Bajo las estrellas
Día 1. Temática: confesión/citas
Contemplaba la puesta de sol con el nerviosismo desatandose en su interior, apenas llevaba un día desde su llegada a Hasetsu y su mente no dejaba de imaginar mil escenarios posibles sobre porque el amable Japonés lo había invitado, bueno, hasta donde sabía ese día se festejaría alguna costumbre típica de aquel país pero fuera de eso no hallaba razón para él estar allí.
—Anda anciano, contesta de una maldita vez— gruñó un rubio malhumorado mientras caminaba en círculos en la habitación que la familia Katsuki le había preparado.
Volvió a ver hacia la ventana y notó como el cielo anaranjado se iba tornando oscuro y suspiró, era inútil enojarse con Viktor por dejarle plantado en el aeropuerto y por consecuencia que tuviera que llegar solo, pese a que le fastidiara no comprender porque al mayor le pareció gran idea dejarlo solo tenía que admitir lo agradable de poder convivir a solas con el Katsudon.
Hasta donde sabía aquella visita no era más que un gesto de amabilidad por parte del japonés así que evitó darle muchas vueltas al asunto y accedió, todo estaba en paz hasta que la bruja de Mila tuvo que abrir la boca y decir algo que bastó para derribar su calma.
"—¿Sabes, Yura? Katsuki te invitó primero que a Viktor, y por lo que me contaron creo que a él le pidió ayuda para algo—.
—Deja de ser una entrometida— bufó Yurio —es solo un bobo festival, nada del otro mundo—.
—Como digas, yo sé muy bien que para ti no es algo insignificante, quizás y quiera decirte algo— sugirió con su típica voz burlona dejándolo ahora con sinfín de ideas revoloteandole la cabeza."
Maldita sea ella y sus habladurías, detestaba que por haber bajado la guardia la odiosa peliroja hubiese descubierto su enamoramiento y le hiciera pensar tonterías, no, simplemente era imposible... Yuuri Katsuki jamás correspondería sus sentimientos.
Desde que el dulce japonés llegó a San Petersburgo para Yurio fue imposible ignorarlo, verlo en cada práctica e incluso cruzarselo cuando salía a dar alguna caminata lo hacían sentir una calidez que jamás había experimentado pero que se negaba a externar, no podía dejarse ver tan frágil y menos frente a esos encantadores ojos cafés que siempre le recibían con cordialidad. Sin darse cuenta un rubor cubrió sus mejillas, si que era patético, estaba por completo enamorado y pese a todo tenía que aceptar que las acciones del mayor no significaban algo importante y que ni en sus más locos sueños este podría verle como algo más.
Un toquido en su puerta lo hizo reaccionar dando un pequeño salto. —¿Quien es?— preguntó con brusquedad.
—¿Puedo pasar?— de inmediato reconoció la voz de Yuuri y su sonrojo aumentó.
Sin pensárselo mucho se lanzó al futón, se recostó de modo que le diera la espalda y finalmente le permitió pasar. —¿Que quieres, Katsudon?- fingía estar conversando con alguien en su celular.
—En una hora saldremos al festival— respondió Katsuki con su habitual cordialidad.
—Ya veo... en ese caso me alistaré— por el rabillo del ojo notó que el japonés cargaba algo consigo —¿y eso?—.
Yuuri sonrió algo nervioso —es un Yukata, solemos usarlos en estas fechas y umm... me pidieron que te diera uno pero entiendo si no deseas usarlo— se apresuró a decir como si temiera un enfado por parte del rubio.
—Me gusta el color— respondió para sorpresa del japonés, se puso de pie y lo tomó para examinarlo más de cerca —si dices que todos lo usan entonces yo también lo haré—.
Al alzar la vista se encontró con la tierna mirada del Katsudon y notó lo cerca que estaban, sintió nuevamente sus mejillas sonrojarse y por un momento pudo jurar que el mayor también lo había hecho pero lo más seguro es que solo lo hubiese imaginado, no entendía como una sola persona podía hacerle sentir tantas cosas pero más que nada deseaba por un momento que aquello que lo abordaba pudiese ser correspondido.
