La alarma estaba sonando, rompiendo el ambiente de calma que se había estado respirando durante lo que duró su descanso. Midoriya despertó con la cara metida en un nido de cuervos que parecía haberse extendido hasta su garganta. Tomó su celular y apagó la alarma para darse cuenta de que apenas habían dormido poco más de una hora. Seguía siendo temprano, pero ya había perdido tiempo sustancial. Al final decidió dejarlo así, no pasaría nada por un día que no se levantara temprano.
- Mhhhg. – Toga se encontraba aferrada al pecho de Izuku como un koala abrazando un árbol. Su cabello se había enmarañado tanto que apenas parecía ser el de una persona, pero fuera de buscar una salida, aunque su brazo se encontraba completamente dormido y el cabello de Toga encontraba forma de escabullirse hasta su garganta, decidió continuar abrazándola. Por alguna razón que no podía explicar, quería cuidarla
El cuchillo se encontraba acariciando su piel, sin embargo, la hoja no cortaba ni lo perforaba, únicamente se limitaba a recorrer la espalda de Midoriya, para ella, el juego era mera diversión, el placer venía justo después. La cara que sus victimas ponían mientras la hoja de acero entraba en sus cuerpos una y otra vez era lo que le hacía disfrutar el acto de verdad. No hay vez, como la primera vez y Toga estaba convencida de ello. Estaba en la posición idónea, un trabajo fácil, demasiado fácil. Sus uñas se habían encargado de lacerar la piel de su acompañante, algo que nunca había pasado, nunca por disfrutarlo al menos. Acariciaba esas marcas en la piel usando una mano y con la otra usaba el cuchillo para recorrerla picando de tanto en tanto la piel sin perforarla o cortarla. Había algo que le impedía tomar su vida. Quería ver su sangre, quería su calidez, deseaba bañarse en ella, deseaba beberla para que estuviera dentro de ella por siempre. ¿Acaso era lo diferente? Quería tenerlo por siempre en su interior, no como a los demás. Nunca le importaron los demás. Se aferró con fuerza del cuerpo de Midoriya y recordó.
Hacía más de 10 años. Era extraño que las parejas adoptaran niños mayores. Los pequeños duraban poco tiempo en las casas de acogida. Si tenías más de 5 años, las posibilidades de que te adoptaran se reducían a la mitad con cada vela extra en tu cumpleaños, no había dinero para pasteles, solo había velas recicladas vez tras vez, algunas veces una y muchas otras, ninguna. Así que fue un sueño cuando la adoptaron a los ocho, creía que sería un nuevo inicio, pero seis meses después la regresaron, al parecer, a sus padres no les gustó el hecho de que Toga se pareciera a un gato, en el aspecto de que para ella, dar un regalo involucraba entregar un animal muerto por sus propias manos.
Su segunda oportunidad llegó cuando cumplió doce. Un hombre mayor la adoptó. Por mucho que quisiera, no podía recordar su rostro, tenía una sombra en sus rasgos que le impedía poder verlo. Cabello platinado, un bigote igual, sus manos eran grandes, era alto y robusto, olía a tabaco y libros viejos.
No hay vez como la primera vez y Toga no hubiera tenido la suya sin él. Pocos días después se introdujo en su habitación de noche, la tomó con fuerza por el cuello y le arrancó el camisón como si de papel se hubiera tratado. La violó durante casi una hora antes de que pudiera escapar, golpeándola con brutalidad por resistirse al punto de desencajarle la mandíbula. Enterró los pulgares en los ojos con toda la fuerza que sus languiduchos brazos le permitieron y apenas tuvo una abertura, corrió con todas las fuerzas que le quedaban. Se dirigió directo al baño por puro instinto y se encerró mientras su abusador la seguía de cerca. Golpeaba la puerta vociferando cosas que la pequeña nunca pudo entender mientras se encontraba llorando, asustada y confundida en posición fetal mientras se resguardaba en un espacio entre la tina y el retrete. El hombre aporreaba la puerta buscando tirarla y de a poco la cerradura empezaba a partirse. En un último impulso de supervivencia, Toga se levantó de donde su escondite y abrió el espejo del baño, lo revolvió esperando encontrar algo que pudiera ayudarla y así fue. En un pequeño estuche, se encontraba una navaja de afeitar. En ese momento a Toga le pareció lo más hermoso que jamás había visto, tenía un mango de marfil tallado y una hoja de acero completamente brillante. Mientras la admiraba, la puerta finalmente cedió al castigo. Las bisagras y la cerradura se partieron, mientras se venía abajo, la indefensa Toga escondió la navaja en su boca, asegurándose de sujetarla con los dientes para no tragársela.
