Capitulo re-editado.

.

.

.

Capitulo dos

Veintinueve de octubre

Raphael.

El viento frio de la helada azotaba contra mi rostro, era inútil la capucha de mi sudadera más el gorro y el abrigo que llevaba como protección, inclusive la bufando igual de inútil que todo el conjunto de ropaje traído encima, el frio de algún modo lograba poder introducirse entre las gruesas telas, lejos de mantenerme resguardado del frio me hacía sentir como una paleta de puebla viviente. Las puntas de mis dedos ya ni las sentía, entumecidas dentro de los guantes, mi cara se quemaba con cada brisa gélida al darme de lleno de frente.

Maldije mi vendita suerte.

Estaba harto, odiaba con todo mi odio las estaciones de invierno, ser una creatura de sangre fría era la mayor y grande desgracia para estas épocas del año ¡y ni que decir del alcantarillado! que se convertía en un maldito freezer!

Mi cuerpo temblaba de la terrible impotencia, mis ropas estaban congeladas y cada vez me era difícil mantener el ritmo andando, a cada paso terminaba ladeándome y dándome de cara contra un poste o de plano contra la paredes y vitrinas de los puestos de los locales.

Mi aliento caliente se dibujaba con cada resoplada que daba, formando grandes estelas de humo blanquecino entre el frio aire. El coro del trafico de las calles sonaban en alto y el gentío sin piedad que cruzaban entre las aceras y calles pasaban a empujones de un lado al otro, sin poder evitar doblando mi gesto con fastidio tenía que hacerme a un lado para no terminar cayéndome de lleno al suelo nevado de la prisa en la que circulaban las gentes

Joder, ya hasta había vuelto a nevar otra vez.

Daría lo que fuera por un chocolate caliente con malvaviscos, con ese suave aroma a canela de las que tantas vez preparaba el intrépido.

Al divisar la parada de mi destino, el callejón, pase a como podía esquivando a los peatones que se me cruzaban logrando doblar a la vuelta del callejón, apartándose de las luces de neón que gobernaban las noches de la cuidad, adentrándome a las sombras.

Me quite la jodida capucha apartándola hacia atrás bruscamente, me sentía asfixiante con ella encima de la cabeza.

Maldije al verme con dificultad de levantar la tapa de alcantarilla, las manos las tenía tan congeladas que no hallaba la forma de cómo sujetar la tapa, dure unos cuando minutos hasta que al fin logre abrir el ducto.

Al abrirla una suave brisa friolenta surgió de las profundidades de la entradilla del agujero, tan fuerte y salvajemente silbante que hasta sentí revolotear los extremos de mi mascara ondeando tras de mí.

Dude de entrar, lo juro.

Una vez estando de vuelta a las alcantarilla los grados bajo cero se resintieron más fuertes que nunca. Maldije, otra vez, el haberme tenido la brillante idea de levantarme de mi cálida y reconformarte hamaca rodeado de la seguridad de las sabanas acogedoras que me refugiaban del frio, solo para irme un rato a patrullar a los tejados como el vil vago que soy

¿Por qué diablos tuvimos que rechazar la oferta de irnos con Casey una temporada con él en su vieja cabaña? ¿! Porque ¡? ¿Qué mal hice para tener este mal karma!

Las alcantarillas estaban congeladas literalmente, el piso resbaloso y las tuberías de agua a punto de reventar, no tuve de otra que sostenerme de las paredes, Dios! Hasta juro que sufriría la peor de las hipotermias! Y como lo hubiese predicho antes me resbale, cayendo de rodillas al frente en un sonar estrepitoso y grite las palabras más bonitas y tiernas que harían encoger de la vergüenza al mismísimo Lucifer. Al retomar mi caminar mi mente de repente comenzó a divagar parando de repentinamente en Leatherhead, y me pregunte por unos momentos como las estaría pasando nuestro vecino narigudo entre estas desoladas y mortales túneles siendo arrasadas por las bajas temperaturas, por un instante me sentí mal por el enorme lagarto, era mil veces preferible tenerle como huésped en la calidez de la guarida que a dejarlo solo a su suerte en estas temporadas, tal vez yo y Miguel le llevemos caldos y algunos pescados para él.

Siguiendo por la trayectoria del túnel me dispuse en apresurar el paso, mis escamas las sentí arder bajo las telas sin poder evitar abrazándome a mí mismo.

Mi único y desesperado deseo era estar entre las suaves, cálidas y reconfortantes cobijas que esperaban a mi regreso.

-Por favor, que tengan preparado un café… o lo que sea… que este sitio es una maldita tumba- pensé.

.

.

.

Leonardo.

