Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Una estrella en nuestras vidas
Capítulo 2
POV EDWARD
Tres meses se habían pasado desde que Bella entró en mi vida y en la de mi hija, muchas cosas sucedieron en esos meses, ella ya estaba trabajando en la misma escuela que su amiga Ángela, y estaba muy contenta con el puesto y con sus alumnos, en este tiempo también forjamos una bella amistad, Amy la idolatraba, sus ojos verdes brillaban de emoción cada vez que la mencionaba y eso al mismo tiempo que me emocionaba, me preocupaba.
Desde el primer momento en que vi a Bella la miré como cualquier otro hombre lo haría, era una mujer hermosa, del tipo rellena, algunos quizá la llamarían gorda, pero a mis ojos ella era perfecta tal y como estaba, con sus kilos a más y generosas curvas en los lugares correctos, un hermoso y largo pelo caoba y grandes ojos chocolates, siempre tan feliz y segura de sí misma, su caminar altivo hacía que más de una cabeza se volviera para mirarla y ella ni siquiera se daba cuenta, todo su ser me deslumbraba, no era solamente su cuerpo que me atraía, un cuerpo no es nada sin el alma que en él habita, y qué alma hermosa habita en el suyo, un alma que hacía sus ojos brillaren cada vez que Amy se le acercaba con una florcita, un alma que se compadecía por el sufrimiento ajeno, a punto de que se le nublara los ojos al ver a un anciano sin techo, sucio y con ropas llenas de agujeros en el parque.
Bella pasó a reunirse con Amy y yo no solamente en mi casa para que comiéramos las sobras de sus comidas, empezamos a salir los tres juntos, la invitación sin duda salió de la boca de mi hija, a veces era bueno tener una pequeña habladora y para nada tímida en casa, ella me facilitaba la convivencia con Bella y nos proporcionaba momentos juntos cuando a mí me faltaba el coraje para invitarla. Fue caminando en uno de nuestros paseos por el parque que encontramos al anciano sin techo, él estaba sentado en un banco sin que nadie se le acercara, miraba con anhelo al carrito de hot dog al otro lado del parque mientras contaba algunas monedas en su mano, Amy estaba jugando en los columpios, Bella estaba sentada a mi lado observándola, cuando le hablé y ella no me contestó, aparté los ojos de mi pequeña y la miré, ella miraba al anciano que yo hasta aquel momento siquiera me había dado cuenta de que estaba allí, sus ojos estaban empañados y un suspiro trémulo se escapó de entre sus labios.
— ¿Bella?
— Voy a compra un perrito caliente, ¿quieres? — Habló rápidamente, poniéndose de pie.
— No, gracias.
Ella compró el perrito y enseguida caminó en dirección al banco donde estaba el anciano, se sentó a su lado, le habló un rato y él hombre le contestó algo anonadado, ella le entregó el bocadillo y él le sonrió, el rostro demacrado, arrugado, con una gran barba gris, resplandeciendo ante el detalle de Bella, allí supe que la gratitud ni siempre necesitaba palabras para ser expresada y allí aprendí mucho más de Bella de lo que llevaba haciendo desde poco más de un mes de convivencia. Amy, al ver que yo estaba solo en el banco, dejó de columpiarse y se acercó buscando a su amiga, juntos vimos toda la interacción de Bella con el hombre y yo le expliqué la situación, desde entonces siempre antes de irnos al parque ella separaba algo para llevar al señor, ella aprendió una hermosa lección observando a Bella, los hechos como siempre valen más que las palabras, ¿de qué sirve que yo le enseñe a mi hija a ser bondadosa, a sentir empatía por el dolor ajeno, cuando ella no me ve hacerlo? Con una actitud tan sencilla, Bella me hizo abrir los ojos y dejar de ver normalidad donde no la existía. En el cotidiano nos acostumbramos a ver escenas de pobreza, malos tratos y con el tiempo parece que nuestros ojos ya no las asimilan, seguimos con nuestra vida como si nada malo estuviera pasando justo a nuestro lado.
