Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.

Origen del Príncipe de la Luz


Gordin tomó aire y llenó sus pulmones lentamente mientras colocaba una fleche en la cuerda de su arco. Sin aviso, Gra los había atacado mientras su escuadrón de una docena de arqueros entrenaba bajo la atenta mirada de algún comandante atlense. Aunque Gra había sufrido bajas, la pelea terminó a su favor. Si Gra no los hubiera tomado por sorpresa, el final habría sido diferente.

Estaba escondiéndose en una de las torres del Castillo de Altea, el único sobreviviente de su pequeño escuadrón. El comandante le había mandado huir cuando se convenció de que Gra iba a ganar el enfrentamiento. No quiso sentir que iba a abandonar a sus compañeros, pero las ordenes de su superior habían sido claras.

Huye, di a todos los que te encuentres que Gra nos ha traicionado. No debemos confiar en ellos, no importa lo que digan.

Gordin aún no había encontrado a nadie a quien dar el mensaje. En este momento se dio cuenta de que las tropas de Gra no lo estaban buscando. Tomó otro respiro sin poder olvidar la batalla que había diezmado a los arqueros altenses.

Había entrenado codo a codo con algunos de esos arqueros desde que él había comenzado a usar el arco. El lamento y la compasión se lo estaban comiendo por dentro. La pregunta "si solo" y la sensación de "pude haber hecho más" llenaba su mente. Tenía suerte de haber sobrevivido, pero en su interior, no estaba seguro de sentirse agradecido o de si hizo lo correcto.

Hizo brevemente a un lado su culpa al escuchar un tintineo que llamó su atención. No pudo haber provenido de su ligera armadura, así que provino de algo más. Tenía que haber sido de un soldado de Gra, debido a que los soldados de Altea estaban siendo masacrados. Gra había abandonado toda la intención de ser sigilosos y ahora solamente se dedicaba a matar a diestra y siniestra. Basado en sus movimientos, Gordin se dio cuenta de que los enemigos buscaban… algo.

Escuchó una puerta abrirse tras él, se agachó y se escondió detrás de los escalones de la torre. Sí, era un soldado de Gra. Gordin tensó la cuerda del arco, listo para lanzar la flecha en la primera oportunidad que tuviera. No ahora, tenía que asegurarse de que este soldado estaba por su cuenta. Gordin no podría combatir ni siquiera un pequeño escuadrón, no con su reserva de flechas reducida a tres. A lo mejor podría recoger algunas en el camino pero, ¿con qué propósito? Observó al soldado de Gra ascender por los escalones, miraba a la izquierda y luego a la derecha, buscando algo. Nunca miró hacia donde estaba Gordin, afortunadamente. Cuando se convenció de que el soldado enemigo estaba por su cuenta, Gordin empezó a apuntar…

Tan absorto estaba en este soldado que no notó a un segundo soldado que había tomado una ruta alternativa tomando un camino que lo dejaba justo detrás de él. Antes de que Gordin se diera cuenta, vio un pedazo de tela aparecer en su rango de visión y sintió que se acercaba a su rostro, trató de gritar, pero fue inútil.

–Cállate– La fría voz del soldado de Gra se escuchó mientras ataba el pedazo de tela firmemente. Gordin no obedeció, trató de gritar, seguramente sus ruidos serían palabras coherentes si no hubiera estado amordazado. –¡Dije que te callaras! –Repitió. –Tal vez el capitán te deje vivir si te comportas. –

Sobrevivir no estaba en la mente de Gordin e hizo el esfuerzo de escapar.

–Parece que a los altenses no los educan para ser inteligentes. – Murmuró el soldado, claramente frustrado por tener que someter al arquero. Ató a Gordin de brazos y pies en la primera oportunidad que tuvo. –Debes sentirte privilegiado, morirás sabiendo quien te mató. No puedo esperar a que el capitán autorice que alguien de descuartice. –

El soldado que Gordin había estado espiando llegó a donde estaban ellos. Mirando al arquero atado, marchó hacia el con arrogancia. –Te estabas escondiendo, ¿verdad? –

No pareció darse cuenta del hecho de que su compañero haya amordazado a Gordin, fue lo que probablemente le salvó la vida y simplemente rio. –No necesitarás esto a dónde vas. – Arrebató el arco de la mano de Gordin y luego le quito su portaflechas. –Llevémoslo ante la presencia del capitán. –


Marth marchó apresuradamente por el Castillo de Altea, el camino que tomó era un laberinto complicado pero conocía la ruta muy bien. Conocía el castillo y sus pasadizos retorcidos como la palma de su mano. Sería raro que no conociera las entradas y salidas de su propio hogar.

