Capitulo 2. Correo atrasado.

- Creo que tenemos correo. -gritó Jess al ver la montaña de cartas y ediciones de El Profeta acumulados encima de la cama de David. No habían pedido la cancelación temporal de la suscripción y las diligentes lechuzas habían seguido trayéndolo.

- ¿Y por qué están todos encima de mi cama? -protestó David mientras cogía el montón y lo trasladaba, no sin esfuerzo, encima de la mesa de estudio.

- Eres el lector de la casa y eso lo saben. -replicó Jess mientras se tumbaba en la cama.- David no hagas ruido que quiero dormir, ¿de acuerdo?

- Me pondré a leer toda esta montaña. -respondió. Jessica le sonrió antes de darle la espalda y cerrar los ojos. No iba a escuchar ni un ruido. Cuando David se enfrascaba en la lectura, se olvidaba de la realidad y era como si no hubiera nadie allí.

David se acercó a la mesa y separó las cartas a un lado y los periódicos a otro. Examinó rápidamente los remitentes y comprobó que una de ellas venia de La Madriguera y las otras dos eran de Hogwarts. Dejó en la mesilla de Jess la carta que iba dirigida a ella y no pudo evitar, al verla durmiendo tan relajada, depositar un beso en su mejilla. Sonriendo como un estúpido, regresó a su cama con las dos cartas en la mano y abrió primero la que procedía de los Weasley.

En lo primero que se fijo, fue que la carta no estaba escrita por la irregular y, a veces algo difícil de entender, letra de Ron; si no, por la pulcra y clara, prácticamente de maquina de escribir, letra de Hermione. Sorprendido por este hecho, comenzó a leer:

Hola David y Jessica:

¿Qué tal estáis parejita? Si os preguntáis a qué viene esto, ha sido culpa de los gemelos, creo que os vieron en algún momento de acaramelamiento y nos lo han contado a todos. Dicen que es su venganza por lo del Mapa del Merodeador. De todas formas, yo ya sospechaba algo...

- ¡Qué humilde! -pensó David.

- Oye, que si hubiera querido, podría haber sido más prepotente. -le recriminó Hermione mentalmente. David omitió comentar algo y siguió leyendo.

Estamos todos aquí en La Madriguera. Los padres de Ron nos invitaron a los Mundiales de Quidditch. No podríamos haberos llevado con vosotros aunque no hubierais planeado el viaje a Mallorca. El padre de Ron no pudo conseguir mas entradas.

A David le sorprendió leer esto. Ni se había acordado de que Harry y los demás iban a ir a ver los mundiales. Había leído un articulo en el periódico, al inicio de las vacaciones, en el que Fudge explicaba las medidas de seguridad que iba a tomar para tal evento. A partir de este momento, la letra cambiaba y pasaba a ser la de Harry.

¡Hola chicos! La final fue Irlanda-Bulgaria. ¡Ganó Irlanda por diez puntos! ¡170 a 160! ¡Pero Krum cogió la snitch! ¡Tenías que haber visto a los cazadores irlandeses! ¡Se leían el pensamiento! ¡Y Krum parecía que levitaba por el campo! ¡Te tengo que enseñar el amago de Wronski! ¡Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo recuerdo!

David sonrió al ver el entusiasmo de Harry por el quidditch, plasmado en estas líneas. De repente, la letra volvía a ser la de Hermione.

El partido estuvo muy bien... pero lo peor vino después. No se si lo habrás leído por El Profeta... fue horrible. Todos esos mortífagos (seguidores de el-que-no-debe-ser-nombrado) torturando y lanzando por los aires a los muggles. Tuvimos que huir al bosque. Alguien invocó la Marca Tenebrosa con la varita de Harry (se le había caído antes) y encontraron a Winky, la elfina domestica del señor Crouch (un jefazo del Ministerio) con ella. ¡El señor Crouch la libera! ¡Es intolerable! ¡Ella no pudo hacerlo! ¡Y encima va Crouch y dice que no pude tener a su servicio a una elfina que no le hace caso!

Otra interrupción en la carta y ahora la letra pasó a ser la de Ron.

Perdona a Hermione, creo que tiene un pequeño problema con su concepción de los elfos domésticos. Hermione y Harry se quedaran aquí durante el resto del verano, pero no se cuando iremos al Callejón Diagon. Si no coincidimos allí, nos veremos en el Expreso de Hogwarts. Espero que estéis todos bien.

Un gran abrazo de Harry, Ron y Hermione.