Desde este primer contacto con el anciano, siempre que íbamos al parque todos llevábamos algo para él, al principio el señor parecía asustado al ver a un hombre y una niña además de Bella acercándose a él, pero Amy lo ganó con pocas palabras, siempre éramos recibidos con alegría, sus ojos brillaban cada vez que nos veía, charlábamos con él y le entregábamos nuestras donaciones, comida, ropas, material de higiene, pero lo que de verdad parecía conmoverlo era la atención que estaba recibiendo, alguien se había detenido un rato para hablar con él y preguntarle si estaba bien, si necesitaba algo en especial, alguien se había acordado de que él era un ser humano y cuando nos despedíamos, tras algunos minutos de conversa, él siempre nos agradecía con los ojos nublados y nos deseaba una vida feliz y bendecida. Se llamaba George, era viudo y vivía en las calles desde que perdió su empleo y su casa con la crisis económica que llevó a muchos americanos como él a vivir en las calles, pensó que sería una situación temporal, pero el tiempo fue pasando y él seguía en las calles, él y su esposa fallecida tuvieron un único hijo que murió a los 18 años víctima de un atraco, el ladrón insatisfecho porque él no tenía nada de valor le sacó la vida al chico con un tiro en el medio de su pecho. Tras oír la increíble historia de vida de George percibí que no solamente las drogas o la violencia lleva uno a tener como único techo el cielo sobre sus cabezas, no podíamos ayudar a todos, pero al menos haríamos algo por quien estaba cerca de nosotros, Bella y yo ya estábamos pensando en una manera de ayudar a George a tener una vida más digna.
Así en el contacto casi a diario que Amy y yo establecimos con Bella, aprendí que ella era una mujer llena de facetas, inteligente, dulce, bondadosa, intrigante, sexy sin intención de serlo, pero pese a todas esas cualidades, la gente muchas veces no la miraba más allá de su cuerpo relleno, cierto día estaba dejando la basura fuera de casa cuando escuché la conversación de dos hermanos, de 16 y 18 años, que vivían algunas casas después de las nuestras, ellos estaban caminando en la acera delante de la casa de Bella:
— ¿Ya viste a la nueva vecina? — Preguntó uno de los muchachos, señalando la casa al lado de la mía:
— ¿La chica gorda? — Cuestionó el mayor.
— Sí. Tiene el rostro tan hermoso, lástima que sea gorda — contestó el hermano menor.
— Si estuviera necesitado me la tiraba, sin duda debe de estar loca por un hombre, muy pocos se acercan a las gordas — dijo el chico mayor, ambos se rieron.
— Hombre, ni que estuviera necesitado, te aplastaría entre sus muslos. — Contestó el otro y con eso fue suficiente para mí.
— ¿Ustedes no tienen vergüenza de hablar así sobre una mujer? Conozco a la madre de los dos y por lo que sé tienen dos hermanas, deberían saber que una mujer no es solamente cuerpo donde un hombre busca placer, y ambos no saben nada de la vida si creen que el placer se encuentra al estar con alguien con el cuerpo de la moda, debajo de toda piel sea ella delgada, gorda o discapacitada hay un ser humano con sentimientos y que puede regalar experiencias emocionales y físicas increíbles a cualquiera, pero si los dos siguen teniendo en cuenta esos valores tan superficiales, jamás sabrán lo que es eso, ya que ninguna chica de valor se les acercará, éstas están reservadas para los hombres de verdad. Qué no les oiga decir una palabra más acerca de la señorita Swan, la señora Jones no estará nada feliz en saber que sus hijos no saben respetar a las mujeres — amenacé.
Ambos muchachos me miraban con los ojos en blanco paralizados en su sitio.
— Lo sentimos, señor Cullen, no volverá a suceder — contestó el chico mayor, que se recompuso primero y salió tirando del brazo de su hermano a toda prisa alejándose de mí.
Oír aquellos chicos hablando de Bella de una manera tan despreciativa me revolvió las entrañas y si no fuera un hombre tan centrado habría hecho más que simplemente regañarlos, pero esta era la diferencia entre ellos y yo, los chicos no tenían madurez para ver las cosas que yo veía en Bella, cuanto más la conocía más ganas sentía de estar junto a ella, de compartir charlas, momentos de risas y de entrega física, por supuesto, pero dada mi condición de papá soltero intenté dejar todos mis anhelos a un lado, pues no podría involucrarme con alguien tan cercano a mi hija, sabiendo que todo lo que sucediese entre nosotros la afectaría de alguna manera, así que me convencí a no intentar nada con Bella en el plan amoroso y seguir como estábamos, en el plan de amigos, sin embargo, a cada día se me hacía más difícil cumplir con mi resolución, su presencia nos llenaba de alegría, su cariño y paciencia para con Amy era más de lo que yo podría soñar encontrar en alguna mujer algún día. Mis muros se iban derrumbando a cada día y tres meses después de conocerla debía reconocer que estaba incondicionalmente e irrevocablemente enamorado de Isabella Swan.
