¡Hola nuevamente!
Sé que tal vez tarde un poco y que... bien lo se soy una irresponsable y ante eso les ofrezco una enorme disculpa, pero bueno, creo que lo más apropiado es dar una explicación. Pues como saben, aun soy algo desconfiada al escribir y subir esta clase de fanfics así que, aun sí pasa por numerosas revisiones de mi beta (Quien realmente no tiene mucho tiempo para hacerlo al igual que yo), ya en otras ocasiones me ha ocurrido que varios errores se me pasan de vista, tanto a mi como a mi beta y para entonces ya está publicado. Cabe decir que otra chica quien sólo los lee es quien algunas veces lo nota y luego yo me pongo a leer y es ahí cuando me doy cuenta que no dedique suficiente tiempo a la edición, así que si ven algún error (Y aunque esté mal pedirlo ya que es mi obligación revisar lo que publicaré) háganme saber sí encuentran algo mal, pienso que esto realmente me ayudaría a mejorar.
Bien creo que ya no hay más que decir así que, ¡Nos vemos! :D
Ahora sí, a leer.
Hasta el próximo capítulo.
Sin escapatoria
La dama con el paraguas. Parte I
Al finalizar las escaleras, se dio cuenta de que se hallaba dentro de un hoyo en la pared, no estaba tan lejos del suelo por lo que le sería sencillo bajar. Al poner un pie sobre el extraño piso de un tono rosa que ligeramente se mesclaba con el suave color de la pared, logró notar algunos juguetes extraños, inquietantes cabezas de maniquíes, pinturas y uno que otro cuaderno con extraños garabatos a crayón que parecieran haber sido hechos por algún niño.
Al bajar por completo, comenzó a ver lo que había esparcido por todo el lugar, un montón de libros se encontraban en el piso, eran de temas sin importancia, algunos cuentos infantiles; tomó uno que en especial llamó su atención, extraño, pues todos eran tontos a su punto de vista, "Cómo hacer amigos "siendo este el título en la portada, le pareció un tanto curioso ¿Qué clase de persona leería algo así?
Finalmente prestó más atención a su alrededor. Miró el suelo, las paredes, el techo, parecía que estaba dentro de un dibujo, todo parecía hecho con crayolas. Frente a la entrada, donde claramente se observaba como un pasillo lleno de escaleras comenzaba, el suelo estaba rayado en color rojo, posiblemente dando la impresión de rupturas causadas por algún golpe. Dejando de lado el aspecto físico que la habitación tenia, se fijó más en su entorno, en esa energía densa y pesada que ya de por si transmitía, esas emociones que el lugar provocaban en todo aquel desafortunado visitante que desgraciadamente ponía un pie ahí, y para su mala fortuna, ese visitante era ella. Todo se veía tan... deprimente. Al acercarse a las líneas, se dio cuenta de que, incluso siendo hechas con pintura, tenían cierta profundidad, no era mucha, realmente sólo eran pequeñas grietas, sin embargo, claramente podía ver como la pintura del crayón había tomado cierta textura terrosa cayendo cada que ella arrastraba el pie para mover un poco lo que a la orilla se encontraba y eso era...
-¿Cenizas?- levanto el pie, tomo su zapato y efectivamente era eso. Ceniza y trozos de un material a medio quemar habían sido atrapados y arrastrados por el zapato de Ib hasta ese lugar, se dio la vuelta y siguió el rastro que estos habían dejado; un distorsionado montículo gris se encontraba a poca distancia del cuadro por el que ella había entrado. Lo observo fijamente, y logro encontrar uno que otro trozo grande con solo colores y figuras abstractas las cuales sería difícil unir pues no eran más que pedazos quemados de las orillas y su contenido no daba una gran pista, pero uno de esos fragmentos logro atraerle, era un pequeño pedazo color amarillo y al centro pareciera llevar la secuencia que más comúnmente ocupaban para dibujar rosas, algunos pétalos pequeños se notaban y, aunque distorsionados, pétalos más grandes se dejaban ver en el orden de la flor. Tomo entre sus manos el trozo de lo que sea que fuera ese material y comenzó a analizarlo, claramente se trataba de una flor, una rosa amarilla. Nuevamente rápidos recuerdos pasaron por su mente; observo como un cuadro era quemado, detrás de ella caían cenizas, el aroma a tela quemándose inundo sus fosas nasales y el calor que el fuego emanaba la cubrió completamente, y otra vez, esa chica que antes de bajar había visto en lo que parecían ser recuerdos estaba parada ahí, en donde ahora el destruido montículo de cenizas se hallaba. Una chica rubia, más o menos de doce años, lucía un vestido de un verde que a su parecer era bello y brillante, su rostro era una viva expresión que a gritos pedía ayuda y desde abajo, ardientes llamas danzaban sobre su cuerpo buscando llegar hasta el final de su ser.
