E l E N G A Ñ O
Capítulo 2
"Acercamientos"
CUANDO LO PERDIDO ESTÁ TAN CERCA DE SER ENCONTRADO
Con el fuerte sonido de los giros del acero sobre las vías se desplazaba el tren que resguardaba a Terry, quien ante los kilómetros que todavía le quedaban por recorrer se entregaba en sueños a la soledad, dormía para evadir su triste realidad sin más compañía que sus pensamientos, los letargos le servían para no sufrir; dejaba de soñar en cada silbido con que la locomotora anunciaba su llegada a otro pueblo.
El aristócrata no sabía dónde se encontraba, él solamente veía a los pasajeros que ansiosos unos subían y otros bajaban tan llenos de alegrías. El joven inglés pensaba que la dicha reflejada en los rostros de aquellos extraños era simplemente por la felicidad de reencontrarse con sus seres queridos, mientras que él estaba tan solo, tan vacío, tan sediento de amor y aventuras. Ya tenía bastante tiempo viajando en ese furgón, atravesando tantos territorios y sin un destino definido sólo intentaba sobrevivir día tras día.
Con un suspiro, se reacomodó en su asiento cerró sus ojos y los años empezaron a dar marcha atrás, haciendo tictac despacio y en reversa, de la misma manera que las manecillas de un reloj que gira en dirección contraria. Lo único que había podido hacer durante aquellas semanas había sido leer, pensar, reflexionar en lo que había perdido, y lo que había ido a buscar. Deseando que sus memorias fueran otras volvió a recordar las palabras que Albert le dijo mientras ambos observaban desde la colina distante a Candy que atenta y alegre trabajaba en la Clínica del Dr. Martín. Ella lucía tan sonriente y bella como siempre; todo lo contrario a él que se veía tan distinto a lo que realmente era Terruce Grandchester.
Había sustituido sus finos trajes por unos pantalones de mezclilla y camisas de seda por algunas de algodón, reemplazó sus zapatos italianos por unas botas. La transformación de su aspecto había surgido en cada una de las estaciones de tren de los pueblos en que hacían escala.
Y tratando de esquivar esos pensamientos, el actor miró su valija donde llevaba sus libros que le habían salvado de la locura, junto con otros periódicos que había comprado durante el largo viaje, y refugiándose una vez más en la lectura evadió aquellos tristes recuerdos.
Mientras seguía absorto en sus pensamientos, con su cabeza recargada en la ventanilla, miraba la algarabía en los andenes de esa estación cuando algo acaparó su atención, además del mal clima que se avecinaba se percató de una figura envuelta en vestimenta blanca que pasó a toda prisa. La muchacha era tan rápida y radiante como lo era Candy.
Terry sacudió la cabeza mientras se reprendía a sí mismo por comerse con la mirada a aquella dama. Era muy guapa, sí y también era cierto que él llevaba días metido en aquella dejadez, que había pasado semanas en un tren, así que supuso que el disfrute visual se debía simplemente a un recuerdo de su Pecosa, pero justo en ese momento unos relámpagos cruzaron el cielo, iluminando la mañana oscura, el viento le voló el sombrero a la chica dejando en libertad una larga cascada de cabellos rubios peculiarmente rizados e indomables. Ella, apoyo fuertemente su mano sobre la alborotada melena y con la otra mano libre tomó su maleta y comenzó a recorrer el andén, la joven rubia corrió hacia la salida sin detenerse.
Los ojos azul-zafiro observaban con incredulidad a la dama, él se quedó mirando la puerta por la cual ella acababa de desaparecer, a través de las pestañas tan largas como las de Terry también se reflejaron los brillos acuosos por la sorpresa. Miró a Candy e inmediatamente quiso bajar de aquel tren que estaba a punto de emprender su nuevo destino, mientras corría y surfeaba entre la gente que le obstruía el camino, al desesperado aristócrata le parecía que aquel momento era eterno.