P.D: Cuando respondas, ni se te ocurra preguntar por Percy. Ha entrado a trabajar en el Ministerio y esta insoportable hablando de su jefe, el señor Crouch.

Una sonrisa apareció en la cara del metamorfomago y se ensanchó mas cuando volvió a leerla. Dobló la carta cuidadosamente, la introdujo en el sobre y la dejó en su mesilla. Echo mano a la carta de Hogwarts y la abrió con cuidado. Tras un rápido vistazo, comprobó que había pocos cambios en los libros. El libro de hechizos de cuarto curso y el de Defensa contra las Artes Oscuras eran las únicas novedades. Sin embargo, había una novedad grande en el apartado de vestimenta. Una capa de gala.

- ¿Una capa de gala? -preguntó David a Hermione.

- Este año es el Trofeo de los Tres Magos y hay una fiesta de gala de Navidad. -respondió la mujer en su cabeza.- Para eso es la capa de gala.

- Tengo que revisar el libro de este año. -concluyó David.

En vez de empezar con eso, cogió la gran montaña de periódicos y empezó a revisarlos. No había nada interesante. Muchos comentarios sobre la organización del Mundial, muchas declaraciones del ministro, noticias varias... En uno de los últimos ejemplares, una pequeña noticia en una esquina provocó una expresión de desesperación en Hermione.

Continua desaparecida Bertha Jorkins.

La empleada del Departamento de Juegos y Deportes Mágicos, Bertha Jorkins, continua desaparecida. La maga, cuya ultima referencia conocida es haber abandonado Londres en dirección a Albania donde reside su familia, debería de haber regresado hace dos semanas. Su jefe directo, Ludo Bagman, ha declinado hacer ninguna declaración a este periódico.

- Pobre Bertha. -dijo Hermione compungida.

- ¿Qué la va a pasar? -preguntó David.

- Léete el libro. -respondió Hermione.

David bajó todos los periódicos a la planta de abajo y los dejó encima de la mesa de salón, por si sus padres los quisieran leer. Ambos demostraban un gran interés por comprender ese mundo al que sus dos hijos pertenecían y, muchas veces, preguntaban tanto a David como a Jessica cosas sobre la magia. El metamorfomago quería tener 17 años para poder usar magia legalmente y así, poder demostrar en la práctica, toda la teoría que les contaba. Se encontró con sus padres en la cocina, tomándose un café mientras hablaban.

- Hola cielo. -dijo Tamara dándole un beso.

- Hola mamá. -dijo abrazándola con fuerza.

- ¿Qué tal chavalote? -le saludó su padre. David se limitó a darle un golpe en la espalda.

- Mamá, ¿cuándo vamos a ir al Callejón Diagon? -preguntó.

- Pues tenemos que ir este fin de semana. El viernes que viene empezáis el curso en Hogwarts. -respondió su padre.

- ¿Tu James? ¿Preocupado por las compras del colegio? -preguntó Tamara alzando las cejas. James hizo una mueca de dolor y, teatralmente, se llevó la mano al corazón.

- Me hieres más de lo que puedo expresar, cielo. No creo que me mffhngg -Tamara calló a su marido, cerrándole la boca con una ensaimada.

- Iremos mañana mismo. -afirmó Tamara dándole un sorbo a su taza de café.

David salió de la cocina y subió a su habitación. Jess seguía durmiendo con el rostro hacia la puerta. Era la viva imagen de la calma y la tranquilidad. El metamorfomago cerró la puerta para evitar que las voces de sus padres llegaran a la habitación y pudieran despertarla. Pasó como un fantasma por delante de su cama y se tumbó en la suya, con la clara intención de revisar el libro que hablaba sobre este cuarto año, que estaba apunto de empezar.

- Hermione, ¿has leído el cuarto libro? -preguntó David.

- Si, David. Lo he hecho. -respondió la chica.

- ¿Qué puedes decirme?

- Mejor que lo revises tu y después lo hablamos. -contestó ella, antes de desaparecer en su cabeza. David comenzó a revisar el libro con precaución, pero sin centrarse en excesivos detalles.

La confirmación de que la rata ha conseguido encontrar a Voldemort y darle algo parecido a un cuerpo con el que hacer magia; la muerte de Frank Bryce; la revelación de que tiene un súbdito en Hogwarts que le va a ayudar a conseguir a Harry; la muerte de Bertha...

- Pobre Bertha. Pobre Frank. -susurró David.

