Disclaimer: Los derechos de Hey Arnold pertenecen a Craig.

Respuesta a los review.

LyzBH: Lamento un poquito decir esto pero, por ahora creo que es dificil que alguien pueda llegar odiar a Rubi, aunque llegara un momento que eso sea posible... mmm, hice un pequeño spoiler. Gracias por unirte a esta historia.

Nayita-Uzumaki-Hofferson: Continuare escribiendo, tranquila.

Elisa Aguilar: Lamento haberte hecho llorar no era mi intencion pero por otro lado me alegra poder causar ese tipo de emociones en las personas que me leen. Aclaro, no me hace feliz la infelicidad de los demás.

nate: Todo a su tiempo, pronto se aclarara porque terminaron.

Sandra D: ¿Rectangulo amoroso? Sabes, cuando leí tu comentario me dije ¿esto existe? Me puse a googlear, y boom. Gracias a ti aprendí algo nuevo. Aunque me costo un poco entender el concepto, lo capte, y se podia decir que si. Con esto creó que respondi a tu segunda cuestion, si hay más opciones para Helga.

Les agradezco enormemente a todas aquellas personas que dejaron su comentario, pusieron esta historia como favorita, y a los que comenzaron a seguirla. Eternamente agradecida.

Soldado que huye a tiempo sirve para otra guerra. Que terrible mentira. Ayer el corazón se me partió un poco más si es posible al ver lo enamorado que está él de ella.

Pude percibir que la cuidaba y la ayudaba, siempre al pendiente de ella. Sólo bastaba que Rubí dijera A para que Arnold corra a su lado. Tal y como me sucedía y sucede a mí con Él.

Somos un par de ilusos perdidos en la maldición del amor.

Baje a desayunar encontrando a Mirian flirteando con su novio. Sí, mis padres se había separados, y cada uno tomo su camino tratando de rehacer su vida.

Al menos Mirian se había rehabilitado, y el estar junto a Gabriel le hacía bien. Otra muestra más de lo ridículamente emotivo que te ponía el amor. Te otorgaba optimismo ciego.

— Helga — me saludo él alejándose de mi madre.

— Adrien.

— Es Gabriel. — me corrigió él divertido, sabía de sobra que sólo decía mal su nombre para molestarlo. Aunque el tipo no me caía mal.

— Es lo mismo. — le reste importancia al tema, como siempre.

Me preparé unas tostadas y un café.

— Llamó, Bob. Dijo que vendría por ti a las once. — me avisó Mirian mientras bebía mi café.

— Bien.

Yo seguí en lo mío, y ellos en lo suyo.

Bob me presentaría hoy a su nuevo socio.

No sé para qué pero no importa. Después de todo agradezco que Big Bob me tenga un poco en cuenta, bueno, eso era cuando no estaba Olga de visita, ahí el sentido común se le nublaba a mis padres.

— Nos vemos Mirian, Adrien.

— Claro, Geraldine. — me contestaron ambos. Mi punto irritante era cuando me llamaban por mi segundo nombre. Que por cierto me trajo el recuerdo de que ahora también compartía nombre con una perra. Mataré a Arnold y a su novia si llaman a ese animal así frente a conocidos.

Al salir de mi casa me tope con el mismo idiota de ayer.

— ¿Se te perdió algo?— le pregunte disgustada de volver a verlo. Su cara era un poema.

—¿Tú?

—Sí, yo.— repetí con burla.

—¿Eres la hija de Bob Pataki? — ¿La duda me ofendia?... mmm, no.

—La misma.

— Bien, vamos— me tomo del brazo.

— ¡Oye! ¿Que piensa que haces, Dupri?

— No soy Dupri. Soy Werest.

No comprendí.

— ¿No eras hermano de Rubí?

— Medio hermano. Dupri es el padre de ella, Werest es mi padre. Y yo soy el nuevo socio de tu padre.

Deje que me subiera al auto y me llevará, supongo a la tienda de mi padre. Estaba bastante confundida con tanta información.

Comencé a recapitular todo. Nada tenía sentido.

— ¿Por qué Bob quiere que te conozca?

— Ya lo sabras — esa sonrisitas misteriosa me puso los nervios de punta.

Sólo esperaba que mi queridisimo padre no se le ocurra querer emparejarme con un completo desconocido. Aunque tengo todo el derecho de negarme. Ya no estamos en el siglo dieciocho.