—"Tus pasos son difusos y los míos lentos, el sonido de los trenes ahoga mis gritos, te vuelvo a llamar Candy y el sonido de la locomotora anuncia su partida".- Balbuceaba el actor.
Terry sin pensarlo corrió detrás de ella, decidió bajarse en ese lugar sin saber qué sitio desconocido o ciudad era. No le importó perder su transporte, había bajado del tren por perseguirla; además no podía soportar otro día de humo y ceniza entrando por la ventanilla, el sonido de los rieles, el balanceo inacabable, y el agudo silbido de la locomotora ya lo enloquecía. Agarró con fuerza su maleta y comenzó a recorrer la calle camino tras de ella.
Candy apretó el paso y al mismo tiempo, trató de evitar que sus faldas se arrastrasen por el suelo encharcado mien tras protegía su rostro de la persistente y fría llovizna. De no darse prisa llegaría tarde al hospital, además sus cabellos y ropas quedarían empapados. Luego de adentrarse en el pueblo, ella buscó edificio del sanatorio, varias veces recorrió tantas calles sin encontrarlo, siempre terminaba en el mismo lugar que para su sorpresa fue darse cuenta que no existía tal, la Pecosa fue citada en una cómoda casa. Los datos de la dirección indicaban que ese domicilio particular era el lugar señalado. Buscó a su alrededor alguna persona para preguntarle si no se había equivocado cuando vio llegar un auto el cual era conducido por una mujer de aproximadamente unos 35 años, quien al descender del automóvil se dirigió hacia la rubia. Candy aún más se impresionó por el uniforme de médico que portaba aquella castaña mujer, quien así como demostró su habilidad y seguridad para manejar el auto, así ahora caminaba con el porte de una segura y profesionista mujer.
— ¡Buen día! De inicio le digo que me gusta su puntualidad Srita. Candis, puede pasar por favor! —le decía mientras con su brazo le cedía e indicaba el camino. Pero la rubia seguía anonadada, no entendía nada y apenas logro balbucear.
— ¡Buen día! —sin dar ni un paso respondió.
— ¿No quería trabajar en un hospital? —un poco inquieta le preguntó la médico.
—Por supuesto que sí, desde que recuerdo he querido ayudar a la gente, por eso me esforcé en aprender a curarlos… pero…—manoteaba con sus manos como si no entendía lo que pretendía explicar.
—Disculpe señorita Candis, debí presentarme primero, mi nombre es Dayanne Cooper, y soy la Directora Estatal de Salud y Asistencia Pública de Pennsylvania. De momento, el edificio del hospital ha sido clausurado por cuarentena, además de que no contamos con el personal médico pues en la mayor manera seguimos enviando como nos es posible tanto doctores y enfermeras a los campos de batalla en Europa. Por ese motivo la cité aquí señorita Candis…¿?—ahora ella era quien preguntaba.
—Baker, soy Candis White Baker.
—Espero que su viaje no haya sido en vano, y que al ver la inesperada situación, decline la aceptación de este trabajo. Ya que en verdad será inusual la forma en que trabajaremos, pero no será tan precaria.
—Dra. Cooper, lamento haberle dado una impresión equivocada, pero realmente estoy muy interesa en el puesto de enfermera y lo aceptaré sea, cual sea la forma de desempeñarlo.
Candy podía soportar muchas cosas a cambio de un salario lo requería, ya que éste le permitiría avanzar hacia su objetivo de independencia. Y siguiendo a la galena mujer que ingresaba al interior de la casa, la rubia empezó a observar todo los muebles mientras escuchaba la voz enérgica de la Dra. Cooper que no dejaba de hablar.
—Perfecto, nos vamos entendiendo muy bien enfermera Candis. Puesto que no hay hospital, indefinidamente éste será su hogar y lugar de trabajo; toda la planta baja será exclusivamente para curaciones y consultas, mientras que la planta alta será su vivienda, la hemos acondicionado como un pequeño departamento el cual contiene todo lo necesario para su sobrevivencia.
