¡Hola, queridos seguidores de esta historia!

Voy a seros sinceros; mañana madrugo, y quedan 5 horas para que suene el despertador. Sin embargo, muerta de sueño, creo que os debo un nuevo capítulo. Mañana creo que no podré subir el siguiente, lo siento, pero al día siguiente sí.

Aclarar algunos puntos sobre este capítulo:

1.-Aunque el Filtro de Muertos en vida en la película tiene un color negro, en los libros es como yo lo describo.

2.-Desconozco totalmente cualquier regla de Hogwarts que abarque tecnología muggle, por lo que me he permitido ser un poco libre sobre el tema. Después de todo, si a Hermione le dan un giratiempo, ¿por qué no dejarle usar un móvil?

Bueno, espero que disfrutéis de este capítulo.

¡Besos!

Jen.


Envidia: cuando Draco Malfoy, el rico y egocentrico Draco Malfoy, siente celos de la sangre sucia.

La muy jodida rata de biblioteca sigue comportándose como si nada, con su mirada terca y esas tetas escondidas entre toneladas de ropa.

Ni una mirada, ni un comentario.

Para Granger no existes, y el hecho se te está clavando cual navaja en ese enorme rincón de ti llamado ego. Es más, ni siquiera tiene la decencia de contar vuestro encuentro a sus amiguitos, porque si así fuera, alguna mirada o comentario de ellos sí te tendrías que haber tragado. Sin embargo, nada.

Contra toda expectativa, Granger sigue viviendo en su mundo ajeno a Draco Malfoy.

Y tú, cual gilipollas egocéntrico y cabrón que eres, no lo olvidas fácilmente.

Te encuentras mirandola más de lo que te gustaría. Tus ojos se posan en ella automáticamente cuando no encuentras nada más interesante que observar, y lo que ves te ha llegado a sorprender. A parte de un par de tetas más que aceptables, la muy inmunda tiene buenas piernas. Es imposible verlo con esa falda dos tallas más grande y los calcetines subidos hasta el borde de esta, pero tu descubrimiento hay que agradecérselo a los fuertes vientos que hubo en la torre de Astronomía durante esta clase. Su falda se alzó con total libertad y ella no fue lo suficiente rápida como para bajarla antes de que pudieras observar las malditas piernas. Delgadas sin ser palillos, morenas, torneadas. La muy inmunda sin duda tiene buenas piernas.

En cambio, de cuello para arriba sigue repelando a cualquiera. Su pelo cada día se asemeja más a un nido de pájaros que a una cabellera normal y su rostro sigue sin ser bonito, sobre todo con esos dientes malformados incluso con hechizos correctores.

Pero, por Merlín, ¿qué demonios haces pensando en las tetas o en las piernas de esa cosa? Comprendes perfectamente que la sorpresa ante sus repentinas muestras de feminidad es algo destacable para cualquier persona, pero solo tú te pones a verla de esa forma. Porque es imposible que alguien con sentido común piense en el cuerpo de esa chica sin ningún fin humillante hacia ella.

Llegas a la conclusión más obvia: deber de parar de observarla, actuar con la misma indiferencia que ella muestra hacia ti. Si tiene algo de dignidad o respeto hacia si misma, debería de joderle tanto como a ti te jode.

Te dices que es fácil de cumplir, pero te jode como el infierno el tener que pasarte la mañana pensando en tías buenas y en lo que pueden hacer contigo para poder conseguir no pensar en ella.

Entre un pensamiento impuro y otro, llega Pociones.

Entras al aula rodeado de tus habituales compañeros y sonríes con malicia, porque necesitas demostrar soberbia, y eso se te da muy bien. Hoy toca clase conjunta con los Gryffindor, así que tienes a la escoba parlante demasiado cerca para tu gusto. Al cruzar la puerta desvías la mirada de ella, sentada con el pobretón y con Potter tras ellos, y te aferras a la idea de no desperdiciar ni un pensamiento más en ella. No se lo merece. No merece ni que la mires, ni siquiera que le hables. No merece que le des la satisfacción de que Draco Malfoy desperdicie su tiempo en ella. Granger no es más que una sangre sucia, hija de muggles, y aunque sea una mujer con un buen par de tetas, sigue siendo un ser horrible.

La clase empieza y Snape decide, ante todo pronostico, hacer un examen sorpresa. Sobre su mesa hay cuatro pociones en pequeños calderos, soltando un vapor que se mezcla en lo alto del techo. Al parecer, los voluntarios que consigan adivinar que es cada una ganarán 40 puntos para su casa; por cada una que se falle, 10 menos.