La fortuna lo favoreció, no se encontró a ningún soldado de Gra en el camino. Sin embargo, se topó con señalas inconfundibles de batallas, así como cadáveres, más que nada de altenses, con algunos ocasionales de Gra. Muchos de los caballeros altenses, sospechó, fueron atacados por sorpresa, hubieran matado más enemigos de haber sabido con anticipación.

Había sido testigo de batallas de entrenamiento y batallas arregladas entre las fuerzas de Altea y Gra. Había visto lo suficiente para saber que en una confrontación directa, los caballeros de Altea hubieran derrotado a las fuerzas de Gra. La ventaja que Gra tenía era el sigilo, la sorpresa y el hecho de que las fuerzas principales de Altea estaban en otro lado y probablemente ya no existían.

Tratando con todas sus fuerzas de no sentir arrepentimiento ni lastima por los altenses fallecidos y completamente convencido de que ahora Gra era un enemigo, aceleró su paso. No pasó mucho tiempo antes de que llegara a la puerta oeste del castillo. Se sintió aliviado, pero solo por un momento, pues vio a un par de jinetes. Su mano se dirigió hacia su estoque y se detuvo.

Muy tarde. Uno de ellos se dio cuenta de que alguien se había aproximado y volteó su cabeza. Marth se tensó por un momento… luego se relajó cuando reconoció a Abel.

–Señor. – Abel asintió al ver al príncipe. –Me alegro de que este bien, su hermana nos ordenó protegerlo. –

Frey, el otro jinete, se acercó. –Príncipe Marth, la princesa Elice ya ha hecho preparaciones para asegurar su escape. Saldremos del castillo, cruzaremos los valles, llegaremos a un puerto y huiremos por barco. –

–Ya veo. – Marth se relajó mientras alejaba su mano de su estoque. –Mi hermana… siempre calmada pensando en un plan cuando cunde el pánico. –

–Si señor. El juicio sereno le es natural. –Abel coincidió. –Sin embargo, usted es más que capaz para formar un análisis de cualquier situación por su cuenta. –

El complemento solo le valió una sonrisa fingida, pero pronto, Marth puso una expresión neutral en su rostro. Algo más cruzó por su cabeza. –Esperen, ¿ya tenemos un barco listo? –

–No se preocupe, mi señor. – Frey dijo con confianza. –Ser Draug se está encargando de eso. Debemos confiar en él. –

–Draug. – Marth se perdió en sus pensamientos por un momento, luego su expresión se iluminó. –Cien soldados de Gra podrían atacarlo al mismo tiempo, pero jamás lograrían atravesar su armadura. –

–Es lo más seguro señor. – Frey coincidió. –Draug es casi un muro de piedra. Tomará más que las débiles espadas de hierro para lograr romper su armadura. –

–Ser Jagen también se unirá a nosotros fuera del castillo. – Abel dijo. –Podría estar envejeciendo, pero aún es el orgullo de Altea. Elice sugirió que no intentáramos escapar de Altea sin él. –

–¿Está cerca? –

–No lo sabemos señor. –Frey respondió y volteó hacia una torre. –Soldado, ¿Jagen está en camino? –

Marth miró hacia donde Frey estaba dirigiéndose. En lo alto de la torre había un vigía. El vigía miraba a la distancia, ajustando su visión para observar todo el paisaje.

–Soldado, ¿Jagen está…?