El área privada estaba modestamente equipada, pero proyectaba un ambiente acogedor. Entonces algo llamó la atención de la rubia:
— ¿Un teléfono? —confundida por el lujo de tener el naciente servicio y aparato, contra la modesta vivienda y muebles, la sorpresa se reflejó en su cara. Ante el persistente asombro de Candy, la Dra. Cooper sonrió con paciencia.
—Si enfermera White. Este medio es mucho más rápido que el telégrafo y las cartas, nos ayudará con el tiempo, tanto para que reciba sus asignaciones como para que ordene los materiales médicos que vaya requiriendo. También para las emergencias que surgen inesperadamente. Le sugiero que sea muy cuidadosa con la información que me brinde por ese medio, de igual forma le aconsejo que no hable de sus asuntos privados por este aparato, de lo contrario toda la gente de toda la ciudad se enterará de ello.
—No, no lo haré Dra. Cooper. Lo usaré exclusivamente para el trabajo.
—Muy, bien. Y así como yo viajo por todo el Estado, usted también lo hará enfermera Candis, ya que no solo atenderá a este poblado, debido a falta de personal médico en nuestro país, tenemos que abarcar en mayor medida todas las vacantes que nuestro heroico cuerpo médico ha dejado por partir a la guerra. Nuestro trabajo se ha incrementado, por esa causa tanto a médicos como enfermeras se nos a multiplicado el trabajo, y usted también tendrá que cubrir varios pueblos a la redonda, según le indique tendrá que trasladarse a los sitios donde se le requiera. Y para ello también contará con el transporte necesario.
— ¿Transporte… un caballo Dra. Cooper? —preguntó emocionada la rubia.
—No, un caballo no. Quedará bajo su uso y responsabilidad el auto en que me vio llegar, pues será necesario desplazarse hasta el más lejano y sinuoso lugar para ayudar a los enfermos. Un auto es mucho más útil que un caballo, puesto que transportará normalmente a pacientes y medicamentos; además un coche no necesita alimentarlo ni bañarlo. Aunque según el recorrido, en esta zona, el auto no llegará a todos los lugares y un caballo sí. ¿Dígame, Candis sabe conducir un coche… —temiendo que respondiera que no prosiguió la Dra. — ¿Y montar?
Con cierta emoción la Pecosa afirmó con la cabeza que sí, rápidamente por su mente corrieron las imágenes cuando ella y Stear probaban ese auto que su entrañable amigo fallecido había construido. Y la seguridad que Terry le había devuelto para volver a montar; recordó con amor como su amado rebelde le esfumó sus miedos a los caballos.
—Sí, Dra. Cooper, puedo hacer ambas cosas. —aunque realmente no tuviera experiencia en realizarlas, la rubia afirmó que si lo era para no perder bajo ningún motivo esa oportunidad de trabajo.
Ella podía no haber aprobado a la rubia a nivel personal, pero todo lo que la galena mujer había notado sobre esa animada y energética joven pecosa, esa disposición e iniciativa le aseguraba a la Dra. Cooper que Candy tenía algo más que una bonita cabeza sobre los hombros. Había algo misterioso en esos ojos, una suavidad y una tristeza que la impulsaban a darle ese puesto.
—¿Está segura señorita Candis White Baker, que podrá realizar este arduo trabajo que le absorberá casi todo su tiempo y energía son tantos deberes, que no le permitirán llevar una vida "normal"? Se lo digo porque no sé si tenga planes de matrimonio cercano, tal vez a su prometido no le convenga este nuevo cargo, digo en caso de que sea para usted.
—Ese no es problema Dra. Cooper, no tengo ninguna relación sentimental que demande ni mi tiempo ni atención, estaré enfocada al cien por ciento en mi trabajo. Gracias a Dios he elegido libremente una profesión que amo, aunque me exija todo el tiempo estoy consciente y acepto las consecuencias.