Estaba metido en un gran problema, ¿qué podría esperar yo de ella? Tenía tan sólo 23 años, cómo una chica, linda y joven iba a querer relacionarse con un hombre nueve años mayor y por encima padre soltero. Amy tendría que ser llevada en consideración en cualquier relación que yo decidiera empezar, no podría meter a alguien en su vida para después quitarla, cualquier mujer que se involucrara conmigo en plan serio se estaría involucrando con Amy y debería saber que esta relación empezaba con vistas al futuro, yo tenía que estar muy seguro de mis sentimientos y ella de los suyos, porque lo nuestro conllevaría a mucho más que una relación, antes de mi felicidad siempre estaría la de mi niña, su corazón que tanto anhela una madre podría ser roto si yo no actuaba con sabiduría al relacionarme con una mujer.
Alice, mi intuitiva hermana, se enamoró de Bella así que la conoció, y no cansa de repetirme que debía hablar con ella sobre la posibilidad de un nosotros, pues, según ella, basta con mirar a Bella para saber que está enamorada de mí y de mi estrellita, que yo no debía de preocuparme porque Bella era una chica muy madura para su edad y que la estoy juzgando al pensar que a todas mujeres jóvenes les gusta estar con un hombre que les permita citas a menudo, fiestas y viajes, cosas que me serían imposibles proporcionarle de igual manera como lo haría un hombre soltero sin grandes responsabilidades.
Ante mi recelo de intentar acercarme a Bella como un hombre y no tan sólo como un vecino y amigo, terminé por recibir la ayuda del destino y de pronto por miedo de perderla simplemente actué. Era un viernes por la tarde, estaba en mi día libre, así que recogí a Amy temprano en la escuela, ella quería preparar galletas con chispas de chocolate para Bella y fue lo que hicimos siguiendo una receta de mi madre. A las cinco teníamos a un recipiente lleno de galletas y una ansiosa Amy que quería entregar su regalo a Bella, para entretenerla decidí que debíamos jugar un rato en nuestro jardín, estábamos jugando tenis con las raquetas de juguete cuando un coche se detuvo delante de la casa de Bella y la vimos bajar de él, en seguida un hombre atractivo, pero con cara de niño salió desde el asiento del conductor y se acercó a ella, Amy hizo el ademán de correr hasta donde estaba Bella, pero la detuve y le dije que esperara a su amigo marchar, ella hizo un mohín y se sentó en la escalinata de nuestra casa con los bracitos cruzados sobre su pecho.
— No precisaba acompañarme a la entrada, Mike, ya hiciste el suficiente al darme el aventón — oí decirle Bella al hombre.
— No te preocupes, Bella, fue un placer, hacía mucho tiempo que yo y mi coche no teníamos el honor de ayudar a una chica tan hermosa — contestó en tono zalamero y tuve que cerrar mis dientes para evitar que se me escapara un gruñido.
— Eres demasiado galanteador para tu propio bien, Newton — contestó Bella de manera seria, sin seguirle el juego.
— Un hombre tiene que intentar — dijo todo gracioso.
— Y una mujer puede recha… — empezó a decirle.
— Shhh, ya lo comprendí, no necesitas decir las palabras.
Bella asintió.
— Gracia nuevamente Mike, nos vemos en el trabajo, qué tengas un excelente fin de semana.
— Igualmente, Bella. — Contestó el hombre despidiéndose con un sencillo gesto de mano, sin hacer ademán de aproximación para un abrazo o beso de despedida, la postura corporal de Bella hablaba más que sus palabras.
— ¡Bella! — Chilló Amy, nada más el hombre dar la vuelta para entrar en su coche. Mi hija corrió hasta ella y Bella la atrapó sonriente, cargándola sobre su cadera. — Te extrañé — oír decirle Amy mientras yo me aproximaba y me unía a ellas a paso normal. Dado el susto de ver a una niña correr a toda prisa el hombre se había quedado de piedra con la mano en la manilla de la puerta de su coche.
— También te extrañé, cariño — contestó Bella, dejando un sonoro beso en la mejilla de mi hija y apretujándola contra su cuerpo haciendo mi niña reírse a todo pulmón.