Al bajar del auto nos esperaba un serio Bob junto a una mujer rubia. Muy parecida a Mirian.

— Al fin llegas niña. — su voz sono totalmente irritada. Si que se alegraba de verme, se le notaba a leguas.

— ¿Para que era tan importante mi presencia? — me mofe. Mirando detenidamente a la mujer. Era un calco a Mirian.

— Ella es Gabriela, tu nueva madrastra.

¡¿Qué?! ¡¿Madrastra?! Esperen... dijo ¿Gabriela? No pude evitar reírme de lo evidente que era Bob. Buscarse una mujer igual a Mirian, encima, ¡Gabriela! cuando su rival se llamaba Gabriel. No podía creer, Bob estaba celoso. Creí que ya había aceptado la separación pero, al parecer no.

— ¿De que te ríes niña?

Me costó demasiado recomponer mi seriedad.

— Nada. Sólo me acordé de un chiste.

— Rara. — escuché murmurar al pelirrojo. El muy zopenco me miraba con curiosidad, seguro era por mi reacción.

Bob nos presento, mientras yo pensaba ¡pobre mujer! Solo era una tonta escusa para que mi querido padre demuestre con pruebas que ya había olvidado a mi madre. Que iluso, la evidencia era obvia.

— Bueno, ¿y en todo esto que tiene que ver el pelirrojo?

Quería aclarar esa duda.

— Es el nuevo socio — me respondió Bob con simpleza, eso me fastidió.

—¿Y que tengo que ver yo con tu nuevo socio? — me crucé de brazos.

— Me iré de viaje con Gabriela. Necesito que alguien lo ponga al tanto de todo, y cuide el negocio mientras no estoy.

— ¿No puede hacerlo, Mirian?

Bob se tenso y endureció el rostro. Sí, muy obvio.

— Ella, ya no es una Pataki, además que estará muy ocupada — a mí no se me pasó por alto el sarcasmo y dejo de celos en lo último que dijo.

Así que acepte pero sólo si ganaba un treinta por ciento, no quiso pero no le quedaba de otra así que, término aceptando.

Me sorprendí al ver que ese mismo día se irían de viaje. Así que tuve que atender ese día la tienda, y enseñarle al zopenco nuevo lo que tenia que hacer.

Aún no entiendo por qué lo llamaba socio cuando era simplemente un nuevo empleado, como cualquier otro.

— No. Eso no va ahí— era la tercera vez que le repetía lo mismo y el imbécil no captaba. Tuve que arreglar yo misma la vidriera con los nuevos accesorios.

— Lo siento ¿sí? Es mi primer empleo, trato de ser lo más útil posible pero esta mierda me está costando.

No quise parecer que tenía empatia con él pero, comprendía lo que le estaba pasando, a mí también me había costado al principio hacerme cargo de una heladería la cuál fue mi primer empleo, hacia tres años de eso, ya no trabajaba allí pero los recuerdos quedaron.

—Bien. — respondí entre dientes. — Sólo no cometas más errores de este tipo sino te verás con Bob y su terrible genio a su regreso.

Pasaron un par de horas hasta que ya era tiempo de cerrar. No nos fue tan mal pero tampoco tan bien, y todo gracias a la poca paciencia del pelirrojo, que estuvo a punto de gritarle a tres clientes.

— Se más paciente y simpático — le sugerí como una orden, no como una consejo amistoso. En lo laboral podía haber todo menos amistad, o por lo menos en eso insistía Bob cuando veía que estaba entablando conversación con algún empleado.

— Lo que ordene, jefa — no me gustó para nada ese tonito.

— Mira, dejemos algo en claro. No nos soportamos hoy, y creó que tampoco lo haremos mañana o pasado así que, mejor llevar la fiesta en paz. No te cruces en mi camino y yo no me cruzaré en el tuyo.

—Eso esta difícil. Trabajamos en el mismo lugar, vives a un par de casas de mi hermana. Aunque quiera me va a ser imposible hacer como si no existieras.

—Un punto para el señor obviedad. — ambos salimos de allí, y desgraciadamente se dirigiamos al mismo lugar. — A lo que me refiero es que no vamos a hablar más de lo necesario.

— Me tienta demasiado la idea. Pero Pataki me dejó a cargo de las cuentas. Y para mi mala suerte tengo que tenerte como mi supervisora. ¡No vaya a ser que me robe todo el dinero y me vaya del país! — ironizó haciendo una mueca de desagrado.

