Esto es la guerra

Lily estaba tranquilamente hablando con un Huflepuff de su curso, cuando un celoso moreno los interrumpió.

—Cuidado con lo que haces con mi chica, Scott.

—¿Tu chica? Potter me estás hartando…

—No te hagas la estrecha, amor mío.

—Cabronazo, yo no soy una estrecha…

—Así lo serás menos—cogió su varita que por culpa de sus prietos pantalones tenía que llevar en la mano, la apuntó con ella y antes de que la pelirroja pudiera sacar la suya para defenderse, él hechizó su falda para que encogiera hasta tan solo un palmo y medio por debajo de las caderas y aumento su escote. Con lo que no contaba era que lo que iba a ver iba a maravillarlo tanto así que se quedó mirando embobado su cuerpo.

—¡Potter, asqueroso, esto es la guerra!— y tras mirarlo con cara de asco, se dirigió iracunda a su compartimento mientras un gratamente sorprendido Ed Scott y un boquiabierto y preocupado James se quedaban mirándola.

El expreso de Hogwarts llego a su destino unos minutos después y los emocionados y hambrientos estudiantes salieron apresuradamente para dirigirse a los carruajes que un año más los conducirían al castillo.

Sin embargo, no todos se apresuraron tanto, ya que tres chicas, vengativas y enfadadas, dejaron a sus compañeros pasar para comenzar la primera fase del plan.

Todos los alumnos estaban disfrutando un año más de los suculentos manjares que los elfos de Hogwarts preparaban con tanta ansia… Todos menos uno, James Potter, que miraba preocupado a la otra parte de la mesa.

—Jimmy, querido ¿Qué te pasa? No has probado bocado. ¿Quieres ponerte en forma para entrar en el equipo de Quidditch?— (obviamente) dijo el mayor de los hermanos Black.

—Necio, soy el capitán.

—No te me sulfures, Jimmy.

—Sabes que odio que me llames así.

—Perdona, Jammychín.

—Perdonado Orioncín.

—Shhhh, sabes que así solo me llama mi madre.

—Y sabes que así solo me llama la mía.

—¿En paz?

—En paz.

—Bueno, a lo que iba, ¿se puede saber qué te pasa?

—Pues que estoy preocupado por Lily… Tiene la sonrisa nº6—sus amigos se miraron entre sí preocupados por la salud mental de su amigo— ¡Merlín! No os miréis así. ¿Nunca os dije que Lily tiene 6 sonrisas? —sus amigos negaron con la cabeza lenta y extrañadamente—Pues sí. La nº 1 es cuando está contenta… la 2 es cuando se ríe… la 3 es la que pone cuando algo le sale bien… la 4 es la falsa… la 5 es la triste y la peor de todas, la última es la de la venganza—hubo un breve silencio en el que los otros intentaron asimilar lo que decía. Tras decidir que era bastante poco probable que James se drogara demasiado, Sirius habló:

—Bueno, omitiendo lo de las sonrisas que es, cuanto menos, curioso… ¿por qué iba a querer la pelirroja vengarse de nosotros?

—Pues primero porque somos nosotros y nos odia y segundo porque me dijo "Potter, asqueroso, esto es la guerra"—citó a la pelirroja imitando su voz.

—¿Qué hiciste ya, Potter?—preguntó Remus enfadado.

—¿Yo? Nada, Lilyta que es un poquito neurótica.

—James, Lily es prefecta y premio anual… no creo que su mayor diversión y preocupación sea ir enfadándose así porque sí con la gente.

—Bueno, yo también soy premio anual y me encanta mi trabajo.

—¿Tu trabajo?

—Sí, mi incesable trabajo como miembro honorífico de los Merodeadores.

—Potter, deja las drogas—dijo Remus burlándose de él, mientras volvía a dirigir su atención a su plato de comida.

Minutos después, tras el discurso de Dumbledore, los alumnos, cansados y ansiando de veras sus camas, se dirigían a sus salas comunes cuando una imponente voz detuvo a cuatro de ellos.

—Potter, Black, Lupin y Pettegrew, acompáñenme, por favor.

—¿YA? Ni siquiera pisamos nuestras habitaciones y ya estamos castigados… Este año se ha superado, profesora—protestó Sirius.

—Esta vez no es por algo que haya hecho ustedes. Es por algo que sufren ustedes.

—¿Quién ha contado lo de mis hemorroides?—preguntó a voz de grito Peter. La profesora McGonagall lo miró extrañada y continuó como si nada.

—Acompáñenme y lo verán. Es por algo relacionado con sus baúles…

—¿Con nuestros baúles, profesora?—preguntó un educado y curioso Remus.

—Sí, ya lo verán, no se impacienten.

La profesora los condujo hasta la salida, y una vez allí se encaminó al lago.

—¿Por qué vamos al lago, profesora?—preguntó James, curioso.

—Bueno, verán, suponemos que fue una broma de Peeves, pero lo cierto es que sus baúles han aparecido inmersos en el lago…

—¡¿En el lago?—gritaron los chicos.

—Sí, como ya les he dicho, suponemos que es una broma de Peeves, pero descuiden, lo solucionaremos.

—¿Peeves…? Lo dudo—susurró James molesto.

—¿Perdón, señor Potter?

—Nada, profesora, solo cantaba.

—¿Le parece el momento oportuno?—Sin embargo no le dio tiempo a contestar porque ya habían llegado al lago. Lo que vieron los dejó sorprendidos a la vez que enfadados. Sus baúles estaban totalmente empapados en una curiosa formación. Una M tachada.

Suponían de quien había sido la "ingeniosa" idea. Al fin y al cabo, la marca de los merodeadores para cualquier travesura que hacían, era una M y solo había tres personas capaces de atreverse a usarla. ¡Y además la habían tachado! Ya era bastante osadía meterse con los merodeadores pero… meterse con la marca de sus travesuras… Esta la iban a pagar...