Erik venia caminando como alma que lleva el diablo, toda la mañana había tenido una estupenda racha de mala suerte. Primero: su despertador no suena, segundo: el agua de la regadera estaba fría, tercero: no había pasta dental, cuarto: no encontraba su portafolios, quinto: su auto no quería encender, y por ultimo pero no menos importante, Azazel, su asistente personal, se reportaba enfermo. Y lo sabía, dios sabía que él lo sabía, Azazel era un grandioso mal mentiroso, pues el muy estúpido seguramente seguía muy dormido como para no notar que él, Erik, podía escuchar la voz de una mujer que, seguramente, estaba con él, Azazel, metida en la cama.

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Mataría a Azazel en cuanto lo viera, solo era cuestión de "ajustar" un poco la cadena con la placa militar que siempre llevaba el de piel roja y listo, se libraría del bueno para nada de su asistente.

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Gruño una última vez al sentir el retortijón en su estómago, no había comido nada desde que salió de su departamento, precisamente porque no había nada comestible en su departamento, otra cosa que debía agregar a su lista de la extraña mala suerte que estaba teniendo esa mañana. Sin pensarlo mucho, comenzó a caminar a una pequeña cafetería que estaba cerca del lugar donde trabajaba, siempre iba ahí a la hora del almuerzo, pero esta vez haría una excepción, en verdad tenía mucha hambre.

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Entro al establecimiento, haciendo sonar la pequeña campana del local, una mujer, la encargada del lugar, le dio la bienvenida, él lo ignoro y se sentó en donde acostumbraba mientras desdoblaba el periódico para comenzar a leerlo y esperar a que Hank le tomara la orden.

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— ¿Qué desea ordenar?—. Escucho que le preguntaban. Erik pasó la página de su periódico.

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—Lo de siempre—. Contesto, sin despegar los ojos del periódico, al ver que "Hank" no se movía de su lugar, despego la vista de su periódico enfocando sus ojos azules, casi verdes, al mesero. — ¿Qué pasa, Han…?—. Erik miro sorprendido al sujeto, definitivamente ese no era Hank. — ¿Dónde está Hank?—. El hombre castaño se llevó una mano a la nuca para rascarla un poco.

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—Hank descanso hoy, y yo le estoy cubriendo—. Dijo el de ojos azules. —Si me dice que es lo que siempre ordena, se lo podría traer enseguida—. Erik alzo una ceja, su día no podría empeorar ¿O sí?


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Charles se encontraba recargado en la barra de la cafetería de su hermana, llevaba puesto su uniforme ya que Hank le había pedido que lo cubriera el día de hoy, y él como buen amigo que es, acepto sin pensarlo. Un quinto suspiro salió de su boca mientras recargaba su cabeza sobre su mano derecha y miraba a ningún lugar en específico.

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— ¿Sigues triste por lo de Shaw?—. El castaño se enderezo, pero sin dejar de recargarse en la barra y agacho su mirada para no ver los amarillentos ojos de Raven. La mujer comprendió que su querido hermano no estaba listo aun para querer hablar del hombre que lo abandono quitándole "casi" todo lo que tenía. — ¿Cómo van los abogados?—. Pregunto para desviar la tensión que se había formado. — ¿Ya te tienen una solución?—. Escucho al hombre suspirar.

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—No—Contesto el castaño con gesto abatido. —Sebastian fue muy listo, dividió el dinero en varias cuentas en el extranjero—. Suspiro de nuevo mientras desviaba la vista. —Aun si los abogados logran encontrarlo, el que vuelva a ver el dinero será bastante difícil, en especial si el comienza a despilfarrarlo como si no hubiera un mañana—. Agacho su cabeza con derrota antes de volverla a elevar y con una sonrisa que era dirigida a Raven. —Pero me alegra haberte escuchado en una cosa. De no haberte hecho caso, no hubiera salvado el 75% de mi herencia—. Raven sonrió. A pesar de que Sebastian le había quitado bastante dinero, no se comparaba para nada de lo que en realidad tenia Charles, el castaño había guardado la mayor parte de su herencia en una cuenta a nombre de Raven, eso a pedido de la mujer, ya que Shaw no le daba buena espina. Qué bueno que le hizo caso, al menos así, no estaría al borde de perder la mansión en Winchester.

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—Sabes que siempre contaras conmigo, Charles—. La mujer le acaricio el cabello. —Para eso son los hermanos—. Le dijo entre risas. Pararon toda jugarreta cuando escucharon la campanilla de la entrada sonar.

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—Bienvenido—. Dijo Raven con tono monótono al hombre que había entrado. —Charles, atiende al señor Lehnsherr—. Le dijo la mujer antes de pasar a la cocina. Charles tomo su libreta y una pluma que puso detrás de su oreja, se acercó a la mesa tomo la pluma, listo para apuntar la orden de aquel hombre.