Nuevamente sintió, con estas fugases imágenes, como si alguien enterrara sin la más mínima piedad un puñal justo en su acelerado corazón.
Retrocedió algunos pasos, con la culpa ahogando su mente y segando su conciencia, busco la pared más cercana para tomar soporte de ella, quería salir corriendo pero aun con la poca racionalidad que le quedaba sabía que si atravesaba esa puerta, cualquier cosa podía ocurrir- no conocía el lugar así que no sabía que cosas habían al otro lado de la puerta-
Al chocar con la pared más alejada - o relativamente lejos - del montículo, observó los libros a su alrededor, y hasta ese momento, comenzó a pensar con claridad; tal vez y lo que necesitaba para salir se encontraba en todos esos cuadernos y libros para colorear.
El primer libro que tomó parecía ser un diario, escrito a colores brillantes y adornado con algunos dibujos típicos de un niño, al comenzar a leer se percató de lo que posiblemente ocurría en ese sitio.
"Me gustaría que los visitantes se quedaran a vivir conmigo, pero ¡Quiero salir de este lugar y vivir ahí afuera!
Pero a menos que pueda tomar el lugar de una persona del exterior, parece que no puedo salir ¿Vendrá alguien pronto por aquí?
Vendrá alguien pronto por aquí..."
Fue lo poco que pudo entender Ib de ese cuaderno llenó de dibujos y escritos hechos con crayón de distintos colores, era realmente extraño encontrar algo así en ese lugar ¿Y si el que la había llevado a ese horrible sitio era autor de tal escrito? Quizá sólo quería encerrar a gran número de personas ahí para poder acabar con su soledad o por lo menos olvidar que su mundo era sólo para él.
Dejo el libro nuevamente en su lugar, observo algunos similares pero no había alguna pista que la ayudara a escapar de ahí.
Comenzó a escuchar como el sonido de pasos resonaba al exterior de la sala, el temor la domino y busco un lugar donde esconderse. Colocó varios libros en una columna intentando así subir nuevamente al cuadro pero, al intentar abrirlo como momentos atrás, no tuvo más resultado que el verlo caer sobre ella, ahora con un lienzo del mismo color del muro como si al ser colocado ahí ese viejo pedazo de madera hubiera absorbido e incrustado un trozo de muro en él, ocasionando por esto un gran estrépito en toda la habitación y causando la inconsciencia de Ib provocada por el abrupto choque de su cuerpo con el piso.
Al despertar, nuevamente observo una habitación. Se frotó los ojos rápidamente para poder admirar mejor su nuevo entorno ¿Cómo rayos llegó ahí? ¿Ah?
Frente a ella, doblada en el suelo, se encontraba una hoja de papel viejo y desgastado. Al tenerla entre sus manos notó que era un pedazo arrancado de alguna parte, las orillas lo delataban. La hoja estaba en, por así decirlo, blanco. La dejo nuevamente sobre el suelo, se puso de pie y fue ahí cuando finalmente se dignó a ver el nuevo sitio en donde se encontraba. Una fría habitación pintada en un tétrico azul, su alfombra era suave y el color era ligeramente más obscuro que el de los muros. Sobre las paredes se hallaban los cuadros de muñecas y... mujeres.
