CAPÍTULO 2

Cada persona tiene un motivo por el que se levanta cada mañana, una razón de ser. Y cuando pensaba en cual era la suya, no encontraba nada más que vacío. ¿Era doloroso? Sí. El sentimiento de pertenencia nunca estuvo a su lado, pero conforme pasaban los años se iba dando cuenta de que a él no le llenaban las mismas cosas que a su hermano. ¿Poder? Era el Dios del Engaño, podía tener lo que deseara con solo chasquear los dedos. ¿Familia? La suya no era muy convencional, pero se auto convencía de que no era más que un lastre. ¿Amor? Podía tener a la mujer que deseara con solo desplegar sus encantos y unas palabras dulces.

Pero entonces, ¿por qué se sentía tan vacío? Lo peor de todo es que Loki desconocía que el verdadero desasosiego y la frustración se harían pronto sus compañeros de vida.

¿En qué momento se dejó enredar de esa manera por Thor? Sí, era el más imprudente de los dos y sí, siempre acababa siendo su compañero de "aventuras".

— De entre todos los planetas que podríamos haber visitado, ¿en serio teníamos que venir a esta pocilga? —La Tierra nunca fue santo de la devoción del hijo pequeño de Odín, no era ningún secreto.

— No seas gruñón, hermanito. Las mujeres humanas son preciosas, si no pusieras esa cara de sargento te darías cuenta. Además… —Giró su cuerpo lo suficiente para estar de cara a Loki, con una sonrisa que le hacía ver que había "algo más" que había preferido reservarse… hasta ahora. — Padre nos ha hecho un pequeño encargo.

— ¿Un encargo? —Su ceja se enmarcó, se había ganado su atención, podía ser una oportunidad de oro para hacerse valer ante su progenitor. — ¿Por qué no se me ha informado?

— Pues no lo sé, cuando acabemos se lo preguntas.

El de cabellos oscuros puso los ojos en blanco, resignado.

— ¿Vas a decirme de que se trata?

— Aprovechando que me apetecía pasarme por aquí nos ha pedido que visitemos a una vieja conocida, Lara, ¿la recuerdas?

Vaya, ¿cuánto hacía que no escuchaba ese nombre? La imagen de esa hermosa cabellera roja, esos ojos celestes y ese carácter digno de una Emperatriz, vinieron a su cabeza, ¿cómo iba a olvidarse de tanta extravagancia? Y belleza.

— Sí, esa chiquilla destartalada.

— Han pasado unos años, no creo que le quede mucho de "chiquilla", y… ¿Te importa buscarla mientras me ocupo de unos asuntillos?

Cómo si le hiciera falta estudiar para darse cuenta de los asuntos de los que se tendría que hacer cargo… Un pesado suspiro salió de sus labios y se alzó de hombros.

— Vale, está bien. Pero me cobraré este favor, que lo sepas. —Acabó por responder Loki antes de ver marchar al rubio.

Suspiró de nuevo, que tuviera que perder el tiempo de esa forma le molestaba, pero poder cobrarse un favor en un futuro tampoco estaba tan mal.

El bifrost les dejó cerca de un pueblo costero, así que supuso que sería allí donde se escondía el sujeto en cuestión. No sería difícil encontrarla, es decir, una cabeza roja no pasaba desapercibida.

Apenas le hizo falta preguntar para dar con una taberna a las afueras cuya dueña pudo comprobar que daba con el perfil.

El crujir de la puerta y del suelo de madera anunció su llegada, olía a alcohol, como era de esperar, pero la calidez del lugar y el tenue olor a rosas lo hacía algo… Acogedor, incluso para él. Y allí estaba, de espaldas. Su pelo caía en cascada por su cuerpo, vestido con una prenda que distaba mucho de la elegancia a la que estaba acostumbrado, y aún así estaba preciosa, al menos eso comprobó cuando se acercó a la barra y preguntó por esa tal Lara.

— La tienes delante. —Una sonrisa encantadora apareció en sus labios tras girarse y dejar una botella que acababa de pulir con el trapo, sobre la barra. — No pareces de por aquí.

— Sí, vengo de lejos. —Sus prendas le delataban, ni si quiera se había molestado en cambiarse.

El rostro de la pelirroja se mostraba mucho mas maduro y aún así conservaba ese aliento joven.

— Y tanto, Asgard no está precisamente cerca. Eras… ¿"Loko"?

— Loki. Veo que aún te acuerdas.

