Hetalia no me pertenece, este es de su respectivo creador.


Diana pidió un taxi que la llevara directamente a la oficina de Roosevelt*. Ella no pensaba quedarse mucho tiempo en aquel país. Le daba igual el ultimátum que Henry Wallace le habia dado, la mexicana no estaba dispuesta a ir tras las pistas de su vecino. Le chocaba que la amenazaran. Alfred bien hubiese podido quedarse en una posición segura en lugar de andar matando nazis en partes del mundo que ella ni siquiera sabia que existían. Y además, habían mas personas en el mundo que estaban realmente capacitadas para algo así.

El estadounidense no era precisamente una persona indefensa. Casi siempre salía victorioso de las guerras que libraba. En la carta tambien se mencionaba que había desaparecido junto con Francia e Inglaterra. Ellos tampoco eran débiles. Eran demasiadas las interrogantes que tenia en la cabeza ; ¿Los jefes de ellos emprenderían una búsqueda para llegar a su ubicación?, ¿Utilizarían a personificaciones de naciones para ello?, Y si ese fuera el caso, ¿Por qué tanta prisa y por qué no elegir a humanos comunes?. No entendía el sentido de urgencia que tenían de pronto aquellos gringos y más aún, no se explicaba como los jefes de Jones lograron convencer a Canadá de emprender aquella misión.

Miro por las ventanas del vehículo, la nieve caia con tranquilidad y se arremolinaba en el suelo. La joven temblaba. Por las prisas olvido llevarse un abrigo. En su país el invierno brillaba por su ausencia y su cuerpo demostraba que ese no era un clima al que estuviera acostumbrada. Las mejillas y la nariz se le teñian de un suave color carmin. Temblaba y los dientes no paraban de castañear. El conductor le miraba a ratos por el espejo retrovisor. No le decia nada, solo resoplaba y negaba con la cabeza.

El taxi se detuvo en un enorme edifcio, la mexicana pago y salio del carro cargando su maletita. Lo copos blancos se adherian a su cabello y el viento le golpeaba la cara. Cuando entro en la recepción, la dependiente le miraba como si ella acabara de salir del psiquiatrico.

-Vengo a ver al presidente Roosevelt, ¿podria decirle que estoy aquí?.- Demando la mujer.

-Of course.- Murmuro la recepcionista alzando una ceja.- What is your name?.-

-México.-

-Really?.- La chica se rio. Las risas disminuyeron poco a poco cuando vio que la visitante la fulminaba con la mirada.

-Ok.- La mujer bufo, se puso de pie y se dirigio hasta el ascensor.

-Maldición.- Diana rodo los ojos, esperando con impaciencia a que aquellas personas se apresuraran a recibirla.

Pasaron alrededor de 7 minutos y la joven que la habia atendido no aparecia. Durante ese tiempo, la muchacha saco un cepillo de la maletita y peino el desastre que tenia por pelo y se puso un collar de perlas. Por ultimo, aplico una capa de su lapiz labial favorito. Amaba que sus labios quedaran pintados de ese rojo opaco. Se miro en un pequeño espejo. Se veia guapa, sobria, formal.

Escucho el taconeo de la dependiente, guardo todo y se dispuso a esperarla. Esta solo le hizo una seña para que la acompañara al elevador, la introdujo en el y pulso el numero de piso. Puso bruscamente un gafete de visitante en la parte superior de su ropa y antes de que las puertas cerraran, la chica salio de alli. Mexico intuyo que volvia a la oficina.

-Gracias.- Susurro.

El ascensor la dejo en el piso indicado y ella solo vio un largo pasillo, caminó por el hasta llegar a la última oficina.

"Cielos, a estos gringos si que les gusta caminar, o complicarse la vida"

Tocó la puerta y una voz queda le dio permiso de entrar.

Se encontro con varios militares sentados alrededor de una mesa circular, en ella habia varios mapas y papeles. Entre aquellas personas estaban Roosevelt y Matthew Williams, la representacion humana de Canada.

-Sientese señorita.- El presidente, haciendo gala del mejor español que tenia le ofrecio una silla. La mujer acepto y espero a que el hombre hablara.

Los presentes guardaron silencio.

-¿Tiene alguna pregunta?.- Cuestiono un hombre mayor que estaba a su lado.

-Tengo varias, pero la fundamental es, ¿Qué rayos esta pasando?.-

-Bien.- El señor le acerco un mapa de Italia marcado con lineas y puntitos.- Los aliados emprendimos una ofensiva desde Nápoles con la intencion de romper la linea Gustav. Esta linea defensiva impuesta por alemanes e italianos es uno de los mayores obstaculos en la conquista de Roma. Los ataques iniciaron el 4 de Enero y aún continuan.-

-¿Que es lo que salio mal?.-

Un joven alzo la voz y comenzo a explicarle a la mexicana.

-Los principales caminos desde el cuartel general aliado en Nápoles hasta Roma pasan a través del valle del río Liri. El problema es que la entrada del valle esta bloqueada por una colina, en cuyo centro se alza el pueblo de Cassino. Se esta convirtiendo en un matadero. Hasta ahora hemos tenido informes de que la 34° Division Estadounidense fue remplazada por la 4° division india y la neozelandesa del 8° Ejercito británico, al parecer han tenido mas bajas de las que esperaban.-

-¿En dónde se ubica el punto más alto?- Pregunto la mujer.