El Torneo de los Tres Magos; el Baile de Navidad; las tres pruebas; Dobby y Winky en Hogwarts; la cabezonería de Ron y de Harry; la muerte de Cedric; la revelación del falso Moody; la vuelta de Voldemort.

- ¡Por favor! -pensó con lágrimas en los ojos.- ¡Qué año mas horrible!

- Y lo peor es que no puedes hacer nada para evitar esos sucesos. -apuntó Hermione con la voz entrecortada.

- ¿Cómo que no puedo hacer nada? -preguntó David.- Si acuso al falso Moody, Voldemort nunca cogerá a Harry y no podrá recuperar su cuerpo.

- No David. No puedes cambiar eso, Voldemort debe tomar la sangre de Harry. Es fundamental. -el metamorfomago intentó preguntar pero Hermione le interrumpió con más información.- David, me he leído todos los libros tantas veces que he perdido la cuenta. Si impides los sucesos de este año, puedes provocar que, la posibilidad de cambiar la historia que tú y el conocimiento que tienes representa, se esfume. Hazme caso. Revisa los libros. No cambies nada.

En ese momento, Jess se despertó y vio a David llorando silenciosamente. La chica se quedó paralizada un momento, haciendo memoria, buscando la causa de aquello. No sabía a que se podía deber.

- David, ¿por qué lloras? -preguntó Jess incorporándose en su cama. El chico, sorprendido, giró la cabeza al escuchar la voz de la chica.

- Hola sihaya. ¿Has dormido bien? -dijo mientras se secaba rápidamente las lágrimas. Un gesto inútil, ya que ella ya las había visto. David vio como se acercaba y le abrazaba.

- ¿Qué te pasa? -insistió ella.

- Nada sihaya. -respondió mirándola con cariño.- Sólo me lloran los ojos.

- ¿De verdad? -insistió la chica. David evitó la mirada la chica. Sabía que si se enfrentaba a esos ojos, iba a ser mucho más complicado continuar mintiéndola.

- En serio, debe ser el polvo de la habitación. -respondió David frotándose los ojos y tosiendo para hacer la excusa más creíble. Jessica le besó en la mejilla y sonrió.

David se levantó de la cama y alzó un cuarto la persiana de la habitación, para dejar que entrara más claridad. La luz del sol perforó las sombras, creando remolinos de partículas en suspensión. David cogió el sobre enviado por el trio dorado de la mesilla y se lo dio a Jess.

- ¿Qué es? -preguntó la chica dándole la vuelta al sobre y sacando la carta.

- Una carta de Harry, Ron y Hermione. Están en la Madriguera. -respondió David, suspirando de alivio cuando vio que Jess se concentraba en la carta. Había superado otro momento de peligro. La quemazón de la conciencia le atravesó el corazón en cuanto pensó aquello. No le quedaba más remedio que dejar que terminara ese dolor y curar esa nueva herida. ¡Las qué le quedaban por sufrir!

- Merecerá la pena, David. -le dijo Hermione para consolarle.- Merecerá la pena.

- Eso espero. -pensó bajo de fuerzas.

- ¡¿Qué saben lo nuestro?! -exclamó Jess sorprendida.

- Nos cazaron los gemelos. -dijo David riéndose por la reacción de Jess.

- Te dije que la biblioteca no era un sitio seguro. -le recriminó Jess con el ceño fruncido. David sólo sonrió pillamente. Recordó con cariño esos momentos de intimidad, esos besos robados entre las estanterías. Conociendo las habilidades de los gemelos, no le sorprendía que hubieran sido descubiertos.

- ¡Cómo se nota que a Harry le gusta el quidditch! -exclamó la chica con una gran sonrisa.- ¿Cuándo vamos a ir al Callejón Diagon? -preguntó en cuanto acabo de leer la carta.

- Me ha dicho mi madre que mañana mismo -respondió.- Por cierto, tienes tu carta de Hogwarts ahí. -indicó señalándole la mesilla donde la había dejado.

Jess la cogió rápidamente y la leyó con interés. El metamorfomago se fijó en que, mientras la leía, alzó las cejas en dos ocasiones.

- ¿Vestido elegante? -preguntó la chica.

-¿Sí? A los chicos nos indican capa de gala. -dijo David acercándole su carta.- Parece ser que algo gordo va a pasar en Hogwarts.

- A ti sólo te cambia el libro de Encantamientos y de DCAO -apuntó Jess pasando el dedo por la lista del material que indicaba la carta.

- ¿Cuántos te cambian? -preguntó el.