— De lo justo. —No era cierto, recordaba a la perfección todo lo vivido aquellos días en una tierra lejana y con una atención que, en ese momento, no comprendía el por qué se le otorgaba. — ¿A qué has venido?

— Odín nos pidió a Thor y a mi que te hiciéramos una visita para asegurarnos de que la hija de su querido amigo Ares está bien.

En cuanto escuchó aquello, la mujer se inclinó apoyando los brazos en la barra, su ceño se frunció y le acercó agarrándole de la camisa.

— Habla más bajo, bastante me cuesta desviar las habladurías como para que encima se enteren de lo que soy.

Su cercanía le puso el bello de punta, joder, su aroma resultaba mucho más atrayente de lo que le pareció nada más entrar. Se distrajo por unos segundos, recorriendo con la mirada el contorno de sus labios hasta acabar en esos brillantes ojos azules.

— ¿Qué habladurías? —Alcanzó a preguntar mientras la veía alejarse hasta recomponer la postura. La dueña del bar sirvió una copa de hidromiel para el contrario. — ¿Tú no bebes?

— No, no puedo. Y respecto a lo otro… Se piensan que soy una… bruja. Ya sabes, pelo rojo, una cara a la que no le sale ni una arruga… Y tienes de sobra para darles de qué hablar. He llegado a escuchar que vendí mi alma al demonio.

— Comprendo… ¿Y hay algo de cierto? Ya sabes, cuándo el río suena…

Solo deseaba que el tono burlón con el que estaba hablando fuese lo suficientemente claro como para que la mujer no se ofendiese. Aquella sonrisa socarrona en sus labios fue una respuesta más que suficiente.

— No recuerdo haberte vendido mi alma.

— Me hiere, mi señora.

— Justo lo que quería. ¿Dónde te has dejado a tu hermano?

La pelirroja se apoyó un poco en la barra, buscando tras el moreno, pero nada, ni rastro de alguien igual de extravagante.

— Se fue a hacer…algo. No me dijo el qué ni tampoco me importa mucho.

Cruzó la barra en cuanto escuchó aquello y dio un par de palmadas para llamar la atención de los pocos clientes que aún quedaban dentro.

— ¡Chicos, hora de irse! Regaladle algo bonito a vuestras mujeres que seguro que tienen el cielo ganado con vosotros.

Se dedicó a recoger los vasos mientras sentía la mirada curiosa del Dios puesta en ella.

— Hay algo que me inquieta de todo esto, Lara.

Desvió la mirada hacia el hombre, al fin estaban a solas y no correría el riesgo de que algún oído indiscreto los escuchara.

— Lo primero de todo, vamos a buscar a ese hermanito tuyo. Lo último que quiero es que arme algún alboroto por el pueblo. Mientras tanto, pregunta todo lo que quieras.

Echó a andar hacia la puerta, la cual abrió y se echó a un lado para dejarle pasar con una cómica reverencia.

— Su majestad.

Ambos salieron del bar, echó la llave y echó a andar, estaba oscureciendo así que, en cuanto acabara con ese "asunto" iría directa a casa.

— ¿Tanto te gusta este trabajo o es que te pagan muy bien?

— Me encanta mi trabajo, y cada día más.

—¿Hablas en serio? —Su ceja se enarcó y su expresión se tornó en una más divertida. — Eres una Diosa, puedes tener lo que quieras con solo pedirlo. Incluso esos necios que te llaman bruja se arrodillarían ante ti.

— ¿Y qué te dice que sea eso lo que quiero? Yo no pedí ser…lo que soy. Solo quiero tener una vida normal.

— Te recuerdo que eres una Diosa y, cómo tal, tienes deberes que cumplir.

— Deberes que yo no he pedido. —Dejó de andar para tomarle del brazo y hacer que se girase hacia ella. — Tú eres el príncipe de Asgard, un Dios, y estás contento con ello, me alegro. De corazón, pero ya se lo dije a tu padre.

— Es que… —Loki miró a su alrededor alzando las manos. — No entiendo como esto puede ser mejor que una vida acomodada.

— Ya pagué con creces las consecuencias de ser una Diosa, y te recuerdo qué representa mi divinidad y que soy una mujer. —Se acercó hasta él, lo suficiente como para poder susurrar. — Si piensas que tendría una vida tranquila es que eres más ingenuo de lo que pensaba.

El silencio reinó entre ellos, quienes se miraron a los ojos durante apenas unos segundos antes de que la mujer retomara el rumbo de sus pasos.