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— ¿Qué desea ordenar?—. Pregunto el castaño, viendo la página central del periódico que cubría la cara del otro.

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—Lo de siempre—Contesto detrás del periódico, Charles alzo una ceja, no se movió del lugar. Para empezar él nunca había visto a ese hombre, pues él, Charles, por lo general trabajaba las tardes y noches, así que debió suponer que Raven ya lo había visto, puesto que sabía el apellido del hombre, además de que Hank era el encargado de atender a los clientes en la mañana. Comenzó a divagar sin darse cuenta, hasta que el otro aparto la vista de su periódico para verlo. — ¿Qué pasa, Han…?—. El hombre quedo sorprendido al ver a Charles frente a él, tal vez noto que él no era su amigo. — ¿Dónde está Hank?—. Pregunto aquel hombre de ojos verdes, Charles agacho un poco la vista mientras llevaba su mano a su nuca.

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—Hank descansó hoy, y yo le estoy cubriendo—. Dijo a modo de disculpa por el momento de confusión. — Si me dice que es lo que siempre ordena, se lo podría traer enseguida—. Trato de reponer, pues parecía que el otro tenía toda la intención de marcharse, vio como el otro alzaba una ceja y bufo con molestia.

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—Un plato de huevos con tocino—. Dijo el hombre mientras regresaba su vista al periódico. —Y un café negro, sin azúcar—. Charles de inmediato anoto la orden.

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—Enseguida vuelvo—. Dijo el castaño para alejarse del hombre. Erik volvió a bufar mientras pasaba a la siguiente hoja de su periódico.

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La campanilla del local volvió a sonar dando paso a un hombre alto que mostraba una enorme sonrisa que dejaba en evidencia aquellos extraños colmillos.

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— ¡Telépata!—. Grito, Charles dio un salto ante aquel sonido y dio media vuelta para toparse con un hombre que vestía de una manera muy común para ser un ejecutivo. El castaño sonrió al encontrarse con el otro — ¿Trabajas hoy?—. Pregunto extrañado.

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—Víctor, no esperaba verte por aquí—. El castaño correspondió el saludo. —Hoy estoy cubriendo a Hank—. Víctor palmeo el hombro del más bajo.

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— ¿Bestia tuvo problemas hoy?—. Pregunto en broma, Charles lo miro de manera reprobatoria.

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—Sabes que no le gusta que lo llames así—. Le regaño, Víctor simplemente rio. —Pero no, no tuvo problemas, simplemente los exámenes en la universidad son brutales estos días, necesitaba estudiar—.

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—Pensé que el niño bonito era listo—.

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—Lo es—Afirmo el castaño. —Pero hasta los genios como él, necesitan estudiar antes de un examen—. Víctor sonrió de nuevo mostrando esos grandes colmillos. — ¿Te doy lo de siempre?—. El rubio solo asintió. — ¿De casualidad has oído de Logan?—. Pregunto el castaño mientras se adentraba en la cocina.

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—No—Contesto Víctor desde afuera, el rubio recorrió con la mirada el interior de la cafetería y su vista se plantó en una mesa, su sonrisa se ensancho más y sin dudarlo se acercó a la mesa. —Vaya, vaya. Lehnsherr ¿Qué te trae por estos lares de mala muerte?—. Erik alzo su mirada y frunció el ceño.

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— ¿Qué demonios haces aquí, Creed?—. Pregunto el de ojos verdes con evidente molestia, Víctor solo sonrió y se sentó frente a él.

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—Yo también te quiero, cariño—. Lehnsherr frunció el ceño ante lo dicho por el rubio. —Bueno ya, no te enojes. Solo pasaba por aquí, esta es la cafetería que frecuento en las noches después del trabajo—. Le explico al otro.

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—Eso no explica que haces aquí, a estas horas de la mañana—. Se cruzó de brazos, Víctor simplemente saco de su maleta una caja, algo polvorienta y vieja y se la paso a Erik. El de ojos verdes la tomo y la inspecciono.

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—La encontré esta mañana y pensaba traértela a la oficina, pero me dijeron que aún no llegabas—. Erik seguía contemplando la caja de madera, la agito un poco.

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— ¿Esta completa?—. Pregunto, Víctor asintió con una sonrisa, Erik abrió la caja con cuidado de que nada cayera de la misma. Tomo cada una de las piezas y las fue acomodando, era su viejo juego de ajedrez. —No sabes por cuanto tiempo lo estuve buscando—. Le dijo el otro con un tono por demás agradecido.