–¡Te oí la primera vez! – El vigía le respondió como si estuviese acostumbrado de que la gente le preguntara eso muy seguido. –Puedo ver a alguien acercarse, pero no les puedo decir si es Ser Jagen. – El vigía se inclinó lo más que pudo para ver mejor. –No puedo distinguir bien cuales son los colores de su armadura o su insignia pero…– De pronto la voz se dejó de oír y sin previo aviso, el vigía cayó del borde. Aterrizó inmóvil junto a Marth y sus jinetes. Enterrado en su pecho estaba…

–Una flecha. – Abel siseó. La flecha atravesada en su armadura, combinada con la caída, había matado al hombre. –Demonios, ¿Qué está haciendo Gra en la puerta oeste? –

–¿Gra? Pero se supone que debemos encontrarnos con Jagen aquí. – Murmuró Frey. –¿Cuántos son? –

–Espera. – Abel desmontó de su caballo y fue hacia la puerta, miró discretamente hacia afuera y contó a los soldados que se acercaban. –Puedo ver… seis a lo mucho. –

–¿Seis? – Frey sonaba asombrado. –¿Son… todos? ¿Estás seguro de haber contado bien? –

–Probablemente entraron en masa por la puerta principal Frey. – Abel dijo con tono práctico. –Estas deben ser tropas mandadas a vigilar la puerta en lugar de invadirla. –

–Seis de ellos. – Marth cerró sus ojos, pensando. –No creo que Jagen pueda enfrentarse a seis por su cuenta, pero si nosotros… hm…– Marth tomó su estoque.

–Señor, ¿está seguro de que es una buena idea? – Frey le preguntó a Marth. –Aunque sean una pequeña fuerza, nos superan en número y…–

–No podemos retroceder. Las fuerzas de Gra que están en el castillo son demasiado grandes. Abrirnos paso a través de seis soldados es la mejor manera para salir de nuestra situación. –

–Príncipe Marth…– La mente de Frey se apresuraba para encontrar otra salida. En su situación actual con Altea en semejante predicamento, la mayor prioridad debe ser el sigilo, no la confrontación, especialmente si los sonidos de la batalla podrían alertar a otros, pero por más que se esforzó, no pudo encontrar ninguna otra opción. Suspiró, reconociendo el punto del príncipe.

–Si esa es su decisión, entonces estoy feliz por cumplirla. – Abel asintió para aprobar su idea y se montó de nuevo en su caballo. –Seis soldados de Gra no deberían ser mucho problema, por favor retroceda y deje que Frey y yo …–

–No. – Marth lo interrumpió. –Yo lucharé también. –

–¿Qué? Pero señor…–

–No voy a quedarme atrás como un cobarde mientras otros arriesgan su vida por mí. –Marth juró, sosteniendo su estoque con decisión.

Frey y Abel intercambiaron una mirada nerviosa. Con una expresión de frustración, Abel dijo. –… con todo respeto señor. Si uno de ellos escapa, las fuerzas de Gra nos perseguirán. No habrá escape. –

–Abel, es una orden. –Marth respondió. –Si hay personas dispuestas a sacrificarse por mí, entonces debo hacer algo más que temblar en una esquina. –

–Pero… –

–No Abel. – Marth levantó una de sus manos pidiendo silencio. –Necesito hacer esto. Soy el príncipe de Altea, si mis soldados pelean, debo estar a su lado, no importa cuál sea la situación. –

Se hizo el silencio por unos segundos. La expresión de Abel se endureció mientras desviaba su mirada.

–Entonces… debemos continuar. –Frey intervino, atrayendo la mirada confusa de Abel. –El ejército de Gra debe estar dentro del palacio, cada momento que perdemos arruina nuestra posibilidad para escapar. –

Abel trató de decir algo para protestar pero, casi como para poner fin a la discusión, dos soldados de Gra aparecieron a plena vista. Los altenses se pusieron tensos y esperaron pelear, pues alguno de sus aliados había matado al vigía. Uno de los soldados miró a los jinetes y se mofó. –Hmm. Qué decepción. –

Los soldados de Gra ignoraron totalmente a los dos jinetes cuando su vista se topó con Marth.

–Bien, bien…– Un soldado rio mientras tomaba la empuñadura de su espada. – Veo, veo un principito que me va a hacer muy rico. –

–Ven de inmediato. – El segundo soldado dijo, también sacando su arma. –El capitán decidirá el destino de los soldados sobrevivientes, ríndete pacíficamente y todo saldrá mejor para ti. –

–¿Pacíficamente? – Abel se burló. –Miren quien habla de paz. –

–Eso significa que no lo harán, ¿cierto? – El soldado de Gra se encogió de hombros y se alistó. –Pensé que dirían eso, ustedes altenses tan testarudos que llega ser absurdo. –

–Mejor que traicionar a alguien en un abrir y cerrar de ojos. – Abel dijo con un tono amenazante.