- Aparte de esos dos, el de Aritmancia. -respondió.

Como si tuvieran telepatía, David y Jess se dirigieron a sus respectivos baúles y los vaciaron completamente; revisando todo el contenido y separando aquellas cosas que eran útiles, de aquellas que entraban perfectamente en la definición de basura.

- ¡Madre mía! -exclamó David.

- ¿Qué has encontrado? -preguntó Jess mirándole. David sacó un dedo del baúl y pudo ver que estaba cubierto de una capa de restos de forma y color indefinidos.- ¡Qué asco!

Jess observó como David salía de la habitación y bajaba al salón, preguntando a su madre con que podría limpiar el baúl. Escuchó con interés los dos pares de pasos que subían por las escaleras y a David entrando en la habitación acompañado de su madre.

- A ver... -dice Tamara.- Enséñame ese baúl. -Tamara pone cara de incredulidad al ver la capa de suciedad incrustada en el fondo.- ¿No lo has limpiado desde que entraste en Hogwarts? -preguntó.- Jess ocultó su rostro con su melena, para que ninguno de los dos vieran sus intentos por no reírse.

Tamara salió de la habitación y bajó a la planta de abajo. Jess la escuchó hablar con James y sonidos como cajas arrastrándose, objetos rozándose unos con otros y cayendo al suelo. Tras unos minutos de ruido continuado, Tamara apareció por la puerta con dos cubos.

- Toma, para que lo llenes de agua caliente. -dijo Tamara mientras dejaba uno de ellos al lado de David. Situó el otro cubo entre ambos chicos y empezó a sacar cosas de ahí. Un par de esponjas, un bote de amoniaco y un objeto metálico parecido a una espátula, que puso encima de la cama del metamorfomago. - Vete a llenar el cubo.

David cogió el cubo con cara de sorpresa y se dirigió hacia el baño con cierta sombra de miedo en su cara.

- Quédate con esto, Jessica. -la dijo con una sonrisa maliciosa.- Cuando viváis juntos, ya sabes como meterle en cintura. -Jess se rio durante unos segundos, hasta que se dio cuenta de lo que significaba la ultima frase. Miró a Tamara sorprendida y esta se acercó para darla un abrazo. -Si pequeña, sé lo vuestro. -Jess tembló levemente sin un motivo concreto. - Tranquila Jessica, -dijo sonriendo ampliamente.- no se me ocurre nadie mejor que tú, para David. Sólo te pido una cosa, cuídale. Te va a necesitar.

Jess afirmó con la cabeza y, con las lágrimas asomándose por sus ojos, se abalanzó sobre Tamara y devolvió con fuerza el abrazo. Cuando sus ojos se encontraron, cada una pudo verse reflejada en la otra.

- ¡Qué escena tan tierna! -dijo David desde la puerta sujetando con las dos manos, el cubo que humeaba. Las dos mujeres le miraron fijamente, lo que provocó que bajara la cabeza y depositara con cuidado el cubo en el suelo. Tamara cogió el bote de amoníaco y echó una pequeña cantidad en él.

- Ya lo tienes todo preparado. Primero, tienes quitar la capa de suciedad del fondo con la espátula, y después lavar el interior del baúl con el agua con amoníaco. ¿Entendido? -David se cuadró e hizo un saludo militar. -¡Qué tonto eres! -dijo mientras le revolvía el pelo.

Tras veinte minutos de limpieza exhaustiva, David se tumbó en el suelo con los brazos y las rodillas doloridas. El resultado era espectacular. El interior del baúl, brillante por la humedad, parecía recién comprado.

- Nos ha quedado bien, ¿verdad? -dijo Jess tumbándose a su lado.

- ¿Sabes que, sihaya? -la preguntó mirándola a los ojos.

- Dime. -respondió ella con gesto de concentración.

- Pues que... no vuelvo a esperar otros cuatro años para volver a limpiar el baúl. -David empezó a reírse al ver la cara de incredulidad de Jess.

- Eres increíblemente tonto. -dijo Jess dándole un golpe en el hombro. David se limitó a alzar los hombros con una sonrisa traviesa.

El Callejón Diagon era una palpitante serpiente, que brillaba y se retorcía con los pasos de todos aquellos que recorrían sus múltiples tiendas. El bullicio provocaba sensaciones cambiantes en David. Le encantaba la vitalidad que desprendía pero esta misma sensación, terminaba provocándole dolor de cabeza. Acababan de salir de Gringotts, tras sacar dinero de las cámaras.

