Los personajes le pertenecen a Kota Hirano

La historia es propiedad mía y es alternativa.

Recomendación: Cualquier canción de Adele me parece adecuada para la historia.


Burton iba saliendo por las puertas de un edificio, llevaba su abrigo gris oscuro largo y un puro en su boca con las manos en los bolsillos. Bajaba las escaleras tranquilamente el día estaba nublado, un poco húmedo por las pequeñas lloviznas, con aire corriendo, un típico día en Londres.

-El capitán reportó nuevas noticias…- Se escuchó una voz en su mente.

-En un momento llegaré a casa- Anunció mentalmente también como aquella voz, sin dejar de caminar hacia su auto.

-Es muy extraño que mi hermano haya muerto cuando su organización ya había ascendido sobre la suya… ¿no cree?- Escuchó una voz Burton detrás de el, a lo que se detuvo y se volteó con el ceño fruncido. Miró a un hombre de café oscuro ondulado, con traje gris claro.

-No es extraño que a uno lo asalten en la mitad de la noche en callejones oscuros… Señor Richard Hellsing- Le contestó tranquilamente pero malhumorado.

-Es verdad, tiene razón… no sé si supo que encontraron al asaltante- Comenzó a hablar Richard mientras caminaba lentamente hacia el.

-Si, lo supe… sin embargo; pudieron notar que yo no tuve nada que ver en su muerte, era solo un vago desesperado-

-Y… solo encontraron a mi hermano y a su esposa muertos ¿verdad?- Preguntó con cautela Richard, temiendo que supieran sobre Integra.

-Si… bueno, solo de eso me enteré- Contestó ignorante a la situación Burton.

-Porque solo eso fue…- Dijo Richard aliviado al escuchar eso.

-Bueno, Señor Hellsing… supongo que ahora con su aparición, usted manejará la organización- Supuso Burton algo malhumorado.

-En realidad, planeaba hacer tratos con usted… ¿Qué le parece la unión de dos organizaciones fuertes como las nuestras?- Preguntó Richard con una sonrisa maliciosa.


Caminaba por los barrios más pobres de Londres, no sabía donde se encontraba, no recordaba nada de ella, se frotaba los brazos para calentarse ante el frío que se presentaba, al parecer iba a nevar. Miró las casas con fogatas y pequeñas familias calentándose frente a ellas, solo siguió caminando. Tenía hambre y sed. Siguió frotándose los brazos para tomar calor y de repente, sintió como gotas heladas caían sobre su cabeza, miró al cielo y vio que estaba empezando a llover. Solo miró a los lados buscando refugio pero ante eso, solo encontró a un muchacho como de su edad, con un paraguas, tenía el cabello naranja y los ojos verdes esmeralda, la miraba curiosamente.

-¿Te perdiste?- Le preguntó el muchacho de repente. Ella solo lo miró sin saber que contestarle.

-¿Cómo te llamas?- Volvió a preguntar el amistosamente. Pero ella siguió en silencio.

-¡Pip! Entra a la casa, está lloviendo, te vas a enfermar- Se escuchó una voz de un señor que se acercaba a el. Pip solo miró a su padre como venía hacia ellos.

-Ah, hola jovencita… ¿eres amiga de mi hijo?- Le preguntó el señor que era casi idéntico al niño pero su cabello era café claro.

-Ella estaba aquí sola, papá…- Le contestó por ella su hijo.

-¿De verdad? ¿Estas bien? Claro que no estás bien, mira todos esos moretones en tu rostro pequeña ¿Cómo te llamas, jovencita?- Le volvió a preguntar el padre. A lo que ella solo los miraba confusamente.

-Ya se lo había preguntado… pero no me contesta- Volvió a contestar el niño confuso pero amistosamente. El padre solo miró a su hijo algo extrañado y se volvió a la chica.

-¿No recuerdas nada cariño? ¿No sabes como te llamas? ¿No sabes donde están tus padres?- Preguntó el padre entendiendo un poco la situación, a lo que la chica solo negó con la cabeza contestando por fin.

-De acuerdo… esta bien, no pasa nada- Le sonrió el señor a la chica- Ven con nosotros, de seguro debes estar hambrienta y con frío- La chica había dudado en ir, pero cuando dijo esto último solo se acercó a ellos quienes le sonrieron, Pip compartió el paraguas con ella a lo que la chica solo lo miró y sonrió un poco agradeciendo. El señor solamente los llevó a su humilde hogar sintiendo pena por aquella chica.