Arropado entre cobijas y almohadas alrededor del sofá miraba con cierto desagrado aquel frasco de píldoras, sostenida entre mis manos. Me desagradaban, hasta al punto de odiarlas, ¿que acaso no entendía Donnie de que les disgustaban y punto? Prefería un té de hierbas, una pequeña y humeante taza de aquella bebida amarga que tanto me gustaba degustar contra mi paladar.

Suspire, Don me había prohibido beber tés, empeñado en la idea de que las hiervas disminuían mi apetito y que por causa ello me había dado el bajón de mis defensas, haciéndome más propenso a la gripe que para mi desgracia ahora me encontraba padeciendo.

Que humillante.

¿Qué culpa tengo de que me guste tanto la pamplina?

Y aunque estuviese al tanto de sus efectos secundarios, créeme, que no la dejare de beber, era mil veces mejor que esa droga ilícita de cafeína y nicotina que se aspiraba a diario Donatello.

Una silueta me saco de mis pensamientos pasando frente mío, cruzando la sala de estar. Mire de reojos al sensei quien era difícil de reconoces entre tanto ropaje encima suyo, cubierto de unos pans color musgo, una bufanda roja envuelta al alrededor de su cuello cubriéndole hasta los hombros y una gorra de lana gris tejida, caminaba a paso de trote extrañamente gracioso como si estuviese bailando, vi como literalmente el sensei voló dando un brinco y aterrizando en el sofá, a pesar de ser el él único en poseer un pelaje que le protegía la temperatura corporal de su cuerpo y ser de sangre caliente el pobre se encontraba tiritando del frio. El maestro se termino acurrucando haciéndose bolita, de la misma manera en la que hacían los gatos domésticos y rodeando su larga cola alrededor de sus piernas, se podrían apreciar a simple visto esas largas y puntiagudas orejas salir hacia atrás a ambos lados del gorrito gris, era curioso viéndole de esa manera tan extrañamente peculiar

-Leonardo, hijo…. ¿Podrías pasarme el control remoto?-

Ahora le mire raro

El control yacía frente a la mesita, a unos cuantos centímetros de donde se encontraba, al notar mí mirada el maestro rápidamente la comprendió.

-es que…. Tengo entumidos los brazos- decían un tanto apenada la rata.

Sonreí, me estire y le pase el control a las manos de mi padre.

No tardo mucho tiempo cuando el televisor recayó en su telenovela favorita

Le acompañe viendo aquella novela brasileña que giraba en torno a marruecos, sin evitar ser picado por la curiosidad misma del porque le llamaba tanto la atención al maestro. A los pocos minutos Mikey se apareció en la sala renegando no se qué cosas, lo único que alcance a identificar en su rabieta era algo relacionado con la calefacción y Don, estaba tan entretenido con la novela que no me daba vergüenza admitirlo.

Estaba buena.

Y los minutos pasan.

-Leonardo-

Me gire hacia el llamado fijando la atención hacia mi hermano, la expresión en Don me dio un mal presentimiento, en sus manos sostuve el teléfono

Ni siquiera me gusto que me llamara por mi nombre completo.

-es Abril…... Cambia de canal al ciento diecinueve-

Su voz sonaba extraña

-¿por qué? ¿Ha pasado algo?-

Los demás vimos a Don con interroga

-solo hazlo-

Tome el control e hice lo que me pedía

Un silencio sepulcral nos reina la sala de estar, sin atrevernos de apartar la mirada de lo que transmitían del noticiero, pasaron las imágenes y audios videos escalofriantes tomadas desde varios ángulos de las escenas, relatadas por los testigos del incidente, testigos de una verdadera carnicería.

-"varios de los sobrevivientes nos relata el ocurrido de horas atrás del agredimiento en el hospedo del edificio de Stranford New, las autoridades piensan de que probablemente fuera un atentado terrorista, pero que las evidencias que fueron tomadas de los testigos nos apuntan de que es todo lo contrario, descartando esa posibilidad. El departamento nos afirma de un consumimiento de sustancias ilícitas que posiblemente hayan desatado la masacre, dejando con once heridos y nueve muertos en total en el motel Stranford New"-

Apuntaba la mujer del reportaje, volviendo a pasar las escenas del evento ocurrido de las siete y media.

-"también se nos informa de los ataque sufridos en los bajos barrios de Brooklyn de las avenidas quinta y sexta hace unas horas atrás, hasta ahorita se desconoce el paradero del origen de dicho evento"-

Las noticias siguieron pasando, contando otros siniestros ocurrido entre las horas de las siete en adelante, alcanzando una cifra que según estimaban de cinco casos dentro de la isla de Manhattan, no me di cuenta en el momento en que Miguel me había arrebatado el control de las manos para cambiarle de canal parando a otro de noticiero, en este hablaban de un repentino brote que había empezado a surgir dentro de los barrios de Bronx, alertando el número de posibles víctimas de una fuerza influenza que se empezaba a extender en cercanías de Broadway con la ciudad, en la imagen de televisor se podría apreciar las ambulancias atendiendo y administrándole medicamento a pacientes con una alta temperatura dentro de los locales y hogares departamentales, después el video ponía su atención devuelta en el reportero.

