencio por un momento, sintiendo como Eren comenzaba a ponerse cada vez mas tenso con esas palabras, frunciendo el ceño ligeramente. Tenían que resolver esto aquí y ahora, antes de que aquel desastre que se avecinaba terminase desatándose.

-¿No crees que es demasiado viejo para ti, Dánae?- Preguntó la madre, aun estoica, ganándose una mirada alterada de parte de la hija.

-¿Desde cuando ha importado eso? ¡La edad es solo un numero que no importa en el amor, ustedes mismos me lo han dicho muchas veces!

-Si, pero nosotros tenemos la misma edad, y aun no diríamos nada si se llevasen siete u ocho años de diferencia. Pero Levi-Heichō tiene cincuenta años y tu apenas acabas de cumplir quince, Dánae. ¡Son al menos treinta años de diferencia!

-Treinta y cinco para ser exactos. ¡Él podría ser tu pad-…!- Eren chilló desde su sitio, mas luego se obligó a callarse de nuevo ante la mirada fugaz que le mandó su mujer como advertencia. Ella estaba intentado llevar las cosas con calma relativa.

-Lo que tu padre quiere decir es que no es algo común. ¿O acaso no te incomodaría que, cuando pase el tiempo, la gente crea que él es tu padre o tu abuelo?- Mikasa volvió a hablar en tono racional, intentando hacerla retractarse de su pensamiento con esa lógica. -¿No dejaras de pensar así cuando dentro de algún tiempo, comience a arrugarse como una pasa? Tu no lo amas, solo estas encandilada por él.-

Sin embargo, la jovencita no se lo tomó con calma. Frunciendo el ceño, prácticamente le ladró a su madre en respuesta. -¡No me importa, mamá! ¡Realmente me importa un comino lo que crean los demás! ¡Yo si lo amo, sin importar que luego se vuelva más viejo, yo seguiré encontrándolo tan apuesto como luce ahora, y seguirá siendo tan increíble como yo lo veo, siempre!-

Mikasa frunció el ceño al ver que la chica se ponía a la defensiva. Uno de sus defectos, era demasiado fácil de de alterar. -…¿Y que te hace creer que él sentirá lo mismo que tu?-

Ahora con eso fue capaz de quitarle las palabras de la boca a la jovencita, quien movió los labios como un pez que se ahogaba antes de cerrar la boca, sin saber que decir por un rato. -…El siempre me ha dicho que me ama… Incluso… ¡Incluso una vez dijo que cuando creciera, se casaría conmigo!

Eren y Mikasa abrieron los ojos de par en par, notando el grado de inmadurez que la niña aun tenía. Ellos no recordaban haber sido tan estúpidamente ilusos a esa edad -Mas luego recordaron que ellos no habían tenido una infancia "normal"-. Eren se pasó una mano por el rostro, intentando entender como era posible pensar de esa manera -¡Estas actuando como una mocosa tonta! ¡Date cuenta de una vez, Dánae!-

-¡Aquí los únicos inmaduros son ustedes!- levantándose repentinamente del sofá, la joven de cabello azabache apretó los puños a los lados de su cuerpo, furibunda. -¡Ya tengo quince años, soy una soldado graduada y pronto me uniré a la Legión de Exploración! ¡Legalmente soy considerada una adulta!

-¡Antes que una soldado, eres nuestra hija!- Eren a su vez se levantó de su asiento, irguiéndose en toda su altura por encima de la niña, sacándole al menos dos cabezas de diferencia. -¡Vives en nuestra casa, comes nuestra comida y debes seguir nuestras ordenes, quieras o no! ¡Te prohíbo que sigas pensando de esa manera hacia Levi-Heichō! ¡Estas castigada, no tienes permiso para ir a verlo hasta que recapacites sobre lo que estas haciendo!-

Aquello entonces fue la gota que derramó el vaso para la joven, mirando a su padre con la boca abierta por un momento antes de que los ojos grises como estrellas comenzasen a volverse líquidos, llenándose de lágrimas que rápidamente comenzaron a correr por sus mejillas.

-Eren…- Mikasa no pudo evitar levantarse, alarmada al ver como el rostro de la chica se arrugaba, comenzando a sollozar mientras el hombre retrocedía, dudando por un momento de sus acciones antes de volver a ponerse firme, sin siquiera girarse hacia su mujer.

-Aunque te hayas graduado como militar, aun te falta mucha disciplina… Te hemos mimado demasiado, Dánae. Nosotros sabemos lo que hacemos, tu no.- murmuró con tono severo, clavando los ojos turquesas y dorados en la chica, que bajó la cabeza y se cubrió el rostro con las manos mientras lloriqueaba.

-…Si por vivir con ustedes, debo dejar de ver a la persona a la que amo…- dijo de pronto entre sollozos. -…¡Entonces no quiero vivir junto a ustedes nunca mas!-

Y sin mucho mas corrió hacia su habitación, cerrándola con un portazo. Mikasa observando hacia el lugar en donde había desaparecido por un minuto mientras escuchaba a Eren resoplar en un intento de calmarse.

-…Tenemos que hablar con Heichō cuando regrese… Urgentemente, Mikasa. Antes de que esto llegue mas lejos.