-Aproximadamente 1100 metros.-

-¿Que hay alli?.-

-Un monasterio antiguo llamado Monte Cassino. En ese lugar es donde paracaidistas alemanes se han atrincherado y repelen casi todos los ataques.-

-Entiendo.- Razono la joven.- Allí perdieron a las personas que buscan ¿no?.-

-Si…¿Como es que…?.- Pregunto un general totalmente incredulo.

-Es simple deducción.-

En su larga existencia, ella habia visto aquella estrategia una y otra vez. No es algo que realmente le sorprendiera, y mas si a esa posicion privilegiada se le agregaba la terquedad alemana, que a veces caia en fanatismo, por defender ciudades que eran de gran importancia para ellos.

-Perdimos contacto con ellos el 20 de Enero.- Se apresuro a agregar una voz un poco ronca.

-Ahora que tenemos eso claro, permitanme mostrarles el plan de búsqueda y rescate que vamos a implementar.- Un hombre mayor hizo amago de entregar unos papeles cuando fue interrumpido.-

-Yo no he aceptado ir.- Dijo Mexico mirando a Roosevelt.

La sala se quedo muda y varios militares fulminaron a aquella dama con la mirada. Unos incredulos, otros furiosos y unos mas desconcertados. A ella no le causaban la mas minima intimidacion.

-Caballeros, me gustaria hablar con la señorita a solas.- Ordenó el presidente.

Todos salieron de mala gana, Matthew suspiro al pasar a un lado de Diana.

-¿Por que no ha aceptado ir?.- Inquirio.

-En primera, porque a mi no me agrada que pidan mi "colaboracion voluntaria" pero me amenacen con represalias si no les ayudo, ¿qué manera es esa de pedir apoyo?.- Se quejó.

-No lei el contenido de aquella carta que le mandaron, pero me disculpo si hubo algo que le hiciera sentir atacada u ofendida. Creáme que esa no ha sido nuestra intencion.- El hombre explico amablemente.- Puedo asegurarle que no habra acciones en su contra si no desea participar en esto.-

Mexico suspiro. Ese hombre la habia dejado sin la mayor de sus excusas.

-Pero, intuyo que aquello no es su preocupacion central.- Roosevelt se cruzo de brazos.- ¿Hay algun otro inconveniente?.-

-Señor, tal vez suene como dialogo de una pelicula barata pero no soy la persona indicada para esto. ¿Como lo voy a buscar?. No es como repartir volantes como cuando se pierde una mascota. Y si buscar a alguien en tiempos de paz es dificil, ahora imaginese en una guerra. Si le preocupa que Alfred se muera, puede estar seguro de que aquello no ocurrira. No se como le hacen, pero he visto naciones que reciben daños de los que no se debe salir con vida pero sobreviven.- Argumentó.

Roosevelt la observo.

-Sabe usted que hay destinos mucho peores que la muerte y esta guerra se ha distinguido por la forma sádica en que nuestros enemigos tratan a sus prisioneros de guerra.-Suspiro.- Ademas, en unos meses llevaremos a cabo una operación que puede que sea el inicio del fin de la guerra en Europa, y para ello necesitamos que esas naciones esten presentes.- Respondio.

"¡Maldición!"

Diana no habia pensado en ello, Alfred fue mucho mas estúpido de lo que ella pensaba al ponerse en aquella situacion tan riesgosa. ¿Y si ya le habian capturado?. ¿Y si le torturaban o le hacian algo peor?

-¡¿Y entonces porque fueron a Italia si tenian algo mas importante que hacer?!.- Exclamo la chica a punto de perder los nervios.

-La verdad es que no pensamos que nos llevaria mucho tiempo conquistar la ciudad. Se veia como un objetivo facil y él insistio en ir.-

-Maldicion.- Susurro Diana cubriendose la cara con una mano. Jones si que sabia como hacerla perder la cabeza.- Bien, acepto-.

El hombre esbozo una pequeña sonrisa.

-Permitame decirle que cualquier esfuerzo que haga sera recompensado con joyas, bonos, inmuebles o dinero. Claro, si es que esto no la ofende.-

-No señor, le aseguro que no me ofende.- La mujer sonrio. A nadie le venia mal algo de dinero. Mucho menos a ella.

Pasó una semana desde aquello y ella estaba a punto de irse a Europa. Compró varias cosas con un anticipo que el presidente le habia dado. Esos objetos quizas pudieran serle de gran ayuda. El dia siguiente iria junto a un batallon que tambien tenia como destino ese continente.

Canadá la invito a desayunar. Comieron huevos estrellados con tocino, varias tazas de café y waffles con aquel jarabe de maple que a Matthew tanto le encantaba. Casi se sentia como en su hogar.

"Ojalá estuvieras con nosotros" pensó la mujer.

Diana bebió un sorbo de café y degusto la amarga bebida.


*Franklin D. Roosevelt fue el presidente de Estados Unidos la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial.

Se que podra ser un poco confusa la explicacion del la batalla en donde de perdieron Francia, Inglaterra y E.U. pero lo he escrito lo mas simple que pude. Me disculpo por la demora y las faltas de ortografia (mi computadora se niega a poner acentos).

SalyKon: Gracias por comentar, espero que este fic sea de tu agrado. Respecto a los ojos verdes, mas adelante se explicará el porque los tiene asi. Todo tiene su razón de ser en esta historia. Una vez mas, agradezco infinitamente tu comentario.

El titulo del capitulo corresponde al de la canción "Home" de Gustavo Santoalalla.