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—Te dije que estaba en una de las cajas del ático, pero nunca me haces caso—. Le reprocho el de grandes colmillos. Una vez acomodado el tablero, Erik inspecciono el mismo, el tablero estaba algo descuidado y hasta comenzaba a despintarse, algunas piezas estaba tan maltratadas que les faltan pedazos, pero aun así se podían distinguir que piezas eran, el de ojos verdes alzo la vista a su compañero.

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— ¿Jugamos una partida?—. Le pregunto Erik con malicia, Víctor entrelazo sus manos mientras apoyaba los codos en la mesa.

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—Ya sabes cómo terminara esto, ¿Para qué jugar entonces?—. Dijo el otro con desamino, Erik sonrió.

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—Las blancas mueven primero—. Víctor bufo.

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—Lo sé, no he olvidado lo básico—. Y así comenzaron con una partida, que fue interrumpida por Charles cuando llevo la orden de Erik y la comida de Víctor a la mesa. —Te dije que de nada servía jugar, siempre acaba igual—. Le dijo Víctor con molestia. —Ya no encuentro que hacer—. Erik sonrió con victoria.

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—Entonces, ¿Te rindes?—. Pregunto Erik con una sonrisa burlona, Víctor hizo una mueca mostrando su disconformidad, estaba a punto de tirar a su rey cuando Charles llego para evitarlo, Víctor se le quedo viendo a su amigo. Se les había olvidado que el castaño había sido espectador silencioso durante los últimos diez movimientos.

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—Parece que aún no—Sonrió Víctor mientras veía como Charles se mordía el labio inferior, se llevó un dedo a la barbilla, signo de que se encontraba pensando, Erik se le quedo viendo, finalmente Charles sonrió, movió un caballo y miro a Erik.

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—Jake Mate—. Dijo el castaño, Erik regreso su vista al tablero, aun sin creer en las palabras del de ojos azules, ¿Cómo no se había dado cuenta que su rey estaba quedando encerado?... era obvio que él mismo, en un intento por proteger a su rey lo había rodeado de piezas, piezas que no podían atacar al caballo pero que si estorbaban para mover a su rey para alejarlo de la amenaza. Con Víctor siempre funcionaba esa estrategia, puesto que el rubio jamás perdía mucho tiempo pensando, es por eso que siempre terminaba rindiéndose al no saber qué hacer.

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Pero Charles…

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Charles era diferente.

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—Telépata, había olvidado que tú también jugabas ajedrez—. Le dijo el de colmillos, el castaño simplemente sonrió. —Por cierto, él es Erik Lehnsherr. Erik, él es Charles Xavier—. Los presento, el castaño alzo su mano.

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—Mucho gusto, señor Lehnsherr—. Erik dudo en tomar la mano del castaño, pero finalmente lo hizo.

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— ¿Por qué te dice "Telépata"?—. Erik no contesto el saludo, simplemente soltó la pregunta, sin tacto y directo.

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"Porque mi mutación me hace respaldo al nombre, señor Lehnsherr"

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Erik abrió los ojos con sorpresa al escuchar la voz del castaño dentro de su cabeza, solo la carcajada de Víctor lo hizo volver de la impresión.

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—Sorprendente ¿No?—. Pregunto Víctor. —Y pensar que teniendo esa mutación tan poderosa, no le sacas provecho—. Le reprocho, Charles frunció el ceño.

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—No creo que sea correcto abusar de un poder como el mío—.

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— ¿Y por qué no?—. Pregunto finalmente Erik. —Te imaginas lo que yo haría con un poder así—. Le dijo a Víctor, el de colmillos hizo un ademan con su mano.

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—Claro que sí, volverte más ególatra de lo que ya eres, imán—. Le dijo con burla ganándose un ceño fruncido por parte de Erik y una pequeña risa por parte de Charles.

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—Oh cállate, Creed—. Le dijo el de ojos verdes con molestia. —Dame la cuenta—. Le ordeno a Charles, el cual asintió y se alejó a la caja registradora. — ¿De dónde conoces a ese sujeto?—. Pregunto Erik.

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—Um… ¿Interesado en él, Erik?—. Le dijo con picardía. —Yo sabía que te iban más los hombres, mutantes, claro—. Erik frunció el ceño.

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—No digas estupideces tan temprano, Creed—. Dijo Erik con molestia, Víctor solo sonrió. — Ahora dime de donde lo conoces—.

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—Estuvimos juntos en la preparatoria, yo, Logan y él, éramos compañeros en unas cuantas clases en común—. Le dijo el rubio respondiendo a la pregunta.

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—Aquí tiene su cuenta, señor Lehnsherr—. Le dijo el castaño acercándole un recibo, Erik simplemente saco su cartera y pago la cuenta.