— ¡Perfecto, qué candidata tan ideal me está resultando enfermera White, todos sus conocimientos son tan oportunos para este tipo de trabajo tan absorbente! ¿Entonces es soltera y sin compromisos? Le pregunto por la disposición total que demanda ésta vacante.
—Soltera sí, pero tengo un hermano mayor que aunque de momento no vino conmigo, vivimos juntos sin ser él un compromiso, al contrario me apoya y cuida lo más que puede. Pero, en ocasiones pasa algún tiempo alejado de mí, según el trabajo que tenga de momento. Precisamente por eso necesito el trabajo Dra. Cooper, ya que él últimamente ha estado enfermo y requiere de tratamiento y descanso para vencer su enfermedad, a mí me urge el trabajo para cuidarlo y no permitir que él trabaje y tampoco que se preocupe por nuestra manutención.
Al principio, tal vez sólo fuera su instinto médico que la hacía confiar en la disponible y activa enfermera para contratarla, pero ahora después de escuchar sus importantes razones para pedirle el trabajo. La Dra. Cooper decidió darle sin dudar el trabajo a la rubia.
—Enfermera Candis White Baker, el trabajo es suyo — se lo dijo con voz alta mientras le entregaba con sus brazos extendidos los uniformes y gorros blancos. Candy, como era de esperarse brinco y abrazó contra su pecho y besó una y otra vez el blanco uniforme. Con la voz llena de emoción y sus ojos acuosos le dio las gracias a su nueva jefa.
—Gracias Dra. Cooper, muchísimas gracias por ayudarme y confiar en mí. No la defraudaré, se lo prometo.
—Que así sea entonces enfermera White. Firmemos su contrato y entrégueme su documentación para terminar con el protocolo administrativo.
La rubia de inmediato sacó de su maleta su documentación y se lo entregó a su superior, quien de un solo vistazo los revisó y los guardó en su portafolio, para de inmediato ponerse nuevamente en movimiento.
—Entonces continuemos enfermera White porque el tiempo es de extrema demanda. Le dijo mientras le mostraba los materiales médicos en existencia, y posterior a ello le dio las asignaciones para realizar de inmediato, eran tantas que abarcaba tenerla sumamente ocupada hasta la semana siguiente.
Pero el tiempo fue impune y después de correr por todas las calles de ese pueblo sin haber encontrado a su Pecosa, Terry yacía en la oscuridad, vacío de lágrimas y emociones, sin más compañía que las hojas que caían con el viento sólo ese susurro a sus espaldas era lo único que veía y escuchaba en ese camino.
Se detuvo en la esquina y miró al otro lado de la avenida encontrando un hotel, se sentía tenso por continuar su búsqueda por aquella chica, y a la vez dudaba por entrar, reservar una habitación y bañarse.
— "La busqué por aires, olas, tierras y no encontré ni su huella, tal vez sólo perseguí a mi inalcanzable ilusión" —desilusionado se decía el inglés.
28 Agosto 2011
LADY.-Gracias por tan linda bienvenida a mí y a mi historia, espero no demorarme tanto tiempo en las siguientes actualizaciones.
ANITA-ASAKURA.-Qué emocionante y alegre recibimiento! Gracias por hacerme sentir tan bien con ello, así que procuraré no tardarme en actualizar para así compensarte.
I LOVE TERRY.-Hola, qué gusto volverte a encontrar! Gracias por nuevamente acompañarme en esta nueva historia, espero sea de agrado. Respecto al encuentro entre Candy & Terry… te lo cuento en la siguiente actualización Amiga!
LADY GV.-Amiga Verónica! Wow, qué maravilla tu compañía, así con Ustedes y sus palabras ten la seguridad que siempre me llegará la inspiración! Gracias por tu suerte y amistad Vero!
GEMA GRANDCHESTER.- Uy, qué alegría me da tu comentario! Espero que así también te gusten los siguientes capítulos. Mucho gusto Gema!
THEMIS78.- Sí, fue algo sensible este primer capítulo; y lo importante es llegar a sus emociones Amiga; Gracias por leerme!