-L-la dama...d-de r-rojo - Su respiración era agitada, comenzó a sentir la necesidad de poco a poco comenzar a retroceder y mirar hacia otro lado pero simplemente le fue imposible. La pared estaba llena de estos cuadros, eran mujeres las mismas que en el retrato de la galería pero el color de vestido era distinto. Cerró sus parpados y se dio la vuelta sin notar en qué dirección salía corriendo. Gran error. Fue poco lo que corrió cuando sintió como impactaba con algo, provocando que cayera encima de "eso". Abrió los ojos y bajo ella, recargado en la pared, se encontraba un hombre. Mantenía los ojos cerrados, su respiración era lenta y suave, su rostro estaba pálido y su temperatura se conservaba baja. Aun con el potente impacto que tuvo con él no se despertó, porque era más que obvio que se encontraba durmiendo. Asustada, se levantó rápidamente, observando más detenidamente al chico: su cabello, de un extraño color purpura , se encontraba completamente desordenado, su ropa era vieja, se encontraba desgastada y rota. Era igual al chico que aparecía en sus recuerdos. ¡Era ese chico!
Aun no entendía que era lo que ocurría, poco a poco todo se iba uniendo formando en su mente una imagen nítida sobre lo que había ocurrido en el pasado, cuando era niña; pero aún faltaba mucho, aun sentía explotar su cabeza por todas las preguntas que en ella flotaban. Necesitaba respuestas. Necesitaba ayuda.
Sin pensarlo, recargó su cabeza en el hombro del chico dormido a su lado, cerró ligeramente sus parpados y sin que ella lo quisiera comenzó a derramar lágrimas que pronto llenaron su rostro dejando un camino cristalino que rápidamente comenzó a limpiar con sus dedos.
Abrió lentamente sus ojos viendo ahora, nuevamente, una hoja similar a la que momentos antes había tomado pero al abrirla no logró más que observarla apantallada ¿Qué estaba ocurriendo? Ahora, en perfecta caligrafía, se encontraba escrito sobre ella "Bienvenidos al mundo de Guertena, esperamos su estancia sea placentera."
-Guertena... ¿Pero qué? - Sintió como ligeramente el chico a su lado movía un poco su cuerpo hacía un costado. Giro su cabeza hacía donde el joven dormido se encontraba; en su rostro expreso extraños gestos como si entre sueños viera imágenes terribles en forma de pesadillas.
-Generalmente lo hace. A veces se mueve, a veces únicamente suelta suspiros. Es un poco extraño, ha estado tanto tiempo dormido aquí que ya ni eso debería poder. - Era la voz de una mujer. Ib buscó con la vista por todos lados, no había más que esos escalofriantes cuadros y horrendas muñecas de trapo que parecieran no querer dejar de observarla. Se puso de pie y cerca vio una ventana con los cristales pintados en blanco y un par de cortinas largas a cada lado; en una a de ellas claramente se notaba un pequeño bulto que ligeramente se movía. Muy a su pesar, se acercó a escasos centímetros. No podía negar que sentía miedo pero ya no importaba, sabía que aunque el temor la acorralara era necesario buscar una salida, debía utilizar todo medio posible si quería escapar y regresar con su familia.
-¿Eh? - Ib estiró la mano con intención de tocar la cortina, pero al acercarse más una mujer de larga cabellera azabache atada en una cola de caballo, piel pálida, ojos oscuros, falda y blusa negra se dejó ver. - ¿Q-que rayos? – alejo aterrada la mano cuando lo que estaba frente a ella comenzó a moverse. Retrocedió algunos pasos. Comenzó a faltarle el oxígeno. Se dejó caer lentamente sobre la suave alfombra, cubriéndose la cara con su temblorosa mano, cerró sus brillantes ojos carmesí intentando dominar su conciencia. Estaba segura que sus ojos veían no más que un espectro, nadie en el mundo era de tez tan blanca como la mujer que se encontraba tras esa tela tan desgastada.
Respiraba con fuerza mientras su mirada se dirigía a la mujer frente a ella. Observo como la de pálida piel se arrodillaba frente suyo e intentaba tomar su mano. Ella únicamente se dejó caer de espaldas, desviando la mirada y alejándose poco a poco.
-¿Q-quien er...-
- Shh.- Con toda la velocidad posible que tenía y la poca movilidad que por la posición mantenía, coloco su dedo índice sobre los rosados labios de Ib y acarició suavemente su castaña cabellera; la joven de pálida piel se alejó dos pasos y estiró la mano esperando que la otra chica se levantara.