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—Quédate con el cambio—. Le dijo antes de salir del lugar, sin despedirse de Víctor o de Charles, los cuales lo siguieron con la mirada, hasta que el otro desapareció de la vista.

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— ¿De dónde conoces a Lehnsherr?—. Pregunto Charles, Víctor le regreso la mirada.

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— ¿Interesado en él?—. Charles desvió la mirada sonrojado, a lo que Víctor rio.

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—No es por eso….es solo que…—.

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—Es un compañero del trabajo, mi jefe para ser exactos, pero nos conocemos desde niños—. Le contesto Víctor. — ¡Cabron!—. Grito el rubio asustando un poco a Charles. —Olvido el juego de ajedrez—. Dijo con molestia. Charles se mordió el labio ante lo que iba a decir, pero finalmente lo dijo.

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—Si quieres déjalo aquí, si vuelve se lo regresare—. Víctor sonrió, recogió las piezas y le entrego la pequeña caja al castaño.

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—Te lo encargo mucho, Telépata—. Le dijo para después salir de la cafetería, el rubio camino con una sonrisa en su rostro, parece ser que Charles no lo había escuchado, él bien pudo haberle entregado el juego a Erik, ¡Era su jefe! Es obvio que se verían en la oficina cuando el turno de Víctor comenzara, pero quería hacer aquello un poco interesante. Ya venía siendo hora de que Erik conozca a alguien más, para no estarse lamentando por la pérdida de aquella mujer tan fastidiosa.

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Emma Frost.


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El castaño estuvo todo lo que restaba de la mañana y parte de la tarde con una sonrisa risueña en su rostro, Raven lo había notado, parecía que el rostro del castaño paso de opaco por la tristeza a radiante por la felicidad, sonrió ante aquella posibilidad de que el castaño comenzara a superar lo que el bastardo de Shaw había hecho con él.

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—Estas muy feliz, Charlie—. Le dijo a modo de broma, el castaño solo frunció el ceño, ella sabía cuánto odiaba que lo llamara "Charlie" en aquel tono inocente. — ¿Acaso se debe a la extraña visita del señor Lehnsherr?—. El castaño desvió su mirada.

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—Eso no tiene nada que ver—. Le dijo seguro, en ese momento sonó la campanilla del lugar, Charles de inmediato enfoco su vista en la puerta y Raven noto un brillo en aquellos ojos azules, que desapareció cuando los ojos dieron con los ojos celestes de Hank. —Aw, solo eres tú—. Dijo con tono decepcionado.

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—Gracias por demostrar que tu afecto por mi crece día a día—. Dijo el de lentes tratando de sonar dolido, pero con ese tono en broma que era raro en él.

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— ¿Y aun así niegas que ese brillo en tus ojos no es por Lehnsherr?—. Le dijo la de cabellos naranjas mientras apoyaba su cabeza sobre sus manos.

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— ¿Lehnsherr vino temprano?—. Pregunto Hank con bastante sorpresa mientras se ponía un mantel para comenzar a trabajar.

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—Sí, y acá Telépata ya le hecho el ojo encima—. Charles se sonrojo.

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— ¡Raven!—. Le reprocho, a lo que la mujer solo sonrió.

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—Vamos Charles, ya pasaron dos meses desde el incidente con Shaw, ¿No crees que ya es hora de que sigas con tu vida?—. Pregunto la mujer, el castaño solo desvió la mirada, comenzó a quitarse el mantel de su cintura mientras caminaba a la registradora, tomo una pequeña mochila y guardo el juego de ajedrez de Erik, Raven entendió que había hablado de más, en especial por el rostro sombrío de su hermano. —Charles, yo…—.

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—No cometeré la misma estupidez de nuevo—. Le dijo con un tono por demás dolido. Era obvio que aún no estaba listo para superar lo que Sebastian había dejado. —Nos vemos mañana—. Se despidió para irse.

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—Aún es muy pronto para él—. Le dijo Hank a la mujer, la cual asintió. —Y bien, ¿Me vas a decir de donde sacaste semejante anillo o tendré que preguntar?—. Raven miro su mano, en la cual llevaba un precioso anillo de diamante, nada extravagante pero muy elegante, la mujer sonrió. —Al fin se avivo el estúpido de Azazel—. Le dijo con una sonrisa antes de abrazar a la de piel azul. —Felicidades—.

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—Gracias—. Le contesto el abrazo. —Aunque le va a costar caro, seguramente Erik lo ahorcara cuando lo vea…por eso…—. Raven descubrió un poco su cuello. —Le dije que me dejara su cadena, así al menos no lo ahorcara con ella—. Hank rio. —Atiende a la mesa dos—. Le dijo mientras regresaba a la cocina.

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—Enseguida—.

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