Dudaba que Werest haga algo así, si era igual de samaritano que Rubí, al menos en lo que se refiere a los animales.

Como lamentaba ser una Pataki en esos momentos. Tendría que pasar mis noches de Viernes junto al pelirrojo para saber qué tal van los números en la tienda. ¿Por qué demonios Bob no contrataba un bendito administrador para eso? Ah, sí, el pobre hombre no confía ni en su sombra.

— Hablando de eso, no puedo este viernes, así que será para el sábado.

Tenía una reunión con la televisión. Pasaría una de las luchas más importante de esto tiempos. Pero él no tenía por qué saber eso.

— Escapando de las obligaciones, Pataki. Mi hermanita se equivocó al decir que eras una persona responsable.

—Lo soy — dije con autosuficiencia — Pero, ya que Bob no está las cosas se harán a mi manera. Si digo que veremos esas estúpidas cuentas el sábado entonces lo haremos el sábado. Tú no tienes velas en este entierro.

— Bien. Lastima que lo harás tú sola. Tengo cosas más importantes que hacer ese día.

¿Quien se creía este tipo? Yo era la que daba las órdenes e imponía dias y horarios, no él. Con Helga G. Pataki no se juega.

— ¡Genial! Entonces, estas despedido.

Ja, ja. ¿Quien era ahora él perdedor? Su cara y mirada lo decían todo. El hombre estaba aterrado por ser, posiblemente despedido. Lo tengo en mis manos.

— ¿Qué? En ese caso, también deberías estar despedida.

— Imposible. Soy la jefa, como tú lo dijiste antes, solo yo mando.

— Bien. — Werest tomo otro atajo para llegar a la casa de Rubí. Mejor para mí.

Yo también hice lo mismo pero por otra razón. Fui en dirección contraria al pelirrojo.

No debía ir allí. No tenia derecho ni escusa para estar en ese lugar. Pero mi corazón dictaba lo contrario.

Dude en seguir, una vez más me gano el impulso y la necesidad de verlo y autotorturarme.

Llegué a un restaurante "El bosque" se llamaba. No entre, sólo me asomé por los vidrios de afuera. No veía absolutamente nada. Puse ambas manos para enfocar mejor mis ojos.

Los hallé tomados de las manos mientras sonreían, y al parecer estaban teniendo una conversación muy interesante, lo deduje por la manera en que los ojos de Arnold la miraban. Él presta mucha atención cuándo algo le parece entretenido.

Rápidamente tuve que retroceder y ponerme de espalda. Él se giró a mirar hacia donde estaba yo. ¡Demonios! Sólo esperaba que no me haya visto.

Mi respiración se vio acelerada por lo que él pudiera pensar al verme ahí, en su cita con Rubí, ella me había contado que sería allí. Es una bendición y un castigo ser confidente de esa chica.

Espere unos minutos antes de volver a girarme, rogando por dentro que no esté mirando hacia mí.

Solté un suspiro lleno de tranquilidad. Por suerte él había vuelto a prestarle atención a ella.

Mi estómago rugió fuerte al ver lo que le servían.

— Mmm, pollo horneado con papas doradas. — mis tripas volvieron a hacer presencia.

¿Por qué no fui a comer antes de ponerme a espiar a mi ex?

— Señorita— un mozo me vio babeando la vidriera — ¿se le ofrece algo? — su pregunta no fue muy amable, era más bien una invitación a marcharme.

— No — fingí observar mis ojos en el vidrio— Sólo estaba corrigiendo mi rimmel.

Ni siquiera llevaba una gota de maquillaje. El hombre pareció no creerme aunque se volvió a meter dentro del restaurante.

—Muero de hambre — Que demonios, me voy.

No quise seguir mirando así que me dispuse a irme. Antes de girar a la esquina me choque con alguien.

— ¡¿Helga?!

— ¿Que haces aquí, Pataki?

Lo que me faltaba.

— Phoebe, Johanssen ¿que tal?¿Salieron a dar una vuelta?

El moreno me miro molestó y suspicaz.

—Sí claro, Pataki, se nos apeteció dar una vuelta treinta cuadras lejos de nuestras casas — me respondió con sarcasmo.

— Oh, que bien— decidí seguirle el juego. — Yo también, necesitaba aire.