Mientras andaban entre las tiendas, James sacó una lista de compras donde estaba apuntado todo.

- ¿Dónde vamos primero? -preguntó James a su mujer pasándole la hoja. Tamara la cogió y echándole un vistazo rápido, señalo a una de las líneas de la lista.

- Chicos, vamos primero a renovar las túnicas para el colegio. ¿Dónde esta Madame Malkin? -David y Jess avanzaron hacia la derecha y se pararon frente a la tienda de túnicas. Tras un instante, que Tamara y James aprovecharon para examinar el escaparate, los cuatro entraron en la tienda.

Madame Malkin estaba ocupada al fondo de la tienda con otro alumno, que ni David ni Jess reconocieron. Una de sus ayudantes, salió de la parte de atrás de la tienda y se acercó a ellos.

- Buenos días, bienvenidos a Madame Malkin. ¿En qué puedo ayudaros?

- Buenos días. Ellos dos necesitan túnicas nuevas para Hogwarts. -dijo Tamara.- Además, David necesita una capa de gala y Jessica un vestido, también para el colegio. -la ayudante sonrió misteriosamente y afirmó con la cabeza.

- Síganme por aquí. -dijo amablemente, mientras se dirigía hacia la parte derecha de la tienda. Pasaron por delante de un biombo separatorio y llegaron a la zona de las túnicas de Hogwarts.

- Pónganse ahí. -pidió la ayudante a David y a Jess. Los dos chicos se situaron delante de un gran espejo. Una línea dorada escaneó ambos reflejos en el espejo y dijo con voz neutra:

- Varón, 14 años. 1,65 metros. Mujer, 14 años. 1,61 metros.

- ¡Qué espejo mas útil! -exclamó Tamara después de recuperarse de la impresión.

Un par de túnicas volaron de sus perchas y se quedaron levitando frente a ellos. David y Jess las cogieron y se las probaron. A ella le quedaba con un guante, pero a David le sobraba tela por las mangas.

- Podemos ajustárselo en un momento. -comentó la ayudante, doblando y marcando con un giro de la varita, la tela sobrante.- Levantad los brazos, por favor. -con otro movimiento de varita, las túnicas salieron de ambos cuerpos y la de Jessica se dobló cuidadosamente antes de introducirse en una bolsa. La ayudante cogió la túnica de David y la llevó a la parte de atrás de la tienda.

- Estará lista en 10 minutos. -dijo cuando regreso a ellos.- Mientras tanto, podemos mirar las capas de gala y los vestidos.

Fueron detrás de la ayudante hacia otra parte de la tienda mucho más escondida. Al pasar el umbral de la puerta, las luces se encendieron solas dejando a la vista un enorme vestidor lleno de vestidos. De repente, David sintió la mano de su padre en el hombro y alzó la cabeza para mirarle.

- Hijo, este es el momento en el que nosotros ahuecamos el ala. Esto se puede alargar durante mucho tiempo. Tiempo para que nosotros vayamos a buscar tu capa.

David y James salieron de la zona de vestidos de Madame Malkin, mientras Jess se probaba el primero de los muchos que, James suponía correctamente, iban a pasar por delante de los brazos de ambas mujeres. Esquivando a los diferentes alumnos y padres, buscaron a otro ayudante para que les guiara y les aconsejara.

- Perdona, ¿podrías ayudarnos? -preguntó a un ayudante que estaba colocando ropa a golpe de varita.

- Por supuesto señor. -respondió el chico dándose la vuelta. -¿Qué desea?

- Tenemos que comprar una capa de gala para mi hijo y nos gustaría ver posibles modelos. -respondió James.

- Por supuesto. Por aquí, por favor. -James y David siguieron al ayudante, pasando por delante de la zona de vestidos, donde Tamara negaba con la cabeza.

Entraron en otra zona llena de capas de gala que se alzaban elegantemente sobre sus perchas. El ayudante pidió a David que diera un paso hacia delante y comenzó a dar vueltas alrededor de él, analizando cada detalle del metamorfomago. Tras asentir levemente, apuntó con su varita hacia la ingente colección de capas y, con un leve movimiento descendente, hizo que algunas sobresalieran de la uniformidad.

- Después de analizar las características de su hijo, están son las más adecuadas para él. -David miró con curiosidad las aproximadamente dos docenas de capas que flotaban frente a él. Todas eran azules oscuras, grises o negras.