-El capitán se retiró hace unas horas, al parecer se demoró más de lo que anunció- Habló una voz ronca pero aterciopelada.

-Si, si… surgieron nuevos cambios, Alucard- Anunció Burton algo contento, mientras se sentaba en su escritorio. El vampiro solo salió del rincón oscuro mostrándose, con su cabello negro que ahora lo llevaba corto, su traje victoriano, capa negra con rojo sangre por dentro, su camisa blanca con adornos victorianos, sus pantalones negros fajados y sus botas de montar marrones.

-Lo sé…- Contestó simplemente el vampiro sabiendo la situación de su amo.

-Es increíble… gobernaré lo que Arthur Hellsing jamás gobernó y jamás gobernará- Rió maliciosamente animado.

El vampiro solo se mostró inmune a la situación, se acercó a los grandes ventanales y miró la luna llena. Sus ojos borgoña se clavaron de repente en aquella mansión, en la mansión Hellsing. Conoció a Arthur, conoció a Richard, sabia que no había punto de comparación. Arthur era un hombre que luchaba contra los espíritus caníbales para defender a gran bretaña, por su honor, por su familia, por la reina… y sabía que Richard solo quería poder para intimidar a sus inferiores. Era igual que su amo. Hizo un gesto de disgusto ante esto.


-Este es el cuarto de mi papá y el que está a un lado es el mío… son chicos, pero son calientes, no sufrirás frío aquí- Le sonrío amistosamente el pequeño francés Pip a la niña que solo miraba la casa con curiosidad. Pip la tomó de la muñeca y la llevó hacia la cocina, se sentaron en la mesa para esperar la cena.

-No se si escuchaste, pero me llamo Pip… Pip Bernandotte, tengo 15 años… y mi papá es capitán de una organización muy poderosa, algún día seré capitán como mi padre- Le contaba el chico con su típica sonrisa. La chica giró un poco la cabeza confundida por su acento.

-¿Son de… Francia?- Preguntó en un susurro la chica con su voz algo ronca, ya que tenía rato sin hablar. El chico se sorprendió cuando habló, eran las primeras palabras que decía.

-¡Exactamente, Cherié!- Exclamó Pip algo coqueto jugando con su idioma natal guiñándole un ojo con su sonrisa.-Me da gusto que por fin hablaras-

-Yo… no tenía idea de que decir- Le contestaba la joven algo consternada pero firme.

El joven francés solo la miró apenado, iba a preguntarle algo pero llegó su padre e inmediatamente sirvieron la mesa para cenar. La cena fue tranquila y los hombres prefirieron no preguntarle nada a la joven para no molestarla y decidieron hablar de cualquier cosa del barrio para que ella conociera cosas. Después de cenar, el padre de Pip se había retirado a dormir, los jóvenes estaban sentados en la entrada de la casa con la puerta abierta, con una cobija alrededor y una taza de café caliente, mirando como llovía pero calmadamente y había gente afuera, adolescentes más bien jugando a pesar de la humedad, estaba muy tranquilo, la joven sintió paz.

-Entonces… no recuerdas nada- Comenzó a hablar Pip para saber más de ella. La joven solo siguió mirando enfrente, recordando lo poco que su memoria tenía, como aquél hombre intentó violarla y como corrió sin rumbo. No quería decirle aquél hecho a Pip, le daba una profunda vergüenza, aparte pensó que tal vez no le creería.

-La verdad es que no, Pip… no se cuantos años tengo, de donde vengo, ni como me llamo…- Le contestó la joven pero sin ningún símbolo de tristeza solo de cansancio.

-Adabelle… así te llamarás ahora ¿Qué te parece?- Le preguntó el francés mirándola con una sonrisa amistosa.

-¿Adabelle?- Preguntó la joven mirándolo con una ceja levantada.

-Así se llamaba mi madre… aún la recordamos y aún queremos hacerlo… yo creo que sería genial que pudiera mencionarse ese nombre de nuevo- Le contó Pip con melancolía pero sin dejar su sonrisa. La joven solo lo miró y vio las buenas intenciones del francés, llevar un nombre significativo para él sería lo mejor que pudiera hacer para agradecerle que haya sido tan amable con ella sin importar que pasado tuviera. Ella sonrío y cerró los ojos asintiendo. El francés se emociono y sonrío mostrando dientes. Después de eso, se dedicaron a ver el amanecer.