El soldado no pareció perturbado por aquel insulto. Marchó sobre ellos, con el segundo soldado pisándole los talones. Abel y Frey respondieron por su parte, sus lanzas buscaban acabar con ellos antes de que pudieran herir a su príncipe. No ayudó mucho que el príncipe rechazó su protección y también avanzó a atacar. A su favor, aunque se hubiese puesto en peligro, es que era bastante competente, lo único que molestaba a los jinetes era que su vida era demasiado valiosa para perderse.

Los soldados de Gra retrocedieron, uno de ellos apenas pudo evitar un pinchazo letal de Frey. –No está nada mal. – Uno de los enemigos lo reconoció, retrocediendo aún más. –Desafortunadamente, tenemos algo que ustedes no. Refuerzos. –

Abel arqueó una ceja, luego captó algo. Algo que descendía desde lo alto. Por reflejo, tomó a Marth por el hombro y lo empujó, justo cuando una flecha se clavó en el punto exacto donde antes había estado. Sin la ayuda de Abel, el proyectil se hubiera clavado en el vientre de Marth, o tal vez en una de sus piernas.

–Humph– Los soldados de Gra se mofaron mientras dos arqueros de Gra aparecieron por detrás, resguardados por dos espadachines. Eran los seis soldados que Abel había previsto. –Muchos no hubieran podido verlo venir, parece ser que el instinto de supervivencia es lo único bueno que los altenses tienen que debemos imitar. –

–Sus burlas ni siquiera son buenas para empezar. – Frey respondió. –Guarda tu aliento para tus gritos de agonía, idiota. –

Abel se permitió reír maliciosamente en su mente, al ver que tan fácil era enojar a las tropas de Gra. Los soldados tomaron una postura ofendida y los espadachines marcharon contra ellos, mientras los arqueros se preparaban.

Los cuatro soldados se aproximaron sin ninguna diferencia que cuando habían sido dos. Un ataque simple y directo, no trataron de usar los números a su favor, ni siquiera intentaron flanquearlos. Lo único preocupante eran los arqueros, justo cuando sus aliados llegaron al alcance de las armas de los jinetes, las flechas comenzaron a volar.

Una de las flechas descendió y Marth logró, en un movimiento casi imposible, detener la flecha con la delgada hoja de su estoque, deteniéndola y alejándola de sí. Su próximo movimiento fue cortar la garganta de uno de los espadachines.

–Gurgh…– El soldado gruñó mientras su mano se aferraba a su garganta, retrocedió mientras la sangre manaba de su herida. Sus aliados lo cubrieron cuando se arrodilló y tosió, la sangre chorreaba por debajo de su casco. Él supo que estaba acabado.

Sujetando su espada, miró la batalla continuar, una de las últimas cosas que sus ojos registraron fue la lanza de uno de los jinetes perforar a uno de sus compañeros.

Dos soldados de Gra habían fallecido, los espadachines restantes retrocedieron, haciéndoles señas a los arqueros para que aumenten las frecuencias de sus ataques. La primer flecha se clavó en el pecho de Abel, pero falló en perforar su armadura. Con su mano libre, Abel tomó la flecha y la partió en dos, tirando lo que rompió al suelo.

Un arquero disparaba flechas con una velocidad impresionante, no le daba a nada, pero caían lo suficientemente cerca como para impedirles avanzar. El arquero estaba listo para disparar la siguiente flecha cuando la anterior ni siquiera había cruzado la mitad del camino. Los dos espadachines restantes se quedaron detrás, disfrutando el espectáculo, mientras movían sus espadas amenazantemente y esperaban que los jinetes cometieran un error fatal, para poder capturar al príncipe.

El otro arquero, aun cuando disparaba con una rapidez anormal, era más lento y se tomaba el tiempo de apuntar. Sus flechas eran más precisas, pero eventualmente, se le agotarían sus reservas de munición. Tomó otra flecha y apuntó con cuidado, alineando su brazo con la cabeza de Abel.