Cuando llegué al lado de las dos el hombre me dio una mirada de reconocimiento, de aquellas, que dicen, "me voy, otro llegó primero", asentí para él con un gesto de cabeza, él me lo devolvió y prontamente entró en su coche y se marchó. Y allí estaba yo marcando un territorio que todavía no era declarado mío.
— Edward…
— Bella…
— Me dijiste que no tenías novio — me interrumpió mi hija, mirando con atención el rostro de Bella.
— Y no lo tengo, Amy.
— ¿Y ese hombre? Solamente los novios dejan a las chicas en sus casas, lo vi en las pelis — se explicó, mirando a Bella con el ceño fruncido.
— Los amigos y colegas de trabajo también nos pueden dar un aventón y eso no nos hace novios — Bella le explicó con paciencia, sus dedos acariciando el pelo de Amy que caía sobre su espalda, mientras mi niña se sostenía con los brazos alrededor del cuello de su amiga.
— Pero cuando eso sucede es porque los chicos están intentando robarnos un beso en los labios — contestó la pequeña sabelotodo, tenía una terapeuta de pareja en casa y no lo sabía.
— Lo importante es si la chica desea recibir el beso o no y yo no lo deseo.
— O.K. — Contestó pensativa. — Porque no puedes tener un novio cualquiera, yo le pedí a las estrellas que te dieran un novio muyyyyy especial — dijo abriendo los brazos. Dios mío, y ella tenía todo muy calladito, no se había olvidado de lo de las estrellas, sin duda en todos eses meses ella se estaba ilusionando con la posibilidad de que nuestra vecina y amiga fuera mi novia.
— Entonces esperaré a tu novio de las estrellas — le contestó Bella, dejando un beso en su naricita, mi hija se rió feliz, calentando mi corazón. — ¿Quieren entrar? — Preguntó Bella.
— ¿No quieres descansar? Recién llegas a casa — Observé.
— No estoy cansada, iba a preparar algo para cenar.
— Podremos ayudarte — se ofreció mi hija.
— Por supuesto, cariño — contestó Bella, rozando su nariz en el rostro de mi hija, quien sonriendo dejó su cabeza caer contra el hombro de su amiga.
Algo sucedía dentro de mí cada vez que veía una demostración de cariño de Bella para mi hija, ni siquiera sabría nombrar la sensación, tal vez fuera una mezcla de sentimientos acogedores y hogareños, estos que sentimos cuando llegamos a casa tras un largo viaje y algo más…
— ¿Qué dices, Edward? ¿Ustedes me ayudan y luego cenamos todos?
— Por supuesto, te ayudaremos, no soy loco de rechazar una comida hecha por ti.
— La comida, siempre la comida…
— Tu compañía es tan tentadora cuanto tu comida — le dije guiñándole un ojo. — Ven, Amy — la llamé tendiendo mis brazos —, vamos a casa coger el postre, ¿o te olvidaste?
— ¡No! — Dijo lanzándose a mí — Ya volvemos, Bella — le avisó desde mis brazos.
— Dejaré la puerta sin el cerrojo.
En casa envié a Amy al cuarto de baño para que lo utilizara antes de salirnos.
— Vamos, papi, Bella nos espera — me apresuraba ella cuando yo mismo utilizaba el baño.
— No eres para nada paciente, ¿sabías? — Dije saliendo del cuarto de baño, ella me esperaba pegada a la puerta y en sus manos el recipiente de galletas.
— Es de mala educación dejar a la gente esperando, la abuela me lo enseñó, debes de haber olvidado, porque sin duda ella te lo enseñó también — explicó apoyado una de sus manos en su cintura, ¡Dios! Cómo ella se parecía a mi madre en estas horas.
— Vamos entonces, pequeña señorita adulta.
~x~
Bella había dejado su puerta sin cerrojo, como nos había dicho, cuando Amy y yo adentramos en su casa fuimos recibidos por el olor de cebolla y ajo rehogándose.
— En la cocina, chicos — avisó ella al oírnos entrar.
— ¿Qué haces aquí? — Pregunté — Huelle muy bien.
— Estoy preparando la salsa de tomates para cocer albóndigas.
— ¿En qué puedo ayudarte?
— En el refrigerador están las albóndigas y la salsa que suelo preparar y dejar en el congelador ¿puedes cogerlas, por favor? Pronto nuestra comida estará hecha.