Ib, con ese simple contacto sintió en su interior como la tranquilidad la invadía. Ya no sentía miedo, ahora pensaba de manera más clara, incluso estaba dispuesta a levantarse y caminar hacia afuera de esa sala ¡Y eso haría!
Entendió claramente lo que la otra joven le indicó, respiró profundamente llenando por completo sus pulmones y poco a poco, como se iba levantando, lo soltó creando un ligero sonido que claramente molestó a la chica quien en su rostro expreso ciertos gestos de inconformidad.
-Shh. Aparte de despertarlas ¿Quieres que se molesten?-
-¿Quiénes? - La chica de negro señaló discretamente a uno de los cuadros de mujeres esperando que Ib entendiera. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que, a diferencia de la pintura en la galería, esta dama de rojo mantenía los ojos cerrados, tal vez a esto se refería la chica.
-Ven, Ven, debemos salir.-Pronunció en un susurro que únicamente llegó a oídos de Ib. La chica tomó rápidamente la mano de Ib y comenzó a correr en dirección a la puerta por la extensa habitación.
Sin hacer ruido, la joven de cabellos azabaches abrió la puerta dejando ver a la joven castaña un pasillo que se perdía en la obscuridad. La primera en salir fue Ib quien se recargó en la pared vecina a la puerta, dejándose caer y regularizando su respiración.
-Ya todo está bien, igual si ellas despiertan no podrán atraparnos, ellas no...-
-No pueden abrir puertas, lo sé...-
-Sí, bueno el problema son la muñecas, pero qué más da.-
-Sí, qué más da. Igual hay ojos y esculturas por todos lados. Si las muñecas no van con el chisme, alguien más lo hará. - Molesta era la palabra perfecta para describir el tono que Ib usaba en ese momento. Tal vez también encajaba a la perfección "indefensa" "desinteresada" y muchos adjetivos más.
-Bien, eso es extraño. Generalmente todos les tienen miedo. Pocos saben sobre lo que hacen y no hacen esas brujas, parece que aun viviendo aquí nunca leen los libros que hay por toda la galería- la chica de igual forma se dejó caer al suelo recargándose en la pared justo a un lado de la castaña.
-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿En dónde estamos?- Incluso ella, estando en la misma situación, se atrevía a preguntar eso ¿Por qué lo hacía? ¡Ni ella sabía qué hacía ahí! La mirada desconfiada de Ib causó cierta gracia en la joven de pálida piel quien sin soportarlo más soltó una suave risilla que se dejó escuchar sólo en los oídos de Ib.
-Jejeje. ¿Mi nombre? – La chica miró con extrañeza a la que esperaba fuera su nueva compañera de viaje.- No lo sé. Hace poco llegue aquí, estoy buscando algo que se me perdió pero ya recorrí todas las salas cercanas y... ¡oh! fue ahí donde te encontré.- La joven se levantó y camino con dirección a una entrada con escaleras señalando el lugar en donde la había encontrado.
-¿Tú me llevaste ahí?- Ib señalo la puerta por la que estaba esa sala color azul en donde momentos antes habían estado.
-Sí, bueno. Cuando iba llegando a este pasillo vi esta puerta y estas dos entradas – señaló una entrada a un pasillo completamente obscuro. –Ib se paró y caminó hasta donde la otra chica se encontraba viendo cada pasillo que la chica señalaba y pensó "Esto ya lo he recorrido antes". –Luego subí por esas escaleras y te encontré en el suelo. Pensé que eras igual que ese chico pero siempre camino por estos pasillos y nunca te había visto.
- ¿Y... por qué está él ahí?-
-Pues – Hizo una pausa y comenzó a llevar su vista a distintos puntos del pasillo como buscando una respuesta, intentaba recordar si alguien le había contado alguna vez cómo es que ese extraño chico había llegado ahí- Honestamente, no lo sé. Desde que ese chico llego muchas cosas cambiaron en la galería. Según cuentan los maniquíes, desde su llegada, la mayoría de damas de colores se mudaron a esta sala azul; las muñecas que ahí se encuentran no se separan ni por un momento de su lado y las flores de esa habitación nunca se marchitan.
-Recuerdo en un pasado haber recorrido este lugar pero por más que lo intente no recuerdo haber visto esa habitación. Lo único de lo que me acuerdo es haber visto que junto a esa entrada había un escritorio, pero no este pasillo con una sola puerta.