— Y tú tienes más carácter del que recordaba. Me gusta.

Los azules orbes de la fémina miraron al contrario y logró que soltara una pequeña carcajada. Entrecerró los ojos y suavizó su expresión, dejando a un lado aquella tensión.

— ¿Es así como coqueteas con las mujeres?

— ¿Estaba coqueteando? —Su voz sonó tan inocente que ambos acabaron por reírse.

Abrió los labios con intenciones de responderle con algo ingenioso hasta que una voz grave y masculina hizo que los dos se girasen a la vez.

— ¡Loki, hermanito, al fin te encuentro! —Palmeó la espalda del susodicho, volteó la mirada para saludar a su acompañante y se quedó en silencio unos segundos antes de abrir la boca. — ¿. . . Lara?

— Eso creo, si este es Loki, tú debes ser Thor, el del martillo.

— Vaya. Si que has… —Buscó una palabra correcta para describirla sin ofenderla. —Crecido.

— Gracias, teniendo en cuenta que la última vez que os vi eráis unos críos un tanto… —Desvió la mirada del rubio hasta Loki, acentuando sus siguientes palabras. — Entrometidos, sí, también os veo más crecidos.

El hijo mayor de Odín miró a su hermano sin terminar de comprender de lo que estaba hablando.

— Ahora, si no os importa… Tengo cosas importantes que hacer y no puedo dejarlas para otro día. ¿Podéis pasaros en otro momento?

Los dos hermanos se quedaron en silencio y se miraron entre sí.

— Sí, claro, por supuesto. —Respondió el rubio.

— Culpa nuestra, tendríamos que haber avisado antes.

Ambos se juntaron para volver a casa y, cuando Lara estuvo por darse la vuelta y marcharse, se mordió el labio, no muy segura de si debía decir aquello.

— Chicos... Se que puede sonar un poco lamentable lo que voy a decir, pero… Apenas tengo familia, y mucho menos amigos. Me ha gustado veros.

Que una mujer tan sarcástica y cerrada en si misma abriera su corazón, aunque fuese una rendija, logró estremecer al Dios del Engaño, quién hizo un gesto con la cabeza antes de que aquella brillante luz los alcanzara y los llevara de vuelta a su hogar.

Una vez en Asgard, sintió aquel cambio en la atmósfera, eran sensaciones completamente distintas.

— Iré a ver a padre —comentó el mayor—, ¿vienes?

— No hace falta. —La voz de alguien más mayor, con un tono ligeramente ronco, intervino entre los hermanos.

— ¿Ocurre algo, Heimdall?

— No, tan solo hay algo de lo que quiero hablar con Loki.

Lejos de calmar las dudas, otras tantas surgieron en sus cabezas. No es que ellos dos tuvieran la mejor relación del mundo, principalmente porque el guardián conocía bien las trepas que se traía.

— Está bien… Os dejo a solas.

Giró su martillo y, en cuestión de segundos, salió volando del habitáculo rumbo a la población, dejando a solas a tan peligrosa combinación. Loki caminó al rededor del bifrost y del hombre con la calma y elegancia que solían ser característicos de alguien de la realeza, como era el caso.

— ¿Vas a confesar por fin que soy la mejor elección como heredero al trono, Heimdall?

— Nada más lejos —permaneció tranquilo, jamás cayó en las provocaciones ajenas y no sería aquel el día en que empezara a hacerlo—. Lo que quiero es informarte de algo que, tal vez, te interese saber.

— ¿Y bien? ¿Qué han visto esos ojitos mágicos tuyos?

— He visto a la hija de Ares bastante feliz últimamente.

— ¿Te refieres a Lara? —Tardó unos segundos en contestar.

— Así es. Me temo que su felicidad es a causa de un humano que lleva un tiempo junto a ella.

Ese semblante sabiondo, prepotente, seguro e imperturbable se tornó a uno más serio por unos segundos.

— ¿Y por qué me cuentas esto a mí?

— Procura que siga siendo así. Si te veo a hacer algo que no debas, me veré en la obligación de informar a Odín.

Logró retomar la compostura rápidamente mostrando una de sus sonrisas.

— Tranquilo, es una mujer interesante, pero no me va ese rollo de jugar a las casitas, sabes cuales son mis aspiraciones.

— Que así sea.

Un silencio incómodo hizo que se marchara de allí, suerte que el camino a palacio era largo y que el puente estaba vacío, porque habría tenido que decapitar a cualquiera que le viera con esa expresión molesta.