El hombre había entrado y vio a una pobre niña con la cara bañada en llanto, con una de las mejillas hinchadas y con los muslos cubiertos de sangre. La tomó por las axilas y por más que se resistía, su esfuerzo era inútil. La cargó al hombro hasta el cuarto una vez más, la tumbó de nuevo sobre la cama y cuando se tomó el momento para cerrar la puerta con llave y evitar un nuevo escape, Toga sacó la navaja de su boca y la escondió con sus manos en su pecho. Lo vio dirigirse a ella una vez más y cuando estuvo justo sobre su pequeño cuerpo le habló.
- ¿Me abrazarías? – Toga extendió sus brazos para recibir aquel abrazo, pero cuando su victima estuvo a suficiente distancia, abrió la navaja y en un movimiento limpio cortó de tajo la garganta de aquél hombre y en el instante que el reflejo lo intentó hacer retroceder, Toga se lanzó a sujetarlo con todas sus fuerzas mientras no dejaba de repetir. – abrázame… abrázame… abrázame. – El cuerpo de Toga estaba completamente cubierto por la sangre, la sensación era tibia y húmeda y el sabor amargo.
Hacía mucho tiempo que Toga no se había puesto a recordar nada sobre esa parte de su pasado y no entendía la razón de recordarlo ahora. Colocó la hoja de acero en el cuello de Midoriya, totalmente dispuesta a cortárselo, pero la hoja de acero no cortaba la piel, su brazo no se movía. Quería cortarlo, quería verlo sangrar y cubrirse con aquel elixir de vida. Pero no podía, su mano no respondía y se mantenía congelada. Sin aviso una alarma empezó a sonar y Toga escondió el cuchillo donde apenas pudo para inmediatamente refugiarse en el pecho de Midoriya. Se aferro con una fuerza desmedida, sin saber exactamente el motivo, en parte no quería ser descubierta y en otra parte de ella, no quería separarse del cuerpo de su acompañante. Empezó a escuchar un sonido relajante y pronto se encontraba cautivada por el relajante latido del corazón de su pareja. Deseaba ese corazón, ansiaba sostenerlo en sus manos mientras se encontrara tibio y palpitante. El latido del corazón de Midoriya era arrullador, lentamente Toga fue cayendo ante el sueño y antes de sucumbir a manera de susurro pronuncio.
- No me sueltes, por favor. – Cerró sus ojos con el deseo de no tener que despertar jamás.
Algunos minutos antes, en otra habitación, no muy lejos de ahí se estaba dando otra situación particular donde dos personas tan dispares como el agua y el aceite, se encontraban cuestionando sus acciones.
-¿Sabes qué fue un error que no volverá a suceder, verdad? – Ochako se encontraba vistiéndose después de lo que había sucedido la noche anterior. Había una culpa en ella que la carcomería por un tiempo y cuanto antes se fuera de allí, antes podría superarla.
- No es la primera vez que lo dices y no es a mí a quien se lo tienes que decir, Uraraka. – Bakugo estaba recostado con las manos en la nuca mirando el techo. La situación actual le daba igual y las relaciones interpersonales le importaban más bien poco. Todas las veces que habían estado en aquella posición se limitaba a mantenerse callado, pero, en cada ocasión escuchaba el mismo monologo y le empezaba a parecer calcino. – Tuviste una oportunidad de oro ayer y la desperdiciaste. ¿Vas a decírselo algún día? Todos saben que quieres al basura de Deku. Todos menos él. – Bakugo había perdido esa ira insana contra Midoriya hacía mucho tiempo, todos habían crecido, madurado y aprendido, pero para él, las costumbres eran sagradas. – Uraraka había escuchado en silencio. Había decidido matar sus sentimientos por Midoriya desde que eran chicos, sin embargo, tuvo que conformarse con esconderlos, no quería ser vista como alguien que necesita un hombre en su vida y mantuvo su decisión.
- ¿Quién te crees para decirme eso? – El tono de Ochako era de notoria molestia. Bakugo no era la persona de la que quería escuchar cosas que ya sabía.