-¿Bronx? Es en el norte de Manhattan- la voz de Don se escucho, mire de reojos como se llevaba la mano a la altura de la boca, nervioso por lo que oía decir el hombre de la televisora.

-nosotros somos en el lado sur de new york… en sus costas-murmura Miguel atento a la televisión.

-"una nueva epidemia de gripe se encuentra presente entre los ciudadanos, que parece ser que se va extendiendo entre Harlem y Lenox Hill por el lado sur de Broadway, al parecer el brote ocurrió entre las tres y cinco de la mañana como un leve resfriado matutino entre menores de edad de diez u trece años y mayores de entre veinticinco en adelante, las autoridades informan que no salgan de sus casas para prevenir la expansión de contagio y procurar tener medidas de higiene tales como uso de guantes y cubre bocas en caso de salir a la calle"-

Me tense, creyendo que por un momento había dejado de respirar.

Me parecía una eternidad, estando ahí sentado frente a la pantalla que seguía transmitiendo los siniestros, y sin mirar podía simplemente notar la tensión que se empezaba a generar en el ambiente, asfixiante para mí. Siguieron los reportajes, haciendo anuncio de los lugares concurridos de los incidentes que hasta ahora se seguían presentando los ataques e cosas del fuerte contagio que seguían azotando, enmarcando claramente las zonas del Leonard St y Hudson hasta el parque de Saint John de nueva york.

El parque.

Esa ruta…. La que comúnmente tomaba Rafael

-¿donde está Rafa?-

Miguel volteo a verme, antes de contestar

-no lo sé-

-llame por su celular y no me responde- mire hacia atrás para tener una mejor visión de mi hermano que aun yacía en pie en el portal de la cocina, él cual seguía con el teléfono en mano mirándolo unos segundo –Llame a Abril preguntado por él y ella me dijo que se había ido desde las ocho del departamento-

La sangre se me helo al escuchar la declaración de Don.

-¿adónde vas?-

-iré a buscarlo- le solté sin más a Miguel sin miramientos, apartándome de un solo tirón las cobijas que me cubrían poniéndome de pie e fui en busca de mi armamento preparándome para salir.

Hasta que la voz del sensei me detiene.

-nadie ira a ningún lado-

La voz autoritaria de nuestro padre no se hiso esperar, él permanecía tranquilo en su sitio con total calma pacifica ajeno a todo lo anterior dicho por el noticiero. Mi sangre hirvió al ver así.

-pero sensei…. él está ahí afuera y ya ah pasado más de dos horas!- mi voz simplemente se elevo inconscientemente sin poder evitarlo.

-he dado una orden y tu ni menos iras- volvió a imponer su punto, calmado y sereno- Estas enfermo, tu condición no te permite mucho y aunque tu hermano estuviera en problemas no serias de gran ayuda- la confesión dicha por el maestro me dolió hondo, como una patada recibida en el estomago. No sabía si mi coraje era porque él tenía razón respecto a mi actual estado débil o si era por su total y nula preocupación por Rafa

Por dios! Si era también su hijo! ¡¿Qué acaso no le importaba?!

-¿quiere que yo vaya a búscalo?- Don se propuso iniciar la búsqueda en mi lugar, igual de decidió como yo

-no- fue lo que dictamino el sensei, levantando su mano en gesto para callarme al verme con las intenciones de quererle refutarle- pueda que ya venga en camino, con las bajas temperaturas el alcantarillado se vuelve hostil, puede ser que su hermano habría tomado otra ruta de la acostumbrada-

-¡pero no por tanto tiempo!-

No lo podía contener más, me sentía en el extremo del precipicio

-Leonardo cálmate-

-¡cómo quieres que me calme sabiendo de ante mano lo que está pasando allá afuera!-

.

.

.

Todos guardaron silencio al escuchar el irritable rechinido de arrastre de la puerta de entrada de la guarida abrirse y cerrare de un azote.

Miguel volteo a ver a Donatello topándose con su mirada, leyendo por unos segundos su expresión, y sin poder evitarlo más el menor pego un gran brinco del sofá y salió corriendo hacia puerta principal.

Sonriente y gritando.