David descartó las grises directamente, era un color que no le decía nada, un quiero y no puedo. Se centró en aquellas de corte más sencillo, sin filigranas extrañas. Tras unos minutos de reflexión y comparación con la ayuda de James, las opciones se redujeron a dos capas. Las dos eran del mismo estilo; sólo se diferenciaban en que una era de color azul lapislázuli y la otra negra. Su padre se acercó a él y cogió las dos capas colocándolas en su brazo derecho.

- David, atento a la lección que te voy a enseñar ahora. -dijo su padre agarrándole por los hombros y mirándole con ojos divertidos.- Como veo que has heredado de mi, tu ignorancia y desapego respecto a la ropa, escúchame con atención: Nuestro trabajo ha terminado, David. La ultima elección la debe hacer tu madre con la inestimable colaboración de Jessica. Hazme caso, las mujeres tienen un toque especial con estas cosas.

David miró sorprendido a su padre, el cual afirmó con un gesto pretendidamente serio, que no consiguió engañar al metamorfomago. Riéndose los dos, dejaron al ayudante colocando el resto de capas usadas. Regresaron con ciertas dificultades, debido a la creciente cantidad de gente, a la parte donde Jessica y Tamara estaban eligiendo el vestido.

- ¡¿Dónde estabais?! -se quejó Tamara acercandose amenazadoramente hacia su marido.- ¡Ya hemos elegido el vestido!

- Nosotros hemos elegido dos posibles capas. -se defendió James.

- ¿Sí? -preguntó sorprendida Tamara.- Enséñamelas. -James le entregó la primera con sumo cuidado. Tamara la cogió y tras un par de giros a la prenda y muchas miradas valorativas, se la devolvió a James; que, inmediatamente, le entregó la otra, siendo sometida al mismo exhaustivo análisis. Tamara anunció su veredicto:

- Me gusta más la azul lapislázuli.

De repente, la cabeza de Jessica salió de detrás de una cortina.

- Tamara, ¿puedo salir ya? -preguntó. Cuando vio todos los que estaban allí, se escondió azorada. Tamara se acercó hasta ella con una sonrisa tranquilizadora y desapareció detrás de la cortina. David y James se miraron expectantes.

Tamara salió de detrás de la cortina, sonriendo aun más ampliamente y dijo:

- Jessica, ¿puedes salir para qué te veamos? -la chica salió de detrás de la cortina. En ese momento, a David le pareció que una estrella acababa de caer en la tienda e iluminaba todo a su alrededor.

Su sihaya llevaba puesto un vestido morado con un escote estilo Halter. El color realzaba el brillo de sus ojos. Caía hasta cubrirla enteramente las piernas. Mientras tanto, Tamara y James sonreían orgullosos de la mujer que se alzaba frente a ellos y movían la cabeza afirmativamente. David se había quedado obnubilado ante la esplendida e increíble visión que tenia delante. Sin que ninguno de los dos se dieran cuenta, Tamara y James abandonaron sigilosamente la habitación, emocionados al ver la mirada de admiración y amor que reflejaban los ojos de su hijo.

- ¿Te gusta David? -preguntó tímidamente Jessica dando una vuelta completa. El chico tragó saliva, incapaz de decir nada, temeroso de que sus palabras pudieran romper este momento mágico.

- ¡Guau! -exclamó alguien detrás de él. David despertó de su ensoñación y se giró para ver la boca abierta de Terry Boot.- Jess, ¡estás espectacular!

- Gracias. -dijo Jessica, sintiéndose algo mas cómoda con el halago del Ravenclaw.

- Bueno David, te dejo con ella. -dijo guiñándole un ojo.- Aún me queda mucho que comprar.

Y tal como había aparecido, Terry Boot desapareció, dejando a David perplejo y a Jess riéndose con ganas de la cara del metamorfomago.

- Eh... ahhh... ¿qué ha pasado? -preguntó David desconcertado. Jess se acercó a él y le besó, haciendo que el chico sólo se centrara en ella.

- Y bien, ¿me respondes ahora? -preguntó Jess alzando las cejas.- ¿Cómo me ves? -David se separó de ella unos segundos y la miró de arriba a abajo.

- Preciosa, sihaya, preciosa.

Comentarios.

Hola a todos. Mas capítulos por aquí, jajaja. Agradecimientos vaan.

- A Kristy SR por seguir y añadir a favoritos el fic.

- A RochiiR.C.R por añadirlo a favoritos.

- A -Potter por añadirlo a favoritos.

- A carlypotter por su review y por añadirlo a favoritos.

- A javi815 por su review.

Un bratzo a todos, xotug.