Hice lo que ella me pidió y al abrir su refrigerador pude ver que ella era muy organizada con su alimentación, había varios recipientes todos etiquetados con nombre y fecha, una gran variedad de comidas, todas listas o casi listas que tan sólo deberían ser calentadas.
— Bella, papi y yo hicimos galleta con chispas de chocolate para ti, es una receta de la abuela — le contó feliz Amy.
— Owww… gracias, cariño, será un excelente postre y podemos comerlas con helado de crema — la oí susurrar a mí hija como si compartieran una travesura.
— ¡Yupi!
— ¿Quieres ver un poco de tele mientras tu papá y yo terminamos de preparar todo? — Le preguntó, mientras yo dejaba sobre la encimera, el recipiente con la salsa de tomate y las albóndigas.
— ¿En tu habitación? — Preguntó ansiosa.
— Amy — la regañé.
— La tele está en mi habitación, Edward, no hay problema, ella ya la conoce.
— Vale — acepté —, nada de hacer desorden en la habitación de Bella, tampoco tocar en nada, ¿comprendido, señorita?
— Sí, papi — contestó con cansancio. — Soy una niña muy educada, la abuela, la tía Alice y Bella siempre me lo dicen.
— Pero sigues siendo niña — contesté y ella fingió no oírme, Dios dame paciencia, si ya era así a los cinco qué debía yo esperar de la adolescencia, con sólo pensarlo un escalofrío de miedo me recorrió la columna.
— Vamos, Bella — dije tirando de su mano.
— Echa la salsa en el rehogado, por favor, vuelvo pronto — pidió Bella mientras era arrastrada por mi hija.
Ella volvió pronto y tras echar una mirada a la salsa hirviente, y sazonarla con sal y pimienta añadió las albóndigas para que cocieran.
— Algo más en qué puedo ayudarte — pregunté.
— Puedes cortar rebanadas de pan y luego echar aceite de oliva y orégano sobre ellas y llevarlas al horno.
— Sí, dime dónde está el pan y los demás ingredientes.
Ella me explicó dónde estaba todo lo que necesitaría y ambos nos pusimos a trabajar, ella con una ensalada y yo con el pan.
— ¿Dónde está tu coche? — Pregunté mientras trabajábamos cada uno en un lado de la encimera, frente a frente. — Vi que no llegaste en él.
— Sí, un compañero de trabajo me dio un aventón, intenté encender el motor varias veces pero no logré hacerlo funcionar, tengo que llamar a un remolque mañana.
— ¿Por qué no me llamaste? Podría haberte recorrido, sabías que estaba en mi día libre.
— Casi lo hice — admitió mirándome rápidamente para luego volver a concentrarse en la preparación de la ensalada —, pero al fin no me pareció justo importunarte.
— Bella — la llamé y esperé a que ella me mirara para seguir hablando —, tú no me importunas, iría a ayudarte con mucho gusto, y aunque estuviera en el trabajo encontraría una manera de hacerlo, espero que te acuerdes de eso en el futuro.
— Gracias, me acordaré.
— Eres muy importante para Amy y para mí — afirmé sosteniendo su mirada en la mía.
— Y ustedes lo son para mí — aseguró sin apartar nuestras miradas.
Le sonreí y ella me sonrió de vuelta antes de enfocarse en su tarea. Trabajamos en la cena, mientras ella me hablaba de su día de clases y luego se quejaba de la reunión con los padres que tuvo que manejar durante la tarde.
— No sé qué sucede con estas reuniones, siempre están allí los mismos padres, y son los padres de los niños que no presentan ninguna dificultad escolar, pero a los niños que realmente necesitan una atención especial, sea por problemas de socialización o por malas calificaciones, a estos padres nunca les vemos, y después tenemos que literalmente amenazarlos diciendo que mientras no hablen con la profesora su hijo no podrá acudir a las clases.
— Muchas veces estos padres no tienen tiempo o no quieren interrumpir sus quehaceres para participar de una reunión escolar, los niños siempre se resienten de eso — comenté mientras llevaba el molde con las rebanadas de pan al horno.