Granger se ofrece voluntaria enseguida, su mano alzada en un acto automático, pero tú también alzas la tuya con elegancia, sonriendo con suficiencia. La prueba es fácil, y si consigues derrotar a la ratona en su propio juego, jamás volverá a sentirse superior. Te levantas sin permiso y te diriges hacia la mesa ante los ojos entrecerrados de Granger y una mueca satisfactoria de Snape, que te da un papel donde escribir los resultados.

La primera es demasiado fácil; rosa pálido, casi transparente como el agua, que desprende un olor repugnante.

Filtro de Muertos en vida.

La segunda es más complicada. Hay varias pociones o filtros de color marrón, pero esta es tan espesa y asquerosa que solo puede ser una.

Poción crece-pelo.

La tercera es parecida a la segunda. Marrón, con un aspecto parecido al barro, que burbujea lentamente a pesar de que no hay ninguna fuente de calor bajo ella. Frunces el ceño. Podrías asegurar casi al 100% de que es una Poción Multijugos, pero no estoy tan seguro como con las anteriores. Mierda. No puedes permitirte hacer perder puntos a tu casa, ni dejar ganar a la sangre sucia.

Alzas la vista para mirarla. Sonríe, sonríe como una maldita sabelotodo, porque ha visto la duda en ti. Maldita inmunda hija de muggles.

Poción multijugos.

La cuarta es demasiado sencilla. El vapor asciende en forma de espiral hacia el techo, y su olor llega hacia ti en cuanto te acercas. Inspiras. Lo primero que notas es un suave olor a chocolate, lo suficiente dulce para gustarte sin empalagar. Percibes algo parecido a la vainilla, también, pero te es imposible sentir algun olor diferente o característico. Vuelves a torcer el gesto, pero esta vez no porqué dudes de la poción, sino porque no comprendes los olores. ¿Chocolate y vainilla? Demasiado dulce para ti.

Amortentia.

Le entregas la hoja a Snape cambiando tu gesto a esa sonrisa Malfoy que tanto te caracteriza. Pareces seguro, y estás seguro, de que tus respuestas son correctas, y Granger no aguanta tanto sin demostrar su enorme inteligencia, por lo que no espera a que Snape le dé el turno y se levanta con rapidez. Sin duda, las reconoce todas con mayor rapidez que tú. Solo se ríe levemente cuando ve la Poción Multijugos —Merlín sabrá porqué— y frunce el ceño al igual que tú cuando se demora en la Amortentia. Te preguntas porqué; ¿le habrá desagradado lo que ha olido igual que a ti? Lo más seguro es que huela a libros nuevos y a la colonia barata de Weasley.

Le entrega la ficha con sus respuestas a Snape y se sienta. El pobretón le pregunta algo y ella niega con el asomo de una sonrisa en sus labios, mientras Potter se inclina para escuchar. Los tres ríen un momento, pero Snape les calla con rapidez.

Reparas en que no te gusta su risa. La sangre sucia tiene una risa demasiado pura, demasiado limpia, para que encaje con alguien como ella. Contrasta demasiado con los harapos que lleva por ropas y con su pelo hecho de paja. Esa risa encajaría mejor con alguien como Astoria, pero desgraciadamente esta tiene una risa demasiado estridente y desagradable. Perfecta para la sangre sucia.

La clase acaba sin más momentos merecidos de mención exceptuando en el que Snape da los resultados. Granger y tú sois los únicos que conseguís los 40 puntos para vuestra casa, y al parecer, eso la molesta. Cuando cree que no la ves, gira su rostro y te mira de soslayo. Con odio. Intentas reprimir la risa que trata de salir de tu boca mientras recoges tus cosas para salir de clase.

El timbre suena y todos os levantáis, derechos al Gran Comedor. La comida se desarrolla sin acontecimientos especiales, solo, quizá, al final. Bueno, especial para ti. En contra de todas tus intenciones iniciales, Granger parece tener una especie de imán que te impide dejar de mirarla. Quizás es ese pelo tan jodidamente desagradable a la vista, atado hoy en un moño en su nuca. Igualmente, algunos mechones se salen de este, tapándole el rostro. Observas como se pasa la comida apartándoselos de la cara, colocándolos tras sus orejas.

Por Merlín, ¿es que no vas a parar nunca de comportarte como un espía acosador? Cualquiera que te vea tiene razones para reírse de ti hasta el día de tu muerte. Tú, Draco Malfoy, con los ojos pegados continuamente en una maldita sangre sucia. Denigrante.

En ese momento la ves levantarse. Sale corriendo hacia la puerta del Gran Comedor sacando algo del bolsillo de su falda, pero no consigues ver bien que es. Sus amigos no parecen preocupados; quizás porque es habitual en ella.

Lo sabrías si hubieras empezado a vigilarla antes, cerdo.