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Levi recordaba haberlo dicho en algún momento: Aceptar adolescentes hormonales y estúpidos en las fracciones y darles entrenamiento militar era una de las ideas mas estúpidas que la humanidad había tenido. Y esa noche Dánae fue el mejor ejemplo de dicha afirmación. No le costó nada esperar a que sus padres y hermanos fuesen a dormir antes de levantarse de la cama, tomar una mochila, llenarla con sus cosas hasta el tope y luego saltar desde la ventana de su habitación, encaminándose rápidamente hacia el hogar del Lance Corporal. Sería mejor dejar a su caballo y la menor cantidad de rastros posibles que le pudiesen dar a sus padres alguna idea de donde estaban, sabiendo que lo mas probable sería que ellos no fuesen a buscarla a la casa de Levi desde que este aun no regresaba de su viaje.

Ellos pensarían primer en buscar en casa de alguno de sus tíos, tal vez.Y para cuando se dieran cuenta de que ella no estaba en el hogar de ninguno de ellos... Ya la segunda parte del plan que había maquinado durante la noche estaría en marcha.

"Lo siento, mamá, papá... Pero no voy a permitir que me enjaulen."

Ella era libre de hacer, pensar y sentir lo que quisiera. Tenía la fuerza, la inteligencia y la experiencia necesaria para enfrentarse a lo que fuera. Era una mujer ya, no la niña que su padre y su madre creían que era... Y estaba segura de que Levi también pensaría igual que ella.

Con esos pensamientos en mente, fue capaz de llegar a la cabaña celeste y blanca a las afueras de la ciudad justo cuando el sol comenzaba a salir a sus espaldas, respirando cansada por aquella larga caminata. ¿Por que rayos Levi había construido su hogar en un lugar tan apartado? Frunciendo el ceño ligeramente, prácticamente tiró su mochila en el piso del pórtico tras subir las escaleras, tirándose en el suelo de este para intentar recuperar el aliento y la energía... Quedándose dormida en menos de un minuto.

"Solo me queda esperar a que él venga... Y convencerlo de tomarme como su esposa y huir."

Sin embargo ella probablemente no esperaba que él llegase solo una hora después, frunciendo el ceño ligeramente al ver el bulto negro que yacía contra la pared del pórtico desde el lomo de su caballo. Levi se acercó lentamente hasta el cuerpo tras haber dejado a Marte atado en el pequeño establo tras la casa. Acababa de llegar de su viaje, y realmente no esperaba encontrar a alguien en la entrada de su hogar, mucho menos a su propia hija durmiendo en la entrada de la casa... ¿Desde cuándo estaba allí?

-…¿Dánae?- Atreviéndose a poner una mano sobre el hombro de la jovencita, llamó su nombre por lo bajo mientras al agitaba hasta hacerla despertar, sus ojos azulados moviéndose desenfocados hasta fijarse en él.

-Heichō…- con la voz pastosa, la muchachita frotó con el dorso de su mano los ojos, aun adormilada. -…¿Qué…?

-Esa pregunta tengo que hacértela yo. ¿Que demonios haces aquí? Y a esta hora...- él preguntó a su vez, pareciendo no muy contento de verla en ese estado. -No me digas que volviste a pelear con tus padres, Dánae.-

-Y-yo... He sido castigada y me escapé de casa.

El comienzo de una fuerte migraña empezó a martillar la cabeza del Lance Corporal, preguntándose seriamente si aquella rebeldía venía de herencia o si era solo cosa de la edad. Ya era esta al menos la quinta vez que Dánae huía de casa para ir a refugiarse con él, y había sido comprensivo con estas situaciones que habían ocurrido cuando ella tenía nueve, diez u once años, pero...

En un suspiro exhausto, se dio media vuelta para bajar las escaleras, cansado de lidiar durante toda su vida con mocosos inmaduros. -...Iré a buscar a tus padres. Como te muevas de aquí, te voy a-...-

-¡Por favor, no!

No pudo evitar abrir los ojos asombrado cuando sintió repentinamente los brazos de Dánae rodearle el cuerpo desde la espalda, intentando con toda su fuerza detener sus pasos. Su voz habiéndose convertido en un ruego mientras él contenía la respiración, sintiendo su corazón comenzar a latir con fuerza dentro de su pecho...

-¡No quiero regresar! ¡Por favor, Levi-Heichō! Quiero... ¡Quiero quedarme contigo!- Ella le rogó con todo su ser, apretando el agarre en su cintura y hundiendo el rostro contra su espalda ancha.

Y él sintió que no había forma alguna en que pudiese negarle algo a ella. Tal vez era porque su corazón, que se ablandaba para esas fechas del año, no era capaz de decirle que no a la única persona que le quedaba en ese mundo, su persona mas importante, el regalo mas grande que aquella mujer le había dejado. Levi solo atinó a suspirar con fuerza tras un largo rato, liberandose a regañadientes de su abrazo ante los ojos temerosos de la chica antes de abrir la puerta principal y girarse a mirarla, apuntando con una mano hacia el interior con una expresión cansada.

-…Estas demasiado grande para esto, mocosa.

Dánae no pudo evitar sonreír ante sus palabras, pareciendo profundamente aliviada ahora mientras sus ojos como estrellas brillaban al mirarlo de regreso. –...También me alegro de verte. ¿Que tal te ha ido en tu viaje?-

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Muchas gracias por leer. Por favor, si te gusto, si no te gusto, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia para el siguiente capitulo, si crees que merezco morir... POR FAVOR deja un review, sigue o deja de favorita la historia o a mi, la escritora. Eso me ayudaría mucho.

Kurenai Lukia