-¡es Rafa!-

El susodicho levanto la mirada la cual la tenia bajado de su color natural, esta pálido y temblando del frio, apenas si podía mantenerse de pie recargándose contra la pared y abrazándose a sí mismo con sus piernas temblorosas. Su vestimenta se encontraba desgarrada y las telas le colgaban, de su brazo derecho la cual le faltaba la manga larga dejaba al descubierto los moretones y rasguños sufridos a parte de también mostrándosele en su rostro, la única penda que se había mantenida intacta era la bufanda y las gruesas botas de campo militar.

Tenía las típicas tintas de haber salido de una pelea.

-viejo… ¿qué te ah pasado? ¿Te encuentras bien?-

-…no…- Todos temieron lo peor, de que a su hermano hubiese sufrido de unos de esos ataques que estaban circulando por la ciudad urbana – ¡!puta madre si me congele!-

El maestro de las sais ruge, furioso y de muy mal humor. Haciéndose de toda de su fuerza de voluntad que le quedaba para seguir con el paso firme y tratar de no tambalearse, siguiendo de frente y con la cabeza en alto estoicamente y con bravura.

-me desvié del camino porque casi me parto la jodida pierna al tratar de cruzar ese jodido rio congelado y engañoso y para el colmo de los colmo fui emboscado por los pinches cocodrilos hijos de su madre!-

No sabían si relajarse o si reprenderle por su florido vocabulario

-¿te emboscaron los caimanes?- pregunto dudoso Miguel

-noo! Los putos cocodrilos! Esas cosas no fueron los caimanes! Me tuve que ir por el sector nueve para llegar hasta aquí!-

-¿porque te fuiste tan lejos? Es como si te fueras a dar camino a medio continente- sonrió de lado el genio

-no te rías Doña!- reprendió Rafa molesto- esas endemoniadas bestias casi me echan en su plato-

-bueno y a todo eso porque no contestaste a mis llamadas? De seguro tienes veinte de ellas-

-oooh perdona, estaba tan preocupado tratando de que no me comieran vivo que no me di la delicadeza de atender las llamada de mi novia- sonrió perversamente- perdóname bombón-

El genio carraspeo el gesto, ahora si ofendido por el sarcasmo.

Alejados del margen de los otros tres quienes se encontraba en la puerta principal armando jaleo, Leonardo y el maestro Splinter aun permanecían en la sala de estar en completo silencio, el primero estresado e tenso y el segundo con la guardia serena y tranquila.

Leonardo sabía que había perdido el control de si mismo, salido de su calma y dejándose llevar por sus emociones en aquel momento de tensión tan pesada para él, se había preocupado y con la tensión que se le había generado con el reportaje fue lo suficiente como para hacerle perder los estribos, explotando delante de su maestro.

Pero tampoco la actitud de su maestro le había ayudado, sino todo lo contrario…

Lo había estresado.

Su actitud pacífica y serena ante la ausencia y el peligro en la que pudiera haber estado Rafael, le había hecho explotar.

Leonardo se mordió el labio inferior avergonzado de su propia actitud, de su mal conducta al gritar en frente de todos pero más en gritar en frente del maestro, de su padre.

Y sin poder más se resigno

-yo…. Lo lamento maestro- haciendo uso de su voz neutra, la misma y típica que adquiría cuando lograba calmarse- le eh faltado el respeto al gritar-

La rata no dice nada y simplemente asiente con la cabeza, en señal de que comprende.

Por otro lado, el shinobi de las sais se acerco a presuroso a la cocina oliendo el aroma del apetitoso café atacándolo de inmediato, Miguelangel le seguía el paso narrándole todo lo sucedido del reportaje del noticiero hasta con el más minino de los detalles mientras su hermano se recargaba en la barra de la estufa bebiendo directo de la cafetera, escuchando atentamente.

Pensativo mira a un punto fijo de la cocina, mirando a nada en particular, analizando todo lo anterior dicho por el menor tras unos minutos en silencio seguía oyendo el parloteo de su hermano entretanto depositando la cafetería ahora vacía devuelta a su lugar, preparando el agua para más café y sacando la crema.

-….. sigo pensando que ir con Casey era buena idea- murmuro.

.

.

.

En este capi juego con la primera persona y tercera persona, puesto que lo escribí en diferente día, pero se me hace más cómodo de escribir de ambas maneras y así tener cierta libertad y no solamente centrarme en una sola narrativa :D

¡!Estrés estrés!

Las hierbas de los tés también son drogas, solo que Leo lo ignora y lo sabe bien, Donnie por su lado es adicto a la cafeína y cuando se le acaba el café pues se va por los cigarros u.u es como Sherlock Holmes, el tipo claramente ah dicho que si no fuese por la cocaína ya se hubiera tirado un tiro por la tanta locura que corre por su mente y los delirios que sufría el hombre, literalmente su adicción es lo que le mantiene cuerdo.