—Yo... yo dejaré que te cambies— dijo Katsuki rompiendo el silencio —si necesitas ayuda estaré por acá—.
Volviendo a estar solo sintió todo su cuerpo débil y se dejo caer sobre el futón, vaya forma de dejarse en ridículo.
—No te hagas ilusiones— se dijo con pesar —él... él solo es amable— cubriendo su rostro con una almohada soltó un gruñido.
Pasada la hora finalmente salió de la habitación y caminó hacia la planta baja, el color anaranjado del yukata le sentaba bastante bien y aprovechando la ocasión recogió su cabello rubio en una pequeña cola de caballo dejando solo un par de mechones sueltos.
—¿Katsudon? ¿donde te metiste?— preguntó volteando en todas direcciones, parecía no haber nadie.
—Oh, una disculpa— contestó Yuuri saliendo de uno de los pasillos, vestía un yukata azul y le sonreía con la misma dulzura de siempre —les pedí a los demás que se adelantaran, ¿esta bien?—.
—¿Eh? Si, como sea...— rascó su mejilla y avanzó hasta la puerta, no sabía si alegrarse de saber que serían solo ellos o preocuparse por cometer alguna tontería.
—¡Bien! entonces salgamos, hay mucho por mostrarte—.
El corazón de Yurio se paralizó al sentir como la mano de Yuuri rodeó su muñeca y lo jalaba hacia el exterior, ni el aire golpeando su rostro pudo hacerlo reaccionar en su breve momento de ensoñación.
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Todo estaba repleto de gente, desde los propios habitantes hasta turistas que habían decidido pasar las fechas en un lugar más tranquilo, pasaban de un puesto a otro riendo y disfrutando de la cálida atmósfera, en los puestos designados con juegos los niños reían entusiasmados e incluso algunos salían de ahí con algún pequeño premio. Ese ambiente, pese a ser desconocido, le agradaba y aún si aquello no era más que una salida casual le alegraba que fuera con él... a decir verdad cualquier lugar sería ideal si el dulce nipón estaba a su lado.
—Debo admitirlo, Katsudon— hablo Yurio luego de examinar con atención su entorno —fue buena idea venir—.
—Me alegra que te guste, la primera vez que viniste no pudiste conocer mucho y quise aprovechar este día— sonrió dulcemente mientras lo conducía por un camino menos transitado.
—Ya veo... así que era por eso ¿eh?— bajó la vista con desilusión, lo sabía, aquello no podía significar algo más —siempre eres tan considerado...—.
—¿Pasa algo?—.
Yurio negó con la cabeza, se reprochaba internamente por haber llegado a creer en falsas posibilidades.
Caminaron en silencio hasta que Yurio notó como se iban alejando de la multitud. —Oye Katsudon ¿a donde se supone que vamos?—.
—Es... un atajo, pronto comenzarán los fuegos artificiales y desde aquí podremos verlos mejor— contestó con simpleza mientras seguían caminando.
El lugar por donde iban caminando era lindo, estaba rodeado por unos cuantos arboles frutales y se podía escuchar el leve movimiento de las olas pues no estaban muy alejados de la playa, recordó lo que le había dicho Yuuri sobre ver los fuegos artificiales y elevó la vista al cielo nocturno, por un momento se perdió contemplando las estrellas y con resignación aceptaba la obvia amistad del japonés. Sintió a su acompañante detenerse por lo cual bajó la vista, al hacerlo no dio credito a lo que estaba frente a él.
—Esto...— un mantel reposaba sobre el césped y sobre el había una pequeña cesta, parecía algo para un día de campo —¿qué es esto?—.
Yuuri, quien hasta ese momento no había dicho algo sonrió tímidamente y comenzó a estrujar una de las mangas del yukata —lamento no poder decirlo antes, pensé que sería mas fácil si te traía directamente aquí—.
—¿Qué sería mas fácil?— nuevamente sintió su cuerpo estremecerse, esta vez no había forma de que pensara con claridad.