-Lo sé. Según cuentan los maniquíes el chico antes dormía en el pasillo de abajo, después de la caja de juguetes. Pero según se cuenta por ahí esas mujeres le crearon ese cuarto. Realmente nadie lo sabe, sólo son historias de cómo se creó, pero nada es concreto.
-Ya veo. Es una pena – Ib camino hasta las escaleras por las que, según la chica, ella había llegado con Ib, se sentó y miró hacía el techo, pensando en todo lo que hasta el momento ocurría. Realmente necesitaba saber quién era ese chico, tal vez esto le ayudaría a unir cabos sueltos en su cabeza.
La chica de cabello obscuro se sentó a su lado en las escaleras y comenzó a narrar algunas historias extrañas que le habían ocurrido o "leyendas" que giraban alrededor de la extraña galería. Conforme las historias pasaban Ib se daba cuenta que algunos recuerdos de su infancia en esa galería llegaban a ella, aun eran vagos y no le decían mucho, como haber caminado por un pasillo que imitaba el sonido de un gato o haber hablado con una hormiga, cosas al azar como esas.
Luego de un rato de haber platicado, ya más familiarizadas entre si y tras algunas risillas cálidas y divertidas por parte de ambas chicas, escucharon como tocaban a la puerta de la habitación azul, horrorizadas, y según la nueva amiga de Ib, con el temor de que una muñeca les abriera la puerta a las damas, salieron corriendo llegando a unas largas escaleras que la castaña reconoció a la perfección
"Estas escaleras llevan a..." Recordó Ib con algo de melancolía mientras bajaba tras la chica. Al final se encontró con lo que ella esperaba. Dos puertas de madera eran abiertas en su totalidad por la chica de negro. Ambas entraron y como se lo imagino era la entrada de la galería; siguió a la chica pensando que la llevaría al cuadro de "Mundo Fabricado" como en el pasado pero no fue así. La chica siguió derecho hasta llegar a un cuadro que pensaba habían quitado hace años "El abismo de las profundidades" decía la placa en el suelo. "Vamos" dijo la chica bajando por el cuadro. Un chapoteo se dejó escuchar cuando coloco un pie sobre el cuadro, Ib dudó un momento en imitar a su compañera pero cuando menos se lo esperaba, desde el cuadro, una pálida mano surgió agarrando como pudo una de las piernas de Ib quien súbitamente se vio siendo llevada dentro de la pintura. Pasó por una ligera capa de "agua" que aparentemente estaba protegida por una gruesa capa de cristal. Aun la entrada que estaba descubierta y claramente se notaba el ligero movimiento del agua, en ningún momento ella sintió su cuerpo húmedo; estaba tan seca como había entrado.
Llegó a un pasillo adornado con un jarrón azul lleno de agua y tras él un cuadro del mismo. Observó a todos lados, no había nada más que eso. La chica se dejó ver por una puerta. "Ven" escucho que le dijo. Comino y con temor entró.
-Ib, ¿Cierto? - pregunto la chica.
-S-si...- tartamudeo ella
-Aquí están las respuestas a todas tus dudas. - En un ademan de enseñanza, la chica señalo todos los estantes de libro que ahí se encontraban.
Este era el momento que tanto había esperado. Al fin, iba a salir, pero ¿Qué pasaría con ella? ¿Qué pasaría con el otro chico?
-No Ib, una vez que entras aquí la única forma de salir es pidiendo que ocurra un milagro. Y eso en este lugar nunca ocurre.- Sus pensamientos fueron interrumpidos por la joven que la acompañaba. Claramente su rostro se notaba ensombrecido, se alejó lentamente de ella intentando abrir la puerta que al final se encontraba, pero esta simplemente estaba atascada. La chica lentamente se acercaba con una sonrisa cínica.
-No... Aléjate...-
-No. -La negación en forma de grito de la joven se dejó escuchar por toda la habitación. La chica se acercó a ella, la acorraló contra la puerta y la hizo observarla directamente a los ojos. No había vida en ellos, no había ni un simple brillo. Tomó entre sus manos el rostro de Ib y susurro:
-¿Has visto mi paraguas?-
