Esme había querido darle un estilo diferente a esta casa, algo más campestre que moderno, por lo que Carlisle la complació comprando un hermoso, aunque algo abandonado, rancho a las afueras de la ciudad. Se encontraba casi oculto, al final de un camino cubierto de platas, yuyos y troncos caídos. La casa era enorme, con dos pisos y siete habitaciones, sin contar la hermosa sala de estar y aquel increíble comedor. A unos metros de ella había una especie de granero, que seguramente pasaría a ser cochera, y no mucho más lejos, una pequeña casita de casero. Aunque le habíamos ofrecido una habitación en la casa, Jacob había decidido quedarse con ella, todavía le resultaba un poco incomodo nuestro olor y a veces necesitaba respirar un poco de… su olor.

Para la restauración, Esme, se encargó de revisar que pinturas, azulejos, mosaicos y empapelados combinaban mejor con cada espacio, teniendo en cuenta la vista y la luminosidad de cada habitación; y el día anterior la había ayudado a elegir los muebles y demás adornos.

- Intenten no llamar demasiado la atención con gastos excesivos. No digo que se limiten, sólo traten de no comprar todo en un mismo lugar – nos había advertido Carlisle, conociendo nuestro prontuario con las compras.

Las labores más físicas quedaban para los hombres, como lo que respectaba a la reconstrucción de la casa o a mover grandes troncos. No es que nosotras no pudiéramos hacerlo, solo que aún conservábamos algo de feminidad y preferíamos pintar, decorar o quizás alguna tarea de jardinería más delicada.

Habremos tardado tres días en total, más de lo que Esme había calculado y mucho menos de lo que se podía esperar de una reconstrucción como aquella. El rancho había quedado realmente precioso. Era un suerte su lejanía del resto de la población, pues apostaría a que nunca lo habían visto anteriormente y entonces no se sorprenderían con su increíble y rápida transformación. Creó que esa es una de las razones por las que siempre nos encontramos lejos de la vista humana, el repentino cambio que sufren los sitios en donde decidimos quedarnos.

Si, había sido muy doloroso para todos dejar Forks, pero la mentira sobre nuestra historia se nos estaba yendo de las manos. Hacía tiempo ya que ninguno aparentaba la edad que decía tener y la transformación de Bella era demasiado evidente, aún recuerdo la expresión de Jessica al verla cuando se le ocurrió hacer una reunión con todos los graduados y vino a invitarla en persona a la casa; sin mencionar a Renesmee, que se vivía paseando por el pueblo, dentro del auto y con los vidrios polarizados, pero aún así sin dejar de llamar la atención, sabían que había alguien allí; incluso a Carlisle lo acosaban en el hospital preguntando y re preguntando su edad. La situación era incontrolable, y por más que nos doliera a todos – en especial a Bella, al dejar a su padre, y a Jacob, al abandonar a su manada y familia por seguir a su Nessie – era tiempo de un nuevo comienzo.

Luego de todo el trabajo no solo estábamos exhaustos, sino también sedientos. Carlisle prefiero ser el primero en salir a cazar junto con Edward, para "reconocer" la zona. Querían asegurarse de cuál era la mejor zona para hacerlo, dónde era menos accesible para los humanos, y también dónde había buenas presas. Sigo pensando que yo hubiese sido más útil que mi hermano para eso.

- Ojala haya algunos osos o algo más divertido que un ciervo – comentó Emmett divertido.

- ¿Qué tienen los ciervos de malo? – preguntó Jacob, que mantenía a Renesmee entre sus brazos acostados en el sillón.

Ella emitió una risita, volviendo el rostro hacia abajo, enterrándolo en el antebrazo del licántropo.

Renesmee crecía un poco más rápido de lo que Nahuel había estimado, en casi dos años ya aparentaba tener quince, aunque hacía varias semanas que no había crecido ni un cm. y su rostro no había cambiado casi nada. Y teníamos la esperanza de que, si se quedara así un tiempo más, quizás podría asistir al instituto con nosotros durante algunos meses.

- Son estúpidos – contestó mi hermano – solo se quedan ahí esperando a que uno los mate.

- ¿Eso no lo hace mejor? ¿Más fácil?

- ¡Claro que no! Es aburrido ¡Yo quiero acción!

Jacob frunció el ceño confundido.

- Tiene razón – coincidió Renesmee - ¿Qué tiene de diversión si no corres, saltas, te ensucias y haces enojar a Alice?

Todos estallaron en carcajada, incluso yo, aunque era cierto: no me agradaba que se las pasaran arruinando buenísimas prendas de diseñador que muchísimos matarían por tener.

- Por eso eres mi sobrina favorita – dijo Emmett, mientras se enjugaba una falsa lágrima.

- Soy la única que tienes – le recordó ella, al mismo momento en que Carlisle abría la puerta.

No hacía falta tener una visión para saber iba a anunciarnos algo, y algo nada bueno. Su expresión era como cuidadosa, precavida y hasta con algo de preocupación. Nuestras risas se detuvieron en cuanto lo vimos entrar con aquella mirada.

- ¿Sucedió algo? – preguntó Esme, poniéndose de pie de inmediato.

Carlisle no respondió, solo se hiso a un lado para dejar pasar a Edward que corrió junto a su mujer y luego de abrazarla, se colocó delante de ella de manera protectora. Instintivamente los brazos de Jacob se apretaron alrededor del cuerpo de Renesmee, y en un segundo pude sentir la respiración de Jasper junto a mí. Ahora todos estábamos de pie frente a Carlisle.

- Carlisle – insistió Esme.

- Diles – casi exigió Edward, todavía cubriendo a Bella.

Él suspiró, parecía que no sabía cómo empezar, podía ver en mi cabeza las mil maneras que se le ocurrían, hasta que decidió dejar que las palabras solo fluyeran por si solas.

- Nos hemos encontrado con… una vieja conocida, la última vez que la vi ella estaba con los Vulturis.

Bella abrió los ojos aterrada.

- No por voluntad propia, por supuesto – agregó rápidamente – Ellos la tenían como…

- ¿Una rata de laboratorio? – sugirió Edward.

- Si… esa podría ser la expresión correcta.

- Pobrecilla – exclamó Esme apenada - ¿Por qué?

Carlisle buscó la respuesta correcta, pude ver que nos decía algo acerca de su talento, pero finalmente decidió hacerse a un lado y dejar que ella hablara por sí sola, y luego de esa la visión se volvió borroso.

Efectivamente, él se hizo a un lado, dejando la entrada libre. La puerta se abrió lentamente y antes de que pudiéramos comprender qué sucedía, Carlisle la señalo diciendo:

- Les presento a Jara Banks