El arquero sonrió, sintiendo que había llegado el momento oportuno, los espadachines serían capaces de dominar la situación si uno de los jinetes caía. Comenzó a soltar su agarre…

… cuando de pronto sintió un dolor agudo. Mucho más agudo que ningún otro dolor que hubiese sentido antes, justo en el pecho. Miro hacia abajo para ver la punta de una lanza de plata que lo atravesaba.

–¡Ser Jagen! Abel gritó aliviado, sintiendo que ya habían ganado la batalla. Jagen no respondió inmediatamente, dejó la lanza en el cuerpo del arquero por un momento, luego tomó una lanza de acero y fijó su vista en el segundo arquero, que apenas se había dado cuenta de que había un altense muy cerca de él. Sin perder ni un instante, el segundo arquero fue asesinado.

–Señor, aguante un poco. –Jagen habló. El paladín marchó en su caballo con su lanza de acero en mano. Jagen, uno de los mejores entrenadores y caballeros que Altea jamás haya conocido, venció en un dos por tres a los últimos dos enemigos.

–¿Está a salvo señor?

–Si Jagen. –Marth respondió, sacudiendo su estoque. –Aunque no sé si hubiera dicho lo mismo si hubieras aparecido unos minutos después. –

–Señor. Debería preguntarle qué es lo que está pasando, pero sería más prudente alejarnos lo más rápido posible, alguien debió haber oído la batalla. –

–Lo sé Jagen. – Marth dijo con decepción. –El castillo ya no es seguro, no después de la traición de Gra. –

–Señor…–Jagen se sintió falto de palabras. Consolar no era su fuerte. Miró al primer arquero que mató y removió su lanza de plata del cadáver. –Seguramente regresaremos algún día, pero hoy es un día donde nuestra única opción es huir. –

Marth suspiró profundamente. –Debemos hacernos camino hasta el Puerto más cercano.

–Sí. Su hermana me informó acerca de lo que hizo antes de que fuera con usted. Príncipe Marth, démonos prisa. –


–¿Qué es esto? – El capitán de Gra arrugó la nariz mientras Gordin era arrojado a sus pies. –¿Debo suponer que tengo que decidir el destino de todos los supervivientes de Altea? –

–Le pido disculpas capitán. – Un caballero de Gra habló mientras sujetaba las manos de Gordin a su espalda, arrodillándolo. –pero eso fue lo que estableció el Rey Jiol. –

El capitán gruñó. –No soy quién para cuestionar las órdenes del Rey.– Avanzó hacia el soldado que estaba hablando con él acerca de cómo controlar a Gordin. En unos segundos, algunas cuerdas ataron las muñecas de Gordin. –Altea entrena a patéticos torpes. Leales hasta el fin, pero torpes. ¿Qué haremos con este? –

El capitán se rascó la barbilla contemplando sus posibilidades. –Podría poner su cabeza en una pica, después de una ejecución pública claro. Debemos poner un ejemplo en lo que nos preparamos para salir del castillo y del país. –Se detuvo, esperando una respuesta, sus orificios nasales se dilataron ante la mirada desafiante del arquero prisionero. –Me pregunto cuando aguante tendrás, el dolor te hará lamentar esa expresión. –

La expresión de Gordin no cambió, aunque retrocedió un poco por la amenaza.

–Hmm…– El capitán examinó a Gordin más a fondo, luego negó con la cabeza. –Encierren a este. Determinare su futuro después. El resto de la invasión tiene más prioridad ahora. – El soldado tomó a Gordin por sus muñecas y lo arrastró consigo.


–Señor, démonos prisa. – Jagen tomó una bolsa atada en la silla de su caballo. Abrió la bolsa y sacó varias túnicas. –Dejar que alguien lo reconozca será nuestro fin, así que necesitamos alguna manera de disfrazarnos. – Le ofreció la primera túnica a Marth y luego a Abel y Frey. –No podemos atraer atención innecesaria, así que debemos movernos lentamente, traeremos nuestras monturas, claro, pero viajaremos a pie. –

–¿Qué? – Frey estaba confundido por las palabras de Jagen. –Ser Jagen, lo que necesitamos es huir lo más rápido posible. Mientras nos puedan ver desde el castillo…–

–A nadie le importa lo que pase fuera del castillo ahora Frey. – Jagen dijo de manera forzada. –Están más interesados en saquearlo, así que no estarán prestando atención por algún tiempo. –

–Saqueando el castillo…– Marth repitió. Sus pensamientos lo llevaron hasta su Hermana. –Espero que nos alcance pronto.