—Aja. Y justo por aquí...

Me empecé a irritar por la insinuación de Geraldo, bueno, no era insinuación era lo obvio, y lo que sucedió.

— Sí, justo por aquí, ¿tienes algún problema con eso?

— Para nada Pataki. Dime, ¿ya viste lo que viniste a ver?

—No, aun no vi un cerdo volar.

— Muy chistosa... Tal vez a Arnold le haga gracia tu escusa.

Me le acerque amenazadoramente.

—¿Que dijiste?

—Ya— intervino Phoebe quien había quedado en silencio en nuestra disputa. — Helga — comenzó a decir mi amiga, adelantándose un paso. Sabía que hacia eso para proteger a su cobarde novio. —,Gerald dejen las cosas por la paz, por favor.

— Claro, amor. — me sonrió con arrogancia antes de decir — Prometo dejar a Pataki tranquila si ella promete dejar de espiar a mi amigo.

Ah, no. Esa era la guerra. Me abalance para que recuerde a la vieja Betsy.

— ¡Phoebe! — grito con un chillido, poniendose tras mi amiga.

— ¡Basta! Se comportan como críos. Si así lo quieren así será. Helga vendrás con nosotros, Gerald tendrás que pasar la velada junto a ella.

— ¡No! — gritamos el moreno y yo. ¿Que catástrofe quería cometer Phoebe?

—Ese será su castigo. Ambos tendrán que convivir está noche.

— Phoebe, no estaremos sólo nosotros.— escuché que él le susurró.

¿De que hablaban? No se refería a...

— A ellos no le molestará la presencia de Helga.

Mi muy querida amiga no me permitió preguntar ni escaparme. Me arrastro en contra mi voluntad al restaurante.

— Buenas noches — saludo Phoebe a Arnold y a Rubí.

¡Que vergüenza!

— ¿Helga? — preguntaron al unísono la parejita. Ellos tampoco esperaban verme allí.

— Sí, nuestro eterno tormento — comentó el moreno corriendo una silla para que su novia tome asiento, seguido él también lo hizo.

—Ah, yo...— no ayudaba que todo el restaurante este mirándome. — Sólo vine para comprar una pizza, si eso.

—Pero, éste restaurante no hace comida para llevar. — ¡Por Dios! ¿No podías cerrar la boca Rubi?

Gerald se burló en mi cara por mi despiste.

—Ya, Pataki. Busca una silla, y unete a la cita doble, bueno ahora ya no es tan así. Digamos que se llamaría: cita doble más intrusa espí... — le metí una rodaja de pan rápido antes que terminara la frase.

— No los molestare más. Nos vemos.

Sonreí con nervios evidente.

—No tan rápido, Helga. — Phoebe me detuvo. — Arnold, Rubí ¿le molestaría si Helga se quedará?

— No, para nada — respondió él con su nata amabilidad, aunque se notaba incómodo. Lo peor era que no me retiraba la mirada.

— Quedaté, Helga. Contigo la noche será más entretenida — me animo la pelirroja.

¿Que diablos? Al demonio todo la farsa. Acerque una silla, y llame a un mozo. El hambre hacia mella en mí.

— ¿Y a qué se debe está cita doble? — decidí hacer conversación.

Mientras tanto tomaba una limonada que le pertenecía a Rubí. No es mi culpa , aún no habían traído mi pedido, y creó que tendré que esperar un rato más, el mozo que me atendía era el mismo que me había preguntado si necesitaba algo allá fuera.

— Nada especial. Sólo queríamos pasar un tiempo...

Arnold no termino la frase pero sé que quiso decir ellos cuatro, sin mí.

— Solos, sin interrupciones indeseadas — agregó Gerald. Phoebe lo codeo.

—Entonces vete, Geraldo. Me da indigestión tu presencia. — sonrei para molestarlo más.

— Ya regreso — escuché que dijo Arnold pero no preste atención, seguí discutiendo con pelos de espaguetis.

— Tú nos darás indigestión con tu mal humor, Pataki.

— ¿Acaso no te viste al espejo? Phoebe te daré el nombre de mi oftalmólogo, te hace falta amiga.

— Ja. Por qué no se los das a Arnold, él si tuvo ciego al fijarse en ti.— contraataco él.

Golpe bajo. Silencio total en la mesa.