- Sólo sácalo de tu sistema, ya no tenemos quince años cara redonda. Madura. – Por más que le molestaran sus palabras, Ochako sabía que Bakugo tenía razón, sacarlo de su pecho le quitaría un enorme peso de encima y tal vez así podría pasar página sin importar el resultado. Cuando decidió tragarse el orgullo y darle las gracias, Bakugo se adelantó en tomar la palabra.
- ¡Ahora vete! El basura y el medio-idiota ya me deben estar esperando. – Y así fue como Bakugo le recordó a Uraraka por qué no era su persona favorita.
Midoriya abrió los ojos contra todos sus deseos, aspiró fuertemente y pudo percibir el perfumado aire frio. El espacio en su cama se encontraba vacío y sobre el buró junto a él, había una nota. – Izuku la desdobló y no pudo hacer otra cosa más que poner una expresión confundida, pues en la nota sólo se encontraba un corazón dibujado con tinta roja. Buscó algún indició de que su compañera nocturna se encontrara en la habitación, pero no encontró ninguno, buscó en el baño pensando que tal vez se estaría duchando, pero se encontraba vacío y no había ropa tampoco en ningún lugar. Supuso que se retiró en algún momento durante la segunda parte de su sueño.
Se dispuso a vestirse completamente, pero su ropa limpia no se encontraba en los cajones de su cama. Y se dirigió a abrir el ropero. Una figura se abalanzó sobre él sin que le diera tiempo de reaccionar, su cuerpo actuó de manera instintiva. Giró bruscamente y arrojó dicha figura contra el suelo. Ocasionando un golpe que hizo temblar el cuarto y propagó su sonido hasta la planta baja y el jardín interno. Midoriya se horrorizó al ver que había hecho y se hincó junto al cuerpo de Toga pidiendo perdón desesperado, mientras la chica yacía inmóvil en el piso. Izuku estuvo preocupado un par de segundos antes de notar que estaba respirando. Acortó la distancia y pudo notar una pequeña mueca en la cara. Toga abrió los ojos y esbozó una enorme sonrisa dejando al descubierto sus enormes colmillos.
-¡Sorpresa Deku-lindo! – Toga se abalanzó sobre Midoriya y lo besó aprovechando su guardia baja. Lo atrapó envolviendo sus brazos alrededor de su cuello mientras Izuku intentaba comprender lo que sucedía y usaba sus manos para mantener el equilibrio mientras las apoyaba en el piso. Toga hizo más fuerte su agarre al sentir la resistencia que ejercía su amante a su abrazo y de manera incomprensible eso le hizo tener más ganas de retenerlo y que se acercara más ella. Deseaba estar sobre él, necesitaba sentir el calor de su piel contra la suya y el latir de su corazón acelerado junto al de ella. Cuando no pudo resistirlo más, probó meter su lengua en la boca de Izuku, pero apenas sentía rosar sus dientes Izuku se liberó de su abrazo y la empujó a la vez que retrocedía de la manera alterada hasta que topó con la pared.
-¡Qué se supone qué haces! – Midoriya estaba atónito con lo que la chica que tenía al frente acababa de hacer. En su vida, ninguna mujer se había tomado tantas libertades con él como esta, ni siquiera Mei, que tenía esa mala costumbre de irrespetar su espacio personal constantemente había llegado tan lejos. Se quedó contemplándola, Había sido ella la que había desaparecido la ropa que estaba en sus cajones, traía puesta una camisa blanca sin abotonar y usaba uno par de bóxer que le llegaban casi a la rodilla y le quedaban holgados. Evitó el contacto visual tanto como pudo pero instintivamente seguía viéndola de reojo.
-¿Hice algo mal? – Toga sintió un pequeño calambre en el pecho cuando Midoriya se alejó de ella de esa manera tan súbita y rememoró que el chico había estado a su merced, pero no había estado consiente. Toga decidió gatear hasta donde estaba él. De manera seductora iba avanzando poco a poco hasta estar a unos pocos centímetros de su rostro. Admiró sus ojos que evadían cada tanto devolverle la mirada a la vez también que se dirigían a sus pechos desnudos, expuestos por la camisa abierta. – Es de mala educación no ver a la cara a las chicas lindas como yo cuando te hablan. – Decía mientras se acurrucaba en el pecho de Midoriya. Escuchaba latir su corazón, se encontraba levemente acelerado, pero seguía siendo reconfortante. – ¿Vas a llamarme después de esto verdad? Sería muy degradante que solo pasáramos una noche juntos y después te olvidaras de mí. – Toga realmente no tenía ninguna intención de llevar su interacción con Izuku más allá de lo que verdaderamente deseaba, pero sus palabras y acciones salían de ella sin que antes pudiera racionarlas. En aquella posición sería fácil apuñalarlo entra las costillas con el punzón que tenía escondido en su cabello, pero no podía moverse, estar en aquel lugar le hacía sentir reconfortada, como si todo en su perturbado mundo desapareciera y el resto de las cosas estuviera bien.