A la mañana siguiente, el padre de Pip y él estaban en la cocina haciendo el desayuno, no era muy temprano, pero no era tarde, así que aun así decidieron desayunar. Adabelle se levantó después de ellos, Pip ya le había indicado donde estaba el baño para tomar una ducha, así que fue lo primero que hizo. Cuando los hombres escucharon la regadera sonar, Pip recordó.

-Padre, deberías decirle a Margaret que le preste ropa a Adabelle- Le dijo Pip a su padre, quien estaba colando el café.

-Sí, si… es verdad… espera, ¿a quien?- El padre volteó a ver a su hijo confundido.

-Adabelle- Repitió Pip mirándolo con simpleza.

-Adabelle…- Retachó el padre mirándolo confuso y extrañado.

-Sí… así decidí ponerle a ella, no crees que es genial que el nombre de mi madre vuelva a esta casa?- Le preguntó Pip sonriéndole ligeramente.

-Hijo, la chica no es una mascota al cual le puedes poner cualquier nombre- Le regaño tranquilo su padre mientras volvía a colar el café.

-No es cualquier nombre, es el de mi madre, aparte… no recuerda como se llama, no podemos hablarle diciéndole ''chica'' o ''la joven'', debe tener un nombre y ella aceptó el que le puse- Le contestó Pip a su padre a su regaño.

-Tienes razón, hijo… esta bien, tu ganas- Le sonrío su padre y su hijo le correspondió.

-Bien, entonces cuida los huevos mientras voy con Margaret para traerle algo de vestimenta a Adabelle- Recalcó el nombre su padre mientras salía de la casa. Pip hizo lo que su padre le pidió mientras esperaba.

Adabelle había terminado de bañarse, se colocó alrededor de su cuerpo la toalla que le dio Pip para secarse, salió de la regadera y a pesar del vapor que había en el baño sentía sus pies helados, se miró en el pequeño espejo que había arriba del lavamanos, su cabello estaba levemente ondulado por lo mojado, paso una mano por el espejo para quitar el vapor y miró su cara con algunas notables ojeras. Suspiró y pensó en lo que pasaba con ella ahora, como había llegado a esa situación, como se quedó sola de repente, sin recordar nada, había una barrera bloqueando sus memorias y temió de su pasado. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó que tocaron la puerta.

-¿Adabelle?- Habló de otro lado del padre de Pip.

-Yo… saldré en un momento- Contestó mirando a su alrededor, dándose cuenta que no tenía ropa para cambiarse.

-Pero para salir necesitaras ropa que ponerte encima, cariño, te hará daño salir así en toalla, aquí te traje un cambio que me prestó para ti una buena amiga- Le dijo el señor teniendo en sus manos la ropa doblada.-Esta bien, no veré nada, solo saca tu brazo para que tomes la ropa- Le volvió a decir el jugando por no escuchar respuesta de la niña.

-Ah, gracias- Contestó Adabelle del otro lado abriendo un poco la puerta para sacar su brazo. Cuando lo hizo el señor le entregó la ropa y se dio la vuelta para marcharse.

-Por cierto, ya esta el desayuno listo, no tardes o se te enfriará, cariño- Le anunció el de nuevo, caminando hacia la cocina.

Después de unos minutos, Adabelle bajó a la cocina, tenía una blusa con cuello largo y mangas largas color negra, una falda larga a la cintura fajada, le llegaba a las pantorrillas y unas botas negras medio altas bajas, se hizo un recogido alto, solo para que su cabello no la molestara ya que era un poco largo, estirado hacia atrás pero un poco flojo. Pip y su padre ya estaban servidos en la mesa apunto de comer cuando la vieron llegar.

-Ada, te vez muy bien- Le sonrió Pip amistosamente y su padre solo sonrió asintiendo.

-Gracias, les agradezco mucho que me hayan dado una vestimenta…- Agradeció Adabelle sentándose casi tímidamente para desayunar.

-No agradezcas linda, nosotros no tenemos ningún problema en ayudarte- Le sonrió el señor que la miraba paternalmente. Adabelle le devolvió la sonrisa, pero su mirada seguía quebrada y era algo que ellos notaban, pero entendían la situación de la muchacha, por lo que prefirieron no preguntarle y desayunar tranquilamente.