Carraspeo incómodo del recién llegado: Arnold

Mire a Phoebe, ella lucia claramente culpable por haberme obligado ir allí. Gerald parecía triunfante, el desgraciado había tocado un punto débil y lo sabía. Rubí me miraba sorprendida e incrédula. Ella no estaba al tanto de la relación que mantuvimos su novio y yo. Lentamente pose mi mirada en esos ojos esmeralda. No vi nada allí, ¿por qué? ¿Acaso lo que Geraldo había dicho era cierto? ¿Habia sido una estupidez que él se haya fijado en algún momento en mí? De repente el hambre se esfumó.

— Bueno... —esa era Rubí queriendo salvar el día — ¿Que tal le fue a mi hermano en su nuevo empleo?

— Bien — fue mi corta y única palabra por el resto de la velada.

No tenía ganas pero igual comí un poco. Y decidí marcharme. Como dije al principio no tenía que haber ido allí. No era ya mi lugar.

—Bueno, estupenda velada — intenté no sonar sarcástica pero no funcionó. —No quiero arruinarles más la noche, así que me voy. Disfruten el resto de sus citas.

Me levanté, recorde mi inadecuado atuendo. Nada que ver con la ocasión. Pero que más da, no era yo quien debía verse bien.

— ¿Te vas a ir sola?

Me pregunto Arnold. Raro, cuando me voy decide dirigirme la palabra.

— Sí.

Salí con pasos apresurados, reprimiendo mis ganas de correr muy lejos. No traía dinero para el taxi así que me tocaba caminar.

La noche era fría. Mi vida era más peor que eso. Otra vez desvié mi camino. Tenía ganas de visitar el muelle. Triste lugar que me traía hermosos recuerdos de mejores época.

No había nadie. Eran casi las once, era entendible el vacío.

Me senté en el más helado suelo. No deseaba volver a casa, no ese día.

— ¿Por qué sigo aferrada a un amor que ya se terminó? ¿Por qué no te puedo olvidar como tú ya lo hiciste? ¿Tan poco fui para ti? No demoraste nada en buscar otra, amor.

— Helga —

Otra cosa que arruinó. La cita de mi mejor amiga.

—¿Que haces aquí, Phoebe? Geraldo me odiara.

— Me tienta demasiado la idea, Pataki pero no puedo. Phoebe no me lo permite. Y su opinión es todo lo que importa.

Me levanté sacudiendo mi ropa. ¿Que demonios hacia cabello raro allí? Phoebe era mi amiga pero él ni siquiera eso.

— Voy a ver un poco ese árbol — tonta escusa, ni para eso le daba las neuronas. El dichoso árbol ya estaba cortado a la mitad, talado.

— Quise ver por tu seguridad, no iba a estar tranquila sabiendo que mi amiga se encontraba en la calle sola.

— Arruiné tu cita. — ¿Por qué ella esta ahí? Deberia estar enojada conmigo.

— No es nada. Tendremos otras más. — me aseguro ella para que yo no me sintiera mal, fue en vano.

— ¿Y Geraldo? — señale a un para nada disimulado que nos oía.

— No me dejó venir sola.

— ¿Y...?

— Se quedó con Rubí — claro ¿que más esperaba? Después de todo es su novia. — Él fue quien iba a acompañarte a tu casa pero no lo considere adecuado después de la manera en que te vi saliendo del restaurante.

— Gracias, Phoebe.

Nos abrazamos un rato. Ella sabía que no podía verlo, estaba fragil emocionalmente, no me contendría en arrojarme a los brazos de él. Lloré unos minutos en silencio.

¿Por qué quieres permanecer en mí vida, Arnold? No ves que me matas poco a poco. Cada beso que le das a ella es una lágrima nueva para mí. Cada sonrisa dedicada a ella es una estaca en mi corazón. Dejame ir. No quiero más este dolor.

Lo prometido es deuda. Aqui el segundo capitulo que, por cierto ya lo tenia escrito junto al anterior así que, me tomara un tiempo escribir el siguiente, tengan paciencia.

¿Qué les parecio la nueva-buena, los Patakis separados? ¿Será que en verdad Bob esta celoso como piensa Helga?

En la proxima actualizacion ya sabremos el nombre del famoso hermano de Rubi. Y veremos un poco más sobre la relacion que tuvieron Arnold y Helga, recuerden que Rubi buscara respuestas.

Besos y hasta la proxima.