–Yo también lo espero señor. – Jagen dijo. –Lo único que podemos hacer es continuar y esperar. –

Marth frunció el ceño. –¿No podemos esperarla un poco más? No puede pelear, si Gra la encuentra entonces…–

–No príncipe Marth. – Jagen negó con la cabeza. –El riesgo de fallar aumenta a cada segundo que no nos movemos. Por favor, póngase la túnica señor. –

Marth suspiró, luego se puso la vestimenta. No estaba acostumbrado a usar algo que no fuera azul, pero no era el tiempo para preocuparse por colores.

–¡Príncipe Marth! – Una voz sonó justo cuando Marth terminó de disfrazarse, se giró en diracción de la voz, un soldado a caballo entró a su rango de visión.

–Cain. – los ojos de Jagen brillaron por el shock de reconocerlo. –¿No estabas tú con la legión que se fue con el rey Cornelius? ¿Porqué…?

–Jagen… no… no ahora…– Cain respiró hondo y Jagen lo miró atentamente. Su armadura rojiza estaba salpicando en sangre, alguna ya estaba coagulada, pero la mayor parte era más fresca. Jagen sospechó que la mayoría era del propio caballero. Grandes pedazos de armadura habían sido arrancados a la fuerza, revelando profundos cortes en su carne. La cara de Cain tenía muchas cortadas, nada grave, pero la combinación de toda la sangre que perdió seguramente lo estaba haciendo sufrir. Al final, Jagen pudo jurar que algo se asomaba de entre su armadura, cuando pasó a su lado, Jagen se dio cuenta de que Cain tenía numerosas flechas enterradas sobre todo en su espalda y hombros.

–Esas… heridas. – Marth se vio inseguro. Jagen estaba sorprendido, había visto caballeros sanos y bien entrenados morir por menos que eso. –Cain debemos tratarte…–

–Príncipe… Marth…– Cain lo interrumpió mientras avanzada, recargando su cabeza en el cuello de su caballo. –Su padre… yo… mensaje… ungh…– Cain apoyó sus manos en el cuello de su caballo y se obligó a sí mismo a tomar una posición semi-erecta. –Su padre… me dio un mensaje, que debe… oír…–

–¿Un mensaje? – Marth se sintió aliviado de pronto. –Si te dejo un mensaje, entonces… está vivo, ¿cierto? –

–Príncipe…– Cain murmuró, antes de soltar un quejido por el dolor. – Sí… la muerte me llega, –dijo– debo al menos…. Entregar…–

–No ahora Cain. – Abel dijo. –La máxima prioridad es escapar. –

Cain volteó a ver a su viejo amigo y sonrió, pero estaba demasiado exhausto y adolorido para callarlo con algo.

–Viajaremos a pie. Lentamente. Jagen cree que atraeremos menos atención. – Frey dijo. –¿Puedes caminar Cain? –

–Si…– Cain djo. –Mis piernas… casi no tienen heridas. –

–¿…necesitas ayuda para desmontar? –

Cain batallo por un momento intentando desmontar por su cuenta, pero solo consiguió empeorar su dolor. Soltando un bufido de molestia, asintió.

–Entonces apresurémonos. – Frey dijo mientras desmontaba para ayudar a Cain. –Nuestros enemigos tienen suficientes ventajas como para que uno de los mejores de Altea se muera.


–Terminaste de cazar, ¿cierto? – Un joven altense sonrió, él y su pequeña comunidad del puerto no daba señal de saber que estaba ocurriendo en el resto de la nación. Por un momento, la vida continuó normalmente para él, recostado en el pasto y mirando las nubes.

La paz escapaba y la dichosa ignorancia no iba a durar mucho.