Midoriya estaba paralizado, y sin una idea clara de lo que sucedía no estaba seguro lo que tenía que hacer en aquel momento. ¿Debía abrazarla? ¿Alejarla y Llamar a la policía? ¿Qué les diría de todos modos? Oficial, esta mujer de aquí me drogo y me hizo tener sexo con ella contra mi voluntad y cuando me di cuenta de eso dormí abrazado a ella el resto de la noche. Sí claro, seguramente se reirían en su cara, le dirían que es un suertudo y lo mandarían a de regreso con una patada en culo y una medalla. Estaba demasiado consternado, ella no parecía ser una mala chica, al menos no hasta ahora. Midoriya tenía una mala costumbre de ver lo bueno en todas las personas aunque no lo tuvieran, él intentaba empatizar con ellos, comprenderlos, sin embargo esto era diferente, Toga se dedicaba a estafar a hombres mayores y casados y si aquél tugurio en el que se metieron la noche anterior era su zona de actuar habitual, bien podría ser también una drogadicta o algo peor. No tenía ninguna prueba de ello, pero en esa circunstancia pensar en los peores escenarios era algo inevitable y hasta obligatorio. En su mente empezó maquilar alguna excusa para salir de aquella situación susurrando de manera inconexa todas las palabras que llegaban a su mente, pero que dentro de su cabeza formaban una idea coherente y razonable.
-Si no me llamas iré a denunciarte por violación. – Anqué Midoriya estaba concentrado en su monologo interno, pudo escuchar fuerte y claro lo que Toga acaba de decir. Miró hacía abajo y se encontró con unos enormes ojos color miel que miraba en lo más profundo de su alma.
-¿Qué dijiste? – Midoriya regreso la mirada con una cara de sorpresa que a Toga le pareció demasiado linda y le provocó unas ganas horripilantes de volver a besarlo y morderle la lengua para arrancársela, pese a eso se contuvo y respondió.
-Si no me llamas iré a la comisaría y presentare una denuncia de violación. Lloraré gritare y todo, soy muy buena actriz y ni siquiera tendría que hacer mi mejor esfuerzo, basta con que me presente y tú estarías rumbo a una celda más rápido de lo que un adicto piensa en su siguiente dosis. – Toga cambió de posición y se sentó sobre Izuku, colocó su dedo sobre el pecho de Izuku y continúo. – una cita… no, dos citas… no tres, tres citas. Eso es lo que quiero. – Midoriya miraba los ojos enormes de Toga que habían ganado un brillo anormal. Mientras tres dedos se ponían frente a su cara. – Entiendes, ¿verdad Deku-lindo? Iremos al cine, a cenar, al parque de diversiones, y tal vez por un helado. Eso es lo que quiero, serán noches mágicas y si después de eso, si no quieres verme otra vez, saldré de tu vida y ambos ganaremos con eso. – Toga tenía una sonrisa que no era normal en su rostro, de verdad quería hacer con Izuku todas esas cosas melosas que había visto en las películas y toda su vida había tachado de tontas. Quería un algodón de azúcar, un oso de peluche y que la tomaran de la mano al caminar, quería todo eso y después, después quería apuñalarlo en el corazón y beber su sangre directo de la herida.
-E-está bien – Midoriya trató de responder de la manera más calmada, sin embargo, en su interior estaba gritando y pidiendo ayuda para que alguien lo salvara. Sabía que eso no iba a pasar, así que por el momento, lo mejor que podía hacer era seguirle el juego y después correr a la comisaría sin importar que le creyeran o no. Al menos lo intentaría, esa era su idea inicial, pero al ver el rostro de Toga iluminado, como si fuera una niña que espera navidad, algo remordió su conciencia. Hizo un análisis y creó un hipótesis sobre porqué la chica hacía lo que hacía y aunque era una demasiado endeble y junto a esa se le ocurrieron un par más que podían explicarlo igual de bien, esa primera en especial despertó sentimiento en Midoriya que le empujo a procurarla, algo en su interior le decía que debía protegerla aún sin saber por qué.