Por la tarde, Burton iba caminando por los pasillos de su mansión para dirigirse a su oficina, cuando llegó ahí, dejó su abrigo en su enorme silla enfrente del escritorio y siguió caminando hacia el ventanal, donde podía mirar la mansión Hellsing.

-A pesar de todo, me pregunto si habría podido superar a Arthur cuando estaba con vida…- Susurró para el mismo, cruzando sus brazos y con la mirada perdida en aquella mansión, casi con nostalgia, le gustaría haber conocido aquella mansión, podría encontrar los secretos que guardaba Arthur para ser el mejor, tal vez, lo que sea sería muy bueno. Sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó el teléfono sonar, se dirigió con calma hacia el.

-Burton Catwright- Contestó con su voz ronca.

-Buenas tardes Burton, habla Richard… Richard Hellsing- Se escuchó del otro lado del teléfono.

-Hellsing… ¿a que se debe tu llamada? Pensé que ya habíamos arreglado cuentas- Contestó un poco fastidiado por el cansancio masajeándose con sus dedos el puente de su nariz.

-Lo sé… quería invitarlo a cenar en mi mansión, como celebración a este nuevo y mejorado proyecto- Habló Richard, entonces captó la atención de Burton quien levantó la mirada.-Vendrán los señores de la mesa redonda también, sería bueno que los conozcas, ya que… tendremos muchísimas reuniones con ellos- Siguió hablando Richard.

-Dime la hora y ahí estaré…- Contestó Burton con una sonrisa de triunfo.


Adabelle se encontraba caminando por las calles, eran días festivos, habían muchos puestos de diferentes tipos, de comida, de juegos, de decoración, habían juegos mecánicos, mucha gente pasando en familia o parejas tomadas de la mano. Aun así no estaba interesada en comer nada ni en subirse a ningún juego. Miró una iglesia cerca de ahí, estaba un poco alejado de todo aquello, decidió dirigirse aya y entrar. Camino por el largo pasillo con eco, habían como 3 personas ahí hincadas rezando, al final estaban figuras de muchos santos y por supuesto…Dios. Ella caminó hacía el y lo miró.


Ya era de noche y Burton se arreglaba su traje para ir a la cena en la mansión Hellsing, estaba en su cuarto mirándose en el espejo acomodándose el cuello de su camisa y la corbata, cuando entró un muchacho de 15 años, con ropas elegantes inglesas, su cabello era café oscuro y lacio, sus ojos eran azules. Entró abriendo levemente la puerta y tocando, asomándose haber si había alguien ahí.

-Padre…- Llamó el chico mientras miraba a su padre arreglarse.

-¿Qué sucede, George?- preguntó su padre con su típico mal humor acomodándose una manga.

-¿Dónde está Alucard?- Devolvió George.

-¿Cómo para que lo quieres?- Devolvió Burton con otra pregunta, colocándose ya su abrigo.

-Solo contéstame- Suspiró aburrido el menor.

-Veras George, los vampiros no son para jugar…- Dijo irónicamente con malhumor mientras se volteaba hacia su hijo.- Podrías salir sin vida…- Le sonrío abriendo los ojos fingidamente.

-Me confundes con tus soldados- Le devolvió George con una sonrisa triunfal pero aburrido de la situación.- Diviértete- Le deseo el menor mientras salía del cuarto y cerraba la puerta.

-Mocoso Insolente- Bufó Burton por la actitud de su hijo, sin duda era demasiado valiente y astuto, tal vez demasiado para su conveniencia.


Meh, soy horrible lo sé, pero esperen, aún faltan capitulos tal vez le vayan entendiendo poco a poco así, por cierto, gracias por los reviews, me inspiran mucho, cualquier cosa ya saben, no duden en decirlo, no importa si es incluso insulto, lo que sea es bueno.

¿Que más? Ah sí, no sé si es exactamente una historia romántica entre Alucard e Integra, es decir, sí, la historia gira entorno a Integra, a los Hellsing, pero Alucard tiene un papel importante aquí (o eso creo) en realidad, aún no sé, muajaja ¡Pero! ya verán después porque lo puse como romance, eso espero, no soy para nada romántica debo comentar, pero bueno... mejor dejo de escribir para no arruinar nada.

Sigo anhelando TODO tipo de reviews.