—Yo... bueno, desde que he vivido en San Petersburgo he convivido mas contigo y siempre creí que simplemente admiraba tu talento, creía que por eso me era imposible no verte al practicar y que por eso me sentía de cierta forma al estar a tu lado... yo no sé en que momento comenzó todo... simplemente sucedió...— sus manos temblaban y sus mejillas estaban por completo rojas. —Yurio... creo que estoy enamorado de ti—.
Enamorado. Esa palabra que creía tan imposible ahora golpeaba con fuerza a su agitado corazón, no, tenia que ser una broma ¿cierto? el torpe Katsudon solo lo trataba bien por mera educación, o bueno, él siempre lo creyó así pero al verlo tan nervioso y a la vez con esa determinación bastaban para derrumbar su vaga justificación. ¿Estaba jugando con él? no, eso era imposible y lo sabía, ¿desde hacia cuanto ambos sentían lo mismo? ¿desde que momento él comenzó a rendirse sin saber que sería por completo correspondido?.
—Yo no espero que me correspondas... pero tampoco podía seguir ocultándolo...—.
—Eres un tonto...— murmuró Yurio irritado —acabas de confesarte y estas creyendo que ya has sido rechazado cuando no he dicho nada—.
—¿Uh?— Yuuri ladeó la cabeza —¿eso que significa?—.
—Vaya... si que eres torpe Katsudon— dijo riendo —pero no lo eres mas que yo... cuando menos tu te atreviste a decirlo, yo... yo solo me rendí y ¿quien lo diría? al final todo siempre fue correspondido—.
Hubo un silencio por varios segundos hasta que Yuuri finalmente se atrevió a hablar.
—Entonces... ¿ya te habías rendido?— preguntó como si le costara creerlo —¿nunca sospechaste que podía sentir algo?—.
—Siempre creí que tratabas de ser amable... incluso cuando me invitaste a venir creí que era por eso—.
—Ya veo... bueno, ya llevaba varias veces tratando de decirlo pero nunca encontraba como, un día se le comenté a Viktor y el me dió la idea, a decir verdad en un principio estaba inseguro de poder lograrlo pero vaya... míranos, estamos aquí y resultó mejor de lo que esperaba— sonrió aun nervioso.
—Así que hay que agradecerle al anciano ¿eh?—.
—Si, eso creo— .
Ambos que quedaron viendo y soltaron una risa al darse cuenta de lo gracioso que sería contar eso mas adelante.
—Entonces supongo que esto se considera una cita ¿no?— preguntó Yurio mientras se sentaba sobre el mantel —¿o acaso esa nerviosa confesión era todo?—.
—Yo... yo... tú...— comenzó a balbucear Yuuri completamente sonrojado haciendo que Yurio soltara una carcajada.
—Oh, vamos Katsudon, ¿no me digas que pese a todo crees que te rechacé?—.
—N-no es eso... es solo que no pensé que lo pudieras considerar una cita— dijo mientras se sentaba a su lado —quise hacer esto solo como una forma de juntar valor y poder decirte lo que siento... pero no me desagrada verlo como una cita, incluso me agrada, así que oficialmente será nuestra primera cita—.
La sonrisa de Yurio se borró y lentamente el sonrojo cubrió su rostro. —Eres un torpe Katsudon— balbuceó mientras se cubría sobre el pecho del japonés.
—Esta bien, pero seré tú torpe— contestó sonriente mientras lo abrazaba aprovechando su posición.
En ese momento los fuegos artificiales comenzaron con lo cual Yurio lentamente despegó su rostro y fijó su vista en el cielo, era un espectáculo hermoso pero no se le comparaba en nada a estar entre los brazos de Yuuri, hasta hacía unas horas creía que no había posibilidad en que el mayor pudiera fijarse en él y ahora ahí estaban, contemplando al cielo adornarse de llamativos colores y sabiendo que lo que ambos sentían era reciproco ¿suerte? no, lo que el tenia era mucho mas que eso y le alegraba que fuera solo suyo.