— Lo sé — suspiró mientras echaba una cantidad de pasta para cocer en el agua —, me entristece ver las caritas tristes cuando perciben que nadie de su familia vino a la reunión y la mirada de anhelo cuando ven los demás alumnos juntos con sus papás u otro familiar. Sé que muchos de los problemas que los niños presentan en clases son un reflejo de su vida familiar, por eso es tan importante que podamos intentar llamar la atención de estos padres de alguna manera y que sus pequeños pasen a ser una prioridad en sus vidas.
— A veces me llegan al hospital niños con sus niñeras y ya oí de algunas de ellas que era mejor que estuvieran ellas allí, porque conocían todo de la rutina de los niños y de sus síntomas, se fuera uno de los papás no iban a saber contestar a ninguna de mis preguntas.
— No comprendo porque gente así decide tener hijos — comentó, revolviendo las albóndigas que cocinaban dentro de la salsa de tomate.
— Presión social — dije y ella me miró con espanto —, ¿qué? Es verdad.
— Lo sé, pero me admira un hombre reconocer eso.
— Crecí escuchando a la gente preguntar a mi madre cuando ella me daría un hermanito, cuando por fin Alice nació pasaron a preguntarle si todavía tenía ganas de aumentar a la familia. Hoy la gente me pregunta cuando volveré a casarme y Alice durante su primer año de casada escuchó muchas veces la pregunta cliché: ¿cuándo van a tener hijos? Cuando nazca su bebé le preguntarán para cuándo ella y Jasper planean el siguiente.
— Infelizmente hay gente que construye una familia por esa presión social, en el intento de ser acepto y demostrar a la sociedad lo normal y feliz que son — dijo volviéndose para mirarme —, mis padres querían que me casara con mi mejor amigo de la infancia y adolescencia y formara la típica familia pueblerina, no te dije antes, pero este fue uno de los motivos por lo que no dudé cuando recibí la propuesta de Ángela para trabajar aquí — confesó.
— ¿No sentías nada por él o no querías comprometerte tan joven? — Le pregunté.
— Nunca sentí nada además de amistad y un amor de hermana hacia Jacob, pero él quería más y contaba con el apoyo de sus padres y de los míos. Si lo amara no habría dudado en estar con él, no tengo miedo al compromiso, en realidad lo anhelo, quiero tener mi hogar, mi familia, pero deseo construir eso todo con la persona correcta, no voy echar a perder mi propia felicidad y la de otra persona comprometiéndome con alguien que sé no es para mí y yo no soy para él. No hay presión en este mundo que haga Isabela Swan hacer algo que ella no desee — dijo muy segura y casi la beso allí mismo.
— Eres una mujer fascinante, Isabella Swan — dije quitando de su rostro un mechón que se escapó de su cola de caballo y lo ponía tras su oreja, su rostro se puso rojo y sonreí de lado. — Y totalmente irresistible cuando te sonrojas — suspiré mirando su boca, ella mordió sus labios y con mi dedo pulgar tiré de ellos para que los soltara. Estábamos tan próximos, podía sentir el calor de su cuerpo junto al mío.
— ¿Si soy tan irresistible por qué todavía no me has besado? — Cuestionó, tan segura de sí, tan femenina…
— Papi, puedo comer una galleta mientras espero la cena — nos interrumpió Amy haciendo con que nos apartara.
— La cena ya está casi lista, cariño, ¿quieres poner la mesa?
— Síp — aceptó feliz.
Bella le entregó los manteles y cubiertos para que Amy los llevara a la mesa, y mientras ella separaba los platos y vasos me acerqué a sus espaldas y le susurré al oído:
— Continuamos después.
— Estaré ansiosa, doctor Cullen — dijo rozando su cuerpo al mío mientras llevaba los platos y vasos a la mesa.
Alice estaba en lo cierto, Bella me quería tanto como yo la quería, y no la dejaría escapar, ella era todo lo que Amy deseaba y lo que yo deseaba, la quería en nuestras vidas e iba a hacer todo lo posible para que ella quisiera estar en ella para siempre.
¡Hola, lectoras! ¿Qué tal este segundo capítulo? Edward y Bella se van acercando, Amy, nuestro pequeño cupido, está haciendo un gran trabajo de aproximación ;) Espero que les guste esta Bella, ella es rellenita, feliz y con autoestima, aunque ni siempre fue así, pronto sabremos más de ella. Y nuestro Edward, ¿qué les parece?
Gracias por los alertas, favoritos y por los hermosos comentarios, no imaginan lo emocionada que estuve al leerlos, gracias de corazón n_n
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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el próximo capi ;)
Jane