Oh, genial. La maravillosa conciencia que no ha hecho acto de presencia durante 16 años ha decidido aparecer en un momento como este. En el que te debates entre el espionaje a distancia y el acoso en toda regla.

¿Y ahora te planteas seguirla? Venga ya, ¿qué te ha hecho la sangre sucia? A parte de ser una sangre sucia, claro.

Te levantas antes siquiera de pensarlo con racionalidad. Ni siquiera te dignas a poner una excusa a tus amigos, sino que te diriges con paso decidido hacia la puerta y te vas sin miramientos. Te debates durante unos segundos porqué pasillo coger, pero su voz te lleva hacia ella con rapidez.

—¿Sí? Por Dios, cuanto me alegro. Estaba muy preocupada. ¿Sabes cuando le quitaran la escayola?

Escondido tras una esquina, arrugas el ceño. ¿Con quién diantres hablaba? Te inclinas para echar un vistazo, pero ella se encuentra sola en el pasillo, con una especie de aparato plateado apoyado entre su oreja y su mano. ¿Hablaba con esa cosa? Un momento —las malditas clases de Estudios Muggles tenían que servir de algo—. Un jodido teléfono móvil muggle. ¿Acaso es legal llevar esos cachivaches del demonio en Hogwarts? Supuestamente hace que puedas hablar con alguien a distancia, sin lechuzas ni cartas. Debería estar prohibido.

Y, por Merlín y todos los magos del mundo, ¿quién cojones utiliza la expresión 'Por Dios'? Asquerosos muggles.

—Quizá pueda pasar las vacaciones de Pascua allí, aunque los Weasley me han invitado a ir a su casa —dice. De repente se sonroja con descaro, mordiéndose el labio—. No, mamá, no me gusta Ron. Ya lo sabes, ¡deja de ser tan pesada! —exclama ella, con una sonrisa en los labios.

Estás anonadado.

¿Está hablando con su madre? Eso es imposible; incluso una impura como ella sabe que nadie puede hablar así con sus padres. Y menos con una madre. ¿Quién se creía para ordenarle nada a la mujer que le dio la vida, a la que la ha cuidado durante toda su patética infancia? Es una desagradecida, una sangre sucia asquerosa sin educación ni c...

—Claro, mamá. Sabes que te lo cuento todo siempre, sin falta.

Contarle todo. A su madre. Por Merlín, ¿todos los hijos de muggles son tan estúpidos, o solo esta sangre sucia en particular? ¿Desde cuando hay tanta confianza entre hijos y padres?

Si madre se enterara... Descubriría lo equivocada que estaba al creer que Hogwarts era un buen colegio para ti, rodeado de todos estos sangre sucia sin educación. Jamás, en tu vida, contestarías a tu madre de esa forma. Tu madre, toda ella elegancia y serenidad, rubia como tú mismo y femenina como Granger jamás siquiera podrá soñar. ¿Cómo siquiera podría tratarla como una igual?

—¡Claro! Dile a papá que le quiero mucho y que cuando le vea ya le firmaré la escayola —dice entre risas. Suelta una risotada; demasiado limpia y pura, sin duda alguna—. Yo también te quiero, mamá. ¡Adiós!

Te escondes rápidamente tras la estatua de un señor gordo cuando apaga el artilugio plateado y vuelve por donde se fue. Pasa frente a ti tatareando, trotando más que andando, feliz, ignorante de tu presencia.

Su felicidad te produce un sentimiento extraño.

¿Por qué está feliz? Maldita inmunda. Falta el respeto a sus padres, no tiene educación ninguna, pero no se avergüenza de ello. No contestó a su madre como si esta estuviera enfadada, por lo que debía ser algo normal en esa familia. Ella era feliz al hablar con su madre, al saber de su familia... Podía hablar con ella sin tapujos, no tenía que comportarse de una forma diferente que con los demás.

Al contrario que tú, desgraciado.

Claro que no. Tu familia es educada, seria, digna de todo respeto. Nunca has tenido confianza con tus padres porque no sería adecuado. Tus padres te educan, y tú aprendes. Si tú haces algo mal, mereces sus castigos. Sin embargo, siempre te has comportado con elegancia y respeto hacia ellos. Ese es el rol natural.

Aún recuerdas las caricias de tu madre cuando eras pequeño, los gritos de tu padre, los castigos por no ser obediente y callado... Aún recuerdas los golpes de tu padre a tu madre por su falta de respeto hacia él, por tratarlo como un igual.

Mierda. Realmente hubieras preferido que tus padres fueran como los de Granger; sin su sangre sucia, por supuesto.

Oh, joder.

Sientes envidia de una jodida sangre sucia.

Estás jodido.

Muy jodido.