La chica con la que hablaba frunció el ceño. –Sí, estoy de vuelta, pero no traigo nada. No hay ni un buen ciervo para cazar, es como si se estuvieran escondiendo o algo. –

–Ah, apuesto a que saben lo buena que eres Norne. –El chico se sentó con una sonrisa. –Esos animales son más listos que un caballero, se dan cuenta de que Norne la Despiadada esta al acecho y se alejan. –

–Norne la…– Norne se encogió. –No me des un título, solo hago lo necesario para llevar comida a la mesa. Prefiero carne en vez de frutas. –

–Aw, solo acepta el halago. – El chico se volvió a recostar. –En serio, tú podrías llegar lejos en la milicia. –

Norne rodó los ojos –Con gusto me uniría, pero podría prescindir de todas las reglas y los caballeros engreídos. Me gusta poder expresarme. No lamer botas. –

–Estoy seguro de que realmente no es así. Probablemente tiene su lado divertido y …–

–Nah– Norne lo interrumpió, encogiéndose de hombros y girando sobre sus pies. –Quisiera hacer algo divertido, pero supongo que la vida no es tan aburrida después de todo. – Se detuvo por un segundo, esperando una respuesta del chico.

–Los enemigos de Altea dormirán tranquilos esta noche, sabiendo que no estas interesada en la milicia. – Norne se alejó. El césped fuera del puerto era un lugar ideal para dar una vuelta, aunque aburría demasiado rápido. Estiró sus brazos mientras caminaba por el campo. Tal vez su amigo tenía razón y una siesta le sentaría bien. Por otro lado, tal vez despierte con bichos en su cabello, así que desistió y siguió su camino.

Bostezó. Sin decir ni una palabra, el ejército de Altea se había ido, había considerado tomar un trabajo de vigilante pero al final también se negó. No solo Altea era libre de criminales y ladrones, pero tampoco estaba familiarizada con perseguir algo que pudiera planear su escape. Bostezó de nuevo. La vida era aburrida, al menos cuando la milicia estaba cerca, podía oír platicas entre los caballeros, a veces eran interesantes. Solo a veces.

–Disculpe. – Norne saltó ante la voz inesperada detrás de ella. No podría ser del chico. Sonaba demasiado madura. Se volteó para ver a un hombre, un caballero.

–Um…– Norne lo examinó. La armadura que llevaba era gruesa, claramente más para propósitos de defensa. Otra mirada al diseño de la armadura le dijo que este hombre era altense. A juzgar por como la armadura parecía abultada sospechó que el hombre tenía mucha musculatura. –¿Eres un caballero? Pensé que la milicia estaba…–

–Por favor señorita, no ahora. – El caballero la interrumpió. Su rostro, aunque gentil, también estaba serio. –Mi nombre es Draug y el futuro de Altea está en peligro. Se supone que hay un puerto cerca. ¿En qué dirección se encuentra? –

–Uh…– Su primer reflejo debió ser risa ante la idea de que el futuro de Altea se encontraba en peligro, pero una mirada a su rostro, que era cada vez más grave aplastó cualquier escepticismo que podría haber tenido. Norne miró a su alrededor, recordando el caminó que había tomado. Apuntó hacia la distancia. –Hacia allá, Ser Draug. –

–Gracias– Asintió antes de marcharse hacia donde apuntó ella. – Debería huir. Altea ya no es segura. –

Caminó pasando a su lado y una chispa se encendió en su mente. Así que… una parte de mi quería diversión… ¿huh?

–¡Ser Draug! – Norne lo llamó impulsivamente, haciendo que el hombre se detuviera. Volteó a verla. –Usted, uh… ¿necesita un arquero extra? –

Levantó una ceja. –¿Estas… ofreciéndote de voluntaria? – Quedó sin palabras por un momento, luego volvió a su expresión seria. –Agradezco su entusiasmo señorita, pero no creo que entienda a lo que está accediendo. Si viene conmigo, no verá a Altea por un largo, largo tiempo. Si es que logramos sacar… un valioso tesoro fuera de la nación. –

–Cierto. – Norne le dedicó una alegre sonrisa, como si todo eso fuera noticia vieja y estuviera acostumbrada al peligro. En realidad, nunca había estado en verdadero peligro en ningún punto de su vida. –Ya tengo mi arco en la mano y mi portaflechas en mi espalda. Estoy lista. –

–No aún. –Draug dijo calmadamente. –Necesita entender a lo que se está metiendo y lo que esta sucediendo con Altea exactamente. –Se dio la media vuelta y caminó hacia el puerto. –Camine conmigo, hay mucho que tengo que explicar. –