- ¿De verdad? – Fue lo que Toga respondió cuando escucho a Midoriya. Su alegría fue tan explosiva que no se contuvo más y besó a Midoriya en la boca para después despegarse de él. – Tengo que ir al baño, estuve en el armario por horas esperando para asustarte. – corrió como un pequeño venado que aprendía a caminar, casi cayéndose de cara mientras se dirigía a al baño para aliviar su vejiga y azotó la puerta con todas sus fuerzas al momento de cerrarla.
Izuku se quedó pensando en lo que acababa de ocurrir mientras veía el techo. La posición era en su contra total, incluso si pidiera una prueba o una garantía de su inocencia a cambio de su cooperación, no había ninguna prueba que ella le diera que no pudiera negar después o desaparecer. Inesperadamente unos golpes a la puerta lo sacaron de su trance.
-¿Deku, estás ahí? – Una voz femenina hablo. - ¿estás enfermo? – Midoriya se levantó para abrir la puerta, pero se percató de su estado semidesnudo y se apresuró al ropero, era el día de limpieza así que no había prácticamente nada disponible y asumió que no habría problema si usaba únicamente el pantalón que se había puesto la noche anterior, además de que era lo único que tenía a la vista.
-¡Sí! Estoy aquí, dame un segundo. – Midoriya se movió tan rápido como pudo para poder abrir la puerta y al hacerlo se encontró con una cara demasiado familiar para la situación. – ¿Uraraka? – dijo sorprendido y un poco confundido.
-Eh, hola… Yo, solo… - las palabras de Uraraka eran torpes, en cuanto se abrió la puerta y vio a Izuku con el torso desnudo, se ruborizo, no era la primera vez, muchas otras lo vio en la piscina y algunas otras en el dormitorio, pero jamás de una manera inesperada y menos estando solamente ellos. – sacudió sus ideas y reaccionó de nueva cuenta.
-¿Qué sucede? – Respondió Midoriya viendo que Uraraka no tomaba la palabra.
-Es que no bajaste a desayunar y como Bakugo, Todoroki y tú son los primeros en levantarse, se nos hizo extraño que fueras el único que siguiera dormido a esta hora. Por eso vine, además de que Aoyama y Tokoyami dijeron que habían escuchado mucho ruido durante la noche. – Midoriya palideció hasta parecer que la vida había abandonado su cuerpo y aun así encontró fuerza para dirigir la vista hacía su reloj sobre el buró.
- -10:36- fue lo que vio en la pantalla digital del aparato. – yo... yo…- Midoriya estaba seguro que Bakugo estaba rabiando por dejarlo plantado junto a Todoroki.
-¿Entoces? – preguntó Uraraka.
- Yo… sí, estoy bien, es que… - Mientras Izuku buscaba una excusa o explicación o cualquier cosa que le pudiera ayudar a salir de esa situación, en el fondo se escuchó el sonido del retrete desaguando y su rostro pálido se hizo aún más claro mientras veía a Uraraka voltear en la dirección de la que venía el ruido.
-¿Hay alguien más aquí? – preguntó verdaderamente extrañada, no recordaba que nadie subiera ahí antes que ella, aunque no podía darlo por seguro. – ¿es Aoyama? Se quejó toda la mañana de que la comida de Sato le causaría mal a su estómago. – Uraraka entró sin preguntar al cuarto de Midoriya con una sonrisa divertida de poder molestar al francés con los problemas que tenía a causa de ser un desidioso con la comida. – Oye, Aoyama ¿Todo está saliendo bien? – dijo a manera de burla con una sonrisa socarrona. Pero esa mueca se desvaneció cuando al abrirse la puerta apareció una chica semidesnuda que usaba sólo una camisa abierta y unos bóxer de hombre. El rostro de Uraraka se transformó dejando en evidencia su estupefacción.
-Eres muy linda. Hola, soy Toga.
Gracias por leer. Recuerda que si te gustó apoyes con un follow y review. Todos son bienvenidos y se aprecia conocer la opinión de los lectores para mejorar con cada capítulo.
Nos leemos cuando nos leamos.
